Devoradores de Corazones
By: HybridVirus
Disclaimer: Hetalia y sus personajes son pertenencia de sus respectivos dueños, solamente soy dueña de Rafaela y no hay ninguna ganancia con esto, más que darles amor a las relaciones de mi país con otros países; solo soy una fan que escribe para fans.
–Hablar
"Pensar"
Flashback
Pd: Se aceptan donaciones en PP :La descalabran:
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Encantamiento I: Celos
El suave murmullo de la brisa mecía gentilmente a las suaves nubes en el cerúleo cielo, al mismo tiempo que acariciaba su pálida piel. Una encantadora sonrisa se posó en sus labios al guiñar coquetamente uno de sus ojos en la dirección de varias jovencitas, que no dejaban de soltar risitas coquetas y miradas soñadoras al verlo pasar. El rubio continúo caminando con su seguro andar entre las multitudes de la gente que se encontraba en la plaza, a lo largo de su tiempo como un prófugo de su antiguo profesor, había aprendido rápidamente que siempre había seguridad en los números. Al encontrarse entre una mayor cantidad de personas, sería menos probable que lo atacaran.
Sus resplandecientes esmeraldas se deslizaron lentamente entre la multitud, todos reían, cantaban, charlaban, compraban comida u objetos en los puestos alrededor del concurrido lugar. Probablemente lo más sorprendente a sus ojos, era el hecho de que la gente pasara a su lado, como si el no fuera alguien de alta importancia, admitiría que estaba acostumbrado a las fanfarrias, a los soldados arrojándose en su contra para atraparlo, a las jovencitas huyendo de él despavoridas para mantener a salvo su corazón, o acercándose encantadas a su persona, dispuestas a arriesgarlo todo por una oportunidad con el apuesto joven que era.
Pero ¿Cómo podría culparlas? Los pálidos dedos del rubio se deslizaron entre las doradas hebras de su cabello, más que consciente de las soñadoras miradas que arrancaba de algunas cuantas jóvenes, que ni siquiera se preocupaban en disimular sus miradas. Los murmullos del grupito de chicas y sus deslumbrados orbes le decían todo lo que necesitaba saber, apenas había llegado al lugar y ya era la charla de la ciudad. Una sonrisa socarrona se apodero de los labios del ojiverde, al ver a la única de las chicas que dio un paso hacia adelante, mientras el resto la jalaba del brazo, intentando llevarla de vuelta hacia el circulo que habían formado para poder charlar.
El alto rubio continúo caminando, asegurándose de que el viento acariciara su rubia cabellera, buscando que al menos una de las jóvenes callera finalmente en su encanto. Lo problemático no era hacerlas caer, era más bien el que abandonaran toda precaución y se acercaran a su persona. Ese instinto que acompañaba a los humanos nunca dejaba de sorprenderle, muchas veces lo mirarían como si fuera una criatura del otro mundo, algo inalcanzable que solo debía de ser visto desde lo lejos, pero principalmente algo peligroso y fuera de control. Lo consideraban como algo a lo que no debían de acercarse demasiado, a no ser que quisieran terminar lastimados.
–…H-hola…
Una depredadora sonrisa se apodero de los pálidos labios del ojiverde, al escuchar el tembloroso susurro de la joven de orbes azules. Su piel parecía resplandecer como la blanca porcelana, mientras que su rostro era enmarcado pos cortas hebras de un suave tono rubio que resplandecía con el brillo del sol. El vestido rojo con blanco y detalles azules que se aferraba a su figura, le dejaba apreciar su silueta a la perfección. Con cuidado el ojiverde tomo la pequeña mano con una de las suyas, para llevarla a sus labios y dejar un gentil beso sobre el dorso de la misma. Su sonrisa se ensancho aún más, al ver el notorio sonrojo y la charla de las avergonzadas jovencitas, que aún seguían mirando lo que pasaba, sin el más mínimo indicio de vergüenza alguna.
El repentino avistamiento de reojo de un tono castaño, que se entremezclaba con un lazo verde acompañado del resplandor de unas familiares piedras de color negro, llamo de golpe la atención del rubio. Sus orbes verdes se entrecerraron en un gesto lleno de molestia, al ver a varios soldados detenerse en las proximidades del lugar donde había visto la cabellera castaña, y sin percatarse apretó los dientes para soltar repentinamente a la chica que se encontraba frente a él, como si el contacto con la misma le hubiera quemado repentinamente.
–Lo siento.
Vocifero entre dientes el joven al mismo tiempo que obsequiaba una sonrisa hueca a la chica, quien miraba al alto rubio alejarse con paso firme y decidido entre la multitud. Martin podía sentir su sangre bombear rápidamente a su corazón, sus dientes se apretaron nuevamente mientras sus manos se abrían y cerraban intentando controlar su molestia, ante los soldados que probablemente habrían reconocido a Rafaela, y que ahora se encontraban cercándola intentando evitar que la hechicera escapara de su posible captura. Los orbes verdes se cerraron con fuerza intentando controlar sus emociones al sentir las garras de su bestial forma intentar aparecer para hacerse cargo de sus persecutores.
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El aliento del rubio lo dejo de golpe, justo como si le hubieran lanzado algún encantamiento y este lo hubiera recibido por completo de lleno, las pupilas de sus ojos se alargaron por un momento, al ver la forma en que uno de los uniformados hombres sujetaba la mano de su compañera y colocaba un lento beso sobre el dorso de la misma. Un sonoro gruñido escapo del hechicero al ver la forma en que esos desagradables orbes se deslizaban sobre el cuerpo de la ojimiel, para su eterno alivio la bronceada mujer se veía lo suficientemente ofendida, como para tirarle los dientes al hombre en cualquier momento si no le quitaba las manos y los labios de encima.
–Le aseguro señor que no necesito ser escoltada.
Añadió la pelicastaña mientras retiraba su mano con fuerza del agarre del hombre que era más alto que ella. Un tic molesto se apodero del parpado de Martin, al ver la sonrisa socarrona que el mismo solía usar con las inocentes chicas, los orbes ambarinos de Rafaela se entrecerraron en un gesto incrédulo al ver la forma en que el soldado se mantenía firme frente a ella; lo cual era una clara forma de demostrar que no estaba dispuesto a aceptar un 'no' por respuesta. Un gesto fastidiado escapo de la pelicastaña al ver la forma en que los otros soldados se interponían en su camino. No sabía si reír ante la estupidez de los hombres por no reconocerla, o si llorar ante la repugnancia que la mirada del rubio arrancaba de lo más profundo de su interior.
–¿Esto no sería considerado como abuso de poder?
Pregunto en un tono molesto la ojimiel, mientras veía como toda la gente caminaba alrededor de ellos, como si fueran inconscientes de la situación que estaba pasando entre ella y el sequito de soldados que se encontraba rodeándola para evitar su escape, los mismos que parecían estar completamente dispuesto a seguir las órdenes del rubio frente a ella. La magia en sus dedos centelleaba con toda la firme decisión de poner en su lugar a tan espantosos hombres, esta era la razón por la que había desertado en vez de continuar sirviendo a la corona. ¿Cómo podía su mentor estar consciente de las acciones de tan deplorables hombres y no actuar en su contra?
–Ahí estas hermosa.
La mirada de todos los presentes se dirigió hacia el ojiverde que caminaba confiadamente hacia la pelicastaña, el eco de sus botas negras resonando en el ambiente parecía advertir sobre algo que pronto se saldría de control, sus largas piernas vestidas en unos negros pantalones, junto a una vaporosa camisa blanca de manga larga sobre la que descansaba el pendiente que lo marcaba como un hechicero, y finalmente el ensamble del rubio cenizo era terminado por el saco rayado de tono blanco y celeste. Un suspiro escapo de la pelicastaña al ver el atuendo del ojiverde. No había duda alguna de que los enfrentarían si es que reconocían a Martin por su ropa y el colgante que descansaba sobre su pecho.
–Muchas gracias por encontrar a mi prometida caballeros.
Añadió el rubio cenizo al mismo tiempo que ofrecía su brazo a la pelicastaña, quien sonrío gentilmente en su dirección, intentando actuar lo más convincente que pudiera para vender la historia que ya tenían tiempo usando como coartada en algunas situaciones. La sonrisa triunfal de Martin se agrando al sentir el calor que se aferraba a su brazo, y sin miramiento alguno se aseguró de atraer a su compañera lo más cerca posible de su cuerpo, con una mirada divertida arrojada al galo frente a ellos, el argentino dio media vuelta para sacarlos del circulo de soldados que miraba incrédulamente a su líder, como esperando indicaciones del avergonzado hombre.
–Au revoir.
El eco de los tranquilos pasos de la joven pareja se perdió entre la multitud de gente, buscando alejarse lo más rápido posible de la cercanía de los soldados procurando no llamar de nueva cuenta la atención de nadie más en los alrededores; quizás en este lugar aún no supieran sobre ellos y pudieran tener por fin un poco de calma, un día para descansar sin tener que correr y mirar paranoicamente sobre sus hombros con cada persona que pasara a su lado, o con el mas mínimo gesto que algún individuo hiciera en su dirección. Los orbes verdes se deslizaron lentamente sobre el atuendo de su acompañante, mientras su ceño se fruncía levemente al ver los rojizos labios de la mujer que caminaba a su lado, para llevar la mirada de nuevo hacia el frente, dirigiéndolos hacia otra parte de la plaza.
–¿Te pusiste bonita para coquetear con los soldados?
Una de las cejas de la ojimiel se arqueo levemente al escuchar el tono molesto en la voz del rubio cenizo. Su mano se deslizo levemente sobre la blanca tela de su blusa de aglobadas mangas, misma que se veía adornada por un moño verde que se unía a los dobladillos y encaje blancos que adornaban la tela del cuello como un corbatín. Del mismo modo que con la blusa, los dedos de la pelicastaña se deslizaron sobre la verde falda con cinturilla que descansaba levemente sobre su rodilla, esto gracias a todo el fondo de tul blanco bajo la tela. Una mirada curiosa fue dirigida hacia las largas botas negras adornadas por un par de moños rojos en la parte trasera, para finalmente mirar incrédulamente al molesto hombre que no la dejaba escapar de su firme agarre.
–Me puse bonita para ti.
Una socarrona sonrisa se apodero de los carmines labios, mientras recostaba su mejilla contra el brazo del más alto. La sensación de la perdida de equilibrio del rubio cenizo casi le hizo reír fuera de control, al saber que el hechicero había visto muchas cosas venir hacia él como respuesta, pero entre ellas no parecían haber estado incluidas esas palabras, que habían escapado de su boca. Con un insistente movimiento, la ojimiel guio de nueva cuenta al rubio en la dirección en la que esperaba estaba aquello que había venido a buscar en la pequeña ciudad, la sensación de la inesperada compañía de su cómplice estaba resultando ser más placentera de lo que esperaba.
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El suave murmullo de la amena conversación y las risas resonaban en los alrededores del mercado. Los orbes verdes miraban de reojo intentando asegurarse de que los mismos soldados no se encontraran en los alrededores. Martin podía jurar que si seguían rondando, esta vez el mismo seria quien los encantaría, la molestia se desprendía del pálido joven al ver la forma en la que el hombre encargado del puesto en el que estaban, no dejaba de sonreírle como un adolescente enamorado a la ojimiel, quien solamente sonreía y se acomodaba el cabello que llevaba sujeto en una cola de caballo adornada por un moño verde, asegurándose de colocar las castañas hebras sobre su hombro.
Un nada discreto gruñido escapo del ojiverde, al ver la forma en que el hombre acercaba la bolsa de papel a las manos de la bronceada mujer, esperanzado a tener esa situación como excusa para poder sujetar la mano de Rafaela sin que él pudiera hacer algo al respecto. Antes de que el moreno pudiera acercarse más, las pálidas manos del más alto de sus compradores tomaron la bolsa para alejar a la pelicastaña del alcance del hombre que se había presentado como Sadiq. Con una poco agradable despedida del hombre que sonreía como adolescente viendo a su enamorada, finalmente ambos se dirigieron de vuelta hacia la entrada de la ciudad.
–Lo estás haciendo a propósito.
Siseo entre dientes el rubio, mientras miraba acusadoramente a la dueña de los orbes ambarinos. Una pequeña sonrisa se apodero de los labios de la susodicha, al mismo tiempo que colocaba una mano contra su propio pecho, como si la acusación de Martin la ofendiera por completo. El suave eco de los pasos de ambos resonaba en el ahora silencioso mercado. La suave brisa jugando con el cabello de ambos les hacía calmarse un poco más con cada minuto que pasaban en la compañía del otro. El día había sido bastante agradable, y no recordaban la última vez que habían podido caminar tranquilos por la calle, como si no fueran más que un par de adolescentes simplemente paseando en un fin de semana.
–Bueno, tu novia no deja de arrojarme dagas con la mirada.
Menciono la más bajita mientras miraba de reojo a la rubia que se había empeñado en seguirlos entre las sombras de la ciudad, como si en verdad fuera capaz de engañar a un par de magos desertores de la academia de los colmillos. Los orbes esmeraldas giraron levemente al ver de reojo a la mujer de la que la ojimiel hablaba. La chica era linda, eso no lo negaría en lo más mínimo. Podía coquetear un poco, levantarle el ánimo, hacerla creer vilmente que tenía una oportunidad de estar por siempre a su lado, para después destrozarle el corazón sin la menor piedad. Si era honesto… ya había hecho lo mismo en otras ocasiones.
–Oh, ¿Estas celosa?
Pregunto en un tono socarrón el de las hebras rubias, mientras colocaba una mano alrededor de la cintura de la dueña de los orbes miel. Para atraerla a sí mismo y conseguir que el pecho de ambos, se encontrara el uno contra el otro. La mirada esmeralda y caramelo se encontraron en un silencioso combate de resistencia, el ardor en sus ojos gritaba sobre el fuego y la pasión en su interior. Ya tenían años escapando del yugo de la corona. Al convertirse en hechiceros solo había una opción a sus vidas, servir a la corona o morir. No conformes con las opciones, habían decidido tomar la decisión de abrir un tercer camino y vivir libres como un par de rebeldes y descarriados magos, dispuestos a arriesgar el todo por conseguir tener control sobre su futuro.
–Quizás…
Murmuro Rafaela al presionarse insistentemente contra el pecho del rubio, asegurándose de deslizar lentamente su mano contra el costado de Martin. La frente del más alto se presionó contra la de Rafaela, mientras que sus ojos se mantenían fijos los unos en los otros. La sensación de una mano entrelazándose en su cabello le llevo a acercar lentamente sus labios a los carmines pétalos que yacían justo a su alcance. Sus respiraciones se mezclaban lentamente mientras que sus miradas se posaban en la silenciosa audiencia, que sabían de sobra aún se encontraba oculta entre las sombras.
–Sabes de sobra que, no hay porque sentir eso…
Finalmente, los labios de ambos se unieron en un lento beso, el suave aroma del agua fresca y la menta que se desprendía del rubio, se mesclaba con el aroma de la cálida brisa de la primavera y la vainilla que envolvía a su contraparte, la suave sensación de sus labios fundiéndose en un conocido vaivén de sensaciones, no era nada nuevo para los dos. Sin embargo, no por eso dejaba de ser algo que se atreverían a considerar como incluso más asombroso que su magia.
Ambos estaban conscientes de que los humanos sin magia estaban destinados a sufrir si se involucraban con un hechicero, no había fuerza alguna que negara eso. El destino de cualquiera se podía ver llevado a un precipicio si caían presas de las manos equivocadas. Y para evitar dicha situación, se habían encargado de contribuir a la historia creada por la corona que estaba desesperada por recuperarlos, preferiblemente vivos que muertos o al menos eso es lo que los carteles de ambos exigían.
–Te amo…
Para cualquier persona ajena a la situación, solo podrían percibir a un par de jóvenes compartiendo un fogoso beso y caricias a mitad de la empedrada calle. La forma en que sus labios se encuentran, casi como si su vida dependiera de ello le hiela la sangre a la ojiazul, que no puede mirar hacia otro lado aunque todo en ella suplique por evitar la imagen frente a sus ojos. Sus orbes se llenan de salada agua al entender que quizás leyó mucho en su interacción con el rubio, quizás todo es un mal entendido y esa mujer a la que besa como si la vida se le fuera en ello, en verdad sea su prometida como dijo a los soldados.
Quizás el simplemente jugo con ella al mirarla entre la multitud, quizás ya no puede sentir nada porque como podría después de esto. Como sería capaz de creer que alguien sea así de cruel y despiadado como para jugar con sus sentimientos. Así es que una víctima más, puede dar fe a la historia sobre como el par de desertores de la corona, robaban corazones para devorarlos sin la más mínima compasión a sus víctimas.
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Hybrid-Virus
Yo! Buen día lectores espero que se encuentren bien en este lindo día. Vuelvo a las andadas con esta parejita que me encanta tanto. Martucho y Rafaela me parecen la combinación perfecta entre amor, odio, fastidio y romance. La típica pareja de adolescentes que dice "Te molesto y te hago la vida de cuadritos porque tú me gustas".
El castillo vagabundo es mi película favorita de Ghibli. En uno de los ratos que tuve para pensar en una nueva idea, me pregunte a mí misma en que personaje quedaría como Howl. Después de mucho pensar decidí que el papel del coqueto y rompe corazones del protagonista debía de ser compartido por Rafaela y otro personaje, después de pensar en quien sería el que me agradaría más, Martin fue el elegido para el papel y así fue que esto empezó a tomar forma.
Tanto Martin como Rafaela son celosos y coquetos, recordemos que Howl es un rompecorazones que siempre anda metiéndose con las chicas. Así que estos dos no son tan diferentes, al final de cuentas saben que no pueden tener una relación con otra persona, pues sería arriesgado para una persona común y el resto de los hechiceros los busca para devolverlos al profesor que dejaron atrás, para que sean enjuiciados. Aunque este par no está casado, suelen verse de dicho modo ya que llevan años escapando y ocultándose juntos. Ambos son creyentes de que hay fuerza en los números, y para ellos es mejor ser dos hechiceros en vez de uno solo.
Él te amo debía quedar como algo abierto, para que ustedes elijan cuál de los dos dijo las palabras. Francia es el soldadito de Rafaela y la supuesta novia de Martin vendría a ser nyo america. Una creencia de las personas en esta película, es que Howl devora corazones, en el libro mencionan que es un rumor que el mismo esparce con tal de que lo dejen en paz. Aquí es justamente lo mismo, tanto Rafaela como Martin usan esa idea para intentar mantener a la gente alejada de los dos, y ese es el método que utilizan para mantenerlos a salvo de ser expuestos a los tribunales de la magia.
Aquí no solo existe el rumor de que devoran corazones, también el acto de que ambos se adentran en las ciudades vestidos para robar corazones, coquetean un rato y al final se aseguran de que las victimas sepan que nunca tuvieran una oportunidad, así que en este caso estoy usando el desamor como el 'síntoma' de un corazón que ha sido devorado por el par de hechiceros.
Creo que por el momento solo será un conjunto de oneshots interconectados. Desde el momento en que escaparon, el tiempo que compartieron en la academia, etc.
Sin más por el momento, dejen un review y nos vemos en la próxima actualización.
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"Formemos parte de la línea de reviews, cuando leamos un fanfic con un personaje que nos gusta y no es muy común ver, de un fandom olvidado o de una historia que nos guste; dejemos un review, porque esa persona escribe para nosotros y que mejor forma de inspirarla y darle combustible para seguir"
