Los personajes pertenecen a CLAMP, pero la historia es mía y ha salido de mi imaginación.
Esta Sakura ha tenido una vida complicada, por eso no es dulce y buena como la que conocemos... pero lo iremos entendiendo todo conforme avance la trama.
Si prefieres leer en Wattpad, también encontrarás todas mis historias ahí publicadas.
*Advertencia: en esta historia hay contenido sexual y violencia*
Capítulo Uno
Muerte
Le di otra calada a mi cigarrillo, contemplando la luna llena que había esa noche desde el balcón de mi pequeño apartamento. Era mi pequeño ritual antes de dormir, conseguía relajarme y alejar de mi mente los pensamientos más oscuros de mi alma.
Y, como cada mañana, me desperté de mal humor.
Cada vez estaba más harta de la raza humana y de sus malditas normas inútiles.
Ya llevaba algo más de veinticinco años viva, y cada año que pasaba solo servía para tener más claro que odiaba estar con otros miembros de mi especie. Solamente toleraba a un par de ellos, con uno compartía infancia y ADN mientras que con la otra mantenía una amistad de casi dos décadas.
Desde los veintiuno vivía en Tokio, y llevaba tres años trabajando en una de las empresas de telecomunicaciones más grandes de la ciudad.
Pero por más que lo intentaba, no conseguía ascender. No podía conformarme con ser una simple subordinada, quería llegar a ser la directora de alguno de los departamentos y estaba dispuesta a todo por conseguirlo.
Por eso llevaba unos dos meses dedicándome a coquetear con el jefe de personal, Kaito Yuna.
Era un hombre ocho años mayor que yo, llevaba casado más de una década y se le notaba en la mirada que su vida era aburrida y deseaba algo de acción... y yo estaba dispuesta a dársela a cambio de lo que quería.
La tarde anterior, me había insinuado que estaría esperándome a primera hora en su despacho. Por eso me levanté temprano, maquillándome mejor que nunca y planchando mi vestido negro favorito que, al ser entallado, dejaba poco a la imaginación y me había ayudado a conseguir muchas copas gratis y más de un revolcón en las salidas nocturnas con mi única amiga, Tomoyo.
Me miré en el espejo antes de salir, satisfecha con lo que el reflejo me mostraba. Seguía pareciendo profesional, pero con un toque muy seductor que conseguiría que mi jefe cayera por fin en mis redes.
Me puse mi abrigo rojo y salí a la calle, maldiciendo en voz alta al sentir el frío rodeando mi cuerpo.
Si conseguía el ascenso, habría merecido la pena sufrir el aire helado por culpa de llevar un vestido tan corto.
Mis tacones resonaron por la calle mientras caminaba hacia el edificio donde se encontraba la empresa Yankotsu, la segunda más importante de Tokio en todo lo relacionado con las telecomunicaciones.
Puse los ojos en blanco al ver que, muy cerca de la puerta, un par de chicos algo más jóvenes que yo estaban repartiendo folletos sobre el cambio climático.
—¿Tiene un momento, señorita? Me gustaría informarle de todo lo que puede hacer para ayudar al planeta —dijo uno de ellos con una gran sonrisa, ofreciéndome un papel con toda la información.
Fruncí el ceño y bufé con fastidio.
—A la mierda el planeta —gruñí, cogiendo la hoja y arrugándola hasta hacerla una pelota.
La dejé caer al suelo, miré al chico con desdén y seguí mi camino.
—¿Pero qué hace? ¡No puede tirar las cosas al suelo! ¡Y el planeta es lo más importante que tenemos! —chilló, enfadado.
—Bah, ya está todo jodido y no tiene remedio. Si te molesta que haya basura en el suelo, recógela tú mismo —contesté mientras le enseñaba el dedo corazón.
Escuché perfectamente al chico decir en voz baja zorra con voz grave y le dediqué una mirada burlona.
—Ese es mi segundo nombre.
Entré en el edificio tras guiñarle un ojo, subiéndome en el ascensor y pulsando el botón de la planta catorce. Las puertas se abrieron y caminé por el pasillo hasta el final, donde estaba el despacho de Kaito.
Todas las mesas estaban vacías, yo era la primera en llegar.
Solo tenía que tirarme al pervertido de mi jefe lo más rápido posible y seguro que me daría el puesto. Ya lo tenía medio convencido y me había insinuado que si le mostraba mis habilidades especiales seguramente me nombraría directora de marketing... y sabía perfectamente qué habilidades quería que le enseñara.
Toqué dos veces en la puerta y escuché su repelente voz.
—Pasa.
Al abrir la puerta, vi que estaba sentado detrás de su despacho, con una sonrisa petulante en el rostro y una copa de whisky a medio beber sobre la mesa.
—Por fin has venido. No tenemos mucho tiempo antes de que lleguen los demás —dijo, levantando una ceja y recorriéndome con la mirada mientras yo dejaba mi abrigo en el perchero.
—Solo necesitamos unos minutos para lo que tengo pensado.
Intentando ser sensual, me acerqué lentamente hasta el escritorio y apoyé las dos manos en él, ofreciéndole una vista privilegiada de mi escote.
—¿Y qué es lo que vas a hacer para convencerme de que eres la mejor opción para el puesto? —preguntó con voz divertida, dándole un trago a su bebida.
Me llevé los dedos a los labios y los acaricié lentamente, bajándolos por mi cuello hasta llegar al nacimiento de mis pechos. Vi perfectamente como todo su cuerpo se tensaba de inmediato.
—Pues un par de cosas —susurré, acercándome más a él y girando su silla para que quedara frente a mí.
Kaito tragó saliva y yo sonreí en mi interior. Ese maldito depravado ya estaba atrapado en mis garras.
Me subí la falda del vestido con descaro y me senté sobre él, dejando que mi zona íntima hiciera contacto con la suya a través de la ropa. Él jadeó y me sujetó de la cintura, metiendo lentamente las manos bajo mi falda para acariciarme.
—Soy muy buena en esto —murmuré en su oído, bajando lentamente la mano derecha por su cuerpo hasta llegar a la cremallera de su pantalón.
La abrí y pude sentir lo duro que estaba.
—¿Engañas mucho a tu mujer? —pregunté mientras le bajaba un poco los pantalones.
—No, esta es la primera vez y espero que merezca la pena —confesó con la voz un poco temblorosa.
—Entonces no necesitamos condón, yo tomo la píldora y estoy muy sana —añadí, bajándole los calzoncillos lo justo para poder acceder a él.
Empecé a tocarlo y Kaito cerró los ojos con fuerza, dejando escapar un gruñido entre sus dientes.
—No hay suficiente tiempo para que te la chupe, tal vez la próxima vez —susurré, soltándolo.
Ni en sueños pensaba repetir.
Me moví un poco y aparté mi ropa interior con los dedos para que nuestras partes íntimas pudieran unirse. Él volvió a jadear al sentirlo y me bajó los tirantes del vestido, mordiéndome en el hombro.
—Joder, estás muy mojada y me encanta —murmuró en mi cuello, bajándome los tirantes de mi sujetador.
Hice una mueca, pensando en todo el lubricante que me había puesto antes de salir de casa. Sin eso, no habría sido capaz de hacer lo que estaba haciendo porque Kaito me atraía menos que una babosa.
Empecé a moverme sobre él, cada vez más rápido, escuchando sus gruñidos de placer que me daban bastante asco.
—Oh, nena... eres la mejor, el puesto es tuyo —susurró, lamiéndome el cuello.
—Ya te lo dije —respondí sin dejar de moverme.
Aumenté el ritmo para que terminara de una vez y pudiera irme de allí. Sus manos me apretaron la espalda con fuerza, y me alegré al saber que todo estaba a punto de acabar al fin.
La puerta del despacho se abrió de golpe y los dos nos sobresaltamos. Una mujer de cabello rubio y grandes ojos azules nos miraba, con lágrimas en los ojos.
—¿Cómo has podido, Kaito? —preguntó con una voz muy aguda.
—¡Mierda! Akiho, puedo explicarlo. Esta chica lleva meses intentando seducirme y creo que me ha echado algo en la bebida —respondió mi jefe mientras yo me quitaba de encima, colocándome bien la ropa con tranquilidad.
—Maldito infiel... ¡Te odio y quiero el divorcio! ¡Y tú eres una arpía! —gritó ella, dando un portazo y marchándose a toda velocidad.
Sonreí ante su insulto y miré a Kaito, que tenía la respiración acelerada y los ojos muy abiertos.
—Me cago en la puta... ¡acabas de joderme la vida! —gritó, furioso.
—¿Yo? Perdona, pero no te he obligado a hacer nada de esto —contesté, frunciendo el ceño.
—¡Sabes que estoy casado y te ha dado igual provocarme! Tienes tanta culpa como yo —gruñó él, levantándose de un salto y golpeando la mesa con una mano.
Puse los ojos en blanco y resoplé hacia arriba, moviendo mi flequillo.
—Al menos has disfrutado, quédate con eso. El lunes espero estar en mi nuevo despacho —murmuré, caminando hacia la puerta.
—Nada de eso, Sakura. Estás despedida.
Giré sobre mis talones y le lancé una mirada de odio.
—¿Qué has dicho?
—¡Que estás despedida! ¡Lárgate y no quiero volver a verte nunca!
Mi corazón se aceleró por toda la rabia que sentí. Había dejado a ese hombre entrar en mi interior y al final no iba a conseguir nada a cambio. Di cuatro pasos hacia él y le crucé la cara de un guantazo.
—Espero que tu mujer se quede con todo lo que tienes y termines viviendo en la calle —murmuré, con mi voz rezumando odio.
—Eres una zorra barata. Vete ya y no vuelvas por aquí —respondió Kaito, tocándose la mejilla que le había golpeado.
Salí del despacho y me encontré con la mirada curiosa de algunos de mis compañeros, que ya estaban en sus puestos y habían escuchado todo el espectáculo.
—¡Iros todos a tomar por culo! —grité, corriendo hasta el ascensor.
Salí a la calle furiosa, deseando que esos chicos siguieran por allí para poder descargar mi ira sobre ellos.
Pero se habían marchado, una muy buena decisión por su parte.
Caminé con los puños apretados dentro de los bolsillos de mi abrigo, maldiciendo a mi jefe, a su mojigata esposa y a toda su jodida familia.
Ya de paso maldije a la raza humana al completo, todos me daban asco sin excepción.
Muy cerca del bloque de apartamentos donde vivía, había unas vallas metálicas cortando el paso y dos policías redirigiendo el tráfico por otra calle.
Joder, lo que me faltaba ese día... tener que dar un rodeo para llegar a mi casa. Pues no, ellos no eran nadie para impedirme el paso. Caminé hacia las vallas como si nada y las aparté con un brazo.
—¡Señorita! No se puede pasar—gritó uno de los policías, corriendo hacia mí.
Le dediqué una mirada envenenada.
—Vivo ahí y pasaré si me da la gana —gruñí, tirando la valla al suelo.
—¡No! ¡No puede pasar!—contestó, agarrándome del brazo.
Me sacudí y hundí mi puño en su estómago, tan fuerte que cayó al suelo de rodillas.
—A mí nadie me dice lo que tengo que hacer —bufé, siguiendo mi camino.
—¡No! ¡Por favor, deténgase! ¡Hay un...
No escuché nada más. Iba mirando hacia atrás para comprobar si alguno de los policías me seguía, y no vi el enorme agujero que estaba abierto en el suelo delante de mí.
Caí al vacío, sentí un golpe seco y todo se volvió negro.
Cuando volví a abrir los ojos, noté mi vista bastante borrosa.
Resoplé y traté de incorporarme, descubriendo que estaba tumbada sobre un suelo rocoso y puntiagudo que me hacía daño en todo el cuerpo.
Pude detectar una enorme sombra justo delante de mí. Pestañeé varias veces, tratando de enfocar la vista, y mis ojos se abrieron de golpe al verlo bien.
Un enorme ser, de más de dos metros de altura, me miraba con un brillo divertido en sus ojos rojos y sostenía un papel en una de sus manos, que eran parecidas a las garras de un dragón. Su piel era de color rojo oscuro, de su espalda sobresalían dos enormes alas con plumas negras que llegaban a rozar el suelo, y sobre su frente tenía unos cuernos oscuros y retorcidos.
—Sakura Kinomoto, ¿verdad? —preguntó, echando un vistazo al papel.
Yo asentí, sonriendo ante el sueño tan surrealista que estaba teniendo e intentando recordar lo que me había pasado.
Que yo supiera, no había tomado nada de alcohol en las últimas semanas... aunque todo lo que estaba viendo parecía una alucinación de las que tenía cuando salía de fiesta y bebía hasta casi perder el sentido.
El ser enrolló el papel y lo lanzó al aire, donde en menos de un segundo fue engullido por unas llamas que aparecieron de repente.
Me miró de nuevo y sonrió, mostrando una hilera de dientes afilados mientras se rascaba su espesa barba oscura.
—Bienvenida al infierno, Sakura. Espero que disfrutes de tu eternidad junto a nosotros.
Un pequeño regalito antes de que termine el año.
Empiezo con esta nueva historia, ya tengo bastantes capítulos terminados y espero actualizar cada 6 días.
Esta nueva Sakura es la más pasota y malvada que he escrito, veremos cómo le va a partir de ahora en el inframundo...
