Las señales habían aparecido, pero no estaba preparada para afrontar la muy posible realidad, el ambiente era tenso debido al enfrentamiento que estaba a punto de suceder….
-Aunque esté disfrutando del duelo al sol más interesante del mundo, creo que deberías subir ya Nami. - La voz de la arqueóloga resonó en el cuarto de las chicas.
La navegante y ladrona profesional de los Sombrero de Paja se encontraba de pie en el centro de la habitación, solo vestida con su ropa interior mirando fijamente a su rival, a su enemigo mortal, la báscula.
Después de un largo suspiro Nami se armó de valor y subió al mecanismo que había creado Franky, los números empezaron a bailar en la pequeña pantalla y cuando terminaron de moverse la cantidad que había hizo gritar a la mujer mientras se llevaba las manos a la cara. Se oyeron pasos apresurados y la puerta se abrió dejando paso al capitán, al tirador y al médico de la tripulación.
- ¡¿Hay alguien herido?!-
- ¡¿Una tormenta, un ataque?!-
- ¡¿La comida está a salvo?!-
No hace falta decir quién hizo cada pregunta, pero solo les dio tiempo a gritar desesperados antes de que Nami les golpeara la cabeza a los dos miembros mayores del trío y los echara a patadas mientras gritaba que no se les ocurriese hacer eso de nuevo. Aparte de apuntar dos multas más por ver su cuerpo en ropa interior.
La mujer de pelo naranja estaba desesperada, empezó a dar vueltas por la habitación, tenía sus sospechas de que había cogido algo de peso, pero no se esperaba que tanto, durante la semana anterior había tenido ciertos momentos que la llevaron hasta esta situación;
Cada vez se fatigaba más rápido moviéndose por el barco o cuando exploraron una isla, después en un enfrentamiento con Marines a pesar de derrotar a muchos con sus habilidades climáticas un capitán consiguió derribarla en combate cuerpo a cuerpo, hubiera sido su fin si a ese pobre desgraciado no le hubieran cortado y pateado nada más ella caer al suelo. Y la señal final, esa mañana probándose ropa, las prendas no le quedaban como antes o casi ni entraban en su figura.
- ¿Cómo ha podido pasar esto? - Dijo Nami mientras se tiraba boca abajo en la cama para lamentarse.
- ¿Puedo hablar sin miedo a represalias? - Dijo Robin con una sonrisa mientras bajaba su libro.
-Puedes. -
-Normalmente nuestra vida es un continuo escape de las autoridades tanto locales como mundiales, por lo tanto, siempre hemos tenido que estar atentos y en alerta, hasta este último mes que ha sido como unas vacaciones. - Empezó la morena mientras se levantaba y dejaba el libro en su biblioteca personal. -Debido a eso te has relajado demasiado con tu trabajo físico, eso unido a la comida y bebidas que prepara Sanji con tanto amor y que tu rutina se ha basado de pasar de la tumbona a la mesa para dibujar mapas es lógico que hayas cogido algo de peso. -
"Como siempre, tiene razón" pensó al instante Nami, ese mes sin ataques y sin adrenalina la había pasado factura, la navegante oculto la cabeza en la almohada para dar un gruñido de exasperación que hizo reír a la arqueóloga.
- ¿Qué voy a hacer? -
-Lo primero decir a Sanji que te rebaje la comida y las bebidas azucaradas por lo menos un tiempo, en cuanto al ejercicio tienes un gimnasio con todo lo que necesitas, y puedes pedirles a nuestros inventores que te hagan cualquier pesa o máquina. - Nami sin duda se alegraba de tener una compañera así de madura en la tripulación, pero tenía también otras preocupaciones.
-Necesito hacer algo más que ejercicio. - Empezó, Nico Robin la miró interesada por saber a qué se refería. -En nuestro último combate me ganaron, yo diría que incluso resulté fácil, nunca me había pasado, por lo menos no con rivales que se supone que puedo manejar, ya sé que no soy como el trio de monstruos que tenemos. - Nami estaba preocupada, en su mundo un error o un combate perdido puede costarles la vida, no podía relajarse en ese sentido.
-Es muy posible que los Marines estén entrenando más y volviéndose cada vez más fuertes, son la fuerza militar más poderosa de este mundo supuestamente así que es normal que quieran ser cada vez mejores. - Robin se quedó pensando con la mano en la barbilla, tardo cinco segundos en pensar una solución buena a la par que divertida, muy divertida.
- ¿Por qué no le pides al espadachín que te ayude? - Dijo divertida.
Nami se levantó como un resorte de su posición y se giró para encarar a la morena, aún en la cama mirando a su amiga, a la que antes estaba dando las gracias por ser tan madura, como si estuviera loca.
- ¿Es una broma verdad? -
-Para nada, piénsalo, él es el que más sabe sobre entrenamientos para que vuelvas a tu peso y tú figura normal en muy poco tiempo, además, aunque posiblemente sea el segundo mejor luchador del barco después de Luffy, a efectos prácticos es un samurái, es una persona cuyo único trabajo en esta vida es perfeccionar el arte de la guerra y el combate, ¿Quién mejor para entrenarte? - Robin estaba aguantando las ganas de reír al ver la cara de su compañera.
-Puedes que tengas razón en eso, pero…- Las posibilidades de que ella y Zoro se mataran en el proceso eran muy elevadas. -Además ese idiota arrogante seguro que se burla de mi si tan siquiera se lo planteo y en caso de que accediera me hará la vida imposible, que le den, paso de tener a ese imbécil de entrenador personal. - Casi gritó Nami mientras escuchaba la risa de su amiga que no podía contenerse más.
-Puede que sea duro sí, pero sabes que si quieres resultados tanto en un tema como en otro es tu mejor opción, piénsalo, te veo luego. - Robin se despidió con una sonrisa mientras salía por la puerta, dejando a Nami abrazando la almohada sin saber que hacer.
Después de meditarlo MUCHO, Nami decidió que su orgullo no era más importante que su seguridad y la de sus compañeros, aparte de que quería volver a recuperar su figura cuanto antes. No es que se le notará muchísimo, pero ella lo veía en el espejo y en la ropa y eso era más que suficiente para ponerse manos a la obra.
Se vistió con unos vaqueros y una camisa que no acentuara sus curvas, unido a unos zapatos salió de la habitación, primero a hablar con el cocinero de la tripulación para preparar su nueva dieta, mientras hacía eso empezó a acumular toda su fuerza de voluntad para ir a pedirle ayuda a un terco espadachín.
Más tarde, Zoro se encontraba en cubierta limpiando sus espadas con dedicación, empezó a oír unos pasos firmes directos hacia él, conocía esos pasos y conocía muy bien la que se le venía encima.
- ¿Qué quieres bruja? - Preguntó sin despegar la vista de su arma.
Nami estaba delante de él con las manos en la cintura, contando hasta veinte para no contestarle igual de mal. Hablar con Sanji fue lo más sencillo, le explicó la situación y el cocinero le prometió que iba a cocinarle manjares igual de buenos que no estuvieran tan cargados de grasas no azúcares. Ahora venía la parte más difícil, hablar con Zoro sin gritar durante por lo menos cinco minutos.
-Vengo en son de paz, quiero hacer un trato. - el espadachín se dignó a mirarla, guardó su katana en su funda y cruzando los brazos la miró a los ojos.
-Tú dirás. -
Nami cogió aire y suspiró, "Allá vamos" dándose fuerzas ella misma. -Necesito que me ayudes a entrenar. - Por fin soltó tras unos segundos callada.
El ojo bueno de Zoro se abrió solo un poco después sonrió con incredulidad y contestó divertido. -¿Qué?.-
De repente toda la actividad que estaba sucediendo en cubierta paró al instante y todos se les quedaron mirando, cuestionándose si lo que habían oído era real.
Nami aguantó estoicamente las ganas de golpear a todos y cada uno de los presentes, con la vergüenza bailándole en la cara continuó. -Necesito que me ayudes a entrenar, primero algo normal y luego combate cuerpo a cuerpo, en el último enfrentamiento pude haber caído y no quiero que vuelva a suceder. - Nami le mantuvo la mirada a Zoro en todo momento. El hombre tenía que admitir que hacía falta mucho valor para admitir que había perdido una lucha y quería mejorar.
-Es verdad que los Marines cada vez son más persistentes y disciplinados, podría sernos un problema si no estamos a la altura del enfrentamiento cuando llegue- dijo más para sí mismo que para ella. Volvió a mirarla a los ojos. - ¿Qué clase de trato habías pensado? - Preguntó con toda la desconfianza del mundo.
Nami sonrió, por lo menos la idea de entrenarla estaba sobre el papel, ahora habría que discutir y negociar las condiciones, dos cosas que contra el espadachín se le daban genuinamente bien.
-Sencillo, tú me entrenas y te voy perdonando tu deuda, todo el mundo gana. -
Zoro frunció el ceño ante esa respuesta, sabía que había gato encerrado desde que empezaron a hablar, se levantó y se acercó hasta estar solo a un paso de la navegante con cara de muy pocos amigos.
-Esa deuda está más que saldada y lo sabes bruja, si quieres que acepte para que sea tu entrenador personal, 100 monedas de oro por día o no hay trato. - Casi no le dio tiempo a Zoro de acabar la frase mientras esquivaba una patada directa a su cabeza de una furiosa Nami.
Hubo gritos, insultos mientras el resto de la tripulación se había sentado a ver el espectáculo cómo de una película se tratase, Usopp y Luffy compartían un cubo enorme de palomitas sin perder detalle.
- ¡Estás loco si piensas que voy a pagarte tanto! - Gritó Nami.
- ¡Pues entonces pídele al cocinero pervertido que te entrene él! - Respondió Zoro.
-A diferencia de ti él tiene un trabajo en este barco, no puede desatender sus obligaciones para ello, tú eres el único con tanto tiempo libre y deberías hacerlo gratis. - La sangre le hervía, el espadachín era el único que conseguía ponerla en tal estado.
-Antes muerto, si quieres mi ayuda ya sabes el precio. - Zoro sabía que por una vez en la vida y por los motivos que estaba al corriente y que sospechaba, podía ganar esta batalla. Nami se le quedó mirando con los brazos cruzados pensando en varias maneras de asesinarle. Tras un minuto habló.
-20 monedas. - Empezaron las negociaciones.
-80.- Respondió Zoro sin inmutarse.
-50.- Los puños de Nami se estaban volviendo blancos de la presión, la tripulación movía las cabezas de uno a otro, habían pasado de ver una película a un partido de tenis.
-75 y es mi última oferta. - Zoro extendió la mano hacia Nami sonriendo, la chica miró la mano y al dueño sin ninguna gana de aceptar, pero sabía que tenía que hacerlo si quería mejorar, de mala gana y para asombro de sus compañeros acepto la mano y apretó fuerte.
-Por tu bien espero valga ese dinero. - Casi escupió las palabras, recuperaría su dinero, ¿Cómo? Aún no lo sabía, pero lo haría, aunque fuera la última cosa que hiciera.
Ante los aplausos de sus compañeros que veían el final de la escena la navegante no aguantó más y les gritó a todos que fueran a sus puestos, los miembros de una de las bandas más buscadas del mundo corrieron para evitar la furia de su nakama sin pensárselo dos veces. Solo quedaron en cubierta Zoro y Nami aún cogidos de la mano por el trato que acababan de hacer.
- ¿Cuándo empezamos? - Preguntó Nami con una sonrisa cuando soltaron sus manos, para una persona normal sería una sonrisa angelical, para Zoro esa sonrisa ocultaba un demonio más peligroso que cualquier Almirante.
-Mañana por la mañana, nos vemos una hora después de desayunar en el nido del cuervo, ¿Has hablado con el cocinitas?.- La pregunta descolocó a Nami.
- ¿Por qué motivo tendría que hablar con él? - Dijo la chica nerviosa. Zoro sonrió otra vez causando más enfado en ella.
-Si quieres adelgazar tienes que cuidar también la alimentación. - La cara de Nami se puso roja por la vergüenza y la rabia que tenía.
- ¿Cómo coño te has enterado, ha sido Robin? - Dudaba mucho que su compañera hubiera compartido un dato tan privado como era el de esa mañana.
-No ha hecho falta, me parecía raro que un día soleado bajaras con esa ropa en vez de ir en bikini como sueles hacer. - Dijo sin importancia para el asombro de Nami. -Además cuando has dicho lo de "ejercicio normal" ya me lo has confirmado, pero tranquila, haremos dos o tres semanas de ejercicio hasta que veas tú qué es suficiente y luego empezaremos con la defensa personal. - Dicho esto y con la misma sonrisa Zoro se dio la vuelta para realizar sus ejercicios.
Nami a pesar de sentir tanta vergüenza porque él descubriera una parte secreta de su plan, no puedo evitar contenerse.
-No sabía que el gran Cazador de Piratas se fijara en la ropa que llevo puesta, ¿Debería preocuparme? - ronroneo con la voz más dulce que pudo y sonrió con satisfacción cuando vio como el espadachín daba un pequeño traspiés por el comentario.
-Sigue soñando bruja, mañana empezamos, espero que te lo tomes en serio. - Ni siquiera se giró para contestarla, ya que si lo hubiera hecho habría visto el casi imperceptible rubor en las mejillas de Zoro.
-Engreído, imbécil, arrogante, capullo, estúpido…- Era ya de noche y Nami se desquitaba en el cuarto de las chicas ante una divertida Robin. -Como se atreve a chantajearme, lo mato, te juro por Enel que como esto sea así mañana nos quedamos sin primer oficial. -
-No te ha chantajeado, habéis acordado un precio justo, ya verás cómo te lo pasas bien y además consigues tus objetivos. - Robin intentaba calmar a la Gata Ladrona sin mucho éxito. Nami se recostó en la cama agotada mientras pensaba en cómo iba a ser de tortuoso. -Vamos, no será horrible, es un buen profesor. - Dijo la morena mientras pasaba la página de su libro.
Nami la miró sin entender nada. - ¿Cómo sabes que es bueno? - Robin la miró también con duda.
- ¿No lo sabías? - ante la cara de la chica de pelo naranja que seguía sin entender que estaba pasando, la arqueóloga se explicó. -Todos entrenamos con él. -
-…- ¿QUÉ?
Bueno, después de años sin escribir tenía esta pequeña historia metida en la cabeza y tenía que sacarla, espero que la disfrutéis, durará poco y seguramente tenga un lemmon final, intentaré acabar también la historia de Plan Arriesgado, nada más que decir, ¡cuidaos mucho y un saludo!
