No es la primera vez que hago una historia para estos dos pero igual siento que los amase un poco a mi antojo para que quedara bien. Sigo leyendo y re-leyendo esta historia y aún sigo sin convercerme sobre ella, espero y esto no cause problemas en su lectura.
ACLARACIÓN: Esto NO está escrito tal cual a lo CANON de la historia pero puede haber escenas de lo canon incluído aquí, también va a haber un pequeño intruso en la historia jeje, perdonen. Si no te gusta lo que se va a tratar en esta historia por favor vete.
_
Y ahí estaba yo, recostado a esa cama a la que me ha pertenecido desde tiempos pasados con un dolor soportablemente leve en mi cabeza, pasé mi mano por mi frente inconsciente de todo lo que había hecho percatando que tenía una venda en ella sintiendola en la mayor parte trasera de mi cabeza.
¿Qué le había pasado? El enano ese le metió un gol en su portería y gracias a ello se llevó un buen golpe con unos de los postes del lugar que debía impedir que entrara ese balón; no hizo nada más que fruncir el seño y seguir su rutina mañanera, a penas eran las 8:56am, tenía tiempo de bañarse, comer e ir a ejercitarse mucho, agradecía al mismo tiempo que maldecía no tener tareas que hacer, no se liberaría de ellas ya que pronto terminaría su mes de descanso para al fin volver a aquel lugar, no es que se le hiciera pesado ir a la escuela, solo era tedioso y muy fastidioso.
Después de haberse aseado bajó hacía la cocina donde ya yacia aquella persona que lo entrenaba y cuidaba en todo momento, básicamente ya podría destacar a ese hombre como una figura paterna después de todo.
— Bueno días Genzo.
— Buenos días.— Me senté en la mesa a comer junto a él, ya tenía toda la comida preparada y servida.
Luego de comer y un tiempo de charla junto al anterior me preparaba para salir a seguir con mi entrenamiento matutino, nesecitaba mejorar para poder vencerlo.
— ¿Saldrás a entrenar?
— Si.
— No creo que sea buen momento para que estés haciendo actividad física en el estado que estás.— Mikami dudaba aún de si dejar a su pupilo hacer ese tipo de cosas, aún seguía débil y era su trabajo -además de entrenarlo- cuidarlo y mantener su salud al cien.
— No te preocupes, estaré bien.—Terminé de amarrarme los cordones de mis zapatos para caminar a el umbral que separaba la mansión y las calles de la ciudad.
— Vale... ¡Solo no te alejes mucho de aquí y vuelve pronto, el pronóstico del tiempo dice que lloverá!— Las últimas palabras que escuché de su parte fueron esas.
— ¡Vale!— Grité en tono de respuesta antes de seguir y alejarme más de su voz.
Empezé a trotar por las calles de el lugar, no podía jugar por la lesión y tampoco podía hacer ejercicios pesados, eso era algo que podía soportar.
La ciudad estaba repleta de personas, el tráfico en la zona de comercios era muy grande, no me sorprende tanto aunque sea domingo después de todo.
Unos minutos después llegué a la zonas de canchas; personas de cualquier especialidad estaban pasando el rato ahí o entrenando, básquetbal, patinaje urbano, volleybol, tenis, habían muchas personas en la etapa de adolescencia y niñez transcurriendo el lugar, jugando o pasando los pasillos que limitaban las canchas.
Quise pasar por la cancha de fútbol queriendo buscar algo que ni yo sabía que estaba buscando, pasé una mirada rápida desde un lugar en donde no fuera visto y, como era de esperarse estaban los niños de la escuela pública, mi mente se sintió deprimida por unos cortos momentos, parecía ser que no encontró lo que buscaba.
Descansé unos minutos ahí comprando una botella de agua en las máquinas expendedoras de las canchas. Fuí de nuevo al terreno que le pertenecía a los jugadores de fútbol como objetivo de hechar una última ojeada, esta vez detallando los rostros de todos los presentes; estaban todos, el chico de lentes, Ishizaki, todos, pero
Faltaba alguien.
Faltaba el causante de la venda en mi cabeza.
Que extraño, siempre se la pasa aquí junto a ellos.
Di media vuelta y me fuí por dónde había llegado, no me debería importar si estaba aquí o no; me faltaba un gran recorrido para cumplir mi hora de trote diaria.
De estar en la zona más invadida de naturaleza u poca construcción pasé a estar nuevamente en las zonas de comercios y hogares.
Ya llevaba más de media hora en trote sin descanzo y el dolor de cabeza había comenzado a agravarse un poco, opté por un trote tranquilo para no mal gastar el día y empeorar todo.
Faltaban minutos para volver a casa. La fatiga se estaba haciendo presente pero no pararía por simple cansancio; muchos jóvenes de mi edad estarían en este momento en sus casas probablemente durmiendo y disfrutando sus últimas horas de tranquilidad antes de que mañana llegue la vuelta a clases, yo quería seguir haciendo lo de todos los días y no descontinuar mi racha.
— 12:43pm... Es hora de que valla volviendo a casa.— Quité la mirada de mi reloj de mano para continuar mi paso.
La atmósfera del lugar se había tornado triste y desolada gracias a la poca población o casi nula en el lugar por culpa de esas nubes grisáceas que adornaban el cielo, cruzé una avenida típica del lugar acelerando un poco más mi trote para que la lluvia no me alcanzará, rezaba por que eso no pasara.
Mi cuerpo me hechó una mala jugada, una muy mala y sucia jugada.
El dolor de mi cabeza se agravaba cada vez más y más mientras que mi ritmo de caminata bajaba poco a poco hasta ser solo arrastras, perdía rápidamente el control de la situación; me arrodillé para poder calmarme y así seguir, sentía todo mi cuerpo caliente, tenía mucho calor y no podía respirar bien, trataba de tomar bocanadas grandes de aire, sentía que no podía mantener mis ojos abiertos por más tiempo, ardían mucho.
Miré a mis lados para poder pedir ayuda; gracias a mi poco nivel de vista, no podía ver nada, no podía articular ninguna palabra, mi aliento cada vez se desgastaba más, y déjenme decirles algo, cuando digo que todo, pero todo, fué porque todo pero todo se fue al carajo cuando sentí que se humedecia mi ropa y mi gorra.
El diluvio me había atrapado.
Lo último que pude ver fue mi cuerpo me traicionaba y caía rápidamente al suelo, odiaba esto.
_
— Tsubasa, las cosas que debes comprar están en la mesa de la sala. No nos esperes a mí y a Roberto, lo más probable es que regresemos mañana. Y no duermas tarde,— Hablaba desde la entrada de la casa una señora con cabellos cortos y ondulados estratégicamente, a su hijo, cuál estaba bajando por las escaleras de la casa.
— Entendido mamá. Cuidense los dos.
Bajé completamente y me acerqué a la entrada viendo cómo mi madre se ponía sus zapatos y agarraba su bolso de mano.
— Muy bien, vamos señora Ozora.— Habló detrás de mí el mayor de todos abriendo la puerta de mi hogar saliendo de primero.— Nos vemos después Tsubasa, te confío la casa a ti mi pequeño.— Y antes de irse me acarició el cabello como despedida junto a una gran sonrisa.
— ¡Adiós Roberto!— Extendí mi mano con alegría para escuchar por última vez la voz de mi madre.
— Adiós cariño y recuerda llevarte una sombrilla antes de salir, las nubes parecen tristes el día de hoy.— Habló por última vez Natsuko, mirando al cielo en el momento que salió de casa.
— Adiós mamá, tengan cuidado.
La puerta se cerraba rápidamente hasta no quedar ni un orificio de entrada, el silencio estaba por toda la casa. No sabía que hacer ahora era fin de semana, no podía salir de casa a menos de que fuera a hacer las compras.
Al final decidí que iba a ir a prepararme para comprar las cosas y volver lo más rápido posible, iba a ser un dolor de cabeza que la lluvia le agarra, no es que no me gustara, solo no quería mojarme.
Escendí el televisor rápidamente poniéndolo en cualquier canal al azar para al menos tener algún ruido de fondo, era muy costumbre tener algo de fondo haciendo ruido, me daba tranquilidad y un toque de ambiente hogareño, más de lo que ya era.
Subí a mi habitación para cambiarme de ropa y salir más decente a comprar -aunque siendo sinceros, solo tenía que ponerme una camisa diferente, buscar mi bolso, un abrigo y ya-; agarré dinero que estaba a un lado el papel con el mandado sin obviarme el anterior. Junto a un paraguas salí de casa para ir a la tienda.
La tienda a la que pensaba ir no quedaba tan lejos de donde debía estar, aunque estaba la opción de desviarme a otras tiendas para comprarme algo de merendar.
Llegué al lugar, no estaba tan vacío como pensaría que estaría, hice la cola y... Duré un buen tiempo ahí. Compré todo lo que faltaba en casa; para mí me elegí un té en frasco y un paquete de pockys.
Tal vez la próxima vez le diga a madre que me compre unas pegatinas de estrellas. Una buena remodelación no afectaba a mi cuarto, amaba como estaba ambientado pero desde hace unos días me ha entrado la curiosidad de como se vería de noche con unas estrellas iluminando el techo, me hacía mucha ilusión hacer eso... ignorando además de que empezaba a marear un poco el repetitivo tema de balones de fútbol por toda la habitación.
Mis brazos estaban libre a excepción de el paraguas que carga en cima y el pocky que me hallaba comiendo a punto de acabarse, todo el recado lo había guardado en el bolso que traía conmigo, cuando estaba saliendo de la tercera tienda que había entrado en ese día las gotas de lluvia no se hicieron esperar.
Caminé calmado, se veía que era una lluvia dócil, las nubes este día no estaban muy tristes; era bonito ver las gotas de agua caer en el suelo y alimentar a las plantas del camino, ver cómo mi mirada se empañaba más por el efecto de el agua chocando en el pavimento o tierra, mojandolas a su paso y haciendo un efecto óptico particular junto a las calles, se adornaban de un poco esperanzador gris. Con el paso de los minutos la lluvia empezó a gravarse cada vez más y más. Apresuré el paso para llegar más rápido a mi casa y no mojarme tanto los talones.
Agarré un atajo rápido para llegar más rápido a mi hogar, no habían muchas personas ahí, solo alguna que otra pareja o perro y dueño con su paseo arruinado; mientras caminaba veía a los lejos una persona arrodillada en medio de la acera, no le tomé importancia hasta que divisé una gorra roja y automáticamente supe que era él, pero pasaba algo con él, ¿Por qué estaba arrodillado?, Seguro y se le cayó algo.
Me acerqué más pero a los cinco pasos de estar a sus espaldas Genzo cayó limpio al suelo.
— ¡Wakabayashi!
Corrí lo casi nulo de distancia que me quedaba para llegar a su lado y lo levanté, dejé mi paraguas a un lado para verle mejor la cara y hacerle reaccionar, su cara estaba roja, yo me encontraba agitado ante ello, no sabía cómo reaccionar o hacer, sus ojos se mantenían cerrados con un ceño fruncido notable en su cara, respirando descontroladamente. Dolía mucho verlo así, la poca ataraxia que tenía en mi se había ido en un cerrar de ojos; toqué su frente al mismo tiempo que lo llamaba dócilmente, hasta ahora me daba cuenta que tenía fiebre.
Miré rápidamente mirando hacía todos mis lados con en fin de encontrarme con alguna sirueta que había visto anteriormente. Las pocas personas que se encontraban ahí ya no se encontraban en el lugar.
Que gran buen momento para que se fueran, pensé un poco molesto.
Cerré mi paraguas y lo guindé en una de las tiras de mi bolso, si lo mantenía abierto iba a ser una perdida de tiempo y dificultaría mi caminar ahora que lo tenía que llevar cargado, o eso trataría de hacer.
La diferencia de tamaño dificultaba las cosas más de lo que ya se encontraba, mi ropa también empezaba a mojarse cada vez más rápido de agua, pasaron segundos para que por fin lograra mantener mi equilibrio junto con su gran peso, Genzo aún seguía con la misma expresión de antes, sin reaccionar; daba pasos cortos y pesados pero con mucha certeza y cuidado de no tambalearme y que terminaramos cayendonos los dos.
La lluvia se hacía cada vez más fuerte al punto de hacer brisa. Las nubes estaban muy molestas en este momento.
— Aquí estoy... Todo va... Va a estar bien, Wakabayashi.— En el fondo esperaba obtener una respuesta aunque lo que pasaría fuera muy obvio, su respiración era muy agitada y fuerte lo que me hacía entrar cada vez más en pánico. Este no sería un día común.
_
Todo era completamente oscuro, la habitación en dónde me encontraba era toda negra pero podía verme perfectamente, mi piel, mi ropa, todo.
Caminé rápidamente hacía adelante, sin ningún punto fijo alguno.
No creo que llegue a algún lado. Pensé.
Aún así continúe el paso por dos horas seguidas, o esa era la noción de tiempo que tenía.
Aunque no sintiese cansancio al caminar mentalmente si lo estaba, pero mi cuerpo no quería parar, es como si el que estuviese tomando acciones de mi cuerpo no fuera yo, si yo fuera una persona a parte en ese lugar.
El el piso se podían ver pequeños puntos blanquecinos que al paso de la caminata se volvían círculos más y más grandes.
Pude ver cerca de mí una persona, era muy pequeña para ser cierto.
No pasó nada para darme cuenta de que ya estaba detrás de esa sirueta.
Caminé un poco más para estar frente de esa persona.
Lo primero en que me pude fijar fué en su cabello raro y negro; Luego pude ver sus ojos, eran un azul muy opaco, casi un gris básico.
Su expresión facial era una muy neutra y seria, miraba el piso de el lugar, sus manos estaban en sus mejillas, no entendía nada de esto.
— ¿Hola..?
— ¡¿Eh?!— Esa persona se arrastró unos pasos atrás con mucha brusquedad.
— ¡Perdón por asustarte! No... No te haré nada.— Extendí un poco mi mano sin moverme de dónde estaba.
— ¡¿Quien está hablando?!— Preguntaba con la voz alterada el chico.
— Yo...— Traté de recordar algo sobre mí.— No sé cómo me llamo...
Unos segundos pasados pude ver que no me miraba directamente y fijaba sus ojos a un lado de mí.
— ¿Q-qué hay ahí?— Pregunté mirando a mi lado.
— ¿Ahí donde?
— Estabas mirando a un lado mío...
— Oh no nada, solo...— Su voz bajaba cada vez más de tono a solo ser un simple susurro.
Me senté unos pasos frente de él para verlo mejor, su expresión de miedo y terror de hace unos segundos cambió rápido a una de desepción.
— ¿Solo... Qué?— Pregunté tranquilamente tratando de que no se alterara de nuevo.
— Soy ciego, no puedo verte.— Esta vez me estaba mirando a los ojos, sus labios y mirada reflejaban verdad absoluta.
— ¡¿Q-qué?!
La respuesta me había descolocado mucho, el chico desapareció de mi vista y solo había mucho negro, ahora no podía ver mis prendas de vestir ni mis manos.
Un poco desesperado y paranoico ante la situación empecé a gritar en busca de ese niño ¿Y si le pasaba algo? Después de todo no puede ver nada, mi cuerpo no reaccionaba y se mantenía estático en el piso, mi garganta se desgarraba con cada grito que daba en busca de una respuesta, el silencio me estaba abrumando. Sin saberlo empezé a llorar descontroladamente, mi garganta dolía mucho pero aún así seguía gritando en busca de alguna respuesta, quería que esto parase de una buena vez.
Quería que parara...
Quiero que pare...
¡Quiero que esto se acabe ya!
Solo pido eso, solo... Quiero que acabe...
Y desperté en un lugar diferente.
No era un hospital ni mucho menos un cuarto de secuestro... ¿O tal vez si?, un cuarto de secuestrador que estaba adornado completamente de balones de fútbol que hasta las cobijas tenían plasmado el logo de un balón de fútbol, imposible... Creo.
Cuando mi vista se acostumbró a la luz del lugar -lo cuál fue muy rápido ya que lo único que iluminaba el lugar era muy luminiscente- me fijé más detalladamente en lo que había en la habitación, exactamente lo que estaba produciendo esa tenue luz, la causa de ello era una lámpara de noche, recorrí todo el lugar con mis ojos rápidamente hasta ver a una figura al lado de donde yo estaba, más exactamente sentada en el piso, mirando hacía abajo con sus manos apretando su camisa.
— ¿Hola? ¿Dónde estoy?— Preguntó sublimemente para no asustar a aquella persona, exactamente un niño.
— ¿Mm?,— Levantó la vista rápidamente, sorprendido.— Oh, ya veo que despertaste que bien...
La pequeña figura sonrió tristemente, su cabello era muy parecido a aquel pequeño de su sueño, pensó Genzo, ¿Y si acaso era el?
Imposible, el niño era más pequeño que Tsubasa, podía apostar eso, además de que no tienen el mismo color de ojos.
Sin mencionar que el de sus sueños era...
¿El de sus sueños tenía algo?, Ahora que lo piensa no recuerda casi nada de ese niño, solo sabe que su cabello es igual que el enano en frente de él.
La cabeza de Genzo era un completo desastre en estos momentos.
Dejando de lado lo que probablemente ya se le olvidó que estaba pensando Genzo, otras de sus dudas era del por qué Ozora estaba en frente de el; Tsubasa, con una de sus características sonrisas, pero esta vez era una que le asustaba, hacía que Genzo se sintiese inseguro de lo que había hecho o pasado.
— Soy Tsubasa ¿Puedes recordarme?— Genzo asintió levemente, no era momento de reclamos, quería saber que hacía ahí. Tsubasa acercaba su mano hacia su frente quitándo de ella un pequeño pañuelo mojado y volviendo a posar su mano en su frente, Genzo aún no se percataba de ello hasta que el menor hizo aquellos movimientos;— Te encuentras en mi casa. Te encontré en una calle en el piso, respirabas muy rápido y no sabía que hacer así que te traje hasta aquí, no sé si debería de agradecer un poco que colapsaras cerca de mi hogar, agarraste fiebre por cierta culpa de la lluvia y has dormido durante casi 4 horas, lo bueno es que tu fiebre ha pasado a ser un simple quebranto... Si que tienes el sueño pesado eh...— Culminó Tsubasa con una risa nerviosa.
Genzo no le prestó atención y detalló más si cara, vió que tenía su piel marcada con un poco de rojo leve en sus mejillas, él suponía que era por el calor.
— Supongo...
— ¿Tuviste un mal sueño? Es que, estás...— Señaló un poco dudoso su ojo haciendo círculos en una esquina.
Pasé mi mano sobre mi ojo izquierdo, tenía razón estaba llorando.
— Ahora que lo dices, no recuerdo si soñé algo...— Me acurruqué y miré al techo de la habitación en busca de entretener mi mirada.
Los segundos pasaron, haciendo que el ambiente se tornara incómodo, iba a hablar pero Tsubasa se adelantó de mí.
— Bien,— se levantó de donde estaba sacudiendo de sus bragas el supuesto polvo que tenía.— Iré a preparar algo para comer, deberías de llamar a tu padre y avisarle de que estás bien...— Contaba mientras caminaba hacia la puerta de la habitación con el trapo en mano,— Ah y por cierto, te dejé en la mesa del lado de la cama unas pastillas y agua para que lo tomes,— miré inconsciente el lugar que había mencionado para ver si estaba lo que decía.— te cambié las vendas ya que se veían muy sucias tenían mucha sangre seca, y por último en la silla del escritorio se encuentra tu chaqueta, déjame decirte que me impresiona que se seque muy rápido... Si quieres que hablemos sobre tu sueño y quizás trates de recordar lo que pasó, adiós.— Salió rápido del lugar cerrando la puerta sin hacer ningún tipo de ruido fuerte.
Unos minutos de silencio pasaron mientras analizaba todo lo que había ocurrido anteriormente, hizo todo esto por mi, supongo que lo hizo por ser yo, una persona que conocía, sin embargo...
¡Lo hizo por mi!
No entendía del por qué mi subconsciente se había emocionado tanto después de eso pero como hago con todo simplemente lo dejé pasar; me senté en la cama y tomé las pastillas que me había dejado para la fiebre según lo que decía la caja de ellas, me levanté con un poco de mareo y arreglé su cama para así poder salir con mi abrigo en mano, se me hizo fácil saber dónde se encontraba, su casa era pequeña y se escuchaba una pequeña melodía proviniente de su sala de estar. Bajé las escaleras que conducían al segundo piso y al lugar de las habitaciones para encontrarme el televisor escendido, con una playlist reproduciéndose por el momento; una canción llamada "Chinatown" se apoderaba de el sonido del lugar, dejé mi abrigo en uno de los muebles de aquel simple sala de estar, se notaba que faltaban muchas cosas por poner por lo que suponía que el era una persona nueva en la ciudad.
Por agradecimiento a esto lo llevaré algún día a algún lugar entretenido o a una sala de karaoke, pensé; sí, esa será mi muestra de agradecimiento y afecto hacia el.
Una voz proviniente de la cocina que quedaba a poco pasos de el lugar donde yacia me ha sacado de mis pensamientos, su voz sonaba tan etérea que no pude evitar catalogarla rápidamente como la voz más peculiar que había escuchando en esta poca vida que he llevado, el autor de el sonido y melodía no hacía falta imaginarselo ya que era muy evidente, la cocina como división tenía un mesón alto así que se podía ver perfectamente a profundidad de esta cantando la canción que se estaba reprodiciendo en ese instante en el televisor, simplemente me hizo helar la sangre, pensar que esa voz le pertenecía a quien estoy pensando, pero no de mala manera mi sangre se sentía fría dentro de mí, sino de cuando te escuentras algo tan monótono y bonito que te da tanto escalofrío de que llegue a existir algo así en este mundo, así de ese modo.
Se dió cuenta a los pocos segundos de que yo estaba ahí aún, dejó de cantar.
— Cantas bien.— Elogié tratando se hacerme el indiferente.
— ¿Ya llamaste a tus padres?— desvío el tema.
— No, ¿Puedes prestarme algún teléfono?
— Puedes usar el de la casa, está ahí a un lado.— Dijo mientras señalaba con los labios el lugar, se me hizo fácil saber dónde estaba, a un lado mío.
Fuí a el y marqué al señor Mikami.
— Oh y será mejor que te quedes aquí, aún sigue lloviendo.— Adivirtió Tsubasa, veía como se sentaba en el sofá con la comida para quitar la música y poner alguna serie en la televisión.— Puedes decirle que te venga a buscar o si quieres irte te prestaré un paraguas, como más gustes,— Dejó el control de la pantalla en la mesa y mantuvo silencio por unos segundos— pero no me gustaría que te fueras solo, puede que te dé un colapso de nuevo...— Lo último lo había dicho en un susurro, cosa que no pasó desarpecibido de Genzo, pero no logró escuchar nada.
Genzo no respondío ya que se encontraba hablando con su progenitor.
Quería pasar más tiempo con Tsubasa, su presencia era interesante y siempre había de que hablar entre nosotros dos, no quería volver tan temprano a casa para seguir con mi rutina de siempre, pensaba el mayor de la sala. L
Al final le dijo a la persona del otro lado de la línea telefónica donde me escontraba con un ¿Amigo?, Sí, y que estaba bien, Mikami dijo que ya venía a buscarme cuando le dí la dirección en dónde me encontraba, colgué.
No creo que llegue tan rápido, seguro tardará un rato, tengo tiempo para pasar con Tsubasa aun.
— ¿Quieres ver algo mientras vienen a recogerte?— interrogó después de que le conté todo lo que me habían dicho.
— Si tú dices...— Fuí a sentarme a lado de el.
— Ahí tienes, puedes a agarrar lo que quieras, ¡Que aproveches!— habló con entusiasmo mientras agarraba un poco de lo que había dejado en la mesa; había dos oniguiris, paletas de helado, chocolates en forma de estrellas y dulces esponjosos en forma de peces. Agarré un oniguiri y lo probé, tenía de relleno atún, le había quedado bien.
— Está... Sabroso,— Degusté más la comida haciendo una sonrisa hueca en forma de agradecimiento, el pequeño si sabía hacer buena comida.— gracias Tsubasa...— Dije mientras miraba el televisor y veía como cambiaba de canal.
— ¿Uh? ¿Gracias por qué?— preguntó, duró unos segundos con una expresión desorientada hasta que comprendió todo.— Oh, no fue por nada, todo por un amigo siempre.— Se dirigió a mi y me sonrió con unas mejillas marcadas de un rosado pálido entre sus ojos, mejillas y naríz; ver ese tipo de expresiones en él provocaban en mí un revoltijo en mi panza y como si me estuviesen presionando el pecho.
— ¿Y tus padres?— Pregunté mientras que por fin se había decidido de canal.
— Mamá está en Tokyo haciendo unos trámites, y papá está en altamar, puede que pronto venga, nada del otro mundo.— Tsubasa mordisqueó el helado un poco apresurado, sentía su boca muy helada lo cual le sacó una pequeña mueca.
— Veo que eres nuevo en este lugar, ¿Acabas de mudarte?— Miré la televisión por unos momentos, estaban pasando un reality de seiyuus haciendo de voz personajes al azar de anime.
— Sí, hace dos días exactamente.— él también veía la televisión mientras respondías cada pregunta que le hacía, aunque pareciese que está enfocado en ese punto central puedo apostar a qué solo me estába escuchando.
— Entonces... Vas a estar en el Nankatsu...— Mi voz sonó vacilada mientras que pellizcaba el chocolate helado que tenía en mis manos.
— Sí, es decir, antes me habían propuesto en irme al Shutetsu o al Nankatsu.— Tsubasa agarró un chocolate normal para poder masticarlo.
— ¿Por qué no decidistes el Shutetsu? Pudimos haber quedado en salones casi cercanos.— Preguntaba, está vez preguntaba porque me interesaba y no por curiosidad, aunque por un lado sí, me hacía ilusión estar a su lado en la escuela, se que sonará raro, pero creo que ya me encariñé con ese niño.
— Conocí a Ishizaki primero— Se tomó unos segundos antes de seguir— Si te hubiera conocido antes que a él y hubiesemos tenido una amistad estable seguramente... Seguramente algo hubiese cambiado;— Su habla empezó a bajar notablemente al mismo tiempo de su expresión a una de nostalgia.— Pero lo que pasó ya pasó, lo único que nos queda es decidir lo que pasará, aunque de eso tampoco tenemos control.— Dijo mientras agarraba una manta que tenía al costado y se tapaba con ella, ¿Desde cuando esté niño era tan sabio?,— ¿Tienes frío?— preguntó con una sonrisa mientras se acomodaba más en el mueble, colocando parte de su espalda en mi; se estaba pasando de confianza y yo se lo permitía.
Mientras los dos estábamos comiendo y viendo televisión -algunas veces él tocando mi frente para saber si ya los males habían cesado en mí, nunca le decía que parara, ya tenía toda mi confianza puesta en él- me contaba en vez de cuando algunas cosas sobre él y del como era su vida donde antes recidia; creo que siento un poco de compasión ante él, en aquel lugar no tenía con quién jugar ni equipo de fútbol y lo tachaban de raro... El no era raro, bueno, un poco, pero solamente es una persona muy peculiar.
Parecía que tenía muchos secretos detrás de todas sus palabras de esperanza y aliento. Quería saber todos sus secretos y estar a su lado, me ilusionaba estar en todos sus momentos de gloria a su lado.
Le dije que me tenía a mi para lo que sea, soltó una sonrisa y me dijo "Gracias".
Fué muy bonito escuchar eso, una sonrisa boba apareció en mí.
Al cabo de una hora me vinieron a buscar, le agradecí por el hospedaje y me fuí junto al señor Mikami.
— Así que aquel amigo era ese niño ¿Era el mismo que habíamos visto en la cancha de ayer cierto?— Interrogaba el mayor al pendiente del volante.
— Sí... me ha caído bien.— Miraba la ventana del copiloto, aburrido e indiferente al asunto.
— El tiene potencial, en el futuro puede que sea un openente muy grande para tí.— Habló con seriedad mientras tenía su mirada hacia adelante, no podía quitar la vista ya que estaba manejando el automóvil en las calles no tan pobladas de el Nankatsu.
— Si, ya me lo había planteado, ese enano es muy interesante.
Oponente
Él siendo mi oponente en la cancha, ya me lo estaba sobre imaginando.
Además de haber formado un pacto con Tsubasa para saber quién era el mejor en la cancha, nunca me dí cuenta cuando hicimos esa promesa para que los dos estuviéramos juntos en todo momento.
La promesa que hicimos los dos, en un partido de práctica cualquiera.
"Prometo,
siempre,
no alejarme de tu lado en alma.
Aunque físicamente nos encontremos lejos del otro siempre estarás cerca de mi,
en cada invierno,
Verano,
Otoño,
Primavera,
nos escribiremos y mantendremos contacto.
Hasta que ese día llegue.
El día en el que los dos nos volvamos a ver
Y nos volvamos a reconocer."
Existía una neurona en mi que decía que sería mejor ser su compañero de equipos a que su enemigo de cancha, y le daba la razón a esa neurona, sin embargo mi orgullo siempre la echaba cuatro pasos atrás.
Una sonrisa apareció en mis labios, ya no esperaba el momento de volvermelo a encontrar.
