Descargo de responsabilidad: Ninguno de estos personajes me pertenecen. Son de J. K. Rowling. No tengo ánimo de lucro.
Hermione había pensado mucho en la oferta de Draco. Era reticente a aceptar, pero tras unos días, había cogido un avión hacia Londres. Aún no estaba lista para volver a ver a sus antiguos conocidos, pero sí lo estaba para pasear como una desconocida por el Callejón Diagon. Nunca pensó que nadie la reconocería, pero cuando entró en el Caldero Chorreante, pudo sentir murmullos y miradas dirigidas claramente a ella. La gente no solía prestarla atención cuando estaba sola, sólo cuando estaba en compañía de Harry, cuando él acaparaba todas las miradas, quizá había alguien que preguntaría por ella, su amiga nacida de muggles.
Hace unos días, el Diario del Profeta había publicado un artículo sobre ella titulado La ladrona más famosa de la historia, en él se narraba su ingeniosa idea para robar el banco de Gringotts, siendo una de las pocas que lo había conseguido, pero siendo la única que se sabía con certeza que ella había sido la autora. En el artículo destacaban su destreza, su ingenio criminal, su plan desglosado paso a paso cortesía de Ron, la comparaban con otras mentes criminales de renombre como Grindelwald. Y aunque había sido divertido leerlo, Hermione veía ahora las consecuencias del artículo: la gente se lo había creído. Era sutil, pero las damas agarraban los bolsos en un vano intento de ocultárselos de su vista, como si de una vulgar ladrona se tratase. Hermione los ignoró y se sentó en una de las mesas libres. No serviría de nada hablar con esta gente, de nada serviría decir "eran tiempos de guerra", "hice lo que tuve que hacer". La mayoría de estas personas no habían experimentado lo que ella tuvo que experimentar: el hambre, el frío, la traición de Ron, la desesperación de saber que ella era el único apoyo de Harry y que, si fallaba, toda su familia estaría en peligro, la inhumana desesperación del desamparo y la firme resolución por sobrevivir. La mayoría de estas personas eran acomodados, habían pasado penurias en la guerra, es cierto, pero también lo es que probablemente huyeron, se refugiaron en lugares seguros, pero no fueron el principal objetivo de un lunático, ni sus cabezas tuvieron precio.
A cuenta de la guerra, la mujer idealista que una vez fue Hermione se había calmado hasta convertirse en una mujer que buscaba entender en lugar de combatir, se guardaba su opinión, en lugar de tratar de convencer. Había descubierto que sus caminos podían conducir a desesperación y dolor y había sido ella la que había parado, ahora era más cauta. Pero en el fondo, seguía siendo ella. Y estas personas creían saber que era peligrosa, no sólo por el artículo, sino porque muchas veces tras la guerra, el Ministerio, aun controlado por los sangre pura, le había solicitado su varita, retirándosela, creyendo que con eso podían controlarla. Ella se la había dado, habiendo aprendido hace mucho tiempo que no necesitaba una varita en su vida, porque una varita era sólo un palo que cambiaba de lealtad al mejor postor en cuanto el amo perdía una pelea. No era fiable. Y hace tiempo, durante la guerra, Hermione necesitaba seguridad y no depender de un palo para su protección, por eso había aprendido técnicas de autodefensa muggle y magia antigua, para casos de necesidad. Cuando el Ministerio comprobó que Hermione se había mudado a Nueva York y que continuaba haciendo magia, esta vez sin varita, no tuvo más remedio que devolvérsela, al haberse corrido la voz. De ahí la comparación con Grindelwald, de ahí que la consideraran peligrosa, de ahí que ni Ron ni sus antiguos amigos quisieran saber nada de ella.
Hermione había aprendido a estar sola, hubo un tiempo donde se había asustado por la soledad, ahora disfrutaba con ella.
Disfrutó de su té de calabaza, una de las cosas que aprendió de su relación con Ron era a no volver a beber ni siquiera una cerveza de calabaza. El alcohol nubla la mente y crea violencia y dependencia. No necesitaba eso en su vida y menos hoy. Hoy tendría que ir a Gringotts y estaba nerviosa y ansiosa. Después de su robo, Gringotts le dio un tiempo para vaciar su cuenta y después la expulsó de allí. Afortunadamente ella ya había decidido marcharse del mundo mágico, por lo que no la causó ningún inconveniente, pero hasta la fecha ella continuaba expulsada. Hermione sabía bien que era el orgullo de los duendes al saberse robados. El banco más infranqueable de todo el mundo mágico había sido saqueado con éxito por una adolescente de dieciocho años, nacida de muggles. Tenía que ser un golpe a su ego.
No pasó mucho tiempo en el Caldero Chorreante, ni siquiera necesitaba encargar una habitación, porque tenía la casa de sus padres a la que acudiría una vez terminase su misión. Se paró frente a Gringotts. El banco había sido reparado, pero alguien había escrito un grafiti imborrable en el que se podía leer claramente: este lugar fue saqueado por Hermione Granger, nacida de muggles.
Hermione suspiró y entró con seguridad, intentando ocultar su nerviosismo y recordándose ser educada. Quizás tenía fans, o puede que el banco hubiera cobrado alguna comisión de más a alguien y ese alguien se hubiera vengado de esa manera. No estaba segura de si quería o no conocer al autor. En cierta manera tenía su gracia, quizás, dentro de muchos años, cuando a los duendes se les hubiera pasado el enfado, esto saldría en los libros de historia, quizás incluso pusieran una placa donde ahora había un grafiti.
- ¿Puedo ayudarte?-preguntó un duende haciendo una mueca una vez que la reconoció. Estaba cerca de su mesa, mirándola con fijeza.-¡Tú aquí! ¡Qué sorpresa, espero que no estés aquí para robar nada, ladrona!
- Quiero abrir una cuenta.-respondió Hermione.-Gringotts sigue siendo un banco seguro.
- ¡Te estás regodeando!-grito el duende, haciendo que varios clientes les mirasen.-Sigues sin ser bien recibida, causaste suficiente daño.
Hermione suspiró con resignación. Era gringotts o el callejón knockturn. Sería mejor recibida en el callejón knockturn, porque allí se valoraba la astucia, quería evitar los rumores sobre ella lo máximo posible, quería hacer las cosas bien por una vez y Gringotts seguía teniendo comisiones nulas y buena reputación.
Lamento que creas que puedes decirme lo que tengo que hacer.-respondió Hermione con cansancio.-No eres la primera persona que lo hace, pero como sabrás, no suelo hacer mucho caso de nadie, sólo de mí misma.
Hermione sabía que debería haber sido más mansa, quería causar buena impresión, no que la volviesen a echar. Pero su carácter era salvaje, imbatible y bravío. No se podía domar a una leona por mucho que se intentase. Al salir, volvió a mirar Gringotts por última vez y se dirigió al callejón Knockturn. Ya había perdido suficiente tiempo hoy.
Este fic pertenece a una serie. Se lee en este orden (aunque también se puede leer por separado):
1. La falacia de la vida.
2. De amores y otros escritos.
3. Un poco de Felix Felicis.
4. Siempre la segunda.
5. La ladrona más famosa de la historia.
