Saludos queridos lectores!
Uan historia más para el SasuKarin Month.
Por cierto, me he dado cuenta que olvidé darle créditos a los edits que ManaKarin me ha hecho en las historias pasadas, las cuales, los invito a leer: Bodas terrestres, Relación con trabas y ésta. Un agradecimiento a ella porque de lo contrario, no tendría portadas para las historias.
Día 6 Anticonceptivo Junio 2021
Sin más, los dejo con la historia, la cual espero que les guste n.n
Los días pasaban y con puntualidad, Karin se tomaba la píldora a las tres de la tarde. Era una rutina que había adoptado desde que reanudó su vida sexual con su novio hacía unos tres meses y aunque eran bastante cuidadosos usando condón, la Uzumaki no bajaba la guardia con las pastillas, especialmente cuando uno que otro día se les agotaban los globos cuando no podían conseguir más y querían continuar o cuando se les llegaba a romper. Ya había pasado dos veces.
No había planes de hijos a corto o mediano plazo y tampoco estaban en una situación que les permitiera tener un accidente de ese tipo. Es decir, apenas habían adaptado su vida a las costumbres de Konoha tras la guerra, algo que llevó un largo camino entre discusiones políticas e intervenciones de Naruto que a veces complicaban más las negociaciones y otras las aceleraba y ahora que todo se estaba volviendo más o menos normal, había que establecerse económicamente.
Por ahora, Karin aún vivía con Ino, aquella que había sido asignada a vigilarla durante su periodo de prueba, así que su primer objetivo era tener una casa propia cuando les dieran el visto bueno. También, gracias a la confianza que comenzaba a ganarse en el trabajo, hacía que en el hospital le asignaran más trabajos que se traducían en un mejor sueldo y había logrado establecer algunas buenas relaciones dentro de la aldea. Así que no, no era el momento de tener hijos, ya de por sí era difícil encontrar el dónde y el cuando cada que los besos subían de tono y había que decir que varias de esas ocasiones habían sido durante misiones de bajo peligro fuera de la aldea, que eran muy pocas, y aún así con muchas restricciones porque no viajaban solos.
—Karin-chan ¿tienes prisa? —llegó Chizune al área de cambio de las enfermeras.
—Sasuke no debe tardar en llegar, saldremos de misión —contestó la pelirroja que guardaba su bata en su casillero y tomaba de dentro su portaobjetos, portakunais y una mochila— ¿Qué necesitas?
—Necesito sacar una muestra de sangre a un niño, pero no se deja —explicaba la kunoichi— Tsunade-sama y Sakura siguen en cirugía y…
—Ya entendí —contestó Karin soltando un suspiro pesados. Todos los ninjas médicos conocían al menos una o dos técnicas para bloquear el movimiento de una persona, pero siendo un hospital público de una aldea "buena", nadie se atrevía a usar tales artimañas con los pacientes y menos en niños.
Podría decirse que Tsunade era una excepción, porque ¿quién podría reclamarle a la Quinta? Otra excepción era ella, la antigua subordinada de Orochimaru. A la gente no le gustaba verla usar esos métodos y siempre había una queja contra ella, pero las quejas se limitaban a "rudeza y/o crueldad durante el tratamiento" porque al parecer a nadie le extrañaba que ella hiciera esas cosas.
Lo cierto era que Karin no tenía problema con detener los movimientos de los pacientes, ya lo había hecho bastante con los conejillos de indias en los laboratorios de Orochimaru, pero cuando llegó a Konoha se había propuesto seguir los lineamientos. Fueron los propios doctores y enfermeras quienes terminaron por incitarla a volver a sus métodos y ella aceptó sólo porque nunca faltaban los pacientes necios e imprudentes que de dejarse, le harían las tareas más sencillas al personal. Eso sí, nunca usaba técnicas extremas como en el pasado, pero a la gente ya le parecían demasiado crueles.
—De verdad lamento tener que pedírtelo.
—Estoy acostumbrada al odio —contestó Karin quitándole importancia, porque era verdad. Como subordinada de Orochimaru, ella se ganó el odio de los presos y sabía lidiar con ello. Sonó su alarma— Sólo dame un segundo.
De entre sus cosas, la pelirroja sacó una de las pastillas anticonceptivas, miró el reloj y esperando que incluso el segundero marcara el tiempo, se echó la última píldora de esa caja a la boca. Tenía un nuevo paquete de pastillas preparadas para el viaje de ida y vuelta, porque nunca podría estar segura de encontrarlas en alguna parada y las que ella tenía eran de muy buena calidad, no por nada ella trabajó en ellas.
—¿Realmente no hay efectos secundarios? —preguntó Shizune que de un vistazo supo lo que ella tomaba, después de todo había leído los informes de Karin sobre esa pastilla, que había sido el primer medicamento que ayudó a desarrollar en Konoha.
—Son los mismos que cualquier otra píldora, pero son menos agresivos —aseguró la Uzumaki con orgullo de su trabajo— Como sea, terminemos pronto con el trabajo.
Karin siguió a Shizune por los pasillos sin la bata y con las cosas en las manos, apenas le sacaran la sangre al niño, ella se reuniría con Sasuke que había quedado en verla en la entrada, pero antes de llegar a su destino, se encontraron con Naruto, quien apestaba a ramen. Si, él de por sí ya tenía como olor natural su comida favorita, pero olía inusualmente penetrante.
—¡Hola Karin-chan! —saludó alegre como si su ropa no estuviera llena de manchas de comida— ¡Qué bueno que te encuentro!
—¿Qué ocurre? —preguntó ella confundida, no era común que el rubio la buscara y era todavía más extraño ver que tenía un fideo en el cabello.
—Sasuke me pidió que te dijera que no podrá venir a recogerte, dice que se ven en media hora en la puerta de la aldea —transmitía el mensaje— No vayas a enojarte con él ¿si?
—¿En serio? ¿Qué pasó?
—No sé, ya sabes que es raro —contestó Naruto fingiendo no saber nada para no decir que él había tenido la culpa, pero esperaba que la chica no se enfadara.
—De haberlo sabido antes, no habría cargado mis cosas.
—Si quieres, yo puedo cuidarlas —se ofreció el rubio exageradamente amable para complacer a la chica.
—De acuerdo —aceptó Karin entregando sus cosas.
—Te veo en la puerta —anunció el rubio viendo que el par de mujeres se alejaban. Cuando las perdió de vista, él se dirigió a la salida del hospital donde se recargó en la pared a un lado de la puerta.
Realmente no había pasado mucho tiempo desde que él se quedó solo en la entrada cuando sintió el aburrimiento llegarle. Los hospitales lo mataban de fastidio porque no había ruido a menos que hubiese una emergencia y todo el mundo siempre parecía estresado. Aún estando afuera parecía que el aburrimiento emanaba del edificio y de no ser por la amenaza de su amigo, ni siquiera hubiese ido en primer lugar.
De repente, se le ocurrió inspeccionar el portaobjetos de Karin para matar el tiempo. Decidió curiosear un poco porque aunque las bombas, los sellos, los shurikens y los kunais formaban parte del equipo básico de un ninja, cada shinobi solía tener sus propias herramientas y Naruto había tenido muy pocas oportunidades de conocer los trucos de la pelirroja.
De la bolsa sacó las armas básicas tal como esperaba, pero también sacó pequeños frascos, seguramente elixires, y una extraña caja circular color rosa que llamó su atención.
Naruto jamás había visto una caja como esa y no se restringió para abrirla sin mirar que sus pies inquietos lo habían llevado justo frente a la puerta del hospital.
Dentro, acomodadas de forma circular, había 28 pastillas y lo curioso de esa cajita, además de esa disposición, era que en cada una de las pastillas había una etiqueta que parecían de un calendario.
Más curioso todavía, tomó una de las pastillas tratando de identificar qué eran, pero no halló nada que le diera información, así que buscó en la caja algo que le diera una pista. Mientras rebuscaba, unos paramédicos salieron de emergencia por un llamado y al salir a prisa, empujaron a Naruto.
Las pastillas salieron volando y el rubio terminó en el suelo.
—¡Karin va a matarme! —exclamó el Uzumaki y se puso a recolectar todas las pastillas que alcanzó a ver, empero, muchas se habían perdido en el pasto y otras habían rodado dios sabe dónde.
Ni siquiera había podido recolectar la mitad de la caja cuando oyó la voz de una mujer que sacaba a su hijo llorando del hospital mientras le gritaba a la "perra de Orochimaru que no sabía tratar a un paciente". Ello era señal de que Karin no tardaría, así que guardó todo como si no hubiese movido nada.
—Listo, gracias por cuidar de mis cosas —salió Karin estirando la mano hacia Naruto para recibirlas.
—¿Qué… qué pasó? ¿Por qué esa mujer te gritaba así? —preguntó Naruto fingiendo interés y a penas escondiendo su nerviosismo.
—Usé las cadenas de diamantina para inmovilizar al niño y mientras Shizune le sacaba sangre lo distraje contándole lo que le hacíamos a los presos en la guarida con Orochimaru cuando no se dejaban sacar muestras —contestó Karin sin darle mucha importancia— La verdad es que él ni siquiera sintió el piquete, pero se echó a llorar con lo que le dije y su madre cree que soy cruel por decirle esas cosas al niños, pero si me lo preguntas es una hipócrita.
—¿Por… por qué?
—Le dije al niño que dormíamos a los presos para sacar todas las muestras que quisiéramos, pero no le dije cómo, eso sí habría sido cruel, pero oí a la señora antes de entrar con su hijo a la sala, decirle que si no se dejaba sacar sangre, Maadara vendría a llevárselo —explicaba Karin— Teniendo en cuenta que Maadara fue revivido alguna vez, es bastante creíble para un niño que él pueda revivir de nuevo y venir a llevárselo. Admito que usar las cadenas suena exagerado, pero sólo uso la fuerza suficiente para inmovilizarlos, no para lastimarlos.
—Si que está loca esa señora —contestó Naruto con una risa nerviosa prácticamente tirándole las cosas a la pelirroja encima— Bueno, tengo que irme, te dejo tus cosas. Adiós.
La Uzumaki miró al rubio irse y aunque le extrañó esa actitud, no quiso ahondar, de todas formas a ella siempre le pareció rara su forma de actuar. Era cálido si, pero repartir indultos a todos los antiguos enemigos era algo que sólo podía hacer alguien muy idiota o muy ingenuo.
Como fuera, Karin aprovechó el tiempo extra para ir a comprar unos pastelillos para el camino y puntual llegó a las puertas de la aldea, donde Sasuke ya la estaba esperando. Tenía muy mala cara.
—¿Qué ocurrió?
—Sólo vámonos —pidió el azabache dando media vuelta y comenzando su andar.
—Si me dices te daré un pastelillo —comentó Karin alcanzando a su novio y éste la miró con una ceja levantada, ella sabía que a él no le gustaban los dulces— Tal vez así se te endulce el carácter.
—Cuando iba de salida a buscarte al hospital, Naruto entró corriendo a la casa con la comida para su cita con Hyuuga —contestó el Uchiha dándose cuenta que aquellas palabras sólo eran para darle a entender que ella seguiría preguntando— Venía corriendo al baño y chocó conmigo. Tuve que tomar una ducha para no apestar a ramen.
—Si tenía una cita con Hinata ¿cómo es que fue a avisarme que te vería más tarde? —preguntó Karin confundida aunque eso explicaba la peste y apariencia del rubio— Además pudiste enviarme un mensaje por halcón.
—Quería sacarlo de la casa para no tener que lidiar con él, así que le inventé algo —contestó el Uchiha y la Uzumaki lo miró con curiosidad— Le dije que si me terminabas por llegar tarde, no lo volvería a dejar a solas con Hinata.
—Eso explica por qué estaba tan amable —soltó una risilla. Sabía que a Sasuke le pesaba bastante tener que vivir con el rubio, especialmente desde que se había hecho novio de la chica Hyuuga hacía poco— Parece que te urge tu propio departamento más que a mí.
Sasuke bufó ante la afirmación de la chica, era algo más que obvio porque aunque Karin llegaba a tener peleas con Ino por tonterías, definitivamente era más sencillo vivir con alguien ordenado que con alguien tan caótico como Naruto.
El resto del día siguieron por el bosque hasta que anocheció, debían llegar hasta la Nube a entregar unos pergaminos importantes… o al menos esa era la misión que les habían encomendado, pero ambos sabían que habían sido enviados con dos propósitos, uno para que se sintieran en libertad de escapar si es que tenían planes ocultos y el otro, para que el propio Raikage, quien había sido el más renuente a perdonarlos, evaluara sus avances como exconvictos.
Ni Sasuke ni Karin tenían planes de traicionar a Konoha y el largo camino hasta el país del Rayo no era precisamente un paraíso, así que no podía decirse que fuera su actividad favorita. Sin embargo, en esa ocasión en particular se sentían entusiastas, especialmente Karin, porque era la primera vez que los dejaban ir solos. Además, la mayor parte del camino tendrían que pasarlo en el bosque y podrían aprovechar bastante bien el ambiente sin tener que cuidarse de que algún acompañante los descubriera.
Para Karin fue difícil disimular que quería dejar todo en segundo plano, pero como kunoichi, sabía que establecer un campamento y comer algo tras el largo viaje era prioridad, por lo que no hizo ningún movimiento sino hasta llegado el momento de dormir.
—Tomaré la primera guardia —anunció Sasuke y Karin dio saltitos hasta donde él estaba sentado y lo abrazó por atrás.
—¿No estás cansado?
—No, duerme tu primero, vienes de una jornada del hospital —contestó el Uchiha y Karin cerró los ojos haciendo el sello para activar su habilidad— ¿Qué haces?
—No hay nadie en tres kilómetros a la redonda. Hay un pueblo al este pero todos salvo los que parecen ser centinelas están dormidos —contestó Karin repartiendo besos en el rostro de su novio— ¿No preferirías aprovechar esta oportunidad? Vengo preparada y seguramente pensaste lo mismo.
—Estás trabajando desde ayer en el hospital. Aún quedan varios días de viaje —contestó el Uchiha que no iba a admitir ni demostrar que también estaba ansioso. Además, sabía lo pesado que era el trabajo en el hospital y aunado al viaje de todo el día, no le parecía buena idea presionar a la chica.
—¿Y si te digo que tomé una siesta antes de salir del hospital? —metió las manos bajo la camisa del chico acariciando su abdomen— Sakura me reemplazó en la cirugía porque se llevaría más tiempo del previsto, así que dormí un par de horas y fingí que estuve haciendo guardia.
—Un par de horas no es suficiente —contestó Sasuke, pero Karin podía notar, además del flujo de chakra inquieto, que la respiración del chico se hacía cada vez más pesada.
—Como quieras —Karin se enderezó tras darle un beso en la mejilla— Buenas noches —caminó hasta su bolsa de dormir— ¿Sabes? Ayer fui de compras.
El tono chillón con el que había pronunciado las últimas palabras le resultaba fastidioso, pero era una señal inequívoca de que esas compras habían sido de ropa interior y que no eran cualesquiera, sino que ella traía puesto algo verdaderamente tentador.
—¿Estás segura que no hay nadie? —preguntó después de un gruñido intentando, sin éxito, mantener la compostura.
—Campo libre —contestó guiñándole el ojo y desabrochándose la blusa para mostrarle su nueva adquisición y no se retractara. Él ya estaba agazapándose sobre ella para cuando terminó con los botones.
—No podemos descuidarnos —comentó Sasuke respirando con más pesadez al ver el sostén de encaje negro mientras ella le quitaba la camisa.
—Si, si, estaré al pendiente —ella se había lanzado a besarlo y en un movimiento rápido lo empujó al piso quedando ella encima. Él no protestó.
Había besos y caricias mientras terminaban de desnudarse y llegado el momento propicio para unirse, también llegó la poco agradable, pero necesaria pausa para la responsabilidad.
El Uchiha se sentó para alcanzar su portaobjetos mientras la Uzumaki seguía sentada sobre de él besando su cuello y tocando su trasero, pero el chico, entre más rebuscaba en sus cosas, más convencido estaba de que no había nada.
—No están —gruñó dando una nueva revisión, pero mientras lo hacía, recordó haber visto a Naruto cerca de su equipaje y muy nervioso cuando él salía de bañarse— Naruto...
—Oye, oye, nada de otros nombres en este momento —replicó Karin a pesar de darse una idea de lo que había pasado —Tengo en mi short—estiró la mano para tomar la prenda mientras Sasuke, ansioso por entrar, frotaba su miembro entre las piernas de la chica— ¿Dónde están? —se desesperó al no hallarlo— ¡Maldita sea!
No, no estaban. Karin recordó que los había ido a comprar, los metió en su short y se fue a trabajar, pero durante uno de los tratamientos que daba a uno de sus pacientes, éste se vomitó encima de ella y se había tenido que cambiar y olvidó por completo los condones.
—¿Sigues tomando las pastillas?— preguntó el Uchiha en un gruñido esperando no tener que detenerse.
—Si, mañana inicio el paquete nuevo —contestó Karin y para Sasuke eso fue suficiente para decidir que, aunque siempre había un margen de error, tenía una necesidad inmediata que satisfacer.
Por regla, ambos tenían el acuerdo de que, en casos como ese en que se quedaban sin condones a mitad de la calentura, tendrían una única ronda sin el latex a pesar del consumo de anticonceptivos, más que nada por prevención a ese margen de error, empero, no podían negar que habían estado esperando esa oportunidad de soledad desde hacía tiempo, así que tomaron el riesgo de seguir en sus pasiones confiando en las pastillas.
Al día siguiente se levantaron a la hora planeada pese al cansancio, después de todo, los próximos días no habría nada de acción hasta comprar condones en la próxima aldea en la que pararan, lo cual sería hasta dentro de tres días más.
Era un poco desalentador que por culpa de Naruto y un olvido de Karin no pudieran aprovechar aquellos dos días, pero una vez que el Raikage diera el visto bueno, tendrían el permiso para vivir solos y ya no tendrían que estar buscando oportunidades como hasta ahora.
—¿Ya has ahorrado lo suficiente para rentar en otro lugar cuando tengamos el permiso? —preguntó Karin de repente mientras andaban.
—No —Sasuke frunció el ceño, pues a diferencia de Karin que tenía más trabajo en el hospital, a él le asignaban misiones pequeñas dentro de la aldea, las cuales no eran muy bien remuneradas.
—Lo imaginé ¿Sabes? Yo prácticamente vivo en el hospital cada que me corresponde hacer un estudio nuevo y Tsunade-sama me ha dicho que me dará uno apenas regresemos de este viaje —explicaba Karin— Así que estaba pensando que podría prestarte mis ahorros para que consigas tu apartamento antes de que asesines a Naruto. Claro, en lo que consigo el mío, tendrás que recibirme si peleo con Ino.
—No es necesario —contestó el Uchiha no contento con la idea, pues siempre había podido solventarse solo hasta que tuvo que pasar por todos esos asuntos sociopolíticos tras la guerra, en que limitaron sus movimientos.
—Lo estoy diciendo como prestamista, así que tendrás que pagarme intereses aún si después terminamos —contestó Karin no queriendo herir su orgullo— Y cada que tengas que recibirme por haber peleado con Ino, será como si me pagaras el interés de ese mes ¿qué te parece?
—Lo pensaré —dijo aún serio pero menos descontento y al poco recordó que había oído hablar a Tsunade de un estudio donde necesitarían voluntarios masculinos. Él sabía que pagaban bien y sería menos incómodo someterse a eso que pedirle prestado a su novia— ¿En qué trabajarás?
—Anticonceptivos masculinos —contestó Karin— Mis pastillas femeninas son un éxito, así que ahora veremos la versión masculina —Sasuke bufó. Sabía que Karin era buena en su trabajo, pero todo medicamento era a prueba y error y no había hijos en sus planes de corto plazo— Bueno, mi propuesta sigue en pie, si cambias… —sonó la alarma del reloj de pulsera de la chica— ¿Ya son las tres?
Sasuke paró cuando vio a Karin hacer lo mismo y la chica sacó su pastillero dispuesta a tomar su anticonceptivo del día, sin embargo, el azabache notó cómo se descompuso la cara de su novia cuando abrió la caja circular.
—¿Qué ocurre?
—¡Alguien movió mis pastillas! —chilló alarmada y Sasuke echó un vistazo a la caja sin entender lo que ocurría.
Lo único que el Uchiha pudo ver es que no había ni la mitad de los espacios ocupados en la caja y las pastillas que habían estaban acomodadas en sitios al azar.
—Tomas una diaria, hay suficientes de aquí a que lleguemos a la próxima aldea —señaló Sasuke que no entendía toda la dinámica de las pastillas y esperaba que fuera una exageración de la chica o una rabieta porque alguien hubiese tocado sus cosas.
—¡No entiendes! Son 28 pastillas de las cuales las últimas siete son placebos para no perder la costumbre de tomarlas. ¡Por eso están calendarizadas! —decía inquieta— ¡No sé quién demonios movió mis pastillas! Pero si ahora me tomo un placebo en lugar de una con hormonas…
A Karin se le fue la voz. Los siete días anteriores habían sido sólo placebos y ahora tenía diez pastillas en la caja de las cuales, quién sabe cuáles tenían las hormonas y después de la agitada noche anterior, si no tomaba su dosis o de menos la de emergencia, las probabilidades de un embarazo eran muy altas.
—¿No puedes tomar todas? —preguntó el azabache inquieto, porque aunque no sabía toda la dinámica de los anticonceptivos femeninos, podía darse una idea de la gravedad del asunto por la expresión de su novia.
—Tres píldoras con hormonas ya provocaría una sobredosis. Me pondría muy mal con tres. ¡Imagínate con diez! —decía tratando de pensar en una solución— De las 28 que eran, tengo diez… hay más probabilidades de que las diez sean las que tienen hormonas.
—Busquemos la aldea más próxima —sugirió Sasuke. Sería más sencillo desviarse del camino y llegar unas horas tarde a la Nube, aunque les pareciera sospechoso, que arriesgarse a una ruleta rusa con las pastillas o poner en peligro la salud de la pelirroja.
—S… si, eso haremos.
Encontraron una aldea a ocho kilómetros de donde estaban y buscaron una farmacia o droguería, sin embargo, el lugar era bastante más rural de lo que era Konoha y aparentemente allí ni siquiera conocían la concepción, más allá de un método poco efectivo como lo era el método del ritmo.
Preguntar por otras aldeas cercanas tampoco fue de ayuda, porque aparentemente, esa zona en general, tenía la misma postura con los anticonceptivos. No era de extrañar, después de todo se habían desarrollado hace poco y no todas aldeas estaban de acuerdo con aceptarlas o no las conocían.
—Para cuando lleguemos a una aldea grande ya habrá pasado el tiempo para usar una pastilla de emergencia —comentó Karin sacando su pastillero— Tomaré dos de estas. Las probabilidades están a nuestro favor, así que supongo que es la mejor opción.
—¿Qué hay de la sobredosis?
—Dos aún es factible —le extendió la caja al Uchiha— Elige una.
Sasuke soltó un suspiro de resignación, tomó una pastilla al azar y Karin hizo lo mismo. Ella tomó ambas y las tomó haciendo una pausa de una hora con cada una.
La pareja llegó a la Nube con varias horas de retraso, lo que hizo más difícil que el Raikage aceptara dar un visto bueno en sus evaluaciones, es más, lo usó de pretexto para extender su tiempo de observación y envió a un par de escoltas con ellos para volver a Konoha.
Karin estaba tan preocupada por el asunto de las pastillas que ni siquiera dio riña al Raikage por sus declaraciones y podría decirse que Sasuke se encontraba en una situación similar, aunque siendo estoico por naturaleza, se le notaba menos. Ni siquiera alegaron cuando se les asignaron los escoltas.
Está demás mencionar que el par de novios no volvieron a intimar desde la primera noche fuera de la aldea, porque aunque tuvieron más oportunidades de conseguir condones en algunos puntos del viaje, el líbido se les había ido por las preocupaciones.
Pasaron dos meses y todos en la aldea se habían dado cuenta de que algo les pasaba a esos dos, pero asumieron que se debía a la evaluación del Raikage, que había solicitado medio año más de vigilancia. Además, ninguno de los dos había comentado a nadie lo que les había pasado y menos que en esos dos meses a Karin no le había bajado.
—¡Dos meses! ¡Jamás me había atrasado tanto! —exclamó Karin caminando de un lado a otro mientras Sasuke, sentado en un rincón veía impaciente que la prueba de embarazo sobre la mesa diera los resultados— ¡Sasuke, no puede ser otra cosa!
—Has estado muy estresada, por eso no te baja —señaló el chico tratando de encontrarle explicación a todo— No has tenido otros síntomas.
—¡Cansancio! ¡Ese es otro síntoma! —decía la pelirroja— ¿Qué vamos a hacer? Konoha tiene prohibidos los abortos y no sé si…
—Espera los resultados —interrumpió el azabache, a quién también le pasaban cientos de ideas a la mente, pero que no expresaba.
—Seguimos a prueba y los dos seguimos viviendo con nuestros vigilantes —se arreglaba a cada rato los anteojos como un tic nervioso— Para cuando tengamos la otra evaluación en la Nube yo no podré viajar.
—Tal vez ellos vengan —contestó él más por tratar de darle algún tipo de tranquilidad que por realmente creer que él Raikage haría ese viaje sólo para dar el visto bueno.
—¡No puedo ser mamá! ¡Uso las cadenas de diamantina para inmovilizar niños en el hospital! —exclamó con más fuerza como si con ello pudiera convencer a su cuerpo de desistir un embarazo.
Sasuke se masajeó la sien y cerró los ojos, se estaba mareando de mirar a Karin que no dejaba de dar vueltas en la habitación y oírla tampoco ayudaba porque al final eran cosas que él también ya sabía y lo inquietaban.
Pasaron un par de minutos más antes de que sonara la alarma que anunciaba que los cinco minutos de espera habían pasado y apenas la oyeron, corrieron a mirar la prueba más rápido de lo que habrían reaccionado en una emergencia.
Como si les hubiesen quitado un peso de encima, ambos suspiraron aliviados al ver una única raya en la tira de la prueba. Karin se dejó caer al piso cuando la tensión se escapó junto a las fuerzas de sus piernas y Sasuke sintió que volvía respirar, como si hubiese estado conteniendo el aire desde hacía semanas.
Esa había sido la primera vez que ambos pasaban por un susto de posible embarazo no planeado, pero fue suficiente para que integraran un par de reglas más a sus actividades sexuales, las cuales no se areanudaron sino hasta que superaron el susto: no sexo fuera de la aldea y nada de sexo sin antes haber revisado sus anticonceptivos, especialmente si Naruto estuvo cerca, porque si, después de la tensión, Karin pudo intuir fácilmente al recordar lo que había pasado ese día, quien había perdido y revuelto sus pastillas y si el rubio no murió en manos de ella o de Sasuke, era porque aún estaban aprueba.
Hablando de anticonceptivos femeninos... bueno, hay de diferentes tipos e intenté resumir lo mejor posible su uso, pero para quienes han usado o leído al respecto, deben saber que cada tipo de anticonceptivo tiene diferentes dinámicas. Traté de poner las más generales pero si tienen dudas al respecto, internet tiene mucha información, sin embargo les sugiero hablar con un profesional.
Puedo imaginar que aquellas personas que han usado o visto usar a alguien más los anticonceptivos, les extrañó pensar en el cómo salieron volando las pastillas, pues cuando las compras, vienen en un empaque donde cada una está encapsulada, pero pensando en Konoha, no me imagino ese tipo de empaquetado, así que simplemente pensé en un pastillero compacto con el cuál habría que tener cuidado.
Por último a las notas finales, quiero agregar que me divirtió bastante pensar en lo que sería un primer susto de posible embarazo entre estos dos, yo aún recuerdo la mía y sin duda, es una experiencia estresante.
Espero la historia haya sido de su agrado y de antemano, agradezco sus comentario n.n
