Esto iba a ser publicado hasta el día 21, pero era demasiado largo para ser un oneshot jajaja así que lo dividí para que la lectura fuera más ligera. Y como la primera parte le queda mucho al día 14 "Incómodo" decidí publicarlo desde hoy.

Escribí unos Ichigo y Rukia mucho mayores a lo que acostumbro (y por lo tanto puede haber OoC, aunque bueno, esto es un UA jajaja), pues tienen 31 y 27 años respectivamente. Espero haberlos manejado apropiadamente y que se comporten como si realmente tuvieran esa edad jajaja. Ha sido interesante escribir a personas de mayor edad a la mía y no adolescentes o personas apenas mayores de 18 jajaja.

Nota: Las cursivas son flashbacks.

Antes de empezar, algunos conceptos básicos:

Konkatsu: Abreviatura de kekkon katsudō o "actividades dirigidas a casarse") son fiestas en las que se reúnen personas solteras que usualmente trabajan en la misma empresa con el propósito de tener citas express para encontrar una posible pareja.

Kemonomimi: Humanoides que presentan alguna característica animal, en este caso orejas y cola.

Kemononai: Término que nos acabamos de inventar kleinegirl87 y yo para referirnos a humanos sin orejas de animal, porque no creo que el usar la palabra "normal" para aquellos sin orejas de animales sea algo bien visto.


Te estuve esperando

.

Incomodo

.

Rukia suspiró y revisó por enésima vez su teléfono celular, demasiado nerviosa como para ver las caras de las otras personas en la habitación.

Sentía que las mejillas se le encendían cada tanto mientras escuchaba a las otras chicas en la habitación hablar cómodamente, como si se conocieran de toda la vida. No tenía idea de cómo su madre la había convencido.

Oh, vamos, será divertido— Hisana, con su copa de vino y actitud despreocupada, trató de darle ánimos—. Sabes que quieres.

¿Pero por qué hiciste esto? Todo lo que dicen de esta clase de reuniones son cosas escalofriantes— Rukia obviamente estaba a la defensiva, acusando a su madre por meterla en esta situación, cómo es su costumbre desde siempre.

¡Ay, no te lo tomes a mal!— Hisana tomó sus cabellos y trató de recorrer el mechón que quedaba en medio de su rostro, aunque ya sabía que era imposible porque tampoco podía dominar al propio—, será una buena experiencia. Nunca has ido a un konkatsu.

Eso no es un konkatsu, ¡y lo sabes! Todo mundo sabe que el propósito no es conseguir pareja para casarse, sino un revolcón.

Detalles, detalles— Hisana bebió del vino con una sonrisa pícara—, quizá te haga más falta de lo que creí.

¡Mamá!— Rukia sintió que se ponía roja del coraje, le molestaba cuando su madre se metía en su vida sentimental y, sobre todo, en la sexual. Aunque bueno, al menos no estaba hablando del tema enfrente de su padre.

Anda, no tiene nada de malo. Los kemonomimi son muy lindos, ¡te gustaban mucho de niña! Deberías de darte la oportunidad de experimentar con uno.

¡Tenía cinco años!— abrazó el cojín del sofá como si este le pudiera salvar de los comentarios audaces de su progenitora. Odiaba recordar esa etapa de su vida. Era demasiado vergonzosa.

Y ahora tienes veintisiete, madura— Hisana se quejó mientras terminaba de beber, con la ceja enmarcada.


Rukia contó hasta diez.

Madurar.

¿Qué tenía que ver madurar con asistir a esta reunión?

Para empezar, ¿por qué había venido?

Ah, cierto, su madre la chantajeó con que había tenido que mover sus influencias y pagado mucho para apartarle un espacio en tan exclusivo evento.

Todo por algo que ya había hecho hace más de veinte años. Era una mocosa en ese entonces, ¿por qué insistía tanto en molestarla con eso? Peor aún, ¿porque se seguía molestando por algo que pasó hace tanto?

— Oye, necesitas relajarte— recibió unas palmaditas en la espalda que casi la hacen dejar caer su celular, no esperaba que alguien se le acercara.

— Ah— ni siquiera comenzó a hablar cuando se quedó paralizada. Yoruichi Shihoin(1), la socia de su cuñado, se encontraba en la reunión. De todas las personas que se podía encontrar…

— Tranquila— le ofreció una bebida, con sus orejas de gato atentas a cada sonido en la habitación—, no voy a acusarte con Byakuya.

Rukia sonrió incómoda, si bien su padre probablemente se decepcionará de ella y sería incómodo verlo a la cara con él por un tiempo, no era precisamente quien podía salir mal parada por estar en este evento, a diferencia de Yoruichi, que era una mujer casada. Aunque con lo raros que eran ella y Kisuke, bien podrían estar en una relación abierta.

— No es eso, es que no esperaba encontrarme con alguien como usted en esta… clase de eventos— probó la bebida que le había entregado, tenía un dulce sabor y una pizca de alcohol.

— Me ofendes un poco, no soy tan vieja— Yoruichi rió, tomando un trago a su propia bebida—. Aunque no es como que yo venga como Cazadora, soy una de las organizadoras.

— Oh— eso tenía un poco más de sentido, ya estaba preocupada de tener que ver a Kisuke a la cara sabiendo que su esposa le era infiel. Menos mal no era así—, no tenía idea de que a usted le interesarán estas cosas.

— Me divierte mucho ver a las personas jóvenes encontrar el amor— usó un tono meloso, como si estuviera ofreciendo un producto milagroso—, en mi vida pasada debí ser una celestina.

— No estoy segura de encontrar el amor aquí— Rukia se animó a comentar, ya que estaban entrando en confianza no perdía nada.

— Bueno, el amor quizás no, ¿pero porqué no un buen compañero de cama?

— ¡Yoruichi-san!— Rukia se sonrojó como si fuera una adolescente, había escuchado que ella era muy directa pero no pensó que tanto.

— Diviértete— Yoruichi le guiñó el ojo—, te aseguro que al menos tendrás algo para reirte un rato con tus amigas cuando les cuentes.

¡Oh Dios!, si Ran se enterara de en dónde estaba se la comería viva.

— Gracias— observó la copa, ya casi se había terminado su bebida.

— Espero la estancia te sea agradable, recuerda que no tienes que hacer nada con lo que no te sientas cómoda, y si tienes algún problema no dudes que le pateare el trasero a ese idiota, ¡no lo dudes!— Yoruichi se despide con su sonrisa ladina, meneando la cola elegantemente, destacando por su belleza entre todas las mujeres en la habitación—. Pero sobretodo déjate llevar. Nunca sabes que sorpresas te puedes llevar.

Rukia por fin se animó a ver el resto de chicas en la habitación. La mayoría eran como ella, kemononai3, humanas sin rasgos animales, lo cual era lógico.

— Una amiga hace unos meses conoció aquí un nekomimi, ¡se ven tan lindos juntos!— una chica comentó con la cara totalmente sonrojada mientras hacía una expresión que definitivamente no era de ternura. Precisamente por este tipo de chicas es que estas reuniones eran tan mal vistas por los más conservadores, pues se consideraba que los asistentes eran meros fetichistas de los kemonomimi.

Y Rukia no quería que pensaran eso de ella. ¡Ella no era una rara!

— ¿Estás bien?— un par de enormes ojos grises estaban frente a ella, prácticamente rozando sus narices.

— ¡Sí!— contestó, ahora abochornada, ¿qué clase de cara tendría que incluso dos personas se le habían acercado para asegurarse de que estuviera bien?

— ¿Estás nerviosa, ¿verdad?, tranquila— le tomó de la mano, haciéndola sentir mejor. Era una chica preciosa, de una brillante cabellera naranja y curvas de infarto, pero que tenía unos rasgos que le inspiraban confianza por lo ingenua que parecía ser. Casi parecía estar totalmente fuera de lugar en este ambiente—. Igual es mi primer konkatsu, pero ven, mi amiga Riruka te puede dar unos consejos— la tomó de la mano y la jaló, impidiéndole decir siquiera algo más al respecto—, ¡Riruka-chan!

La nombrada giro con una cara neutra, casi de pocos amigos, sin embargo, los ojos de Rukia se iluminaron de inmediato, frente a ella estaba una usagimimi pelirroja, ¡era tan hermosa!

— ¿Qué pasa, Orihime?— preguntó desinteresada, con su oreja izquierda contrayéndose levemente, como si estuviera estresada.

Rukia sintió el impulso de querer tocar sus orejas, pero sabía que debía contenerse, para los kemonomimi era una grosería que les tocaran sus orejas sin su permiso.

«¡Pero es que son tan lindas!».

La chica frunció el ceño, probablemente se había dado cuenta de lo que Rukia estaba pensando, la pelinegra de inmediato bajó la mirada, apenada de ese comportamiento tan infantil.

«Por esto no puedes tener amigos usagimimi», pensó Rukia mientras se le iluminaba la cara, reconociendo que su actitud definitivamente no era la mejor para iniciar una conversación «¡qué pena!».

— Ella también es nueva— sonrió y jaló a Rukia de los hombros, acerándolas aún más, aparentemente inconsciente de la tensión de la pelinegra—, ¿podrías explicarle?

— Si querías que te repitiera mis consejos sólo tenías que pedírmelo— Riruka suspiró mientras Orihime se frotaba la nuca y soltando una risa para disimular—. ¿Cuál es tu nombre?

— Kuchiki Rukia— estaba un poco nerviosa, llevaba mucho tiempo sin tener que mantener una conversación con un usagimimi.

— Bien, Rukia— ella decidió enfocarse en los ojos y largas pestañas de la chica, que evidentemente tenía mucha más experiencia en el tema incluso por la manera en que se expresaba—. Primero que nada: baja tus expectativas. La mayoría de los que acuden a estos eventos no están interesados en iniciar una relación, mucho menos en busca de una esposa, vienen a lo que vienen— y eso Rukia lo sabía más que bien—. La mayoría van a mentir acerca de sus trabajos, salarios y, en general, de sus vidas, entre más buen partido parezca que es, más mentiroso.

— ¿Nunca has encontrado a alguien agradable?— Orihime preguntó esperanzada.

— ¿Para algo serio? No.

— ¿Entonces para qué asistir?— Rukia no pudo evitar preguntar, era lógico que muchas kemononai asistían con la intención de tener un encuentro con un kemonomimi, pues estos en el área pública tendían a solamente relacionarse con otros kemonomimi, pero ella no debía tener problemas para eso.

— Porque es divertido— espetó como si fuera lo más obvio del mundo—. Aquí hay mucha seguridad y no hay tanto riesgo de encontrarte con un loco como en los bares, ya que Shihouin-sama supervisa muy bien quién asiste a sus eventos.

— ¿Entonces no hay riesgos de un encuentro desagradable?

— No hay garantía, y ya depende de tus gustos. Hay algunos hombres que son muy guapos, pero de personalidad muy desagradable. No creas tampoco que porque aparentan ser amables es porque no quieren acostarse contigo, no te dejes engañar. Esto es Tinder, pero en vivo y directo.

— Eres muy negativa— Orihime murmuró e infló sus mejillas, empezando a entrar en negación, de nuevo, a las palabras de su amiga Riruka.

— ¿Quién es la que tiene experiencia?

— Tú— dijo ya resignada.

— Bien— sonrió complacida y se dirigió de nuevo a Rukia—. ¿Qué es lo que estás buscando?

— Uh… Yo… no lo sé— Riruka suspiró, como si estuviera fastidiada.

— Si quieres sexo, sé directa respecto al tema con aquel que te guste para tener más oportunidades de que te elija. Eres muy bonita— Rukia se sonrojó un poco, el que Riruka la considerará bonita era todo un halago.

— ¿Y qué si no quiero sexo?— Orihime bajó la mirada, y Riruka le vio con la misma expresión cansada.

— Aquí todos vienen por sexo— respondió con tono monótono—. Ya te lo había dicho, ¿por qué viniste si tienes esa ilusión?— Puso su mano en su cabeza en señal de fastidio— Tatsuki me va a matar cuando se entere que te traje y te rompieron el corazón.

— Nunca se sabe que puedes encontrar— Rukia sonrió con simpatía, al parecer Orihime era una persona demasiado pura—. Yo creo en el amor a primera vista.

— Aquí el amor no existe— Riruka era brutalmente honesta u Orihime muy terca. Rukia se preguntaba si en verdad alguien nunca había podido conseguir pareja estable en estas reuniones, después de todo, no era totalmente imposible.

— Participantes, favor de pasar al frente— la voz de una mujer de cabellos negro azulado con lentes habló en el micrófono.

— Ya va a empezar— Riruka tomó a Orihime de la mano y caminaron juntas para seguir las indicaciones. Rukia les siguió de cerca.

Había un podio de fina madera, que la kemononai cedió a Yoruichi, que de inmediato se volvió el centro de atención con su cautivadora aura.

— Muy bien chicas, atentas. La mayoría ya me conoce, en caso de que sea su primera vez, soy Yoruichi Shihoin, su anfitriona— la nekomimi había perdido el tono juguetón de antes y ahora hablaba severamente, aunque conservaba cierto encanto que las hacía sentirse en confianza—, vamos a iniciar con la primera etapa del konkatsu, pero primero hay que aclarar algunos puntos. Recuerden: Son tres minutos por participantes, entiendo que sea algo difícil entablar una conversación con un desconocido, así que por favor traten de empezar por preguntar por hobbies, su comida favorita o mascotas, eviten temas como la política, religión o salario(2), por tentador que sea. Traten de aprovechar al máximo ese tiempo para decidir si les agrada esa persona ¡son sólo tres minutos!— repitió, asegurándose de que quedara más que claro—, recuerden darle las mismas oportunidades a todos por igual… sin importar sus orejas— las chicas rieron como si fueran un montón de colegialas—. Espero tengan una estancia agradable, recuerden divertirse mucho, y espero encuentren a un compañero.

Sonrió y se apartó del podio, caminando confiada en su dirección, las chicas se hicieron a un lado para dejarla pasar frente a ellas, empujando a Rukia, obligándola a retroceder.

— Las dejo con mi querida Nanao— ella se pegó afectivamente a la mujer de lentes, que tan sólo los ajustó.

— Mi nombre es Nanao Ise, soy la coordinadora. Por favor, tomen asiento.

Había mesas largas justo en medio del salón del hotel, cinco en total, a cada lado de estas había diez sillas.

«¿Tendré que conocer a 50 hombres diferentes?», Rukia ya empezaba a sentirse abrumada, nunca había sido especialmente buena para entablar conversaciones con extraños «al menos sólo serán tres minutos, eso es prácticamente nada».

Estaba tan perdida en sus pensamientos que no se dio cuenta de que Riruka y Orihime se adelantaron, la usagimimi tomó asiento en un sitio que parecía que tenía decidido desde el principio en la segunda mesa por la actitud altanera en que lo tomó, Orihime se colocó a su lado, aunque Rukia hubiera querido sentarse al lado de ellas, el resto de lugares prácticamente fueron acaparados por el resto de mujeres.

No quedó ni un solo lugar en esa mesa; cuando Orihime notó que Rukia se había quedado atrás, la buscó con la mirada, girando en todas direcciones, cuando la encontró le sonrió culpable, le saludó con la mano como queriendo decirle a Rukia que no se había olvidado de ella. Rukia le respondió el gesto, igual no es como si a ella le importara mucho.

Simplemente optó por buscar un nuevo lugar, daba igual cuál fuera. Cuando tomó asiento, se fijó que había una tabla con clip con una especie de cuestionario que pregunta diferentes datos personales. Al lado había una pluma, Rukia la tomó, sin fijarse mucho en lo que hacían las demás.

— Tienen diez minutos para completar la forma— Rukia empezó, escribiendo su nombre y edad, el resto de datos eran un tanto redundantes, la verdad no creía que sus citas fueran a prestarle atención al resto de información más allá de su nombre, cuando terminó, dejó la pluma a un lado, ahora estaba ansiosa.

No era como si ella viniera buscando algo. Su plan era tener las citas rápidas, no escribir el nombre de nadie y pasar la noche en el hotel porque se merecía un descanso, e iba a hacer que su madre pagará caro por meterla en esto pidiendo cosas de más en el servicio a la habitación, ya casi podía saborear el helado de fresa y mucho jarabe de chocolate, y estaba más que segura de que iba a pedir el desayuno en la cama, aún no decidía si pediría hot cakes o waffles, probablemente pediría el más caro sólo por la vergüenza que seguro pasaría con sus citas.

Suspiró, sí, definitivamente iba a ser una experiencia poco grata.

— ¿Listas?— Yoruichi preguntó entusiasta, sin esperar respuesta prosiguió—: Recibamos a sus citas.

Su asistente abrió la puerta y entraron en fila los hombres, la mujer les fue guiando y acomodando en cada lugar, para que cada participante tuviera a alguien con quien hablar.

Cuando Rukia tuvo al primer hombre frente a ella, un kitsunemimi, sonrió incómoda mientras intercambiaban formas, se veía demasiado mayor para estar en este konkatsu, que se suponía era entre personas de veinticinco y treinta y cinco años.

«¿Veintiocho años? ¡Pero qué mentira! Mínimo tiene cuarenta», Rukia no le vio con buenos ojos, y al parecer él de inmediato notó el ambiente hostil.

— Kuchiki-san, ¿qué clase de cosas te gusta hacer en tu tiempo libre?— preguntó con cautela.

— Me gusta pintar e ir al cine con mis amigas— no le daban ganas de hablar con él, detestaba a los mentirosos, así que quizá sonó muy cortante. Él se quedó callado, y siguió leyendo la forma de Rukia, como huyendo de ella. Rukia sabía que no debía ser grosera, así que se obligó a preguntar—, ¿qué hay de usted?

Se tuvo que morder la lengua para no llamarlo oji-san.

Él empezó a hablar, y no hubo modo de detenerlo. Quizá estaba nervioso, pero después de escucharlo unos minutos hablar de un montón de cosas que honestamente eran demasiado disparatadas para ser verdad, Rukia se puso en modo automático y dejó de escucharlo.

— ¡Cambio!— Rukia agradeció porque ya se hubieran acabado esos minutos de tortura.

Como se había equivocado, el siguiente hombre todavía ni se sentaba y ya le estaba viendo los pechos. Rukia no quería ni entregarle su forma, no quería ni hablar con él.

— ¿Por qué no sonríes, linda? Te verías preciosa si lo hicieras para mi— Apenas abrió la boca Rukia deseó golpearlo, en serio que quería hacerlo. Él prácticamente le arrebató su tabla y le arrojó la suya. Rukia frunció el ceño, no le gustaba para nada.

Era sin dudas atractivo, pero no por eso iba a perdonar que fuera un idiota.

— Gracias, pero no tengo ganas— ni hizo el intento de revisar su nombre, no iba a perder el tiempo en leer el nombre de alguien tan maleducado.

— Rukia, qué bello nombre— no le sorprendió que tratara de abordarla de ese modo, con cumplidos vacíos.

— ¿Tú lo crees?— fingió sentirse halagada, sólo para jugar un poco con él—, era el nombre de mi abuela. Murió hace poco.

Era mentira, ni siquiera había conocido a su abuela. Pero eso obviamente él no lo sabía, se puso nervioso, definitivamente no esperaba esa respuesta.

— Yo, lo siento mucho.

— No, no. Está bien. A veces la extraño— dejó salir una lagrima falsa, y la voz salió entrecortada. Él cambió a verse un poco decepcionado por perder la oportunidad de generar una buena impresión (como si Rukia fuera ciega y no hubiera notado que ni una sóla vez la había visto a los ojos). No parecía sentirse culpable en lo absoluto de haberle traído a Rukia un aparente mal recuerdo.

La pelinegra agradece profundamente a su maestra de artes por haberla animado a ser parte del club de teatro en la preparatoria, había aprendido un buen par de trucos.

— Lo siento— Rukia asintió, aceptando la disculpa, limpiándose la cara con un pañuelo que siempre llevaba con ella.

Después de eso él no dijo nada, y Rukia se sintió satisfecha por haberse deshecho de él.

— ¡Cambio!— empezaba a añorar que Nanao se adelantara y les diera menos tiempo.

El siguiente chico, que se veía un poco más joven que Rukia, parecía agradable, pero en cuanto empezó a hablar, Rukia se decepcionó pues era insoportablemente aburrido.

— ¿Y qué piensas del sistema judicial?— Rukia casi quiere arrojarlo por la ventana, ¿quién hablaba de eso en medio de una cita?

Tres minutos eran demasiado.


Estaba hastiada, ya había perdido la cuenta de con cuántos tipos diferentes había hablado, ¿veinte? ¿treinta? Ojalá el que siguiente fuera justamente el número cincuenta, definitivamente pediría más cosas a la cuenta que su madre había dejado abierta, y pediría el doble de helado del que tenía planeado.

Ya ni siquiera les veía la cara, le importaba un bledo si pensaban que era grosera, igual no les iba a volver a ver en la vida, ¿que carajos le importaban un montón de desconocidos?

Recibió la siguiente forma sin levantar la mirada para ver a su nuevo verdugo, revisando su celular para ver la hora y con deseos de mandarle un mensaje a su madre para reclamarle por este horrible día. Cuando se enfocó en la hoja, se sorprendió al leer el nombre.

Kurosaki Ichigo.

«¿Qué? ¡Eso no es posible!».

Levantó tan rápido la cabeza que pensó que se había producido una pequeña lesión

Él le veía con la misma expresión de shock, con la boca abierta, seguro pensando lo mismo que ella.

«¡Tiene que ser una maldita broma!»

Cuando seamos mayores, ¡cásate conmigo Ichigo!— una pequeña pelinegra abrazaba con fuerza el torso de un chico de cabello naranja que si bien no era mucho más alto que ella, si era mayor, pues él tenía ya nueve y ella cinco. Aunque ella era menor, tenía una fuerza tremenda, y no podía deshacerse de su agarre.

¡Déjame!— el chico obviamente se resistía a las muestras de afecto de la chica, con la cara totalmente roja porque podía ver a su padre a lo lejos soltando carcajadas mientras rodaba en el piso.

¡No!— Rukia afianzó su agarre—, tienes que casarte conmigo para que seas el padre de mis hijos, ¡quiero que mis bebés tengan tus orejas!— el chico se sonrojó todavía más, sus orejas que hasta entonces se habían mantenido erguidas cayeron a sus lados, como tratando de ocultarlas—. ¡Tan lindo!— Rukia se le arrojó encima, tirándolo al suelo con ella encima, que luchaba por alcanzar sus orejas.

¡No, Rukia!— aunque él fácilmente podría arrojarla, no quería hacerlo, sabía que podría lastimarla. Ella chilló de alegría cuando tocó sus orejas, que eran suaves y tibias al tacto.

¡Cásate conmigo Ichigo!— Rukia parecía ignorar totalmente el por qué Ichigo estaba tan apenado y se dedicó a seguir explorando las largas orejas naranjas— ¡Tengamos bebés usagimimi igual de lindos que tú!

— ¿Qué haces aquí?— preguntaron ambos al unísono.

Rukia se cubrió la cara, sintiendo que las mejillas se le tornaban de rojo.. Deseaba que se la tragara la tierra, justo ahora, y que no la dejará salir jamás.

Pero obviamente ella no tenía tanta suerte, por supuesto que no. Había llegado el momento de enfrentar su tan penoso pasado.

Ojalá pudiera gritar, había pasado prácticamente toda su adolescencia y adultez tratando de olvidar lo vergonzoso que había sido que a la corta edad de cinco años había sido una acosadora.

Y frente a ella estaba su víctima.

Kurosaki Ichigo, su primer y más tierno amor.

Su amor de infancia. A quien le pedía en prácticamente todos lados que se casará con ella porque quería tener bebés que tuvieran orejas de conejo, su animal favorito.

— O-oye… tranquila— él parecía tan avergonzado como ella, aunque él no tendría que estarlo, no debería—. Está bien, lo siento.

Se disculpó, ¿por qué se disculpaba? Ella fue quien lo acosó y lo hacía pasar bochornos enfrente de sus amigos y familia.

— Yo…— Rukia se quedó muda, ¿qué se suponía que le dijera? Se relamió los labios y quitó las manos de la cara, dispuesta a enfrentarlo—, en realidad soy yo quien tiene que disculparse.

Le vió a los ojos, tratando de transmitirle lo mucho que estaba arrepentida de lo que había hecho de pequeña.

— Está bien, éramos niños— sonrió, resplandeciente como el sol, con su cabello brillante resaltando de entre su beanie como un halo, aún y su función lo más probable es que fuera para cubrir su llamativo cabello… y esas orejas de conejo que desde pequeño aborrecía pero ella llegó a amar.

«Oh, dios, ¿por qué tenías que volverte tan guapo?», Rukia se lamentó por dentro, casi quería llorar de la pena consigo misma «¿cómo es que yo tengo el descaro de sentirme atraída por él después de lo que hice?».

— Aún así…

— No es tu culpa, tenías cinco— le repitió la excusa que ella se decía a sí misma cada que recordaba por las madrugadas en que su cerebro traía de vuelta su deplorable comportamiento en su infancia—. La culpa es de nuestros padres por no explicarnos que estaba mal en lugar de que fuera motivo de risas, no te culpes. Éramos niños.

El sonrojo de Rukia se profundizó.

— Dios, ¿cómo es que me soportabas?— bromea tratando de aligerar el ambiente, o más bien de relajarse.

— Tenía que— él le sigue la corriente, y ella agradece eso profundamente. No quiere sentirse incómoda, e Ichigo parece querer lo mismo—. Eras empalagosa, pero siempre fuiste la mejor para escalar árboles, era divertido ver que tan alto llegabas.

— Todo era risas y diversión hasta que me rompí una pierna— a veces en invierno volvía a doler, y recordaba con cariño como Ichigo corrió a donde ella y le limpió las lágrimas, pidiéndole que por favor se tranquilizará, que iba a estar bien, pero que tenía que ir por su padre para que la auxiliara y no quería dejarla llorando.

— Sí, me asuste mucho. Ya te habías caído antes del árbol, pero nunca habías llorado tanto.

— Nunca había caído de tan alto— la verdad es que el motivo era bastante tonto—, todo porque quería cortar una flor. Creo que ya era demasiado pesada para ese árbol.

Rukia no pudo evitar soltar una risita, aunque en ese momento ella estaba incluso más asustada que Ichigo.

— ¿Una flor? ¿Para qué?

— Oh, es que había visto una película en que pedían matrimonio mientras le daba un ramo de rosas a la chica, y pensé que si te daba una flor por fin aceptarías, ¿puedes creer lo boba que era?

— No eras boba— Ichigo parecía empeñado en defender a la Rukia de cinco años, algo que la Rukia de veintisiete obviamente no esperaba—. De hecho, creo que eso hubiera sido muy lindo.

— Aún así me hubieras rechazado— Rukia señaló, sonriendo mientras se inclinaba frente a él, apoyando su codo en la mesa mientras su cabeza reposaba en su mano—. Casi muero por tu mano.

— ¿No hubiera valido la pena?

— ¡Cambio!— antes de que Rukia pudiera contestar, la voz severa de la mujer le recordó a la pelinegra que esto no era un encuentro milagroso, sino una cita rápida. Los tres minutos se le fueron como agua entre los dedos. Ichigo también pareció despertar de su ensoñación.

Ichigo se quedó quieto, por su lenguaje corporal, Rukia se dio cuenta de que no quería cambiar de lugar.

Honestamente Rukia tampoco quería tener más citas.

— Cambio— repitió esta vez con dureza Nanao.

— Tienes que irte, se ve que es bastante severa— Rukia bajó su brazo de la mesa, y colocó ambos sobre sus muslos, encogiéndose en su lugar—. No te vayas a meter en un problema.

Ichigo se quedó callado, en sus ojos había un destello de tristeza, y Rukia se odio a sí misma por causarle eso.

— Cambio— ella ya se había apartado de su lugar y estaba caminando a su dirección.

— Nos vemos— Ichigo se puso de pie, y aunque se sentó en la siguiente silla, sus ojos nunca se despegaron de los de Rukia, que le vio irse con ganas de huir de esta absurda reunión con él de la mano.

— Ejem...— Rukia volteó a ver a su siguiente cita y se sonrojó por ser tan grosera como para además de hacerle esperar porque Ichigo cambiará de lugar, ahora no prestarle atención hasta que él prácticamente tuvo que pedirla.

— Hola— sonrió nerviosa, pero sobretodo aún con deseos de seguir hablando con Ichigo, habían pasado años desde la última vez que se vieron por última vez.


— Terminamos— Nanao anunció y Rukia siente que casi se pone a llorar de la felicidad, ya no podía aguantar a nadie más, estaba cansada y ya quería irse, pero todavía su tortura no terminaba.

— Ahora, vamos a empezar con el tiempo libre, aprovechenlo muy bien para conocer un poco más a las personas que más interesantes les han resultado— Yoruichi dijo animada, sonriendo con satisfacción por cómo algunos directamente fueron a por una posible pareja.

Rukia no supo muy bien qué hacer, así que se quedó en dónde estaba, buscando con la mirada a Ichigo para poder hablar un poco más con él, porque le gustaría retomar su amistad.

— ¡Kuchiki-san!— Orihime caminó apresurada en su dirección, casi llevaba arrastrando a Riruka detrás de ella—. ¿Cómo te fue?— preguntó con estrellitas en sus ojos, obviamente a ella no le había sido tan mala experiencia como ella, muy probablemente por su personalidad tan ¿alegre e inocente?

— Uh… supongo que regular, no estoy segura— Orihime pareció decepcionada por su respuesta, pero le sujetó del hombro mientras sonreía con más intensidad.

— No te preocupes, ¡seguro que encontrarás a alguien si te inscribes al siguiente konkatsu!— Rukia quiso decirle que en realidad ella no estaba buscando a nadie en particular, o más bien que ni siquiera había sido su intención participar en primer lugar. Cerca de ellas pasó un mesero con una bandeja repleta de bebidas, Riruka le hizo una señal y él se acercó para entregarles una bebida a las tres.

— ¿Qué tal te fue a ti?— le dio un trago a la copa de lo que esta vez parecía ser vino, decidió mejor desviar el tema, con lo atractiva que era Orihime seguramente había tenido más de un kemonomimi interesado en ganar sus favores.

— Creo que he encontrado el amor de mi vida— Orihime se llevó las manos al pecho, con una expresión de encontrarse ensoñando. Riruka obviamente la vio con resignación, casi lástima.

—Ya te dije que aquí nadie viene a buscar el amor— le repitió por lo que hacía sonar como si fuera la enésima vez, pero Orihime siguió con la misma ilusión en su mirada. Riruka le dio un trago a su bebida, ya convencida de que su amiga no tenía remedio.

— No pude hablar mucho con él, es que me puse un poco nerviosa— cerró los ojos mientras se frotaba la nuca y reía nerviosa, como había antes— pero se notaba que era un caballero, él definitivamente no es de los que sólo vienen buscando una noche de pasión... ¡Espero que me elija! Así podríamos seguir en contacto, estoy cien por ciento segura de que llegaremos hasta a casarnos y vivir juntos hasta viejitos.

Rukia sintió un poco de pena ajena, Orihime era demasiado ingenua. Si bien entendía que podía gustarle alguien, hacerse tantas expectativas por un hombre atractivo al que sólo le habló por un máximo de tres minutos era simplemente demasiado iluso.

— ¿Y a usted, Riruka-san, cómo le fue?— Rukia trató de incluir a la de cabello magenta antes de regañará de nuevo a Orihime.

— Me he encontrado con alguien perfecto, ¡es tan atractivo y misterioso! Sin duda alguna voy a utilizar mi habitación, y no para dormir, ¡ju, ju, ju!— los labios de Rukia se curvaron al percibir toda la confianza que desbordaba Riruka, le gustaría ser un poco más como ella.

— ¿Y cómo era él?— preguntó Orihime, curiosa por quién sería la futura conquista de su amiga, ninguno se le escapaba.

— Oh, es muy, muy guapo, en serio, ¡se me escapó el aliento! Aunque se le notaba mucho que era un novato, no pareció captar muy bien mis señales que los veteranos conocen, digo, nunca lo había visto acá, pero es obvio que es completamente nuevo en los konkatsu— Riruka soltó una risita, se veía bastante emocionada, al parecer le había gustado muchísimo—, pero me gustó mucho que aunque venía vestido muy casual se nota que sabe elegir su ropa, ¡parece modelo! Sus ojos ámbar, eran tan intensos, ¡y su cabello es de un color tan inusual!

Eso llamó de inmediato la atención de Rukia, aunque trató de mantener su expresión neutra, dentro de sí sintió un poco de temor, esas características sonaban a Ichigo.

— ¿Inusual?— Orihime si se veía más inquieta—, no me digas que era naranja.

— ¡Sí!— Riruka contestó emocionada, pero entonces cayó en cuenta—, oh, no me digas que es quien te ha gustado…

Orihime esquivó la mirada intensa de su amiga. Era bastante obvio cuál era la respuesta.

— ¿Por no captar tus señales, te referías a que te le insinuaste para tener sexo?—Orihime, aunque tenía aún esa expresión decaída preguntó sin miedo, directo al punto.

— Sí— Riruka no dudó en arrojar sus cartas. Orihime se encogió aún más, y Rukia deseó no estar en medio de esta situación. No las conocía para nada, pero esto era demasiada tensión para ella.

— Bueno, un poco de competencia no vendría mal, ¿verdad? No tengo dudas de que Kurosaki-kun elegirá a la mejor— Orihime sonrió, y aunque parecía estar dando una oferta de paz, por la forma en que sus labios se curvaron Rukia estaba segura de que Orihime estaba totalmente confiada en que Ichigo la pondría en su lista de candidatas para la cena.

— Definitivamente— Riruka aventó su hermoso cabello por detrás de su hombro de manera presuntuosa y segura de que conseguiría la atención del joven, incluso más soberbia que Orihime.

Ellas siguieron con su conversación, o más bien su batalla de ego, y Rukia se sintió increíblemente pequeña en medio de ellas dos, que eran indudablemente hermosas y rebosaban personalidad.

No había pensado mucho en ello, pero ahora que lo hacía, no sabía porque se había ilusionado tanto con Ichigo.

Sí, se había ilusionado como una tonta, aunque prácticamente no lo conociera. Habían perdido comunicación cuando el padre de Rukia consiguió un mejor trabajo en Kioto, ella no había ni cumplido los ocho años. Desde entonces no habían tenido contacto alguno.

Tenían casi veinte años sin haberse dirigido la palabra.

No podía decir que lo conocía, no tenía ni idea de quién era él, no preguntó en dónde trabajaba o qué le gustaba hacer en su tiempo libre, ni siquiera por qué había sido de su vida después de que ella se fue de Karakura.

Además, estaban en un konkatsu que en realidad era una tapadera para que kemonomimi y kemononai tuvieran encuentros sexuales casuales.

¿Ichigo realmente estaba allí por el sexo? ¿O sería muy tonto querer creer que él, al igual que ella, solo estaba allí por circunstancias que desconocía?

«No seas tonta Rukia», ¿para qué emocionarse?

De todas las personas, ella, que fue una acosadora y vivía molestándolo, ¿la iban a escoger a ella?

Mientras veía el fondo de su copa, que ya se encontraba vacía, Rukia llegó a la conclusión de que no se elegiría a sí misma.

— Rukia— la voz algo ronca la sacó de su ensoñación, casi tira el objeto de cristal del susto.

«¿Hoy es el día de asustar a Rukia o qué demonios está pasando?», se preguntó internamente, ya era la tercera vez. Cuando estuvo a punto de gritarle a quien sea que fuera que la dejará sola cayó en cuenta de quién la había llamado.

— ¿Ichigo?— preguntó perpleja, tuvo que levantar la mirada más de lo que esperaba, apenas se había dado cuenta de que Ichigo era tremendamente alto.

— ¿Por qué preguntas? No es como si no conocieras mi nombre— sonrió, derritiendo a Rukia completamente. Rukia se percató de que su sonrisa era diferente a como cuando era niño, sus mejillas ya no estaban tan regordetas y tenía una mandíbula muy bien definida.

— Lo siento— agachó la mirada, ya había notado que Riruka le veía con desprecio total y Orihime parecía que en cualquier momento empezaría a llorar a moco tendido.

— ¿Quiéres ir por un bocadillo?— Ichigo pareció notar su incomodidad, y le ofreció una salida.

— S-sí— no se lo pensó mucho, ¿qué otra salida tenía? ¿Quedarse a ser bombardeada de preguntas o a que la hagan sentirse mal? Rukia ya era lo suficientemente madura para saber que enfrentar estas situaciones no tenían caso, así que simplemente se dejó llevar por Ichigo.

— ¿Todavía te gusta el shiradama con jarabe? Escuché que quedaba un poco en la entrada— habló como si no acabara de sacarla de una situación incómoda y la iba guiando entre la multitud, que probablemente se la habría devorado de no ser porque Ichigo la acompañaba.

— ¿Aún recuerdas que me gustaba?— preguntó algo sorprendida, la verdad es que a ella se le habían olvidado muchas cosas que le gustaban en sus primeros años.

— Sí, y estoy seguro de que recuerdas mi comida favorita.

— Eso es fácil— Rukia a pesar de tener piernas más cortas, le seguía con facilidad el paso—. Chocolate.

— Excelente memoria, señorita Kuchiki— Rukia notó como sus ojos estaban totalmente enfocados en su persona, parecía que para él no existía nadie más que ella.

Esto la hizo sentir un poco incómoda, no porque le disgustara que Ichigo le viera, sino porque no estaba acostumbrada a recibir ningún tipo de atención.

Afortunadamente cuando llegaron a la mesa todavía había un poco de shiradama, al cual bañó en jarabe de fresa y chocolate; Ichigo se conformó con algunas de esas bonitas galletas y pastelillos por aquí y por allá.

— ¿Y qué has hecho en estos veinte años?— no se le ocurrió otra cosa que preguntar, y creía que era lo correcto iniciar una conversación, después de todo podía tomar algo de iniciativa.

— Meterme en problemas por mi cabello, ocultar mis orejas, trabajar en el hospital.

— ¿Te volviste doctor?— preguntó sorprendida por lo que le resultó más impactante—, creí que odiabas la idea de ser uno por tu papá, de pequeño decías que querías ser policía o bombero.

¿Tanto habría cambiado?

— Y tú decías que querías ser una nube.

— Tenía cinco— utiliza ahora con algo de gusto esa excusa.

— Y yo tenía nueve— contraatacó. Rukia sonrió sin poder evitarlo, si seguía sonriendo tanto, probablemente le dolerían las mejillas al despertar ¿Era posible sentirse tan a gusto con alguien que llevaba tanto tiempo sin ver?—, crecimos, ¿no?

— Sí, pero dime ¿cómo es que creciste tanto?— la pregunta se le escapó a Rukia, y sintió el impulso de tratar de cubrirse los labios. Eso había sido grosero, a los usagimimi no les gustaba tocar el tópico de la altura, pues en promedio esta no supera el metro sesenta y cinco. Aún y si Ichigo parecía haber llegado al metro ochenta, podía seguir siendo terreno peligroso.

— Supongo que los pocos genes buenos de mi padre actuaron a mi favor— Rukia entonces recordó que el señor Kurosaki era un okamimimi, la segunda especie más grande de kemonomimis. Se alivió de que Ichigo no le diera mayor importancia al asunto, parecía no ser algo que le causará conflicto—. Aunque tú te quedaste muy pequeña.

— ¡Oye!— le dio un empujón en el hombro, más por juguetear que por sentirse ofendida por recordarle su baja estatura—, ¿cómo están Isshin-san y Masaki-san? ¿Las niñas?

— Todos están bien, mis padres siguen en Karakura, con muy buena salud. Yuzu tiene un pequeño restaurante y Karin está casada y embarazada, pronto dará a luz.

— Me alegro de que todos estén bien, que sorpresa que Karin fuera la primera en casarse.

— ¿Verdad? Yo todavía no me creo que se haya casado. Pobre hombre— rieron ambos, Karin incluso desde muy temprana edad tenía un carácter terrible.

— No tanto como el tonto que acepte casarse conmigo— bromeó Rukia.

—No digas eso, que más de una vez realmente consideré aceptar tus propuestas de matrimonio.

— Oh, vamos— Rukia de nuevo le dio unas palmaditas—, entiendo que me hayas perdonado por ser una acosadora, pero tampoco trates de hacerme sentir bien.

— ¿Por qué habría de tratar de hacerte sentir bien?— el modo en que la veía le hacía sentirse más pequeña, indefensa ante su mirada penetrante.

— No lo sé, tu dime— aún así, Rukia no se iba a dejar intimidar—. ¿Quieres jugar a ser esta vez tu el cazador?

— Quizás.

La respuesta tan rotunda le arrebató a Rukia todas las posibles respuestas que podría haber sacado de la manga. Los ojos oscuros de Ichigo le confirmaron que no había malentendido.

¿Así que era eso?

Casi siente ganas de llorar, ¿cómo es que es tan tonta? Se dejó llevar por la cómoda familiaridad que el recuerdo del pequeño Ichigo le daba.

Pero al parecer él no pensaba así, aún y si fuera verdad lo que dijo Riruka de que esta era su primera vez en un konkatsu, era obvio que buscaba lo mismo que el resto de personas en este gran salón.

Sexo. Casual, espontáneo y sin necesidad de lazos afectivos. Un mero acto físico sin involucrar nada más.

Rukia no sentía que ella fuera capaz de algo así.

Sí, era atractivo, mucho. Sí, sentía una conexión inigualable con él a pesar de los años. Sí, había química. Sin duda alguna podría intimar con él, porque le gustaba todo de él, incluso si no lo conocía. Pero el miedo era muchísimo mayor.

Agachó la mirada, incapaz de sostenérsela a Ichigo, que obviamente notó el cambio de inmediato.

— Tengo que ir al baño.

— Rukia, yo no…

— Está bien— dejó el platito en la mesa, ya se había acabado el shiradama—. Ya vuelvo.

«Pero qué excusa tan patética», ella misma lo sabía, de todas las cosas que se le podrían haber ocurrido justo uso la de ir al baño. No pudo actuar como una persona madura y simplemente decir que no estaba del todo interesada en tener sexo casual.

Pero, no era mejor huir y acomodarse el cabello en el tocador.

Cuando se sintió satisfecha con cómo se veía, o más bien preparada para hablar de nuevo con él.

«No es tan difícil Rukia. Sólo tienes que decirle que preferirías ir más despacio», se dio ánimos a sí misma, no iba a ser tan difícil, después de todo, si Ichigo no estaba dispuesto a aceptar sus límites, entonces no valía la pena «pero deseo que en verdad valga la pena».

Cuando salió del baño se detuvo brevemente, inspirando aire con fuerza para armarse de valor.

Buscó desde allí a Ichigo con la mirada, no iba a ser muy difícil encontrarlo tomando en cuenta que era bastante alto y su cabello destacaba entre todos los demás.

Y se decepcionó enormemente cuando lo encontró.

«¡Pero qué patán!» en lugar de volver al salón se dirigió a la salida. Sentía que le hervía la sangre.

No habían pasado ni cinco minutos en el baño cuando Ichigo ya estaba hablando con Riruka, que, aunque parecía ponerle un poco nervioso (probablemente porque ella era demasiado directa), no cambiaba los hechos.

Cualquiera podría pensar que Rukia estaba exagerando, ella entendía muy bien lo que había visto, Riruka se veía tan cómoda abrazada de su brazo, ¡e Ichigo se lo permitía! Cuando desde niño era alguien extremadamente receloso de su espacio personal.

Ella sabía muy bien lo que estaba pasando: Ichigo apenas se dio cuenta de que Rukia huyó de ser un simple revolcón fue a por la siguiente opción.

Casi le dan ganas de azotar la puerta al salir, pero ella sabía controlarse bien, esos no eran modos de comportarse.

«Idiota» entró al elevador, que afortunadamente se encontraba vacío «pero no tan idiota como yo. ¿En qué estaba pensando?».


Y bueno, ¿qué opinan? Jajaja esta es una de mis ideas más inusuales, pero es que ya había leído varios fics con kemonomimi (en especial los nekomimi), pero quería hacer algo diferente porque cuando alguien es el que tiene orejas de conejo suele ser Rukia jajaja.

Esta idea me surgió porque todos hicimos cosas que nos avergonzaron de pequeños, y con la adoración que siente Rukia por los conejos seguramente andaría detrás de Ichigo todo el tiempo, cosa que obviamente en un futuro le resultaría algo de lo que se arrepentiría mucho.

Espero poder publicar el siguiente capítulo el 21, perooo aún no está terminado jajaja y no sé si pueda terminarlo hasta entonces por la universidad, lo siento :c

¡No olviden los reviews! Harán que me den más ganas de escribir.

P.D.: NO SOY FURRA.

Notas:

(1) Quizá a nadie le llame la atención, pero Yoruichi a pesar de estar casada conserva su apellido. Sólo para aclarar.

(2) Es una cuestión cultural de Japón, a veces incluso a los konkatsu privados sólo asisten personas que tienen un sueldo alto.