Naruto, su universo y personajes son propiedad de Kishimoto.

Fanfic sin fines de lucro.

El distrito Aburame es un barrio tranquilo, donde las casas tienen mucho espacio entre si y en su mayoría son plantas de dos pisos llenas de ventanales, con patios enormes, verde pasto y decoraciones al gusto de cada familia, Al fondo del barrio se puede notar un hermoso lago que pinta entre azul y verdoso, detrás el inicio de un espeso bosque y uno de los límites de la aldea.

Un barrio diseñado para la comodidad de los Aburame y sus pequeños huéspedes. Hermoso, pensaba Hinata, claro que a ella todo le parecía hermoso. Solitario, imagina Kiba muy cercano a la realidad, y este tenía sus razones, pues ese bonito y pintoresco barrio constaba de unas máximo diez casas grandes habitadas, el clan Aburame es ciertamente pequeño, nada comparado con el Inuzuka así que no podía más que sentirse incómodo cada vez que decidían reunirse en casa de Shino, y debía pasar por aquel desolado e impecable barrio sin escuchar la risa de alguna manada de niños, llantos de bebés, mujeres gritando, perros ladrando, el barullo acostumbrado en su distrito. Algo similar ocurría con el Hyuga, aunque ese si parecía llevarlo todo al extremo. Kiba suspiro abnegado aún no se acostumbraba del todo a su dinámica de equipo.

La madre de Shino, Shaiko, una hermosa morena de mediana estatura, cabello rebelde recogido en una floja y descuidada coleta, piel pálida, olor a rosas y delantal azul, los hizo pasar rápidamente como si ya los estuviera esperando.

Su hijo había sido asignado a un equipo Genin hace poco, a decir verdad, no podía más que sentirse preocupada, no tenía la facilidad que poseían otras madres para aceptar aquella situación pues se mantuvo muy lejos del mundo ninja hasta que se casó con Shibi, pero como buena madre amorosa de sus dos guerreros y por su orgullo de ama de casa, no le restaban ganas a la hora de recibir con su mejor rostro a los compañeros de sus hijos.

-Él está cambiándose ahora mismo- atinó a decir sabiendo que probablemente su pequeño estaba preparando el enjambre de Kikaichu que llevaría hoy entre las ropas, con un gesto les indicó el sofá en la sala, como siempre el Inuzuka se lanzaba en lleno pidiendo a su peludo compañero que se mantuviese alejado de los muebles debido al pelaje entre tanto la pequeña Hyuga observaba con añoranza una silla de madera en la esquina, titubeaba un poco mientras boqueaba lo que Shaiko aprendió con el tiempo a interpretar como un agradecimiento. - ¿galletas? - ofreció desde la cocina, y entonces se repitió la escena, la Hyuga balbuceaba alguna cosa con su tierna vocecita aun buscando un pequeñísimo lugar en el sofá para acomodarse recatadamente mientras Kiba agradecía de antemano enérgicamente.

Sabía por su esposo que esa extraña mezcla se convertiría luego en un eficiente equipo de rastreo, justo como lo fue el en su época Genin y al inicio de la Jounin, pero no podía más que sentir incredulidad al compararlos a los tres. Pero bueno. Ella no es un ninja ni tenía el derecho de cuestionar esas cosas. Fue a ofrecerles el plato de galletas en lo que su adorable hijo menor bajaba las escaleras.

Shaiko vio a su hijo irse junto a sus tres compañeros luego de una "extraña charla" sobre la repartición del dinero ganado en su primera semana Genin, Hinata apenas hacia sonidos mientras Kiba se quejaba diciendo que aquellas monedas les alcanzaría al menos para una barra de chocolate, luego el revoltoso castaño planteó la idea de dividir las pastillas de chocolate entre los tres, Akamaru lo apoyo en un fuerte ladrido de aprobación, fue su hijo quien sugirió simplemente guardar lo ganado y empezar a ahorrar, Kiba no se sentía convencido, mas luego de un murmullo de aprobación por parte de la Hyuga, todo fue decidido y los tres partieron al entrenamiento con Kurenai.

Ella mientras tanto no podía más que llenarse de orgullo; su hijo sabía tomar con naturalidad las riendas de un líder ¡y se parecía tanto a su padre! Sonrió para sí misma mientras empezaba la rutinaria tarea de cortar verduras.

La mujer miro la ventana que daba a la cocina, ese panorama silencioso organizado, lejano y pulcro del vecindario le daba al barrio cierto aire de elegancia, como si en vez de un clan de ninjas, se tratara de las casas de un grupo de aristócratas, donde ningún niño tenía la afable necesidad de hacer amigos, ni las señoras se reunían a chismear en las terrazas o hablar sobre sus maridos.

Normalmente en ese momento extrañaría su propio vecindario, el invernadero que dirigía su tía donde trabaja como contadora su madre y el resto de la familia, pensó que pasaría el resto de su vida en aquel lugar; hace algunos años solía tener muchas amigas a su alrededor, le encantaba sentarse a chismear y maquillarse imitando los pasos de alguna barata revista juvenil. Para esa época nunca se habría imaginado viviendo en un lugar como aquel, la mayor parte de su adolescencia se la paso fantaseando con su futuro, a su edad pensaba estar casada con alguien que le ayudará en el negocio del invernadero o quizás aprender finanzas y administración, vivir entre tantas flores alguna vez le hizo pensar que abriría una florería que le hiciera competencia a la Yamanaka.

Fue su propia tía quien le aconsejo este destino, Shaiko a sus maduros 20 años sabía que no era una mujer que los demás hombres considerasen llamativa, incluso estaba por debajo del promedio, su personalidad no tenía ningún encanto, era aburrida y no tenía ningún Hobby más que leer sobre plantas, mantenía el cabello corto sin ningún tipo de corte al frente como la mayoría de sus compañeras pues su cabello se esponjaba fácilmente con la humedad de konoha, su cuerpo era completamente plano tanto de frente como de atrás y no le llamaba la atención el entrenamiento físico "hicimos mal al no enviarla a la academia ninja" había lloriqueado su madre frente a ella "¿¡estás loca!? ¿Y que llevará bichos a todos lados?" Le había respondido su padre "si el padre no es Aburame no puede heredar la técnica" y la incómoda charla sobre ella continúo haciéndola sentir mucho peor.

Gracias al cielo, luego de la discusión sobre su edad y ciertamente vacía lista de pretendientes, que al parecer era importante para una mujer que no se había decidido por ningún oficio aún, su tía le dijo algo que le salvo; nunca debía rebajarse, esa sola frase y lo que significaba la mantuvo lejos de enredarse con hombres de mala vida (lo único que aparentemente podía obtener con su belleza) y fue así como le sugirió una reunión con un miembro del clan ninja Aburame.

Debía agregar que su tía y madre anteriormente llevaban el apellido Aburame, pero la situación era muy complicada para ellas, querían casarse con hombres fuera del clan, cosa que parecía una moda, y por supuesto tenía que ver con la soledad de aquel distrito.

Los hombres Aburame son considerados especímenes codiciados en cualquier batalla shinobi debido a su ingeniosa manera de sacar lo mejor de cada insecto y planear estrategias con lo que tenían a la mano, para mantenerse necesitaban contar con una casi interminable fuente de Chakra, asi que desde los tres años son condicionados al entrenamiento de control de chakra, además de tener este tipo de habilidades son amables, honrados, atentos, leales, trabajadores e inteligentes, todas las cualidades que por lo general una mujer madura busca en un hombre para asentarse. El problema con los Aburame radica en su técnica familiar, el que bichos se mantengan pegados en el interior de la ropa, piel e incluso dentro de esta, resulta desagradable a la percepción de la población femenina civil y la mayor parte de kunoichis, por lo que los Aburame debían elegir entre mujeres de su misma familia. Algunas de estas -que por si eran escasas- decidían no volverse ninjas debido a los riesgos y la técnica familiar, terminaban saliendo del clan casadas tomando un apellido diferente. Eso achicaba la lista de donde podían elegir, estaban las escasas mujeres civiles del clan que decidían casarse con alguno de ellos o el selecto grupo de kunoichis que podían apreciar la inteligencia y talento de un Aburame.

Debían ser sinceros, su clan estaba al borde de la extinción. Debido a las mujeres Aburame que salían del clan tampoco nacían muchos primogénitos que dieran luz a las futuras generaciones.

Por eso a los 37 años, Shaiko se sentía afortunada y aceptaba siempre la excesiva adoración de su marido; sus cumplidos, el cómo se fijaba en cada detalle y se esforzaba por entenderla, siendo el tan evidentemente parco con eso de entender y exteriorizar incluso varios de sus propios sentimientos. Algo que siempre resaltaba por sobre todo era que nunca le fallaba, Shibi la apreciaba desde que despertaba; podía sentir como su marido le abrazaba y daba tiernos besos en el rostro intentando no despertarla bruscamente antes de irse, cuando se marchaba solía dejar notas, pensó que el olvidaría esas poco practica costumbre luego de un año, pese a que tan solo fuera para saludar, había un memo en la puerta que ella diligentemente levantaba y leía cada mañana.

En el desayuno su marido agradecía la comida, por lo menos ya no le daba una cátedra sobre lo agradecido que se sentía debido a que los ninjas Aburame necesitan un abrumador flujo de Chakra para trabajar.

Cuando tenían tiempo para ambos, casi siempre veían la televisión, él no la hostigaba alabándola como ella sospecharía al inicio de su matrimonio después de tantas tímidas y adorables atenciones y muestras de afecto ya temía por no saber cómo sacarse de encima a su esposo cuando se sintiera hostigada o abrumada. En vez de eso, disfrutaban su tiempo junto uno al lado del otro, hablando sobre los logros de sus hijos y algunos detalles de la casa.

Shibi Aburame es alguien romántico sin llegar a lo empalagoso, es un tipo de hechos y no de palabras, cosa que no le molestaba puesto que las acciones nunca hacían falta.

Pese a que con eso podía sentirse afortunada y vivir una vida feliz, su vida matrimonial no terminaba ahí; cuando llegaba la noche y si su esposo no estaba muy cansado, ella solía sentirse hermosa y especial, sin necesidad de palabras, Shibi Aburame la hacía perder el aliento y sonrojarse como si fuera una adolecente. Él acariciaba su cabello; solía imaginar que en vez de la maraña seca, delgada y poco atractiva que tenía, poseía hebras brillantes y sedosas pues su marido la acariciaba con tanto cariño y paciencia que parecía simplemente disfrutarlo, tocaba su cuerpo como si se tratara de algo maravilloso y no su común silueta, escuálida y endeble, delineaba su rostro con la yema de sus dedos, su toque era tan suave, ¡oh y lo mejor! su marido era hermoso, toda esa ropa que traía encima con la intención de ocultar como insectos salían de su cuerpo durante la batalla también escondía un trabajado y atlético cuerpo forjado por trabajo duro, la saludable piel cremosa cuidada del sol la avergonzaba hasta el punto que debía embarrarse en cremas humectantes mientras él no estaba para poder hacerle competencia. Su tacto, las caricias y mimos con Shibi eran como rozar el cielo, después de ser considerada como alguien por debajo del promedio, su esposo la hacía sentir cada día como el tesoro más hermoso y valioso estaba completamente segura de que ninguna mujer de cualquier otro clan podría experimentar un amor tan intenso, sincero y lleno de gratitud como el que profesaba un Aburame.

A veces recordaba, con vergüenza, cuando lo conoció, era completamente esquiva a él. En el momento que su tía le dio la idea lo hablo con sus amigas y luego de una escalofriante charla se negaba rotundamente a verlo con Buenos ojos, los repugnantes relatos y comentarios de sus amigas iban y venían desde historias sobre insectos voladores pululando alrededor de sus novias como si ellas olieran mal, cuentos de como los niños Aburame metían insectos en tu boca si estabas distraído para divertirse y rumores de que mientras duermen los insectos salen de la piel de su rostro como si estuviese muerto, la imagen mental fue tan escalofriante y difícil de corregir, que para Shibi Aburame, la conquista de Shiako había resultado realmente dura, "está bien me gustan los retos" había dicho con voz calma luego de que ella intentara torpemente disculparse por su desagradable forma de actuar.

Es cierto que para los Aburame "el reino de los bichos" es más que un arma, su vida se basa desde muy pequeños a desarrollar interés en ellos y preparar su cuerpo para poder tenerlos y controlarlos, son importantes, y es una tarea muy difícil el poder dominarlos así que no sentían la necesidad de ocultar o negar su apellido, pues amaban el trabajo duro, preparaban su cuerpo y aprendían a generar cantidades catastróficas de chakra, acostumbrándose desde temprana edad a moldearla para manejar Lo que podían o no tomar los bichos de ellos, los Aburame debían aprender a ser calculadores, predictivos, saber analizar palmo a palmo cualquier situación pues sólo de esa forma podían, más tarde, guiar a los insectos y que estos sean verdaderamente útiles, sí un Aburame tenía una buena fuente de chakra y adicionalmente contaba con una buena mente estratégica, podría ser, sin lugar a dudas un ninja temible, justo como el patriarca del clan Aburame, su esposo.

El caso es que su educación con los bichos no significaba que al llegar a casa y sentirse seguro no podía quitarse la gabardina, dejar el enjambre seleccionado para ese día en el patio, descargar completamente sus insectos como si se tratasen de kunais, y ser una persona tan normal como cualquier otra.

Sin duda no quería imaginarse en la misma cama que un hombre al que le podían salir insectos de la nariz mientras dormida, y cuando se dio cuenta de la verdad, se había sentido tan frívola y estúpida.

¡Oh dios nunca había estado tan equivocada! Que terrible error, que tonta fue al creer todo aquello, pensar en todo lo que habría perdido, ella no podía ser más que recíproca ante todo lo que le ofrecía ese maravilloso hombre, aunque no logrará ser tan intensa y entrañable como lo era el logrando colarse en su mente en todos los momentos, realmente juro que sería una esposa que mereciera su amor.

- ¿pensando? - una voz la hizo sobre saltar, siempre lograba hacer aquello, a pesar de que pasarán años, su marido siempre podía sorprenderla mientras estaba distraída.

- ¡querido! aun no pongo a hervir la sopa- fue lo único que pudo decir antes de que él le abrazara por la espalda y recostara la cabeza en el pequeño hombro de su esposa.

-quise llegar antes- la mujer deslizo con ayuda del cuchillo, las verduras desde la tabla de picar hasta la olla con agua caliente y se giró a abrazar correctamente a su marido

-Bienvenido Shibi- procedió a darle un casto beso en la mejilla -siéntate un segundo querido- el hombre asintió dándole espacio a su cónyuge mientras buscaba un puesto en la mesa.

- ¿Qué has hecho hoy en la mañana? - Shibi pregunto fingiendo desinterés, ella sabía cuándo fingía o no que le ponía atención a algo pues entrelazaba sus manos y las ponía debajo de su barbilla como apoyo.

-pues fui al mercado a comprar verdura fresca, ustedes absorben tanta sopa a la semana que siento que mis rabioles están siendo subvalorados- comentó con un leve tono de sorna mientras terminaba de echar las especias, en realidad amaba que su familia comiera con tanto gusto su sopa era de las únicas cosas que se le daba bien y ellos amaban comer verduras.

-¿eso es todo?- insistió Shibi, oh si, Shaiko inmediatamente confirmó sus sospechas

-también fui a visitar a mi Tía- término por decir pero la mirada de Shibi sobre su espalda no se desclavaba se sentía penetrante aun con sus lentes puestos.

Fue su turno para dejar de darle la espalda y verlo directamente -Te eh dicho que no hace falta que me pongas bichos, estoy perfectamente bien-

-eso no viene al caso- respondió puntual -un Aburame siempre sabe dónde encontrar a su mujer- esa frase siempre era su cuartada para salirse con la suya y esta vez tampoco fallo, no evitó que el amago de sonrisa se pintará en su rostro.

Shibi estaba preocupado, precisamente porque había ido a su antiguo domicilio.

-todo a estado bien, solo mamá estaba en casa y me pregunto si sabía algo sobre larvas- intento fingir reír nerviosa -están haciendo un nuevo cultivo y necesitan compost más barata- pese a que eso de comparar a los letales bichos de su marido con gusanos no le hacía gracia a nadie, algo desagradable tenía que contarle a Shibi para que estuviera tranquilo.

Volvió a girarse para comprobar el arroz mientras el silencio caía en la cocina, cada quien en sus propios pensamientos.

A diferencia de su tía, sus padres no vieron con Buenos ojos su unión con un ninja, además de los peligros que conlleva estar casada con un hombre que podría abandonarte y morir en batalla en cualquier momento, su padre despreciaba la técnica familiar argumentando que tenía asco a los bichos, pero todas eran excusas, (bastante obvio considerando que trabaja en un invernadero) en realidad estaba convencido de que su hija se había obligado a casar con alguien que no era de su gusto al no tener facilidad económica de ningún tipo para hacer su vida, cosa falsa, pero que el no descarto y seguía sin hacerlo a pesar de lo feliz que se mostraba mientras caminaba con sus trajes de embarazada de la mano con Shibi. Su padre se echaba la culpa de los sucesos y nadie se atrevía a explicarle que estaba resultado ser una pésima persona al pensar así.

Su madre no opinaba mucho pero cerca de Shibi siempre estaba incómoda, cuando él iba a su casa siempre se mantenía lejos, no tardó mucho para que le contarán que cuando joven a su madre la obligaron a comprometerse con un Aburame para que el clan no se extinguiera, el rumor de su aventura con un civil en vez de condenarla la salvo del clan, simplemente se fue.

Cuando nació adoptaron a su primer hijo Torune, resultado de la muerte prematura de una pareja de Médicos ninja Aburame en servicio, su madre se presentaba a ayudarla e instruirla, Torune era aún un bebe, y de no ser porque su madre biológica había asistido como médico por la falta de personal él bebe aún podría tener una madre. Shibi se encargó de él y por supuesto ella misma lo amo inmediatamente verlo, pero contrario a lo que pensó tras ver su felicidad y la falta que le hacía, su madre no se quedaba para la cena.

Esa era la razón por la cual Shibi se preocupaba cada vez que ella iba a charlar con su tía puesto que automáticamente tendría que saludar a sus padres, los encargados del invernadero y actuales proveedores de los Yamanaka.

Término de tapar el arroz y bajar la mecha para sentir como un par de brazos se enlazaban en sus caderas y de nuevo la cabeza de su esposo se metía entre el hueco de su cuello y su hombro como ya era su costumbre.

Se preocupaba porque ella dejará de verlo con amor tras ir a visitar a su familia... y era comprensible.

Se quedó estática por unos segundos antes de susurrar el nombre de su esposo -Shibi... ¿todo anda bien? - el agarre de su marido en su vientre se apretó más le recordaba a aquel adolescente que se esmeraba en demostrarle que era algo más que los rumores con el temor constante de su rechazo definitivo -Te amo Shibi- y no hicieron falta más palabras antes de que ella se virara en sus brazos y ya no fuera un casto beso lo que él recibiera.

Lo amaba y agarraría fuertemente ese amor por siempre, la mantenía viva, la hacía sentir completa, daba un significado a su existencia... en vez de que Shibi completará su cometido acomodándose a las necesidades de su adorada esposa, ella sentía como poco a poco el calor de su silencioso esposo la moldeaba a ser la mujer bella y cariñosa que soñó ser.

Notas

Well, hace rato tenía está idea y la primera parte esperando a ser publicadas no lo hacía porque quería publicar primero un SasuHina del cual tenía una buena idea. Queríaun LongFic Para estrenarme en los fics de Naruto pero debido a tanto trabajo que me da Eldarya y más recientemente League Of legends si no publicaba lo que tenía escrito nunca lo haría, y quería ver como me iba con un fic de Naruto.

En fin, quería comentarles que esta obra está influenciada y nació gracias a un Fanfic llamado Company de CuteCButtons lo pueden hallar en Fanfiction e incluso hay una traducción, pero el fic está incompleto sin embargo ya con lo que tiene me parece un ShinoHina realmente fantástico y recomendable. Mi Fic no se parece a ese para nada pero sin duda quedé enamorada del ShinoHina después de leerlo. En fin dentro de poco prometo subir la segunda parte.

Besos

Tina.