Él era detective y ella estudiante de secundaria; él tenía veintiocho y ella dieciocho; él era muy extrovertido y ella muy reservada; él era educado e incluso un poco recatado y ella era tan descarada…¿Quién lo hubiese sospechado?
Él siempre había sido el modelo a hombre perfecto para la mayoría de mujeres que conocía, muy trabajador y con una sonrisa que derretía a cualquiera. Era humilde y protector por naturaleza, y nunca dejaba que ningún mal acechara a ninguno de los suyos.
Ran no recordaba el momento en que había empezado a quererle, pero sabía que lo que sentía por él no hacía más que crecer.
Se habían prometido después de casi nueve años de relación, y el anuncio de su futura boda, ocupaba siempre las primeras páginas de los tabloides y la prensa del corazón. Ella también estaba ansiosa por que llegase ese día de una vez.
Todo su alrededor se estaba esforzando en ayudar a crear una boda mejor. Sus padres, habían relajado sus típicas discusiones y habían decidió ir a terapia por el bien de su relación; sus suegros, habían contratado al mejor personal y alquilado las mejores salas; y sus amigos, estaban apoyándolos y ayudándoles casi día y noche con los preparativos. Hasta el profesor y Haibara se habían puesto a pintar los farolillos que tanto había insistido en comprar Ran. Le hacía reír recordar a la pelirroja regañar al hombre cuando empezó a quejarse al poco rato.
Era una unión que no solo unía a dos personas, sino que los estaba uniendo a todos.
Lástima que lo que debía ser un inmejorable principio, no fuese más que el principio del fin. Pero ella tardaría tanto en saberlo…
La relación que tenía con Haibara, era como una línea continua, nunca se llevaban mejor ni peor, simplemente convivían, reían y hablaban si era necesario. Pero nunca conseguían conectar más allá, siempre acababan topándose con un muro, y Ran no tenía ni idea de como empezar a derribarlo.
Shinichi sin embargo, conseguía hablar con todo el mundo con fluidez, incluso con Ai. A Ran no le extrañaba, su don por las palabras no hacía más que mejorar con los años.
Ai, era distinta. Era extremadamente inteligente, observadora y muy madura. Era raro, pero aún con la brecha de edad que les separaba, la morena sentía que habían momentos en que la pelirroja desprendía cierto respeto con solo una mirada o su misma presencia. Estaba muy acostumbrada a Ayumi, y cuando las veía volver juntas acompañadas de su pareja de amigos, no acababa de entender (sobretodo por Ai) como podían estar tan unidos con los caracteres tan distintos que tenían. Bueno, todos excepto Conan, que ya hacía ocho años que había vuelto al extranjero con sus padres y no había vuelto a dar noticias ni volver a Japón. Se preguntaba constantemente como habría madurado o si estaría bien, pero una persona como él, sabía que siempre encontraba la manera de estarlo.
Se sentía feliz.
"¿Por qué se ha tenido que poner a llover ahora?" Se quejó Kudo mientras se resguardaban bajo un techo.
"Está empezando el verano, ya dijeron en las noticias que era probable que lloviese." Sonrió Ran.
"El tsuyu es tan predecible, pero a nosotros nos ha pillado sin paraguas una vez más." Comentó observando como el cielo se había puesto gris de un momento a otro.
"Paremos a comprar un paraguas ahí." Comentó Ran señalando una tienda cercana.
Ambos entraron y se toparon con Sonoko mientras buscaban en el interior.
"Justo ahora iba a llamarte." Le sonrió a su mejor amiga. "¿Te acuerdas de esa película de la que no dejas de hablar?" Preguntó haciendo que Ran asintiese con una sonrisa. "Pues , ¿Adivina quien ha conseguido entradas para una sesión anticipada?"
"Que pasada, Sonoko."
"Son para esta noche, ¿Te animas?"
Ran se giró para mirar a su futuro marido, que estaba esperándole mientras miraba por los pasillos. Justo esa noche, habían quedado para tener una cita como las que nunca tenían, ya que todas, acaban interrumpidas tarde o temprano por algún caso o algo parecido.
Kudo le sonrió a la lejanía y luego giró la mirada al ver que alguien más se había acercado a ellos.
"Haibara." Le saludó Kudo sorprendido de su encuentro. "¿Qué haces aquí?" Le preguntó con una amplia sonrisa.
Ella le miró con su indiferencia de siempre y pasó entremedio de ellos para poder alcanzar la leche y los yogures para el profesor. Su ropa también estaba parcialmente mojada, al igual que su pelo. Aún iba vestida con el uniforme de la secundaría, así que imaginaba que le había pillado la lluvia como a ellos al volver a casa.
Ran se acercó un poco preocupada y le tocó el hombro con una sonrisa amable. "¿Quieres que te pidamos un taxi para volver?"
"No es necesario." Contestó buscando el monedero para dirigirse a pagar.
"¿Sonoko quería hacer planes contigo, no?" Preguntó Kudo girándose a su novia. "Ya me ocupo yo de acompañar a Ai a casa, así aprovecharé para hacerle una visita al profesor."
"Pero…¿Y la cena?" Le preguntó al sentirse mal por cambiara por una película.
"No te preocupes, podemos ir cualquier día." Dijo con su típica sonrisa. "Ve y pásalo bien."
"Gracias." Le agradeció acercándose a él para besarle la mejilla antes de salir de la tienda y marchar cada uno por un lado distinto.
Ella se subió en el taxi que Sonoko había parado y los observó desaparecer por su ventana mientras Shinichi envolvía su brazo en sus hombros para acercarla a él y protegerla de la lluvia.
Él era un hombre casado, y ella, estaba en mitad de su carrera; él tenía treinta y uno y ella estaba apunto de cumplir veintidós; él era todo lo que ella había soñado, pero sus vidas seguían corrientes distintas.
Sus primeros años de casados, fueron tan mágicos como Ran siempre había imaginado. Kudo no había reducido el trabajo, pero ella había llegado a acostumbrarse con los años, su vida tampoco era muy distinta a cuando eran novios. Ahora vivían juntos, sí, pero él seguía siendo un ambicioso en el trabajo.
Y a ella, se le empezaba a despertar el instinto maternal.
Shinichi siempre cambiaba de tema cuando ella intentaba hablar sobre ello y no hacía más que poner excusas cuando ella insistía. Aún somos jóvenes, nuestras carreras están en el mejor momento, no tenemos ni idea de lo que es ser padres,… Siempre tenía una excusa en la boca para hacerle cortar la conversación.
Pero no era algo que ella pudiese olvidar o dejar de desear.
"¿Kudo no llegaba esta noche?" Preguntó Kazuha mientras servía la cena que habían preparado. "Heiji me ha llamado diciendo que acaba de llegar a Osaka."
"Kudo se quedará un par de días, me ha dicho que hay otro ciudadano que necesita ayuda en un caso. Pero creo que es algo sencillo, por eso no necesitaba la ayuda de Heiji."
"Vaya, pues a lo mejor hemos hecho mucha cantidad para cenar." Comentó Kazuha observando la gran olla que habían utilizado. "Le podemos decir al profesor y a Haibara si quieren cenar con nosotros."
Ran negó mientras sacaba un bol para guardar las sobras. "El profesor se ha pasado a tomar el té cuando te duchabas y me ha dicho que esta noche se iba a cenar con Fusae y que Haibara no iba a pasar la noche."
"Vaya, pues al menos, ya tienes la comida de mañana preparada." Le sonrió su amiga. "Hoy, noche de chicas." Le giñó un ojo.
Encontrarse a los niños de nuevo reunidos en casa del profesor como cuando eran unos críos, le hizo esbozar una amplia sonrisa.
Ai estaba cursando en la facultad de medicina, y los otros tres, opositaban para poder ser policías. Pero por más que hubiesen escogido diferentes universidades, no dejaban de tener sus reuniones mensuales para ponerse al día o hacer una buena cena. La pelirroja seguía siendo la más madura de los cuatro, pero su amistad no había cambiado nada.
Ese día, tocaba cena en casa del profesor.
"¿Queréis que os ayude con el curry?" Preguntó Ran a las jóvenes, que por más que las siguiese viendo como unas niñas, se veían más como unas adultas que otra cosa.
"Ya está casi acabado, pero gracias." Respondió Haibara educadamente. "¿Quieres quedarte a cenar? Seguro que Kudo se pasa por aquí al salir del trabajo."
"¡sí! Quedaros a cenar con nosotros." Intervino Ayumi emocionada. "Kudo siempre se pasa cuando Ai prepara curry. Parece que lo huela desde su trabajo." Bromeó.
Ran se sorprendió pero asintió amablemente. Hacía tiempo que no se reunían con los niños y la pelirroja tenía razón, recordaba todas las llamadas que hacía el moreno para decirle que se quedaba en casa del profesor a comer curry.
Se sentaron en la mesa a esperar al detective. Ayumi se sentó al lado de Mitsuhiko, con el que había empezado a salir hacía cosa de tres años, Genta se sentó al lado del profesor y a Haibara le quedó el asiento entre Ayumi y la silla del detective.
Ayumi y Mitsuhiko empezaron a hablar sobre los planes de boda que tenían para cuando acabasen la carrera y Genta presumió de la chica tan dulce y talentosa en la cocina con la que había empezado a salir.
"No creo que te convenga atiborrarte a pasteles." Comentó Ai mientras Genta enseñaba una imagen con el último pastel que le había preparado.
"No me hace solo pasteles." Se quejó el corpulento. "A demás, estoy empezando a cuidar mi cuerpo." Dijo enseñando los brazos que estaba haciendo en el gimnasio.
Sus compañeros rieron mientras Ran les miraba con ternura, acabando parando su mirada en la pelirroja. "¿Y tú, Ai?"
"¿Yo que?" Preguntó alzando una ceja.
"Ayumi y Mitsuhiko están juntos, Genta está conociendo a alguien…¿Tú no has estado saliendo con nadie?" Le preguntó curiosa. "¿No hay ningún chico que te guste?"
Había visto cientos de veces como miraba a Conan en un pasado, y ahora, con su ausencia, no había visto nadie más que captase su atención.
"No, a mi el amor no me interesa." Dijo apartando su mirada con su tono frío de siempre.
"¿No me digas que has preparado curry?" Preguntó Kudo nada más entrar por la puerta con su copia de la llave. "Vaya, hola chicos., cuanto tiempo sin veros." Dijo sin esperar encontrárselos a todos ahí. Especialmente a Ran.
"Te estábamos esperando para cenar." Comentó la pelirroja abriendo la olla para servir. "Ran ha venido de visita y le hemos dicho que se quede."
"Ai sabía que vendrías a cenar aún sin decírtelo." Comentó Ayumi entre risas. "Tienes una obsesión con el curry."
Él se sonrojó ligeramente. "No es obsesión, solo me gusta mucho." Se defendió sentándose entre su mujer y la pelirroja, agradeciendo con una cálida sonrisa en cuando Ai le pasó su plato. "Gracias." Le guiñó un ojo disimuladamente.
Las cosas empezaron a torcerse cuando Ran empezó a insistir, semana tras semana, mes tras mes.
Quería ser madre, lo tenía muy claro. Llevaban diez años saliendo juntos más casi cinco años casados, ¿Cuánto tiempo más necesitaba el detective para empezar a querer agrandar su familia? Ellos estaban apunto de cumplir treinta y dos años y no quería esperar a los cuarenta para empezar a tener hijos.
Kudo era amable con los niños de sus familiares y amigos, todos decían que tenía un don para ellos, pero el moreno seguía negándose día tras día y su humor empezó a cambiar con el curso de los meses. Se molestaba por cualquier cosa y su paciencia se había reducido.
Ran entendía que pudiese sentirse estresado, pero ella no iba a bajarse del carro tan fácilmente.
No fue sorpresa que el detective se refugiase entre el mar de casos que tenía, ni que disimulase cada vez menos al retrasarse para volver a casa.
Su relación no pasaba por el mejor momento, pero sabía que se querían y eso era lo único que importaba. O eso quería creer.
Empezó a caérsele la venda de los ojos una tarde de Diciembre, cuando las calles de Tokio seguían bañadas de la blanca nieve que no había dejado dejado de caer desde hacía semanas.
El grupo de detectives, había insistido en que les acompañase a la feria de navidad que organizaba uno de los barrios de Tokio, ella no estaba muy entusiasmada porque ya había ido con Sonoko hacía un par de semanas, pero Ayumi había insistido diciendo que Haibara llevaba semanas muy distante.
No sabía bien porque había acabado cediendo. Ayumi era la mejor amiga de Haibara, y si ella no podía cambiar el humor de su amiga, no sabía como podía hacerlo ella sin apenas conocerla.
"¡Ai, mira que bonitas!" Exclamó Ayumi soltando la mano de su pareja para prestarte toda su atención a las mascaras que había encontrado.
Ai asintió con una media sonrisa, pero no le hizo mucho caso. Siguió caminando con indiferencia hasta parar en una parada de figuras de cristal. Era hermoso de ver como las luces cálidas de la feria relucían en las piezas de cristal moldeadas meticulosamente.
Cogió una de las piezas que más le llamó la atención y observó lo bonita y detallada que era.
"¿Te gusta?" Le preguntó Ran intentando encontrar algo de lo que hablar.
Sabía que a Haibara le gustaban mucho los animales, por eso imaginaba que acababa de escoger esa figura. Era de las pocas cosas que sabía de ella.
"¡Que bonita!" Exclamó Ayumi a sus espaldas. "¿Es una familia de gatitos?" Preguntó acariciando la figura de sus manos.
Haibara miró la figura una vez más. Un par de gatos acurrucados junto a uno pequeño. "Claro, una familia…" Dijo volviendo a dejarla en su lugar sin emoción.
Los jóvenes detectives se miraron extrañados después de ver como Haibara seguía con su actitud indiferente. Pero ellos no se rindieron en seguir intentando hacerla sonreír.
"Vaya, ¿Eso no es la policía?" Preguntó Ayumi después de llegar al final de las paradas.
"Eso parece." Observó el delgado distinguiendo a Megure entre los oficiales.
"Shinichi también está." Comentó Ran alzando una mano para saludarle. "¡Shinichi!"
Kudo se percató de que le llamaban de lejos y se sorprendió al ver a todo el grupo ahí. Le susurró algo a Megure y se acercó a ellos. "Chicos, ¿Qué hacéis aquí?" Preguntó con su tono animado de siempre.
"Hemos venido a ver la feria de navidad." Explicó Ayumi enseñándole la diadema con cascabeles que se había comprado.
"¿Ha pasado algo?" Le preguntó Ran un poco preocupada.
"Nada, un caso, como siempre." Le comentó con una sonrisa tranquilizadora antes de girar su mirada hacia Haibara, que se veía extremadamente incómoda con su presencia. "Hola, Haibara."
Ella asintió girándole la cara y cruzó los brazos para apretar el abrigo más a ella.
"No le hagas caso, hoy no está de humor." Le susurró Genta rodando los ojos.
Shinichi rio brevemente sin dejar de mirarla de reojo. "Vamos, os invito a un café."
"¿No tienes que volver al caso?" Preguntó Ran.
"No. Estaba apunto de volver a la central cuando os he encontrado." Le contestó con una sonrisa.
Entraron en la primera cafetería que encontró en la que pudiesen estar tranquilos y se sentaron a beber sus bebidas y conversar.
"Estoy sorprendido con todos vosotros. Después de los exámenes finales, seréis licenciados oficialmente." Dijo orgulloso. "Habéis trabajado mucho para conseguirlo."
"Si bueno…Ai es la mejor de su escuela." Presumió Ayumi. Le encantaba tener una amiga como Ai, sentía que tenía una hermana mayor desde que la Haníbal conocido.
"Así que, ¿Matrícula de honor, no?" Preguntó Ran guiñándole un ojo.
Haibara suspiró y empezó a jugar con su té. "Solo es un titulo. Además, aún faltan los últimos exámenes."
"Vamos, no seas así." Se quejó su amiga.
"¿Shinichi Kudo?" Preguntó alguien con la voz áspera interrumpiendo la conversación que estaban teniendo.
Kudo se giró sorprendido, pero el hombre se adelantó a cogerle de la camisa para levantarlo de la silla. Shinichi no sabía como se había escapado de la policía, se suponía que ese hombre debía estar custodiado por Megure y Takagi para ser trasladado a prisión.
"¡Me has hundido la vida!" Le chilló enfadado.
"¡No le hagas daño!" Chilló Ran con lágrimas de miedo en los ojos.
Haibara miró a su alrededor. Estaban solos en la cafetería, no era una hora muy concurrida así que imaginaba que el agresor había aprovechado la situación. No veía al personal del local, así que podía intuir que ya se había encargado del hombre que les había atendido hacía un rato.
"¿Qué quieres?" Preguntó Kudo sin titubear, observando el cuchillo que cargaba en su mano izquierda.
"¡Mi plan era perfecto!" Le recriminó. "Has jodido el futuro que tenía planeado."
"Yo no he hecho nada. Has sido tú al decidir matar a esa persona." Se defendió el detective.
Pero el hombre solo consiguió enfurecerse con su contestación, así que le propinó un puño para hacerle callar la boca. El detective se tocó el labio tras notar que se lo había partido y escupió la sangre que le entraba en la boca.
"¡Déjalo! No es un hombre malo." Le intentó defender Ayumi con miedo.
Haibara no decía nada, solo observaba su alrededor y sacó su teléfono de su bolsillo.
"¿Qué pretendes?" Preguntó el detective levantándose del suelo. Sus opciones estaban limitadas si tenía ahí a sus amigos y pareja.
"Acabar contigo." Contestó sonriendo antes de alzar el cuchillo para atacarle.
Pero la herida nunca llegó.
Kudo abrió los ojos sorprendido y extrañado para ver a Haibara frenándole el brazo por su espalda.
"¡Kudo, quítaselo! Ya he avisado a la policía." Le chilló cogiéndole con fuerza.
Él detective se quedó paralizado mientras la miraba. Había aparecido por su espalda de un momento a otro.
Pero el criminal no tardó en reaccionar y quitarse a la chica de un empujón. Pero ella no dejó de forcejear.
Shinichi aprovechó que él hombre estaba de espaldas y lo agarró con fuerza para quitárselo de encima a la pelirroja. Las sirenas de policía ya se escuchaban a la lejanía.
"¡Suéltame!¡Te voy a matar!"
Kudo le mordió el brazo para que soltase el cuchillo y lo ató rápidamente con una cuerda. Cuando acabó, se dio cuenta de que sus manos estaban manchadas de sangre. Bajó la mirada para ver el cuchillo del suelo, que también estaba cubierto de sangre, y luego la levantó para buscar a la pelirroja.
Ayumi ya se había acercado a ella, con las lágrimas rodando por sus mejillas, y los demás, se habían quedado impactados sin poder desviar la mirada.
Se acercó corriendo hacia ella y apartó a Ayumi para intentar socorrerla.
"¡¿Qué pretendías hacer?!" Le preguntó preocupado, desabotonando su camisa para intentar encontrar el origen de la hemorragia. "Mira que te ha pasado, joder."
Ai respiraba con dificultad, pero seguía consciente.
La policía llegó segundos después y esposaron al criminal poco antes de que entrasen los de la ambulancia.
Ran se acercó a su pareja para intentar consolarle, pero Kudo apartó su mano para no desprenderse de ella. La morena se sorprendió pero le dio su espacio y lo acompañó al hospital sin decir nada.
El profesor salió con la cara completamente pálida después de hablar con el doctor. Los jóvenes estaban medio dormidos en las sillas y Shinichi iba a desgastar sus zapatos si no paraba de dar vuelta de arriba para abajo.
"¿Te han dicho algo?" Preguntó Kudo acercándose a él apresuradamente.
"Bueno, sí…" Dijo sin saber por donde empezar. "Le han apuñalado cerca del estómago, pero por suerte no han dañado ningún órgano vital y la operación no ha sufrido complicaciones…"
"Eso es una buena noticia, ¿no?" Preguntó Ran intentando entender porque el profesor seguía con la cara tan larga.
"Sí, pero…sin embargo…"
Ran sintió lo difícil que estaba siendo para el profesor poder procesar o explicarles.
Pero Shinichi estaba tenso y sentía la garganta seca desde que el profesor había vuelto. "Dígalo ya." Exigió ante sus titubeos.
Agasa suspiró y bajó la mirada. "Parece que la herida con arma blanca le ha provocado un aborto." Dijo causando un silencio absoluto. "No sé si ella ya lo sabía o no, pero parece que esto le puede crear dificultades si en un futuro desea volver a quedarse embarazada."
"¿Qué?" Preguntó Kudo casi inaudible. Se había quedado pálido, incluso más que el profesor.
No podía ser.
Negó con la cabeza mientras apretaba los puños con fuera y se marchó de ahí en busca de la azotea. Necesitaba chillar y salir de ahí.
Los demás se quedaron en sus sillas con el rostro de completa sorpresa.
"Es imposible." Comentó Ayumi con el ceño fruncido y nuevas lágrimas en su rostro.
"Haibara no salía con nadie." Comentó Genta apoyado su mano en su barbilla.
Ran desvió la mirada de los jóvenes para volver a mirar hacia la puerta donde acababa de marcharse su marido. Se veía muy sobresaltado al enterarse. ¿Se sentía culpable por qué ella había salido herida intentado defenderle? ¿Culpable por no estar al tanto de su condición? ¿O…
Se dirigió a la azotea con la esperanza de encontrarlo. Y le sorprendió más en el mar de lágrimas en el que lo encontró.
"Shinichi." Le llamó con un tono suave.
El moreno se secó la cara con la manga de su camisa y se giró para mirarle a los ojos.
Ran no necesitó mucho más después de eso para entenderlo. La venda cayó por completo a sus pies en ese momento.
"¿Era tuyo?" Preguntó sin más.
Su pareja abrió los ojos ante la sorpresa y los suavizó poco después. Sabía que no podía mentir."Sí…eso creo. Pero yo no sabía nada." Confesó con la mirada baja. "…no sabía nada."
Ran sintió una fuerte punzada en el corazón y un repentino dolor invadir su cuerpo. "¿Te veías con ella a escondidas?" Le preguntó con los ojos entrecerrados. "¿No estabas satisfecho con nuestras relaciones?
"No es lo que crees, Ran. La veía porque la quería."
Ella resopló. "¿Enserio? ¿Entonces porque no te has separado de mí?" Preguntó con molestia. No se podía creer en lo que se había convertido su matrimonio.
"Porque también te quiero a ti."
"¡Eres un egoísta!" Le recriminó.
"¡Lo sé!" Admitió dejando caer sus rodillas en el suelo. "Solo os he hecho daño. Y Haibara ahora…"
"¿Y qué piensas hacer ahora?" Le preguntó Ran cruzando los brazos.
"Yo…te quiero Ran." Le dijo sintiéndose abatido. "Me gusta como soy a tu lado y tu manera de sonreírme. No te he dejado de querer, pero la empecé a querer a ella también."
"No intentes excusarte."
"No lo hago, solo intento explicarme." Dijo removiéndose el pelo. "Tú querías tener un niño y yo no podía tenerlo sintiendo que te escondía algo. Pero ha acabado pasando esto…y yo, no sé…"
"¿Crees que puedes olvidarla?" Le preguntó Ran después de un par de minuto de silencio, intentando que el ultimo hilo de su relación no se rompiese.
"Lo haré." Dijo secándose las lágrimas que quedaban en su cara. No podía seguir jugando con su matrimonio.
La confianza no había sido la misma semanas después. Ran sentía que tenía que vigilarlo en cuanto salía de casa, y sus temas de conversación, no habían sido muy fluidos últimamente.
Ran no podía dejar de pensar en Haibara, y sabía que a Shinichi le pasaba lo mismo. Él mismo le había prometido que no la había vuelto a ver, pero la confianza no se ganaba de un día a otro.
Pasaba las horas martirizándose con todos esos momentos en los que la pelirroja y su pareja habían estado juntos en su presencia. ¿Por qué no había sido capaz de ver nada entonces? ¿Cómo había llegado todo tan lejos?
Sentía rabia, y en lo más profundo de ella, celos.
¿Un niño?
Por accidente o no, era algo que le impactaba. Ai estaba esperando un hijo de él.
No lo entendía, ¿Cómo podían ellos dos haber tenido una relación? Haibara apenas tenía veintidós años. ¿Puede que por eso no hubiese sospechado nunca nada? Y…¿Haibara? Realmente no se lo hubiese imaginado nunca.
Pero todo parecía encajar después de eso. La cercanía, la razón por la que la joven nunca había tenido una relación con ningún chico,…todo cuadraba.
Kudo volvió, tan puntual como lo había sido los días restantes. Intentaba esforzarse, pero Ran no sabía si a esas alturas valía la pena.
"Ya estoy en casa."
Ella le esperó en el salón y él no tardó en encontrarla. Se acercó a ella para besarle la mejilla y se sentó a su lado del sofá. "¿Qué es esto?" Le preguntó observando los papeles que había dejado sobre la mesa.
"Son los papeles para divorciarnos." Le explicó Ran.
"Pero..¿Qué?" Preguntó sorprendido. "Te he dicho mil veces que no la he vuelto a ver." Dijo frunciendo el ceño.
"Lo sé…Pero no sé si nuestra relación puede funcionar después de esto." Dijo con la mirada triste.
"¿Por qué?" Preguntó sin entender. "Estoy intentándolo."
"¿Y que más da?" Preguntó levantándose del sofá con los brazos cruzados. "No conseguirás cambiar nada…siempre habrá una parte, que por más pequeña que sea, te une a ella. Aunque solo sea dolor."
Kudo frunció el ceño, ¿podían seguir viviendo como pareja teniendo el fantasma de la relación que había tenido con Ai?
Quería decirle que era mentira, pero sabía que no era verdad.
Su rostro aparecía en sus párpados cuando los cerraba. No iba a olvidarla ni aunque pasasen cien años.
"Puede que nos quieras a las dos…pero no de la misma manera." Dijo Ran acercándose a la entrada, donde previamente había dejado su maleta preparada. "Adiós, Shinichi."
