Los personajes no me pertenecen, le pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es de mi invención, agradeceré no publicar ilegalmente en otro lugar.
Gracias RakelLuvre por la ayuda con capítulo.
Canción recomendada para el capítulo: Don´t Say You Love Me–M2M
«El misterio de la vida no es un problema a resolver,
sino una realidad a experimentar».
(Frank Herbert).
Capítulo 22
Las siguientes horas pasan en un ir y venir por mi parte. Imprimo varias copias del informe y resalto los puntos importantes, de igual manera, hago lo mismo con la fotografía de Lilian, la de Emmett y Rosalie, así como la de su hermana. Coloco todo en el comedor, lo dispongo en forma de una sala de reuniones. Nuestro plan es, pedirles a todos una vez que se vean juntos, que pasemos al comedor. Ahí, es donde planeamos develar la verdad sobre lo que sabemos.
–Estoy nerviosa, Edward. ¿Qué pasa si digo algo que no debo? Soy muy mala para mentir.
Sonrío ante las palabras de Bella, sabiendo que le es difícil mentir sin delatarse.
–Sé que lo harás bien –animo–, solo tienes que apegarte a lo que acordamos. «Salí por una urgencia y, necesitas terminar de empacar la maleta del hospital».
Bella asiente, y la veo morder su labio; signo de nerviosismo. La abrazo, beso su cabeza y le susurro palabras de ánimo. Las manos de Bella recorren mi pecho, entierra su cara sobre mi camisa e inhala. Su respiración me hace cosquillas; imito su movimiento solo que yo inhalo el aroma de su cabello.
El timbre del penthouse suena, lo que nos hace separarnos de nuestro abrazo.
–Debe ser Rosalie –dice Bella y asiente.
–Que el show comience –digo. Le doy un beso en la frente, antes de caminar al pasillo con dirección a la habitación de invitados, donde estaré escondido por los próximos minutos.
Silencio mi teléfono, no queriendo que interrumpa y nos delate antes de tiempo. Me siento en la cama dispuesto a esperar mi momento de actuar. Me entretengo releyendo el informe de pies a cabeza y mirando las demás fotos.
Al llegar a la fotografía que pertenece a la hermana de Emmett, no puedo evitar tener la sensación de que la conozco. Trato de hacer memoria, para ubicarla; sin embargo, me resulta muy complicado, ya que no lo logro.
Me desplazo por los demás anexos, leyéndolos nuevamente. No puedo evitar darme cuenta de todo lo que atravesó Rosalie en su juventud. Toda su situación me hace sentirme afortunado. Agradezco que mis tíos me hubieran adoptado, y que no tuviera que pasar por lo mismo que Rosalie. Si ellos no se hubiesen hecho cargo de mí, puede que no estuviera donde estoy ahora.
Los treinta y cinco minutos que tardan para que den cinco para las seis de la tarde, pasan rápido. Me levanto, muy seguro de que pronto, Emmett tocará a la puerta del penthouse. Doy un vistazo fuera, asegurándome de que el pasillo está libre; camino despacio, evitando emitir cualquier ruido. Abro la puerta muy lento, y luego la cierro, simulando haber llegado.
–¡Amor, estoy en casa! –digo en voz alta.
Unos segundos después, Bella sale al pasillo, se acerca a mí y me besa, tal y como si de verdad hubiera llegado.
–¿Cómo te fue?, ¿se resolvió el problema? –pregunta.
–Todo bien, perdona por no ayudarte. Podemos preparar la maleta ahora –ofrezco.
–No es necesario, Rosalie me está ayudando a terminarla.
–Qué lindo de su parte, bueno, entonces voy a mi despacho para ordenar la cena y para esperar a Emmett.
En cuanto esto último sale de mis labios, Rosalie aparece.
–Buenas tardes, Edward –saluda y enseguida se voltea hacia Bella–, paso a retirarme, Bella.
–¡No, Rose! Por favor, necesito tu ayuda con otras cosas, además, quisiera que nos acompañaras a cenar.
El semblante de Rosalie se muestra dudoso, algo no visto por mis ojos hasta ahora. Lo que me hace pensar que lo logramos. Ella no espera toparse con Emmett. Asiente, no muy convencida, y cuando el timbre suena huye de regreso a la habitación. Bella me mira, sus cejas se levantan en una pregunta silenciosa, a la cual respondo con un asentimiento.
Regreso a la puerta, la abro y veo a Emmett con el ceño fruncido leyendo un mensaje. Recompone su rostro y me saluda con su habitual apretón de manos. No me pasa desapercibido su semblante al estar viendo su teléfono; si apostara, diría que es un mensaje de Rosalie.
Llevo a Emmett al despacho, ambos tomamos asiento uno frente al otro. Las ganas de preguntarle que tanto ha intervenido me comen, no obstante, me mantengo firme en nuestro plan.
–Me urge tener noticias para la disolución del acuerdo prenupcial.
–Sí, referente eso –rebusca en su maletín y luego saca unos papeles, los cuales coloca encima del escritorio, los extiende hacia mí–. Para que se pueda revocar, deberá realizarse un juicio entre las partes, por lo tanto, sería entre tu esposa y tú.
–No será ningún problema –contesto, no teniendo duda de que ninguno se opondrá, todo lo contrario; estaremos encantados de terminarlo.
–Sí, bueno. Yo no lo veo tan fácil –dice y se reclina sobre la silla–, debe ser un juicio civil; la corte está bastante ocupada en esta época del año, no estoy seguro cuánto demorará.
Asiento, sabiendo que se refiere al nacimiento de mi hija; tenemos poco tiempo para hacerlo antes de que nazca.
–¿No hay forma de programarlo para una fecha futura? Digamos, para mediados de enero –solicito.
–Se puede ingresar la petición, enero es una buena fecha, no le veo problema.
–Bueno, en ese caso… agéndala, por favor.
Observo a Emmett anotando en su teléfono. Si no supiera que es pareja de Rosalie me lo tomaría bien; no obstante, mañana con más calma haré una visita al despacho, para solicitar la validación de lo que me ha dicho. Tengo la urgencia de revocar el acuerdo y, estoy seguro de que al estar ambas partes de acuerdo no debe ser tan complicado.
El teléfono vibra sobre el escritorio, iluminando la pantalla la cual marca las seis veintisiete. Sonrío. Los siguientes visitantes están por llegar.
–Gracias, Emmett, quedo a la espera de la fecha.
–Claro –responde y sé pone en pie; extiende su mano en señal de despedida, lo que me extraña, ya que, suele tomarse las cosas con calma.
–¿Sucede algo? –pregunto, no pudiendo evitarlo.
–Tengo que atender otro asunto.
–¿De verdad? Te iba a pedir que cenaras con nosotros; para compartir las noticias con Bella.
Lo veo mirar su teléfono, imagino que tiene un mensaje que quiere leer; apostaría que es de Rosalie.
–Vamos, aunque sea toma un vaso de agua.
El rostro de Emmett se muestra dudoso, de pronto se escucha el timbre y sonrío. Tenemos a todos los invitados necesarios. Pongo mi mano sobre el hombro de Emmett, le doy una suave sacudida, animándolo a seguirme.
Salimos del despacho y camino hasta la puerta, noto a Emmett detrás. Al abrirla veo el rostro de Swan el cual, luce emocionado, detrás de él está Renée cuyo semblante no muestra expresión alguna.
–Adelante –digo en voz alta y miro a todos los que ahora están en el recibidor.
Parece que además de Emmett, también Rosalie pensaba retirarse.
Rosalie fija su vista en dirección a Renée, sus ojos están ligeramente estrechados. Emmett por su parte, mira a todas partes menos a los presentes.
–Pasemos al comedor, por favor –dice Bella, su sonrisa es amplia.
–Lo siento, Bella. Me tengo que marchar –responde Rosalie.
–Por favor, Rose, puede que más adelante no se pueda –rebate y pasa sus manos sobre su abultado vientre.
La veo asentir, no muy convencida.
–Hola, mamá, papá; un gusto que pudieran asistir, por favor, pasen al comedor.
Charlie se adelanta para abrazar a Bella. Ella asiente y le regresa el abrazo, al separarse ambos tienen lágrimas en los ojos.
–Isabella, gracias por dignarte a llamarnos. No sabes lo que pasamos niña, espero puedas explicarnos en la cena.
–Renée… –Charlie niega, toma a Renée del brazo llevándola al comedor.
Extiendo el brazo, señalando el camino para Rosalie y Emmett, quienes aún están en el recibidor. Bella y yo cerramos la fila; le ofrezco la mano para tomar la suya, le doy un apretón en señal de ánimo. Todo va acorde a lo planeado.
Al entrar al comedor, vemos ceños fruncidos; ya que, en lugar de platos están las carpetas.
–Por favor, tomen asiento donde gusten –pido.
Bella y yo nos sentamos cerca de la puerta. A propósito, solo dejamos cuatro sillas además de las nuestras. La desconfianza surca el rostro de Emmett, y no me pasa desapercibida la mirada que le da a Rosalie, quien, por su parte mantiene un semblante neutral.
–¿Quisieran decirnos que es esto? –la voz indignada de Renée resuena en el comedor. No esperaba menos de esa mujer.
–Esto –levanto el folder que tengo enfrente–, es el resultado de una investigación. Investigación que surgió de unas fotos que recibimos.
–¿Qué tiene que ver con nosotros? –pregunta Rosalie, su tono es despectivo y molesto. Me sorprende el tono empleado.
–Tiene que ver todo –refuto–, ahí están las pruebas que necesitábamos para saber quién fue la persona responsable de enviarnos esas fotos.
Me pongo en pie, sabiendo que es mi momento de explicarles toda la verdad que hemos descubierto.
»Tengo un excelente investigador, el mismo que localizó a Bella. Gracias a él, sabemos quién envió esas fotos y unas que recibimos hace unos meses.
Rosalie baja sus manos de la mesa, y mira a su alrededor.
»En la investigación encontramos unos datos bastante interesantes, si gustan pueden verlos por ustedes mismos.
Abro el folder y tiro las fotos al centro de la mesa. Unos cuantos jadeos se escuchan. La fotografía de Emmett y Rosalie abrazados queda al lado de la de Lilian. Vuelvo a sentarme, mirando a todos.
»¿Por qué no empezamos por Lilian Miller? –fijo la vista en Renée, que tiene la boca con una mueca.
–¿Por qué me miras así? –pregunta, su tono suena un poco chillón.
–Tu actitud te delata. Renée; dinos que sabes de ella. No veo a Charlie nada preocupado, por el contrario, parece bastante intrigado.
–Renée, ¿qué sucede?, ¿conoces a esa mujer? –cuestiona Swan.
–No, no la conozco –niega y trata de recomponer su semblante.
–¡No mientas! –estalla Rosalie, golpeando la mesa con ambos puños.
–Mamá, por favor. Ya no más mentiras, ni secretos –dice Bella y mira a su padre. Sé muy bien que le está diciendo sin palabras, que sabe todo lo que él ocultaba.
Renée se cruza de brazos; me mira, sus ojos me lanzan dagas. Me culpa por esto, lo que poco me importa.
–Sí, Isabella. Lilian era mi hermana –responde de mala gana.
–¿Por qué lo ocultaste? –pregunto, me pongo de pie nuevamente ante su actitud despectiva.
No puedo creer que después de todo lo que ha pasado, tenga el descaro de ponernos caras y escupirnos las respuestas. Miro en su dirección con todo el desprecio que tengo. Ella, por su parte, nos mira a todos, para luego centrar su vista en Rosalie.
–Sí, muchacha, ¡ella era mi hermana!
Rosalie la mira fijamente, sus manos se hacen puños sobre la mesa; sin embargo, no me pasan desapercibidas las lágrimas en sus ojos.
–¡Ella te pidió ayuda y la ignoraste! –reclama Rosalie poniéndose en pie.
–No es mi culpa que la clase de padres que la adoptaran, resultaran ser unos ineptos y buenos para nada –responde Renée, tan altiva como siempre.
Bella jadea a mi lado, ante las palabras de su madre. Mis manos se hacen puños. De verdad que esta mujer es una superficial, ¿cómo puede responderle así a su sobrina? En definitiva no volveré a dejar que se aproxime a Bella y mucho menos a mi hija.
–Eran familia –digo.
–¿Y qué?, eso no importa. Lo importante son tus conexiones, tus amistades. Lo que te impulse, no lo que sea un lastre para ti.
–Mi madre no era un lastre. Si la hubieras ayudado ella podría haber vivido. Pudiste haberme adoptado.
–¿Para qué? Ya tenía una hija y mira cómo resultó –señala a Bella–. ¡Una completa tonta!
–¡Renée! –grita Swan al mismo tiempo que golpea la mesa y se levanta–. Ya no voy a permitir que trates de esta manera a Isabella. No puedo creerlo. Eres su madre, deberías apoyarla.
Renée vuelve a cruzarse de brazos y frunce la boca.
–Con todos de testigos, le voy a pedir que de ahora en adelante, se mantenga alejada de mi esposa y de mi hija. Se lo estoy pidiendo de buena manera, a menos que quiera hacerlo por las malas; lo cual repercutirá en su reputación –resalto la última palabra, sabiendo que es lo que le importa a esa insensible mujer.
Renée se pone en pie y avanza hacia la salida del comedor, Charlie la imita. Estoy por hablar cuando él se adelanta.
–Si te vas ahora Renée, atente a las consecuencias; vinimos para hablar con nuestra hija y arreglar las cosas.
Sin girarse, Renée responde con su tono carente de emoción.
–Sabes que no quería venir, a esa niña de ahí; la di por perdida el día que prefirió huir y dejarnos llenos de habladurías. Te espero en el auto, yo no tengo nada más que decir o hacer.
Y sin más, abandona el comedor. Charlie se deja caer en la silla de nuevo, la decepción, frustración y pena recorren su semblante.
–Yo… lo siento. Jamás debí dejarla que se comportara así. Disculpen –se excusa, para luego abandonar el comedor.
Bella aprieta mi mano, sé que se siente angustiada; no obstante, ella estaba preparada para una reacción similar de su madre, por lo tanto, sé que no está muy afectada.
–Mañana tendrás mi renuncia, Edward –dice Rosalie, lo que me hace centrarme en el siguiente punto, y volver a concentrarme en ellos.
–Rosalie, ¿quiero saber una cosa?
Por mi vista periférica veo a Emmett caminar hasta colocarse detrás de Rosalie.
–Lo siento, Edward, por todo, te confieso que nosotros fuimos los culpables de cada cosa. Lo lamento.
–¡Emmett! –exclama Rosalie.
–No, Rose, ya no más, mira como ha terminado todo, y ¿para qué? A esa mujer no le interesa, lo acabas de ver con tus propios ojos, y con las pruebas que Edward tiene… –niega.
–No haremos nada, si nos confiesan por qué lo hicieron –pido–. Les voy a brindar una oportunidad, para hablar y decirnos todo, si sus argumentos son válidos; y si Bella acepta sus disculpas consideraré no ejercer acción contra ustedes.
–Vamos, Rose –anima Emmett, la abraza sentándose a su lado.
Rosalie se apoya en Emmett y la escuchamos llorar. Bella y yo nos miramos. Una vez que Rosalie se calma, Bella se gira hacia ella, atenta a lo que está por decir.
–¿Entonces?, somos primas. Porque no nos cuentas todo –le extiende la mano y Rosalie la toma, una sonrisa tímida se asoma en sus labios.
Nos cuenta de su infancia feliz, justo hasta el momento en que su madre se enfermó. Fue ahí cuando supo la verdad, y que su madre fue adoptada. Lilian se dio a la tarea de buscar a Renée, su enfermedad requería de un trasplante y Renée era la única esperanza.
Para infortunio de ambas, Renée resultó ser una mujer insensible que no quiso tener nada que ver con ellas, y se negó a ayudar a su hermana. Lilian quedó endeudada y la enfermedad terminó llevándosela, lo que ocasionó que la casa fuera embargada y Rosalie enviada a un orfanato.
Nos cuenta que se negó a decir que tenía una tía. Después de todo, si así se había portado con su hermana, ¿qué le podía esperar a ella? Aquí, Emmett interviene y nos relata que sus padres compraron la casa, y que trataron de adoptar a Rosalie; sin embargo, al adquirir la deuda de la casa, sus finanzas se vieron afectadas y repercutió en la adopción.
Rosalie nos relata cómo es que vivió de hogar temporal en hogar temporal, y que cansada del sistema decidió independizarse. Todo iba bien, hasta que en la tienda de pasteles donde trabajaba, llegó un día una mujer; dicha mujer resultó ser Renée. Venía enojada porque un pedido no salió exactamente como ella lo solicitó.
Culpó a Rosalie y le dijo que era una inútil. Al momento de verla, Rosalie la reconoció. Trató de calmarla y explicarle lo sucedido con su pedido; no obstante, la mujer no atendía razones. Después de una serie de amenazas por su parte, y una disculpa no merecida de Rosalie, salió contenta. Desde ese día, Rosalie se tomó como meta hacerla sufrir. Su objetivo de venganza fue Bella y, así es que surgieron esas fotos y las cláusulas que no estaban en el acuerdo. Dichas cláusulas fueron cambiadas por la hermana de Emmett. Ahí es donde me percato de por qué la chica se me hacía conocida. Resulta que la hermana de Emmett, ingresó a trabajar en la notaría y fue la que modificó las cláusulas.
–Lo siento –dice Rosalie al terminar su relato.
Bella me mira, sé que sin palabras me está pidiendo mi opinión, sin embargo, esto es algo que ella debe decidir por sí misma.
Me agacho y le susurro en su oreja: –Amor, esto es únicamente tu decisión. Tú debes decidir si la quieres perdonar o no.
La lucha se refleja en sus ojos, la veo cerrarlos y tomar unas cuantas respiraciones profundas. Sus manos me dan un apretón; del otro lado capto movimiento y al levantar la vista, me topo con Emmett abrazando y consolando a Rosalie. El murmullo de su conversación me llega, no obstante, no distingo de lo que hablan. Emmett niega y Rosalie solloza con más fuerza.
–No puedo, Edward –la voz de Bella me hace regresar la atención de vuelta a ella.
–¿Qué es lo que no puedes? –pregunto, no entendiendo a que se refiere.
–No quiero hacer lo que ella hizo, o peor, lo que mi madre no hizo. Yo no soy vengativa, y no voy a empezar ahora.
Bella me suelta y se coloca enfrente, aclara su garganta para llamar la atención de nuestros acompañantes.
»Yo… –pausa, extiende su mano y yo la tomo. Sé que con ese gesto está pidiendo apoyo silencioso–. En este poco tiempo que hemos convivido, he llegado a apreciarte como a una amiga. Se han cometido muchos errores. Errores que han costado vidas. Yo no soy mi madre; y si me lo permites, me gustaría que nos conociéramos completamente, tal y como debió haber sido.
Rosalie del otro lado, la mira con ojos amplios, lágrimas ruedan por sus mejillas, se levanta y camina rodeando la mesa. Suelto la mano de Bella y la veo alcanzar a Rosalie, ambas lloran mientras se abrazan.
Se escuchan disculpas de ambas, así como promesas futuras. Giro mi vista en dirección a Emmett, quien parece consternado.
–Sin represalias –suelto, y él suspira.
–¿De verdad? –asiento con la cabeza–. Yo… yo lo lamento, yo… –mira a Rosalie–, lo hice por ella. Yo haría cualquier cosa por ella. La amo.
–Te entiendo.
En otro momento sé que esto hubiera sido impensable. La parte sensata en mí, me dice que debería denunciarlos y enviarlos a la cárcel, sin embargo… el corazón me pide otra cosa: hacer lo mejor, por y para Bella.
»Sin embargo, tendremos que hablar de una compensación –el ejecutivo en mí hace su aparición, sabiendo que no sería bueno dejarlo simplemente de esta forma.
Emmett hace una mueca. –¿De cuánto sería?
Me giro para quedar de frente a Emmett, entrecierro los ojos pensando muy bien lo que voy a decir a continuación.
–Si consigues la anulación del acuerdo prenupcial antes de que acabe el año, será suficiente.
–No mentí con respecto a los tiempos de la corte, no obstante, lo haré. Lo prometo. Conseguiré la anulación antes de que acabe el año.
Vuelvo la mirada de regreso a Bella; ella y Rosalie ahora están sentadas en las sillas donde antes estuvieron Renée y Charlie. Ninguna tiene lágrimas, lo que me hace sentir calmado y tranquilo, sabiendo que esto terminó de cierta manera bien.
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Apago la alarma del celular, antes de que active la música y recorra las cortinas. Hoy es trece de septiembre y tengo preparada una linda sorpresa para mi esposa. Me levanto procurando hacer el menor movimiento y ruido posible.
Sin poder evitarlo, me quedo de pie al lado de la cama. Con mi vista fija en la mujer durmiendo plácidamente, no puedo evitar que un suspiro se me escape. Bella se mueve y se acomoda sobre esa extraña almohada que me exigió le comprara. Sonrío, contento de tenerla en mi vida y expresarle mi amor incondicional todos los días.
Doy media vuelta, salgo de la habitación, al caminar por el pasillo, el teléfono vibra, miro la pantalla viendo que es un mensaje de Alice; el cual dice que ya están en la puerta de entrada. Me apresuro y la abro. Sonrío al contemplar todas las caras: Alice y Rosalie están al frente, detrás de ellas están Jasper y Emmett seguidos de mis tíos, y cerrando fila Mary y Swan. Me muevo a un lado para permitirles entrar. Saludo a Swan, quien entra al final. Me alegra que el hombre al fin haya entrado en razón, y por fin le esté dando su lugar a Bella.
–Querido, ¿dónde coloco esto? –pregunta Mary, quien lleva un pastel en sus manos.
–En el comedor. Bella no tarda en despertar.
Veo a Alice y Rosalie moverse de un lado para otro, colocando globos y adornos desde el recibidor hasta el pasillo y el comedor. Aún me sorprende cómo es que todo ha cambiado en este par de semanas. Se podría decir que, aunque la mayoría no compartimos lazos sanguíneos, hemos formado una familia de corazón. Algo que jamás pensé ver o siquiera experimentar.
Debo decir que no me sorprendió para nada que Swan pidiera el divorcio a Renée el mismo día de la revelación. Mucho menos me sorprendió que Renée aceptara de buena gana; aunque creo que tuvo que ver el que se quedase con el departamento y una considerable compensación económica.
La voz de Bella llamándome me regresa a la realidad, sacándome de mis pensamientos. Todo el mundo también se detiene, hago una señal de silencio.
–Estoy en el comedor, amor –contesto, y por el rabillo del ojo observo a todos ubicarse en sus lugares
–¿Por qué hay adornos en el pasillo? –escucho a Bella preguntar, enseguida su figura aparece a la entrada del comedor. Su boca se abre al observarnos a todos los presentes.
Gritamos «Feliz Cumpleaños», y como era de esperarse las lágrimas hacen acto de presencia, en estos días se ha vuelto mucho más sensible. Esas lágrimas no me preocupa, ya que sé son de felicidad. Bella termina de entrar al comedor y uno por uno nos aproximamos para felicitarla; enseguida nos sentamos a disfrutar el pastel y un delicioso chocolate cortesía de Rosalie.
El ambiente es de completa camaradería y familiaridad. Suspiro contento, al observar a Bella estar tan cómoda y feliz, al igual que al resto de los presentes. Es tan sorprendente como todos hemos encajado. Así debió haber sido desde siempre; sin embargo, estoy seguro de que si las cosas no hubieran pasado como pasaron, tal vez nunca hubiera conocido a Bella. Aunque me duela reconocerlo, me alegra que Charlie Swan me presentara ese acuerdo.
El acuerdo que me llevó a aceptar un puesto en su empresa. El acuerdo que me llevó a la cima de mi carrera. El acuerdo que me acercó al amor de mi vida. Un acuerdo, que, aunque no era para nada correcto, fue el Acuerdo Perfecto que me trajo a este momento.
Fin.
Hola
Y… hemos llegado al final, no lo puedo creer.
Muchas gracias por su apoyo, por sus comentarios, favoritos, alertas en FF, así como también los de Facebook, se agradece enormemente.
Gracias especiales a Rakel por darme mis jalones de oreja, sé que aún tengo mucho que mejorar.
Espero les haya gustado está loca idea de mi cabeza; sé que hubo algunos tropiezos al inicio, y hasta llegué a pensar en no continuar, es por ello que también tengo que agradecer a Anna Laura por su apoyo y ánimos brindados con una confusión al inicio de este fic.
Saludos y nos estamos leyendo.
