—Esta bien… recuérdame una vez más por qué acepté hacer esto.—pidió Ikki con irritación.

—a ti legalmente ya no te dejan conducir, a Seiya, Athena ya no lo deja conducir, Shiryu legalmente tampoco puede conducir y… ni siquiera se porque Shun no tiene licencia. La última opción soy yo, alguno de nosotros debe conservar su permiso, así que saldremos a confirmar que aún no soy un riesgo para la sociedad.—explicó Hyoga rápidamente arreglando el espejo del auto.

Ikki suspiró pesadamente. —Quise decir, recuérdame por qué debo acompañarte necesariamente yo.

—Tu eres el único que se queja de cómo manejo—le recordó con una sonrisa de superioridad.

El Fénix se puso el cinturón de seguridad con más fuerza de la necesaria y cruzó los brazos estresado, aparentemente era el único que prefería dejar las agresiones verbales hacia su persona para la batalla.

—Estas siendo un sensible, Ikki—se burló Hyoga, a la vez que se colocaba el cinturón y arreglaba el asiento—Alguien capaz de surgir de sus cenizas no debería hacer tanto escándalo por su vida.—puso las manos en el volante.

—¡Ese no es el problema!, ¡Y no funciona exactamente… Así!—gritó la última palabra siendo sorprendido por su compañero, quien pisó el acelerador sin vacilar y salió de forma perfecta del estacionamiento. —No se supone que salgas del aparcado a toda velocidad… Y además sin ver a los lados, por Athena.—cerró los ojos sintiendo el sudor empezar a pasar por su rostro.

—Será para la próxima—le resto importancia adentrándose en las calles de Japón.—¿A dónde nos dirigimos ahora?.

—A la plaza y luego a casa, sin detenernos en ningún momento—dijo mirando al frente—¡Pero en los semáforos sí!—Gritó enfadado al casi chocar con otro auto.

Cuyo simpático conductor les mostró gentilmente su dedo corazón, acompañado de dulces mensajes para su difunta madre.

Hyoga miró hacia atrás y luego de vuelta al frente con indiferencia.

—En los siguientes me detengo.

Ikki vio con nervios como esquivaban vehículos y peatones imprudentes sin problemas con una agilidad increíble, hubiera sido admirable siendo que el Cisne permanecía imperturbable y frío como el hielo si no fuera por…

—¡Baja la velocidad, por dios santo!

No pasaban ni siquiera un par de metros de los primeros gritos de transeúntes enojados cuando ya habían más transeúntes enojados.

—No veo el porque, lidiamos con el movimiento tan rápido como el sonido, incluso como la luz, claramente no voy a matar a nadie—explicó Hyoga sin inmutarse, continuando con su hazaña.

El Fénix chocó su cabeza contra su mano.

—Presta atención, porque solo te lo explicaré una vez, primero, existe algo llamado "límite de velocidad" y si no quieres que te pongan una multa o suspendan tu licencia entonces respetalo ¡Y ve a sesenta kilómetros por hora en esta calle como todos los demás!—le advirtió—y segundo, que tú puedas manejarlo no significa que el resto pueda, tal vez alcances a esquivar el que está frente a ti, ¿Pero que pasa con el que está atrás?, ¿O a tus costados?, eso solo sin mencionar los Cruces e intersecciones. Y no olvides a las personas estúpidas que no valoran lo suficiente su vida como para cruzar cuando y donde no deben, los autos podrían chocar entre sí intentando esquivar, o alguien podría sorprenderse en pleno cruce porque básicamente volaste junto a ellos, detenerse y ser arrollados o...

—No dejaría que nada de eso pasará—Hyoga arqueo una ceja por tal elaborado escenario.

—Solo. Baja. La. maldita. Velocidad.—exigió con voz de ultratumba haciendo ceder al ruso.

De ahí en adelante el camino fue bastante decente, Ikki incluso destensó sus músculos y casi se sintió dormir por un par de minutos, ¿Por qué odiaba tanto que Hyoga conducie…?, Ah, si, por eso.

—¡No cruces así!, llamas demasiado la atención—reclamo cuando en una curva Hyoga se acercó tanto a la acera que los peatones que caminaban ahí literalmente cayeron hacia atrás agachándose en el piso, intentando defenderse.

—No hay que ser tan exagerados, no toque la acera en ningún momento—afirmó frunciendo el ceño mientras oía maldiciones de señoras hacia él.

—No se supone que te acerques tanto tan rápidamente… ¡No lo hagas de nuevo!.—exigió cuando se repitió exactamente los mismo, pero esta vez con más maldiciones hacia ellos.

—Está bien.—aseguró Hyoga sin ninguna pizca de vergüenza o arrepentimiento.

Ikki suspiró impaciente viendo cómo finalmente rodeaban la plaza, aún les faltaba medio camino, y viajar con Hyoga solo podía ser sinónimo de ser el blanco de gritos y maldiciones sin fin.

—¡Ven aquí para mostrarte lo que pienso de cómo conduces, bastardo!—se escuchó a través de las ventanas las voz de un hombre enfurecido.

—Aquí ni siquiera hay límite de velocidad—susurro Hyoga con indignación.

—Todas las calles tendrían límite de velocidad solo por ti—aseguro Ikki siendo olímpicamente ignorado.

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—dejando de lado que te tomas todas las señalizaciones al pie de la letra y que perturbas la paz pública, nadie puede arrestarte… tristemente.—Ikki explicó caminando hacia la entrada de la casa—aun no pienso entrar en un auto conducido por ti a no ser que tenga que.

—¡Intento ser eficiente!

—¡Tienes que admitir, que Hyoga llega rápido a donde tiene que llegar!—afirmó Shiryu desde adentro, escuchando su conversación.

—¿Olvidando el factor discreción?—pregunto Ikki con obviedad.

—¡Hablo el que entra con una cortina de fuego a literalmente cualquier habitación!—Gritó Seiya sonando aún más lejos, se escucharon risas de varias personas.

—eso es solo en las peleas, y es intimidante—aseguró el Fénix con tono molesto.

—¡También es dramático!—gritó Seiya nuevamente.

—¡Métete en tus problemas, Seiya!—exigió entrando con irritación, siendo bienvenido por Seiya, Shiryu y Shun acostados boca abajo en el piso con las manos sobre la espalda… por alguna razón, y Athena sentada tranquilamente en una silla en una esquina de la habitación.

—¿Amigos, por qué están haciendo… eso?—cuestiono Hyoga viéndolos confundido.

—Athena nos ayuda a dominar nuestro cosmo por sobre nuestros sentidos… en situaciones no mortales, para ser claros—Explicó Shun sonriente.

—No somos necesariamente buenos, ya lo resolveremos—aseguro Seiya con confianza, sacudiendo su mano con arrogancia.

—¿Aún puedes conducir, Hyoga?—se levantó del piso Shiryu sacudiéndose la ropa.

—es como andar en bicicleta—contó el Cisne.

—¿Sabes andar en bicicleta?—pregunto Shiryu con una ceja alzada.

—no lo se, lo resolvería, eso es seguro.

—¿Como mi hermano lo resolvió cuando tenía quince e incendió el auto?—hablo Shun con desconfianza.

—¡hacer cosas simples con armadura es complicado!, ya hablamos de esto.—Ikki volteo los ojos.

—Hermano, de regreso no tenías armadura, también se incen...

Su hermano puso una mano en el hombro de Shun para que se detuviera y cerró los ojos con decepción.

—no es culpa de Ikki que su cosmo arda tan fácilmente, es normal que reaccione de forma agresiva incluso en situaciones cotidianas—explicó Athena sin levantarse.

—cuando Seiya estrelló tu auto, ¿También puedes culpar al cosmo?—pregunto Shiryu entre risas.

—No. El solo es malo al volante—Athena frunció el ceño.

Las reparaciones fueron costosas, en serio costosas, no hacía el auto, ese quedó irreparable, pero tuvieron que pagar los daños a la ciudad, se decidió que lo mejor era mantenerlo alejado del volante y ahora incluso se sienta atrás por ser un agente distractor.

—¡Ya!, Suficiente—se quejó Seiya.

—¿Shiryu, aún se niegan a quitar la suspensión de tu licencia?—cuestiono Shun.

—técnicamente, ya estoy en el sistema como invidente, no entienden que no es así siempre, agh, el papeleo es tan inútil y estupido

—Mentes cerradas—afirmó Seiya con decepción.

Bonus:

Shun y Saori comían un bocadillo en uno de los balcones de la mansión, tanto ella como los caballeros de bronce volverían a Grecia al día siguiente, pues habían cumplido con casi todas las diligencias y papeleo pendiente por hacer—eso y un merecido y secreto descanso—, Tatsumi tranquilamente podría encargarse del sobrante por su cuenta.

—Entonces Shun, ¿Porque no sabes conducir?—preguntó la diosa con curiosidad.

El caballero la miró extrañado.

—¿De que hablas?, Por supuesto que sé hacerlo—contestó sin pensar.

Athena asintió empezando a unir los puntos.

—Asumiré que tienes licencia—el chico solo se encogió de hombros y ocultó su sonrisa metiéndose una galleta en la boca.

La inquietud de Seiya lo desconcentraba.

Shiryu era un compañero de carretera un tanto intenso.

Honestamente aveces sentía ganas de sedar a Hyoga antes de salir para que no pudiera quejarse de la velocidad.

Y el estrés de Ikki lo hacía sentir estresado a el.

Estar manejando un vehículo en movimiento con cualquiera de sus amigos dentro, no sonaba para él.