LA EXTRAÑA ENFERMEDAD DE RON WEASLEY
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
Este fic participa en la actividad multifandom del foro Alas Negras, Palabras Negras.
Tabla 3: Escénica. Prompt: Enfermedad.
Tabla 7: Personajes. Prompt: Amigo del protagonista.
Tabla 8: Técnica. Prompt: Mary Sue o Gary Stu.
1
El séptimo cumpleaños de Rose Weasley
Papá es un desastre. Llega tarde a todos sitios, dice muchísimas palabrotas y se le está cayendo el pelo. Él intenta disimularlo, claro, pero Rose ha visto los cabellos anaranjados sobre la almohada. Y las entradas son más que evidentes.
Es su cumpleaños. Todo el mundo ha venido a su fiesta. Sus primos mayores y sus primos pequeños. Los abuelos muggles y los abuelos brujos. Todos sus tíos. Mamá. Papá, en cambio, no ha llegado aún. "Tiene que atender unos asuntos muy importantes en el Ministerio de Magia". No se traga la trola de los adultos.
Está sentada frente a la tarta de fresa, muy enfadada y con pocas ganas de soplar las venas. Papá llega entonces. "Joder, es tardísimo. Lo siento, cielo. Me cago en la puta. ¡Vaya horas!". Rose aparta la cara para que no le bese la mejilla. Tampoco dejará que le tire de las orejas. "¿Qué me he perdido?"
Está harta. Quiere que papá sea como el tío Harry, que habla correctamente y tiene una mata esplendorosa de pelo negro. Frunce el ceño y mira las llamitas de las velas. Antes de soplar, pide su deseo.
"Quiero que mi papá sea perfecto"
2
Pretérito pluscuamperfecto de Ronald Weasley
Tiene muchísimo sueño. Se ha pasado buena parte de la noche en vela, sujetando la frente de Hugo mientras vomitaba en el inodoro. Demasiadas emociones, demasiados juegos, demasiados dulces. El niño ha terminado durmiendo en su cama. Ron huyó a la tercera vomitona, asegurando que debía descansar para recibir a no sé qué futuros clientes de China. O algo similar.
Hermione bosteza, estira los brazos y las piernas y abre los ojos muy despacio. Hugo aparece en su campo visual. Pelo rojo, piel pecosa y nariz respingona. Aunque esté feo que ella lo diga, es el niño más guapo del mundo. Le acaricia una mejilla. Se levanta con todo el dolor de su corazón y su zona lumbar. Se frota los ojos de camino al cuarto de baño. ¡Qué horror de pelo! Se mete en la ducha y deja que el agua caiga sobre las cervicales. Menos mal que es sábado y no tiene que ir al Ministerio de Magia.
Se adecenta deprisa. Hay desayunos que preparar y niños que atender. Se recoge los cabellos en un moño apretado y se pone una camiseta y un pantalón vaquero. Nada de sujetador por el momento. Ella también se merece sentirse libre. Hugo sigue dormido. Rose también. Baja a la cocina y se lleva un buen susto.
Ron está allí. No debería tener nada de raro, pero su esposo nunca prepara el desayuno. Llevan diez años conviviendo y ni una sola vez se ha levantado temprano para cocinar. Además, no sabe si es cosa suya, pero tiene el guapo subido. ¡Joder! Muy subido de hecho. Su caballo anaranjado parece flotar sobre su cabeza como si fuera algodón. Sus brazos musculosos están a punto de romper la costura de su chaqueta. Y esa cara. ¿Desde cuándo ha tenido esa cara su marido?
Se queda boquiabierta. Sus ojos descienden un poco y, ¿es posible que a alguien se le vean los abdominales cuando lleva puestas una camisa blanca y un traje de lo más elegante? Por lo visto sí. Todo se vuelve aún más perturbador cuando Ron le sonríe y comienza a hablar. Podría protagonizar un anuncio de dentífrico.
—Buenos días, esposa querida. Esta mañana te ves muy hermosa. Mi corazón late desaforadamente en tu honor. ¿Quieres tomar asiento y aguardar hasta que termine de preparar el desayuno? He preparado las tostadas justo como a ti te gustan. He hecho zumo de naranja y he escogido personalmente las mejores piezas de fruta del supermercado. Si te apetece, puedes pedirme cualquier cosa que eches en falta. Vivo para servirte y hacerte feliz.
—¿Te encuentras bien, Ronald?
Aparta una silla para que Hermione pueda sentarse. Lo hace sin mucho convencimiento. Está claro que algo raro pasa.
—Mejor que nunca. Ten, amor mío, una servilleta.
Apenas puede pensar en nada mientras él comienza a servirle la comida. Está convencida de que será espantosa. Ron Weasley nunca ha cocinado, ni un mísero huevo frito. Hermione se prepara para conjurar una palangana y seguir el ejemplo nocturno de Hugo, pero, madre mía, esas tostadas son perfectas.
—¿Te gustan?
No puede ponerles ningún pero. Comienza a alarmarse un poco. ¿Estará soñando?
—Sí. Están riquísimas.
Justo en ese momento, se escucha jaleo en el piso superior. Los niños. Resignada ante lo inevitable, Hermione se dispone a ponerse en pie, pero Ron se le adelanta con un gesto.
—Yo me ocupo de esos pequeños granujillas. Hace muchísimo tiempo que no les doy un baño matutino y me apetece escoger el mejor vestido de Rose. ¿Crees que me lo permitirá?
No sabe qué decir. No recuerda la última vez que ese hombre se encargó de bañar a los niños. En cuanto a la moda infantil, nunca ha sido de su interés. Si por él fuera, vestiría a sus hijos con un taparrabos y problema resuelto.
Hermione lo ve desaparecer de su campo visual. Tiene que averiguar qué está ocurriendo. Por la noche, su esposo no era más que Ronald Weasley y ahora se encuentra ante un hombre guapísimo y educadísimo que cocina bien y se ocupa de los niños.
Huele a chamusquina.
3
Las sospechas del Dúo Dorado
Las carcajadas de Ron suenan como engoladas. Carga a James sobre sus hombros y corre por el jardín, perseguido por cuatro diminutas centellas. Sus cabellos se mecen suavemente al son que marca la brisa vespertina y sus ojos están repletos de sagacidad y simpatía.
Hermione le da un codazo a Harry.
—¿Entiendes ahora lo que te estoy diciendo?
El brujo se masajea el cuello. Asiente.
—Ron parece tan… perfecto.
Ha llegado a Grimmauld Place engalanado con un traje que le sienta fenomenal. Ha levantado en vilo a cinco niños al mismo tiempo. Ha realizado un pequeño simposio sobre comercio internacional. Incluso ha pronunciado unas cuantas palabras en chino, todo ello con esa apariencia de tío atractivo que parece sacado de una película de Hollywood. Hermione está muy harta de él y le alegra que Harry comprenda la magnitud del problema.
—Pero, ¿no te quejas siempre porque Ron es un desastre?
Es verdad. La sacan de quicio su impuntualidad, lo grosero que es y su absoluta falta de empatía. Hay muchas cosas muy mejorables en Ron Weasley, pero ya son muchos años juntos y ha aprendido a quererlo tal y como es. Esa nueva versión la saca de quicio.
—No lo soporto. Es pedante, perfeccionista y todo el mundo se le queda mirando cuando vamos por la calle. ¡Quieren acostarse con él!
—¿No estás exagerando un poquito?
—No. Le pasa algo. Lo sé.
—¿Algo como qué?
Ha estado investigando, por supuesto. Agita la varita y conjura un libro sobre sanación que debe tener como cinco mil páginas. O más. Con suma dificultad, lo abre por algún capítulo de la zona media y le señala un párrafo. Harry lee en voz alta.
—Mal de Mary Sue o Gary Stu. Es una enfermedad mágica provocada por un blibbering humdinger. El mago o bruja que reciben su picotazo, adquieren el don de la perfección hasta que son consumidos por la misma. Mortal de necesidad.
Harry se estremece. No sabe de dónde ha sacado Hermione ese libraco, pero no le gusta lo que lee.
—¿El blibbering humdinger existe?
—Eso es lo de menos. Creo que Ron corre peligro de muerte.
Harry vuelve a rascarse el cuello.
—Pero si esa criatura no existe, no ha podido transmitirle ninguna enfermedad.
Hermione suspira, irritada e impaciente.
—Sabes que no soy una persona proclive a creer en seres imaginarios, pero es evidente que a Ron le ocurre algo y esta es la única explicación que he encontrado. Antes de venir he intentado convencerle para ir a San Mungo, pero no me hace ni caso. —Coloca una mano sobre el brazo de su amigo—. Por favor, tienes que ayudarme. Estoy muy preocupada.
Ronald Weasley elige ese momento para ponerse a cantar una canción. Tiene una guitarra en las manos (a saber, de dónde ha salido) y toca como todo un profesional de la música. En cuanto a su voz, es una maravilla. Harry frunce el ceño. Debe reconocer que eso es rarísimo. Encandila a los niños como si fuese el flautista de Hamelín.
—¿Te das cuenta? Tenemos que curarlo. No me quiero quedar viuda.
Hermione Granger se ha equivocado muy pocas veces a lo largo de su vida, así que se ve impelido a ayudarla. Todo sea por salvar la vida de aquel que es mucho más que un amigo para él. Es su hermano.
4
El despertar de Ron. Solo Ron
Le duele la cabeza. Tiene la boca seca. Sus brazos están sujetos a la cama.
—¿Qué cojones está pasando?
Hermione sonríe. ¡Ese es su Ron! Se acerca a él, colocándose en su campo visual. Le acaricia el cabello. Como siga así, pronto estará tan calvo como su padre. Piensa hacerle una recomendación muy muggle: rápate la cabeza.
—Ya estás despierto. Bienvenido, Ronald.
No entiende nada. Frunce el ceño.
—¿Por qué me dices eso?
—Es una historia larga de contar. Has estado bajo el embrujo de una infección mágica, pero ya te has recuperado casi por completo. Los sanadores dicen que poco a poco recuperarás la memoria. Tú sólo preocúpate por descansar.
¿Qué puñetas? Sigue sin comprender una mierda. Tira de los brazos hacia arriba.
—¿Por qué estoy atado? ¡Suéltame!
—Aún es demasiado pronto. Tu organismo no ha eliminado todo el veneno y podrías sufrir una recaída. Mañana por la mañana, si todo sale según lo previsto, podremos liberarte.
—Pero tengo que ir al baño.
—Entonces te ayudaré.
Tarda un instante en ser consciente de lo que ella está diciendo. Se siente horrorizado.
—¡Eso es humillante!
—Pero aún sería hacértelo encima, ¿no crees? Espera un momento.
Le da un beso en la mejilla. Ron contempla con amargura esa manchita que hay en el techo de la habitación. Odia San Mungo, a los sanadores y esas sábanas tan ásperas. Odia estar enfermo y, ante todo, odia no tener ni puta idea de lo que le está pasando. Lo último que recuerda es que estaba en el cumpleaños de Rose y le picó un mosquito. Y ahora, esto.
Cuando Hermione regresa, comprueba que las cosas pueden ir a peor.
—Promete que harás que me olvide esto.
Le sonríe con indulgencia. Un nuevo beso, esa vez en los labios.
—Por supuesto, Ronald. Lo que tú quieras.
5
Un papá ni fu ni fa
Papá tiene un nuevo corte de pelo. O eso dice él, porque a Rose le parece que lo que no tiene es cabello. Para compensar, se ha dejado crecer la barba. Está guapo. No tanto como el tío Harry, pero podrá presumir de él cuando vaya a recogerla al cole. Y es que papá ahora tiene tiempo para hacer esas cosas y a Rose le encanta muchísimo.
También le gusta el reloj nuevo que se ha comprado. Así no tendrás excusas para llegar tarde. Y se corta un poco a la hora de decir palabrotas, aunque siempre tiene el Joder en la boca. Ahora, es el encargado de darles un baño por las noches, justo antes de leerles el cuento de dormir. Y los fines de semana ya no va a trabajar. Ahora salen de excursión y juegan al fútbol porque volar en escoba está prohibido en el mundo muggle y a Rose y a Hugo les encantan los parques que hay cerca de la casa de los abuelos Granger.
Puede que papá no sea el padre perfecto. Está calvo, se rompe los pantalones con mucha facilidad, bebe directamente de la botella de leche y no sabe cocinar, pero a Rose le gusta tal y como es ahora. Le encanta cómo imita las voces de los personajes de los cuentos y flipa del todo cuando sobrevuelan la Madriguera en su escoba voladora. Puede morirse de la risa cuando juegan a las cosquillas y es el mejor del mundo cazando gnomos de jardín. Puede que tenga un papá ni fu ni fa, pero no lo cambiaría por nada.
