"Buenos días amor", dijo ella, acariciando suavemente su cabello.

"buenos días", respondió, aún sin abrir los ojos y darse cuenta de que era tarde.

"qué amanecer más hermoso, pero todavía me pregunto, por qué no te fuiste anoche", cuestionó muy sorprendida, en el tiempo que llevaban de relación, nunca se había quedado hasta el amanecer.

"estoy cansado de esconderme, soy un hombre que necesita vivir", no recibió respuesta, solo sintió que la mujer a su lado lo besó apasionadamente que duró más de lo que planearon.

"creo que debes irte, es tarde y debemos trabajar", detuvo el beso y ambos protestaron.

"tienes razón y estoy retrasado", le dio un corto beso en los labios y se levantó para vestirse.

"¿te veré hoy?", le preguntó escurriéndose de la cama para acariciarlo desde atrás y quedare pegada a sus espaldas impidiéndole que continuara con su labor de ponerse ropa.

"te llamo", fue lo único que dijo, tenía una extraña sensación y no quería que se preocupara.

"Te amo David", fue una sorpresa que ella le confesara sus sentimientos, no llevaban mucho tiempo saliendo, pero tal vez, era él quien todavía no estaba listo ni para escuchar una confesión así, ni mucho menos, para confesar lo mismo, solo la tomó de las manos y la atrajo a otro beso, no quería que se sintiera despreciada, no era así.

"tengo un día complicado en la empresa", pretexto perfecto para salir de ahí, inmediatamente.

"estaré contando las horas", fue su despedida y cada cual comenzó su día, después de haber pasado una excelente noche juntos.

Muy temprano recibió una visita en su habitación del hotel donde se quedaba desde su llegada a la ciudad, ahora conversaban de temas importantes para que sus planes se concretaran.

"aquí tienes tu boleto de entrada a la mansión", le ofreció una bella invitación color plateada que decía en letras doradas, INVITADA, tenía que entrar sin ser advertida a esa fiesta y ahora tenía la solución en sus manos.

"Gracias Graham, eres un buen amigo", le agradeció con una gran sonrisa y el hombre quedó totalmente embobecido, sabía muy bien que, su abogado y amigo se estaba interesando en ella, solo que no tenía tiempo para pensar en temas sentimentales, tenía mucho que resolver antes de abrirse para el amor, el que pensaba jamás volvería a tener en su vida, se sentía tan rota y tan vacía que no podía darse el lujo de hacer sufrir a un corazón inocente.

"para eso me contrataste, estoy cumpliendo con mi trabajo", contestó muy serio, era obvio que no quería molestarla con sus intentos de que desistiera con sus planes, le había dejado bien claro que no se rendiría hasta lograr sus objetivos.

"ahora debo prepararme para la ocasión, ni modo que entre a la mansión Nolan con estas fachas, ¿no crees?", bromeó y ambos rieron.

"debo atender otro caso, nos mantendremos en contacto", dijo antes de salir de la habitación.

Cuando se quedó sola, se preparó para salir, necesitaba ir de compras, pero antes, bebía visitar a una persona.

Salió del hotel, pidió un taxi que la llevó justo a donde quería ir, se bajó, agradeció al chofer y se dirigió hasta la recepción.

"buenos días, ¿se encuentra el presidente de la empresa?", no podía creerlo, parecía que los años no hubiesen pasado.

"el señor todavía no llega, ¿desea esperarlo?", la secretaria, quien era una hermosa jovencita la recibió con mucha amabilidad.

"volveré después, no se preocupe", dio media vuelta para marchare, pero una voz masculina la hizo detenerse.

"¿ocurre algo Ruby?", pasaba por ahí de casualidad y escuchó la conversación.

"la señora quiere ver al señor Nolan", explicó la jovencita.

"¿es por algún negocio?", preguntó muy profesionalmente, le parecía muy conocido, pero no lograba asociarlo.

"vendré luego", solo quería hablar con una persona.

"insisto, venga conmigo", el muchacho, podía ser su hijo, pero se veía muy educado y preparado a simple vista.

No quiso ser grosera y lo siguió, le ofreció asiento y algo de tomar, solo que ella no aceptó, la oficina estaba perfectamente decorada al estilo de un caballero de negocios, no pudo dejar de resaltar ese detalle.

"muy hermosa la decoración", elogió ella sin parecer atrevida.

"muchas gracias, permítame presentarme, James Nolan, soy so…", no pudo terminar de hablar, la mujer misteriosa, salió de su oficina sin previo aviso, todo fue tan rápido que ni tiempo tuvo para reaccionar, se quedó congelado en su lugar y para cuando el asombro terminó y pudo caminar y hablar, se había retirado de la empresa, le preguntó a la secretaria y también le resultaba muy raro que saliera como alma que llevaba el diablo, solo le quedaba el consuelo de que alguna vez la volvería a ver, quedó impactado por su belleza y su sola presencia lo hizo vibrar, ninguna mujer le había provocado esa sensación.

Una hora después, la empresa comenzó con los movimientos diarios.

"buenos días Ruby", saludó a su llegada.

"buenos días señor", le extrañaba que llegara tarde, siempre llegaba de primero a la empresa y quien último se marchaba, no era en vano que todos los empleados lo respetaban por su devoción y responsabilidad ante el trabajo.

"¿alguna novedad?", era costumbre preguntar.

"vino buscándolo una señora, pero James fue quien habló con ella", la única novedad era esa.

"avísale que he llegado", ordenó y fue directo a su oficina.

"con permiso", no habían transcurrido ni diez minutos cuando la voz del joven se escuchó, "tío, buenos días, necesitamos hablar", entró, cerró la puerta de la oficina presidencial y se sentó justo frente a él.

"buenos días, ¿conoces a la mujer que vino a buscarme?", preguntó sin rodeos.

"nunca la había visto, pero de seguro que la volveremos a ver", informó sus sospechas, la visita de aquella bella mujer que se escapó ante la sola mención de su nombre, le causaba mucha curiosidad, ni tiempo tuvo de presentarse, no sabía quién era, pero de algo estaba muy seguro, buscaría hasta debajo de las piedras para encontrarla.

"¿de qué hablas?", preguntó muy curioso, los ojos de su sobrino soltaban chispas como fuegos artificiales.

"quería verte, la invité a mi oficina, mencioné mi nombre y salió sin siquiera dejar algún mensaje, ni su nombre", explicó y su tío, solo miraba atentamente sus ojos, ¿sería que en su rostro había algo nuevo que no sabía?, no estaba dispuesto a preguntar, por lo que no dijo más.

"perdón la tardanza", rezaba que todavía no fuera tarde para la reunión que tenía programada con su amigo.

"Killian, adelante", respondió, la llegada de su amigo lo disoció por completo de la noticia que le había acabado de dar su sobrino, si la mujer misteriosa quería verlo, ya sabía dónde encontrarlo.

"nos vemos luego", dijo James dirigiéndose hasta la puerta, Killian, era el abogado de la empresa, quien llevaba los asuntos legales, lo conocía desde pequeño, era como otro tío para él, pero trataba de estar lo más alejado posible, siempre tenía la ligera impresión de que ocultaba algo, su comportamiento era sombrío y no le gustaba.

Ambos amigos se quedaron conversando, tenían que ultimar los detalles de la fiesta, debía ser perfecta.

Tres días transcurrieron de su visita a la empresa Nolan, tres días de que se escapara como una fugitiva, pero hoy era momento de brillar, se preparaba para la ocasión, optó por usar un juego de gargantilla, aretes y pulsa, plateadas, en combinación con sus zapatos y su monedero, luciría un vestido largo y desmangado color rojo, tenía una abertura en el lado derecho que le permitía caminar sin dificultad, se ajustaba perfectamente a su figura, su cabello estaría recogido en un peinado sencillo que dejaba algunos mechones adornando su rostro, cuando echó un último vistazo al espejo y le agradó su aspecto, recibió una llamada, anunciando que su transporte la esperaba en la entrada, cerró su habitación, entró en el elevador hasta llegar al primer piso, luego caminó por todo el lobby del hotel hasta la entrada, sintió el peso de algunos ojos que no dejaban de mirarla, hacía mucho tiempo que no provocaba esa sensación y estaba orgullosa por eso, señal de que la noche comenzaba tal y como lo imaginaba.

La limosina que había rentado, no tardó en llegar, la fiesta había comenzado, la mansión elegantemente decorada, la pista de baile muy animada y al bajarse lentamente muchos se quedaron observándola también.

Logró ver algunos rostros conocidos, pero dudaba que se hubiesen percatado de su presencia, buscó un trago de champan para relajarse, la noche recién comenzaba.

"atención", la música se detuvo de inmediato y la mirada de todos se dirigió a la pista de baile.

"mi hermana y yo tenemos el placer de presentarles al anfitrión de esta hermosa recepción, con ustedes, nuestro padre, David Nolan", se notaba la complicidad de los jovencitos con su padre.

"gracias hijos míos", no dudó en darles un beso protector en sus frentes, los amaba demasiado, ambos lo dejaron solo y continuó con su discurso, "he decidido compartir este momento tan importante en mi vida con ustedes, quiero que sean testigos de mi felicidad porque me comprometeré en casamiento con una bella mujer quien me ama", los aplausos de la multitud no se hicieron esperar, aprovechó para hacerle una seña a la mujer para que subiera con él hasta la pista donde una luz muy brillante los iluminaba, permitiéndoles ser, literalmente, las estrellas de la fiesta, "Margaret Blanchard, ¿aceptas casarte conmigo?", se hincó ante ella, sacó de su bolsillo una pequeña cajita con un anillo de brillantes e hizo la pregunta.

No sabía qué contestaría, pensaba que esta fiesta era una más que los hijos de David habían planeado para divertirse, "acepto", no dudó en responder, se había enamorado de él desde la primera vez que hablaron y ahora su sueño se estaba haciendo realidad.

La escena era conmovedora, dos enamorados confesándose su amor, pero ella debía poner en marcha sus planes, se alejó un poco de los invitados quienes admiraban que los recién comprometidos bailaban muy apretaditos en medio de la pista, sin darse cuenta, una lágrima comenzó a mojar su mejilla, y una punzada se clavó en su corazón, robándole el aliento no entendía la razón, no podía llorar, ni mostrarse débil, no ahora, había llegado muy lejos como para flaquear, rápidamente recobró la compostura y siguió caminando hasta que entró a la mansión, no podía estar más maravillada por lo que veían sus ojos, nada había cambiado, excepto que justo encima de la chimenea había un retrato de una mujer que no conocía, le pareció muy raro, se entretuvo a mirarla y fue sorprendida inesperadamente.

"¿niña?", esa voz dulce y fina, la reconocería en cualquier sitio, era su nana Eugenia, una de las personas más importantes en su vida.

Se volteó para estar frente a ella y ahora sí, no pudo contener el llanto y de inmediato los brazos protectores de la anciana, la envolvieron fuertemente, se sentía como en casa, aunque era irónico decirlo.

Todo su cuerpo temblaba, necesitaba tiempo para recomponerse y lo tuvo, pero no podían verla, por lo que todavía entre sollozos, se separó del abrazo y la anciana terminó de limpiarle las lágrimas restantes.

"vamos al estudio", dijo tomándola de la mano para que ambas caminaran juntas.

"¿cómo entraste?, tengo entendido que la lista de invitados fue restringida", era cierto, pero con dinero, el mundo gira.

"eso no importa ahora, hazles saber que estoy aquí, no te involucres", la anciana asintió y la dejó a solas, la conocía como la palma de su mano, por lo que no era necesario dar muchas explicaciones.

La fiesta estaba muy animada, ahora conversaba con su amigo Killian, la única persona que nunca le dio la espalda cuando más lo necesitó, era por eso que se sentía agradecido.

"Señor Nolan, me pidieron que le entregara esto", uno de los meseros se acercó a ellos y le entregó una pequeña nota, la que le pareció muy sospechosa al leerla, lo mandaban a buscar desde la mansión específicamente desde su estudio y eso no era lo más curioso, también requerían la presencia de su amigo, ambos fueron y al llegar no encontraron nada fuera de lugar, excepto por la persona que los esperaba al abrir la puerta del estudio.

"¡Regina!", estaba de espaldas cuando entraron, pero era imposible no reconocerla.

"tanto tiempo", respondió muy sarcástica, como si le diera placer verlos nuevamente, algo que no era cierto.

"¿qué haces aquí?", la sorpresa fue mucha, las palabras se quedaron en su garganta sin poder salir.

"la que hace las preguntas, soy yo", su voz carecía de emoción.

"no has cambiado en nada", intervino Killian, la llama se había encendido.

"nadie pidió tu opinión, estás aquí porque sigues bajo las faldas de David, por lo que tienes que escuchar lo único que vine a decirles, por hoy, porque nos volveremos a ver, de eso pueden estar seguros", lo miró muy desafiante.

"no llegas a mi casa tratando mal a mis amigos", puntualizó David, estaba impactado por su presencia, pero no lo demostraría.

"¿tu casa?, no me hagas reír, David, por favor, pero ese no es el punto ahora, solo quería decirles que, si le dicen una sola palabra de todo a James, me conocerán", amenazó y la risa de Killian, no se hizo esperar.

"¿cómo piensas que los mantendremos alejados de la verdad, ahora que estás aquí?", su pregunta fue muy burlona, quería desaparecerlo de inmediato, pero prefería mantenerlo cerca.

"Killian, déjanos solos", demandó David, muy serio, en el fondo le agradecía, porque su presencia la exasperaba.

"pero…", quiso protestar y David se acercó a la puerta para que saliera, no la cerró hasta cerciorarse de que había salido de la casa y cerró el estudio con llave para no ser molestado.

"ahora sí Regina, ¿a qué viniste?", se acercó a ella a pasos agigantados.

"vine a recuperar lo que me pertenece", le sostuvo la mirada, aunque todo su cuerpo temblaba, nunca contó con que se derrumbaría por tenerlo tan cerca nuevamente, fue como si renaciera de las cenizas, pero eso no se lo demostraría.

"aquí ya no hay nada tuyo, ese derecho lo perdiste hace doce años", lo último lo dijo con una entonación diferente.

"eso lo veremos", fueron sus únicas palabras, estar a solas y encerrada en el estudio con él, la debilitaban, por lo que se dispuso a salir, pero fue detenida por las fuertes manos de David quien, en un sencillo movimiento, la atrajo a su cuerpo y sin darse cuenta, ahora estaban a nada de besarse, pero pudo mantener la cordura.

"vete, no tienes nada que hacer aquí", la miró profundamente como si nunca lo hubiese dejado de hacer, tenerla de nuevo entre sus brazos, despertó algo en su interior, algo que creyó muerto, su perfume, su aliento, sus ojos, la estrechez de su cintura entre sus manos, la tentación de unir sus labios en un beso arrebatador que le borrara esa altivez con que lo miraba, le estaban ganado la pelea y ella lo sabía, detallaba con precisión, su rostro y comenzó a luchar para desprenderse, no se resistió y la liberó, se había acabado de comprometer en matrimonio, no podía estar sintiendo todo eso, no ahora.

"espera noticias mías, ah y ni sueñes que me iré, así que ve quitando esa idea de tu cabeza", abrió la puerta del estudio y lo dejó perdido en una batalla de pensamientos, que ni siquiera le permitió responder.

Trató de salir sin ser vista, por lo que la puerta trasera, era la mejor opción, o eso creía, al llegar a la cocina una conversación terminó por derrumbar la poca defensa que le quedaba intacta.

"no comas tantos chocolates", lo regañó Eugenia, siempre decía lo mismo.

"no le hagas caso a nuestra viejita favorita, Henry, tú solo te liberas de sus regaños diciéndole que mamá nos enseñó a comer chocolate, que era su golosina favorita y nosotros no dejaremos de hacer nada de lo que ella amaba, así mantenemos su memoria intacta", argumentó, dando otra mordida al turrón de chocolate que tenía en la mano, ambos habían salido un rato de la fiesta, querían que su padre rehiciera su vida, pero no soportaban la idea de que alguien ocupara el lugar de su madre, eso para ellos era imperdonable.

"vamos Emma, que, al parecer, dejamos a la viejita sin argumentos, parece que mamá, aún después de muerta, conserva su poder en esta casa", bromeó Henry y ambos rieron, solo que Eugenia no tenía muchos deseos de seguirle el juego, la presencia de Regina en la mansión, la desequilibró por completo.

Los muchachos se alejaron victoriosos, le habían ganado la pelea a su nana, era un gran avance, pero un pequeño sollozo, no le permitió pensar que esos muchachos le sacarían más canas de las que ya lucía, con mucho orgullo, siguió el sonido y ahí estaba, deshecha en lágrimas y no dudó en estrecharla nuevamente entre sus brazos, era obvio que había escuchado la conversación.

"¿creen que su madre está muerta?", se aferraba con fuerza a los brazos de la anciana quien no podía hablar al verla derrumbada de esa forma, "la mujer del retrato…", Eugenia la detuvo, sabía lo que diría y quería evitar que su sufrimiento aumentara, por lo que la interrumpió.

"no te tortures más mi niña, regresaste, eso es lo que importa", le dio un beso en la frente y Regina no podía estar más agradecida.

"debo irme", ambas se miraron y no fue necesario decir palabra, Regina salió de la mansión en la limosina y por el camino las lágrimas no dejaban de caer, esa noche había comenzado su lucha ante la cual debía ser muy fuerte, no era fácil a lo que se enfrentaría.

La inesperada visita, no se le quitaba de la mente, se imaginó de todo, menos reencontrarse con Regina, por más que intentó distraerse, no pudo, hasta tuvo que negarse a pasar la noche con su prometida, necesitaba tiempo para procesar la información, fue imposible, los recuerdos de la mujer que atormentaba sus sueños, se sentían más vivos que nunca, su contacto en el estudio fue efímero, pero duró lo suficiente como para hacerlo dudar hasta de su nombre.

La mañana siguiente, fue tan rutinaria como siempre, sus hijos fueron para el colegio y él para la empresa, tuvo par de reuniones de negocios, quería comenzar una inversión sumamente importante con una empresa extranjera y debía prepararlo todo para la llegada de su nuevos socios, se mantuvo en su oficina sin salir, y dejó dicho a Ruby que no recibiría visitas, no tenía ánimos de hablar con nadie, pero el destino es caprichoso, cuando menos lo esperó, la puerta de su oficina se abrió, dando paso a la imponente figura de quien ocupaba sus pensamientos y no lo dejaba concentrarse.

"Señora, le dije que el Señor Nolan no está recibiendo visitas", no podía esperar para tener una charla con él, por lo que estaba decidida a que la recibiera, así que fue directo a su oficina al llegar a la empresa, sin escuchar ni una sola palabra de la secretaria.

"Ruby, no te preocupes, recibiré a la señora", dijo sin dejar de mirar a Regina.

Al quedar solos, David la invitó a que tomara asiento.

"¿a qué debo el honor de tu visita?", no pudo evitar admirar su atuendo, un vestido azul entallado que cubría hasta encima de sus rodillas, un blazer blanco, los zapatos y la cartera a juego, se veía elegantísima y hermosísima.

"¿cómo te atreviste?, no te creí capaz de semejante atrocidad", la furia de su voz era evidente.

"¿a qué te refieres?", estaba muy confundido.

"le dijiste a los muchachos que su madre está muerta y les pusiste un retrato para que la veneraran", la absurda idea le quitó el sueño toda la noche.

"mis hijos necesitaban amar a su madre, me quedé solo con ellos, hice lo que creí mejor, además, no te debo ninguna explicación", argumentó muy parsimonioso.

"te equivocas, todavía no comienzo a exigir por lo que es mío", le rebatió.

"tus amenazas no me dan miedo", intentaba mantenerse calmado.

"quiero mi lugar en la empresa", cambió de tema sin previo aviso.

"ayer te dije que aquí no tienes nada", mantuvo su posición, pero no sabía cuánto podría alargar lo inevitable, su regreso lo cambiaba todo.

"mañana vendré a trabajar, más te vale tener mi oficina desocupada", haría valer sus derechos y no quería esperar.

"¿para eso viniste, para destruirnos?", tocó su punto débil.

"solo te devuelvo el golpe, te encargaste de matarme, lenta y tortuosamente, durante doce años", quería gritarle por haber sido un cobarde y darle la espalda, pero no podía darle el gusto de verla vulnerable.

"papá, invitamos a …", los hijos de David interrumpieron la conversación.

Quería que la tierra se abriera en ese momento, sus piernas se debilitaron y su aliento se esfumó, tuvo que hacer un gran esfuerzo para no desmayarse y lo peor fue que David se dio cuenta, la conocía como la palma de su mano, nunca, por más que intentó, pudo esconderle sus sentimientos, la podía leer como un libro abierto.

"Henry, Emma, conozcan a Regina Mills", los muchachos entraron a la oficina para saludarla.

"un placer", dijeron a la misma vez y le extendieron la mano, les siguió el saludo, no lo podía creer, había esperado este momento, lo había soñado tantas veces que ahora creía que la realidad la traicionaba.

"son hermosos", su emoción la sobrepasaba.

"al fin los encuentro", James, sin darse cuenta, la salvó de un colapso sentimental.

"señora, sabía que volveríamos a encontrarnos", la miró a lo ojos con un brillo que supo descifrar perfectamente.

"James, ¿cómo has estado?", muchas emociones juntas la tenían descontrolada.

"al fin conocemos a la protagonista de los sueños de James", exclamó Emma quien era la más jovencita y la más espontánea.

"ni siquiera supe su nombre", James fulminó con la mirada a su prima y David no perdió ni un detalle de lo que ocurría.

"papá nos la presentaba antes de que llegaras, pero tengo la ligera impresión de que ya la conocemos", comentó Henry, siempre tan inteligente y perceptivo.

"Regina Mills es su nombre", repitió David con un tono que conocía muy bien.

"nombre de reina, bien merecido", la elogió James y recibió la mirada inquisidora de David, sus primos no pudieron disimular la risa por lo embobecido que estaba ante su presencia.

"David, nos vemos mañana", decidió terminar con el momento incómodo y salió de la oficina, pero alguien la seguía y no se percató.

"¡Regina!", se detuvo de inmediato, "esta noche, mis primos y yo preparamos una cena en la mansión por el comienzo del verano, ¿quieres ser mi invitada?", no sabía la reacción de David, pero no le importaba.

"sería un placer acompañarte", fue una sorpresa que aceptara, sus ojos brillaron de la alegría, acordaron los detalles para encontrarse y se fue directo a su hotel.

Justo a las siete y media de la noche, James la fue a recoger, muy puntual y muy caballero, el jovencito quedó boquiabierto al verla, estaba radiante y lo sabía.

En la mansión había un gran revuelo, David no tenía conocimiento de los planes de sus hijos, pero terminó cediendo ante sus caprichos, estaba orgulloso de ellos, eran muy estudiosos y dedicados, no tenía queja de su comportamiento, Henry, estudiaba pintura en la Academia de Artes Plásticas y Emma cursaba la Preparatoria, ambos tenían mucho de su madre y pensar en ella era inevitable cuando compartía con ellos momentos como este.

Por suerte, Eugenia, quien los complacía en todo porque los amaba mucho, colaboró también para que la cena estuviera lista a tiempo.

"mi amor", la voz de Margaret lo sorprendió mientras degustaba de un maravilloso vino tinto.

"qué sorpresa, no sabía que vendrías", comentó y Margaret lo besó sin darle tiempo a que reaccionara, Eugenia, quien permanecía frente a la puerta, presenció toda la escena.

"¡buenas noches!", esa voz, sacó a la anciana de su asombro para casi provocarle un ataque al corazón.

"espero hayas cocinado algo delicioso que alabé tus habilidades culinarias, no me puedes hacer quedar mal", intervino James, mientras Regina observaba la escena entre David y su prometida, quienes estaban tan deleitados en su beso, que ni cuenta se dieron de su llegada.

"tus primos fueron muy exquisitos en la selección del menú", rezaba para poder tener las fuerzas necesarias, para disimular ante la presencia de Regina.

"tan exigentes como siempre", comentó James y Eugenia se aclaró la garganta, desviando la mirada de Regina en su dirección.

"no pueden negar sus genes", bromeó la anciana y ambos rieron, Regina permaneció inerte, parecía estatua.

"muero de hambre", comentó Henry mientras bajaba las escaleras junto a su hermana.

"ya están listos", David rompió el beso cuando escuchó la voz de su hijo.

"y tú estás bien acompañado, ¿te gustó la sorpresa?", comentó Emma.

"ellos me invitaron, mi amor", dijo Margaret acariciando su cabello.

"¿quién quiere degustar del manjar que nuestra viejita favorita ha preparado?", bromeó James, tomando a Regina del brazo para que todos advirtieran su presencia.

"por lo que veo, papá no es el único quien está bien acompañado", Henry acotó.

"espero que no se molesten por mi atrevimiento", no les avisó de su invitación de última hora.

"es usted bienvenida", Emma se apresuró a saludarla al igual que su hermano, David, quien sostenía la mano de su prometida, la soltó de inmediato advirtió su presencia, la cual no era muy bien recibida, lo notó en sus ojos.

"la cena está lista", una vez más, Eugenia salvó el momento incómodo.

Pasaron al comedor, disfrutaron de los exquisitos platos cocidos por la nana, James se desvivió en atenciones con Regina, sus primos no paraban de hablar de sus planes para disfrutar del verano, Margaret, intentaba contentar a David, quien claramente continuaba tenso y no dejaba de observar la desbordante alegría con que James atendía a su invitada.

Pasaron al estudio cuando la cena culminó, sirvieron vino para todos y las conversaciones continuaban, se les ocurrió retarse al ajedrez, siempre que se unían, no se rendían en demostrare sus habilidades en el juego, era muy divertido admirarlos.

David, en un momento, salió con Margaret quien lo animó para que pasaran un momento a solas, hasta que se retiró de la mansión, debía trabajar al otro día y su departamento quedaba un poco lejos, al regresar, el ambiente estaba de lo más animado, hasta Regina se había sumado al torneo.

"quien gane al final, se enfrentará con papá, nunca hemos podido vencerle", comentó Emma y reían a carcajadas, acababa de perder frente a James, quien se enfrentaba con su hermano y luego sería el turno de Regina, quien parecía muy animada, solo que no mencionó palabra, solo admiraba la escena tan familiar.

"Jaque mate", se escuchó la voz de Henry, señal de que había derrotado a su primo.

"es tu turno Regina, no te será fácil ganarle al primo, de los tres es el mejor", dijo James ayudando a reorganizar el tablero y cediendo su lugar, para que comenzara el duelo, el que efectivamente, no fue fácil, pero sin decir mucho, con par de movimientos totalmente inesperados por el joven, Regina ganó la partida, dejando boquiabiertos a todos, menos a David, quien obviamente previó lo ocurrido.

"solo papá le gana a Henry, ¿cómo es posible?", Emma estaba sorprendida, "tendrás que mostrarme esos movimientos", de atrevida, como siempre, comentó.

"me encantaría", respondió Regina, ese momento era hermoso, todos reunidos y disfrutando en familia, como debía ser.

"creo que es mi turno", David se paró de su asiento para ocupar las fichas negras del tablero de ajedrez.

"¿quieren otra ronda de vino?", ofreció James.

"claro, este torneo está interesante", dijo Henry y ambos abrieron otra botella de vino y llenaron las copas con ayuda de Emma.

"¿estás segura de que quieres hacer esto?, ganarte será fácil", alardeó bien bajito para que no los escucharan, pero Regina no le dio el gusto de saberse derrotada, solo hizo su primer movimiento, respondiendo así su pregunta.

Se sentaron en silencio admirando el intercambio entre ambos, David se veía muy confiado, parecía que habían estado en esta situación antes.

"Jaque", expresó después de unos minutos de juego, los muchachos ovacionaron a su padre, solo que aún no acababa, "casi te gano", se negaba a quedarse callado, pero ella no cedía ante sus provocaciones.

Otros largos diez minutos transcurrieron y el duelo continuaba, hasta que…

"Jaque… mate", todos se pararon de sus asientos.

"pero, ¿cómo?, tenía el partido ganado", cuestionó David, era un mal perdedor, siempre decía lo mismo, podía recitar sus palabras una y otra vez.

"asombroso, quien único le ganaba papá, era mamá", comentó Emma y David no pudo evitar mirar a Regina, quien respondió de la misma manera, esa mirada fue intensa y aterradora, no se molestaron en disimular su conexión, ninguno de los dos quería que terminara, estaban tan cerca, pero a kilómetros de distancia.

"debo irme", Regina rompió el intercambio, el momento se complicaba y no estaba preparada.

"te llevo", dijeron David y James al mismo tiempo.

"me iré en taxi, les agradezco", quería evitar otro problema, conocía muy bien a David.

"pido el taxi", se ofreció Emma y todos se despidieron.

Esa noche fue muy tormentosa, haber entrado a la mansión por la puerta ancha y haber compartido esos momentos, revivieron en ella, sentimientos que creyó muertos y con ellos algunos recuerdos que prefería borrar.

Era su aniversario de bodas y habían organizado una gran fiesta en la mansión, compartían su alegría y su felicidad, su amor era inmenso, después de bailar sin cansancio por varias horas, anunció a su esposo que se cambiaría los incómodos tacones porque planeaba no parar de bailar durante el resto de la noche y él, quien la complacía en todos sus caprichos, no se negó, antes de separarse, se besaron hasta perder el aliento, ahora conversaba con sus amigos, mientras ella echaba un vistazo en la mansión para asegurarse de que todo estuviera tranquilo, como solo a ella le gustaba, de camino a su habitación ,sintió unos ruidos, que la paralizaron en el lugar, hasta que escuchó que alguien pedía ayuda, corrió y al entrar, en el suelo yacía, en medio de un charco de sangre, un cuerpo, el que no alcanzaba a distinguir por la oscuridad, al encender la luz, pudo ver con claridad, en su pecho tenía clavada una daga que reconocería sin temor a equivocarse, se aterró por un momento, pensó que era su esposo, pero al acercarse se percató de que era su cuñado, como eran gemelos, muchas veces, hasta ella se confundía, se hincó y colocó el cuerpo en su regazo, no podía hablar, pero con las últimas fuerzas que le quedaban, tomó su cabeza para decir algo a su oído, sus lágrimas escurrían por sus mejillas, quería gritar por ayuda, su voz no salía, por la desesperación, intentó sacar la daga, no pudo, quería mantenerlo despierto, pero había llegado demasiado tarde, lo vio cerrar los ojos por última vez y se echó a llorar aferrada a su cuerpo sin vida, hasta que escuchó una voz que la llamaba, era la policía que había llegado y en un abrir y cerrar de ojos, su fiesta de ensueño, se había convertido en una pesadilla.

Las palabras de su cuñado, las tenía bien claras, solo que nunca pudo cumplir con su última voluntad, su vida, no fue fácil después de ese incidente, se quedó totalmente sola, el amor había durado tan poquito que se culpaba por no haber sido capaz de retenerlo, pero en el fondo, sabía que no había hecho nada mal, al contrario, fue la esposa ejemplar y amorosa, que se dedicó a darle felicidad a sus seres amados, y por quienes había regresado, tenía que recuperar lo que por derecho propio le pertenecía.

Al amanecer, se levantó de la cama, se arregló, estaba decidida a cambiar su situación, no podía seguir esperando, pidió un taxi y hasta que no estuvo frente a la empresa Nolan, no respiró, necesitaba fuerza y valor para lo que haría.

"buenos días Ruby, ¿David ya llegó?", la muchacha solo asintió.

"puedo decir que tu visita es una sorpresa, pero te esperaba", su tono irónico, la hizo encoger las cejas, "aquí está mi renuncia a la presidencia y la entrega de la empresa en perfectas condiciones económicas y legales, en cuanto a la oficina, hoy a medio día la tendrás a tu completa disposición", extendió su mano.

Regina se acercó, tomó los documentos, los miró y luego, los rompió frente a sus ojos.

"se puede saber, ¿qué se te pasó por la cabeza?", claramente furioso, no le sorprendía, Regina siempre lo hacía perder la paciencia.

"nunca quise saber nada sobre la presidencia de la empresa, por eso te cedí esos derechos, en cuanto a la oficina, ocuparé otra", aún no se sentaba y no pensaba hacerlo.

"entonces, ¿qué pretendes?, llegas exigiendo por lo que te pertenece, y ahora que te lo doy, no lo quieres, entras a la mansión sin avisarme…", su furia crecía velozmente.

"¡Perdón!, no tengo que avisarte para ir a MI casa, tengo todo el derecho de entrar y salir cuantas veces quiera sin pedirte permiso", era inaudito.

"también llegas seduciendo hombres, porque es obvio que James babea por ti", no tenía la paciencia para permanecer sentado, por lo que se levantó.

"ese no es asunto tuyo", David acortaba la distancia entre ellos.

"sí lo es, ningún hombre puede mirarte y menos en mi presencia", cada vez su cercanía se volvía inminente.

"no has cambiado nada", cerró los ojos y negó con la cabeza.

"antes, nunca te molestaban estos reclamos", estaba a un paso de ella y la tentación lo superaba.

"antes, tenías todo el derecho, mismo que tú solito perdiste", le aclaró.

"no juegues conmigo, Regina", la desafió.

"¿jugar, yo?, dime, ¿quién se comprometió en matrimonio delante de todos?, te recuerdo que cené en la misma mesa que tu prometida y tuve que soportar sus…", hizo una pausa, sabía que sobrepasó algunos límites, pero no le importaba, así que continuó, ya había comenzado, "intercambios roman…", no pudo terminar, David la sorprendió con un beso hambriento, lleno de celos, lleno de deseo, lleno de ¿amor?, no, ambos se habían herido demasiado, como para amarse, debía ser la nostalgia por el tiempo que pasaron separados.

Las manos de David, recorrieron y acariciaron cada rincón que tuvieron a su alcance y aunque luchó para desprenderse y no ceder ante el deseo incontenible de avivar la llama que apagó hacía mucho, le era imposible, su cuerpo presionándose contra el suyo, sus manos trazando un camino sin rumbo por toda su piel, sus tercos labios explorando cada rincón de su boca, derrumbaron sus defensas como fichas de dominó, por lo que no se contuvo más y respondió con la misma intensidad, con la misma euforia, sentía que el aire le faltaba, que no podía sostenerse en pie, un beso de David era la gloria misma, ningún hombre la había besado de esa manera, ninguno la había hecho sentir viva, ninguno despertaba su cuerpo con tanta rapidez, la pasión crecía y estaba completamente perdida entre sus brazos, pero no podía, ese no era el objetivo de su regreso, saboreó sus labios por última vez, respiró su aliento y se desprendió del beso, solo que David no la soltaba, besó su cuello varias veces antes de volver a sus labios nuevamente y esta vez, no se opuso, se dejó llevar por lo que ambos sentían.

"cásate conmigo", estas palabras lo hicieron parar el beso sin dejar de abrazarla.

"¿estás loca?, me acabo de comprometer con otra mujer", Regina se liberó de su agarre.

"no pensaste en eso ahora mismo", necesitaba recurrir a todos los medios a su alcance.

"no me casaré contigo", muy decidido afirmó.

"te prometo que no te impediré que sigas viendo a tu amorcito, nuestro matrimonio será un acuerdo", prometió.

"¿estás segura de lo que acabas de decir?, ¿no te importa que tenga una amante?", la conocía muy bien.

"no te equivoques David, no me interesas en lo más mínimo", aclaró, se estaba muriendo por dentro con sus propias palabras.

"acabamos de besarnos Regina, temblaste entre mis brazos", ese beso fue tan intenso que todavía sentía su corazón acelerado en su pecho.

"estoy dispuesta a todo", no podía contestar porque sabía perfectamente lo que ese beso había significado.

"¿a todo?, ¿hasta de saber que no llegué a dormir porque pasé la noche en brazos de otra mujer?", quería provocarla.

"no te amo, si es eso lo que insinúas, tú mataste mi amor por ti", no sabía cómo enfrentarse a la realidad de saberlo en otros brazos y no los de ella, pero lo resolvería.

"me casaré, pero no contigo", pudo percibir que sus defensas se desvanecían y se aprovechó para abrazarla nuevamente, "dime que ese beso que nos dimos, no significó nada, pero quiero que me lo digas mirándome a los ojos", se separó solo un poquito para tomar su barbilla y conectaran sus miradas.

"conoces mis objetivos, necesito entrar a la mansión como tu esposa, la señora de la casa", evadió el tema y no le dio oportunidad para intervenir, "con todo el daño que me hiciste, mi propuesta es justa", su cercanía la debilitaba.

"no te hice nada", se defendió.

"claro, abandonarme a mi suerte y arrebatarme lo que más amaba, no es romper el corazón en mil pedazos", su vulnerabilidad hablaba por ella.

"¿qué habrías hecho en mi lugar?", cuestionó.

"te hubiera apoyado hasta las últimas consecuencias reafirmando mi amor por ti con cada segundo que estuviéramos separados", lo dejó sin argumentos.

Tenía mucha razón, le dio la espalda cuando más lo necesitaba, cuando más la amaba, era justo que enmendara sus errores.

"acepto", Regina le regaló la sonrisa más hermosa que haya recibido, con todo lo que estaba ocurriendo entre los dos, dudaba que la hubiese dejado de amar, porque ahora más que nunca veía esa posibilidad muy remota.

Una semana después, con la ayuda de Killian, se casaron, tuvieron el tiempo para que David deshiciera su compromiso y que sus hijos y sobrino, supieran los nuevos acontecimientos.

La noticia no fue muy bien recibida por Margaret, quien por más que insistió, David la puso en su lugar y no se volvió a cruzar en su camino, James, se entristeció, pero comprendió que Regina no sentía lo mismo por él y en cuanto a Emma y a Henry, les costó un poquito de trabajo que se adaptaran a su presencia en la mansión, pero se los ganó con lo que más amaban, a Emma le daba clases de ajedrez y a Henry como estaban de vacaciones, dedicaba tiempo para ayudarlo con sus pinturas, hasta le ofreció un espacito en su estudio para que trabajara, ya que ella se encargaba del departamento de diseño de la empresa y como ahora llevaban un negocio sumamente importante y no quería perderse de pasar tiempo con ellos en la mansión, trabajaba desde allí, la relación con David, no había cambiado nada, eran marido y mujer, pero dormían en habitaciones separadas y para todos eran la pareja perfecta, él no perdía oportunidad para estar en la mansión, disfrutaba el ambiente que Regina había creado, la química con sus hijos era increíble, cada día que pasaba, le daba su lugar y exigía porque fuera respetada y ella apreciaba mucho su apoyo, hasta en ocasiones sentía que se acercaban, solo que Regina le dejaba bien claro su objetivo y lo alejaba.

Un mes había transcurrido y los muchachos estaban muy emocionados por el verano, por lo que en silencio preparó una sorpresa que estaba seguro la amarían, un fin de semana en familia, hospedados en un hotel, pero para que Regina aceptara se confabuló con Emma y Henry, sabía muy bien que, si ellos se lo pedían, no se negaría y se aprovechó.

Al llegar al hotel, confirmó la reserva de las dos habitaciones, una para sus hijos y ellos, como tenían que aparentar, se quedarían en la otra, la condición para que Regina aceptara fue que exigirían una cama muy grande, así cada cual tendría su lugar.

Después de instalarse, sus hijos insistieron en ir a la playa y ahora disfrutaba de su alegría y Regina estaba tomando un baño de sol a su lado, lucía un traje de baño que, de solo verla, se le hizo la boca agua y sus hijos no se perdieron un detalle de su expresión, gracias a la picardía de su hijo Henry, quien lo planeó todo, pudo aplicarle el bloqueador en las espaldas, fue por eso que fingió que su hermana lo llamaba cuando ella le pidió muy amablemente el favor, entonces no le quedó más remedio que aceptar que David se encargara, se creyó un dios todo poderoso, cuando sintió su suave piel bajo sus dedos, se tomó su tiempo y le encantó revivir ese recuerdo.

Así pasaron todo el día, comiendo y bañándose en la playa, Emma invitó a Regina a dar un paseo por la arena y él no podía negar sus celos al saber que muchos de los presentes no dejaban de admirar la belleza de su esposa, al atardecer, se retiraron a sus habitaciones, después de haber pasado un día hermoso en familia, en la noche fueron a una fiesta playa, donde la música y el ambiente veraniego los contagió y bailaron sin querer parar, como si el cansancio del día entero se hubiese esfumado, estaban tan contentos que casi fueron los últimos en abandonar la fiesta.

Cuando llegaron a la habitación, Regina fue quien primero entró al baño para refrescarse y ponerse el pijama, casi no pudo mirarla cuando salió perfectamente vestida, hasta en ropa de dormir, se veía hermosa y el deseo aumentaba, ya tenía bastante con saber que dormirían en la misma cama, por lo que entró al baño y se tardó bastante, para darle tiempo a que se durmiera y así fue, dormía profundamente cuando salió, cuidando no despertarla, se acostó dándole la espalda, pero eso no duró mucho, solo unos minutos de una lucha tormentosa que no lo dejaba concentrarse, hasta que perdió la pelea ante la tentación, despacito se volteó a su lado y comenzó a pasar sus manos por el cabello de Regina, había crecido en estos años, y lo amaba, solo que no sabía el porqué siempre lo lucía recogido, como sus caricias no la despertaron, se confió y continuó hasta llegar a su rostro, sus mejillas tan suaves, luego se inclinó para respirar su mismo aire, aspiró su delicioso aroma hasta llegar a su oído, donde no pudo evitar susurrar.

"todavía no te olvido", su tono fue lento, sin atropellar una sílaba, estaba extasiado, se tomó un tiempo para deleitarse con ese momento y cuando se cansó de la incómoda posición, levantó su cabeza solo para percatarse de que Regina estaba despierta, sus bellos ojos café, lo miraban sin mencionar palabra, lo menos que se imaginó fue que no dormía, le sostuvo la mirada, como pidiéndole permiso, ambos sabían lo que querían, solo que ninguno tomaba la iniciativa, hasta que un largo suspiro, la hizo abrir y cerrar los ojos, era la luz verde y no la desaprovechó, comenzó a besarla como si fuera una reina, su reina, atesoraría este momento, ella no tardó en responder pasando sus manos por su cabello, ninguno de los dos dijo nada, las palabras sobraban, ambos se besaron sin desprenderse, poco a poco, ella le permitió que se pusiera encima de su cuerpo y él no despreció la invitación, cuidando no aplastarla, no necesitaban hacer más, con solo besarse era suficiente, pero, siempre fue muy inconforme cuando de ella se trataba, por lo que muy lentamente comenzó a despojarla de su ropa y ella le siguió el paso quedando piel con piel encima de la cama, nunca rompieron el beso, no importaba la falta de aire, se perdieron uno en el otro y toda la noche no fue suficiente para ponerse al día, cuando ambos quedaron completamente sin energías, Regina cayó rendida, pero él quería admirar su desnudez, por lo que el resto de la madrugada lo dedicó a recorrer cada rincón de su cuerpo con sus manos, con sus labios, era como montar bicicleta, nunca lo olvidas, si lo aprendiste bien y le ocurrió exactamente igual, recordaba cada detalle, cada punto sensible, cada vez que lo hizo sentir el hombre más feliz, como se sentía en ese preciso instante, era delirante admirarla, que sin que lo pudiera prevenir, sus ojos se cerraron.

"buenos días, no sabía que eran tan madrugadores", despertó y como David estaba tan profundamente rendido, ni lo molestó, fue directo a desayunar y se encontró con los muchachos.

"¿y papá?", preguntó Emma sin contestar a su saludo.

"Emma, no seas imprudente", la requirió su hermano.

"no te preocupes Henry, se quedó durmiendo, como tiene que manejar para volvernos a casa, decidí dejarlo descansar", argumentó Regina y los hermanos entendieron perfectamente, los tres desayunaron, hasta que David llegó, entonces, antes de irse decidieron dar un paseo, fueron a un mirador, visitaron un pequeño museo y terminaron en una heladería donde encontraron toda variedad de chocolate que acompañaron con los helados.

En la tarde se regresaron a la mansión, había sido un fin de semana inolvidable.

Esa tarde, recibió un pequeño paquetico en la puerta de su casa, le resultó un poco extraño, y aún más, cuando vio su contenido y leyó la nota que le dejaron, no tenía remitente, pero no le importaba, se arregló, tomó un taxi y llegó a su destino.

"señorita, ¿qué hace aquí?", preguntó al verla, pero como una loca, le gritó.

"¿DÓNDE ESTÁ DAVID?", ni siquiera esperó respuesta, entró sin ser invitada.

"¿qué son esos gritos?", Regina, que bajaba las escaleras lo escuchó todo.

"QUIERO VER A DAVID, TÚ NO ERES NADIE AQUÍ, ÉL TIENE QUE SABER", gritó, estaba muy alterada.

"soy la señora de la casa y no te permito que vengas a mi casa a gritar", la puso en su lugar, pero no pudo evitar que los muchachos escucharan el alboroto.

"Margaret, ¿por qué gritas?", preguntó Henry, no era normal su comportamiento.

"quiero ver a tu padre, les diré algo sobre esta mujer, los ha estado engañando desde que apareció", la acusó y sacó un arma, para apuntarle a Regina.

David atendía una llamada en el estudio y casi no pudo terminarla por el escándalo, por lo que salió de inmediato a ver qué ocurría, se quedó congelado cuando vio a Margaret apuntándole a Regina con un arma.

"gracias a dios que estás aquí, vine a protegerte de esta mujer, te engañó", explicó y David, por instinto, se paró frente a Regina.

"¿por qué dices eso?", cuestionó Emma.

"porque es una asesina, estuvo en la cárcel por muchos años", dijo sin previo aviso.

"¿es cierto?, papá, responde", exigió Emma.

"sí", Regina y David se miraron y ella asintió como para darle permiso a que lo dijera.

"te casaste con una asesina, ¿cómo te atreves?", reclamó la jovencita.

"pagué con cárcel ese crimen", afirmó Regina pensando que calmaría la situación, no fue así.

"no, no, David, tú no lo sabías, te defenderé mi amor", disparó con el arma pensando que mataría a Regina, pero le salieron mal sus cálculos.

David cayó en el suelo delante de Regina, perdía mucha sangre, Henry conservó su cabeza fría y encerró a Margaret en una de las habitaciones de invitados para que se calmara mientras que Emma se debatía con Regina cuando llegó la ambulancia, quería ir al hospital, pero la orden precisa era que debía quedarse, por lo que Eugenia se encargó de hacer cumplir su voluntad.

En el hospital, no le dieron buenas esperanzas a Regina, tuvieron que someter a David a una cirugía de urgencia e hicieron lo posible, ocho largas horas transcurrieron hasta que salió de recuperación y una de las enfermeras al ver su angustia, le permitió entrar a verlo, todavía no tenía conocimiento, estaba conectado a todo tipo de pantallas y una gran venda cubría todo su abdomen, se acercó lentamente hasta que casi se acuesta a su lado.

"sé que no me escuchas, por eso te confesaré algo que he tenido guardado y contra lo que he luchado, te amo David Nolan, nunca he dejado de amarte", fueron sus únicas palabras, antes de quedarse profundamente dormida a su lado, la enfermera quiso sacarla, pero el doctor que lo atendía, no se lo permitió.

Los próximos días, tuvo que vivir prácticamente en el hospital, los muchachos estaban muy enojados con ella, casi no le hablaban, todo lo que había logrado con ellos, se desvaneció por el ataque de locura de Margaret contra quien David no quiso levantar cargos, lo que la enfureció grandemente, pero se contuvo.

Llegó el día del alta médica y ahora estaban muy contentos de estar en casa, Regina no pudo estar, tuvo que asumir la presidencia de la empresa y ese día venía el representante de la empresa extranjera y debía asegurarse de que todo estuviera en orden, fue un día extenuante y para cuando llegó a la casa todos dormían, solo se dio un baño y fue a la cocina para tomarse un vaso de leche.

"quise esperarte, pero Killian me informó que te complicaste en la empresa, Eugenia se encargó de darme todos los mimos para mantenerme distraído, pero fue imposible no extrañarte durante todo el día", la voz de David la sorprendió, con mucho cuidado se sentó en la barra de la cocina mientras ella se tomaba su vaso de leche, parada frente a él.

"fue un día agotador, pero exitoso, Arturo es encantador", era el nombre del socio de la empresa extranjera, no quería admitir que ella también lo había extrañado con locura, todo el día.

"¿Arturo King?", cuestionó, al parecer se conocían.

"el mismo, ¿lo conoces?", cuestionó.

"muy conocido en el mundo de la moda por su mano dura", era conocido entre sus socios por arruinar negocios y difamar a quienquiera que se interponía en su camino.

"pues quedó totalmente maravillado con la nueva colección y quiere terminar el negocio lo más rápido posible, no puede esperar mostrarles nuestro trabajo a sus jefes", tenía una impresión completamente distinta.

"no hablemos de negocio", se levantó de su lugar y se acercaba a ella a pasos muy apresurados, cuando menos se lo imaginó, lo tenía delante a solo un paso.

"tienes razón, mañana tendré un día como el de hoy", le dio la espalda para lavar el vaso que acababa de usar y David aprovechó para pasar sus manos por alrededor de su cintura, ese simple toque la hizo estremecer, se quedó muy tranquila.

"no podía dormir, pensando en ti", le dijo antes de comenzar a besar su cuello, su cuerpo comenzó a responder perfectamente a sus atenciones, lo sabía muy bien, no pudo decir nada, solo dejarse llevar, su contacto le nublaba el entendimiento, "quería agradecerte por haberme cuidado estos días y por hacerte cargo de la empresa durante mi recuperación", no le molestó su cabello para continuar con sus caricias, "me encanta tu cabello largo, ¿por qué lo escondes de mí?", lo apartó con su rostro para dejar suaves besos en su nuca.

"¿qué te hace pensar que lo escondo de ti?", preguntó ingenuamente porque era esa precisamente la razón.

"¿se te olvida que te conozco como a mí mismo?", como no había huido de su abrazo, la volteó para tenerla aún más cerca y ella no se opuso, "respóndeme", la urgió a contestar.

"no, es imposible olvidarlo", no sabía cómo se había contenido tanto, la noche que pasaron juntos en el hotel, aumentó sus deseos de no apartarse nunca más, pero con todo lo ocurrido, este era el primer momento a solas después de aquella vez.

No pidió permiso y comenzó a besar su frente, sus mejillas, descendió a su cuello y ella por instinto inclinó su cabeza hacia atrás, cuando subía por su barbilla y estuvo a un paso de besar sus labios, el sonido de una garganta aclarándose, los interrumpió.

"deberías guardar reposo", la voz de Eugenia los hizo reír como tres niños y no dijeron ni una sola palabra, estaba acostumbrada a presenciar momentos entre ellos, pero este era diferente, le extendió la mano y ambos fueron a su habitación, de la que nunca se debieron separar, se acostaron uno del lado del otro y pasaron la primera noche juntos, solo abrazados, disfrutando de su compañía, además, debían ser prudentes si querían que la herida sanara correctamente.

A la mañana siguiente, salió temprano de la mansión, los muchachos continuaban con la ley del hielo con ella, le dolía profundamente, ya se encargaría de solucionar ese tema, otra vez fue una jornada agotadora, James la apoyó y se lo agradecía, la amistad entre ellos se fortaleció mucho, era agradable contar con su opinión profesional, en la tarde, decidió retirarse un poco antes, quería abrazar y besar a David, lo extrañó durante todo el día.

Al llegar a la mansión, los muchachos jugaban ajedrez en el estudio y Eugenia les llevaba una merienda, no esperó y fue a la habitación de David, cuando estuvo cerca, escuchó voces y entró, la imagen que vio, fue como si un puñal se le clavara en sus espaldas, robándole el aire de sus pulmones, no pudo ni hablar, dio un portazo y se fue a su habitación muy enojada.

Los días que siguieron, evitó a toda costa hablar con David, parecía un zombi en su propia casa, ni Emma ni Henry querían verla, y trataba de salir de la mansión muy temprano y regresaba muy tarde, se encerraba en su cuarto para que David no pudiera entrar, aunque en ocasiones, a su llegada, notaba la ausencia de su auto, sabía muy bien dónde encontrarlo, pero no podía exigirle, ella misma puso esa condición.

Esa mañana, sería el cierre del negocio con Arturo, lo extrañaría, fue su única distracción, durante esos días que su corazón era una lucha constante, con sus bromas y sus ocurrencias, la hacía sonreír y se lo agradecía.

"eres muy talentosa, me hiciste creer que los diseños fueron una colaboración y son todos de tu autoría", no sabía, de qué manera obtuvo esa información.

"somos un equipo de trabajo", habían terminado de firmar los documentos, se despedían en la puerta de su oficina.

"acepta almorzar conmigo", insistió, le había rechazado varias invitaciones anteriormente.

"las despedidas no me gustan", enseguida Arturo tomó sus manos.

"me siento en las nubes contigo", conocía el significado de esas palabras, se quedó pensativa sin responder, pero se aprovechó para besarla.

"Arturo", no podía mirarlo a los ojos.

"no me digas nada solo…", comenzó, ella lo detuvo.

"amo a mi esposo", no podía permitir, que se ilusionara con ella, no era justo.

"perdón", estaba avergonzado.

"¿amigos?", Regina extendió su mano.

"amigos", la abrazó antes de salir de la oficina.

Regina se quedó sola y continuó trabajando, recibió noticias de su abogado, quien estaba en camino a reunirse con ella, le agradaba la idea.

"con permiso", se anunció Ruby.

"adelante", la jovencita entró.

"el señor Nolan la espera en la oficina presidencial", diciendo esto se retiró, la confusión no le permitió ni agradecerle a la muchacha, no creía que David se hubiese incorporado a trabajar tan pronto, pero ninguna de sus interrogantes se responderían solas, por lo que fue a enfrentarlo.

"cierra cuando entres", la esperaba.

"pensé que demorarías en reincorporarte a trabajar", no quiso sentarse, percibía la tensión en los ojos azules de David.

"pensaba hacerlo, pero acabo de cambiar de opinión", su tono tan frío, le indicó que algo ocurría.

"¿por qué ese cambio tan repentino?", le sorprendía su proceder.

"resulta que vengo a darle una sorpresa a MI esposa y cuando llego la encuentro besando a otro hombre", no necesitaba saber más, lo comprendía todo.

"David…", negó con la cabeza, pero no podía exigir nada.

"no me digas que no es lo que parece, porque fue muy explícito", ardía en celos y lo superaban.

"si tienes todas las respuestas, no hago nada aquí", su sarcasmo avivó su furia.

"no te atrevas a dejarme con la palabra en la boca", la amenazó.

"debería hacerlo", hizo gala de su altanería.

"¿a qué estás jugando, Regina?", bajó la guardia, sabía que a las malas no obtendría nada.

"a ser tu esposa", respondió, era lo que ella misma había planeado, pero no contó con que saldría perdiendo, nuevamente.

"entonces compórtate como tal", seguía enojado.

"suenan muy raras esas palabras, viniendo de ti", no le reclamaría nada, pero también ardía por los celos.

"no te entiendo, me obligaste a casarme contigo y andas besando al primer hombre que se aparece en tu camino", no quería seguir ocultando sus celos.

"es mejor que me vaya", le dio la espalda para irse, desaparecer era la mejor opción, pero antes pronunció sus últimas palabras, "ah, para que lo sepas, ni te molestes en ocultar tu relación con Margaret, me iré esta misma noche de la mansión", se había cansado de luchar, se volteó para abrir la puerta, no pudo.

"no", la tomó del brazo impidiéndole su paso, no dijo nada, "te perdí una vez, no quiero estar si ti nuevamente", no lo miraba, se soltó de su agarre y se fue.

Recogió sus cosas de la oficina y se fue de la empresa, al llegar a la mansión Killian los esperaba.

"pensé que vendrías con David, tengo entendido que fue a verte a la empresa", les quería hacer una invitación.

"no debe tardar", disimuló.

"me parece bien, quería invitarlos a cenar conmigo", percibió el asombro en los ojos de Regina.

"¿algún acontecimiento en especial?", le parecía muy rara su actitud.

"que son mis amigos, no hay nada más especial que eso", necesitaba que aceptara, les tenía preparada una gran sorpresa, "no se diga más, los espero a las ocho", le guiñó el ojo y se fue.

Miró la hora, era temprano, se fue a su habitación a preparar sus maletas, hasta que llegara David para avisarle sobre la invitación de su amigo, al parecer tendría que desempeñar su papel de esposa una última vez, porque estaba decidida a marcharse sin siquiera cumplir sus objetivos.

"¿no han llegado ni David, ni los muchachos?", preguntó cuando bajó las escaleras y vio a la nana.

"no niña, ¿estás bien?", la veía tristona, no la podía engañar.

"tengo un mal presentimiento sobre la invitación de Killian", le había comentado, sobre la cena en casa del abogado.

"le diré apenas llegue, no te preocupes", le prometió y Regina se despidió de la anciana, no quería preocuparla, pero realmente se sentía muy incómoda.

Pensaba que su malestar era por la discusión con David, ¿cómo se atrevía a pedirle explicaciones si él la traicionaba también?, el camino hasta la casa de Killian se hizo eterno y al llegar, misteriosamente las puertas se abrieron para que entrara, la oscuridad no la dejaba ver por dónde caminaba, por eso no advirtió el fuerte golpe que recibió en la cabeza.

No podía olvidar las palabras de Regina, estaba aterrado, no quería perderla, había ocurrido una vez y la sensación de sentirla lejos era terrible, bajo ningún concepto, quería revivir esa experiencia, por eso demoró en regresar a la mansión, no sabía qué haría si al llegar no la encontraba, pero no, era imposible escapar de la realidad, así que regresó.

"al fin llegas", la voz de Eugenia lo sorprendió al entrar por la puerta, solo pudo dar pocos pasos.

"¿me esperabas?", asombrado, porque la nana nunca lo recibía de esa forma.

"Regina", la mención de ese nombre lo paralizó, tenía de preguntar.

"¿se fue?", susurró la pregunta.

"sí", sintió como su corazón explotaba dentro de su pecho, el timbre de la puerta lo salvó de un ataque.

"buenas noches, soy Graham, el abogado de Regina", como estaba cerca de la puerta, abrió.

"soy David Nolan, su esposo, pero ella no se encuentra…" se presentó, pero no pudo terminar.

"lo sé, hace media hora que intento comunicarme con ella y me sale el buzón", el alma se le enfrió.

"ella salió hace dos horas", intervino Eugenia al ver la palidez en el rostro de David.

"¿sabes a dónde fue?", tragó pesado y habló.

"pensé que sabías, tu amigo Killian vino a invitarlos a cenar en su casa", informó la anciana.

"esperen ¿Killian Jones, el abogado de la familia?", cuestionó Graham como si lo conociera de toda la vida.

"sí, es mi amigo hace muchos años", David respondió.

"pues has tenido al enemigo más cerca de lo que creías", habló el abogado, Regina lo había mandado a investigar la vida de Killian y lo que encontró, le sorprendió a tal punto que tomó el primer avión para poder hablar con su amiga.

"¿algo que deba saber?", su actitud le dejaba claro que sabía más de lo que decía.

"no hay tiempo para explicar, solo te puedo decir que él la tiene", ambos salieron de la mansión, en ese mismo momento llegaban James, Henry y Emma.

"¿cuál es la prisa?", James venía manejando su camioneta y al verlos al salir de la mansión se detuvo a preguntar.

"por el camino les explicamos", le hizo una seña a Graham para que se subiera a la camioneta, como no debía manejar vio los cielos abiertos cuando James y sus hijos llegaban.

Efectivamente, Graham cumplió con su palabra y les contó a groso modo el porqué de sus sospechas y los muchachos se asustaron, Emma fue quien más se descontroló.

La casa de Killian parecía desolada, pero no se confiaron, James trepó los muros del jardín y les abrió la puerta, había una sola luz encendida y fueron hasta allí.

"vaya, vaya, vaya, ahora sí tenemos toda la familia reunida", la voz de Killian los sorprendió, Regina estaba amarrada y amordazada en una silla y al verlos negó con la cabeza para que se fueran, corrían peligro.

"desata a Regina", ordenó y Killian se burló.

"no te será tan fácil liberar a tu amorcito, se irán cuando yo lo diga porque las órdenes las doy yo", movió su mano para que se sentaran en el sofá.

"no recibo órdenes tuyas", respondió David todavía parado.

"¿cómo sí puedes manejarme como una marioneta?", preguntó con mucho cinismo, "me cansé de tus humillaciones, tú y tu mujercita se han cansado de restregarme en la cara su amor y su felicidad", comenzó a pasearse por el lugar frenéticamente y a David se le ocurrió una idea.

"no comprendo", quería seguirle el juego.

"no me interrumpas", continuó gesticulando e interpretando su monólogo.

David aprovechó y lo sorprendió por las espaldas sin que lo supiera y comenzaron a forcejear.

"esta escena me recuerda algo, déjame pensar", como David no recuperaba sus fuerzas del todo, pudo superarlo fácilmente con un movimiento que le permitió sostenerlo por el cuello, todos abrieron los ojos y hasta Emma gritó por el miedo de que algo le ocurriera a su padre, James logró calmarla, "ah, claro, tu hermano también quiso hacerse el héroe aquel día, lo tenía todo planeado, te mataba, consolaba a la viuda Nolan y luego, la enamoraba para al fin tenerla para mí solo, pero no, el imbécil de tu gemelo tuvo que atravesarse en mi camino, si vieras, cómo aseguraba fervientemente que Regina no te dejaría de amar, me colmó tanto la paciencia hasta que terminó muerto arruinando mis planes, entonces me conformé con mantenerte envenenado el corazón en contra de la mujer que más has amado, fue tan fácil, hasta la estúpida de Margaret quien aceptó muy bien mi regalito y fue a matar a Regina, porque si no me ama, no la tendrás para que sean felices, pero fue tan incompetente que no pudo terminar con su tarea", hablaba con tanto desprecio, con tanto desdén que ya James no pudo controlar a sus primos, todos estaban alterados y David al verlos en ese estado, le propinó un certero golpe en el abdomen que cayó en el suelo doblado del dolor, de inmediato Graham lo ayudó.

"James, llama a la policía", su sobrino hizo lo que pidió y se apresuró para desatar a Regina quien estaba anegada en llanto, quería abrazarla y brindarle todo su apoyo, estaba muerta del miedo, sus sollozos le partían el corazón, cuando al fin logró liberarla la ayudó a levantarse y la estrechó en un abrazo que casi le quitó el aliento, el tiempo se detuvo, nadie más que ellos existía, permanecieron así hasta que las sirenas de la policía se escucharon, David dejó sola a Regina para colaborar con Graham y su sobrino, que Killian era muy fuerte y les puso resistencia, entonces, ocurrió lo inesperado, Emma y Henry se levantaron del sofá y corrieron para abrazar a Regina y pedirle perdón por haber sido tan injustos con ella.

La policía se llevó a Killian, sus propias declaraciones lo refundirían para siempre en la cárcel.

Regresaron a la mansión y le contaron todo a la nana quien preparó té para los nervios, habían sido demasiadas emociones, también le insistió a Regina para que se pusiera hielo en la cabeza, ella aceptó a regañadientes, porque no le negaba nada a su nana.

Invitaron a Graham a quedarse por esa noche, quien aceptó gustoso, Eugenia subió al segundo piso para preparar una de las habitaciones de invitados y se quedaron solos en la sala.

"quería esperar hasta mañana para que nos calmáramos, pero necesito decirles algo", comenzó David y todos le prestaron atención, James y sus primos estaban sentados en un sofá, Graham y Regina en el sofá frente a ellos y él en un sillón acolchonado al lado de ella, tenían sus manos entrelazadas y la miró como para buscar la autorización que necesitaba, ambos asintieron, el momento de la verdad había llegado.

"iré a descansar", dijo Graham, levantándose del sofá dispuesto a dejar la escena.

"también me voy", lo siguió James.

"ninguno de los dos se va, contigo Graham estoy agradecido por haber creído en la inocencia de mi esposa cuando nadie lo hizo, ni siquiera yo, y James, mi hijo mayor, somos una familia, y quiero que no hayan más secretos entre nosotros, a partir de ahora", ambos retomaron sus asientos.

"¿hay algo que debamos saber, papá?", interrogó Henry.

"hijos míos, quiero que sepan que no hay un día que no me arrepienta por algo que les hice y no sé si aluna vez obtendré su perdón", sintió las manos de Regina temblar.

"nunca nos has mentido", Emma lo defendió.

"sí, les mentí de la forma más baja y cruel al decirles que su madre murió y reemplazar su recuerdo por ese retrato", se puso de pie y tomó el retrato en sus manos.

"pero esa es nuestra madre", Henry afirmó.

"no Henry", lanzó el retrato al fuego sin darle tiempo a que reaccionaran y no detuvo su intervención, "su madre no murió, su madre decidió hacer el sacrificio más grande de su vida y convertirse en su madrastra para recuperar su cariño", todos miraron a Regina, no podía seguir ocultándolo, "sí, Regina es su verdadera madre", el silencio reinó entre los presentes, la información debía ser procesada, pero sin previo aviso, se lanzaron encima de ella para abrazarla y llamarla mamá, Graham tuvo que levantare para que tuvieran espacio en el sofá.

David no esperaba esa reacción, pero sus ojos se llenaron de lágrimas cuando Regina le hizo una seña a James para que también se les uniera, estaba embobecido mirando su intercambio.

"les deseo mucha felicidad", Graham lo tocó por el hombro.

"gracias", casi no podía hablar.

"Regina es una mujer extraordinaria, quien posea su corazón, se debería considerar el más afortunado", miró a su amiga y se dirigió a su habitación.

"ven hijo, me queda un poco de té en la cocina", Eugenia había presenciado todo y como lo dejaron totalmente excluido del reencuentro, quiso darle apoyo.

"necesitaba algo así, mis nervios estaban de punta porque si los muchachos despreciaban a su madre, me hubiese sentido muy mal", le tenía mucha confianza a la anciana como para contarle todo.

"lucha por ella", lo desafió con la mirada.

No quería admitirlo, pero el hecho de que lo hubiesen apartado de la celebración, lo hirió en lo más profundo, se tomó el té en paz y cuando se sintió mejor, se dirigió a su habitación, escuchó risas y voces cuando se acercó, sutilmente abrió la puerta y allí estaban muy contentos los cuatro en su cama, cerró sin que lo escucharan y decidió dormir en la habitación que ocupaba Regina, donde al entrar también se llevó una gran sorpresa al ver las maletas preparadas junto a la puerta, se acostó a descansar y pronto los acontecimientos del día le ajustaron cuenta y se quedó profundamente dormido.

La noche fue maravillosa, tenía a sus hijos de vuelta en su vida y la amaban, se lo repitieron varias veces y ella, los acarició como solía hacerlo cuando eran pequeños para que se quedaran dormidos, luego los admiró por un rato más hasta que el sueño le ganó la batalla.

El amanecer llegó más rápido de lo que pensaba y la claridad del día, la obligó a que abriera los ojos, cuidando no mover mucho la cama para que los muchachos no se despertaran, se levantó y se dirigió a su habitación y ahí lo vio, acostado en su cama, abrazando su almohada, se acercó para admirarlo por última vez, no tenía nada que hacer ahí, su contrato de casarse para que ella recuperara a sus hijos llegó a su fin, no pudo resistir la tentación de besar sus dulces labios, se inclinó y delicadamente lo besó y se dispuso a comenzar a sacar las maletas.

"sí que tuvieron buena celebración anoche", bromeó David al despertarse y verla.

"gracias", su voz la había desestabilizado, había planeado irse desde la noche anterior, pero no en su presencia, sabía que no encontraría las fuerzas necesarias para dejarlo atrás una vez más, por muy enojada que estuviera con él.

"todavía no comienzo a reparar el daño que te hice", comenzó a levantarse de la cama y caminó hacia ella.

"no te preocupes por mí, nuestro trato cumplió su objetivo, los muchachos entenderán", trató de disfrazar sus sentimientos, recibió como respuesta un silencio torturador que aumentó la tensión entre los dos, pasados unos segundos dijo sus palabras de despedida, "ahora ya puedes seguir con tu noviecita sin tener que esconderte", cargó la maleta que le quedaba e intentó irse, pero David no la dejó.

"veo que estás decidida a marcharte, ¿te puedo pedir un último favor?", dijo muy calmado.

"me parece justo", no quería ceder ante él, pero la verdad era que se estaba muriendo por abrazarlo.

"escúchame y si después sigues con la idea de irte, lo respetaré", la miró intensamente a los ojos.

"no te tardes, los muchachos pueden despertar y no quiero que me vean ir", se cruzó de brazos para que no se diera cuenta de que con su voz tan parsimoniosa le estaba ganando la pelea, toda su fuerza se desvanecía.

"cuando te llevaron para la cárcel, me morí en vida, no sabía cómo resolvería el caos que tenía en las manos, te extrañé a cada segundo y fui un cobarde por no ir a verte y brindarte todo mi apoyo, pero no pienso seguir con la cobardía de amarte en silencio sin hacer nada para remediarlo", fueron sus palabras y para cuando terminó, ninguno de los dos había contenido las lágrimas, se mantuvieron estáticos por un momento hasta que ya no pudieron más y se abrazaron por fin, ese abrazo significaba tanto.

"tu hermano me hizo prometerle algo antes de morir", dijo Regina y David rompió el abrazo, eso no lo sabía.

"mi hermano te quería mucho", se moría por preguntar, pero se quería andar con pies de plomo.

"me hizo prometerle que jamás dejaría de amarte", nunca antes había hablado sobre ese tema.

"¿cumpliste con esa promesa?", acarició su rostro suavemente.

"no soporto verte en los brazos de Margaret", sabía muy bien que esas palabras le evitarían responderle.

"me volví loco cuando te vi besándote con Arturo ayer, quise entrar y golpearlo…", pausó un segundo, no quería sonar posesivo, pero la verdad era que, por ella, él, sería capaz de todo.

"hubieras entrado", terminó su frase y fue su permiso.

Ambos se envolvieron en un beso de amor, un beso que significaba que estaban dispuestos a pelear el uno por el otro, parecían una sola persona, el deseo, la pasión y la euforia, se hicieron los protagonistas del momento y sus cuerpos se encendieron como pólvora y cuando David dejó sus labios para cargarla entre sus brazos vieron cuatro ojos fisgones que presenciaron parte de la conversación.

"no contestaste la pregunta de papá, mami", comenzó Emma y ya ambos reían como si fueran adolescentes, abrieron los brazos para que corrieran hacia ellos y la familia, por fin estaba completa.

Los días que siguieron los vivieron como un sueño, la felicidad se percibía claramente, las sonrisas, las bromas, la vida juntos era un paraíso, pero David quería más, por lo que con la complicidad de su hijos, James, Eugenia y Graham, a quien le habían propuesto que se encargara de los asuntos legales de los negocios familiares y aceptó encantado, ahora vivía en un departamento cerca de la empresa Nolan, ellos, al escuchar su idea no dudaron en involucrarse en sus planes.

"¿no hay nadie en casa?", preguntó Regina al llegar de la empresa ese día, David había salido temprano, no entendía nada, hasta que subió a su habitación para quitarse el cansancio del día y encima de la cama había una nota con instrucciones precias de lo que debía hacer, sin protestar, se dispuso a seguirlas al pie de la letra, en la cama había un paquete con un hermoso vestido lila mangas largas, cuello de V, de encajes, un par de tacones beige preciosos, y una cajita pequeña con una hermosa y fina gargantilla de piedras en perfecta combinación con el vestido, sus ojos se le llenaron de lágrimas, sabía muy bien que todo esto era idea de David, porque la última instrucción le exigía explícitamente que dejara su cabello suelto, sonrió cuando leyó, se apresuró porque una limosina vendría a buscarla y debía estar lista, el sonido del timbre de la mansión la interrumpió en su labor de asegurarse que lucía radiante, tomó el monedero que le daría el toque final a su vestuario y bajó las escaleras para abrir la puerta.

"Regina, podemos hablar", una visita inesperada en un momento inoportuno.

"adelante", la invitó a sentarse en la sala.

"no te robaré mucho tiempo, pero quería pedirte perdón por mi comportamiento", comenzó Margaret.

"si David te perdonó, ese asunto está olvidado", le aseguró.

"muchas gracias Regina, no sabes cuántas veces lo pensé para venir", explicó y comenzó a levantare de su asiento.

"eres bienvenida cuando quieras", le siguió el paso hasta que se detuvo.

"una última cosa", se volteó para encontrar a Regina detrás de ella, "David y yo nunca más tuvimos nada que ver después de que ustedes se casaron, no fue por falta de insistencia de mi parte, siempre te respetó y además me dijo que te amaba", se volteó para seguir su camino.

"muchas gracias", Regina abrió la puerta y se marchó, sin saberlo, ambas mujeres habían encontrado la paz espiritual que tanto necesitaban.

Minutos más tarde, la limosina llegó a buscarla y la llevó a un lujoso hotel, uno de los belboys la condujo hasta el elevador y cuando las puertas se abrieron, sus ojos quedaron extasiados, era la terraza del hotel perfectamente arreglada y decorada con flores, delante de ella un camino que conducía a un pequeño altar donde David la esperaba, vestía un traje beige en combinación con sus altos tacones y una corbata lila que combinaba perfectamente con su vestido, lucía hermoso, quería correr y comérselo a besos, pero Henry la interrumpió extendiéndole el brazo para que caminaran juntos, la risa de los presentes le dejó bien claro que todos estuvieron en complicidad, negaba con la cabeza, no lo podía creer, la vida por fin le sonreía, tenía a su familia, no necesitaba más.

Las ansias de David se le notaban por encima de la ropa, parecía un niño majadero en un berrinche por su juguete preferido, no le quitó la vista durante todo el trayecto, al llegar, besó la frente de Henry y la tomó de la mano para besarla, no se podía contener, respondió gustosa hasta que el sacerdote quien estaba anonadado por su intercambio, se aclaró la garganta, todos rieron.

"mi amor, renovemos nuestros votos de matrimonio, ¿aceptas?", no le había preguntado, era una sorpresa que se arruinaría si sabía, por eso la pregunta.

"contigo, acepto hasta ir a la luna", no pudieron aguantarse otro beso y el padre los dejó por incorregibles, cuando se dieron cuenta, se quedaron tranquilitos, pero con muchas ganas de reír por sus travesuras.

Por fin, pudieron comenzar la ceremonia y juraron no separarse nunca más, luego comenzó la pequeña celebración, donde bailaron, bromearon, se divirtieron, bebieron hasta que el cansancio los venció bien entrada la madrugada, habían acordado que Emma y Henry se irían a la mansión con la nana, Graham y James llevarían a sacerdote a su casa y David le tenía preparada a su esposa, la última sorpresa de la noche.

Se despidieron en la entrada del hotel y subieron al elevador, antes de que las puertas se abrieran David tomó sus manos y dijo.

"tengo muchas ganas de hacer algo, ¿me permites?", se sentía completamente perdida en sus ojos.

"mientras no sea irte con la recepcionista", la muchacha se lo comía con los ojos y ella se dio cuenta.

"celosa", le dijo y sin previo aviso, la cargó en sus brazos, esperó a que el elevador abriera las puertas para llevarla hasta la habitación y bajarla justo en la entrada.

Lo que veían sus ojos era una ilusión óptica, la habitación estaba llena de pétalos de rosas, solo alumbrada con velas aromáticas, encima de la cama una cesta con frutas cortadas en forma de corazón y una botella de su champan favorito, caminaba lento admirando cada detalle, como si hubiera querido grabar ese momento en su memoria para siempre, el simple hecho de tener a David con ella, lo era todo, pero no se esperaba este lindo detalle.

"David", se puso las manos en su rostro.

"no te escondas de mí", suavemente retiró sus manos y las colocó en su cuello para quedar abrazados.

"esta noche ha sido maravillosa", tenía que agradecerle por toda su felicidad.

"quiero sanar todas tus heridas", dijo en un susurro.

"ya las estás sanando", le siguió el mismo tono de voz y capturó sus labios, eran su adicción.

"te amo con todo lo que soy", dijo David entre besos.

"yo también", con esas palabras dichas se amaron con intensidad, como si el mañana no fuera posible, como si cada segundo que pasara la vida se les fuera en un suspiro.

Esa noche terminó sellando el reinicio de su vida juntos, una vida llena de felicidad, complicidad, unidos hasta el fin de su existencia, compartiendo su amor, que sobrevivió a pesar de la distancia, del tiempo y del olvido.