"No es el sexo lo que nos da placer, sino el amante."

—Marge Piercy.

[...]

"Él había confesado que sentía cosas por ti. Pero tenía miedo de perder tu amistad si tú te enterabas..." Recordó Mikey mientras manejaba su motocicleta.

Él había discutido con Chifuyu porque no quería darle la dirección exacta donde se hospedaba Takemichi, pero después de varios minutos de insistencia —mejor dicho, de presión—, su mejor amigo le indicó el lugar.

Mikey refunfuñó durante todo el viaje. No creía que Takemichi se había enojado por él, sino que pensó que fue por Senju.

De hecho, en aquel bar, Mikey hablaba cálidamente con la joven. Ella se había unido recientemente al mismo club donde entrenaban y compartían mucho más que un deporte. De lejos, Mikey sentía la mirada intimidante de Takemichi y no soportaba que sus ojos lo vieran con recelo y molestia.

Cuando se agotó de cruzar miradas y observar que aquella expresión se deformaba conforme pasaba el tiempo, Mikey se disculpó con Senju y fue tras Takemichi.

Las únicas palabras que obtuvo de él fueron completamente hirientes y no deseaba perder a la única persona que amaba. Sin embargo, cuando Chifuyu confesó el secreto de su mejor amigo, no dudó ni un instante en buscarlo.

Cuando finalmente llegó a destino, dejó su moto asegurada y tocó el timbre de la casa de Takemichi. Una, otra y otra vez... Así lo hizo hasta que el dueño del hogar decidió abrirle.

Se sorprendió al ver a Mikey al otro lado y más aún cuando éste se metió en su hogar, cerrando fuertemente la puerta al empujarlo.

Colocó sus manos a su alrededor y buscó acorralarlo con sus palabras:

—Explícame, Ta-ke-mit-chy~ —expresó en un tono extrañamente infantil. —¿Cómo es eso de que te morías de celos cuando Senju y yo estábamos hablando? —inquirió sin ningún pudor.

Takemichi, por su parte, se ruborizó y comenzó a sudar desenfrenadamente. Mikey sonrió apenas y deslizó su índice derecho por su mejilla, barriendo con la humedad de su piel temblorosa.

—Y-yo... —Al sentir la tibieza del dedo de Mikey, se estremeció.

—¿Sabes algo? —Se acercó hasta su oído y le susurró: —Nunca creí que pudieras ocultarme tus sentimientos por tanto tiempo... —soltó un suspiro suave y tibio. Mordió su labio inferior y añadió: —¡Maldición! Creí que estabas interesado en Senju y todo tu estúpido teatro fue por mí.

—Cállate... —musitó en voz baja.

—¿Qué has dicho? —jadeó y dejó caer su cabeza sobre el hombro del joven Hanagaki. — ¡Repítelo!

—¡¡Qué te calles, Manjiro!! —espetó con seguridad.

En ese momento, sus labios fueron vilmente asaltados por los de Mikey. Pese a la diferencia de estatura, Takemichi fue abrumado por la pasión del joven Sano y su fuerza para aprisionarlo aún más a su cuerpo.

Mikey sostuvo su nuca e intensificó el beso, trasladando a Takemichi a un sitio completamente colmado de lujuria.

Sus lenguas danzaban en la pista que residía en su interior. Ninguno de los dos tenía intenciones de ceder el mando, mas también disfrutaban de la disputa generada por el deseo de ser poseído por la persona que lo hacía suspirar de día y jadear de noche.

Con su mano libre, Mikey buscó desesperadamente el contacto con la piel de Takemichi, escabulléndose debajo de su camisa, acariciando su delgado abdomen. Él temblaba y trataba de huir, pero cuando lo intentaba, Mikey mordía su labio inferior con fiereza. En el último intento, sintió una ligera molestia que le indicó que la siguiente vez podría resultar peligrosa.

Takemichi abrió sus ojos y contempló el cabello corto y oscuro del joven que lo degustaba sin piedad. Aquella apariencia lo hacía ver más maduro, rudo y atractivo, efectivamente.

Takemichi estaba completamente atónito hasta que decidió sujetar a Mikey de sus hombros e intercambiar lugares. Ahora era él quién lo dominaba y exploraba sus rincones más íntimos. Mientras continuaban besándose, Takemichi llevó su mano lentamente a través de su abdomen hasta llegar a su entrepierna. Impactado ante el rol que estaba tomando, Mikey se relajó y soltó un sutil gemido.

—N-no... —jadeaba al sentir que Takemichi había logrado acariciar el nacimiento de su ingle. —¡¡A-ah!! —Se retorcía de placer al darse cuenta de lo que estaban haciendo y Mikey necesitaba ir más allá cuanto antes.

Takemichi desabrochó el pantalón y bajó lentamente su cremallera. Allí se percató de cuán excitado estaba Mikey y de la gran necesidad de externar sus deseos carnales.

El azabache sujetó el antebrazo de su invasor y lo llevó directamente al punto.

Sus dedos sintieron claramente la circulación del placer acumulado en su ser, palpitando segundo a segundo y conteniendo la presión de su interior. Su miembro, peligroso y tentador, era una bomba de tiempo que los haría estallar en cualquier momento.

Mikey lo guió hasta su entrepierna y le indicó cómo debía masturbarlo: con fuerza y de manera lenta. Una combinación muy propia de él y que volvía demasiado loco a Takemichi.

Él también sentía su cuerpo ahogado en lujuria y toda su experiencia adquirida en su anterior relación se había ido al basurero cuando por fin tuvo a Mikey a su merced. Sin embargo, él lo necesitaba de otra manera, una más ruda y que le hiciera olvidar sus estúpidos celos al fantasear con la idea de que él y Senju fueran algo más que amigos.

Al escuchar los gemidos de Mikey, Takemichi lo soltó y se aferró a su cintura. Con su otra mano abrió su camisa y se acercó hasta él. Comenzó dándole besos húmedos desde su cuello y fue bajando a través de la curvatura de su hombro. Luego lo mordió sutilmente y el azabache respondió clavando sus dedos en la espalda.

—Dime que traes condones... —susurró mientras ayudaba a Takemichi a desnudarse.

—S-si... —musitó al ser despojado de sus prendas. —P-pero están en mi habitación.

Mikey sujetó su mano y lo llevó hasta una de las dos puertas que había divisado. Suponía que una sería la del cuarto y la otra, el baño. Su intuición lo guió hasta la de la izquierda y, afortunadamente, era el sitio a donde deseaba entrar. De inmediato, Takemichi se dirigió hasta su mesa de noche y buscó la caja de condones y el lubricante que había comprado hacía tiempo.

Completamente envuelto en una oscuridad de lujuria, hambriento de deseo por el cuerpo de Takemichi, Mikey se quitó absolutamente todas sus prendas. Se acercó hasta él y le arrebató lo que llevaba en sus manos.

Mientras lo besaba con lascivia, lo ayudaba a desnudarse. Y una vez que ambos estaban en sintonía, empujó a Takemichi a su cama. Llevó una de sus manos hacia su cabello y lo deslizó hacia atrás. Mordió su labio inferior al recorrer rápidamente el cuerpo de su compañero y notar que estaba tan excitado como él.

Por otra parte, Takemichi se sentía abrumado por su dominio, por su sensualidad y por cómo lograba llevarlo hasta la cima del placer con sólo mirarlo. Sintió cómo Mikey subía lentamente sobre él y besaba cada rincón de su cuerpo, generando una descarga intensa y placentera en su piel. Peor aún fue cuando su miembro había sido capturado en sus labios y disfrutaba del jugueteo de su lengua sobre el nacimiento del mismo.

Se retorcía debajo suyo y más aún cuando sus ojos se posaban en su rostro excitado y a punto del colapso.

Mientras Takemichi cerraba sus ojos ante el placer oral al que estaba cediendo, Mikey se preparó para pasar al siguiente nivel. Se había colocado el condón y lubricante para continuar. Antes de eso, preparó el interior de Takemichi que, al sentir sus dedos en su entrada, emitió un fuerte gemido que inspiró aún más a Mikey. Cuando notó que estaba listo, procedió a levantar sus piernas sobre sus hombros y comenzar a adentrarse en él.

Lento, con cuidado y sutileza. Algo que no era muy propio de Mikey pero que era necesario para poder disfrutarlo luego. La estrechez de Takemichi lo desesperaba y provocaba que clavase los dedos en sus piernas.

Hastiado de no poder corromper aquella entrada, Mikey procedió a moverse con una ligera velocidad. Separó las piernas de Takemichi y acercó su rostro al de él para contemplar en primera fila aquel concierto de gemidos que emitían sus dulces labios.

—¿Qué esperas para suplicarme, Takemitchi~? —provocó y deslizó su lengua sobre los labios de su amante.

Estremecido ante cada acción, el aludido lo sujetó por la nuca y lo besó como nunca antes lo había hecho. Sus labios lo devoraron por completo y no tuvo temor en explorar su interior y demostrarle que él también estaba harto de desearlo en silencio.

Cuando se alejó, esbozó una sutil sonrisa y dijo: —¡¡No te contengas, Mikey!!

Fue entonces cuando el azabache le demostró que él podía ser sutil y en ocasiones, todo lo contrario. Disfrutaba de esto último, ya que el sufrimiento era moneda corriente en su vida, pero que su cuerpo ardiera en placer era algo completamente maravilloso.

Sus embestidas eran vigorosas y extenuantes. No obstante, valía la pena disfrutarlo después de haberlo anhelado por tanto tiempo.

Sus miradas suplicantes de pasión desenfrenada se sostuvieron por varios minutos, hasta que Takemichi fue el primero en alcanzar el clímax, irrumpiendo con la tensión sexual que estaba reinando entre ellos.

Luego, Mikey gruñó con fiereza al sentir la explosión en su ser y cómo el calor de su esencia lo envolvía en el interior de su amante. Mientras sentía cómo se alejaba de su cuerpo, soltó un largo suspiro que el azabache oyó.

—Vaya, apenas es el primero y creo que agoté toda tu energía.—bromeó y se dirigió al baño sin cerrar la puerta. Desde allí le gritó: —Takemitchi~, ¡ven a darte un baño conmigo!

El aludido rió y se sentó en la cama.

—No me digas que pretendes gastarte esta noche todas mis reservas de condones...

—¿Acaso era una pregunta? —asomó su cabeza y lo miró fijamente. —¡¡Por supuesto que lo usaré todo!! Aún no conoces ni la cuarta parte de lo que te hice en mis sueños...

—¿Q-qué? —inquirió con confusión.

Mikey enarcó una ceja e ingresó nuevamente a la habitación.

—Hoy te mostraré todo lo que mi mente hizo contigo durante muchas noches. —mordió su labio inferior y sonrió.

Atónito, Takemichi comenzó a sudar nuevamente. Sabía que Mikey hablaba sin rodeos y era capaz de todo con tal de no dejar cabos sueltos.

Así como él lo deseó durante años, Manjiro Sano también fue preso de las fantasías de su inconsciente al dormir.

Pero a diferencia de sus sueños, en ese momento podría ponerlas en práctica junto a la persona que tanto deseaba en total libertad.

Fin.