Capítulo 1

Boston Massachussets.

Albert POV

El molesto timbre del teléfono de mi oficina me tiene verdaderamente harto, por supuesto que no lo demuestro, pero terminando esta reunión tendré una seria conversación con quien sea que ha tenido la maravillosa idea de pasar la misma llamada cuatro veces más después de que colgué, a pesar de que he dado instrucciones precisas para no ser molestado. Los hombres presentes en la junta parecen incómodos, esto se ha vuelto ridículo, el teléfono deja de sonar, pero esta vez la puerta se abre con cautela y la joven asistente que se hace cargo de mis asuntos en Boston asoma la cabeza temblorosa.

Astrid, dije que no quería interrupciones. - le digo con amabilidad y completo control de mis emociones.

-Lo siento señor Andrew, pero el señor Cornwell y el señor Villers insisten que es urgente que los comunique con usted, es por eso que…-

-Llámeles y dígales que en cuanto me desocupe me comunico con ellos. - la interrumpo con impaciencia, pero en lugar de retirarse tiene la osadía de intentar hacerme entender.

-Señor...ya les he dicho eso, pero ninguno de los dos está dispuesto a esperar. - suspiro, y sonrío a los caballeros presentes, pasan de las seis de la tarde y debemos terminar los pendientes el día de hoy para que yo pueda al fin volver a Chicago. Boston es mi última parada, he estado fuera seis meses. El teléfono de Astrid suena nuevamente, y aunque estoy muy molesto comprendo que no es su culpa.

-Responde, pasa la llamada a mi privado, ahora mismo voy. - le digo para que salga y volteo a ver a mi público, con calma ultimo detalles y contesto un par de preguntas, mientras el teléfono de mi privado suena insistentemente. Es inútil, los despido y me juro a mi mismo que haré que Archie o George vengan acá a resolver cualquier pendiente que quede por culpa de ellos.

Entro a mi privado, me sirvo un vaso de whiskey, lleno mis pulmones de aire, no importa que tan molesto esté, en los negocios las emociones son sinónimo de debilidad, así que simplemente mantengo la calma.

-Más les vale que sea de vida o muerte la razón de su interrupción. - le digo con tranquilidad y medio en broma a quien sea que se encuentra del otro lado de la línea, cuando contesto al fin la llamada.

-William, toma asiento. - la moderada voz de George al otro lado de la línea suena completamente normal, pero, eso no me extraña.

-Te haré venir a Boston a arreglar lo que ha quedado pendiente, hombre. - le advierto quejándome de la interrupción, aunque si debo quedarme un día más, da lo mismo.

-Claro, yo me haré cargo, pero debes tomar el primer tren a Chicago hoy mismo. - me responde con cierta premura, que enciende un poco mis alarmas.

-¿Quieres decirme que sucede? ¿está todo bien? ¿acaso hay un asunto urgente de negocios que debo atender? ¿la salud de la tía?- respondo con todas las variables posibles, pero su respuesta implica la única que no he considerado en un par de años.

-No William, es la señorita Candy… - me dice sin más, como si eso fuera suficiente para hacerme abordar el siguiente tren...en realidad lo es, mi corazón palpita un poco más rápido, pero no es algo que confesaré en voz alta.

-George, lo que sea que esté sucediendo puede esperar, si no lograste el apoyo del juez está bien, tal vez es tiempo de dejar de pelear. - le digo recordando que hoy era la última audiencia promovida por ella para pedir que se le retire el apellido Andrew.

-No es eso, William, la señorita Candy ha tenido un accidente, y se encuentra más que grave, legalmente eres el familiar más cercano, por la urgencia de su estado han aceptado que Archibald autorice las intervenciones necesarias… pero... es imperativo que vengas. - me dice, su voz imperturbable como siempre, no revela nada, pero el hecho de que haya decidido interrumpir mi junta tan tenazmente me hace plenamente consciente de la gravedad de la situación.

-Salgo ahora mismo para allá. - le digo, sin más, no es raro que lo deje todo por ella, me digo a mi mismo, después de todo es lo que me corresponde hacer como patriarca del clan.

Chicago, Illinois.

Albert POV.

Desciendo del tren, no he dormido en todo el viaje, pero tampoco puedo decir con certeza a donde se han ido las largas horas de camino entre Boston y Chicago, de haber podido hacerlo volar lo habría hecho, aún llevo las ropas arrugadas del día anterior, y un dolor punzante taladra mi cabeza, me siento como un desastre, sin embargo, estoy seguro de que no lo aparento, toda una vida de entrenamiento para esconder mis emociones me han hecho un experto. No me extraña encontrar a George esperando por mí, para la mayoría de la gente su mirada puede ser inescrutable, pero no para mí, puedo leer la ansiedad y preocupación, mezcladas con compasión y genuino afecto.

-William… - me dice buscando en mis ojos algo que no va a encontrar.

-Pudiste mandar al chofer, pero dime, ¿cómo está ella? - le respondo en el tono calmado que utilizo para todo, aunque en algún lugar de mi subconsciente Albert me reprocha mi frialdad. Pero no soy Albert, no desde que ella me sacó de su vida, no desde hace más de tres años, cuando sus justos reclamos terminaron por convencer a William, mi lado racional, que lo mejor, era dejarla ir. En cierta forma me sorprende que Albert siga tan vivo en mí… pero comprendo que es solo por ella.

-Aún es incierto, pero, además hay otras cosas que debemos considerar. - me dice mientras me conduce con prisa hacia el auto, no llevo equipaje, la realidad es que salí directo de la oficina a la estación del tren.

-¿Qué otras cosas? -

-La noticia de que la famosa señorita White es una Andrew se ha filtrado a la prensa, y el lugar está atestado de reporteros, no podrás entrar desapercibido. .

-Eso nunca ha sido un problema, entraremos por alguna puerta trasera, si es necesario, aunque… -

-Ni lo pienses, debes verla, si no lo haces y ella… jamás te lo perdonarías. - La vehemente interrupción de George, me sacude, hay reproche en sus palabras, ¿acaso piensa que pude haber hecho más por mantenerla a mi lado? Trato de defenderme con palabras huecas, que ni siquiera yo me creo.

-Somos prácticamente dos perfectos desconocidos que comparten un apellido, y eso último a fuerzas, ella hace mucho que no quiere saber de mí, George, esa es la realidad, por supuesto que quiero la mejor atención para ella, y que nos haremos cargos de los gastos, pero… -

Basta William, basta, sé que en tu mente todo es racional, que te educamos para ser frío, calculador, y creeme que muchas veces me pregunto si hicimos lo correcto, pero, eso no importa ahora, la realidad es que ella podría no superar el día de hoy, esta vez no se trata de dinero, ni de respetar sus deseos, se trata de que te preguntes si podrás vivir con la carga de no haberte despedido de ella. -

Las certeras verdades en las palabras de George me obligan a guardar silencio, no pregunto, ni añado nada más, porque hemos llegado al hospital, por supuesto que tomaremos una entrada trasera, descendemos del auto, el doctor Leonard nos recibe con deferencia y nos lleva por lugares para otros prohibidos hasta una habitación privada. Se despide con una inclinación de cabeza. Y nos deja a solas.

-Archie está con ella, no ha querido que se quede sola. - me dice George.

Respiro profundo, sin hacer completa conciencia de lo que George me ha dicho, entreabro la puerta y entro a la habitación, en la penumbra del lugar no distingo la cama con claridad, Archie se pone de pie y toca mi hombro antes de salir para darme privacidad, me acerco, listo para bromear, para sonreírle, y entonces la magnitud de la situación me golpea por primera vez, haciendo que sea muy difícil respirar.

La figura que yace en la cama, no puede ser ella, entre los vendajes apenas se distingue un ensortijado mechón rubio, su rostro está hinchado y amoratado, y su delicado cuerpo acomodado en la cama, como un ave con alas rotas, me acerco aún más, lágrimas calientes ruedan por mis mejillas sin mi permiso, un par de delicados dedos sobresalen de uno de los yesos que la mantienen inmóvil, parece ser el único lugar dónde puedo tocarla sin provocarle dolor, me inclino y deposito un beso prolongado en ellos, su piel se siente tan fría que parece congelar la mía, no sé qué decir, un nudo atenaza mi garganta.

No sé cuanto tiempo paso parado frente a ella, consciente de cada cosa por la que debo rogarle que me perdone, mientras algo que creía muerto, lucha por salir del abismo a donde lo desterré, hasta que una voz que no reconozco como la mía susurra convulsa.

-Perdóname princesa, te fallé de nuevo. - sobre mí cae el peso de cada uno de mis errores ¿qué diablos me pasa? ¿por qué cuando se trata de ella cada paso que doy es un error? ¿cuándo fue que llegamos a este punto, en el que somos un par de desconocidos?

Puede que esté a punto de perderla para siempre y el saber que no he hablado con ella en años, que hace tanto tiempo que dejamos de ser amigos, confidentes, que la aparté de mi vida, me sacude. Nunca he sido creyente como ella, pero sé que debo confesarme ante la única persona a quien creo le debo una explicación.

-Candy, mi preciosa Candy...he fracasado rotundamente, en mi estupidez creí que podía hacerte feliz, quise jugar a ser Dios, cuando en realidad lo único que deseabas era tener una familia...He sido soberbio, injusto, irresponsable y desconsiderado con todos, asumí tu educación en el seno de la familia y no hice nada por preguntar a mi tía si estaba en condiciones de educarte ella, decidí que debías ser una Andrew sin detenerme a pensar si eso era lo que realmente querías y necesitabas, tú ansiabas pertenecer, tener una familia y yo ilusamente pensé que la mía bastaría, cuando en realidad todos nosotros estábamos más rotos que tú, Anthony, Stear, Archie y yo, tan huérfanos como tú, con todo a la mano, pero definitivamente perdidos, nunca habíamos conocido a alguien tan genuina como tú, no entendimos que eras feliz a pesar de todo, fuiste nuestro sol, y egoístamente buscamos en ti, eso que a nosotros nos faltaba...tú querías una familia y yo solo pude darte una serie de personas que se creen moralmente superiores a ti, que quisieron cambiarte siempre, y cuando no pudieron, manifestaron todas las formas de odio posibles contra ti… mi egoísmo es lo que nos ha traído hasta aquí, he sido tan ciego y obstinado …. no he sido más que un hombre equivocado. Perdóname, pequeña, mi princesa… mi amor.

El hambre, la sed y el cansancio han desaparecido, no hay poder humano que me mueva de su lado, ella luchó por mí cuando yo estaba perdido, aún cuando era solo una niña con apenas un poco con que mantenerse, ella me regresó la luz en el momento más oscuro de mi vida, ella, me concedió una dignidad que nadie más estaba dispuesto a darme, porque me creían un donnadie, un truhan, ella me amó a pesar de eso, y no hablo de amor romántico, sino de ese apoyo incondicional que nadie más me había dado en mi vida, me dio su amistad sin preguntas, me acogió bajo su techo, creyó en mí, en Albert, en el hombre que siempre quise ser, pero que solo con ella pude lograrlo...

El hombre sencillo y vagabundo al que ella decía deberle la vida, cuando en realidad era al revés, yo la salvé de caer en la cascada, pero ella me salvó de perderme para siempre. Y no hablo solo del tiempo que estuve amnésico, porque creo que esos momentos son en realidad los más felices de mi vida, sino de mucho antes, cuando no era más que un joven perdido, predestinado a llevar negocios, a vivir en las sombras, un huérfano que tenía todo y nada a la vez.

Cuando era aún un pobre diablo amnésico sin pasado juré amarla para siempre, darle su espacio y luchar con ella codo a codo por nosotros, sin embargo, fallé miserablemente. En cuanto recuperé mis memorias, la volví a herir, la dejé sola una vez más, pese a que le había prometido luchar juntos, compartirlo todo, cuando incluso, veladamente le había jurado hacer posible lo nuestro.

¿Cómo es que me he permitido cometer tantos errores? debí haber sido honesto con ella, decirle quien era, embarcarnos en la aventura de descubrir juntos, si pese a todo ella quería permanecer a mi lado, en cambio la dejé con tan solo una nota, dinero y un "Gracias por todo". Soy un verdadero miserable, en vez de procurar su felicidad he hecho todo lo posible por hacernos infelices a los dos, dejarla en el Magnolia ha sido una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer en mi vida. Justificarme ahora con que fui educado, para poner encima de todo el honor, las obligaciones familiares, el deber, no me hace más feliz, no cabe duda que no sólo erré, sino que además, soy un completo idiota.

Por años asumí que debido a la necesidad tóxica de mi tía de alejarme de todo y todos, hacía lo que me correspondía con solo tomar decisiones, muchas veces basadas en mis caprichos, sin asumir las consecuencias de mis actos, sin detenerme a pensar en las personas reales que involucraba en cada decisión mal tomada u ordenada, solo porque podía y debía ser obedecido. A través de George lastimé a mi tía, a mis sobrinos y a ella, siempre en la clandestinidad, en nombre del bisabuelo William permití que se cometieran injusticias, que se alimentarán los odios enconados al interior de mi propia familia y asumí que estaba bien solo porque lo había ordenado yo y si acaso estaba mal, se podía solucionar con un nuevo vestido, uno que otro lujo o el viaje a una nueva propiedad.

Ahora que lo pienso, jamás me ocupé de los problemas reales de mis sobrinos, de haberlo hecho tal vez hubiera podido salvar a Stear, hubiera centrado más a Archie en lo que de verdad importa y quizá hoy estaría felizmente casado, en vez de pretender que tiene la relación perfecta con su eterna novia, Annie, ya ni siquiera me pregunto si la ama, porque conozco la respuesta. Hubiera detenido a los Leagan a quienes yo ya reconocía como pésimos seres humanos, incluso posiblemente hubiera podido evitar la muerte de mi propio sobrino Anthony.

Quizá, si hubiera tenido el valor de reconocer lo que hoy es evidente y me grita en la cara, ella tal vez no se hubiera sentido tan decepcionada y engañada como se sintió, tal vez no estaría ahora atada a esa cama, debatiéndose entre la vida y la muerte… tal vez seríamos felices.. Tal vez ella sabría la enorme verdad que por años he callado testarudamente, William no la merece, Albert no es real… o al menos últimamente no parece ser gran parte de mi vida, pero yo, William Albert Andrew, el magnate y el vagabundo, la amo con locura, aunque ya es demasiado tarde… ella nunca ha sido mía, jamás pudo verme como hombre y tampoco pudo perdonar mis errores y mi cobardía.

Candy, mi niña pecosa de rubios cabellos, la que es más linda cuando ríe que cuando llora, la mujer más fuerte, arrojada, original, trabajadora, dulce, atolondrada… no me importa que si solo vives para verte en brazos de tu verdadero amor, del hombre que sea digno de ti y que te haga inmensamente feliz. Estoy dispuesto a dar mi vida para que sobrevivas si hace falta, a vivir una vida oculta de tu órbita sabiéndote feliz; antes que perderte para siempre en la oscuridad de la muerte, debes sobrevivir para ser feliz, para unir tu vida al hombre que te merezca, tener hijos, verlos crecer, disfrutar de ellos y envejecer con el hombre que amas a tu lado.

No soy afecto a las plegarias, mi hermana me enseñó a hacerlas, y tal vez por un tiempo creí en ellas, pero cuando le rogué al todopoderoso que me concediera la vida de mi hermana y en vez de hacerlo me la arrebató, decidí que no le dirigiría la palabra nunca más, sin embargo, hoy estoy dispuesto a suplicar y humillarme por la vida de ella.

No puedo hacer más que mirarla, enfermeras y médicos han entrado y salido de la habitación multitud de veces, yo solo he permanecido inmóvil, cual estatua, sé que todos saben quien soy, y que George ha hecho lo que haya sido necesario para asegurarse de que no seré molestado, en algún lugar de mi inconsciente sé que debo escuchar el reporte del médico, hablar con Archie, saber cual es la reacción de los periódicos… ni siquiera he preguntado cómo sucedió...ni donde está el responsable…

La puerta se abre de nuevo, han sido tantas veces que ni siquiera volteo ya a ver quien es, pero esta vez siento una mano sobre mi hombro, la característica loción masculina me dice que es Archie y entonces levanto la mirada.

-Ve a casa a descansar, yo me quedaré con ella, además el médico está esperando para darte el reporte, Amber se ha enterado de que estás de vuelta, y la familia de Maurice quiere verla…

-No. - respondo escuetamente, estoy demasiado cansado para decir más.

-¿No? ¿No a qué? - me pregunta confundido.

-No a todo, no me moveré de aquí, el médico puede darle el reporte a George, no puedo ver a Amber ahora, y ella no está en condiciones de que nadie la vea…¿Por qué la familia y no Maurice? -

- Él conducía el auto, está grave también, sin embargo, un poco más estable que ella, no puedes negarles que la vean... ellos han sido sus amigos, incluso, tal vez, su familia por un par de años, y tú… nosotros.-

- Yo no he sido más que un inútil idiota que ha pretendido que no le importa lo que pase con ella...dilo. - lo exhorto en voz baja con un dejo de amargura, aunque su respuesta me sorprende.

- William, ella quiso irse.- Después de que ella me dejó le pedí a Archie que no me llamara Albert...ese nombre solo perteneció a ella y ahora he perdido la esperanza de escucharla pronunciarlo una vez más..

-Sí, pero tú no sabes porqué… fue mi culpa.-

- ¿Acaso importa? No hiciste más que amarla.- mi sobrino es definitivamente benévolo conmigo.

- Así que después de todo no lo escondí tan bien como pensé…- respondo neutralmente.

- Era evidente… cuando vivían juntos, Stear fue quien me lo comentó alguna vez, pero ella estaba tan locamente enamorada del actor… creo que ambos sabemos lo que es amarla y no ser correspondidos, aunque creo que quizá, en algún momento tuviste una mejor oportunidad de lograr su amor que la que cualquiera de los demás Andrew tuvimos… Vete a casa, descansa…-

- No la voy a dejar una vez más.-

- No estás siendo racional, estás agotado, ¿acaso dormiste en el viaje? -

- Ahora no importa Archie, no me moveré de aquí hasta que ella no esté fuera de peligro...seré la familia que siempre anheló tener, esta vez no habrá más subterfugios, nada importa, más que ella, y por ella seré el hombre que siempre debí ser.-

- Está bien, iré por ropa para que te cambies y te traeré algo de comer, te asearás en el baño, comerás algo, y después atenderás a los médicos, yo lidiaré con la familia de Maurice, y con los periódicos... supongo que puedo intentar explicarle a Amber… aunque…-

- No, yo soy quien debe hablar con ella... pídele a George, que consiga que nos instalen línea telefónica en la habitación…¿La tía?

- En Florida con los Leagan, no tienes de qué preocuparte, ella fue la más feliz con la decisión de Candy y créeme le importará muy poco saber si sobrevive o no a este accidente, nunca la quiso y jamás la sentirá una de nosotros.-

- La verdad es que hace mucho que dejó de preocuparme lo que pudiera decir, nuestra relación se encuentra tan deteriorada que prácticamente no hablamos, ella ya no es la matriarca del clan y es libre de vivir su retiro donde mejor le plazca, siempre que no sea en la misma ciudad y mansión que yo, nos hizo mucho daño a todos, sobre todo a Candy y no logro perdonarle nada del pasado, al final del día soy un simple hombre lleno de imperfecciones y cargado de odios y arrepentimientos... Gracias, por no dejarla sola. - le digo genuinamente afectado.

-No tienes nada que agradecer, tampoco es que nos hayamos visto mucho, ella en verdad no quiere nada de nosotros, somos su más profunda decepción y el motivo de sus más severas nostalgias, jamás entendí sus decisiones y necesidad de olvidarse de todo, pero como su amigo la apoyé y me conformé con unas horas a su lado con una vida de distancia. Volveré en un rato. -

Lo veo salir, acaricio con delicadeza los dedos desnudos de ella… y los recuerdos me asaltan inmisericordes.