Autora: Tooru
Palabras: 1,525
Advertencias: OoC, descripciones explícitas, posibles faltas de ortografía y gramática.


Ao no Exorcist y todos sus personajes son propiedad de Kazue Katoh.


Probablemente deje esta historia abierta para escribir más escenarios de este tipo para esta pareja en especial. Tengo bastantes ideas, y es obvio que voy a tratar de escribirlas todas con el paso del tiempo. No esperen alguna actualización, solo tendría esto abierto para darme un gusto de vez en cuando.


Son pocas las personas que conocen el lado oscuro de Yukio. Aquel que oculta a la perfección, con sonrisas practicadas hasta el cansancio para que salgan de manera natural y esa eterna seriedad que le caracteriza y que, a ojos ajenos, no llama la atención en lo absoluto.

Sin embargo, Renzō —siendo la mierda de persona que es; conociendo los secretos de los demás sin que estos lo sepan— es bastante consciente de que Yukio es mucho más retorcido de los personas ajenas saben de él. Puede que incluso lo conozca mucho mejor de lo que el menor de los gemelos se conoce propiamente.

Yukio es más parecido a un demonio que su hermano mayor. Con sus sentimientos románticos dirigidos hacía Rin —hijo de Satán, de sangre maldita y ojos capaces de embrujar a cualquiera que los vea directamente—. Cargando con una maldición que él nunca pidió, pero que le fue otorgada cuando era solo un niño y Rin no era consciente de su propia naturaleza como hijo del rey de Gehena con una mujer humana.

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Comenzar a molestar al castaño había sido un simple capricho. Shima nunca se había aventurado a explorar su propia sexualidad hasta que tuvo frente a él a Okumura Yukio el primer día de clases.

Un profesor de su edad, incluso menor que él por unos cuantos meses. Claro que él sabe todos esos detalles, porque ha podido ver la información de ambos hermanos; todo gracias a que su rol como doble espía da inicio antes de siquiera inscribirse como aspirante a exorcista. Cuando aún estaba en la secundaria, Mephisto había logrado ver su innata habilidad para ocultarse y obtener información que le pudiera beneficiar a futuro.

Claro que había sido una completa sorpresa el ver a tal hombre tan atractivo entrar al aula para su primera clase. Piel blanca como la nieve, cabello de un precioso castaño sin señales de tonos rojizos en las raíces o las puntas; varios lunares repartidos por su varonil rostro —siendo el que está cerca de su boca el que más resalta—. Su altura, incluso para alguien de solo 15 años, le sorprende demasiado, aunque él no sea quién para hablar al salirse del promedio con un orgullo que es capaz de provocar la ira y envidia ajenas.

El uniforme de la Orden —el largo abrigo negro que adorna con su insignia y el bolso de cuero lleno de medicamentos y balas— tampoco ayudan a ocultar sus agraciado físico. La espalda ancha, y los brazos torneados de igual manera se dejan ver por debajo de la gruesa tela negra.

Okumura Yukio es tan diferente a Rin, a pesar de que son gemelos. Y es el menor de los hermanos quién despierta su nada insospechada bisexualidad como si fuera una explosión —o el choque de un tren golpeando con toda su fuerza su cara—.

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Yukio es su despertar bisexual, y él no es nadie para negar el atractivo del castaño por más que quiera.

Ha visto con sus propios ojos el encanto que despide. No solo físicamente, sino también su personalidad —aquella que ha moldeado para mostrar a los demás—. Es como si su cuerpo exudaba algún tipo de magnetismo que encanta a todos a su alrededor: hombres y mujeres caen ante él por igual.

Él no es la excepción.

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Los gemidos de Yukio son suaves. Renzō sabe perfectamente que él castaño trata de mantener su voz lo más baja posible considerando el lugar en el que se encuentran y que podrían ser descubiertos en cualquier momento si son descuidados.

A Shima le vale tres hectáreas de verga. El simple hecho de que tenga permitido chuparle la polla a su joven profesor con la adrenalina corriendo por sus venas le excita todavía más.

Con el paso de los meses ha ido aprendiendo a conocer cuáles son los puntos más sensibles del menor. La manera en la que debe pasar su lengua y el tiempo exacto para jugar con la suave y húmeda punta del miembro ajeno antes de tragar el pedazo de carne por completo en un suave vaivén que lleva al límite a Yukio; solo para detenerse antes de que el castaño pueda correrse y salir con una sonrisa de victoria al ver la siempre serio Okumura Yukio hecho un caos.

La manera en la que esos ojos turquesa se oscurecen debido al placer le hechiza todavía más. Las pequeñas lágrimas que amenazan con caer de sus ojos, la saliva saliendo de esa manera tan lasciva por la suave e hinchada boca del contrario que finge haberse quedado dormido sobre su escritorio por otra larga jornada de trabajo, con el bastardo de su nada querido alumno escondido bajo el pesado mueble de madera mientras tiene su polla completamente metida en su caliente boca.

El clímax no tarda en llamar. La agradable sensación en su bajo vientre y la manera en la que puede sentir como su erecto pene comienza a doler de manera deliciosa a la espera de correrse le alerta. Yukio intenta no llamar la atención de nadie cuando escucha pasos afuera del aula y las suaves voces de algunas de las profesoras, sabiendo perfectamente que el bastardo de cabello rosado también puede escuchar el ruido externo.

La manera en la que Shima se despega de su pene por un par de segundos únicamente para sonreír con malicia antes de volver a engullir casi por completo el caliente pedazo de carne con un hambre que no le conocía le hace soltar un agudo gemido que alerta a las dos mujeres que pasan a echar un vistazo para ver si el joven se encuentra bien.

Es clara la preocupación en sus rostros cuando observan las mejillas sonrojadas y el sudor pegando su cabello como si hubiera corrido una maratón en el día más caluroso del año. El primer pensamiento que tienen las dos mujeres es que el menor ha sufrido un resfriado por culpa del demandante trabajo que deben cumplir, y la preocupación aumenta más cuando algunos suspiros salen de la boca del joven profesor con pesadez.

El bastardo de Shima adora pasar su suave y cálida lengua por la punta de su polla repetidas veces solo para verle perder el poco control que le queda. No es como si se pudiera quejar, pues él también se aprovecha de los puntos sensibles de Renzō sin pensar si está bien o no; pero siempre supone que es lo correcto considerando como el idiota de falso cabello rosado le toma por sorpresa para penetrar su propia boca hasta correrse, dejando su semen directamente en su garganta y permitiendo que se escurra un poco del pegajoso líquido blanco por las comisuras de los labios de su amante.

Su orgasmo llega antes de que pueda prevenirse, y la manera en la que su cuerpo tiembla después de haber soltado un largo gemido grave llama la atención de las dos mujeres y saben que no está enfermo.

Shima se apresura a tomar el bastón que le ha dado su familia para invocar al demonio con el que tiene un contrato. Yamantaka atiende al llamado a toda prisa, y se asegura de infundir el daño suficiente para no matar a las visitas indeseadas, pero sí para hacer que se desmayen y sus recuerdos se vuelven confusos.

Hombre… —suspira Renzo completamente exhausto—. Siempre es un martirio invocar a Yamantaka, absorbe demasiada energía.

Yukio apenas si le escucha. El clímax tarda un par de minutos en bajar y permitirle recuperar la consciencia. Nota que Shima se ha encargado —de nueva cuenta— del estorbo que es ser descubiertos. Afortunadamente, solo les habían atrapado teniendo sexo oral, a pesar de que los fetiches del de cabellos rosados terminan cogiendo en una de las vacías aulas, con los uniformes aún puestos.

No admitirá abiertamente que también le encanta la idea de tener sexo en algún lugar en donde puedan ser descubiertos porque sus sentidos se afinan todavía más, pero tampoco puede negarse a lo obvio.

Aunque sus sesiones favoritas sean aquellas en las que Shima usa el uniforme femenino que Mephisto le dio aquella vez que le descubrió usando el mismo por azares del destino, y que le ha ayudado a perfeccionar el arte del disfraz para espiar. Yukio aún se sorprende del gran cambio que hay entre la primera vez que intentó hacer crossdressing para cumplir con las misiones que el idiota de Mephisto le había impuesto para hacerlo sufrir.

La manera en la que Shima había logrado pasar de verse como un hombre usando falda, a tener una apariencia femenina. Incluso le había dado un nombre clave a su alter ego. Y ser follado con fuerza por Hanagawa Sakura siempre le había calentado incluso más que tener sexo duro con el idiota de Shima.

—Oh… —la retorcida sonrisa de Renzō le alerta de que ha sido descubierto teniendo fantasías y recordando la última vez que follaron con esa maldita falda.

«En la noche, en dónde siempre. Prometo llevarla».

Yukio no puede evitar correrse de nuevo tan solo de sentir la voz grave y demandante del mayor rebotar por cada parte de su cuerpo.