Una carta

Tenía las manos manchadas de barro y sangre, algunas cortadas y definitivamente los restos de la magia de aquellos hechizos que había usado hacia segundos para buscar las últimas pistas de aquella que seguía siendo su única teoría cierta.

La tinta se mezclaba con la suciedad y el pergamino pronto quedo marcado de aquellas huellas de batalla, pero no podía parar de escribir tenía que decírselo.

Debía de darle la libertad que le había sido negada desde que nació, la batalla estaba en pausa y no sabía cuánto iba durar aquella calma que olía a muerte y desesperanza.

Muchos magos y brujas mejores que el yacían entrando en el mundo de los muertos, otros llevaban meses bajo tierra, el…el solamente era un chiquillo con suerte, una suerte que no sabía si seguiría con él por la mañana.

"Quisiera tener más tiempo o al menos el suficiente para decirte que cada momento a tu lado me hizo feliz, olvide todo, hasta mi pasado viendo tu sonrisa…pero no se puede huir del destino y simplemente me marche sin decirte, sin explicación luego del enorme sacrificio que hiciste por mí.

Pero…este es mi mundo, siempre he sido demasiado torpe, pero aquí en medio de la batalla, entre el peligro y el dolor siento la sangre correr por mis venas llena de adrenalina, como si el instinto me guiara y supiera exactamente lo que tengo que hacer, no soy un héroe pero quizás si un soldado, el responsable de llevar la venganza de otros en mi varita.

Te amo, creo que nunca te lo dije pero te amo, imaginar una vida donde esta absurda guerra no existiera donde ninguno de los dos tuviera que elegir un bando…te juro que pase noches enteras soñando con esa fantasía…perdóname.

Esta es mi misión, la única razón por la que se me permitió seguir viviendo unos años de paz y debo ser fiel a ella.

Aún recuerdo el primer encuentro en la torre, los insultos, las amenazas, los hechizos lanzados y de pronto el silencio.

Me arriesgue demasiado al permitirnos esto, se que no voy a regresar, mi muerte es más que segura, no tengo nada con que enfrentar su magia…Perdóname"

No podía seguir escribiendo, las manos comenzaban a dolerle, las sentía terriblemente frías, dobló con cuidado el pergamino y lo beso dejando la huella de sus labios agrietados, sucios y heridos en la misiva.

Agradeció no tener que arriesgar ninguna lechuza y disponer de un medio para enviar su último adiós a la única persona que amaba.

Sacó de su bolsillo una pequeña caja de madera, parecía una oxidada y vieja caja de música pero estaba vacía, hacía meses que estaba vacía, metió el pergamino con cuidado y la cerró.

Uno….

Recordaba el segundo encuentro, mucho más amable que el primero luego de ver aquella piel marcada….

Dos…

La primera charla amable y cuando por un tonto accidente escuchó su risa.

Tres…

El primer beso uno que pensó le había arrebatado a la fuerza pues duró semanas sin hablarle hasta que le obligó a hablar en un aula vacía donde se dieron el segundo.

Abrió la caja con miedo de ver aún su carta ahí…estaba vacía. Sonrió, el tiempo límite había pasado y ahora debía caminar hacia la muerte, pese a todo seguía sonriendo.

Unas manos pálidas, temblorosas y llenas de hollín sujetaban aquel pergamino embarrado mientras el dueño de unos ojos grises luchaba por no dejar caer sus lágrimas.

"Estúpido Potter" sollozó sabiendo que él también moriría.