Hola, muy buen día tengan mis queridos lectores.

El día de hoy traigo para ustedes el sexto One-shot de este recopilado que se escribe como reto de la página de facebook "Contestshipping Fans". La palabra del día de hoy es "Miel".

¡Disfrútenlo!


One-shot

"No todo lo que relaciona a la miel es necesariamente dulce y agradable"


Pueblo Caoba

6 pm

Rumbo a Ciudad Olivo se encuentran viajando la pareja de coordinadores conformada por May Balance y Drew LaRousse. Desde que May había tenido un incidente con el equipo rocket en Ciudad Verde en la región de Kanto, Drew había tomado la decisión de acompañar a la castaña rumbo al gran festival para garantizar su seguridad.

Ese año, el gran festival de Johto no se realizaría en la Meseta Añil, aquella frontera que separaba la región de su vecino que era Kanto. Los organizadores de los concursos Pokémon habían decidido dar un giro a las tradiciones y eligieron a una de las ciudades más grandes de Johto para que fuera anfitriona de tan digno evento. Ciudad Olivo fue la opción ideal debido a su gran capacidad portuaria para recibir ferris y barcos de otras regiones, lo cual ayudaría a incrementar la actividad turística y económica de la región.

Para eso, era necesario llegar por Ciudad Iris o Pueblo Caoba. Cómo Drew y May venían de Kanto, habían tomado la decisión de llegar por Pueblo Caoba, además de que también fue una petición especial de May, ya que aún se sentía un poco avergonzada sobre lo que había sucedido el pasado 14 de Febrero en Ciudad Iris y muy seguramente si hubieran tomado esa ruta, sus fans de la pareja no les dejarían en paz.

— Creo que ya va siendo hora de buscar un lugar para acampar. — mencionó Drew con tranquilidad mientras revisaba su Pokenav de muñeca para verificar la hora.

— No suena mal, pero antes ¿Podemos pasar por la tienda de souvenirs? — preguntó May entusiasmada.

— No me sorprende tu petición. Sé que acostumbras a visitar ese tipo de tiendas en cada ciudad que visitas, aunque por un momento pensé que no habías encontrado interesante el pueblo. — dijo con sencillez el peliverde.

— ¿Está bromeando? ¡Si este pueblo es conocido como el pueblo de los ninjas! — contestó con emoción mientras le mostraba una sección de su guía de entrenador que tenía en la mano. — Además se rumorea que suceden conspiraciones aquí. — Susurró en tono confidente la chica de ojos zafiro.

— Puede que la parte de los ninjas sea cierta, pero dudo mucho que sucedan esa clase de "negocios" aquí. — dijo escéptico el chico LaRousse. — A estás alturas, la policía ya hubiera intervenido.

— ¿Quien sabe? Quizá son igual de escépticos que tú... — Musitó con chulería la coordinadora.

— O muy razonables y no pierden el tiempo con ello. — respondió el chico arrogante. — Vayamos a la tienda que está casi a la salida del pueblo, es la única del lugar. Además, tengo entendido que en ella venden caramelos furia. — dijo Drew tomando una actitud más relajada.

— ¿Para qué quieres de esos? Los Pokémon en general los odian. — preguntó May con curiosidad.

May no encontraba razón lógica para que Drew adquiriera ese producto, pues sabía de antemano que aquellos caramelos tenían un sabor muy picante que la mayoría de los Pokémon no consideraba atractivo, excepto por los tipo fuego. Hasta donde ella sabía, Drew no contaba con ningún Pokémon de ese tipo así que no encontraba la validez en el asunto.

— Tienen sus ventajas, ya que son una especie de energizante. Estaba pensando en utilizarlos en alguna innovación de receta para pokécubos. — Explicó sabiondo el coordinador.

— Estoy segura que si alguien puede darles un mejor uso, eres tú. — Contestó satisfecha May dedicando al chico una sonrisa dulce.

— Gracias, May. Haz recalcado algo obvio que ya sabía, pero en serio gracias. — dijo Drew petulante, sonriendo de lado. May le miró frustrada y estaba a punto de protestar por la actitud arrogante que había adoptado el peliverde, pero este no la dejó continuar. — Estoy bromeando, relájate. La verdad significa mucho que me creas tan capaz, así que gracias. — añadió cálidamente Drew. Aquel tono que solo le dedicaba a la coordinadora frente a él.

May ligeramente ruborizada solo se limitó a sonreír bobamente. Cuando llegaron a la tienda de souvenirs los dos entraron juntos. Era una pequeña tienda que al parecer contaba con algunos productos, pero en su mayoría se encontraba casi vacía.

— ¿Esta es la tienda? — preguntó incrédula May mientras observaba el lugar con decepción.

— Según el GPS del Pokenav, así es. — Confirmó Drew mirando confundido el local.

El par de coordinadores esperaban encontrarse una típica tienda tradicional de souvenirs. Por lo general estás en otras ciudades eran negocios repletos de diferentes productos que hacían alusión a las tradiciones y actividades principales del lugar. Lamentablemente, la tienda del pueblo Caoba dejaba mucho que desear. Empezaron los dos a recorrer los anaqueles casi vacíos de la tienda en busca de algo que les pudiese interesar. Drew no pudo encontrar caramelos furia, mientras que May no se decidió por nada, ya que no había algo que llenará sus expectativas como para pertenecer a su colección de recuerdos. Se acercaron al mostrador para poder tocar la campanilla que se encontraba sobre este, ya que no había encargado y necesitaban su guía y orientación. May tocó el pequeño artilugio con su mano y como resultado tintineo. Esperaron unos momentos y salió un chico apresurado de la parte de atrás.

— ¡Bienvenidos sean!. — dijo amablemente el chico misterioso. — Oh, por Arceus. ¡Tengo una celebridad frente a mi! — grito emocionado el joven mirando a la pareja frente a él. La pareja de coordinadores se quedó muda y expectante.

Drew suspiró cansado, de seguro lo había reconocido a él. Ahora tendría que lidiar con el chico y sus posibles preguntas. No es que le molestara que sus fans se acercaran a pedirle autógrafos, pero en ocasiones podían ser algo intensos, al no respetar su privacidad. Él seguiría siendo amable mientras ellos se comportarán.

— Princesa May, nuestros caminos se vuelven a cruzar. — Musitó contento el joven de la tienda mientras tomaba las manos de la mencionada entre las suyas.

Ante la respuesta del joven encargado, Drew se mostró sorprendido. ¡El fan era de May!. Vaya que en esa ocasión había pecado de egocentrismo en exceso.

— Disculpa, ¿Te conozco?. — preguntó con nerviosismo May, pero sin ser grosera. No estaba acostumbrada a que chicos desconocidos se acercaran repentinamente a ella.

El joven caballero LaRousse se molestó, al presenciar cómo el chico misterioso tomaba las manos de su joven amada y atolondrada, sin su consentimiento de ésta. No sabía definir del todo la causa de su enfado. Tal vez se debía a la gran falta de respeto e impertinencia que hacía gala el encargado o quizá por la gran confianza que mostraba con su acompañante.

— Estás celoso, idiota. No le des más vueltas al asunto. — pensó Drew con desagrado, reprendiendose él mismo.

— No, pero te he visto a la lejanía en algunas ocasiones. Solo una vez hemos hablado de frente. — respondió contento, pero avergonzado el joven encargado aún sin soltar las manos de la coordinadora.

May analizó al chico. Un poco mayor que ellos, tal vez dos o tres años más. Cabello verde oscuro y sin brillo. ¡Era la tercera persona peliverde que veía en su vida!. El primero había sido el chico arrogante y egocentrista que le acompañaba. El segundo había sido aquel miembro del equipo rocket que conoció en Ciudad Verde. Ahora que lo pensaba, ese chico maleante tenía mucha similitud con el que tenía de frente, pero era imposible.

Este chico también tenía los ojos castaños, aunque con la ligera diferencia que tenía unos lentes de pasta negra y gruesa. Por otro lado, estaba la forma de vestir. Butch usaba el uniforme del equipo rocket, mientras que este sujeto estaba vestido juvenil, con una playera de color negro, pantalones azul oscuro y para rematar un sombrero tipo boina que lo hacía ver casual. May llegó a una conclusión: No recordaba haber visto al tipo jamás.

— Lo siento, no logro recordarte. — dijo titubeante la castaña queriendo apartar sus manos del agarre del chico sin ser grosera. Drew notó el malestar de la coordinadora.

— Oye, ¿Serías tan amable de soltar las manos de mi pareja?. La estás incomodando. — dijo sin tapujos el peliverde en tono frío.

Fue en ese momento que el joven encargado miró al otro coordinador presente. Soltó las manos de la princesa con desgano.

— Cómo olvidar a su arrogante caballero guardián, "el gran Drew Larousse". — comentó burlón el joven peliverde oscuro mirando de arriba a abajo al individuo.

— Es de mala educación dirigirse a las personas de esa manera. Ahora entiendo porque me consideran un caballero, porque al parecer todos actúan como una especie de criminales de organización de cuarta. — Contestó Drew ofendido.

¿Cómo se atrevía ese sujeto a comportarse de esa manera frente a él y May?. Por su parte, Balance le miró asombrada.

— Drew, eso no sonó muy amable. — le susurró bajito May al peliverde.

— Él se lo busco, mira como te ha tratado. — Susurró con tono de reproche el caballero.

— ¿Acaso me dijiste criminal de cuarta?. No sé que estás insinuando, pero ¡No pertenezco al equipo Rocket!. — mencionó el chico peliverde oscuro mostrándose exaltado y nervioso.

Drew le miró interrogante con una ceja arqueada. Aquel tipo no le estaba dando nada de confianza. Mientras tanto, May por un momento se puso pálida. ¿Podría tratarse de Butch?, pero eso era imposible. ¿Dónde estaba su compañera la rubia mandona?. Si era así, Drew y ella debían de salir de la tienda sino estarían en problemas.

— Nadie ha mencionado al equipo Rocket. — contestó LaRousse con una mezcla de sospecha e intriga. El encargado se puso a sudar cada vez más nervioso.

— ¿Cuál es tu nombre?. — preguntó May un poco titubeante. En verdad que le asustaba un poco volverse a topar a Butch.

— Mi nombre es But-Butter. — respondió con duda el peliverde oscuro.

— ¿Butter?. ¿Cómo la mantequilla?. — preguntó escéptico Drew. El sujeto asintió frenéticamente.

May observó a Butter. Aceptó que quizá el pobre chico no tenía la culpa de ser similar a Butch, aquel maleante acosador miembro del equipo rocket. Drew estaba alucinado, en verdad que la conversación que estaban teniendo era sumamente extraña. Debía admitir que el sujeto no le parecía agradable, no solamente por la razón de ser atrevido con May, sino que también porque actuaba sospechoso. ¿Quién en su sano juicio se llamaba Butter?.

— ¡Jajaja! Si, mis papás amaban la repostería. — rió con nerviosismo Butter, rascándose la cabeza disimuladamente.

— Bueno, no tiene nada de malo llamarse así. Me parece muy original. — Musitó May contenta, tratando de aligerar la tensión en el ambiente. El chico no parecía peligroso, así que no merecía que lo pusieran más nervioso e intranquilo.

— Oh, querida Princesa. Eres tan amable. — respondió "Butter" contento abrazando con fuerza a la castaña.

Lo que May no sabía, es que su sospecha original estaba acertada. El mismísimo Butter se trataba de Butch, el miembro activo del equipo rocket, compañero de Cassidy. Pueblo Caoba cómo se mencionó al principio, es un pueblo lleno de misterio e incertidumbre. Los habitantes eran muy reservados y para nada entrometidos. Gracias a esto, el equipo Rocket por años había utilizado algunos lugares del pueblo como pequeñas bases secretas para sus miembros. En esa ocasión, Butch se encontraba descansando mientras su compañera rubia mandona había salido a otra misión. A pesar de que el pueblo era misterioso, no significaba que los miembros podían bajar la guardia. No, tenían que aprender a disimular sus actividades. Es por esto que algunos miembros se encargaban de aparentar ser habitantes normales.

Butch siempre fue un fan de los concursos Pokémon. Cuando era más joven intentó ser un coordinador Pokémon, pero lamentablemente su padre no lo permitió, ya que era tradición pertenecer al equipo Rocket en su familia. Fue así que él empezó a ver los concursos Pokémon a la distancia. En Johto había muy buenos coordinadores y la competencia entre ellos era buena, así que ¿En las demás regiones debía de ser lo mismo?. Fue así que dió con los concursos de Hoenn y Kanto descubriendo así a May.

Butch debía de admitir que los demás rivales de la princesa de Hoenn también eran muy buenos, en especial aquel chico que siempre le acompañaba de cabellera verde. Le pareció curioso al maleante que Drew LaRousse y él compartieran color de cabello, aunque no eran iguales, ya que LaRousse podía acercarse a May Balance con libertad.

Butch siempre siguió la trayectoria de May desde que empezó en sus concursos. Desde la lejanía siempre admiro sus avances y como iba desarrollando su talento. Aquella coordinadora que podía hacer gala de movimientos tan extraños y convertirlos en algo hermoso en sus Pokémon. Era su coordinadora favorita y no solo por hermosa, sino por especial.

— Amm, Butter… — Masculló tartamudeando por los nervios May. No sabía cómo salir de aquella situación tan bizarra en la que estaba metida.

— En definitiva tengo un flechazo por esta señorita. — pensó añorante Butch mientras aspiraba la fragancia de May aprovechando el gran abrazo que le dió.

De repente, la voz del coordinador masculino interrumpió sus pensamientos.

— Parece que la primera vez que te lo dije no me entendiste, pero te lo repetiré de nuevo. — mencionó Drew con voz sedosa y con una seriedad absoluta en su rostro. — ¡Suéltala ahora!

May y Butch giraron sus rostros para ver el semblante del peliverde. La coordinadora jamás creyó posible que el color verde esmeralda pudiera transmitir esa sensación de frialdad. Le atribuía esa cualidad a colores más sobrios como lo eran el azul. En ese momento pudo comprobar que siempre había estado equivocada, porque el verde brillante también era capaz de tornarse frío.

Butch sudó frío. Aunque le agradaba de sobremanera poder tener contacto con la suave piel de la coordinadora, debía renunciar a ella en ese momento. No le apetecía para nada tener un encuentro con el heredero LaRousse. Además que sabía que el chico tenía un carácter un tanto difícil, y no quería probar los límites de la paciencia del jóven. Tampoco quería tentar suertes, Drew LaRousse era demasiado perspicaz y podría descubrir su identidad verdadera.

Lentamente soltó Butch a la joven castaña que aún se encontraba muy sorprendida y avergonzada por lo ocurrido.

— Drew, tu… — iba a empezar a hablar la chica de ojos zafiros, pero fue interrumpida por el joven.

— Bien, ahora por el amor de Arceus, ¿Podrías atendernos como es debidamente por favor?. — Masculló irritado el peliverde tratando de no explotar de frustración dirigiéndose a Butch.

— Bueno, pero qué carácter. — dijo Butch fastidiado. — ¿Qué necesita el "señorito pedante"?

Drew fulminó al chico con su mirada esmeralda. Debía guardar la calma, ya que no tenía caso enojarse por las provocaciones tontas de un sujeto que ni conocía. De soslayo miró a May. Aún se notaba un poco perturbada por la invasión a su espacio privado, pero al menos ya se veía mejor. Suspiró sonoramente para dejar ir todo su mal humor.

Las relaciones no siempre eran pura felicidad. En ocasiones pasaban momentos que podían perturbar a la pareja, incluso eventos que algún día los pondría a prueba con su amor. Porque a veces las cosas no salen como se quiere o esperaba. Lo importante siempre sería la superación de obstáculos juntos. Eso había aprendido Drew en toda su trayectoria como coordinador y su convivencia con May.

— No todo es miel sobre hojuelas. — pensó LaRousse con sabiduría.

Después de unos momentos en los cuales parecieron eternos para él, pero fueron unos simples segundos, logró encontrar su paz interior y volver a ser aquel joven peliverde arrogante e ingenioso, pero tranquilo.

— Queríamos saber si tenías caramelos furia. — contestó con simpleza el chico peliverde.

— Déjame revisar en mi almacén. — respondió con desgana Butch mientras desaparecía tras la puerta que se encontraba detrás de su mostrador.

May miró a Drew un poco apenada.

— Yo lo siento, debí ser más firme y no dejar que llegara tan lejos. — Musitó la castaña con una mezcla de vergüenza y melancolía. Instintivamente bajó su mirada zafiro hacia el suelo.

— No estoy molesto contigo. Solo me sentí un poco frustrado en como te trato ese sujeto. — explicó con tranquilidad el peliverde. Aprovecho para tomar suavemente una mano de la castaña entre la suya. Ella le miró un poco sonrojada con una sonrisa boba adornando su rostro.

Ya tenía algo de tiempo que se habían confesado sus sentimientos, pero aún era algo extraño para May las demostraciones de amor físicas de parte del peliverde.

— Supongo que Butter está muy emocionado de conocerme, eso es todo. — explicó con sencillez Balance. — Aún así, tendré más cuidado para la próxima.

— Esa es mi atolondrada. — Musitó orgulloso el coordinador cerrando sus ojos con satisfacción.

Butch salió de la parte posterior de su negocio y ante la escena que montaban el par de coordinadores en su tienda solo pudo hacer una mueca disgustado. En sus manos traía un tarrito de plástico blanco con tapa roja.

— Ya volví, Princesa May. — dijo entusiasmado el peliverde oscuro.

— Que bien, ¿Si conseguiste los caramelos furia? — preguntó curiosa la castaña.

— Depende, ¿Para quién de los dos eran los caramelos? — preguntó el chico Rocket con cautela.

May y Drew se miraron confundidos el uno al otro.

— Para mí… — Musitó el peliverde esmeralda confundido y anonadado.

— Ah, claro. No tengo disponibles. — sentenció Butch con malicia riendo entre dientes.

Drew ya no quería pelear más. Solo se limitó a bufar indignado y fulminar al sujeto con su mirada esmeralda.

— Amm, Butter. ¿Y si te dijera que son para mí? — preguntó la chica Balance con duda.

— Lo siento mucho, aún así no tengo disponibles. — mencionó el joven apenado. — Pero no te preocupes. ¡Tengo esta sorpresa para ti!. — añadió entusiasmado mientras le extendía el recipiente de color blanco.

May rápidamente lo tomó entre sus manos y dudosa lo observó. Por más que trataba de analizar el contenido del recipiente no lograba definir que era. Drew observó con curiosidad el objeto que tenía May. No tenía que indagar demasiado, el color ligeramente amarillento que se traslucía por el recipiente blanquecino le dió una pista clave del contenido.

— ¿Qué se supone que es esto?. — preguntó curiosa May.

— Te recomiendo que lo abras para olerlo. — comentó Drew encogiéndose de hombros.

Rápidamente la castaña abrió el recipiente y se encontró con un fluido amarillo brillante y nacarado. Acercó su nariz para olerlo. Sorpresa se llevó cuando un aroma dulzón inundó sus fosas nasales.

—¡Wow, es miel!. — dijo la coordinadora en tono risueño.

— Y no cualquier miel, ya que está es para los Pokémon. — respondió en tono sabiendo Butch.

— ¿Cuánto te debo por la miel? — preguntó Drew un poco fastidiado. Aunque no lo quería admitir, ya se encontraba un poco cansado de convivir con aquel sujeto extraño y quería irse del lugar lo más pronto posible.

— Oh, no es necesario Drew. Yo pagare por ella, no tienes que tomarte la molestia. — dijo May un poco apenada. El peliverde le dedicó una sonrisa escueta.

— No es ninguna molestia, insisto. — añadió el peliverde en tono caballeroso. Cómo respuesta, a la chica le brillaron sus ojos zafiros de manera chispeante.

Butch frunció el entrecejo. En verdad odiaba a ese joven arrogante, ya que podía ser demasiado encantador.

— No necesitas pagar nada, LaRousse. La casa invita. — dijo de mala gana Butch. — Tómalo como un regalo por ser tan fabulosa, princesa May. — dijo galante a la coordinadora. Solo se limitó a reír la castaña.

— Gracias Butter. — dijo agradecida May. Él solo sonrió ampliamente. ¡Uno de sus más grandes ídolos le había agradecido!.

— Bueno, será mejor irnos. Recuerda que aún tenemos algunas cosas que hacer antes de que anochezca. — dijo con seriedad Drew, ignorando al encargado frente a él.

— Cierto, será mejor apurarnos. — asintió de acuerdo la castaña. — Nos vemos luego Butter. Fue un gusto conocerte. — dijo dirigiéndose al mencionado con ánimo.

— Ojalá pudiera decir lo mismo...— Susurró Drew sarcástico para sí mismo.

— Claro que sí, en otra ocasión nos volveremos a encontrar. — contestó Butch sonriente. — Hasta luego, princesa.

— Que Arceus se apiade… — volvió a susurrar para sí el peliverde irritado.

Fue así como Drew y May salieron de la tienda casi vacía. Pasó un rato y el par de coordinadores lograron dar con un lugar cómodo y agradable en el bosque para poder acampar. Entre los dos armaron con eficacia la tienda para dormir del peliverde. Desde que Drew empezó sus viajes, siempre la traía como un último recurso para poder tener un techo en caso de no encontrar una posada para dormir en los diferentes lugares que visitaba.

Cuando los dos chicos estaban dentro de la tienda, acurrucados cada quien en su saco de dormir, Drew empezó la conversación entre ellos, lo cual desconcertó un poco a May, ya que ella por lo general siempre iniciaba las conversaciones.

— Te pido como favor que cuando vayas a usar la miel que te obsequio ese raro, tengas mucho cuidado. — dijo el peliverde fingiendo tranquilidad. Su estado estaba más lejos de la realidad mostrada, pues este se encontraba un poco preocupado.

El encuentro con "Butter" le había dejado un mal presentimiento. Sabía que el obsequio que le habían hecho a May era miel inofensiva, pero no podía evitar tener esas sensaciones.

— Claro que sí, ¿Que podría salir mal al usar miel Pokémon?. — contestó Balance con seguridad.

— ¿Tan siquiera sabes cómo se usa? — preguntó el peliverde burlón.

Ante esa pregunta, May enmudeció de golpe. Trató de idear en su mente una respuesta ingeniosa que no la hiciera quedar mal frente al chico, pero por más que pensó, no se le ocurrió. Drew río elegantemente.

— Mi pobre atolondrada May. No tienes remedio. — dijo LaRousse en un tono cariñoso y burlón.

— Pues disculpa, Señor perfección. No todos nacimos siendo unos expertos en el mundo Pokémon. — respondió iracunda la coordinadora, para después realizar un puchero.

— No tienes porqué sentirte avergonzada May, afortunadamente tienes la oportunidad de tener un compañero de viaje que tiene mucha experiencia y puede darte consejos. — Musitó petulante el chico mientras movía su flequillo hacia arriba con un gesto elegante.

— Yo ya no viajo con Ash, Drew. ¿Cómo le voy a pedir consejo si no está aquí?. — remató May con insolencia sonriendo de lado.

Drew a consecuencia de la contestación de la castaña se quedó pasmado. ¿Acaso osaba compararlo con aquel individuo que era sumamente despistado?. Vale, él aceptaba que el pelinegro era un entrenador muy hábil y sabía desenvolverse en el mundo Pokémon, incluso le caía la mayoría del tiempo bien, pero era inaceptable que lo comparara a él, "el gran Drew" con alguien tan mundano.

Debía reconocer que la coordinadora en esta ocasión le había sorprendido con sus palabras. Suspiró derrotado, pero una sonrisa simple e imperceptible adorno su rostro.

— Golpe bajo, Sapphire. — dijo el peliverde fingiendo estar dolido mientras se llevaba la mano al pecho. Por un momento, la castaña se asustó. Creía que sus palabras habían afectado a su acompañante. — Tu ganas está contienda, pero solo porque me demoraría mucho tiempo explicándote porque soy mejor que Ash. — añadió con presunción el coordinador recuperando su actitud de siempre. Gracias a esto May se sintió aliviada.

— Nunca me habías dicho Sapphire. — mencionó un poco sorprendida la joven.

— Si tú sueles usar mi segundo nombre, ¿Por qué yo no haría lo mismo contigo?. — dijo con simpleza Drew, mientras se encogía de hombros.

— Tiene sentido. — dijo de la misma forma la chica. — Entonces, ¿Algún consejo para la miel, Hayden?. — preguntó May con curiosidad.

— Te recomiendo que cuando la apliques en una corteza de árbol sea una cantidad pequeña y no abundante. — dijo en tono sabiondo el caballero. — De preferencia usala cuando esté yo presente.

— Que poca fé me tienes. — Bufó indignada la coordinadora. — Aún así, gracias por el consejo.

— Como sea. Será mejor que durmamos, mañana nos queda camino que recorrer. — dijo con tranquilidad Drew mientras se acomodaba mejor en su mullido saco de dormir. May por su parte hizo lo mismo.

Después de un par de minutos en silencio, se escuchó la voz somnolienta de Balance.

— Buenas noches, señor perfección. — deseó un poco adormilada la chica. El peliverde que aún se encontraba un poco más despierto que ella rió quedamente.

— Buenas noches, mi adorada atolondrada. — Susurró Drew en un tono cálido y cariñoso, aquel que solo dejaba salir a la luz en compañía de la chica que tenía a un lado. Al juzgar por la sonrisa en la cara de la castaña, está le logró escuchar a pesar de ya estar medio dormida.

— Tu eres mejor que Ash, solo bromeaba… — dijo May al borde de la inconsciencia.

Drew sonrió con orgullo. En esa ocasión deseo que Harley estuviera ahí por dos razones: La primera era para que escuchará la declaración que había hecho May, en admitir que él era mejor, incluso más que el mejor amigo de May. Y la segunda, pero no menos importante era que Harley hubiera usado su cámara de vídeo para grabar aquella confesión que jamás le permitiría olvidar a su coordinadora castaña.

— Lo sé. Duerme, May. — dijo orgulloso LaRousse.


Día siguiente

9 am

A la mañana siguiente, se despertaron el par de chicos con energía renovada. Desayunaron unas pequeñas provisiones que tenía la castaña en su mochila y mimaron a sus Pokémon por un rato. Cuando terminaron sus actividades se iban a disponer a recoger su campamento provisional, pero antes de poder llevar a cabo la tarea era necesario que alguno de los dos fuera por agua a un pequeño riachuelo que habían visto por ahí. Mientras tanto, el otro se encargaría de cuidar sus pertenencias.

— Será mejor que yo vaya por agua, camino más rápido que tú. Mientras tanto tú te quedarás a cuidar el campamento. — dijo el peliverde en un tono un poco mandón mientras que en su mochila guardaba la botella de la castaña junto a la suya. — Eso nos permitirá llegar a Ciudad Olivo con anticipación y así podremos practicar todo lo que queramos para el Festival.

— Me parece bien, así que mientras tanto aprovecharé para acomodar mis cosas en la mochila. — respondió la castaña en tono relajado.

— Volveré enseguida. Mientras tanto, no te metas en problemas. — Musitó Drew burlón mientras se alejaba caminando de ella.

— ¡Yo nunca me meto en problemas! ¡Ellos se meten conmigo! — gritó May ofendida y frustrada mientras veía partir al peliverde en dirección hacia el riachuelo.

Con su ceño fruncido se sentó en el suelo para acordar sus pertenencias en su mochila. Empezó a sacar todo el contenido y a distribuirlo por todo su alrededor. También aprovecho para dejar a un lado el cinturón con pokebolas. Fue ahí cuando se percató de algo que llamó su atención instantáneamente.

Volvió a tomar entre sus manos el frasco de plástico que contenía la miel.

— Me pregunto, ¿Qué clase de Pokémon atraerá? — pensó la castaña mientras dirigía su mirada al cielo.

Había olvidado por completo preguntarle anoche a Drew aquello, pero afortunadamente todo tenía una solución.

— Veamos que tiene que decir la Pokédex de esto...— dijo la chica hablándole a la nada.

De su mochila sacó su Pokédex y apuntó con el escáner de la pantalla al frasco de miel. Después de esto, de manera inmediata se empezó a escuchar la voz del aparato.


"Miel Pokémon. Es una mezcla de diferentes azúcares que van desde la azúcar común, hasta la obtenida en bayas Pokémon. Aunque la más fina y eficaz es producida por Combees gracias a los néctares y polen de las flores de los bosques. Los Pokémon que son posibles de atraer con este producto son: Wurmple, Burmy, Aipom, Munchlax, Heracross, Combee y Cherubi."


Con la mención del Pokémon Cherubi, a May le brillaron los ojos anhelantes. Aquel Pokémon en forma de cereza le parecía encantador, risueño y muy elegante. ¡En definitiva debía intentar atraer uno!. Además, la evolución de Cherubi también era muy mona y podría ser una adición muy importante a su equipo Pokémon. Ya se imaginaba en el escenario con su Cherrim. Entusiasmada se incorporó del suelo con el frasco y se acercó a un gran árbol. Dejó todas sus cosas en el suelo, incluida su mochila y su cinturón con todas las pokebolas.

— Haber, ¿Qué era lo que Drew me dijo que debía hacer?. — Musitó de manera pensativa hacía el aire mientras analizaba el árbol. — ¡Oh sí! Solo necesito agregar un poco de miel a la corteza. — dijo alegre después de unos momentos en silencio.

Cuando tomó un poco de la sustancia amarillenta con su dedo y estaba a punto de aplicarla en la corteza se detuvo en seco. Drew le había advertido que no debía usar la miel sola, que de preferencia lo hiciera cuando él estuviera presente. Aunque ahora que lo pensaba, el peliverde solía ser sumamente protector con ella al punto de rozar en la exageración. Sabía que en el pasado se había metido muchas veces en problemas y que gracias a sus amigos había salido ilesa. También ella se las había podido arreglar después del incidente que tuvo en Ciudad Verde en Kanto. Así que suponía que ella era lo suficientemente responsable de cuidarse sola.

Era solo una miel inofensiva, ¿Qué es lo peor que podía suceder?.

— Solo está exagerando. — bufó May para liberar la tensión que se había formado a su alrededor.

Fue cuando se animó y logró aplicar la miel con su dedo en la corteza del árbol. Con ansias, esperó a que algún Pokémon hiciera acto de presencia. Pasaron cerca de dos minutos sin pasar absolutamente nada.

— Esto no está resultando como esperaba… — se lamentó la coordinadora al ver que no sucedía nada.

Desilusionada, volvió a tomar su frasco con miel y lo observó. ¿Qué pasaría si aplicaba un poco más a la corteza?. Drew le había advertido también que no usará mucha.

— Quizá sea más efectiva de esta manera y atraiga más rápido a los Pokémon. — pensó con positivismo la fémina.

Nuevamente abrió su frasco y tomó una cantidad considerable con sus cuatro dedos. Rápidamente la dispersó en una gran área de la corteza del árbol. El aroma dulzón y azucarado llegó a la nariz de la chica. Si hasta ella una simple humana podía olerlo, los Pokémon no tardarían en notarlo.

— Será mejor que me prepare para su llegada, quizá Glaceon pueda ayudarme en esta contienda. — pensó May mientras inconscientemente llevaba su mano hacia su cinturón con pokebolas.

Dió un pequeño sobresalto al notar que no lo traía consigo. Fue ahí cuando recordó que lo había dejado a un lado de su mochila y demás cosas. Estaba a punto de ir a por ellas cuando un ruido extraño la desconcertó. La coordinadora se quedó plantada en su lugar escuchando una especie de aleteo frenético. No le dió tiempo de poder pensar qué clase de Pokémon se acercaba a ella, porque cuando se dió cuenta una manada de Combee se acercaba a ella de manera frenética.

No era uno, ni dos, ni tres. ¡Eran alrededor de 10!. Eso no era lo peor del asunto, sino que los Combee se encontraban custodiando a su líder, su reina.

— Un Vespiquen. — dijo tartamudeando la chica, sus ojos zafiros estaban pasmados por la situación.

Si May se hubiera encontrado en otras circunstancias, lo más seguro es que hubiera disfrutado a la lejanía de estos pequeños y activos Pokémon. Incluso se hubiera alegrado de sobremanera de presenciar un Vesquipen, ya que las reinas abejas eran muy contadas de ver en estado salvaje. Salió de sus pensamientos abruptamente cuando los zumbidos se hicieron cada vez más fuertes. Quería correr despavorida, pero sentía como si sus suelas de los pies estuvieran pegadas al suelo.

— Vamos pies, no me fallen ahora. — pensó angustiada.

Después de ese momento tan angustiante sintió como su cuerpo tenía una energía renovada que la impulsaba a correr como si no hubiera mañana. Ya no tenía encima aquel miedo paralizante, ahora este era reemplazado por el sentido de la supervivencia. Empezó a correr con su recipiente de miel en la mano, de cerca le seguía el enjambre curioso, hambriento e hipnotizado de Combee.

Fue así como se alejó del campamento provisional que tenían Drew y ella. Luego de correr por unos instantes empezó a cansarse. ¿Ahora que iba a hacer?.

— Quizá si les doy la miel me dejen en paz. — pensó con positivismo.

Estaba a punto de dejar caer su recipiente, pero una nueva idea surgió. Se dió cuenta que a unos metros de ella, enfrente estaba un pequeño riachuelo. ¡Era su salvación!, si no mal recordaba a los Pokémon abeja no les gustaba nada el agua.

— Un chapuzón no va a estar para nada mal. — pensó la coordinadora mientras sin titubear se arrojaba al pequeño riachuelo.

No era muy profundo, pero al menos el manto acuífero servía para poder cubrir su cuerpo, solamente su cabeza se encontraba fuera del agua. Los Combee le miraron impacientes y estaban a punto de retirarse, pero un zumbido de Vespiquen les interrumpió en su cometido. Casi May suspiraba de alivio al ver que las pequeñas abejas se iban a retirar, pero no duró mucho su felicidad ya que al parecer la reina abeja había ordenado no retirarse.

— Si lo que quieren es miel, ¡Tómenla! — dijo May molesta y con su ceño fruncido mientras arrojaba a la superficie su tarro de miel.

Algunos Combee se acercaron curiosos a revolotear alrededor del objeto, pero la mayoría seguían reacios a irse. May al ver esto quería llorar. No sabía si había molestado a los Pokémon de alguna manera, porque no encontraba una razón lógica para que no partieran.

— ¿Qué es lo que quieren de mí?. — lloriqueo desesperada. Solo recibió como respuesta más zumbidos.

Estaba a punto de echarse a llorar a rienda suelta, pero de repente otra buena idea se le ocurrió. ¿Y si los ahuyentaba con Beautifly y Altaria?. Les pediría que usarán tornado para dispersarlos. ¡Era una idea grandiosa!, estando bajo el agua buscó a tientas su cinturón con pokebolas.

— ¡Oh por Arceus, lo que me faltaba!. — gritó la coordinadora de Beautifly frustrada al darse cuenta que no traía consigo sus Pokémon nuevamente.

Se reprendió mentalmente por ser tan descuidada al dejar sus pokebolas en el campamento tiradas. ¿Ahora que iba a hacer?. Afortunadamente, el clima era caluroso, lo cual el chapuzón de agua le caía de maravilla, pero se sentiría de maravilla si no la estuviera acechando ese enjambre.

— Qué frustrante. — Se quejó en voz alta la castaña. — Drew si se llega a enterar de esto, nunca me dejará olvidar este momento… — añadió con melancolía.

— Masquerain, Butterfree ¡Tornado! — gritó una voz firme que May conocía a la perfección.

A unos metros de distancia, se encontraba Drew LaRousse junto a sus dos Pokémon con una mirada determinada. Masquerain y Butterfree obedecieron y ejecutaron su movimiento. De las alas de los Pokémon salieron grandes ráfagas de viento, tan fuertes que hizo que los Combee temblarán en el aire.

— ¡Bee! — articularon los Pokémon abeja despavoridos.

La Vespiquen trató de ponerse frente a toda su colmena, pero de nada sirvió, el ataque de los Pokémon de Drew era certero y efectivo. Cuando menos se dieron cuenta, los Pokémon salvajes habían desaparecido. May estaba sorprendida, sabía de la mejoría que habían tenido los Pokémon del chico peliverde, pero le acababan de demostrar que eran oponentes formidables. Tan impactada estaba que no se percató cuando Drew se acercó al riachuelo y le extendió la mano para poder ayudarla a salir del agua.

— Vamos, sal de ahí atolondrada. — dijo Drew seriamente mientras seguía con su mano extendida hacía la castaña. Fue así como May regresó a su realidad y accedió a tomar la mano de su pareja.

Gracias a la ayuda del peliverde, la castaña salió chorreando del agua. Estaba mojada de la cabeza a los pies.

— Gracias por su ayuda, Masquerain y Butterfree. Merecen un buen descanso. — dijo agradecido LaRousse mientras sacaba las respectivas pokebolas y regresaba a sus Pokémon a descansar. Posteriormente, miró a la castaña con reproché. — Te dejé solo por unos momentos y conseguiste que una manada de Combee te persiguiera. — Musitó el coordinador con reproché. Balance se sintió nerviosa ante la mirada esmeralda del joven.

— Qué va, ¡Tenía todo bajo control!. — expresó May nerviosa mientras trataba de restarle importancia al asunto.

— No creo que estar casi sumergida en el agua y lloriquear fuera tener todo bajo control. — comentó irónico el peliverde. — Incluso conseguiste que la abeja reina te siguiera, ahora la cuestión es ¿Cómo y por qué?. — preguntó el coordinador de manera analítica.

— Bueno, yo quizá trate de usar un poco de miel Pokémon. — explicó May ligeramente apenada mientras jugaba con sus dedos nerviosamente.

— ¿Cuánta miel usaste?. — preguntó LaRousse en tono de sospecha.

— ¿Acaso eso importa?. — preguntó pasmada. Vió como su acompañante solo asintió. — Pues primero había puesto muy poco, pero no aparecía ningún Pokémon, así que aplique casi la mitad del bote.

— ¿La mitad?. Bueno eso explica todo. Lo más seguro es que los Combee pensaron que la habías robado de su colmena. — explicó LaRousse calmado. Tenía que relajarse si no quería soltarse a reír en medio del bosque. Para ser sinceros, a él le pareció un escenario cómico. — Al menos no te lastimaste en el proceso, pero ahora estás toda mojada, despistada. — añadió en tono cariñoso.

— ¡Fue una medida desesperada!. Dudo mucho que a ti se te haya ocurrido algo mejor. — Reprochó May ofendida.

— Yo ni siquiera hubiera cometido el error de usar casi la mitad de la miel en un árbol, May. — dijo petulante el coordinador. — Además, creo recordar que te advertí que no usarás la miel estando sola.

El rostro de la coordinadora pasó de fruncir el ceño ligeramente a estar sonrojado debido a la vergüenza.

— Me puse a investigar que Pokémon podría atraer con esa cosa. Descubrí que Cherubi estaba en la lista, ¿Así que porqué no?. Quería probar si era cierto lo que me decía mi Pokédex. — Musitó levemente apenada la joven de ojos zafiros, aunque no dejó de fruncir su ceño. — Además sé cuidarme sola.

Drew decidió ignorar su última declaración y centrarse solamente en la primera.

— Ay, May. Mi querida atolondrada May. — Musitó Drew en tono condescendiente tratando de no reír en el proceso. Ella le miró enfuruñada. — Jamás ibas a atraer un Cherubi aquí en Johto.

— No veo la razón, la pokédex lo confirma. — contestó la castaña malhumorada mientras se cruzaba de brazos.

— No escuchaste toda la información que te proporciono, ya que hay algunos Pokémon que no se pueden atraer dependiendo del lugar donde estés. — Explicó el peliverde con paciencia, pero sin dejar de sonar condescendiente. — Cherubi es un Pokémon exclusivo de la región Sinnoh.

Después de las palabras dichas por el peliverde, todo quedó en silencio. May se planteó la posibilidad de haberse equivocado y haber metido nuevamente la pata, pero no quería admitir que el coordinador perfeccionista nuevamente tenía la razón.

— ¡No puede ser, estás jugando conmigo!. — comentó la chica obstinadamente.

— Si no me crees, toma mi Pokédex y confírmalo. — respondió Drew con presunción mientras le extendía su aparato.

La castaña lo tomó y en efecto encontró la sección que había leído con anterioridad sobre los posibles Pokémon que podía atraer con la miel.


"Cabe recordar que no todos los Pokémon que se describen aquí serán posibles de atraer en un mismo lugar. Todo dependerá de la región en la que se encuentre el entrenador."


Que error garrafal había cometido la coordinadora. En ese momento quería que la tierra se la tragara, o ¿Por qué no? Mejor sumergirse en el riachuelo para evitar la vergüenza que sentía frente al peliverde que le veía con una sonrisa torcida ladeada y sus chispeantes ojos esmeraldas que ocultaban un deje de diversión.

— No puedo creerlo, qué tonta he sido. — Masculló May apenada mientras lloriqueaba dramáticamente.

— Un error lo comete cualquiera, ya no te preocupes por ello. — le dijo cariñosamente Drew. — No eres para nada tonta, solo un poco despistada. — añadió en tono relajado para calmar a la joven.

— ¿Qué hay de los Combee? Creí que ellos eran de otras regiones y no de Johto. — preguntó con duda la chica.

— Voy a especular, pero por ahí he escuchado que últimamente se han hecho muy comunes, hoy en día ya es posible encontrarlos en cualquier región. — dijo Drew restándole importancia al asunto.

— ¿Prometes no contarle a nadie lo que sucedió? — preguntó la castaña sonando como una niña pequeña avergonzada. LaRousse miró los ojos zafiros anhelantes y ligeramente brillosos debido a las lágrimas contenidas.

— ¿Acaso crees que soy como Harley?. Me estás ofendiendo, May. Obviamente no le diré a nadie. — contestó el peliverde rebosando confianza. — Esto quedará como una anécdota graciosa entre nosotros dos, solamente entre los dos… — dijo Drew remarcando sus palabra solemne.

— Bueno, al menos será un recuerdo gracioso. Mi consuelo es que no me pasó con otra persona, sino contigo. — contestó May de manera positiva sonriendo quedamente mientras temblaba un poco debido al frío que empezaba a sentir por estar en la intemperie estando mojada.

El peliverde al darse cuenta de que la castaña estaba sufriendo frío, se quitó su característica chaqueta morada y la colocó sobre los hombros de ella. May le miró sorprendida.

— No puedo aceptarla, se va a mojar. — comentó May un tanto sorprendida y reticente, pero sin sonar grosera.

— Eso no importa, no quiero que tengas frío. — Mencionó calmado el peliverde.

Aunque aparentaba, ya que se encontraba ligeramente nervioso. Nunca le había dado su chaqueta a una chica. Sabía que era un acto caballeroso, pero le ponía de nervios realizarlo con su May. No podía evitarlo, por muy confiado que llegara a ser, en ocasiones podía demostrar ser un poco tímido.

— Ahora será mejor regresar al campamento y esperar a que te seques. No quiero que me culpes porque pesques un resfriado y estés enferma para el gran festival. — Comentó Drew de soslayo mientras tomaba la mano de la coordinadora entre la suya y empezaba a caminar. Ella solo lo miró sonrojada, pero no pudo evitar que se formará una sonrisa tierna en su rostro.

— Muchas gracias, Drew. — dijo como agradecimiento May. Hizo que el peliverde detuviera su marcha acelerada y aprovechó la cercanía para darle un sencillo beso en sus labios.

Fue apenas un roce, pero era un gesto que demostraba la gratitud y el cariño que había entre ambos. Drew primeramente se quedó sorprendido y levemente ruborizado después solamente sonrió cálido.

— Si querías un beso, me lo hubieras pedido May. — mencionó el peliverde levemente burlón.

— Callate, robado es mejor. — contestó con satisfacción la castaña, pero con un poco de vergüenza.

— Si esto es lo que voy a obtener por salvarte de una manada de Combee, recuérdame comprarte miel Pokémon más seguido para que te persigan. — añadió el coordinador petulante sonriendo de lado. Solamente recibió un ligero golpe en su hombro como respuesta.

En verdad que viajar con aquella coordinadora le era fascinante y emocionante al peliverde. Esperaba que esto le permitiera conocer aún más todas las facetas de ella. Nada que ver con sus antiguos viajes en los que todo era mundano y cotidiano.

Con May todo daba un giro distinto.