Él había vivido por milenios enteros causando caos a diestra y siniestra, además del largo tiempo que permaneció como piedra simplemente pudiendo escuchar lo que ocurría a su alrededor, sin embargo nunca le preocupó en lo absoluto el paso del tiempo puesto que él permanecía igual, con la misma energía y sentido del humor, conservando la calma y despreocupación que tanto le caracterizaba, porque en realidad en todo ese tiempo nada además de sí mismo le había importado realmente.
Sin embargo con la aparición de Twilight Sparkle y sus amigas claro que todo había cambiado gracias a la encomienda de la entonces Princesa Celestia de reformarlo; fue entonces que a la timida Fluttershy se le pidió que intentase mostrarle lo que era la amistad y a pesar de su resistencia, había terminado teniéndole cariño a aquella Pegaso amarilla amante de los animales.
Las tardes de té se habían vuelto habituales y ocurrían sin falta una vez a la semana, ya fueran en casa de Fluttershy o la suya, aún recordaba la primera vez que la invitó a su casa y se esforzó demasiado por aparentar ser lo suficientemente normal para no incomodarla, pero resultó ser que ella disfrutaba de un poco de caos y cosas carentes de sentido de vez en cuando, en realidad, contra todo pronóstico, ambos se entendían muy bien sin importar las opiniones de los demás en Ponyville que creían ridícula la simple idea de que ellos dos pudiesen ser amigos.
Habían compartido años enteros juntos, preparó su almuerzo cada tarde del mes que ella se reunía con sus amigas en Canterlot, la acompañó frecuentemente al santuario de animales que ella misma había fundado, incluso juntos habían lidiado con el caprichoso Angel en varias ocasiones.
Así como tampoco olvidaría el día en que la timida Fluttershy se armó de valor para confesar sus verdaderos sentimientos hacía él, el cómo su amistad había crecido muchísimo hasta convertirse en algo más, recordaba con cariño cada uno de los aniversarios y el cómo ella parecía sorprenderse de lo que él era capaz de hacer con sus poderes; encontrando cada una de sus ocurrencias y locuras como algo divertido e impresionante, aunque claro, en más de una ocasión le había reprendido cuando cometió algún error (o varios de ellos).
Pero, en realidad, fue consciente de lo que implicaba el paso del tiempo cuando aquel conejo se había vuelto poco a poco más tranquilo, así como también había perdido energías y los berrinches eran cosa del pasado. Fluttershy había cuidado de él hasta el último día, la partida de Angel había sido algo que derrumbó a su querida Fluttershy, llegó a pensar que jamás se repondría de esa perdida y que ver a los conejitos blancos que Angel había dejado detrás no haría más que provocarle el llanto.
Sin embargo, él había caído en cuenta de que el rosado de su cabello ahora era acompañado por mechones blancos y la mirada de ella era cada vez más cansada, supo entonces que el para siempre que Fluttershy y él planearon no perduraría demasiado, que en algún momento ella partiría al igual que Angel mientras que él seguiría condenado a una vida eterna sin su dulce Fluttershy y no estaba listo para ello; dudaba poder estar listo en algún momento.
Si bien no lamentaba el tiempo que había pasado con ella y se sentía realmente afortunado de conocerla, no podía evitar pensar que ahora se encontraba condenado a una eternidad de tristeza dónde sería incapaz de reunirse con ella en algún momento y no haría más que extrañarla, en realidad, era incapaz de imaginarse una vida sin una tarde de té con ella, sin embargo en algún momento una de esas fiestas de té sería la última y nada ni nadie podría evitarlo.
Llegaría el momento en que jamás volvería a escuchar su voz pronunciando su nombre o su dulce risa retumbando por las paredes de la casa, volvería a ser el solitario Discord ya que en realidad no deseaba ser amigo de nadie más, ni siquiera sería capaz de encariñarse con alguien más sabiendo que tarde o temprano se repetiría la historia.
Ahora el pasar del tiempo no le parecía indiferente, cada día que pasaba le parecía una cuenta regresiva que lo torturaba y maldecía a Celestia por ello.
