Saliendo de mi bloqueo y aumentando mi motivación para escribir, espero actualizar pronto mis demás fics, pero por ahora les dejo este pequeño one shot GouKaze, espero que les agrade.
Importante:
— Gouenji y Kazemaru son adolescentes.
— Gouenji siempre piensa en Kazemaru.
— Kazemaru es solo Kazemaru.

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Regresaba de unas simples compras aquella mañana, quería algo dulce para comer, solo unos pocos snacks y también algo de chocolate para su hermana. Era día libre y solo quería relajarse y disfrutar, antes de volver a la rutina.

La temperatura era baja, por lo que vestía con un largo abrigo azul oscuro, una mano estaba dentro de uno de sus bolsillos, buscando abrigo. Mientras la otra mano sostenía su bolsa de compras, sus dedos comenzaban a sentir el frío, pero nada grave. De todas formas, no estaba lejos de su hogar, no demoraría mucho en llegar y calentarse.

Sus botas cafés, dejaban huellas sobre la fina capa de nieve que se había formado durante la madrugada. Pocas personas paseaban por allí, tan abrigados como él, dejó escapar un suspiro, dejando ver su aliento en forma de humo, luego de eso, notó como pequeños y suaves trozos helados caían del cielo.

— Está nevando de nuevo.

Murmuró en voz baja, deteniéndose justo frente a una cafetería, donde gran parte de la gente había pedido una bebida caliente y disfrutaba de su comida en la calidez de ese sencillo lugar. El chico solo volteo a verlo un momento, para luego proseguir en su camino, pensó que traer a su hermana a esa cafetería podría ser una buena idea. El lugar era casi nuevo en ese sector, y no había tenido la oportunidad de visitarlo. Incluso, la imagen de cierto chico de coleta cruzó su mente, también podía invitarlo a él otro día, para ver el lugar antes de traer a Yuuka. Eso pensaba, en una excusa para invitarlo, mientras proseguía su camino y pequeños copos de nieves chocaban contra él, dejando una marca tenue sobre su ropa, que desaparecía rápidamente.

Camino con tranquilidad, pasando por al lado de un parque de juegos para niños, sin voltear, ni detenerse, siguió su camino sin cambiar su ritmo. Hasta que se detuvo abruptamente. Algo del parque llamó su atención, así que volvió sobre sus pasos, sintiendo la suave pero fría brisa contra su rostro. Se acercó para confirmar, rodeando los arbustos y árboles que obstaculizaban su visión, para llegar a la entrada del parque, desde donde había notado una figura familiar.

El parque estaba vacío, no había ningún pequeño jugando, gran parte de los juegos tenían una fina capa de nieve encima, así también como el suelo. Habían diferentes tipos de juegos, pero el que más llamaba la atención en ese momento al chico, era la resbaladilla. Si, era un juego muy sencillo, le superaba en altura a él, tenía una simple escalera para subir en un extremo y el resbalín rojo para bajar en el otro extremo. Pero no era por eso exactamente que había vuelto sobre sus pasos, sino por la persona que estaba en la cima de la resbaladilla, allí de pie, estirando una de sus manos, como si pudiera alcanzar el cielo o intentara atrapar un copo de nieve.

Sí, se quedó embobado ante esa imagen, que brillaba aún más bajo el color blanco que comenzaba a cubrir la ciudad más y más. Parecía de otro mundo, casi etérea, como si un velo blanco cubriera el lugar. La leve y suave brisa que recorría el lugar, movían aquellos largos cabellos cercetas con gentileza, y eso le agregaba más magia a aquella escena. Podía notar las mejillas sonrosadas del otro desde esa distancia, seguro por el frío que comenzaba a aumentar con lentitud. La mano desnuda del otro, con la palma hacia arriba, queriendo alcanzar los copos de nieve que caían, le pareció tierna. Mientras alzaba su mirada hacia el cielo, con esa expresión tan cálida y brillante que ya había visto antes.

Por un segundo pensó que aquella mágica figura, comenzaría a volar, y sabía que eso era ridículo, pero no pudo evitar imaginarlo. Tampoco pudo evitar sacar su teléfono de su bolsillo, y tomar una fotografía de esa imagen, justo con el fondo de las copas de árboles cubiertos de nieve como fondo. Pero claro, había olvidado quitar el sonido de la cámara, y algo parecido al obturador sonó, rompiendo aquel silencio mágico y tranquilizador que se había formado.

— ¡ah!

— ¿eh?

— …

— ¿Gouenji?— era obvio que lo iba a reconocer, no había podido ocultarse, tampoco había mucho tiempo para reaccionar de todas formas. Cuando Gouenji volteo, el chico ya había bajado, utilizando el resbalín y ahora se acercaba a él.

— No pensé verte por aquí.— intento cambiar el tema.— Kazemaru.— el mencionado vestía una chaqueta larga oscura, y ya que no estaba abrochada completamente, dejaba ver un chaleco blanco debajo de esta.

— ¿Me tomaste una fotografía?— preguntó directamente el chico, mirándolo con el ceño fruncido levemente.

— Ah, me descubriste.— no lo iba a negar, tampoco quería que Kazemaru pensara algo malo de él.

— Creo que era obvio.— sonrió Kazemaru, para luego ambos reír un poco.— Que vergüenza..— el chico se sonrojo un poco más, se notaba nervioso e incómodo.

— No te preocupes la borrare.— le dijo mirando su teléfono, buscando la foto que había tomado.— Solo la tome para… sorprenderte, te veías muy concentrado.— intentó justificarse Gouenji, lo que menos quería hacer era incomodar al otro, aunque tampoco quería borrar la fotografía, había sido una escena demasiado perfecta.

— Está bien, no te preocupes.— Kazemaru usó su mano, y con delicadeza, hizo que Gouenji bajara el brazo que sostenía el teléfono.— Pero no se la muestres a nadie.— pidió avergonzado. Gouenji sonrió con suavidad, y le dijo que no lo haría. Estaba agradecido de poder conservar la fotografía y obviamente sería su tesoro secreto más preciado.

En ese momento el teléfono de Kazemaru sonó, así que el chico tuvo que contestar, disculpándose con Shuuya. Ichirouta volteo y comenzó a hablar.— Sí, mamá… oh, entiendo...

Gouenji solo se quedó allí a su lado, en silencio. Su mirada pasó de la figura de Kazemaru, a la pantalla de su propio teléfono, donde tenía la fotografía de Kazemaru, la cual era maravillosa. Sonrió levemente, agradecido de que Kazemaru le dejara quedársela, detalles como esos, de parte de Kazemaru, provocaban que su corazón se acelerara y sintiera su cuerpo temblar. Sin embargo, al final sabía que Kazemaru solo estaba siendo amable, amigable, no quería ser una molestia, era la misma actitud que tenía con sus demás compañeros del club, así como con los de su salón y en general con todos. No era especial. Kazemaru solo era demasiado bondadoso y confiado.

Pero claro, Gouenji no quería quedarse así, quería ser especial para Kazemaru. No es como si estuviera de brazos cruzados, muchas veces caminaban a casa juntos, unos metros antes que Endou los alcanzara. También habían comido ramen juntos, solamente ellos dos, pero por unos instantes, antes de que alguien del club, como Kurimatsu o Someoka, aparecieran por allí y terminaban siendo un grupo grande.

El destino no parecía estar de su lado, o quizás-

— Lo siento, debo irme Gouenji.— La voz de su compañero cortó sus pensamientos, ya había acabado de hablar.— Nos vemos después.

— E… ¡espera!— Shuuya no lo pensó mucho, simplemente reaccionó cuando Kazemaru pasó por su lado, atrapando con su mano la muñeca del contrario. Él mismo estaba sorprendido de su reacción. Nervioso, y levemente sonrojado, se quedó en silencio.

Ichirouta por su lado, no tuvo otra opción más que detenerse, sorprendido por el abrupto jalón que había sentido de parte de su compañero.— ¿Qué ocurre?— preguntó volteando a verlo, parpadeo confundido ya que Gouenji se había quedado en silencio por un buen rato y él tenía que irse.

Gouenji abrió y cerró su boca un par de veces, antes de que por fin, sonido saliera de ella.— eh...La cafetería, hay una nueva que está cerca de aquí.— debido a los nervios, sin querer alzó la voz, no pudo evitarlo

Los labios de Kazemaru formaron una perfecta o, en respuesta.

— Se a cual te refieres, la abrieron hace unos meses.— sonrió animado, cosa que relajó a Gouenji.— ¿Qué pasa con eso?— aunque su relajo, duró muy poco, sintió sus mejillas arder pero ya había llegado hasta aquí, así que debía probar suerte.

— Si tienes libre más tarde, podríamos ir a tomar un chocolate caliente.

— ¿eh?

— C-con Yuuka también.

... o quizás se saboteaba el mismo. Eso pensó Gouenji, que en su nerviosismo había hablado demás. Había sido una gran oportunidad para estar unos momentos a solas. Aunque, siempre podía decir que Yuuka no pudo venir.

— Claro, será divertido ver a Yuuka.— nuevamente esa sonrisa tranquila.— Que ganas de verla, además también le gustan los dulces.— y a cada palabra que decía Kazemaru, estaba claro que debía llevar a Yuuka.

— Sí, seguro se alegra de verte también.— fingió una sonrisa.— ¿Esta tarde te parece bien?

— Sí, en la tarde no tengo planes, envíame los detalles por mensaje. Ahora debo irme.

— Está bien, nos vemos.

— Sí.

— …

— … Gouenji.

— ¿Qué ocurre?

Las mejillas de Kazemaru se habían coloreado intensamente en ese instante.— ¿Po-podrías devolverme mi mano?

Gouenji se aterró por eso y soltó a Kazemaru automáticamente al escucharlo.— Discúlpame. No quería, en serio.— la verdad es que si quería.

— E-está bien.— ambos estaban muy incómodos ahora, sonrojados y tensos. Solo el sonido del teléfono de Kazemaru los hizo volver en sí.— oh, mi mamá me va a matar. Me tengo que ir, nos vemos en la tarde.— tan rápido como dijo eso, Kazemaru se alejó mientras hablaba por teléfono nervioso, disculpándose por su demora. Gouenji apenas pudo despedirse, aunque lo vería dentro de unas horas, así que no importaba mucho.

Agradecía que la sensación de incomodidad se hubiera roto con esa llamada, además tenía una cita con Kazemaru, aunque en realidad no era una cita como tal, sobre todo con Yuuka agregada.

De todas formas, debía regresar a casa, decirle a su hermana, enviarle un mensaje a Kazemaru y esperar para encontrarse esa misma tarde. Sonriente y orgulloso, avanzó un par de pasos antes de detenerse, y voltear para mirar el juego, donde antes había estado Kazemaru. No pasó mucho tiempo, cuando él también subió por esas escaleras y se quedó de pie en la cima, observando el mismo cielo que hace poco observaba Ichirouta con tanta calidez y ternura.

¿Esto es lo que observabas, Kazemaru? Se preguntó en un murmullo, mientras veía los copos de nieve caer con suavidad sobre él, sobre el parque, sobre la ciudad. Envidiaba tanto aquella imagen, porque él también deseaba reflejarse en los ojos de Kazemaru, tal como aquel bello cielo del cual estaba estúpidamente celoso.