Wish I were Luna

Una inhalación profunda.

Kohaku no quiso sentirse como una acosadora, pero debió admitir que inhalar una última vez la sudadera de Senku, mientras espera que esté salga del laboratorio, no es precisamente un sinónimo de algo normal.

Sus mejillas se encendieron, era tan rara, pero eso no evitaba que la necesidad por cerrar los ojos se hiciera presente, aún podía recordarlo, una semana atrás, tres de diciembre:

Debiste traer un suéter, leona.

Su ceño se frunció ante el apodo. El viento había comenzado a soplar más frío desde hace unas semanas, y ese día no fue la excepción, sus cabellos se agitaban, y la piel de sus brazos se erizaba aun con la manga larga de su uniforme.

No soy una leona –murmuró, frotando un poco sus manos en sus brazos en un intento vano de mantener el calor. –Y la traje, solo que Ruri-nee olvidó la suya.

Una risita entre dientes fue la respuesta de su amigo.

Siempre te preocupas por los demás –agregó, agitando la cabeza y aun riendo, tal vez más para sí que para ella, realmente Kohaku no pudo decirlo –. Toma

Sus ojos viajaron hasta poder identificar a qué se refería el científico viendo como una sudadera le fue extendida, pero no cualquier sudadera. Ella la conocía bien, había sido un regalo de Byakuya en el cumpleaños de Senku, algo simple: solo poliéster con un cuello alto y la fórmula de la relatividad al lado izquierdo en rojo.

Aun con la sorpresa en sus facciones ella negó nerviosa.

Yo no…

No seas irracional, si enfermas no podrás participar en el torneo, no creo que quieras tirar a la basura todo tu esfuerzo –interrumpió, como era de esperarse, el tono en la voz del científico no pudo ser más desinteresado –.Vamos, se me cansa el brazo, leona.

Tu te enfermas con mayor facilidad –señaló, aun sin tomar la prenda.

Tengo el fin de semana para recuperarme, además, necesito a mi mano de obra en buenas condiciones sí quiero lanzar mi cohete el próximo mes.

Sus agudos ojos se mantuvieron un par de segundos sobre la figura del más alto, detallando todo: desde sus ojos rubíes aún fijos en el camino, su pose relajada, su mochila colgando de su hombro con tanta despreocupación, y su meñique hurgando en su oído en ese acto tan suyo de restarle importancia.

Aún dubitativa, tomó la sudadera, mirándola un segundo antes de ponérsela.

Solo poliéster, pero fue realmente caliente en el momento en que su cuerpo al fin se enfundó en ella. Con las mangas siendo un poco más largas que sus brazos, sus manos lograron resguardarse; y un cuello alto, la obligó a hundir el mentón en busca de desaparecer los rastros que el viento frío dejó en su rostro.

Diez billones por cierto de que te queda mejor a ti que a mí –comentó, con las vista fija en su celular –. Deberías quedartela.

Negó.

¿No crees que a tu padre le molesté? –preguntó mientras metía las manos en las bolsas sintiendo dentro algunos envoltorios de golosinas.

Al viejo no le importará, igual no la uso.

Kohaku no pudo terminar de creer sus palabras.

Podría pensarlo –añadió divertida.

Deberías, apuesto a que con Einstein de tu lado no vuelves a reprobar un examen de física leona.

¡Cállate!

La sonrisa en su rostro se hizo más grande ante el recuerdo de ese tres de diciembre: ella en su sudadera y él diciendo lo mejor que se veían en ella.

–¿Qué haces?

Su nariz continuaba enterrada en la prenda, cuando esas palabras hicieron eco en el pasillo, sus ojos viajaron de inmediato al dueño de esa voz solo para encontrarlo con una ceja levantada y la mirada clavada en ella.

–¿Es alguna cosa rara de leonas?

–¡No! –chilló, con el rostro sintiéndose rojo, y la vergüenza inundándola –. ¡Y no me digas leona!

Su risa, dios, supo que lo tiene tan mal por Senku en el momento en que esa risa consiguió llenar su pecho con una sensación tan rara.

–Por un momento creí que aparte de una vista monstruosa, también podrías olfatear como los felinos –bromeó, caminando escaleras abajo para poder salir del lugar.

–Eres un idiota, Senku.

Él ignoró sus palabras, más interesado en ponerse los zapatos, y ella no intenta continuar con esa línea de conversación, es preferible el silencio a ser interrogada por lo de hace unos momentos, reflexiono con un suspiro.

–¿Puedo saber porque me esperaste, leona?–preguntó, una vez que su mochila se encontraba sobre su hombro.

–Hoy no tuve entrenamiento –explicó–, pensaba ir con Ruri-nee a casa, pero salió con Chrome –añadió, tirando de la sudadera–. Además, quería regresarte esto, estaba tan ocupada con los entrenamientos, así que no te había visto, pero gracias.

Senku alternó entre la prenda y ella antes de reír entre dientes y tomarla.

–Te dije que podías quedártela, leona, pero bueno, puede ser la reserva para cuando la olvides –bromeó, colgándola de su mochila.

Kohaku intenta ignorar las implicaciones de esa oración mientras intenta cambiar de tema.

–¿Piensas ir a la fiesta en la mansión de Ryusui? –curioseó, tirando del borde de su abrigo.

–No estaría mal, me ayudaría a ganarle algo de dinero a él y al mentalista para mis proyectos –contestó, con aquella sonrisa malvada a la que Kohaku se había acostumbrado. –Y claramente tú tienes que ir, no puedo ganarle a esos dos estafadores sin tu ayuda, Leona –advirtió.

Es solo por el dinero, se repite, sin embargo, eso no evita que su pecho se agite un poco mientras ríe ante las palabras del científico.

Si solo supieras cuánto me gustas…

Pero entonces ella apareció. Con ese cabello rubio moviéndose ligeramente con el viento junto con su falda del uniforme, luciendo tan hermosa, brillante como un cielo azul, un espectáculo que logra que más de uno suspire.

Ella no los culpa, Luna es hermosa, con ese acento americano, una actitud extrovertida y una inteligencia con la cual puede entender al menos un poco mejor lo que Senku habla, ella es perfecta.

¡Hello, Darling! –gritó, tan pronto estuvo cerca de ellos. –I hadn't seen you all day –lamentó, antes de que sus ojos se fijaran en la mujer más baja – ¡Oh, Kohaku! No te había visto, ¿Cómo has estado?

Kohaku deseó que su sonrisa no fuera tan forzada, de verdad, pero al mirar como la chica de cabello corto se instaló tan cerca de Senku, una pequeña pizca de celos comenzó a surgir.

–Estuve ocupada con mi entrenamiento –informo, es extraño, pero siente la incomodidad instalarse en el ambiente.

–¡Oh, Mozu me comento algo! –indicó, con una sonrisa –I think he's in love with you, Kohaku –señaló.

El guiño que recibe tras sus palabras logra confundirla un poco, aunque ella desecha esas ideas agitando la cabeza.

–¿Qué haces aquí, Luna? –Senku pregunta rompiendo el silencio incómodo que se ha formado desde la llegada de la americana.

–Bueno, quería esperar a que salieras del club de ciencias y regresar juntos a casa –agulló, con un sonrojo hermoso apareciendo en su rostro.

–¿Has esperado a Senku con este frío? –Kohaku se sorprendió, viendo como la americana solo llevaba su uniforme escolar y una bufanda.

–Bueno, no llevo mucho esperando –alegó, moviendo las manos en negación con efusividad.

–Te enfermaras sí no–

–Toma –las palabras de Kohaku fueron interrumpidas por el científico –no necesito a tus admiradores culpándonos por un resfriado.

Esa… fue una propuesta que Kohaku no pudo ignorar, no mientras Senku le pasó la prenda a la norteamericana y ella sonrió esperanzada.

Luna no tardó en colocarse la sudadera, sonrió enormemente al percibir el aroma de Senku, y de repente la rubia más baja sintió que las cosas habían tomado un giro que no le gustó.

Kohaku intentó ignorar el sentimiento, de verdad lo intento, pero la conversación con Senku y Luna sobre los exámenes se mantiene, y es imposible no sentirse como la tercera rueda entre ellos.

–Max y Carlos vendrán por mí –anunció Luna, separándose al fin de Senku.

–¿Quieres que esperemos contigo? –cuestionó, en su intento de ser lo más amable posible.

–¡Oh, no es necesario! –negó de inmediato, sacando su celular, y escribió un mensaje, muy seguramente para Carlos y Max.

Los ojos azules volvieron a escanear la figura de la más alta: la sudadera escondió su figura perfecta y hermosa, eso le dió un aire nuevo, es más hermosa y ni siquiera ella pudo negarlo.

El chirrido de las llantas llamó su atención, el auto se detuvo, con un último ademán Luna se despidió, y ellos continuaron con su camino.

El silencio invadió el ambiente. ¿Es normal? No, no es normal sentirse incómoda ante la idea de que Senku pueda tener una novia, una linda e inteligente novia, una con la que Kohaku no puede competir y…

–¿Estas bien, Leona?

El nudo que se había estado formando se sintió aún más grande en su garganta, por lo que no puede contestar rápido a la pregunta de Senku.

–Sí, solo, hace más frío –susurró una vez que encuentro su voz.

–Supongo que traer falda en estos días no es cómodo ni un milímetro.

Kohaku se limitó a asentir mientras la realización de sus nuevos pensamientos se instala en su mente.

Es patética al no poder continuar con la conversación con el que posiblemente sea su mejor amigo.

¿Que debería preguntar? ¿Sí lo está pasando bien con Luna? ¿Sí ha pensado en ella como una posible candidata para novi?

Han pasado demasiado tiempo juntos desde que ella llegó y se autoproclamó como la futura novia del presidente del club de ciencias, aun cuando ella desconocía quién podía ser ese chico; no ayudó que Senku apareciera después y Luna decidiera que era aun mejor que en sus fantasías.

–Ahí está mi casa –anunció, tan pronto la propiedad es visible. –¡Nos vemos después, Senku! –se despidió, corriendo y dejando atrás toda esa incomodidad.

Ojalá pudiera ser así, piensa para sí mientras cierra la puerta tan fuerte y se recarga sobre esta.

Fue patético sentirse así, siempre supo que Senku no se fijaría en ella, que esa relación platónica sólo se mantendría en eso, en una profunda admiración del uno para el otro, tal vez más por parte de ella. Pero nunca sería más que eso, que la eterna amiga de Senku, la amiga que estaba ahí cuando él lo necesitara, y que podía esperar eso de vuelta, pero no una relación de verdad.

Y después apareció Luna, determinada a conseguir un novio listo y cruzándose con tanta casualidad en el camino de Senku. Él no la aparto, y eso me dolió.

Porque Luna, a diferencia del resto de chicas que han pretendido a Senku, no fue solo hermosa, fue inteligente y entendía a Senku, tal vez no tanto, pero sí mejor de lo que ella podía.

Ella podía competir con una cara bonita, fue consciente de su propia belleza, pero no podía competir con una chica de buenas calificaciones, que era bonita y no resultaba exasperante para Senku.

Sus ojos pican y en lo único que pudo pensar Kohaku fue en cuanto desearía que Luna no existiera.

Ya no había ninguna razón por la cual ella pudiera jactarse de ser la chica que mejor entendía a Senku, porque Luna había aparecido, y todo en ella fue tan conveniente para encajar con Senku, su gusto por los chicos inteligentes, sus conexiones con personas dentro de la JAXA ¡Hasta su nombre parecía encajar con Senku!

Ellos harían una linda pareja, y ahora más que nunca, Kohaku desearía ser Luna.

Notas de la autora:

1.- Y aquí mi segundo aporte para esta semana, sé que no parece tan Senhaku, sin embargo esta será un Three-shot, la segunda parte la intentare publicar hoy mismo, y al tercera en el transcurso de estos días, así que espero les guste y dejen lindos reviews. La historia se me ocurrió tras escuchar la canción Heather de Conan Gray.

2.- Agradezco a quienes leen y un poco más a quienes dejan review.

3.- Personajes de Inagaki y Boichi, historia mía, sin más me despido, cuidense, y sayonara.