AVISO. CONTENIDO +18
Disfruta de la lectura
Gano yo.
Silencio.
Sólo podía escuchar nuestras respiraciones, como los dos jadeábamos tras aquel último beso.
Nos encontrábamos mirándonos fijamente a los ojos, únicamente bajo la mirada para ver sus labios, sus cálidos labios, a pesar de lo frío que él es siempre.
Él no se mueve, yo tampoco. Los dos nos encontrábamos en su cama, uno tumbado al lado del otro. Noto como su mano izquierda acaricia mi brazo, con suavidad, como si mi piel se fuera a romper en muchos trozos con tan solo rozarla.
Mi piel se eriza, aquel tacto me hace sentir placer.
Llevo mi mano hasta su rostro, con una ligera barba de hace dos días, y lo acaricio en señal de aprobación.
Quiero que me sigas tocando.
Sus dedos suben y bajan por todo mi brazo, haciéndome sentir bien. Poco a poco van hasta mi espalda, haciendo que suelte un leve gemido.
Me tapo la boca avergonzada. Ya me había oído gemir muchas, demasiadas, veces, pero aquella vez me dio algo de vergüenza, ya que fue por sólo tocar mi piel.
Veo como él se ríe, mientras me mira con ternura. Con su otra mano aparta mi mano sobre boca y me besa.
Al fin.
Desde el primer beso, supe que iba a ser adicta a sus besos. Aunque pensaba que iban a ser fríos, son bastante cálidos y hace que no pueda vivir sin ellos.
Tira de mí con la mano que tenía mi espalda y me aprieta contra su pecho. Pongo sus manos sus pectorales, pero rápido me doy cuenta de lo que busca, así que paso uno de mis brazos detrás de él y lo abrazo fuerte. Nuestros labios se separan y suelto una leve risa.
-Si mi querido Gray quiere abrazarme, sabe puede hacerlo sin miedo. Juvia no muerde. – Se separa de mi levente para luego chocar levente nuestras cabezas, haciendo que me queje.
- Lo sé. Lo sé. Aunque a veces sí que muerdes. – Me mira con su cara malévola.
- Sólo lo hago porque a mi querido Gray le gusta. – le digo quejándome. Hunde su cabeza en mi cuello. – Y a ti también. – Me muerde, haciendo que suelte un gemido. - ¿ves? – se ríe. Sus manos ya no se encontraban por mi espalda sino en mi vientre, por debajo de mi camiseta de tirantes azul claro. Lo estaba acariciando con delicadeza, como si quiera poseerlo, mientras besaba mi cuello y mi hombro derecho dejando alguna marca de mordisco.
Sentía como muchas descargas recorrían todo mi cuerpo.
Se siente genial.
Subo los brazos para que mi querido mago de hielo pueda quitarme la camiseta. Una vez lo ha conseguido, es mi turno.
Como él tiene la manía de desvestirse sólo, sólo se encontraba en ropa interior, así que eso me hacía ganar tiempo. Beso su pecho, subo poco a poco hasta encontrarme con su cuello, y lo muerdo, no demasiado fuerte, pero si para oír como el que gime ahora es él. Me aprieta más contra él.
Sabiendo que ahora yo tenía el poder, me acerco a su oído, avivo mi respiración un poco, paso mi brazo por su hombro hasta su espalda acariciando ésta. Gimo. Gimo en su oído un par de veces. Durante todos estos años juntos, para ser exactos, dos años, había aprendido ciertas cosas que le volvían loco, y una de ellas era ésta. Gemirle en el oído le encía más que a su mejor amigo, Dragon Slayer de fuego.
Lo había conseguido. Su juguetona mano ahora se encontraba sobre uno de mis pechos masajeándolo como si de una pelita anti estrés se tratara. Su otra mano se encontraba subiendo y bajando por mi espalda haciendo que aumentaran aquellas descargas de calor por todo mi cuerpo.
¡Ah! – gimo fuerte. Me había tomado de sorpresa. Mi querido Gray había bajado hasta mi pecho, y ha mordido uno de mis pezones.
-¡Eso es jugar sucio! – le reclamo.
-Sabes que soy muy competitivo cuando "jugamos"– dice sin apartar los dientes de mi pezón.
-Demasiado.-
- No es mi culpa. Es tuya. – Suelta mi pezón para levantar la vista y verme.
-¿De Juvia? No es culpa suya. –
- Si, es culpa tuya. Eres tan atractiva y te quiero tanto que no puedo resistirme. – Muerde mi otro pezón. Gimo de nuevo.
-Seguro que mi querido Gray no tiene nada que ver – Con su lengua rodea las aureolas, para, a continuación succionar y morder de nuevo mis pezones.
Ya no podía más. Quería que me tomara ya.
-Mi querido Gray – Suelto en un gemido.
Tras escuchar cómo lo llamo, coloca a ambos lados de mí, sus brazos, pero no estirados, sino, apoyando sus codos contra el colchón, poniendo sus manos a la altura perfecta para acariciar mi rostro.
Siento como parte de su peso se apoya en mí, dejando su rostro a unos centímetros separados del mío.
Nos quedamos los dos, de nuevo, fijamente mirándonos, él estaba esbozando una gran sonrisa mientras me mira con ojos tiernos. No entiendo lo que ocurro. Lo veo demasiado tranquilo, más de lo normal. Normalmente cuando estamos juntos, incluso cuando hacemos el amor, está relajado, sosegado, pero esta vez, esa expresión, apenas la he visto.
-¿Mi querido Gray? – me estaba preocupando.
- Soy feliz – dice con un suspiro.
- ¿eh? –
- Cuando estoy contigo, siempre, soy feliz – me dice sonriendo de oreja a oreja. Yo sólo puedo quedarme perpleja. ¿Desde cuándo mi querido Gray es así?
Me incorporo rápido y pongo una mano sobre su frente.
-¿Acaso ha enfermado? ¿Se siente mal? Juvia le puede traer algún medicamento, o preparale algo caliente de comida, o… - digo nerviosa.
Agarra mi mano con suavidad y la aparta. Ahora su cara se encontraba en mi vientre, a la altura de estómago, veo como oculta su rostro en él, sin antes reírse.
Me besa con suavidad cada rincón de mi vientre.
-No me pasa nada. Sólo soy feliz.-
-Mi querido Gray – digo como en un mormullo. Mis ojos están como platos. Era la primera vez que le oía decir esas palabras.
-Sé que normalmente no soy nada abierto con mis sentimientos, pero gracias a ti, Juvia, soy feliz. Gracias. – su rostro seguía hundido contra mi vientre, mientras lo abrazaba, como si se fuese a quedar dormido en él.
Simplemente no podía decir nada, aquellas palabras me sorprendieron demasiado. Con mis manos acaricio su cabeza consiguiendo que frote su cabeza contra mi piel.
-Gracias. Mi querido Gray también me hace muy feliz. – Ahora soy yo la que sonrío de oreja a oreja.
- Lo sé- Le escucho decir. – Por cierto. – Sus manos ya no estaban abrazándome. De un tirón me había quitado mis pantalones y mi ropa interior.
- ¡Mi querido Gray! – Grito sorprendida.
-Por esta vez, gano yo– dice justo antes de introducir su rostro entre mis piernas y comenzar a lamer mi clítoris. Siento los movimientos de su lengua y cómo me hacen gemir más y más.
Esta vez, había ganado él.
Han pasado 84 años desde la última vez que publiqué algo. Espero que éste sea el inicio de muchas más historias.
