Sukuna miraba incrédulo su mano, sobre ella había un pequeño pétalo, era rojo y hermoso.

— ¿Qué es esto? — se preguntó la maldición en voz alta, hace un momento había tenido una pequeña tos y de su garganta salió aquel pétalo.

"imposible" fue lo único que pensó mientras dejaba caer el pétalo sobre el aquel acuoso suelo, pero no tardo este en tocar el agua de nuevo Sukuna volvió a toser, esta vez fue un ataque de tos, uno violento. La tos se hacía cada vez más fuerte, a la vez que sentía algo subir por su garganta, hasta el punto que no pudo evitarlo más y expulsó aquello que obstruía su tráquea, llenando el piso de flores y algunos hilos de sangre.

"Lycoris Radiata" La flor del infierno

"Chaenomeles japonica" Membrillo Japones.

"Hippeastrum puniceum" Lirio Naranja

Todas ellas bailaban sobre el agua bajo sus pies, teniendo pequeños detalles de sangre entré sus hojas.

— Esto tiene que ser una jodida broma — Sukuna reía incrédulo mientras veía las flores — No puedo tener esta enfermedad estúpida — se dijo así mismo — El rey de las maldiciones no caería tan bajo como para padecer esto... — Suspiró, esto simplemente era inaudito. Carraspeó un poco, pero la garganta le ardía, y era lógico, las espinas del membrillo le habían lastimado al momento de expulsarlo.

Decidió dejarlo pasar, esto simplemente era un error, el no podía haberse enamorado y menos de aquel mocoso que últimamente invadía sus pensamientos.

— Mocoso molesto... — murmuró, todo era culpa de el y definitivamente le haría pagar por esto.

Estaba a punto de volver a su trono cuando escuchó la risa de Yuuji, y como no escucharla si retumbaba por todo el lugar, envolviéndolo como una suave melodía.

"Vamos Fushiguro, solo fue una broma, volvamos juntos a la escuela"

De nuevo la risa de Yuuji se escuchó mientras tomaba la mano de Fushiguro y regresaba tomado de esta a la escuela. Sukuna podía ver todo el espectáculo desde su Dominio, era como ver una película, y justo después de presenciar aquella escena otro ataque de tos volvió a aquejarlo.

Los días habían pasado y Sukuna se negaba a aceptar que estaba enfermo, se convencía así mismo que solo era un capricho, que pronto dejaría de pensar en el mocoso y volvería a ser el imponente Ryomen Sukuna. Sin embargo, las flores comenzaban a aquejarlo cada vez más, desgarrando su garganta en cada ataque, pues estas incrementaban cada vez más su volumen.

Recordó que solo expulsaba 3 tipos de flores.

La Lycoris Radiata, era conocida como la flor del infierno y era normal que acompañará a las maldiciones, al fin y al cabo, ahí seguramente terminarían todas, sus pétalos eran largos y delgados, dándole una apariencia elegante y mortal.

La Chaenomeles japonica o Membrillo Japones, era una pequeña y preciosa flor roja; con pétalos cortos y pequeños, pero cargaba con dolorosas espinas que lastimaban su garganta cada vez que tosía, dándole una terrible agonía acompañada de sangre, aquel sabor metálico ya se había quedado impregnado en su lengua de tanto que ya lo saboreaba.

Suponía que aquella flor era por ser de origen japones y para aumentar su tormento.

Finalmente, la Hippeastrum puniceum, conocida cómo Lirio Naranja, esta flor de solo recordarla lo hacía reír por lo irónica que era.

Recordó una charla que tuvo con Uraume hace bastante tiempo.

"Creo que si Sukuna-sama fuera una flor, definitivamente sería un lirio naranja"

"Los lirios Naranjas significan odio, desdén y orgullo, describe perfectamente a Sukuna-sama"

"Aunque también significan Ardo de amor por ti, pero eso realmente no tiene relevancia con Sukuna-sama"

— Uraume, creó que al final si tenías razón y esa era mi flor — habló en voz alta mientras se abrazaba así mismo, estaba recostado al lado de su trono, tratando de no moverse mucho, sentía que en cualquier momento vendría otro molesto ataque de tos.

— Itadori deja de abrazarme — se quejó Fushiguro.

— Pero Fushiguro, me gusta abrazarte, además no tiene nada de malo, las personas que se quieren se abrazan.

La escena de nuevo pasaba frente a sus ojos, veía como el mocoso restregaba su mejilla junto con la del otro mientras decía lo quería y reía. Una horrible punzada atacó el corazón de Sukuna, sentía como esta apretaba su corazón y de nuevo las flores empezaron a salir de su boca. Aquella tos era violenta, ni siquiera le daba un respiro pequeño, podía sentir de nuevo los hilos de sangre recorrer su garganta junto a las flores, cayendo en el acuoso suelo, empañándolo de rojo y naranja.

Después de unos minutos el ataque se detuvo, Sukuna intentaba recuperar el aliento mientras colocaba una mano sobre su pecho, el cual subía y bajaba rápidamente tratando de llenarse de oxígeno, pero cada vez era más difícil, pues las flores cada vez ocupaban más espacio en sus pulmones.

— ¡Maldita sea! — gritó en un chillón grito, pues su garganta estaba herida por el recién ataque. Después de aquello, Sukuna se desmayó.

Dos meses habían pasado y todo era peor, necesitaba desahogarse con el mocoso y no dudaría en hacerlo si se daba la oportunidad.

Cierto día, esa oportunidad se dio.

Yuuji había ido a una misión con Fushiguro y este quedó malherido por la maldición que enfrentaban, desesperado cambió lugar con Sukuna y este sin dudarlo lo ocupó.

Al fin, al fin era libre por un largo rato, observó a su alrededor y después a la maldición que con solo verlo se puso a la defensiva. Sukuna al ver esto simplemente río, aquella risa aumento de nivel hasta el punto de carcajearse, pues su plan era causar algo de destrucción por un rato después de eliminar a aquella insignificante maldición, pero, el destino le jugo mal y solo unos segundos después de su gran carcajada un ataque de tos lo arremetió, violento, cruel, hórrido y desgarrador, de su garganta brotaron violentamente las flores sin tregua, acompañadas de una significativa cantidad de sangre, sangre que cubrió el suelo junto con las flores.

Sukuna estaba en shock, se había percatado que la cantidad de sangre era alarmante, esta ya no solo era de su garganta, si no que también venía de sus pulmones. Las ramas de las flores comenzaron a perforarlos y estos comenzaban a llenarse de sangre.

Sukuna no podía creerlo, al transferiste al cuerpo de Yuuji también había transferido la enfermedad a este.

— No, no, no... — murmuraba una vez dejo de toser, por su parte la maldición al ver esto quiso aprovechar y atacarlo, pero el con un solo movimiento logró eliminarla — ¡Estúpido! ¿¡Cómo te atreves a atacarme en un momento así!? — Sukuna reclamo al cadáver mientras lo pateaba.

Sukuna se agarró la cabeza y cayó de rodillas, estaba realmente en shock, pero ese shock también al fin le hizo reconocer lo que tanto negaba. Sukuna comenzó a hipear mientras las lágrimas caían al suelo.

En su mente la imagen de Yuuji muriendo por su culpa llegó, la escena del menor en el suelo rodeado de flores lo atacó. Sukuna no quería eso, de solo imaginarlo un horrible pánico lo atacó.

De igual manera las imágenes de todos los momentos que el había vivido de cerca con Yuuji lo azotaron, viendo que en cada uno de ellos solamente lo hacia sufrir, solamente le hacía daño a la persona que más quería.

Y le dolía, le dolía más que cualquier batalla, más que cualquier herida, el simple hecho de recordar el rostro llenó de dolor y sufrimiento de Yuuji era más desgarrador.

— Yuuji, lo siento, lo siento mucho, por mi estupidez te he dañado, he vuelto a dañar tu cuerpo — hablaba Sukuna esperando que de manera subconsciente aquella disculpa le llegará al menor — Lo siento, no solo por ahora, me he dado cuenta que siempre te he lastimado, y aún así tu siempre sonreías, aunque esas sonrisas nunca fueron para mi — Una sonrisa amarga se formó en sus labios — Te amo mocoso...— fue lo último que dijo antes de cambiar de cuerpo con Yuuji de nuevo, aprovecho que de nuevo estaba en su Dominio para curar el cuerpo de Yuuji, llevándose con él todas las flores que pudieran quedar en su cuerpo.

Sukuna se encerró así mismo en el Dominio y se juro que jamás volvería a cambiar de cuerpo con Yuuji, no lo lastimaría de nuevo.

Después de eso, la enfermedad avanzo enormemente, el que Sukuna reconociera su amor solo hizo que esta acelerará, pero, de cierta manera esto lo hacía feliz. Si el moría, Yuuji estaría mejor, ya que no sería ejecutado. Además, así expiaría todo el daño que le había hecho.

— Esta es mi disculpa hacía ti Yuuji, ojalá pudiera hacer otra cosa para compensarte y no solo darte mi insignificante vida — murmuraba Sukuna mientras observaba uno de los lirios que había expulsado — Realmente ardo de amor por ti, mocoso imprudente y risueño — una sonrisita se poso en su rostro antes de besar el Lirio, imaginándose que eran los labios de Yuuji.

Los días pasaron, Sukuna ahora solamente era la sombra de lo que solía ser, pues lucía demacrado y delgado.

Todo el dominio estaba lleno de flores, flores que flotaban alrededor y Sukuna flotaba junto a ellas, dejándose llevar por las aguas calmas del lugar, esperando que en cualquier momento su vida se extinguiera. Había hilos de sangre recorriendo la comisura de sus labios de tanto toser y que las espinas destruyeran todo a su paso Ya ni siquiera hablar podía, su garganta estaba totalmente desgarrada y el simple hecho de pasar aire por ella le dolía como el infierno, además de que sus pulmones estaban a reventar de flores, por lo que el respirar era todo un martirio delirante.

De nuevo la risa de Yuuji invadió el lugar, este jugaba con uno de los perros de Fushiguro a atrapar la pelota.

Sukuna lo observó con una tenue sonrisa antes de cerrar sus ojos.

"Gracias por al menos dejarme oír tu risa antes de irme"

Pensó antes de finalmente fallecer entre las flores.

El Dominio empezó a caer, pero este se deshacía mientras se convertía en pequeñas y hermosas flores azules que cubrían poco a poco el cuerpo de Sukuna.

Un día después Yuuji al levantarse y mirarse al espejo del baño noto que las marcas debajo de sus ojos habían desaparecido. Extrañado salió corriendo de su habitación.

— ¡Sensei! ¡Gojō-sensei! — gritaba el adolescente por el pasillo, buscando a aquel al qué llamaba.

— ¡Oh! ¡Yuuji! ¿Qué sucede? — le pregunto el mayor al ver que lo buscaba.

— ¡Sensei! ¡Mis marcas desaparecieron! ¿Es algo malo? — le cuestionó el adolescente a su profesor.

— Oh, así que finalmente murió... — murmuró Gojō mientras observaban de cerca el rostro de Yuuji.

— ¿Morir? ¿Qué significa? ¿Sukuna murió? — pregunto con sorpresa

— Si, Sukuna murió, es por eso que tus marcas desaparecieron, ya no hay ningún rastro de el en ti — respondió el más alto de lo más tranquilo.

Yuuji iba a preguntarle qué cómo era posible eso, pero fue detenido por su propio cuerpo, ya que de la nada empezó a toser, no era una tos fuerte, pero si repentina. Yuuji tosió por unos segundos hasta que expulsó una pequeña flor azul, extrañado y a la vez asustado Yuuji solamente observó a su profesor intentando que este le explicará lo que acababa de sucederle.

— Creó que es un regalo que te dejo Sukuna antes de irse — Respondió Gojō a su alumno — Esa flor se llama Miosotis, también conocida como "No me olvides" es famosa por ser la flor del amante eterno.

Yuuji no entendía a qué se refería Gojō con lo que acababa de decirle, este simplemente suspiró.

— Sabes Yuuji, el amor es la maldición más retorcida de todas y Sukuna perdió ante ella — respondió a su incrédulo alumno — Pero tengo la teoría de que murió feliz, así que ya no te preocupes más por eso y disfruta la nueva vida que tienes.

El mayor simplemente se alejó y Yuuji se quedó ahí, observando la pequeña flor en su mano.

— Sukuna... — murmuró antes de marcharse de nuevo a su habitación.