— ¡Naruto, baja. La comida está lista!

— ¡VOY! —Grite desde mi habitación. Me quite los audífonos y salí de mi cuarto con apuro. Me moría de hambre. Desde que había salido de la escuela no había ingerido ningún alimento.

Abandoné mi cuarto que, ahora, se encontraba abarrotado de cuadernos, libros, lápices y plumas. Era un desastre. Incluso al salir de mi habitación pise el sacapuntas que se me había caído y no pude encontrar.

Entre brincos de dolor y quejidos llegué al comedor donde me esperaban mis padres. Kushina servía las porciones en la pequeña mesa redonda donde apenas cabíamos y Minato continuaba tecleando rápidamente y sin descanso su pequeña y vieja laptop. Supuse inmediatamente que aún le quedaba trabajo por terminar.

— Huele delicioso —Me senté junto a mi padre. Estire el cuello como jirafa y observe el trabajo de mi padre. Para cualquier adolescente de mi edad seguramente lo que vería fuera jeroglíficos sin sentido y sin significado que solo terminaba aburriendo y desesperando, pero para mí, un adulto de casi cuarenta años que llevaba toda su vida adulta trabajando, era como ver un dibujo de un dinosaurio. El problema era que ese dinosaurio tenía que ser pintado cuidadosamente con los colores correctos y sin poder salirse de las líneas.

Más que complicado, era laborioso y aburrido.

— ¿Qué es lo que haces? —Cuestione falsamente confundido al ver su pantalla.

— Ah, esto… —Mi padre se rió suavemente—. No creo que te interese. Son cosas del trabajo. Incluso para mí es algo tedioso —Estiró su mano hasta sus cuello y lo masajeo durante unos segundos. Su rostro se encontraba opaco y cansado.

Mis padres siempre fueron adictos al trabajo. Eran personas comunes. No como los padres de Sasuke que tenían empleos estables y beneficiosos. Mi padre era un simple oficinista y mi madre trabajaba limpiando casas. El dinero no abundaba en la casa, sin embargo nunca carecí de algo. Siempre se habían esforzado para darme todo y que nada me faltara.

Y aún así siempre fui un malagradecido con ellos.

Recordar solo me estrujaba el pecho y me hacía sentir un pedazo de mierda.

Lo soy. Pero sentirme así no me da ningún resultado.

— Y cómo vas en la escuela, Naruto —Preguntó Kushina.

— B-bien… —Sude. ¿Cómo le explico a mis padres que este Naruto esta a punto de reprobar 4 materias y que tendré que pagar 99 dólares en extraordinarios?

En serio, en qué mierda estaba pensando en saltarme las clases e ignorar mis responsabilidades con la escuela. Mis padres no eran ninguna máquina de hacer dinero. Cada materia que yo reprobaba al final tenían que pagarlo ellos.

Naruto… por qué eres tan imbecil.

Mi madre me sonrió cálidamente y continuó hablando durante un rato más sobre cualquier cosa que recordara. Eran conversaciones simples y cómodas. Me hacía sentir en casa.

— Buenas noches —Me despedí y caminé a mi cuarto, dejando solos a mis padres.

Si me ponía al corriente en estos instantes tal vez podría aprobar. Y si no…

— Tendré que buscar un trabajo… —Pensé en voz alta mientras subía las escalera hacia mi habitación.

Era lo obvio. No podía pedirle a mis padres que me pagaran otros extraordinarios. No ahora. No era el Naruto de dieciséis años que no le interesaba en lo más mínimo la situación financiera de mis padres; ahora soy el Naruto de treinta y seis años que sabía lo que se sufría para conseguir el dinero para sobrevivir cada semana. Lo repetitivo y aburrido que era la cotidianidad del trabajo.

Conozco la desesperación por querer darle lo mejor a los hijos…

Himawari.

Me sentí asfixiado, agobiado y desesperado al recordarla. Mi pecho se hundió y dolió sin misericordia. La extraño. Quisiera verla una vez más… pero al igual que todo lo que amo, lo pierdo.

Había sido lo único bueno que había hecho en mi vida. Era lo único a lo que me aferraba y me hacía seguir adelante a pesar de que mi cuerpo y mi mente me pedía a gritos que terminara y acabara con todo.

Entre a mi cuarto y me acosté en la cama. Hundí mi cuerpo entre las cobijas y los libros que había dejado dispersados.

Conocía este sentimiento.

Tristeza.

Desasosiego.

Amargura.

Desazón.

Dolor.

Odio… odio por mi mismo.

Solía sentirme así siempre. Me hundía en la oscuridad de mi desastroso hogar. No salía si no era necesario. Bebiendo.

Tabaco. Alcohol y pastillas antidepresivas. Era un resumen completo de mi vida después de la escuela.

Era patético. Soy patético.

Me burle de mí mismo. Incluso ahora, teniendo a mis padre junto a mí, a mi novia y a mis amigos me sigo sintiendo igual. Creí que, ahora que estoy en el pasado y que puedo cambiar las cosas, algo en mi iba a cambiar. Que podría aliviar mis sentimientos de culpa y dolor. Pero era todo lo contrario.

Es igual.

Trate de dormir. Desconectarme y desvanecer mis propios pensamientos en la oscuridad de mi mente. Pero fue peor. Solo incrementó la amargura y el dolor. Me sentía mal. Mi cuerpo dolía. Mi pecho dolía.

Y dolía más cada vez que pensaba en Himawari.

Me levanté de la cama y tome los libros que habían caído al piso y continúe haciendo las tareas que me faltaban por terminar. Me aislé con la música a todo volumen. Me centre en los temas que ya había estudiado y que con el paso de los años había olvidado.

Así fue hasta las cinco de la mañana.

Cuando salió el sol trate de ignorarlo. Tenía tanto sueño que dormir un día entero no iba a hacerme sentir mejor. Mi cuerpo se sentía pesado y cansado. Me ardían los ojos y mis oídos dolían cada vez que mi despertador repetía la misma melodía irritante.

Me puse de pie a duras penas y apague con odio la fastidiosa alarma de mi celular. Me talle los ojos. Tarde casi diez minutos en ponerme de pie. Seguramente en cualquier momento mi madre entraría molesta al verme aún sin arreglar.

Me puse el uniforme sin ganas y aun con sueño. Necesitare una bebida energética. Nunca he sido fan del café. Creo porque siempre suelo quemarme la lengua cada vez que lo tomo.

Baje al comedor y salude a mis padres que estaban a punto de irse a trabajar. Ambos parecían apuradamente ordenados. A pesar de que se veían apresurados hacían las cosas en orden y con limpieza.

— Nos vemos. Te deje comida en el micro. Metes a la lavadora tu ropa y no olvides secarla. Haces la tarea y si vas a llegar tarde no olvides llamarnos. Okey.

—Si… —Arrastre la palabra con holgazanería. Quiero dormir.

— Bye.

Ambos se despidieron y salieron disparados de la casa. Mi madre se subió al coche con mi padre. Supongo que la ira a dejar en la casa a la que tiene que limpiar de camino a su trabajo.

Bostecé. Comí lo más que pude el desayuno que mi madre me había preparado y salí de la casa cuando faltaban diez minutos para la escuela.

Era extraño. Siempre llegaba cuando el profesor ya estaba explicando un tema nuevo o a mitad de clase. Sentía que me salía de la cotidianidad que tenía al sentir mis piernas calientes y el aire fresco golpear mi rostro. Hace muchos años que no corría así. Mi cuerpo se sentía ligero y en condiciones para correr durante unos minutos más sin cansarse. Mi cuerpo estaba joven y sano. Lo sentía en mis pulmones y en mis piernas. Ver las calles a esta velocidad y sentir el aire menear mis cabellos era placentero. Me sentía libre de alguna manera.

Por primera vez sentía que no corría para huir de algo.

— Buenos días —Salude pesadamente. Mi rostro se encontraba lleno de sudor y mi cuerpo estaba caliente. Me faltaba el aire y me ardían las piernas. Observe la mesa del profesor y me alivie al ver que aún no había llagado.

— ¿Temprano? ¿Tú? —Sai me observó como si fuera un ser de otro planeta que le salían tentáculos de la boca.

— Buenos días Sai —Sonreí. Camine a mi asiento donde Sakura me esperaba pero no en ese momento.

— Wow —Me vio impresiona—. Fuiste a un maratón y no sabía —Sacó una botella de agua de su bolsa y me la dio. Lo agradecí y me la bebí en tres grandes sorbos—. ¿Quién te perseguía? ¿Otra pelea? —Me vio molesta al decir esa posible situación.

— Llegaba tarde —Me alce de hombros mientras aplastaba la botella. Camine al cesto y tire la botella.

— ¿Desde cuándo eso te importa?

— No quiero reprobar.

— Le caes bien a los maestros. Nunca te reprobarían —Alegó.

— Eso no dicen los extraordinarios que he pagado —Mis piernas se sintieron ligeras y aliviadas cuando por fin me senté. Hace años que no corría. Mi cuerpo estaba acostumbrado y contaba con más resistencia, pero mi mente no soportaba el cansancio que hace años no experimentaba.

Extendí el cuello hacia el respaldo de la silla y descanse la cabeza. Recorrí la mirada por todo el salón, buscando a Sasuke y los demás.

Los encontre. O al menos a la mayoría. Faltaba Sasuke y Hinata.

Me sentí aliviado y feliz al ver a Shikamaru y a kiba después de muchos años. A pesar de que Shikamaru solía quejarse de que era molesto e irritante, siempre me acompañaba en mis idioteces, según él para evitar que me matara o terminará en el anexo por tarado. Con Kiba era diferente. Kiba siempre me acompañó en mis idioteces e incluso competíamos regularmente en cosas sin sentido. Era fácil mantener una conversación con él y a pesar de que siempre solía meter en las conversaciones a su perro, era agradable estar con él.

Quería acercarme. Saludarlos alegremente e intentar hablar con todos. Disculparme y pedir que me perdonaran por ser un imbécil y por haber arruinado nuestra amistad. Sin embargo, no pude. Mi cuerpo no se movió a pesar de mis deseos. Me sentí petrificado cuando nuestras miradas conectaron por unos segundos. Sentí un hoyo en el estómago cuando Kiba me ignoró y Shikamaru me vio con decepción. No pude acercarme. No pude ni siquiera abrir la boca.

Tenía miedo. Miedo de sus miradas. No me importaba que me fueran a decir si reunía el coraje y me acercaba. Después de todo eran palabras que merecía. Pero sus miradas, sus miradas me destrozarían más que sus palabras de desprecio y odio que tenían para mí.

Durante años, siempre escuchaba en silencio y aceptaba lo que fueran a decirme porque yo también pensaba eso de mí. Sin embargo, siempre evite las miradas. Siempre veía sus zapatos. Nunca me atreví a alzar la cabeza. Me convencía una y otra y otra y otra vez que sus zapatos eran mucho más interesantes que sus rostros. Una simple excusa para escapar de mis miedos.

Tenía miedo de ver sus rostros. Tenía miedo de ver la forma en la que me veían. Tenía miedo de que incluso yo me viera de esa misma forma.

Tengo miedo miedo de verme de esa misma forma.

— ¡Ha!

Alguien alzó la voz lo suficientemente fuerte para que se escuchara entre el escándalo del salón. Dirigí mi mirada hacia la persona responsable y me encontré con la sonrisa burlona de Temari. Me sorprendí al ver sus ojos olivos verme con diversión.

— E-res un i-dio-ta —No pronunció nada, sin embargo pude entender lo que sus labios decían. Ya lo sabía, aún así no pude evitar sentirme aún más al comprender que de nueva cuenta estaba actuando como un cobarde sin autoestima.

Solté un pequeño suspiro y mire a Temari con suplica. Rogándole que aunque fuera un simple empujón, me ayudara a poder acercarme. Sé alzó de hombros con una gran sonrisa y simplemente señaló con la barbilla la puerta del salón.

Seguí su indicación y mire la puerta. Pero no había nadie ni nada que me importara. Regrese la mirada y pedí una explicación pero ella simplemente negó y me ignoró para continuar hablando con Shikamaru.

Estire los labios en una mueca de desilusión y traición. Por unos momentos realmente creí que me iba a ayudar. Soy un idiota. Por qué Temari haría eso. Temari siempre quiso a Hinata como si fuera su hermanita. La solía tratar con fuerza y delicadeza. Según ella lo hacía para que dejara de ser tan crédula y amistosa con todo el mundo pensando que todos eran honestos y buenos. Concordaba con ella en ese aspecto. Si explicaba de alguna forma su relación, parecían madre e hija.

Era imposible que Temari me quisiera ayudar después de lo que pasó.

— Sasu…ke…

— Eh…

Escuche la voz de Sakura. Escuche lo que dijo. Me giré a verla. Estaba sorprendida mirando un punto fijo que seguí. La puerta.

Se abría con delicadeza y lentitud. Note cómo se detenía segundos y continuaban abriéndola. Era como si dudaran entrar.

— Vamos —Mi cuerpo reaccionó al escuchar esa voz. Era su voz. Era Sasuke.

Me levante al verlo entrar. Quise acercarme y pararme frente a él. Pero no venía solo.

Mi cuerpo se congeló en su lugar al ver que detrás de ese cuerpo alto y ancho, había una pequeña figura que se escondía cobardemente. Sus largos mechones de cabello cayeron como lluvia al inclinarse y asomarse por el brazo de Sasuke hacia el interior del salón.

Su mirada.

Su hermosa mirada.

Pude verla.

Con ropa tres tallas más grande que ella.

Una falda tan larga que le llegaba debajo de las rodillas.

Igual de pequeña.

Igual de hermosa.

Era ella.

Era Hinata.

Nuestras miradas conectaron. Ella me vio. Yo la vi. Después, ella rehuyó de mí y se escondió otra vez con el cuerpo de Sasuke.

Dolió. Me dolió su rechazo. Fue como un golpe de realidad. En mis ilusiones, creía que una vez me reuniera con ellos, podría hablar con ellos y arreglar las cosas. Pero esa no era así. No podía ser tan fácil y tan amistoso.

El primer obstáculo era que me dejaran acercar a Hinata.

El segundo era que Hinata me lo permitiera.

Y el último y más difícil obstáculo era…

Sasuke al darse cuenta del movimiento de Hinata volteo. Negros y amenazantes como los recuerdo. Los ojos de Sasuke siempre imponían miedo e incomodidad. Me sentí un ser insignificante, un simple insecto ante los ojos de Sasuke.

Me veía con desprecio.

— Sasuke —Sakura lo llamó.

La mirada que estaba sobre mí ahora se dirigió hacia Sakura. El humor no cambio. Incluso diría que era más siniestra y amenazante.

Tomó de la mano a Hinata y ambos caminaron hacia dónde se encontraban Temari que hasta ese momento simplemente veía cómo se desarrollaban las cosas.

Hasta ese momento, no me di cuenta que el salón se había quedado en un silencio penetrante. Lo que había pasado entre nosotros era el nuevo chisme de la escuela. Recuerdo que durante todo nuestra estadía en la escuela los de los demás cursos solían hablar sobre nosotros como si fuéramos un show de entretenimiento.

Realmente lo odie.

— ¿Cómo te sientes? —Preguntó Temari apenas Hinata llegó con ellos.

— Mejor, gracias —Sonrió, agradeciendo su preocupación.

— No me des esos sustos de nuevo, tonta —Kiba le dio un pequeño golpe en la frente para después darle un fuerte abrazo. Y sin que ella se diera cuenta le sacó la lengua a Sasuke que se había mantenido detrás de ella.

— Lo siento.

— Saliendo hay que ir por un helado. Yo invito —Habló Temari y Hinata aceptó.

Quería unirme. Quería acercarme y hablar con ella. Quería al menos poder saludarla.

En medio de mis pensamientos, un pequeño sonido llamó mi atención.

Apretando los puños y observando con furia el amistoso cuadro, Sakura miraba con desprecio el pequeño cuerpo de Hinata.

— Sakura… —La llamé, pero ella me ignoró.


Muchas gracias por todos sus comentarios. Me animan mucho a seguir.

A pesar de que no suelo contestar, si los leo y solo quiero decir que esperen porque todas sus dudas tienen respuesta.

Solo diré que aquí hay muchas cosas que Naruto no sabía y que debido a su ignorancia, o más bien despistes, las cosas terminaron así. Siento que van a odiar a muchos personajes asi que espero no hagan muchos corajes xD