"Solo tienes una oportunidad. Deberás lograrlo en treinta días, si fallas se acabó."

"Entiendo"

"Buena Suerte, Erwin Smith"

Eso fue lo último que Erwin escuchó de la misteriosa voz antes de abandonar ese extraño lugar. No recordaba nada de su vida salvo su nombre y que, aparentemente, que había tenido un accidente. Era de noche y llovía. No recuerda hacia dónde se dirigía exactamente. Un animal se le atravesó en el camino mientras iba conduciendo, Erwin trató de esquivarlo y rápidamente giró el volante. El auto se precipitó hacia la banquina y Erwin perdió el control, y el coche terminó volcado a un lado de la carretera.

Lo último que recuerda es antes de perder la conciencia es una voz masculina llamándolo a lo lejos. Parecía desolado, como si se hubiera muerto una parte de él. Pronto imágenes extrañas se proyectaron en su mente. Personas con capas verdes y extraños artefactos volando por los aires. Gigantes con forma humana persiguiéndolos como si estuvieran casándolos. Escuchó la misma voz que antes; le hablaba a él, parecía como una promesa y entonces… silencio. Ya no vio ni escuchó nada.

Ya está muerto.

Levi se sentó rápidamente en la cama. Respiraba agitadamente, era como si hubiera dejado de respirar mientras dormía. El corazón le latía descontroladamente y sentía un sudor frío recorrer su cuerpo y detenerse en su pecho. "pesadilla" pensó Levi. Había tenido el mismo sueño noche tras noche, desde hace unas semanas. Algunas escenas se olvidaban rápidamente al despertar y otras que persistían en su mente; una persona en específico, un hombre al que seguía. Su rostro era borroso, no podía distinguir con claridad. Sabía que el hombre era alto, "ridículamente alto" pensó; el tipo era una especie de gigante. Y rubio. Su cabello era rubio con hebras doradas y estaba perfectamente arreglado. A Levi le gustaba eso.

El resto de las escenas varían en cada sueño, pero todas se trataban de muerte y ríos de sangre. Era como una guerra. Su pecho comenzó a dolerle, se sentía abatido como si hubiera vivido personalmente esas muertes. "Tch. Estoy dándole demasiada importancia" y con ese pensamiento se levantó de la cama. Eran las cinco- treinta de la mañana, su horario habitual. Se dirigió al baño y comenzó a llenar su bañera con agua caliente, personalmente prefería la ducha, pero necesitaba relajarse antes de comenzar su día.

Una vez lista la tina, se desnudó y se metió en ella. Comenzó a pasar el jabón por el cuerpo, mientras seguía pensando en el sueño. Si bien todos eran iguales, éste se sintió distinto. No podía sacarse la imagen de este hombre de la cabeza. Era distinto, estaban frente a frente, Levi no podía escuchar su voz ni veía más que sus labios. Él le estaba hablando, perecía importante porque solo se centraba en tratar de escuchar al hombre. Luego él lo sonrió, de una forma que hizo temblar a Levi, incluso ahora sentía un cosquilleo en el estómago al recordarlo. Era una sonrisa suave, casi pacífica, pero se sentía amarga y Levi supo en ese instante que no volvería a verla. Luego el hombre giró y comenzó a avanzar hacia el lado opuesto a él. Levi quiso gritarle que se detuviera, pero su voz no salía. Empezó a correr para alcanzarlo, pero no avanzaba y el hombre se alejaba cada vez más. Dolía, dolía mucho. No quería separarse. Comenzó a desesperarse y fue cuando levantó su vista hacia el cielo y vio una lluvia de rocas. Cuando regresó su mirada hacia el hombre, solo vio una espesa neblina carmesí. Sintió un escalofrío recorrer subir por su espalda y luego… nada.

Entonces despertó.

"suficiente —pensó Levi–, nada de eso es real. No debe afectarme tanto"—; tenía mejores cosas que hacer que pensar en estos estúpidos sueños raros. Él sabía porqué se detenía tanto a pensar en ellos. Y la razón tenía nombre: "Hange".

Levi había cometido el error de comentarle sobre sueños a su extrovertida amiga, quien tenía la ligera tendencia a encontrarle una justificación a todo, aún a las cosas que no lo necesitaban; y según la información que recopiló de libros de psicoanálisis, pero sobre todo de internet, los sueños de Levi tenían un porqué: "vidas pasadas" había dicho ella. A veces también usaba el término "destino", "hilo rojo del destino" (si quería sonar más dramática) o tonterías similares, pero todo giraban entorno al mismo concepto. Hange creía la causa detrás de los repentinos y extraños sueños de Levi debía estar relacionado a sus vivencias en una vida pasada y a asuntos que quedaron sin resolver.

Por supuesto que, para Levi, nada de eso tenía el más mínimo sentido. Eran sueños raros y ya, pronto dejaría de tenerlos. Simplemente debía seguir con su vida.

Les puso fin a esos pensamientos y salió de la tina. Cuando terminó con el baño, se dirigió nuevamente hacia su habitación y se vistió. Luego fue hacia la cocina a preparase el desayuno, que constaba, básicamente, de té; su preferido era el té negro. Puso a calentar el agua y mientras esperaba, comenzó a revisar su teléfono. Una de las ventajas de levantarse temprano era aprovechar al máximo el tiempo. Levi era chef y trabajaba en uno de los restaurantes más reconocidos de la ciudad de Mitras. Su cocina era conocida por la exquisitez y refinamiento de sus platos, pero sobre todo por, y algo que llenaba de orgullo a Levi, era la pulcritud y el orden de su cocina. Básicamente, era el secreto de su éxito: la disciplina.

Como chef, Levi se encargaba de la gestión de la cocina, planificación de menú, contratación y capacitación de su personal, y, sobre todo, se encargaba del abastecimiento de la cocina; una actividad que le fascinaba realizar a Levi. El momento de elegir, probar y seleccionar los ingredientes más frescos del mercado era el mejor momento de Levi, y su problema para dormir resultaba muy conveniente en estos casos.

Una vez lista el agua dejó infusionar las hojas por cuatro minutos antes de comenzar a beberlo. Era el punto exacto para el gusto de Levi. Media celosamente el tiempo de preparación, no quería estropear el sabor del té. Era difícil conseguir variedad de hojas de té que a Levi le gustaban y que sean de buena calidad, además, de que el precio era exorbitantemente proporcional, pero valía la pena pasar por estos suplicios con tal de complacer sus gustos selectos…

Un estrepitoso ruido lo sacó de sus cavilaciones. Provenía de su balcón, Levi dejó su taza por un momento y se fue a ver, pero antes de que llegara si quiera al ventanal, una cosa moteada y pequeña pasó rápidamente por sus pies.

—Duquesa —llamó Levi con tono suave—, ¿De nuevo jugando con mis plantas? –dijo mirando a la pequeña gata que ahora se ocultaba entre los cojines de su sofá– ¿o fueron las palomas esta vez? –la gata solo lo miraba soltando pequeños maullidos. Levi soltó un suspiro–. Bebé, papi debe irse a trabajar ahora. No te metas en problemas ¿de acuerdo? -se acercó al balcón y cerró el ventanal. Aun estaban en verano, pero el frío del otoño ya se dejaba sentir por momentos y comenzaba a enfriar el departamento de Levi. Además, las palomas podrían volver por más pelea y Duquesa no era exactamente temerosa.

Le dejó agua y comida en sus platos, y salió del departamento.

Quince minutos después ya estaba llegando al mercado, y como había previsto era una de las pocas personas que se encontraba en el lugar. Algunos vendedores ni siquiera habían terminado de armar su puesto para cuando él llegó, pero ya lo conocían. "El pequeñito chef neurótico", así lo llamaban, aunque ¡claro!... no es su cara. Levi era poseedor de un carácter especial…por no decir terrible, difícil o temperamental, que hacía juego con su expresión de letal indiferencia. ¡No! Nadie era tan valiente o tan tonto como para meterse con él, así que todos preferían mostrarse serviciales.

Una hora después ya estaba estacionando frente al restaurante. Como era de esperar aún estaba cerrado, normalmente empiezan sus actividades a las 8 a.m. y los comensales no llegan sino a las a 1 p.m., quizá p.m. dependiendo de los horarios de sus trabajos. Como sea, Levi se quedará hasta las 4 p.m., almorzaría allí y luego abría un cambio de turno. No es que desconfiara de las habilidades de limpieza del turno de la noche solo que él tenía estándares de higiene demasiado inalcanzables para cualquier persona normal. En fin, este tiempo a solas las aprovechaba para limpiar la cocina y los ingredientes. Todos debía estar debidamente en orden antes de que empezaran a cocinar.

Entró al local y se dirigió directamente a los vestidores. Y se cambio su ropa informal por algo más apropiado a la limpieza. Se ató un pañuelo en la cabeza y otro en el rosto, como tapabocas, e inició con su tarea. Cualquiera que ingresara al área de cocina encontraría que el lugar está perfectamente aseado, tan pulcro que parecía que allí jamás se utilizaba nada. Pero no Levi ¡No! Siempre encontraba algo; restos de comida en las rendijas de los lavados, pequeñas salpicaduras de aceite en el suelo, rastros de grasa quemada en las ollas y sartenes. Él las veía. "Repugnante" pensaba mientras cepillaba con entusiasmo.

—¿Ves? Te lo dije -decía una cantarina voz de mujer —. Sabía que encontraríamos al obsesivo aquí.

Levi soltó un bufido, reconociendo inmediatamente la voz, y levantó la vista para confirmarlo. Vio a una joven pelirroja con un gran abdomen y a un risueño muchacho rubio junto a ella

–¿Qué hacen aquí, tú y tu embarazada barriga, aquí, Isabel? –preguntó Levi con fingida molestia mirando a la muchacha y luego dirigiendo su mirada al joven más alto–. Farlan –llamó tranquilamente-, te dije que la ataras si era necesario -puntualizó cruzándose de brazos. Farlan solo soltó una risa mientras se encogía de hombros, en una clara expresión de que había hecho todo lo posible.

–Cálmate, Hermano–, dijo Isabel–. No vine a trabajar, sólo acompaño a Farlan y luego iré a la farmacia por tapones para los pezones porque, ¿sabes?, están chorreando mu-

–¡Esta bien, Isabel! Gracias –Interrumpió Levi, entre asqueado y divertido

Isabel se divertía mucho fastidiando a Levi. Sabía que él jamás se enojaba de verdad—. Bien, chicos, ya me voy —. Se acercó a Farlan y se despidió con un suave beso en los labios—. Te veo luego, amor –. Se dirigió a Levi y le revolvió el cabello. Sabía que lo odiaba.

–¡Adiós, Gruñón! Sigue con tu locura —dijo mientras se dirigía hacia la salida.

—Nos vemos –soltó Levi, viéndola irse. Luego se volteó hacia Farlan, quien admiraba el trabajo que Levi estaba haciendo hasta hace un momento.

—Apuesto a que este lugar estaba así de limpio antes de que llegaras —Se burló Farlan.

–Gracioso —murmuró Levi—. ¿Por qué no mejor te haces útil y llevas los productos al almacén mientras termino aquí?

Farlan era más tranquilo que Isabel, pero eso no lo hacía menos burlón. Ambos encontraban cierta fascinación en hacer rabiar a Levi— ¡Claro! ¿por qué no, Gruñón? —se burló Farlan.

A veces Levi podía no demostrarlo, es decir, casi nunca demostraba nada, pero en verdad apreciaba a sus dos amigos. Se conocían desde pequeños. No habían tenido la mejor infancia; habían crecido en un barrio pobre y peligroso en una de las ciudades más alejadas y olvidadas de la Capital. ¡Pero aquí estaban! Estaban vivos, sanos y felices, y eso tranquilizaba a Levi. La idea de perderlos le revolvía el estómago.

Levi sacudió la cabeza tratando de borrar esos pensamientos. Pronto llegarían los demás y la cocina debía estar lista. Así que no perdió más tiempo y continuo con su tarea.

Para las 3:30 p.m. la cocina estaba calmándose. La mayoría de los pedidos se habían entregado, solo quedaban terminar las órdenes de los comensales que acababan de llegar. Levi se sentía conforme con el desempeño de equipo hoy, pero aún quedaba trabajo por hacer.

Petra —Llamó Levi—, ¿Cómo vas con el caldo de algas para los langostinos?

—Listo, capitán Levi —contestó Petra.

Levi rodó los ojos. Ese era el título que le habían asignado desde que empezó a trabajar con ellos. No importa cuántas veces le repitiera que lo llamaran "chef" o solo Levi, ellos no hacían. Capitán va más con usted, solían decir—. Bien, cuando lo tengas emplátalo. Los langostinos y las ostras están listos —. Ella le respondió con un rápido sí, capitán y él fue a ayudar a Gunther y Oluo con el Fetuccini de calamar y curry verde.

—Buen trabajo con el calamar, Gunther —. Aprobó Levi, Gunther tenía un gran manejo de cada bicho que saliera del mar. Le agradaba particularmente, eran alimentos muy delicados, se debía tratar con respeto.

—Oluo —. El hombre tembló ligeramente ante el llamado de Levi. - ¿si, capitán?

—¿Cociste la guindilla en seco como te lo pedí? —. Preguntó Levi, buscando una cuchara limpia para probar. Oluo respondió con un rápido sí. Levi probó un poco, luego lo miró a los ojos, quien esperaba impaciente el veredicto.

—Está perfecto. Emplaten—. Oluo soltó un suspiro y rápidamente hizo lo que el capitán ordenó.

A Levi no le gustaba ser un cretino, pero Oluo se lo ponía tan fácil. Era consciente de la admiración que el tipo sentía por él, y ciertamente le agradaba. Trataba de copiar su forma de cocinar, hasta sus expresiones; de cierta forma le divertía, pero Oluo debía seguir su propio camino y escuchar sus instintos.

—De acuerdo, chicos. Limpiemos todo y vámonos.

Para cuando se hicieron las cinco de la tarde, Levi estaba de regreso a su departamento. Estaba exhausto. Solo quería tomar una ducha y recostarse en el sillón a beber té. ¡Diablos, su té! Se había olvidado por completo. Esta mañana ni siquiera pudo terminar de bebérselo. Odiaba desperdiciar. "Como sea" pensó. Se acercó a la cocina para lavar la taza, cuando volteó hacia las ventanas del balcón y vio a su gata sentada frente al ventanal mirando fijamente hacia afuera, su cola se movía de un lado a otro. Estaba concentrada en algo.

—Bebé, papi llegó. ¿No vas a saludar? —soltó Levi mirando cariñosamente al animal. No era de demostrar apego hacia nada, pero amaba a su gata, era huérfana y callejera… justo como él. La gata no pareció notarlo. Debe haber una paloma allí.

—Duquesa, deja en paz a esas aves. Ya hiciste un desastre por ellas hoy —dijo Levi, recordando que aún no había limpiado el lugar. Por supuesto había notado las masetas tiradas y tierra esparcida por el suelo. Pero resolvió que se ocuparía luego del trabajo. "¡Bueno… hagámoslo!" pensó Levi y fue hacía donde estaba la gata, la tomó en brazos y abrió el ventanal.

—¡Qué lío! —masculló Levi con molestia. Había masetas rotas por el suelo, tierra desperdigada por doquier y las plantas arruinadas. —¡Quería tener un bonito jardín, mocosa! —soltó con irritación Levi— ¡Las lavandas están arruinadas y mi romero! —"Rayos". No era el fin del mundo, claramente, pero Levi se sentía personalmente comprometido con la jardinería. Su madre le había enseñado tiempo antes de morir. Era una de las pocas cosas que recordaba de ella. Se había ido cuando Levi apenas tenía siete… hace veintitrés años.

—L-lo siento.

Shock

Levi se quedó estático, con la gata firmemente en sus brazos. Sintió un sudor frío recorrer su cuerpo hasta alojarse en su corazón. "lo imaginé" rezó en silencio. "lo imaginé" repitió. Eso era seguro. No era imbécil, no se le cruzó por la mente que su gata le haya respondido. Y el balcón no era tan grande como para que una persona de ocultara allí. Y le supo que lo que escuchó, imaginado o no, vino de allí.

—Es mi c-culpa-. Levi se mantuvo quieto en el lugar. No hizo el más mínimo ruido, casi ni respiraba—, por favor, d-discúlpame—. La voz se escuchaba muy suave y rasposa, como si se estuviera esforzando por hablar. Se oía casi infantil. Y no podía tratarse de algún niño que se cayó del piso del departamento de arriba porque no había ninguna. Él estaba en el último piso y arriba solo estaba la azotea. Y si en el remoto caso de que un niño hubiera subido y hubiera resbalado por el borde, en este momento habría policías, bomberos, reporteros y la puerta de su entrada (probablemente) estaría rota; y nada de eso pasó. No, no podría ser un niño. La voz provenía de uno de los rincones del balcón, donde aún se encontraban algunas masetas ilesas.

Se acercó lentamente, aun con su gato en manos. Sujetó a Duquesa con una mano y con la otra corrió las masetas. Cuando las corrió lo suficiente para ver, Levi se sobresaltó. La gata se liberó de su agarre y se precipitó hacia el interior. Quizás fue a escabullirse dentro de los muebles de la habitación de huéspedes. Solía esconderse allí cuando Levi intentaba bañarla.

Levi ni siquiera pestañeó. Solo se quedó allí viendo a aquella criatura que también lo miraba, con penetrantes ojos celestes como el cielo. Era muy pequeño, debía serlo para esconderse en ese lugar tan estrecho. Tenía el cabello rubio y un poco sucio y despeinado por el accidente. Tenía sus pequeños brazos fuertemente abrazando fuertemente sus piernas, apretándolas junto a su pecho y estaba descalzo. Traía puesto un pijama liso gris de algodón, tenía manchas de tierra en todas partes. Él Temblaba (era un él ¿no?). Pero no de miedo, nada en su expresión reflejaba miedo, solo observaba… expectante. Parecía tener frío… ¡No! ¡Claro que tenía frio! Había estado aquí desde la mañana, y a esta hora comenzaba a refrescar.

—Oye—.

La criatura dio un pequeño brinco ante la voz de Levi y se aferró más a sus piernas. No intentaba huir o tal vez no podía.

—Tranquilo. No te haré daño. Pareces herido, esa fue una gran caída —Le dijo Levi, señalando a su alrededor. Ya se había recuperado de la conmoción inicial, ahora solo sentía curiosidad por la criatura.

—Lo siento —murmuró la criatura bajando la mirada hacia las flores en el suelo—; las dañé.

—No te preocupes por esto. Lo arreglaré —aseguró Levi con suavidad—, solo acércate para que pueda ayudarte. Lo prometo, solo quiero ayudarte. Hace frío aquí.

El pequeño lo miro fijamente, como estudiando la propuesta de Levi. Lentamente soltó el agarre de sus manos y se aventuró hacia la mano que Levi le ofrecía. Cuando las manos se encontraron, una chispa brotó de ellas sacudiéndolos a los dos. Pero no se soltaron, solo se miraban en silencio, como estudiando al otro. La mano de la criatura apenas se cerraba alrededor del dedo de Levi, y algo se movió dentro de él. Fue agradable…cálido. Caminar tomados de las manos iba a ser muy incómodo, así que Levi lo levantó con ambas manos manteniendo una distancia entre ambos. Levi no quería asustarlo.

—Primero hay que limpiarte. Viéndote de cerca tiene algunos raspones superficiales—. Comentó Levi inspeccionando al pequeño tipo. Levi ajustó la calefacción de su apartamento, y luego, sentó a la criatura en la isla de su cocina. Con cuidado lo ayudó a desvestirse y colocó la ropa a un lado, cuando terminara de curar las heridas del tipo, lo lavaría; mientras tanto lo envolvería en una manta. Comenzó a examinar sus heridas, eran leves; solo algunos raspones.

—Oye —Lo llamó Levi— ¿si te preparo agua caliente en el lavado, puedo confiar en que podrás ocuparte tu mismo? —consultó con cuidado Levi— Necesito lavar tu ropa. Luego del baño curaré tus heridas ¿de acuerdo?

El hombrecito asintió lentamente sin apartar en ningún momento la mirada de Levi. Hizo sentir un poco consternado a Levi, él otro lo miraba con ensoñación, como si fuera una maravilla.

—Bien. Te limpiarás en el baño mientras preparo tu ropa —dijo Levi mientras lo llevaba al baño —luego, te preparé algo de comer mientras respondes algunas preguntas. ¿Está bien para ti? Tienes hambre ¿no? —El hombrecito asintió vigorosamente mientras se metía a la bañera improvisada. Levi tuvo mucho cuidado de no mirar nada. La situación ya era bastante extraña por si sola, como para crear situaciones incómodas. Necesitaba aclarar su mente y analizar todo lo que ocurrió en menos de una hora.

Se dirigió al cuarto de limpieza y comenzó rápidamente con la tarea. realmente, no le llevó ni diez minutos. La ropa era tan pequeña, parecía el de un muñeco. La ropa tardaría un poco en secarse, pero mientras tanto se ocuparía de preparar la cena. Regresó al baño y la imagen que vio al entrar le cortó la respiración. Allí, el hombrecito se encontraba envuelto en la toalla de manos que Levi le había dado, con los pies aún dentro del lavado, pero lo que frenó a Levi fue la mirada perdida del hombrecito. Nada quedaba del brillo radiante que vio en sus ojos cuando se encontraron. Ahora su mirada lucia desolada, como si tuviera una gran herida en su alma, como si no tuviera alma.

Entonces notó la presencia de Levi y, de pronto, todo rastro de angustia desapareció. Su mirada cobró vida y eso extrañamente alivió a Levi. —Escucha. Tu ropa se está secando en este momento. Mientras eso pasa, preparé algo de comer —, dijo Levi mientras le aplicaba una crema para heridas en su piel—, pero a cambio necesito comprender quién diablos eres, cómo llegaste a mi balcón, dónde vienes… qué eres. Ese tipo de información ¿Crees que es posible? —. El pequeñito solo asintió luego de considerarlo brevemente.

Ambos se dirigieron a la cocina. Esta vez el hombrecito seguía a Levi dando pequeños brinquitos. Cuando llegaron Levi lo subió a la isla de la cocina y se dispuso a preparar la cena. El menú era sencillo: pechugas de pollo en salsa de queso. No llevaba tanto tiempo y no era una preparación elaborada. Mientras cocina Levi comenzó con su interrogatorio, pero el pequeñito no soltaba una sola palabra, solo se encogía de hombros a cada pregunta y luego se quedaba con la miraba perdida como si tratara de resolver el misterio por sí mismo. Realmente parecía no tener idea.

—No me jodas —Escupió Levi

—No te jodo. No lo sé —Respondió tranquilamente el hombrecito

—Me dices que no sabes de dónde vienes, ni cómo terminaste estrellado en mi balcón, ni qué cosa eres -Sintetizó Levi —; Solo que tienes una misión, pero no te acuerdas cuál. Dices que buscas a alguien, pero no sabes a quién —ironizó Levi.

—No te miento —soltó el hombrecito suavemente.

—De acuerdo. Espera un momento —pidió Levi mientras servía la comida —. Empecemos por lo básico ¿de acuerdo?... ¿Cuál es tu nombre? Piénsalo, tómate tu tiempo.

El hombrecito pensó y pensó. Frunció sus cejas rebuscando en su mente la respuesta. Apoyó un codo en su pierna y con su mano sujetó su mentón. La imagen era tan adorable que Levi tuvo que mirar hacia otro para no reír. El tipo estaba absolutamente concentrado en su tarea. Levi empezó a creer que no obtendría buenos resultados hasta que el hombrecito levantó la cabeza y sonrió triunfal. —Lo tengo —gritó eufórico.

—Bien… ¿y cuál es? —contestó Levi.

—Erwin.

Las manos de Levi comenzaron a temblar de repente y su corazón latía descontroladamente. Erwin. Había escuchado ese nombre antes. Muchas veces. Se sentía tan familiar, pero no sabía por qué.

—¿Y cómo es tu nombre? —preguntó Erwin.

—Levi —respondió simplemente

Se miraron fijamente por unos momentos, hasta que una sonrisa gentil y sincera apareció en el rostro de Erwin.

—Encantado de conocerte, Levi.

—Lo mismo digo, Erwin.

Llamaría a Hange. No podía lidiar con este tipo solo.