–No puede ser verdad, Rin – comentó Kakashi sin despegar su mirada del libro que sostenía.
–¿Por qué no habría de serlo? Les digo que ya tenemos los asientos reservados. Se van a divertir.
–No pienso ir.
–¿Ir adónde? ¿Y por qué siempre hacen acuerdos cuando me voy al baño?– Obito apareció con el ceño fruncido, antes de sentarse con sus amigos a la barra de desayuno de Kakashi.
–¡Obito, tú sí que estarás de mi lado! ¡Tengo entradas gratis para el juego de básquetbol universitario de esta noche!
–Cuenta conmigo– respondió de inmediato, lanzándole un zape a la nuca de Kakashi, quien lo esquivó.
–Y con Hidan– canturreó con un suspiro.
Obito los miró alternativamente, boquiabierto.
–No– susurró sorprendido.
–Sip– le sonrió Rin.
–No, eh, ¡Rin!
–Iremos y todo está dicho. Hagan las paces con él. Recuerden que me lo deben por lo de mi cumpleaños– y les sonrió como lo hacía en la infancia.
Sus dos amigos compartieron miradas incómodas. Obito se lamentó luego, agarrándose la cabeza.
–No es una invitación si se parece tanto a una extorsión– se quejó Kakashi.
–Dudo que lo parezca– los ojos de Rin se volvieron redondos y secos, poniéndolo en su lugar.
–Pero… Es que ese tipo es, es…– Obito intentó razonarlo y volvió a fallar –. ¡No puedo creer que te agrade un tipo como ese!
–Mucho menos yo.
–Es un buen compañero de trabajo. Siempre me compra café cuando estoy de guardia. ¿Se puede saber qué les pasa con él a ustedes dos? ¿Es que acaso están celosos?
Obito y Kakashi se hacían la misma pregunta respecto a ella. La única vez que vieron a Hidan, en el cumpleaños número veintinueve de Rin, se encontraron con un tipo vulgar, desaliñado, irrespetuoso, que se la pasaba hablando de una secta de lo más sospechosa. Casi terminaron a los golpes. Ninguno entendía cómo una amistad entre esos dos podía funcionar tan bien, si no era con malas intenciones que su amiga no estaba viendo.
–Olvídalo, tendré que ir yo también– rendido, Kakashi cerró el libro –. Obito nunca será suficiente para cuidarte.
Rin ignoró el comentario y fue a buscar su abrigo para salir, mientras Obito comenzaba a pelear con Kakashi.
–Allí está. ¡Hey, Rin!
–¡Hidan!
Rin se abrió paso entre la multitud que ingresaba a las gradas y se unió en un estrecho abrazo con Hidan. Kakashi mantuvo su expresión escéptica, mientras que Obito miraba molesto hacia el costado y los flamantes amigos iniciaban una conversación de las cosas que habían pasado en el hospital el pasado fin de semana.
–Rincita, esta es mi amiga Deidara. Rubia, esta es Rin, mi cupida enviada por Jashin.
–Gusto en conocerte, Deidara– Rin y el rubio se inclinaron respetuosamente.
–Este estúpido me habló muy bien de ti, estoy asombrado, hm– respondió el chico en chaqueta de cuero, pisando con fuerza los tenis de Hidan.
–Deidara, Hidan, estos son mis amigos Kakashi y… ¿Y Obito?
–Qué hay– comentó Kakashi casi con aburrimiento –. Fue a comprar caramelos porque ya se acabó los que trajo.
Deidara levantó una ceja. Iba a tener que concentrarse en los altos jugadores, el único motivo por el que había acepado la invitación de Hidan.
–Bueno, ¡vamos a sentarnos! ¿Dónde nos toca, Hidan?
–Kakuzu no me consiguió la primera fila que le pedí, tendremos que ir a la mugrosa sexta fila– Hidan les fue guiando hasta unos asientos vacíos que coincidían con los números de butacas.
Kakashi se sentó en el primero que vio vacío, y, quizás previendo sus intenciones de aislarse, Rin decidió sentársele al lado, arrastrando a Hidan con ella.
Deidara pasó de largo dejando un asiento vacío entre el de Hidan y el que ocupó, esperando no tenerlo taladrándole el cerebro todo el partido. Una voz pidiendo disculpas y varios insultos le llamó la atención, y todos miraron hacia la dirección de Kakashi.
–Lo siento, lo siento, no quería, disculpas. ¡Lo siento!
Los amigos de Obito lo vieron acercarse con la boca llena, incómodo y pisando más de un par de pies en el camino mientras las personas lo insultaban. Kakashi se escondió detrás de su fiel libro, Rin le hizo señas con energía, Hidan se burló de él, y Deidara pensó en que quería comprarse una campera estilo bomber como la de ese tipo tan torpe y encantador.
Cuando Obito finalmente llegó, torció la boca con disgusto al ver que tenía que sentarse sí o sí al lado de Hidan.
–Es tu amigo el sensible, hola hombrezote.
Hidan lo saludó con una mirada pervertida, ganándose un golpecito de Rin y el desprecio silencioso de Obito, quien pasó directo a su asiento vacío.
–Deidara, hm– le habló un chico a su lado en quien no había reparado por la altura –. Supongo que tú debes ser Obito– agregó mirándolo de arriba abajo hasta hacerlo sentir nervioso.
Obito alcanzó a estrechar la mano que se le extendía, sintiéndola suave y elegante al tacto.
–U-un gusto– de repente se sintió nervioso.
"¿Ese rubio es natural?".
–Sí, me trajo Hidan– el rubio se encogió de hombros y le regaló con una sonrisa de resignación –. Es molesto, pero es un pase gratis para ver a los jugadores, hm.
Obito creyó haber encontrado un buen interlocutor acerca del juego. Las luces medias se bajaron, y los equipos comenzaron a entrar a la cancha rodeando al árbitro.
–Es más de lo que esperé de alguna amistad de Hidan.
Levantó un poco la voz por sobre el griterío de las plateas y sonrió al ver que le había hecho reír. Era agradable tener una buena charla en esta clase de eventos. Nunca fue bueno soportando las críticas de Kakashi ni los rugidos atronadores de Gai. Y apuestas con Rin, hacía años que no caía en esa trampa.
–¿Hace cuánto sigues el basket? Yo no soy muy aficionado, pero me gusta verlo– le comentó y le invitó a que se sirviera pop corn de su balde.
Deidara lo hizo, muy animado.
–Entendiste mal– vociferó por encima del ruido de la multitud alocada por el primer triple del partido –. Yo vengo a ver a los jugadores, me gustan altos hm.
Y tomó otro puñado de pop corn mientras le guiñaba un ojo de manera cómplice.
Obito tardó unos instantes en procesar lo escuchado.
–Ah.
–Tú estás alto, ¿cuánto mides?
El moreno se atragantó con el pop corn y tuvo que pasarlo vaciándose casi la mitad de su gran vaso de gaseosa de cola.
Deidara ocultó una risita.
–¿Te asustaste?– el chico sonaba alegre a sus expensas.
–Oh, no, no en verdad– se rascó la nuca y se reacomodó en el asiento –. Es sólo que no estoy acostumbrado.
–Ajá– Deidara lo miró con pena mientras le robaba más pop corn, porque el tipo no se veía para nada mal –. Es más normal de lo que crees, hm.
Obito dejó pasar unos instantes antes de responder, intentando concentrarse en el juego. Había un tipo que era muy bueno en triples, pero tenía una lesión en la rodilla que ralentizaba su rendimiento. Le siguió el rastro hasta que se le ocurrió que un tipo con esa expresión no podría fijarse en los hombres, y recordó que debía contestarle a Deidara para no sentirse tan raro.
–¿Incluso en un deporte como este?– le preguntó, antes de agarrarse la cabeza por una remontada del equipo blanco y casi mandar al diablo su balde de pop corn.
Escuchó a Deidara desternillarse de la risa de manera cruel y lo miró de reojo.
–El deporte no tiene nada que ver, hm– la voz se volvió potente –. Es más, te apuesto una cena a que encuentro a un par de homos en la cancha antes de que termine el partido, hm.
Obito lo observó con suspicacia, pero una cena era comida de por medio, así que decidió no preocuparse tanto.
Un grito de Hidan, quien comenzó a insultarse con las personas de las butacas delante y detrás de él, le hizo considerar un plan para huir esa noche y no tener que compartir con el indeseable amigo de Rin y Deidara.
–Hecho.
Se dieron la mano y volvieron su atención al partido, Obito poniéndose nervioso ante los avances del equipo blanco, y Deidara vociferándole a los jugadores que según él lo arruinaban todo.
El primer cuarto pasó con rapidez, así como se acabaron el pop corn y Obito sacó su nueva tira de caramelos. Le ofreció uno a Deidara y fue rechazado; normalmente ese lugar lo ocupaba Rin y a Kakashi no le ofrecía nada. Se dio vuelta por costumbre y cruzó miradas con Hidan, el tipo le dijo algo pero Obito volvió inmediatamente la cabeza al frente y Deidara lo apoyó, molestando a Hidan.
–Mira eso– Deidara le sacudió el brazo y señaló al banco del equipo rojo –. ¿Ves a ese tipo de los lentes gigantes?
Obito asintió.
–Se está comiendo al de la rodillera, hm.
Obito hizo memoria, buscó al as de los triples que le había llamado la atención al principio del partido, luego observó al de los anteojos, luego al de los triples, al de los anteojos otra vez y a Deidara.
–¡¿Eh?! No puede ser, ese es demasiado hosco. Y el otro muy nerd–. Deidara debía estar tomándole el pelo.
–Claro que sí, tú no sabes nada de esto hm. De hecho, a algunos eso es lo que nos gusta– le guiñó un ojo –. Pero no te preocupes, tú estás más fibroso, hm.
Obito tragó y volvió a mirar a la cancha. Tardó unos cinco minutos en conectar con el partido de nuevo, aturdido tanto por los gritos como por las palabras de Deidara.
Al rubio le hizo gracia ver lo mucho que el pecho del moreno se había ampliado, cuando el árbitro dio por terminado el segundo cuarto, Rin y Hidan se pusieron a conversar sobre un tal Kakuzu, y Kakashi desapareció para dirigirse a los sanitarios.
La kiss cam volvió a ponerse en acción, con una pareja de simpáticos locutores animando el ambiente.
–¡Mitchi!– el muchacho de los lentes y corte de cabello noventero le alcanzó una toalla al de la rodillera, quien lo tomó del cuello y lo besó antes de dirigirse a la reunión del entrenador.
Obito se quedó boquiabierto mientras Deidara saltaba de su asiento y le golpeaba el brazo, riéndose.
–¡Lo ves, hm!
–Ah, no lo puedo creer– Obito se agarró la cabeza y rio nervioso –. ¿Cómo te diste cuenta?
–Te lo contaré en mi cena, hm.
Un guiño rápido, y de repente unas luces lo enceguecieron.
–El joven de la bomber roja, ¿estará enamorado?– preguntó la voz de la locutora, mientras todo el mundo alrededor de Obito explotaba en silbidos y algunos le palmeaban la espalda.
La luz se movió para incluir también a Hidan, quien le levantó las cejas, y la presión de la multitud no hizo más que empeorar.
–¡Uwaaah!– Obito lanzó un alarido espantado, abrazándose a Deidara.
–Quizás no está enamorado, TenTen, ¡pero ha saltado a los brazos de su futuro amor! ¡Neji, dale una pequeña ayuda de la juventud a nuestro amigo!
La luz se movió hacia la izquierda de Obito, apareciendo ahora junto a Deidara en las pantallas gigantes rodeados de un corazón rosa rodeado de flores y angelitos.
Obito vio los ojos de Deidara y se dio cuenta de lo celestes y bien enmarcados en rímel que se veían. Y se olvidó de cuando en la adolescencia soñaba invitar a Rin a un partido de básquetbol para que les tocara la kiss cam juntos.
El público comenzó a aplaudir y hasta se escucharon algunas palabras mordaces de parte de Kakashi y Hidan.
Obito sabía que los besos en las kiss cam se pueden denegar, pero se le acababa de figurar que besarse con un chico tan bonito tenía que ser definitivamente algo que valiera la pena experimentar.
Y Deidara quería hacer realidad lo que venía deseando hacer desde el primer tiempo del partido, comerle la boca a ese chico tonto, sexy y adorable.
Ambos se lanzaron a la vez, estrellando sus labios mientras una explosión de vítores retumbaba en todo el estadio y los locutores festejaban. Deidara le tomó la cara con las manos para sujetarlo bien y no dejarlo ir, mientras se inclinaba vorazmente en el asiento del moreno. Obito no sabía adónde colocar sus manos, pero se esforzó por corresponderle con mucho entusiasmo.
Los labios de Deidara estaban suaves y húmedos, y Obito detectó el inconfundible aroma de la manteca de cacao. Deseó que los suyos no estuvieran quebradizos, pero la preocupación se le esfumó cuando sintió una mordidita en la cicatriz de su labio inferior.
La kiss cam ya había elegido a otra pareja y las personas habían dejado de prestarles atención, cuando ambos se separaron sonriéndose, Deidara algo despeinado en contraposición con su prolija apariencia, y Obito sonrosado abanicándose débilmente con una mano.
–Me gusta tu chamarra. Quisiera vestirla alguna vez, hm.
Comentó Deidara, toqueteándole el cuello a rayas rojas y crema de la campera. Le rasguñó a propósito con unas largas uñas negras, y Obito intentó no retorcerse en cosquillas.
–Pues yo creo que la tuya te sienta fenomenal– se atrevió a decirle, mirando de arriba abajo la contraposición del largo cabello rubio contra el símil cuero negro que aumentaba su aspecto rebelde.
–Y eso que aún no me has visto sin ella– Deidara le guiñó un ojo, felicitándose por haberle hecho compañía a Hidan esa noche.
–Pri-primero deberíamos ir a cenar.
Obito levantó la voz cuando el partido se reinició. Todo el interés en el deporte, lo había perdido.
Deidara se mordió los labios y el corazón de Obito tuvo un mini paro cardíaco.
–Oye, creo que la kiss cam nos apunta de nuevo.
–¿¡Dónde?!
Obito torció el cuello rápidamente sonriendo como idiota en busca de aquel milagro, pero lo único que vio fue a Deidara reaparecer en su campo de visión, lanzándosele encima y besándolo. Esta vez con lengua y mucha fiereza.
Obito lo abrazó por la espalda antes de que pudiera resbalar, dando una patada involuntaria al asiento de adelante.
Ni los reclamos enojados ni los silbidos o las burlas de Hidan impidieron que se siguieran besando hasta caer de sus asientos, electrizados por un contacto del que querían más y más.
¡Feliz tobidei week!
Creí que no podría participar de esta edición tan especial y por tanto tiempo esperada. ¡Cinco años ya! Cinco años en los que Octubre se convierte en el mejor mes. Este año mi ausencia seguirá siendo alta por motivos familiares y de estudios, pero no quería dejar pasar este prompt tan divertido que me encontré una vez por allí.
No sigo deportes y este es el que más me gusta. Acabé colando una parejita que amo mucho de Slam Dunk, Mitsui y Kogure. Aquí son felices jugando basket en la universidad. Pero no se asusten, que todo lo que se viene es obidei.
Disculpas a todxs quienes están esperando actualizaciones. Quisiera hacer dos entregas más para esta week, y estoy segura que una será una sorpresa para quienes están siempre del otro lado. Gracias, porque cuando me escriben lo que significan mis historias para ustedes, me renuevan la fe.
¡Por favor, sigan la week conmigo y a disfrutarla!
