A puertas cerradas.
Pareja principal: Koko x Mikey.
Día 4. Blindfolded.
Argumento: Koko no tiene tiempo para conocer gente para ir a la cama, por eso prefiere la comodidad que una agencia de acompañantes le facilita.
Por supuesto, Mikey siente mucha curiosidad sobre esto, y decide ser su acompañante una noche. Claro que Koko no debería enterarse, ya verá cómo se las arregla.
—Así que te irás a ese club de nuevo, debe ser como la tercera vez en este mes. —dijo Ran con su típica sonrisa estática y comentarios malintencionados.
Mikey estaba atento a su conversación.
Koko no caería en su juego, sin embargo, le molestaba que sacará sus asuntos personales en medio de las reuniones. No sé avergonzaba de ir a ese club, pero prefería que sus actividades fuera de Bonten fueran privadas.
—No sabía que me prestarás tanta atención Ran, pero no estoy interesado. —dijo Koko.
Ran se rió suavemente, como una víbora que juega con su presa antes de devorarla.
—Solo decía, que pareces estar algo solo. Tal vez deberíamos salir juntos, será como una fiesta del trabajo.
—¡Sí, fiesta de trabajo! —dijo Rindou festejando lo que decía su hermano.
Koko estaba fastidiado, no quería lidiar con sus socios fuera del trabajo y sobretodo en su lugar de relax. Iba a mandarlo lejos, cuando Mikey interrumpió.
—Estoy fuera, no me interesa si joden a sus madres o sus hermanos fuera del trabajo. No me arrastren a sus peleas tontas. —dijo Mikey. Sanzu le había traído unos bocadillos, parecía satisfecho con su respuesta.
Ran dejó morir el tema, y Koko lo agradeció internamente. Estaba claro que Mikey no era tan benevolente, pero nadie indagaria más. Poco sabían que él ya tenía un plan para esa noche.
Para esas alturas debía ser evidente que tenía gran interés en meterse a la cama con Koko, debía ser porque era más permisivo con él que con el resto y también que lo había estado buscando más este último mes.
Lo hacía quedarse hasta altas horas, dándole más trabajo e invitándolos a cenar. Koko no rechazaba nada, claro que no lo haría sí apreciaba su vida, todos lo sabían.
Pedirle que lo esperara en su cuarto al terminar la jornada laboral no debía ser sorpresa para nadie, y aún así no lo había hecho.
Tenía algunas razones para cuidar de su vida sexual, por supuesto podía estar con quién quisiera y lo había hecho en el pasado. Una de ellas era que no debía olvidar quién era, con quién dormía nunca era un asunto aislado, y siempre terminaba otorgando interés a su compañía como si inclinara la balanza a su favor, podría morir. Otra de las razones era que Sanzu era muy celoso, por supuesto era tan leal que no impediría su encuentro y preferiría cortarse el brazo que ponerle un dedo encima. Pero sus celos podían hacer del ambiente laboral un lugar negativo, su humor se volvería más difícil de controlar.
Tenía suerte de que lo considerara útil y le sirviera tan bien en lo que le pidiera, de otra forma no le tendría estás consideraciones.
La tercera es que a diferencia de otras compañeros, conocía a Koko, lo que le gustaba de su persona era que podía acurrucarse con él sin decirse una palabra y él lo entendería. En verdad, quería seducirlo y que fuera su amante por libre elección. Lo deseaba tanto, que estaba por ejecutar un plan con estándares muy bajos.
Se había preparado los últimos meses para modular su voz. Era perfecto, los resultados debían estar a la par de su entrenamiento.
—Todos vayan temprano hoy, quiero estar solo. —dijo Mikey. Enfatizando en el solo, para que Sanzu no sintiera el impulso de quedarse.
Tenía asuntos que preparar.
Koko era la billetera de Bonten, después de todo, con la vida que llevaba era difícil conocer a alguien y conectar en la cama. Incluso si conocía a alguien decente podría llevarse una desilusión, no quería esos problemas.
Veía sus idas al club como una forma de desestresarse del trabajo y pasar un buen momento.
Normalmente usaba la carta de recomendación que el dueño le ofrecía en base a lo quería hacer ese día. No le importaba que fuera un hombre o una mujer, mientras quedará satisfecho con el servicio.
Bebió su martini mientras esperaba en la mesa VVIP. Se suponía que el dueño ya lo esperaría con la carta o como en otras ocasiones, los mejores puntuados estarían esperando a que eligiera a alguien de los presentes. Eso facilitaría las cosas, pero esa noche el ambiente era extraño.
Revisaba su celular cuando alguien se detuvo en frente, Koko levantó la vista para ver a un chico, demasiado pequeño con el cabello negro ondulado de largo hasta los hombros, llevaba una máscara blanca que cubría la mitad de su rostro, bastante cara, especial para dar el efecto de que cubría sus ojos. Vestía una bata de seda negra y pantuflas a juego.
Este era el disfraz que Mikey había elegido con prisa, tuvo que contratar a un buen estilista que ajustará la película y la arreglará para que pareciera real.
—Tuve que venir a buscarte, porque creo que nadie te dijo que fueras directo al cuarto. —dijo Mikey.
Koko lo miró incrédulo, ese disfraz era absurdo, carísimo pero de algún iluso aspirante a espía.
—¿Se supone que trabajas aquí? Hoy no es noche de máscaras. —dijo Koko.
—Seré tu acompañante esta noche, por favor cuida de mí. —dijo sonriéndole y enseñándole su tarjeta negra para los cuartos, solo los acompañantes tenían tarjetas negras, los clientes VVIP usaban las doradas.
Koko pudo haberlo apartado, le gustaba elegir él mismo su compañía, pero había algo en el hecho de no poder ver su cara. Le había dado una idea que quería ejecutar.
—¿Por qué la máscara? —preguntó Koko.
Mikey ya esperaba esa pregunta.
—No puedo dejar que me vean aquí, es por mi trabajo.
Mikey no tenía un mejor plan que fingir ser alguien más esa noche. Se acercó a Koko muy lentamente, sin quitarle la mirada. Aunque dudaba
—¿No serás menor de edad, verdad? —preguntó Koko comenzando a distanciarse.
—No, puedes no preocuparte por eso. —dijo Mikey. Veía como Koko lo recorría con la mirada. Era bastante pequeño, tal vez no le estaba inspirando confianza.
—Eres demasiado desvergonzado para andar por este lugar con solo una bata. —dijo Koko más calmado.
Mikey sonrió, solo había elegido muy deprisa algo cómodo. No quería tener que lidiar con el problema de un traje. Pero entendía lo que quería decirle.
—¿Eso es un desafío? —preguntó Mikey, tomando su copa y dándole un sorbo. Tuvo que tragar de golpe, pero aún no toleraba bien el alcohol y acabó por casi devolverlo.
—¿Demasiado para ti niño? —preguntó Koko burlonamente.
Mikey sabía que esa no había sido la mejor jugada.
—Por favor, déjeme comenzar. Le mostraré todo de lo que soy capaz. —dijo Mikey.
Koko no lo diría abiertamente, pero ese chico era muy carismático. Lo hacía sentir cómodo con su seguridad.
Se levantó de su sitio y tomó su mano, ya conocía el camino hacia los cuartos. Así que era él quien lo lideraba.
Mikey estaba cómodo con dejarle tener el control. Tanto que ni siquiera se inmutó cuando Koko lo empujó al cuarto y lo acorraló contra la pared.
—Quítate la ropa, quiero ver qué estoy pagando. —dijo Koko.
Mikey se divertía con aquel asunto, conociendo a Koko tal vez quería ver sí tenía algún micrófono u otro objeto que considera peligroso.
Sosteniendo la mirada se desprendió la bata dejándola caer al suelo.
Estaba desnudo frente a la mirada de Koko, quien comenzó a tocarlo por todos lados. Sus brazos, su pecho, su cintura como sí estuviera buscando algo. Lo que sea que fuera, esperaba que no lo encontrará y siguiera tocándolo.
—Eres muy bajito. —dijo Koko. Eso molestó un poco a Mikey.
—Le aseguro señor, que eso no es un impedimento. —dijo Mikey. Por supuesto, pudo haberlo pateado y tomar lo que quisiera, así que decidió no tomarlo con seriedad.
Koko se alejó y se acomodó en la cama, seguía pensando cual sería la forma de disfrutar a este chico. No tenía heridas visibles y estaba aseado, aunque estaba algo delgado.
Koko comenzó a tirar de su ropa, sacándose los anillos y poniéndolos en la mesa de junto.
Mikey estaba intrigado por la forma en como la ropa se le caía como si se le resbalara de la piel.
—Es lo justo. —dijo Koko levantando el teléfono.
Mikey no entendió en el momento.
Koko habló por el teléfono y pidió por un número específico, Mikey no entendía qué pasaba.
Demasiado pronto Koko abrió la puerta y volvió con lo que parecía una máscara especial.
Con que a eso se refería.
Temía que el dueño hubiese mandado a interrumpirlos, porque significaría que su amenaza no lo asustó lo suficiente. Para su suerte no fue así, Koko le indico que se acercará. El ya se había quitado todo, y Mikey no evitó recorrerlo con la mirada.
Era elegante por dónde lo mirara.
—Ya debes saber mi nombre —Mikey confirmó con la cabeza, era obvio—, entonces dime el tuyo. —dijo Koko abriendo un condón.
—No es necesario que lo sepas, de otra forma no tendría sentido usar esta máscara. —dijo Mikey.
—Tienes suerte —dijo Koko mientras acercaba sus caderas—, no me importa tu nombre o tu cara. Trabajas aquí, así que deberías saber que tengo algunas garantías.
Mikey fiel a su naturaleza curiosa quería preguntar cuáles, y demás detalles. Pero sabía que eso lo delataría. Sin embargo, cuando bajó la mirada se encontró con que Koko había agarrado su miembro, su cabeza estaba muy cerca. Podía ver el tatuaje que mostraba que pertenecía a Bonten y su largo cabello meterse a un lado.
—Eres grande donde tienes que serlo. Me gusta. —dijo Koko, ese era un halago.
Era tan erótico, Mikey estaba duro solo por la imagen de Koko frotando su miembro arrancándole un gemido, estaba demasiado emocionado y solo estaba por usar los labios. Siguió frotando con su mano, y abrió la boca para meterselo dentro. Su otra mano la puso sobre su nalga derecha empujándolo.
—Se siente bien, señor. —dijo Mikey. Porque aunque Koko intentaba tomar todo su pene, lo hacía de a pequeños movimientos. Suave, jamás perdiendo el nivel que lo caracterizaba.
Estaba excitado, y quería agarrarlo de su hermoso cabello rubio.
Cuando Koko se separó, el primer impulso de Mikey fue quejarse, luego noto que tenía puesto un condón.
Tuvo que reírse.
—Es usted muy hábil, señor. —dijo Mikey impresionado.
Koko mantuvo esa sonrisa orgullosa.
—Bien, necesito que me pongas esto. —dijo Koko, ignorando sus halagos.
—Como usted ordene, señor. —dijo Mikey más que dispuesto a obedecer.
Tal y como le indico le colocó la venda en los ojos. Mikey maravillado, se veía mucho mejor de lo que había imaginado.
Koko le indico lo que quería que hiciera, así que se puso entre sus piernas. Le colocó el condón para no tener problemas, y comenzó a darle sexo oral.
A Mikey le gustaba tener el miembro de KoKo en la boca, besarlo, acariciarlo, había fantaseado con ello muchas noches como para no disfrutarlo. Pero sus gemidos parecían molestar a Koko.
—No tienes que gemir tanto, no necesito que me suban el ego. —dijo Koko.
Era una persona razonable, iba a ese lugar a buscar que lo complacieran, no tenía la mínima intención de maltratar a sus acompañantes, él no era de esa forma. Pero sí esperaba obtener un servicio que fuera acordé con el dinero que pagaba mes a mes. Entendía que como parte de su trabajo, sus acompañantes debían tener más de algún encuentro por día, y no con gente que siempre le gustará.
El no esperaba gustarle a sus acompañantes, debía ser al revés. Así que no necesitaba que este chico nuevo, gimiera como sí él fuera el más grande de todos, lo hacía sentir...
—No puedo evitarlo sí me gusta. —dijo Mikey. Por supuesto que le gustaba, no se habría tomado tantas molestias para meterse en su cama de otra forma.
Koko no pareció entenderlo, tal vez debía explicarle unas cosas.
—Me haces sentir un poco mal que gimas tanto, esto es un negocio. ¿Lo entiendes, verdad? —preguntó Koko. Quería evitar cualquier problema futuro.
Mikey volvió a tomar su pene, deseoso de tenerlo de vuelta en la boca. Las palabras de Koko no le importaban en lo absoluto, pero aprovechando la seguridad que le propiciaba la venda en sus ojos.
—Te deseo, no hay otro lugar donde quiera estar que no sea aquí. —dijo Mikey acariciando sus muslos, Koko tembló. Sus palabras, mezcladas con sus caricias, lo habían excitado. — Tal vez estoy mintiendo, también quiero estar arriba de ti, o abajo.
Koko casi cierra las piernas por la impresión, nadie desde que había comenzado a frecuentar ese lugar le había dicho que lo deseaba tan descaradamente. Se estremecía de gozo, mientras sentía como su lengua recorría su miembro con lentitud, saboreando y dejando pequeños besos.
Sí está era su táctica para entretenerlo estaba funcionando. Lo había excitado física y mentalmente.
Extendió su mano, con la palma abierta.
—Acércate. —dijo Koko.
Mikey puso su cara contra su palma, y fue acariciado por ella. Se sentía muy bien.
—Te diré lo que quiero que hagas, sé cuidadoso.
Mikey iba a afirmarlo cuando acercó su cabeza a su pene otra vez, entendió lo que quería. Abrió la boca con cuidado de no usar los dientes. Mientras su cabeza era empujada hasta la base, chocando con sus bolas.
Le gustaba escuchar los pequeños gemidos de Koko mientras lo atendía, al final decidió hacerlo venir con su mano, pero Koko lo apartó.
—Todavía no, hagamos otra posición. —dijo Koko.
Mikey con sumo pesar dejó tranquilo el pene de la persona que deseaba, pero no se desanimó.Le sonrió tontamente sabiendo que no podía verlo y se subió a la cama.
Al sentirlo moverse, Koko casi se quita la venda de los ojos, pero Mikey se restriega contra él.
—Tranquilo, no he ido a ningún lado.—dijo Mikey de forma coqueta y burlona.
Koko dejó quieta su venda, no le gustaba no saber donde se encontraba. Pero Mikey, fue un paso más allá. Dirigió a Koko lo mejor que pudo sobre la cama, mientras él se daba la vuelta. Koko supo exactamente lo quería cuando sintió que apoyó las manos sobre su trasero.
—¿Estás seguro? En esta posición, tus piernas se cansarán muy rápido. No quiero tener que parar. —dijo Koko
Mikey se apoyó con ambas manos sobre el respaldo,inclinándose y empujando su trasero para que lo tomara.
—Mis piernas son fuertes. —dijo Mikey con seguridad.
Koko no agregó nada, solo recorrió el cuerpo de Mikey con sus manos hasta volver a su trasero, por la forma de sentía firme y redondo.
Mikey entendió lo que quería y empujó contra su erección para que dejara las dudas.
A Koko le gustaba que se entendieran tan bien.
Su miembro empujaba dentro fuertemente, no le importaba la rudeza o la desesperación con la que lo hiciera. Tampoco que el mismo se golpeara con el soporte de la cama cuando era más agresivo, disfrutaba de escuchar sus gemidos roncos, de cómo sujetaba su cadera y la forma en como lo tocaba.
Koko estaba perdido en su propio placer, levantó la cabeza, había escuchado que tener los ojos vendados agudizará otros sentidos. En ese momento, sus caderas parecían haber encontrado un lugar donde quedarse.
No podía obtener suficiente, solo seguía usando a su compañero para su propio placer, incluso se sonrió cuando noto como lo estimulaba acompañándolo con el movimiento de sus propias caderas.
Lo escuchaba gemir sin decoro, incluso cuando sabía que se lo estaba haciendo en una posición poco cómoda para él.
—Mierda, así que sí te gusta. —dijo Koko deteniéndose. Las caderas de Mikey seguían empujando queriendo conservar el ritmo.
—¿No te lo dije ya? Deseo esto —dijo Mikey acomodándose mejor. —. Obtén lo que quieras.
Pero antes de que Koko se viniera ferozmente mientras usaba el cuerpo de Mikey, éste lo sorprendió viniéndose antes.
Dió un gemido tan ronco, había sentido un placer tan intenso que sus brazos le fallaron, pero sus piernas se sostuvieron evitando que cayera completamente en el colchón.
Koko atinó a sujetar sus caderas, y se vino después de unas cuantas embestidas más.
Lo reconocía, se sentía halagado por este hecho. Toda la situación era absurda.
—Te dije que mis piernas eran fuertes. —dijo Mikey.
—Si esto sigue así, serás tú quien deba pagarme por el placer. —dijo Koko
Mikey estaba contento por esa respuesta, era la primera vez que coqueteaba abiertamente.
—Por supuesto, te pagaré con mi cuerpo. —dijo Mikey.
Koko se rió de su atrevimiento, era encantador sentirse deseado por otra persona. Le agrada esta persona, se recostó a su lado. Sus manos lo buscaron, era pequeño pero resultó más fuerte de lo que parecía.
—Ven aquí, aún no me has pagado lo que me debes. —dijo Koko tomando con sus brazos. Mikey quien había recobrado fuerzas se dejó atrapar.
—¿Qué pensaría de mi sí dejo que se vaya de aquí sin haberle satisfecho? —dijo Mikey.
Koko solo estaba agarrando sus brazos, pensaba que habían terminado por la forma en cómo se desplomó hace un rato.
—¿No crees que te estás excediendo? —preguntó Koko. Incluso él tenía un límite, no estaba seguro de poder seguir.
Mikey, con una habilidad nata ganada después de tantas peleas, se escabulló de los brazos de Koko y se montó sobre el, no necesitaba explicarle que iba a montarlo.
—Oye no voy a…
—Shhh...déjame hacer esto por tí. Será mi pago por venirme antes, deberíamos hacerlo juntos ¿No crees? —preguntó Mikey.
Koko lo dejó libre, esperando su movimiento. Luego sintió como su boca estaba cubierta por la suya, lo sorprendió pero no le había dado permiso para esas libertades. Creía que estaría enojado, no besaba a cualquiera, antes tenía una regla sobre no besar a nadie que no le gustará, por supuesto su gustar había cambiado con el pasar del tiempo.
Pero eso no significaba que regalaría besos a todos sus compañeros sexuales, los mataría sí se sobrepasaban con él. Pero esta vez en cambio, abrió la boca.
Dejó que metiera su lengua y lo besara como le diera la gana, se sentía bien, quería seguir besándolo. Era muy excitante.
En cuanto el pensamiento fue asimilado, Mikey corro el beso, no podía verle la cara. No pudo ver lo excitado que estaba por haberle correspondido el beso.
—Creo que ya estás listo. —dijo Mikey con su tono victorioso.
Koko no necesitaba que le dijera que se había puesto duro con ese beso, lo reconocía era bueno en esto.
—¿Qué esperas? Muévete. —dijo Koko con algo de timidez en su voz, no quería admitir nada.
Mikey se sentía en la dicha, así que acató sus deseos que eran compartidos.
Sus caderas se movían a un ritmo cuidadoso, enérgico, pero placentero. Tanto que le costaba seguirle el ritmo, lo estaba montando con mucha habilidad, que no le estaba regalando ningún gemido.
Tenía la boca semi abierta jadeando mientras ponía sus manos en su cintura, apretando con fuerza, temía que perdiera el equilibrio y detuviera el placer que le estaba otorgando.
No le había pasado antes, por tercera vez en ese encuentro se lamentó el haberle pedido que usarán protección, sintió el impulso de querer venirse dentro de su compañero tan ardientemente que el deseo los quemará a ambos.
—Me voy a venir. —dijo Koko, era la tercera vez que se lo había dicho. No necesitaba descubrirse los ojos, para saber que su acompañante estaba sonriendo de satisfacción.
—Entonces hagámoslo juntos. —dijo Miley apoyando sus manos en el soporte de la cama.
Estaban muy cerca, Mikey quería un gran final. Así que hizo todo lo que estuviera a su alcance para que los dos se vinieran al mismo tiempo.
—¿Estás listo?—preguntó Mikey mientras seguía moviendo las caderas en un movimiento circular.
—Ya no lo soporto. —dijo Koko.
Y empezó a empujar más fuerte dentro de Miley, ayudándolo. Ambos necesitaban venirse, estaban desesperados.
Tanto así, que cuando lo obtuvieron gimieron muy fuerte, Koko hundiendo su cara en el cuello de Mikey, mordiendo con fuerza, torpemente mientras Mikey se abrazaba a él con desesperación, no queriendo separarse mientras el calor del momento los inundaba.
Todavía estaban exahustos, Mikey se salió de encima de Koko y hubo un momento, en el cuál no supo qué pasó.
Solo que después de que se quitará el preservativo, los brazos de Koko lo atraparon, llevándolo a recostarse en la cama con él nuevamente.
Le gustaba aquello.
Por su parte Koko estaba satisfecho, no había tenido tan buen sexo desde hacía un buen tiempo. Sonrió, esa agencia no decepcionaba. Por supuesto, acabó teniendo un momento de abrazos y caricias con su acompañante.
Se merecería una buena propina por un excelente trabajo, era todo un profesional.
Incluso ahora lo estaba estimulando con sus pequeños dedos, Koko lo abrazó con fuerza. Y le besó el cuello, le gustaría quedarse a dormir. Pero no debía olvidar que él solo era un cliente, aunque podría pedir este servicio nuevamente.
—Eres asombroso. —dijo Koko mientras acariciaba su cabello.
—Lo sé. —dijo Mikey sin un poco de humildad en su voz.
Koko casi se sorprende, luego se rió. Le gustaba esa actitud egocéntrica, era una persona que sabía lo que valía y a él le gustaba ponerle precios altos a las cosas.
Procedió a soltarlo, la hora de mimos había terminado.
—Oye, no hay límite de tiempo. Podemos quedarnos así un rato más. —dijo Miley cuando lo apartó.
Koko lo sabía, era un cliente con membresía en el lugar. Pero por más agradable que fuera tenerlo entre sus brazos, debía ser profesional.
—Lo sé. —dijo Koko sacando la lengua con burla. Imitando su respuesta.
Se sacó la venda de los ojos, su visión aún era borrosa por todo el tiempo que estuvo oculta.
No ayudaba que el ambiente estuviera en una luz tenue, buscó su ropa. Mientras Mikey se apresuraba a colocarse su máscara y se cercioraba que su peluca no se hubiera movido.
Koko sacó su billetera, y de ella una tarjeta con su nombre y número impreso. La extendió en dirección a Mikey con confianza.
—Me gustas, eres muy profesional. Este es mi número personal. Llámame, podríamos tener una cita privada, ya sabes. Te pagaré el triple de lo que te dan aquí. —dijo Koko. Mikey tomó la tarjeta por supuesto. No dijo nada, Koko se dió por satisfecho.
Koko beso la frente de Mikey, tomó su ropa y señaló el baño. Eso debía ser algo como iré primero. Lo vio desaparecer por la puerta.
Mikey no quería bañarse, quería oler a sexo lo que quedaba de la noche. Tomó su bata y salió del cuarto, su aventura había terminado. Fue bueno, ambos se habían divertido.
La noche había terminado, pero el día llegó deprisa. Mikey se había bañado antes de que la misión que tenía por la mañana lo reclamará. Y con solo pocas horas de sueño había sido convocado a su trabajo.
No fue hasta el mediodía, que en el almuerzo pudo ver a Koko. En la mesa con sus cuatro hombres principales, se notaba muy fresco y podía jurar que su cabello brillaba más. Ni siquiera los intentos de Sanzu por molestarlo lo inquietaban.
—¿Por qué estás tan feliz? —preguntó Mikey directamente. Koko inesperadamente sonrió.
—Es que dormí muy bien anoche, fue como un sueño reparador. —dijo Koko.
Mikey estaba satisfecho con esa respuesta.
—Vamos, di "ah" —dijo Mikey queriéndome darle de comer en la boca.
Koko lo aceptó con gusto.
La comida estaba deliciosa.
Hola, si llegaron hasta acá muchísimas gracias por la oportunidad, pero sobretodo a mi broh por ser un gran beta y animarme con este día, a pesar de que la idea salio de una conversación random.
Hablando de que el Mikey de Bonten necesita mucho amor y que de entre todos, querría a Koko para acurrucarse, porque es el que mas tiempo pasa ahí después de Sanzu, pero ya saben que el tiene problemas psicológicos que hacen que Mikey recuerde que quiere golpearlo .
Así que imaginar con quien debería tener sexo Koko en ese futuro y fallar, la idea de los acompañantes se me hizo adecuada para su estilo de hombre de negocios.
Espero que disfruten este trabajo y que poder traerles mas de este Kinktober.
Éxitos 3
