ENCANTADO DE CONOCERTE


01. Rezando que sea la primera página


Advertencia: Esta historia es apta para personas mayores de dieciocho años. Presencia de lenguaje soez, abuso de sustancias alcohólicas, mención de uso de sustancias ilícitas y contenido sexual explícito.

Nota: Esta historia está ambientada en un universo alterno donde no existen los quirks, los Todoroki son una familia medianamente estable y todos los personajes cuentan con más de veinte años. Sí, John, todos son legales aquí.


Se trataba de una de esas fiestas de facultad donde acostumbraban invitar a todo aquél que vieran a su lado y pareciera ser mayor de edad. El alcohol, los cigarros y los besos a desconocidos estaban tan presentes como en cualquier otra fiesta similar; ¿la diferencia? La persona encargada del evento había puesto una única regla para dejar pasar a sus invitados y no invitados:

«El uso de antifaz era obligatorio.»

Por supuesto, muchos simplemente tomaron un pedazo de tela y le agregaron dos orificios para que Camie Utsushimi les permitiera el acceso; mas otros se tomaron la regla como un objeto de competencia. Colores, formas, diseños; todo era motivo para que uno o varios grupos pelearan acerca de cuáles habían sido los más ingeniosos o los más destacables.

Izuku Midoriya, un chico de sexto semestre en la Facultad de Física y de 21 años, había apostado con su mejor amigo de la infancia, Katsuki Bakugou, acerca de crear el mejor diseño geek en un antifaz. Una muy mala decisión por parte de Izuku; pues aunque él era un fuerte aficionado de la ciencia, todos sabían que Katsuki era la persona con el mejor estilo en la facultad.

Así, un antifaz que se inspiró en la época más oscura de Batman, rasgando las orillas de éste, fue suficiente para superar el metálico diseño inspirado en los lanzamientos del SpaceX. Sencillamente, carecía del carisma para que las personas pudiesen relacionarlo con aquellos acontecimientos astronómicos; por lo que Izuku se vio en la obligación de obedecer las próximas cinco órdenes de Katsuki.

Las tres primeras habían consistido en atenderlo cual sirviente, pese a los comentarios de Iida sobre lo degradante que era eso, y el cuarto lo llevó a un estado de embriaguez en el cual Izuku jamás había estado. Pero que, por orgullo y respeto a la apuesta, Izuku no pudo negarse.

—Creo que mamá se va a enojar... Ah, no, ya no vivo con ella —dijo un Izuku que apenas podía sostenerse—. No le digas nada a mi madre, Kacchan...

—¿Para qué decírselo si puedo mostrárselo? —Se burló el aludido con el celular frente al rostro de su amigo— Anda, di alguna cosa ridículamente nerd, nerd.

—¿Ésa es tu puta última orden? —inquirió Izuku tratando de alcanzar el teléfono de Katsuki. Claramente, el alcohol soltaba su lengua.

—Eres estúpido si crees que desperdiciaría mi última orden en algo tan ridículo como eso.

—¿Por qué no le pides algo como decir todo el abecedario en orden? —sugirió Uraraka, atenta al momento en el que Izuku se cayera de bruces— En su estado, sería igual de divertido para ti, Bakugou-kun.

—¡Pídele que repita la tabla periódica! —exclamó Kaminari, emocionado.

—Considero que ha sido suficiente por esta noche —intervino Iida—. ¿No podrías guardar tu deseo para el día de mañana o el lunes?

Katsuki no respondió. Pensaba en lo penoso que ese chico solía ser y en lo más vergonzoso que podía pedirle. Era una oportunidad de oro; luego de que Izuku se revelara contra él a los dieciséis años, ya no había podido burlarse de él como lo hizo durante la secundaria. Y ahora que por fin podía aprovechar todos esos años perdidos, quería hacerlo en grande.

Nada ilegal o riesgoso potencialmente, nada que implicara destrozos a propiedades ajenas y nada que impusiera situaciones explícitamente sexuales con extraños. Ésas habían sido las reglas que Izuku había planteado el día de su apuesta.

Y era esa última regla, tan específica, la que le dio la idea de oro a Katsuki.

Izuku fue, después de todo, el último en el grupo de amigos en besar a alguien. Ya fuera por su poca o nula capacidad para coquetear o su obsesión por la ciencia, era fácil para cualquiera ignorar su atractivo físico; lo que lo había llevado a diecinueve años sin probar labios ajenos. Y no había necesidad de hablar de sexo, pues aunque Izuku aseguraba que había tenido un par de encuentros con alguien a quien ellos no conocían, lo cierto era que Katsuki no le creía ni la mitad de lo que había dicho. Que por algo había impuesto esa última regla, ¿o no?

—Lo tengo. Ven aquí, nerd —dijo al tiempo que lo jalaba con un brazo en su cuello y lo hacía caminar con él hasta visibilizar la entrada de la enorme casa de Camie—. ¿Ves esa puerta, Deku? —El ebrio muchacho asintió dos veces, esforzándose por mantener la cordura y el equilibrio—Bien, entonces deberás hacer que la próxima persona que entre por esa puerta, no me importa si es hombre, mujer o caballo, acepte besarte.

—Kacchan, lo que dices no tiene ningún maldito sentido —contestó Izuku—. Las personas no pueden ser caballos, los caballos no pueden ser personas. Incluso, legalmente son dos mierdas distintas.

—¡Deja de ser un estúpido nerd y haz lo que te digo! —exclamó empujándolo hacia la puerta. Izuku tropezó con sus propios pies y sólo evitó la caída al sostenerse de los hombros del amable jugador de hockey, Mirio Togata, quien le preguntó si se encontraba bien.

Izuku asintió, orgulloso, y siguió caminando hasta pararse delante de la puerta. Aunque su estado era evidente, no pareció importarle a la gente a su alrededor. Era una fiesta en grande, cualquiera podía ponerse igual o peor que él; de eso se trataban esas absurdas fiestas universitarias. Hacer el ridículo con los amigos era cosa de todos los días; lanzar la dignidad por la ventana era algo a lo que todos debían acostumbrarse.

Un semestre atrás, fue Kaminari el que perdió una apuesta contra Kirishima: se sometió a un absurdo juego de cuchillos y terminó en el hospital con una cortadura de la cual todavía conservaba su cicatriz. Y en primer año, el mismo Iida fue el que tuvo que ingerir cien gramos de mayonesa pura sin vomitar en el intento... Falló estrepitosamente y la dueña de la casa terminó echándolos a todos en conjunto por el terrible desastre en su alfombra.

Ahora le tocaba a Izuku. Y, si lo pensaba, no le había ido tan mal. El espíritu universitario y estúpido le haría ganar puntos si simplemente le pedía un beso a un alma caritativa e inteligente. Todos habían pasado o pasarían por eso.

Y, en todo caso, Izuku no tenía problemas con besar a un chico.

La puerta entonces se abrió e Izuku alzó el rostro, mostrando una sonrisa adormilada, y vio al que sería su próximo beso. Un sujeto unos diez centímetros más alto que él, con un atuendo y cabello completamente negros; incluso su antifaz, con un diseño y forma comunes, era igualmente negro. Mantenía la mirada gacha, por lo que Izuku ni siquiera pudo ver el color de sus ojos.

No era importante; aunque sí podía ver diversas perforaciones en sus orejas y nariz.

Inmediatamente detrás de él, entraron dos chicos, de menor estatura que éste, que parecían reírse de algún chiste local.

Izuku, valiente, le cerró el camino al chico de negro y al fin pudo ver sus ojos; eran de un extraño color celeste. Hermosos.

—¿Qué? —preguntó el sujeto. Por su mirada, Izuku notó que se encontraba en un estado muy similar al suyo.

—Jé, ¿se conocen? —intervino uno de los amigos de éste; de alborotado cabello rubio y que usaba un antifaz rojo con un diseño de alas a los costados.

—No.

—¿Podría besarte? —cuestionó Izuku, sin dejar de mirar esos enigmáticos ojos azules. Su voz apenas salió como un susurro, pero fue suficiente para que los tres amigos lo escucharan con claridad.

—¿Qué? —inquirió el tipo de negro.

—Créeme, no quieres hacerlo —contestó el segundo de sus amigos; un chico albino con un antifaz blanco que se perdía con el color de su cabello, pestañas y cejas—. Este imbécil acaba de regresar todo lo que consumió en la última semana. —Se burló.

Izuku, ante la imagen mental, sintió el estómago revolverse, pero tragó saliva para ahogar el sentimiento. No obstante, la persona que tenía frente a él y el que había sido su objetivo principal, no pudo controlarlo del mismo modo. Pronto, Izuku tuvo que retroceder varios pasos y le dio el espacio que creyó suficiente para que pudiera desahogarse; aunque sus preciados tenis rojos se vieron bruscamente manchados.

—¡Diablos, hombre, lo siento! —Se disculpó el chico rubio mientras ayudaba a su amigo ebrio a incorporarse. Y, cual cadena, ahora fue Izuku el que se inclinó para hacer exactamente lo mismo que el otro— ¡Mierda! ¡¿Qué pasa con ustedes?!

—¡Midoriya! —exclamó Iida llegando hacia él para sostenerlo— Una disculpa, tenemos que irnos. Buenas noches. —Se despidió arrastrando a un casi inconsciente Izuku afuera de la casa.

—¡¿Irse?! ¡¿Y quién va a limpiar esta porquería?! —exclamó el albino cubriéndose la mitad del rostro.

—¡Que conste que su borracho empezó esto, idiotas! —contestó Katsuki entre risas mientras seguía a los otros dos. De acuerdo, las cosas no habían terminado como lo esperó, pero vaya que era lo suficientemente vergonzoso para recordárselo de por vida a su amigo.

—¡¿Y quién dice que no lo provocó su borracho con esas preguntas tan raras?! —insistió el de cabello blanco.

—Les ofrecemos una disculpa, era parte de una apuesta —dijo Uraraka llegando con una cubeta y un trapeador en las manos—. Ustedes encárguense de su amigo, nosotros limpiaremos —añadió señalando a un Kaminari que se mordía la lengua para ahogar la carcajada. En definitiva, eso tendría que entrar a los records Guinness como el peor primer beso en la vida.

Y seguramente, se trataba además de la peor forma de presentarse ante alguien.

...

Para cuando Izuku despertó, casi diez horas después, el dolor de cabeza apenas lo dejaba pensar como debía. La luz de la mañana y el innecesario foco encendido ni siquiera le permitían abrir los ojos de forma normal; así que básicamente se levantó con los ojos cerrados y tanteando con los brazos las orillas de los muebles para evitar golpearse.

—Vaya, buenos días, bello durmiente. —Lo saludó la voz de Aoyama— Así que anoche fue una de esas malas noches, ¿eh? Bébete esto —dijo tomando sus manos para que sostuviera un vaso con un extraño licuado—. No preguntes qué es.

Izuku asintió y obedeció. El sabor era terriblemente amargo, pero confiaba en su compañero de cuarto. Él siempre sabía lo que hacía con la comida y la bebida; era un experto en la alta repostería y en la cocina en general.

—Apenas recuerdo la mitad de la noche... —admitió, buscando con la mano libre una silla. Aoyama lo ayudó y pronto Izuku se dejó caer en ésta— ¿Sabes qué pasó?

—Oh, Izuku, realmente no quieres saber, mon cheri —respondió y de inmediato el chico de pecas abrió los ojos de golpe. Enseguida, la punzada en su cabeza lo molestó, pero no le importó.

—Dime que no hice algo vergonzoso.

—Eso es quedarse corto. Si yo fuera tú, no saldría de esta habitación hasta que pasara nuestra graduación. —Izuku, sonrojado hasta la punta de las orejas, simplemente se hundió en su asiento— El chico al que ibas a besar vomitó en tus tenis y le respondiste con la misma moneda... —relató al tiempo que su amigo trataba de ocultarse detrás de su bebida.

De acuerdo, eso había ido más lejos que simplemente manchar una alfombra, como Iida lo hizo. Había roto el récord y difícilmente alguien lo superaría...

—¿Por qué hice eso? —cuestionó sumergiéndose en los pocos recuerdos en su cabeza sobre la noche anterior.

Recordaba haber discutido con Katsuki sobre el asunto de los antifaces y recordaba haberle servido todo tipo de comidas exóticas antes de... Por todos los cielos, ¿cuánto alcohol había ingerido?... ¿Diez? ¿Catorce vasos?... Y luego, luego todo era borroso. No recordaba nada con claridad. Quizá Mirio estaba ahí, apenas podía vislumbrar su ya clásica sonrisa amable... Pero había alguien más... Seguramente era el tipo al que le había vomitado encima, mas no conseguía recordar nada de él.

Vaya fracaso.

—Iida fue el que te trajo, por cierto. Dijo que Bakugou no dejó de insistir en que no cumpliste con tu parte del trato. —Continuó Aoyama, paseándose por la cocina para prepararle un desayuno picante a Izuku— Espero que el chico en cuestión sea al menos lo suficientemente atractivo para que lo valga.

—¿Qué dices? —inquirió asustado— Kacchan no querrá que...

—Claro que sí, bebé, quiere que cumplas con su quinto deseo. No besaste al Señor vómito, después de todo.

Izuku, exasperado, se agarró la cabeza.

—¡¿Y cómo se supone que haga eso si ni siquiera lo recuerdo?!

Aoyama dejó lo que estaba haciendo y volteó a verlo. Sonrió.

—Tienes que encontrar a tu Ceniciento, Izuku, o Bakugou no te dejará en paz. Su ADN todavía está en tu calzado... —agregó realmente divertido con todo ese asunto.

A él no le gustaban esas fiestas donde todo terminaba descontrolándose; en realidad, tampoco tenía idea de por qué Izuku asistía a esa clase de cosas. Siempre, sin excepción, había alguien que terminaba haciendo el ridículo y que sería recordado por al menos un semestre; así que ir a esos eventos prácticamente era jugar a la ruleta rusa de la vergüenza. Algunos, incluso, se volvían tendencia en Twitter.

Izuku había tenido suerte de que nadie previó que las cosas terminaran como terminaron...

Pero, de cualquier forma, a los ojos de Aoyama, el aplicado chico de Física recibió lo que buscaba consciente o inconscientemente.

...

El lunes siguiente, en una de las horas libres, el grupo de amigos se reunió en un no tan popular local de comida americana. Bajo la insistencia de Iida, habían ido a un lugar no muy concurrido por sus compañeros; pues, como lo habían supuesto, Midoriya estaba siendo acosado por lo ocurrido en la fiesta del sábado.

—Tenía el cabello negro... —musitó Uraraka, en un intento por reconstruir la imagen de aquél que Katsuki obligaría a Izuku a buscar.

—Ciérralo más—dijo Kaminari.

—Medía como uno setenta y cinco —agregó Iida.

—Más.

—Estaba ebrio como la mierda —dijo Bakugou entre risas.

—A estas alturas, creo que es más fácil encontrarlo si publicamos que le daremos una recompensa al hombre si se aparece —sugirió Kirishima.

—Por una recompensa, cualquiera vendría... —balbuceó Izuku con el rostro pegado a la mesa.

—Bueno, eso podría convenirte —contestó Shoto mientras le robaba unas papas a la francesa a Kaminari—. Mi hermano usa el beneficio de la duda a su favor todo tiempo... Aunque a veces no le funciona muy bien...

—¡Nada de trampas! —exclamó Katsuki— Anoche dijiste que tenía unos ojos lindos, maldito Deku. Sólo tienes que recordar el color o la forma, idiota.

—¿Eso dije? —inquirió Izuku alzando la mirada, recargando entonces la barbilla en la mesa— ¿No dije nada más?

Todos negaron con la cabeza y él volvió a esconder el rostro.

—Estoy perdido. No debí hacer apuestas contigo, Kacchan...

—Estoy de acuerdo —contestó Iida.

—Hombre, pudo haber sido peor —dijo Kirishima.

—Sí, pudiste quemar una piscina —agregó Shoto y, ante la mirada curiosa de todos, continuó—. Hace varios años, retaron a mi hermano a incendiar una piscina y simplemente lo hizo. Creo que no todos estaban afuera, así que fue preso hasta que demostró que no tenía intenciones de matar a nadie.

—¿Cómo demonios hizo eso tu hermano? —espetó Katsuki. Shoto se alzó de hombros.

—Él nunca quiso decirnos. Creo que pensó que yo lo intentaría cuando creciera... Pero entonces crecí y me prohibieron ir a fiestas como él.

—Deberías estar feliz por eso, Todoroki-kun —contestó Izuku poniéndole una mano en el hombro—. Y tu hermano no debería hacer eso, pudo haberse quemado.

—Oh, mi hermano dejó de aceptar retos que pudieran atentar contra su integridad desde que lo retaron a dominar la bicicleta a los doce años y él se dejó impulsar por la caída de una colina de más de doce metros de inclinación.

—¿Y qué fue lo que le pasó? —cuestionó Uraraka.

—Él consiguió dominar la bicicleta. —Shoto sonrió— Pero un camión de helados lo arrolló cuando llegó a la autopista porque se estrelló contra una valla de contención y salió volando. Creo que pasó dos o tres meses en el hospital...

—Oye, tu hermano tiene problemas con los retos... —comentó Kaminari y Shoto asintió varias veces, dándole la razón.

—Sí, es por él que yo no tengo muchos permisos en casa...

—Como sea, lo importante aquí es encontrar al bastardo ése —retomó Katsuki—. Tenía un amigo albino, ¿por qué no comenzamos por ahí?

—¡Es cierto! No pueden haber muchos albinos en la escuela —dijo Iida al tiempo que sacaba su celular para buscar palabras clave en el grupo de Facebook del colegio.

—Oh, sí, el albino era de cabello largo, creo que traía un arete en la oreja izquierda —mencionó Uraraka y, de repente, Izuku alzó el rostro.

—¡Eso es! ¡El chico al que buscamos traía varias perforaciones en las orejas y estoy seguro de que también tenía en su nariz! —exclamó Izuku con las manos en las mejillas.

—Oh... —Comenzó Shoto, mas de inmediato Katsuki lo interrumpió:

—Sí, ya sabemos. Seguramente tu hermano también tiene perforaciones por algún reto que le dejaron. Sigamos.

—Hm, bueno, pero mi hermano sí estuvo en la fiesta del sábado y tiene un amigo albino... —mencionó Shoto alzándose de hombros— Pero si no quieren mi ayuda...

—¿Tienes una foto de él? —cuestionaron Izuku, Iida y Uraraka. Shoto se sobresaltó y luego asintió.

—Tengo una de cuando suturaron su frente por un accidente de moto, tal vez verlo vendado de la mitad de la cara te recuerde a como se veía con el antifaz...

—Preferiría una con su rostro sin cicatrices —mencionó Izuku de inmediato, ya apenado por todo lo que le sucedía al hermano de Shoto.

—Hm... Sí, debo tener alguna así... —dijo mientras buscaba en la galería de su teléfono— Oh, aquí está en su primer día de trabajo. Mi hermana quería celebrar su primera contratación pese a sus antecedentes legales.

Entonces, giró su celular y mostró a sus amigos el acercamiento al rostro de su hermano mayor. Cabello negro, hombros anchos, tres perforaciones en la nariz y cuatro en cada oreja.

Y con unos intensos ojos azules que Izuku se odió por olvidar.

Aunque su mirada no era la de una persona satisfecha, seguía siendo completamente atrapante.

—Es bastante atractivo cuando no está ebrio... —reconoció Uraraka y Kaminari hizo una mueca de aprobación.

—¿Es él, nerd? —cuestionó Katsuki mirando al chico de pecas, quien parecía haber quedado absorto ante los recuerdos que llegaron a su mente. Esos increíbles ojos, su voz, su expresión confundida...

—Sí, definitivamente es él. —Sonrió Izuku— Si lo retamos a que me dé un beso, aceptará, ¿cierto? No soy una persona que atente contra su integridad, después de todo.

—¡No puede ser tan fácil! —exclamó Bakugou cruzándose de brazos.

—Pero el trato era que el tipo aceptara darle un beso, Bakugou, así que no estará haciendo trampa alguna —dijo Kirishima sonriendo.

—En realidad, la psicóloga de mi hermano le recomendó dejar de aceptar retos —relató Shoto—. Y mamá dice que es mejor no incentivarlo a regresar a éstos. Sobre todo porque estuvo a punto de morir de hipotermia cuando lo retaron a escalar el monte Fuji el invierno pasado.

Enseguida, el buen ánimo de la mayoría de sus amigos bajó. Katsuki sonrió.

—Bien. Entonces el nerd está obligado a convencerlo a la antigua.

Izuku resopló, agotado, y echó la cabeza hacia atrás antes de volverse hacia Todoroki.

—¿Puedes darme su teléfono, Todoroki-kun? ¿O tal vez podría ir a verlo a su trabajo?

—Trabaja en las tardes de los lunes, miércoles y jueves en una cafetería no muy lejos de aquí. Podría acompañarte después de clases, creo que eso facilitaría las cosas —sugirió Shoto e Izuku accedió de inmediato.

Al fin, parecía, las cosas comenzarían a mejorar.

Aunque el resto de sus compañeros siguieran hostigándolo con el tema de la fiesta, se conformaba con no tener a Katsuki recordándole a cada hora que todavía tenía un deseo por cumplir.


¡Hola!:

Voy a ser completamente honesta: esta historia estaba planeada como un oneshot, como casi todos mis trabajos... Y como siempre, terminé fracasando y así salió un monstruo de casi 40,000 palabras. Y todavía me faltan dos extras, yisus...

Pero, vale, que decidí dividir esa cosa gigante en capítulos y aquí estamos. Me inspiré mayormente en tres canciones de Taylor Swift -y eso que no soy tan fan de ella, jeje- y en un cómic que anda por ahí de Shoto hablando de Touya como Cat, de Victorious, hablaba de su hermano.

El asunto tendrá más comedia del que acostumbro, pero también tendrá cierto grado de drama. Lo que sí les aseguro y les advierto es que pronto vomitarán arcoíris porque es la cosa más cursi que he escrito en mi vida... Creo.

Sale y vale. Como ya tengo escrito todo, nomás hace falta que lo revise, redite y demás; así que tendremos actualizaciones cada dos o tres días. Espero que disfruten esta historia.

PD. Sí, ya actualizaré esta semana Freaks. Es que este "oneshot" me absorbió por un mes entero, jejeje...