Charlotte Magne, hija única de la familia aristócrata Magne, de gran prestigio entre su círculo social, gran porte y elegancia, se espera que una joven de su clase cumpla con las expectativas que se esperan de ella, sin embargo, ella cometió un error que nadie esperaba que hiciera: se enamoró; y algo todavía peor que eso: se enamoró de un humano. Charlotte pertenece a la primera rama de la jerarquía de vampiros de sangre pura de Transilvania, se tenía en espera que algún día se casara con alguien de su mismo nivel, pero eso jamás pasó, el destino dio un giro inesperado y ahora tiene una no-vida distinta de la que esperaba que tendría si solo se dedicaba a seguir órdenes.
¿Por qué se enamoraría de un ser tan inferior e insignificante como lo es un ser humano? Esto tenía que ser un error, eran las palabras que su padre le repetía una y otra vez desde que descubrió su relación secreta. Ya tenía la desdicha de que su hija fuese vegetariana y tan compasiva por esas criaturas mortales e insignificantes, y ahora, también debía lidiar con que se había enamorado de un humano, todo eso le valió a Charlotte para ser desterrada de la familia y borrada del árbol familiar, pero para ella eso no importaba; si no podía estar en una familia que no la amaba por quien era y que solo ponía obstáculos para que ella pudiera hacer su propia no-vida, lo mejor que pudo pasarle fue salir de ese ambiente tan hostil y haberlo conocido a él.
Recordaba eso cada día desde que pasó hace ya varios años y esperaba poder reconciliar su relación con sus padres. Estando de pie frente a la ventana de su castillo, admiraba la belleza de la luna, sus ojos eran de color rosa en sus pupilas y de un rojo escarlata intenso en su esclerótica, su cabello de un rubio brillante pero descolorido, al tener una piel tan pálida como un armiño, ella solía ponerse rubor en las mejillas de un rosa muy marcado, agregando sus pequeños colmillos que se asomaban de sus labios negros, hacían ver su rostro como el de una muñeca diabólica, pero al mismo tiempo hermosa y podría decirse que emitía cierta aura angelical a la que era imposible resistirse, esta podría ser una condena para cualquiera. Cerró los ojos y se dejó ir hacia el pasado.
Transilvania año 1927:
Charlotte miraba desde la ventana contemplando todo el paisaje que no vería durante un tiempo, se iría a Luisiana, EE UU con sus padres, habría una importante reunión anual de todos los vampiros del mundo con sede en Nueva Orleans, ahora se encontraba en su habitación decorada en estilo gótico empacando sus cosas.
—¡Charlie! —. Una voz conocida interrumpió sus pensamientos, era Vagatha, la dama de compañía de Charlotte; ella en un principio era humana, una chica de las calles que había perdido un ojo, su padre la encontró y al principio pensó que sería una deliciosa presa, pero recapacitando se dio cuenta que sería una buena compañía y protectora para Charlotte, una mucama para su hija, así que la convirtió en vampiro y la llevó a su castillo, después de todo, eso era lo único para lo que podía ser útil un ser humano en la no-vida de un vampiro.
—¿Por qué aun no estás listas? — Preguntó mientras se dispuso a terminar de guardar las ropas de su ama en su maleta y añadió —: Tu padre se molestará si nos tardamos —. Con el tiempo Vaggie aprendió a ser obediente y temerosa de la familia de Charlotte.
—Aún tenemos bastante tiempo Vaggie, no pasará nada si nos demoramos un poco, además quiero grabar en mi memoria esta hermosa vista antes de irnos.
—Lo dices como si no fuésemos a regresar nunca más, tranquila, este viaje solo durara unos cuantos días.
—Bueno, pasar tanto tiempo aquí me hace sentir nostálgica de saber que voy a estar por un tiempo fuera y lejos de este paisaje Vaggie —. Ésta la miró con ternura y colocó su mano en su hombro, ambas se miraron y sonrieron, la no-vida de Charlotte se volvió más agradable con la llegada de Vaggie.
—Quiero decir, sé que siempre estoy aquí haciendo lo mismo, nada cambia para mí, pero en cuanto me asomo por esa ventana, puedo ver el transcurso de la vida, ver algo así de fascinante, algo que alguien inmortal como yo jamás conocería —. Agachó la mirada y recargo su barbilla en su mano. Para Charlotte no había nada bueno ni divertido en ser inmortal, todo era tedio y monotonía para ella, el tiempo corría, pero nunca avanzaba, nunca pasaba nada interesante en su entorno, con excepción de la llegada de Vagatha.
—Ya es hora de irnos —. Dijo al fin animada volteando a ver a Vaggie. —¿Cómo crees que será Nueva Orleans? ¿Crees que pueda haber algo interesante en esa ciudad? Algo que quizás me haga sentir más "viva" —. Estaba ilusionada de poner encontrar algo extraordinario que la hiciera salir de su monótona rutina aristócrata.
—No deberías soñar despierta por tanto tiempo, tal vez podría existir algo que te guste de esa ciudad, pero tal vez no, como sea no quiero que te desanimes, la vida no es un espectáculo cariño —. Charlotte le dio una leve sonrisa y ambas chicas salieron listas de la habitación.
Nueva Orleans
Era una mañana tan ajetreada como cualquier otra en la ciudad, las personas corrían de un lado a otro tan apresuradas y estresadas, unas a sus empleos y otras a reuniones y fiestas extravagantes, apenas se detenían para apreciar lo que pasaba a su alrededor, excepto por un joven que caminaba a su propio ritmo, silbando su canción favorita "You're Never Fully Dressed Without a Smile", observaba todo el panorama a su paso y no dejaba de sonreír en ningún momento y no solo lo hacía porque todo el mundo lo saludaba mientras caminaba por la acera, también consideraba una sonrisa forma parte de su atuendo y elegancia ante los ojos de las personas, todos en la calle le hablaban tan amables y gustosos ya que trataban con Alastor Black, el famoso locutor de radio de toda Nueva Orleans, era toda una celebridad en donde fuera que estuviese y todos lo trataban con respeto y admiración, aunque nadie sabía la verdadera personalidad de Alastor, no solo era locutor de radio, también era un asesino serial y practicante del vudú bastante sádico; gozaba del sufrimiento y fracaso ajeno y nada lo ponía más feliz que cazar animales y personas para sus rituales de brujería y siendo esa su verdadera naturaleza la sabía ocultar bajo una fachada de un hombre común y corriente con una sonrisa extravagante y una perfecta elocuencia al hablar, no por nada se le consideraba el mejor locutor de radio.
Alastor tenía el cabello castaño bien peinado, los ojos color café, pero a veces parecía que fueran de color rojo, piel clara, pero no pálida, siempre vestía de forma elegante y formal, tenía puestos pantalones de color café con un chaleco rojo y camisa abotonada blanca de manga larga y una pajarita roja en el cuello, llevaba puestas unas gafas y cargaba consigo su abrigo café que hacía juego con los pantalones.
—Muy buenos días compañeros — Saludó a todos sus colegas muy cortes y se dirigió a su cabina de locución
—Hola Al buenos días amigo —. Todos sus colegas se saludaron alegremente y se prepararon a otro día de trabajo, como lo era siempre, esta rutina comenzaba a aburrirlo un poco, siempre era lo mismo día a día, fuera de los asesinatos y la buena música, nada divertido o interesante ocurría en su vida, sin embargo tampoco estaba inconforme con ello, no podía quejarse, el vivía solo y podía hacer lo que quería, no tenía que rendirle cuentas a nadie, era libre y muy difícilmente podía haber alguna persona que lo molestara, y siempre mantenía esa sonrisa suya que lo caracterizaba, conservaba su buen humor y carisma con todas las personas a su alrededor, podría decirse que tenía una buena vida, añadiendo que era un psicópata criminal asesino en serie que siempre se salía con la suya, nada podría ponerlo más feliz que eso.
Lo que no sabía era que esa rutina a la que estaba acostumbrado pronto cambiaría para él y conocería más cosas que ningún otro mortal había visto antes.
Unas horas antes de que Alastor se levantara para ir al trabajo...
5:00 a.m.
—Muy bien familia hemos llegado —. Dijo el Conde Magne al llegar a la entrada de la enorme mansión en la que se hospedarían por unas semanas. La casa era propiedad de los hermanos John y Wayne Carter, dos vampiros que trabajaban en el puerto tirando de barcazas. La mansión estaba ubicada en la esquina de las calles Royal y St. Anne.
—Que amables fueron los hermanos Carter por dejarnos hospedarnos en su mansión —. Dijo Lilith, la madre de Charlotte mientras bajaban de su vehículo, Vaggie bajó al final cargando las maletas de la familia, Charlotte intentó ayudarla, pero su madre se lo negó. El Conde Magne hizo sonar el timbre y al abrirse la puerta, dos siluetas se aparecieron delante de él.
—¡El gran Apple Daddy en persona! —. Dijeron los hermanos a modo de saludo, el Conde Magne era conocido por la invención de una receta deliciosa para los vampiros, cubrir las manzanas con sangre, por eso se le atribuyó el apodo de Apple Daddy. Todos los vampiros se saludaron cortésmente y después los hermanos los invitaron a pasar a la sala de estar.
La familia convivió con los hermanos durante unas horas, después estos se adelantaron a la reunión anual de vampiros, mientras los Magne se acomodaban en sus habitaciones, Vaggie peinaba el cabello de Charlotte y su madre se probaba los vestidos para decidir cual usaría en la fiesta. Al final se decidió por uno color morado con escote en forma de corazón, con guantes negros y una tiara en forma de espinas.
—Muy bien es hora de irnos, el Conde de Saint Germain suele molestarse si alguien llega impuntual a sus reuniones, y además no queremos perdernos la mejor parte del evento —. Apple Daddy entró a la habitación donde estaban Charlotte, Vaggie y Lilith, él ya estaba listo, portando un traje blanco con sombrero de copa, botas negras altas y su bastón con cabeza de manzana. Los padres de Charlotte eran rubios igual que ella, con labios negros, ojos rojos y piel pálida.
—Padre, solo espera a que busque un vestido adecuado y estaré lista para ir, Vaggie aún me está acomodando el cabello —. Charlotte estaba muy entusiasmada de asistir a su primera fiesta de vampiros.
—No Charlotte, tú te quedas en casa —. Espeto su padre muy autoritario. Charlotte sintió gran cólera ante lo que dijo su padre. Vaggie pudo notarlo y se apartó de ella.
—¿¡Qué!? ¡Estando en casa no hago otra cosa más que estar encerrada! ¡Esto no es justo, me obligas a venir a este lugar solo para me quede encerrada aquí también!
—Charlotte...
—¡Es una reunión que involucra a todos los vampiros del mundo...
—Charlotte...
—... ¡Yo soy un vampiro y además soy tu hija! ¿¡Por qué no puedo ir yo también!?
—¡Charlotte ya basta, sí! ¡No eres digna de llevar ese puesto! —. El grito del Conde resonó en toda la habitación, esto hizo que Charlotte se callara al instante y soltará una discreta lágrima agachando la mirada, ante esa reacción, su padre se arrepintió de ser tan severo con ella, y cambió su semblante a uno más relajado.
—Lo siento querida. — Dijo agachándose a la altura de ella y añadió—: Mi pequeña Charlotte, manzanita, ya hemos tenido esta conversación antes —. Lo dijo en un tono más calmado y dudando de darle una muestra de afecto a su hija, se limitó a darle unas palmaditas a sus hombros
—Somos vampiros manzanita, estamos en la cima de la cadena alimenticia, y rebajarnos de esa posición es lo más estúpido que un vampiro puede hacer— Se incorporó y siguió hablando—: ¿Qué crees que se dirá en toda la comunidad vampírica sobre ti? ¡Y también sobre mí! Tener una hija vegetariana, no, no puede existir algo más vergonzoso que eso, bueno, excepto por una cosa... — Hizo una pausa y su mirada mostró un asco terrible por lo que llegó a imaginar, Charlotte se dio cuenta y se extrañó de su reacción.
—¿Qué cosa padre? —. Preguntó muy tímida.
—No es nada importante, olvídalo, el asunto es... Hasta que no aprendas a ser un verdadero vampiro, no vendrás con nosotros a ninguna reunión —. Tomó su bastón y se alistó para marcharse, pero antes de hacerlo, quiso dejar a su hija lo mejor cómoda posible, y agregó—: Pero, por ahora puedes quedarte aquí y hacer lo que quieras, puedes escuchar la radio y divertirte con las tonterías y banalidades que dicen los humanos manzanita, esas presas tan inferiores pueden llegar a ser muy graciosas, tanto que podrían ser nuestros bufones, Vagatha te hará compañía, ¿no es así Vagatha?
—Si amo, yo cuidaré de mi ama —. Respondió muy temerosa.
—Pero papá... —. Aún seguía inconforme con la respuesta de su padre.
—Obedece a tu padre Charlotte —. Intervino su madre, abrazando con ternura a su hija.
—Es hora de irnos —. Dijo el Conde Magne dirigiéndose hacia la puerta y añadió—: Volveremos en unas horas manzanita, pórtate bien, y recuerda que tienes estrictamente prohibido salir de la mansión —. Y salió de la habitación.
Lilith antes de irse le dijo—: Escucha querida, el vampiro tiene que representar al depredador, encabezamos la jerarquía en todo el mundo, si el vampiro deja de estar en la cima de la cadena alimentaria, ¿qué gracia tiene? Se convierte en un muñeco, un adorno de la naturaleza sin ningún propósito, ¿entiendes a lo que me refiero? ¿Qué razón tendría un vampiro para ser vegetariano? —. Charlotte ya no dijo nada más, era obvio que sus padres jamás la entenderían, solo se limitó a asentir y dirigirle una sonrisa a su madre.
Antes de que su Lilith saliera de la habitación, volvió a acercarse a su hija para acariciar su cabeza y decirle—: Recuerda mi niña, también dependemos de ese precioso líquido escarlata, es nuestro elixir de vida, es lo que nos da nuestros poderes, recuerda que no matamos por gusto, lo hacemos por necesidad —. Dicho esto, le dio un beso en la frente y salió del cuarto siguiendo a su esposo. Para Charlotte fue molesto que le recordara eso, ella al no consumir sangre, no había desarrollado por completo todos sus poderes vampíricos y su padre la consideraba el eslabón débil de la familia y además odiaba la idea de tener que depender de la vida de otros para no morir. Vagatha se acercó a ella y colocó su mano en su hombro, Charlotte se animó un poco al tenerla a ella cerca.
—Y eso es todo por hoy queridos radioescuchas; recuerden que mañana seguiremos con más noticias interesantes y buena música, mientras tanto disfruten de este suave jazz y... sigan sintonizados —. Recibió la señal que indicaba que estaba fuera del aire, y en su lugar una canción de jazz: "S. Ballad" comenzó a sonar con una dulce introducción de piano, Alastor se quitó los audífonos y salió de la cabina. El programa de la radio terminó a las 5 de la tarde, todos se preparaban para irse a sus casas, incluyendo a Alastor quien estaba reuniendo sus cosas y su abrigo.
—Oye Al, esta noche iremos a al nuevo teatro Saenger, hoy 4 de febrero es su inauguración y habrá una gran fiesta, ¿quieres acompañarnos? —. Lo invitó su colega Jack.
—Oh mis más sinceras disculpas querido amigo, pero ya tengo planes para esta noche, no puedo acompañarlos —. Se disculpó, y aunque a Alastor casi no le gusta asistir a eventos sociales donde hay muchas personas, lo cierto era que si tenía planes para esa noche.
—¿Acaso es una cita? Espero que sea así, tienes 33 años y aun no has encontrado a una ninguna chica especial para ti amigo, y lo que lo hace más frustrante, es que la mayoría sino es que todas las chicas de Nueva Orleans están locas por ti, ya es hora de que tengas a alguien especial en tu vida.
—Oh claro que no, no, tú sabes que yo no estoy interesado en esos temas mi amigo, el romance no me importa en lo más mínimo y lo considero como algo obsoleto en la vida de una persona—. Dijo sin dejar de sonreír, pero mostrando una mueca de asco.
—Vamos Alastor algún día el amor llegará a tu puerta, y eso será algo que no podrás evitar, no siempre serás el gran e independiente Alastor Black, una chica llegará a ti y desestabilizará tu vida amigo.
—¡Ja! No. Preferiría ser asaltado que me despojaran de todos mis bienes antes de que eso ocurra mi estimado — Esas palabras extrañaron a su compañero y con eso ya no quiso hablar más sobre el asunto. Todos en la estación de despidieron y se fueron a sus respectivos destinos.
—¡Vaggie como es posible que nunca haya escuchado esta música antes! —. Charlotte se la pasó escuchando la radio por horas y quedó fascinada con todo lo que escuchaba, lo que hacían las personas y todos los eventos que hacen en Nueva Orleans, pero, sobre todo con la música y con la voz de aquel humano que hablaba con tanta elocuencia y carisma. No dejó de bailar al ritmo del jazz, Vaggie pudo darse cuenta que al fin su ama pudo encontrar algo interesante en ese lugar que la hacía ver tan radiante y llena de "vida", nunca antes la había visto así, por lo que no dejaba de mirarla mientras suspiraba feliz por la dicha de Charlotte.
Al terminar el programa de radio y la música, Charlotte y Vagatha se la pasaron leyendo y charlando; hasta que ella se quedó dormida en el sillón individual de la habitación, Charlotte siguió bailando y tarareando en silencio las melodías que recién descubrió, se movía por toda la habitación hasta que llegó a la ventana y se detuvo de súbito, recordando lo que le dijo su padre.
—Salir... —. Pensó, una gran oportunidad surgió para ella en ese instante, desde hacía mucho tiempo no había podido salir de ninguno de los castillos donde ha vivido y ahora podía hacerlo, sus padres no estaban, volverían dentro varias horas, Vagatha se quedó dormida y el sol ya se estaba ocultando, saboreo la libertad por un momento para ver el mundo y las sorpresas que le esperaban.
—Primero necesito un disfraz —. No tardó en transformarse en una apariencia humana, sus ojos se volvieron negros en las pupilas y su esclerótica blanca, su piel y labios se tornaron en un rosa tenue y sus colmillos se ocultaron, su cabello siguió siendo rubio, pero ahora era más colorido, no conforme con eso se puso encima una capucha gris oscura que ocultaba bien su rostro, debía evitar cualquier posibilidad de ser reconocida por algún otro vampiro que transitara las calles también.
—Solo será por esta noche, nadie notará que me fui por un rato —. Arropó a Vaggie con una de las sábanas de seda de su cama, le dio un tierno beso en la frente y se convirtió en murciélago para salir por la ventana.
Eran las 8 de la noche en punto y Alastor salió de su hogar para seguir con su rutina y pasatiempo semanal, buscar almas pecadoras y matarlas para sus ofrendas, para esto tiene un ritual y horario que le permiten disfrutar más de estas actividades, primero se dirige a su restaurante favorito a tomar un café amargo y una pequeña merienda, seguido de esto camina por las principales calles de la ciudad para ver las plazas y los puestos comerciantes que aún no han cerrado, cuando la noche se pone más oscura y disminuye el número de personas deambulando por las calles, es el momento principal del show, pues es ahí donde selecciona a sus presas y el cómo las va a asesinar.
—Me pregunto qué acontecimiento importante o que cosa fuera de lo común podría encontrarme hoy —. Se preguntaba mientras salía de su casa para dirigirse al centro de la ciudad.
Charlotte había llegado al centro de la ciudad, transitaba por el camino que llevaba directo a la plaza principal, se cubrió bien el rostro con su capucha y se mantuvo alejada de las personas
—¿Quién será el miserable pecador que mataré hoy? —. Se preguntaba a sí mismo mientras bebía su café y comía un bocado de su platillo favorito: la jambalaya y leía el periódico, mirando con más detenimiento la noticia del encabezado, ésta llamó su atención.
—Encuentran 3 cadáveres a las afueras de la ciudad, todos los cuerpos presentaban marcas en muñecas y cuello, murieron desangrados, se desconoce a los responsables, las autoridades aún siguen investigando.
—Vaya, vaya, así que tenemos competencia en la ciudad, que desagradable sorpresa —. Chasqueo los dedos de forma discreta y una sombra apareció debajo de su silla, era su sombra vudú, al ser practicante de esa magia, tenía derecho de portar ciertos beneficios y poderes sobrenaturales que le permitían cometer cualquier crimen y saber cualquier cosa sin ser descubierto. Su sombra era similar a la silueta de Alastor, con la diferencia de que su sonrisa era más torcida y mostraba dientes afilados, en su cabeza se distinguían dos orejas grandes de ciervo con unas pequeñas astas y los dedos de sus manos se veían el doble de alargados y puntiagudos.
La sombra le habló con una voz ronca y demasiado grave, una voz que solo Alastor podía escuchar—: A la orden amo.
—Averigua quien está detrás del asesinato de esos pecadores, no permitiremos que nos roben a nuestras presas—. Dicho esto, la sombra despareció rápidamente.
—Por favor Harold ya te dije que no saldré contigo, te suplico que salgas de aquí, no me dejas atender a los clientes —. La voz de una de las camareras interrumpió los pensamientos de Alastor, éste de inmediato buscó de donde provenía esa voz y logró captar a un sujeto que estaba ocasionando problemas, el tipo era bastante alto, tenía los cabellos negros y vestía de una forma tan andrajosa y con poco gusto por la elegancia, nada más molesto y desagradable a la vista de Alastor.
—Vamos Martha, acaban de despedirme de mi trabajo y necesito consuelo, y solo una bella mujer como tú me lo puede dar —. Martha era una de las meseras del restaurante, de cabello castaño y ojos verdes, Harold intentaba abrazarla.
—¡Tú eres un hombre casado! ¡Cómo puedes pedirme algo así! ¡Déjame en paz!
—Vamos Martha, yo sé que tú también quieres, la pasaremos increíble juntos querida, puedo esperar a que termine tu turno y llevarte a un lugar increíble.
—Se puede distinguir a simple vista que no es más que otro infeliz estorbo para este mundo, sería un placer para mi eliminarlo de la faz de la Tierra —. Dijo Alastor en sus pensamientos. Finalmente había encontrado a su primera víctima, pudo ver como ese bastardo comenzó a jalonear a la camarera, no había muchos clientes en el restaurante y los que estaban no se animaban a hacerle frente a ese hombre, se veía muy grande y fuerte.
—Tal vez debería intervenir, pero esto es bastante divertido y ameno, no podría dejar pasar un espectáculo como este, no me divertía tanto desde el incendio en el orfanato en 1919, tantos muertos, bueno está bien, tal vez sea divertido si también me incluyo al show, no está bien que alguien inocente sea atacado de una manera tan repugnante como esta —. Pero antes de que pudiera intervenir en auxilio de la chica, alguien más se le adelantó.
Al escuchar tanto escándalo, el chef del restaurante salió de la cocina para saber lo que pasaba y se sorprendió de ver a Harold molestando de nuevo. —¡Otra vez tú mal nacido! ¡Te dije que si no dejabas en paz a mi hija te las verías conmigo hijo de perra! —. Tenía en su mano una sartén muy grande y un cuchillo de pescado
—Oh Frank, un gusto verte, ¿qué dice el trabajo? —. El chico temeroso soltó de inmediato a una Martha atemorizada y ésta corrió a donde su padre, quien era igual de alto y fuerte que Harold, lo tomó del saco y lo arrastró hasta la salida del restaurante donde lo empujó de manera violenta.
—¡Lárgate de aquí ahora mismo! —. Harold salió casi volando del local y cayó al suelo cerca de unos contenedores de basura, este se levantó y se fue malhumorado y lanzando maldiciones.
—Por favor todos disculpen la molestia, sigan degustando de sus alimentos —. Dijo Frank haciendo un ademán de disculpa, se llevó a su hija con él hasta la cocina y el ambiente en restaurante volvió a la normalidad.
—Un padre dándolo todo por proteger a su hija, que conmovedor, este tipo de espectáculos no se ven todos los días —. Pensó Alastor mientras terminaba su cena, en ese instante su sombra apareció debajo de su silla.
—¿Y bien amigo, de que te enteraste? —. Preguntó muy curioso a su sombra. Una sola palabra que dijo, hizo que torciera su sonrisa y apretara los dientes.
—Vampiros.
—Nos ocuparemos de ellos más tarde mi estimado, ya tenemos un encargo que hacer inmediatamente —. Sonrió con mucha malicia y su sombra hizo igual. Alastor terminó su cena, pagó la cuenta y dejó algo de propina para aquella pobre mujer, se puso el abrigo y comenzó a rastrear a ese mal nacido sigilosamente, gracias a sus poderes de vudú podía escabullirse entre las sombras sin ser visto, al fin lo pudo localizar, podía escuchar todas las blasfemias y maldiciones que soltaba aquel sujeto, al parecer tenía una vida del carajo y todo gracias a su alcoholismo y las apuestas, el tipo era un completo perdedor.
—No te preocupes mi amigo, en unos momentos acabaré con tu miseria, no sin antes divertirme un poco con tu sufrimiento —. Dijo con tanta satisfacción en su pensamiento, lo siguió hasta las calles más apartadas de la ciudad, no había mucha luz ni gente transitando, el lugar adecuado para cometer su crimen, pero antes de que pudiera acercarse más a Harold y matarlo en el acto, fue interceptado por un asaltante, éste lo empujó y acorraló en la pared con la mano sobre su cuello, apuntando con cuchillo.
—¡Dame todo tu dinero maldito bastardo! —. Alastor permaneció inmóvil observando con detenimiento a aquel hombre,
—¿¡Acaso no me escuchaste hijo de perra!? ¡Dame todo lo que tengas si no quieres ir al infierno ahora mismo! —. Alastor comenzó a reír de una forma tan macabra que ese sujeto dejó de apuntar con su cuchillo y se alejó unos pasos de él.
—Oh mi amigo, déjame decirte que te metiste con la persona equivocada —. La voz de Alastor cambió a una más grave y con cierto tono de interferencia, un aura de color rojo emanó de él y fue envolviendo al hombre, quien soltó el cuchillo y miro con gran aterro a Alastor, cuyos ojos se volvieron rojos y brillantes, su sonrisa se hizo más grande y torcida, el sujeto no podía moverse, sin embargo, todo su cuerpo temblaba del miedo que le provocaba Alastor, ya no había nada que hacer, estaba perdido.
Charlotte seguía caminando por las calles, estaba encantada con todo lo que veía, las luces, las plazas, los jardines llenos de rosas, las personas caminando de un lado al otro, los músicos callejeros que tocaban exquisitas piezas de jazz, se veía tan feliz y asombrada por todo lo que encontraba. —De esta y muchas cosas más me he perdido por permanecer oculta en la oscuridad —. Pensó, y sin darse cuenta, unas mujeres la miraban con extrañeza, pues su ropa estilo victoriano se veía anticuada en comparación con la moda de la época y comenzaron a cuchichear entre ellas.
Todo lo que veía era nuevo ante sus ojos, pero lo que más impresionó a Charlotte fue un edificio donde se estaba celebrando un evento, era el nuevo teatro que estaba siendo inaugurado esa noche, el Teatro Saenger, había muchas personas haciendo fila para entrar y disfrutar del buen ambiente, Charlotte se acercó para verlo mejor, a ella le encantaba todo lo relacionado con la música y la actuación, algo que mantenía oculto de sus padres, ya que lo desaprobarían. Estando cerca de la multitud, se encontró con las mismas mujeres que hablaron de su ropa.
—¿Compraste tu ropa en el mercado de baratijas y antigüedades? —. El grupo de mujeres se acercaron a Charlotte para burlarse de ella.
—¿Acaso vienes del siglo pasado abuela? ja ja ja —. Eran tres mujeres bien vestidas de clase alta.
—Linda, te ves tan patética con esas ropas viejas —. Las mujeres tomaron las ropas de Charlotte con desdén y continuaron burlándose. Charlotte no sabía que hacer o decirles, solo intentó ignorarlas e irse, pero no fue suficiente, las mujeres la tomaron del brazo.
—Tranquila niña, no te haremos daño, al menos no tanto ja ja ja —. Charlotte intentó zafarse, pero no quería que vieran su rostro y revelar su forma de vampiro, ya que su disfraz de humana era muy inestable, por la falta de sus poderes, la falta de consumo de sangre le afectaba bastante.
—Apuesto a que es una zorra y por eso viste así —. Todas las demás estuvieron de acuerdo y comenzaron a decirle improperios, hasta que alguien apareció y las interrumpió—: Oigan ustedes, dejen en paz a esa jovencita —. Una mujer alta de vestido rojo y elegante, que portaba un sombrero también rojo y con muchas plumas, tenía el cabello recogido y su cuello se veía bastante alto.
—Tranquila Rossie, solo nos estamos divirtiendo, ¿no es así chicas? —. Todas asintieron y siguieron riendo, sin embargo, Rossie las miró con desprecio, ya sabía quiénes eran esas mujeres, perteneció un tiempo a su club de té y conocía lo perras que podían llegar a ser con cualquiera que consideraran como alguien inferior.
—Será mejor que se vayan, si no quieren que les diga a sus esposos que gastaron tanto dinero en esos patéticos sombreros de la tienda de mi competencia, no quiero imaginar que dirán si se enteran, oh si yo lo sé y estoy segura de que se pondrán furiosos —. Dicho esto, se miró las uñas con aires de triunfo y las mujeres la miraron con recelo y se alejaron de Charlotte.
—¿Estás bien querida? ¿No te hicieron nada esas brujas?
—Estoy bien madame, muchas gracias por su ayuda.
—No te preocupes querida, odio cuando esas mujeres tratan mal a las personas, en especial a las dulces jovencitas como tú, cualquier cosa que haga gruñir de ira a esas mujeres es lo más feliz que me puede hacer, espero que estés bien y ojalá algún día vayas a mi tienda de modas Rossie's Emporium.
—Se lo agradezco mucho, ahora debo irme, pero espero verla en otra ocasión —. El esposo de Rossie llegó buscándola, esta se despidió de Charlotte y entró al teatro junto con su marido.
Charlotte se alejó de ese lugar, aunque quisiera quedarse corría mucho peligro estando ahí, no podía llamar demasiado la atención. Sin darse cuenta fue avanzando a una zona apartada, donde se acercaba a un área boscosa. —Será mejor que vuelva a casa, ya vi bastantes maravillas por hoy —. Dijo resignada, y aunque había quedado fascinada con todo lo que vio y le agradó la amabilidad de Rossie, sabía que no pertenecía a ese mundo, por lo que siguió caminado y antes de que pudiera notarlo, chocó contra una persona que iba pasando por ahí
—Disculpeme señor, no lo vi —. Dijo con la cara agachada, se dio la vuelta para volver, pero con quien se había topado era Harold. Este la interceptó para impedir que se fuera.
—Vaya, vaya, miren lo que tenemos aquí, ¿por qué una joven tan linda como tú está tan solita en un lugar tan repugnante como este? Dime preciosa, ¿qué hace una muñeca como tú por estos rumbos? No, déjame adivinar: el cielo al fin fue considerado conmigo y me mandó este bello ángel para hacerlo todo mío —. Se acercó a ella tratando de quitarle la capucha, ella sintió escalofríos y miedo.
—Le suplico que me deje en paz, señor —. Charlotte se alejó de él y se ocultó más el rostro con su capucha.
—Oh vamos no seas tan ruda conmigo, eso no es propio de una señorita —. La tomó del brazo y la tomó del rostro a la fuerza, apretó sus mejillas con su mano.
—Vamos muñeca, la pasarás muy bien conmigo, ven y te llevaré lejos de aquí, en donde nadie nos interrumpa —. La acercó más a su cuerpo e intentó desabotonar el corsé de su vestido apretando su cintura y luego intentó tocar sus pechos.
—¿Qué está haciendo? ¡Suélteme! —. Charlotte apenas y podía hablar de tener las mejillas sujetas por ese tipo, intentó zafarse, pero ese sujeto la acorraló contra una pared, con brusquedad logró quitarle la capucha y pudo ver su rostro, sus ojos se iluminaron ante tanta belleza.
—Escucha lindura, mi esposa ya no cumple con mis expectativas, es una anciana, los golpes que le he dado han hecho que perdiera su belleza, pero tú, pareces una joven pura, te ves tan bella y tierna, acabo de perder mi empleo y necesito de cariño femenino, no puedo esperar para estrenarte linda, quieras o no —. Su mirada mostraba una perversión atroz y su sonrisa era tan libidinosa. Esas palabras y esa expresión aterraron a Charlotte, ¿qué clase de ser humano tan enfermo era ese?
Alastor al terminar de matar a ese ladrón, lo teletransportó con su magia a su casa para ocuparse de él más tarde, lo había desmembrado vivo y clavado varias veces su cuchillo en su vientre, una escoria menos en la sociedad; estaba tan feliz que tendría un premio doble para sus ofrendas, el asaltante y Harold, no perdió más tiempo y se dirigió para buscar a ese bastardo y acabar con él de una vez por todas.
Charlotte le dio un puntapié a Harold, esté chilló de dolor y la soltó, ella corrió lo más que pudo, tenía tanto pánico que olvidó que podía transformarse en murciélago y escapar de ahí. Harold no tardó en alcanzarla y tirarla al piso, se puso encima de ella y comenzaron a forcejear.
—¡Alejase de mí! —. Al no tener sus poderes completos, Charlotte carecía de la fuerza vampírica para poder defenderse, ella seguía forcejeando con el sujeto, hasta que pudo divisar una botella de alcohol vacía que estaba cerca de su brazo derecho, soltó el brazo del tipo y éste aprovechó para acercarse a ella y chupar su cuello, ella sintió demasiado asco, pero no dejó de intentar tomar la botella.
Alastor al llegar al lugar pudo contemplar a detalle lo que estaba pasando: una joven pequeña siendo acorralada por un hombre algo embriagado y dispuesto a profanarla, eso lo hizo sacar su cuchillo tan rápido como pudo, ese tipo sería parte de la caza del día y ofrenda para los espíritus.
—¡Un segundo amo! —. Una voz conocida para él lo interrumpió, era su sombra que se manifestó detrás suyo en ese momento.
—Amo esa no es una humana, es un vampiro, usted tiene que acabar con ella o de lo contrario ella podría asesinarlo a usted, debe matarla a ella también —.Aquellas palabras pusieron a Alastor en alerta, si ella era un vampiro tenía que deshacerse de ella ya que lo dejaría sin presas potenciales y por lo tanto sin poder y peor aún, ella podría asesinarlo.
—Un vampiro, que interesante espécimen, uno que podría estar en mi colección de caza, sería el trofeo más importante de todos y sería reconocido en la ciudad por haberlo atrapado, sería un héroe y lo más importante: ya no tendría más competencia —. Esa idea lo llenó de un gran ego, hasta que sus pensamientos fueron interrumpidos por un alarido de dolor que emanó aquel hombre.
—¡Aaaaaahh! ¡Maldita perra! ¿¡Qué hiciste!? —. El hombre se alejó de ella gritando de dolor y sosteniendo su cara que estaba escurriendo de sangre, Charlotte con dificultad había podido tomar la botella y estrellarla contra su cara, gritaba de tanto dolor y desesperación. El ver a ese hombre derramando sangre por todas partes despertó un instinto en Charlotte que nunca antes había tenido, sus ojos se encendieron como antorchas al ver todo ese precioso líquido escarlata que brotaba de su rostro, en ese momento perdió su apariencia humana, sus ojos volvieron a ser rojos, sus orejas se volvieron puntiagudas, sus labios negros y sus colmillos se manifestaron haciéndose más grandes de lo que eran y aparecieron unos nuevos en su mandíbula inferior, Alastor presenció su transformación y quedó impresionado ante lo que vio. Charlotte trató de controlarse, pero su instinto fue más fuerte y abriendo las manos con tanta tensión se abalanzó sobre ese desgraciado, lo tiró al suelo, el tipo seguía moviéndose y lanzando alaridos de dolor, ella terminó de matarlo al golpearlo con una roca que estaba cerca, la tomó y la dejó caer sobre su cabeza varias veces hasta que ya estaba hecho, el cuerpo estaba ahí tendido, ella mordió su cuello tan fuerte y comenzó a succionar toda la sangre que tenía, su rostro y toda su ropa se mancharon, en cuanto terminó, comenzó a morder su cabeza en el área de la herida y lamer la sangre en su cara, pero aún no estaba satisfecha, estando sobre el cuerpo del hombre, se incorporó y se quedó mirándolo unos segundos, elevó sus manos manchadas de sangre hasta la altura de sus ojos para verlas, volvió a mirar al cadáver y su respiración se agitó, entonces supo lo que quería hacer. Charlotte desgarró la ropa de ese desdichado, rompió la camisa blanca ensangrentada, con sus uñas desgarró su pecho hasta abrirlo, con una gran fuerza pudo romper algunas de sus costillas y sacar su corazón, lo sostuvo en sus manos, podía sentirlo aún caliente, el olor a sangre se hizo más intenso y sin pensarlo dos veces, le dio varios mordiscos hasta terminárselo, con cada mordida que daba, la sangre brotaba de un lado al otro, hasta su cabello quedó manchado; Alastor se ocultó detrás de uno de los árboles, y desde ahí pudo observar toda la masacre, nunca había visto algo tan impresionante como aquello; Charlotte no sabía que él la estaba mirando, siguió comiendo toda la sangre posible, hasta que quedó satisfecha, se alejó del cadáver y caminó hasta caer de rodillas, quedó con la cabeza agachada hasta que logró tranquilizarse, acercó sus manos para verlas de nuevo, manchadas de sangre coagulada y las lamió gustosa, después de unos minutos, recuperó la compostura.
—¿Yo hice todo eso? —. Ahora miraba tan aterrada a todo el escenario que ella misma había creado, se abrazó a si misma impactada y ansiosa por lo que acababa de hacer. Hace años se había prometido no hacer atrocidad alguna como esta a ninguna criatura viva, pero ahora, el daño estaba hecho. Colocó sus manos en su rostro y contuvo el llanto.
—Nunca me hubiera imaginado que una chica pudiera verse tan hermosa estando cubierta de sangre —. Dijo Alastor dentro de sus pensamientos. Su sombra se quedó mirándolo tan extrañada a la reacción de su amo, este debería estar molesto, esa demonio le robó a su presa, se la comió frente a él y no hizo nada por impedirlo.
—Debo irme de aquí ahora —. Pensó Charlotte y se dispuso a tomar su capucha, y enterrar el cadáver.
Alastor sintió por primera vez mucho calor en sus mejillas, el como si en su pecho hubiera sido clavada una estaca de un filo tan doloroso, sintió una horrible necesidad de tomar a esa vampiro y poseerla, pero ya no sabía en qué sentido, abrió la boca y respiró muy agitado como si estuviera sediento de sangre o de quien sabe qué cosa. Se puso a pensar en cómo es posible que ella se vea tan pura e inocente y al mismo tiempo ser un ente demoníaco y asesino, intentó acercase más a ella y al caminar hizo un ruido al pisar una rama, esto alertó a Charlotte quien advirtió su presencia de inmediato, dejó de llorar y sus ojos rojos se enfocaron en el castaño.
Ambos se quedaron viendo el uno al otro por varios segundos, Alastor mantenía su sonrisa bohemia hacía la criatura demoniaca, un fuerte viento hizo de su presencia haciendo sonar los árboles, amplificando el olor nauseabundo de la sangre en el ambiente y revolviendo los cabellos de la rubia. La ventisca hizo que las nubes en el cielo se esparcieran revelando una hermosa luna llena, Charlotte no podría verse más radiante y exquisita a los ojos de Alastor.
—¿Acaso presenciaste todo lo que pasó? —. Preguntó temerosa y sintió demasiado terror al ver que otro ser humano viera todo lo que hizo, lo examinó de pies a cabeza y notó que sonreía sin mostrar emoción alguna. Charlotte estaba aterrada de que ese humano supiera su verdadera naturaleza, pensó que tal vez tendría la necesidad de matarlo a él también, pero no pudo hacerlo, algo en ese hombre llamó su atención: al verlo a la cara; sus ojos le parecieron como dos rubíes incrustados y su sonrisa le daba un aire un tanto atractivo y misterioso: él y parecía no inmutarse ni siquiera un poco por estar cerca de ella, como si fueran dos seres iguales.
Alastor solo se limitó a asentir con la cabeza mientras la seguía mirando y sonriéndole.
Estando paralizada ante la presencia de aquel hombre recordó las palabras que su madre le dijo alguna vez—:"el clic solo te llega una vez" —. Pero, ¿en qué cosas estaba pensando? ¿Por qué se puso a pensar en eso en un momento como este? Trató de olvidarlo y no mostrarse intimidada ante él.
—¿¡Es que acaso no tienes miedo de lo que yo pueda hacerte!? ¡Yo soy un vampiro! ¡Yo podría hacerte lo mismo que le hice a este bastardo o algo peor, podría abrir tu estómago y sacar uno a uno tus órganos, mientras sigues con vida! ¿Es que no tienes miedo de mí? —. A pesar de que Charlotte era un vampiro y Alastor un humano, parecía que ella tenía más temor de él que viceversa.
—Creo que si de verdad quisieras matarme o hacerme cualquier cosa, ya lo habrías hecho —. Y soltó una pequeña risa burlona. Esas palabras la hicieron enfadar y no dudó en abalanzarse sobre él hasta tirarlo al suelo, ella quedó encima suyo y lo tenía sujetado de los hombros, las uñas en sus manos eran largas y negras y no dudaría en clavarlas en su piel. Gracias a esa cercanía de escasos centímetros entre ellos: Alastor pudo contemplar mejor su rostro y se dio cuenta que se veía más hermosa con esa expresión de rabia y apretando su mandíbula llena de sangre.
—Oh cariño, yo no tendría por qué temer a un ser tan espléndido y magnificente como tú, al contrario, sería un honor para mí ser asesinado por una criatura que posea esa alta capacidad destructiva, que emana belleza, dolor y perfección al momento de causar la muerte; como solo lo puedes hacer tú —. Eso provocó que Charlotte se alejara de él algo avergonzada y nerviosa.
—¿Qué clase de ser humano eres tú? —. Quedó extrañada ante la reacción del hombre, pero lo que más le pareció curioso fue que su voz le pareció bastante familiar.
—Me gusta considerarme único en mi clase querida, mi nombre es Alastor Black —. Se levantó del suelo e hizo una reverencia al decir su nombre.
—¿No vas a decirme el tuyo? —. Se quedó viendo a Charlotte esperando una respuesta, ella dudó, pero al final también se presentó ante él, después de todo ya sabía su verdadera naturaleza de vampiro, que más daba que supiera su nombre.
—Charlotte Magne —. Dijo segura de si misma, una miembro de la familia Magne siempre debía mostrar seguridad y superioridad, aun si tenía miedo por dentro.
—Un nombre digno para una criatura tan magnifica como tú, no te preocupes, yo soy un caballero, no te haría daño si tuviera la oportunidad —. No dudó en acercarse más a ella e intentó acariciar su mejilla para poder aproximar su rostro al de él, para Charlotte aun le parecía extraño su comportamiento, sin embargo ya no opuso resistencia, antes que pudiera tocarla el momento fue interrumpido por unos residentes del pueblo que se acercaban en multitud, algunos portaban rifles y otros estacas de madera, pues durante los últimos años hubo varios ataques de vampiros y otras criaturas en la zona, por lo que los habitantes ya estaban preparados para lo que fuera.
—Será mejor que te vayas de aquí dulzura, yo me encargaré de lo demás. —Le susurró al oído mientras se acercaba su rostro.
—¿Qué? ¿Está bien que lo deje solo aquí? ¿No va a delatarme? —. Ella aún seguía confundida de su actitud tan considerada hacia ella, según las historias de sus padres, los humanos no eran más que escoria en este mundo, y por lo tanto su único uso era el ser comidos o usados como esclavos.
—Yo estaré bien cariño, siempre lo estoy, y no, para nada, yo no podría soportar que una criatura tan bella como tú acabara en manos de esos sucios pecadores, pero si quisiera volverte a ver algún día si es que es existe esa posibilidad, tal vez podría ser una cita —. Dicho esto, tomó su mano ensangrentada con delicadeza y le dio un suave beso y aprovechando el momento, olfateo la sangre y la lamió con sutileza provocando escalofríos en la espalada de Charlotte, ella se soltó se su agarre tímidamente.
—No creo que eso sea conveniente mi señor, no concilio ninguna razón válida para concertar una reunión con usted —. Los ojos de Charlotte brillaron como rubíes ante la idea de ver a Alastor en una cita, se imaginó a ellos mismos bailando un vals en un salón de fiestas grande, pero esos pensamientos los hizo de lado al pensar que, si su padre se enteraba de ello, acabaría con Alastor sin pensarlo. —No, es imposible —. Dijo en un susurro casi inaudible.
—No te preocupes por eso mi querida, el simple hecho de encontrarnos esta noche es razón suficiente para volver a vernos, ahora sé de tu existencia y tú sabes de la mía, es más que obvio que esto estaba destinado a pasar —. Le guiñó el ojo en señal de complicidad, pero antes de que ella pudiera responderle, la multitud de personas estaba cada vez más cerca, Charlotte se alarmó y de inmediato se convirtió en murciélago; se alejó volando lo más rápido que pudo de ahí, no miró hacia atrás pero no pudo negar que aquel hombre la había cautivado por completo y dijo para sus adentros—: Tal vez no sea tan mala idea volver a verlo mi señor.
La multitud de personas llegó al lugar y en ese momento Alastor chasqueó los dedos y desapareció del sitio, reapareciendo en su hogar junto con el cadáver y su sombra.
—Estos restos serán un buen aperitivo para los espíritus mi amigo, prepararé el sótano para desmembrarlo junto con ese otro miserable —. Su sombra no respondió, se le quedo mirando unos segundos y luego se dirigió a su amo. —¿Qué fue eso? —. Se mostró molesta.
—¿Qué fue qué mi amigo? —. Alastor fingía no saber la razón de su molestia.
—Pudo traerla consigo hasta aquí y acabar el trabajo amo, ¿¡por qué la dejó ir!? ¿Acaso le gusta ese demonio?
—¡Pero que dices mi estimado, claro que no! Es lo más absurdo que he escuchado en toda mi vida, el amor es algo repugnante para mí —. Soltó una risa y se limpió una pequeña lagrima que salió de su ojo. —Sin embargo, esta sensación que tengo dentro me dice que no debo dejar que se aleje de mi, amigo confía en mi cuando te digo que ella será nuestro juguete personal, algo extraordinario fuera de mi vida monótona, algo con lo que yo me pueda divertir por un rato —. Esas palabras hicieron que la sombra sonriera tan retorcidamente, se alegró de no perder a su amo en ese mundo fantasioso del amor, solo jugaran con ella por un tiempo y después la dejará olvidada, o eso era lo que pensaba la sombra únicamente, para Alastor este era un sentimiento nuevo que nunca había tenido antes, no le permitiría a esa vampiro estar lejos de él, sin embargo él no quería que perdiera esa libertad y salvajismo que vio en ella que tanto le fascinó, su mente se convirtió en un remolino de pensamientos, tenía que controlarse y pensar con detenimiento, despejó su mente y vio con claridad lo primero que tenía que hacer.
—Síguela —. Su sombra hizo una expresión de desagrado, esta esperaba quedarse para presenciar el desmembramiento de aquellos desdichados en manos de su señor, pero obedeció a su amo y desapareció escabulléndose por la ventana para seguir a la chica.
—Ahora existe una razón válida para volver a vernos querida —. Dijo mientras se agachaba para recoger su capucha gris; la sostuvo en sus brazos y no dejó de acariciarla.
Los padres de Charlotte ya estaban de regreso y pudieron ver que su hija no estaba en ninguna parte.
—Muy bien. ¿Dónde está mi hija Vagatha? —. La voz del Conde Magne se oyó tan serena y despreocupada, pero al ver que ella dudaba en responder y se veía nerviosa, no tardó en enfurecer y perder la paciencia.
—¡Responde inútil! —. Acto seguido le dio una bofetada tan fuerte que la tiró al suelo. Vaggie se reincorporó un poco, permaneció en el piso y solo se limitó a cubrir su rostro y con poca fluidez logró hablar.
—N-no, no lo sé amo, yo la dejé en su cama y ella estaba durmiendo, le juro que es la verdad, pero haré todo por encontrarla —. Vaggie mintió al decir eso último. Las lágrimas brotaron de su ojo, para ella era más preocupante el saber paradero de Charlotte que los castigos y golpizas que pudiera propinarle su padre. Lilith se mantuvo neutra ante el castigo de Vaggie, a ella no le gustaba golpear a sus sirvientes, pero tampoco era algo que le importara mucho que hiciera su esposo.
—¡No le hagas más daño padre! ¡Aquí estoy! —. Charlotte llegó volando muy rápido y se transformó de nuevo en vampiro. Se apareció delante de su padre y cerca de Vagatha para impedir que pudiera golpearla de nuevo. Su padre al verla a si de repente, quedó pasmado ante lo que veía: su hija con manchas de sangre en toda su ropa, manos y rostro, incluso en algunos mechones de su cabello; de su boca se veía la sangre seca en sus colmillos y labios; en sus ojos se veía una sed de sangre y muerte que pudo ser saciada. El ver a su hija en esas condiciones hizo que esbozara una sonrisa genuina, una que Charlotte no había visto en mucho tiempo, una primera muestra de afecto de su padre hacia ella.
—Charlotte hija mía. ¿Acaso es verdad lo que mis ojos están viendo? —. Extendió sus brazos y se acercó a su hija para abrazarla y darle un tierno beso en la frente. Charlotte sin oponer resistencia también lo abrazó, pero le parecía bastante extraño recibir esas muestras de cariño de su padre.
—Escapaste de casa para ir en busca de tu primera víctima. Finalmente has entendido, al fin te convertiste en un auténtico vampiro. Me haces sentir tan orgulloso de ti querida, todo lo que te dije al fin lo comprendiste —. Algunas lágrimas brotaron de sus ojos.
—Eso fue lo que pasó padre, maté a un hombre, bebí toda su sangre y su cadáver lo destruí y me comí su corazón, y sabes, fue lo más placentero y excitante que pude haber hecho, sus gritos de agonía fueron música para mis oídos —. Dijo tratando de no mostrar asco ante aquella declaración, sin embargo, no pudo negar que matar a un ser tan repugnante como aquel hombre le resultara tan satisfactorio, él ya no podrá hacerle daño a nadie más, de inmediato recordó a aquella esposa que dijo tener, ella no volvería a ser lastimada y una pequeña sonrisa surgió de su rostro.
Aquellas palabras hicieron que el conde se sintiera más feliz y orgulloso de su hija, y también su madre, quien se acercó a ella para abrazarla y felicitarla. —Estamos tan orgullosos de ti hija.
—Gracias mamá —. Charlotte estiró un para abrazar también a su madre. Por primera vez en mucho tiempo la familia estaba unida en un abrazo, hasta que Charlotte se percató que Vaggie seguía en el suelo.
—Padre por favor, te suplico que no lastimes más a Vaggie —. Dijo sin dejar de abrazarlo.
No tenía contemplado que su padre creyera en esta historia que le contó, al menos ya no le haría más daño a Vaggie, y ésta la miraba con agradecimiento, Charlotte es la única de la familia Magne que la trata con respeto y cariño, para Vaggie era casi un ser celestial dentro de ese infierno en el que vivía.
—Lo que tú digas manzanita, Vagatha puedes ir a tu habitación, después te encargarás de lavar la ropa de mi querida hija, una ropa tan fina como esta no puede estar manchada de sangre
—Si amo —. Contestó muy temerosa del Conde y con dificultad se puso de pie y salió de inmediato.
—Hija mía estoy tan orgulloso de ti, ahora podrás asistir con nosotros a las reuniones vampíricas, cariño esta noche, no mejor dicho, esta semana, tendremos un banquete especial para nuestra hija, esto amerita una celebración, llevaremos a nuestra hija a los próximos banquetes del Conde de Saint Germain y tendremos nuestras propias fiestas aquí con los hermanos Carter y con toda la comunidad vampírica que ha venido a Nueva Orleans, no puedo esperar para presentar a nuestra hija ante nuestra sociedad y poner en alto el apellido de la dinastía Magne.
Charlotte quedó pasmada con todo lo que había dicho su padre, una simple acción suya de desobediencia desencadenó demasiados eventos que no esperaba que ocurrieran.
Pasó un día desde que Charlotte conoció a Alastor, y ella no dejaba de pensar en él, aun no podía comprender como es que él fue tan considerado y amable, y lo que más le extrañaba, era que él en ningún momento demostró tenerle miedo de ella, se preguntaba qué hubiera pasado si nunca hubiera salido de su hogar, nunca habría conocido a Alastor y probablemente seguiría encerrada con las ganas insaciables de salir de la mansión y con su padre indiferente a ella, pero ahora su padre ya le permitió salir por las noches a "cazar" a sus presas, y eso la intrigaba, pues podía salir, pero con la condición de volver llena de sangre como prueba de que fue a por víctimas y no a explorar la ciudad como una simple niña, era una condición que no quería aceptar, pues cuando mató a ese desgraciado, lo hizo justificadamente, por sobrevivencia y... porque no pudo evitarlo, se puso a pensar en sus acciones, no estaba consciente de ello, pero sin embargo, recuerda que lo disfrutó muchísimo, una tentación que no pudo dejar pasar, sintió tanto poder y tanta energía para hacer lo que fuera, tal vez si lo hiciera una vez más... no, no podía renunciar a sus principios, ella no quería ser una asesina, no tenía esa maldad en su corazón o eso era lo que pensaba hasta ahora, estaba tan confundida, comenzó a caminar por toda su habitación, sus padres no estaban, habían ido a visitar a los hermanos Carter en su trabajo, querían organizar el banquete después de las fiestas del Conde de Saint Germain, Vaggie estaba lavando sus ropas en el patio trasero y no tenía permitido estar con Charlotte mientras estuviera haciendo quehaceres domésticos, tenía la casa para ella sola, pero ella solo pensaba en los acontecimientos de la noche anterior, pensaba en Alastor y en el asesinato que cometió, hasta que algo inusual en la habitación la sacó de sus pensamientos, Charlotte se extrañó de ver una sombra debajo suyo, ya que los vampiros carecen de sombra y reflejo, para su sorpresa, ésta saltó hacia el techo y después se deslizó a la puerta; le hizo señas para indicarle que la siguiera, esto la confundió más, sin embargo aceptó en seguirla, la guio por las escaleras hasta llegar a la entrada del castillo directo a las puertas de entrada, quería que saliera, ante esto ella titubeo en seguirla, podría correr un riesgo en salir del castillo y meterse en más problemas, no quería tener que volver a matar a otro ser humano, sin embargo la sombra siguió insistiendo y la tiró del vestido.
—¿Pero qué es lo que quieres de mí? —. La sombra apuntó de nuevo hacia la puerta, a lo que Charlotte se negó; todas las cortinas de la mansión estaban cerradas, con la excepción de una que tenía un pequeño hueco para dejar entrar una tenue línea de luz, estaba así a propósito para saber cuándo el sol se ocultaba en el atardecer y así poder salir, al ver que esa línea aun no desaparecía, Charlotte dijo a la sombra—: ¿Estás consciente de que aún es de día? El sol brilla en su máximo esplendor ¿Quieres que muera lentamente por eso? Aunque quisiera ir contigo, no puedo salir en este momento —. Ante esa respuesta la sombra supo que hacer, de inmediato se dirigió hacia el segundo piso hasta uno de los cuartos, Charlotte no sabía que estaba pasando, sin embargo, tuvo curiosidad y siguió a la sombra de nuevo hacia arriba.
Subió muy rápido las escalinatas que se dirigían hacía el cuarto donde entró la sombra y se detuvo perpleja al ver que era la habitación de sus padres, con mucha cautela abrió la puerta y la vio cerca de un mueble. —Espera, ¿qué estás haciendo? —. La sombra le apuntaba a uno de los cajones, Charlotte lo abrió y de ahí sacó un libro de color azul con estampado de una luna menguante dorada, se sorprendió ante esto.
— ¿Cómo sabes que tenemos un libro de hechizos? ¿Y cómo sabes que estaba aquí? —. Charlotte desconfió de la sombra por un momento y pensó que tal vez podría ser una trampa.
—Oh vamos, ¿por qué querría yo perder mi tiempo contigo? —. Le habló la sombra por primera vez. —Si me sigues, sé que te gustará lo que vas a ver, no es ninguna trampa, confía en mí.
—Este libro puede transportarnos a donde sea que queramos ir —. Se quedó meditando en si era una buena idea seguir a esa sombra a donde quería que fuera, pero al final su preocupación la dejó de lado, la angustia de meterse en problemas desapareció, ella quería aventuras y salir de su rutina diaria, ya conoció el mundo humano hace un día, quería salir de nuevo, tendría más cuidado de no cometer el mismo error de aquella vez y ahora podría usar el libro si tuviera la necesidad de escapar rápidamente.
—Aun no tengo todos mis poderes y no puedo teletranspórtame por mi misma, pero este libro nos puede ayudar —. Dicho esto, la sombra se acercó a ella y la miró con complicidad. —Supongo, que no tengo nada que perder —. Abrió el libro y aprendió el conjuro, y recitó el hechizo del libro para teletransportarse.
—Aut forti libri, ut me ego autem vadam et eaque oriuntur —. Antes de que el hechizo hiciera efecto, guardó el libro en una bolsa de tela vieja que llevaba consigo, ésta estaba manchada de sangre seca, era una de esas bolsas que los hermanos Carter usaban para tapar las cabezas de sus víctimas al momento de matarlas. Al instante un portal apareció delante de ella, los bordes emanaban una luz roja llameante y no podía ver al otro lado del portal, estaba oscuro, intentó atravesarlo, pero no pudo, sintió chocar con una especie de capa invisible.
—Nunca antes he estado en ese lugar, no puedo entrar hasta que no reciba una invitación, una vieja costumbre de vampiros —. Ante eso, la sombra entró primero y le hizo un ademán invitándola a pasar, Charlotte pudo atravesar el portal sin problema y una vez dentro, este se cerró. Ambos llegaron a una habitación oscura, la sombra se alejó de ella, hasta que las luces se encendieron. Charlotte pudo ver a alguien que se encontraba de pie al otro lado del cuarto, al instante pudo reconocerlo, vio que la sombra se quedó debajo de él.
—¿Es usted? —. Preguntó un poco sorprendida, no esperaba volver a verlo, aunque muy en el fondo le agradó esta sorpresa. —Su sombra me trajo hasta usted, no sabía que un humano podría tener esa clase de poder.
—Hay muchas cosas que desconoces de mí y de los humanos querida, pero ahora eso es lo de menos —. Hizo una pausa y continuó—: Bienvenida a mi hogar cariño, es un gran honor para mí tenerte en mi presencia, no me considero digno de estar contigo bajo el mismo techo —. Alastor hizo una reverencia ante ella y tomó su mano para besarla. Charlotte no concebía razonable su actitud y se alejó de él, estaba tan confundida por todo lo que estaba pasando, no sabía cómo reaccionar, si tan solo él fuera un vampiro y no un humano.
—Por favor basta de juegos. ¿Qué es lo que quiere de mi señor? —. Se cruzó de brazos esperando una respuesta. A Alastor le gustó esa determinación en Charlotte y quiso jugar con ella.
—Oh querida mía, aun no te has dado cuenta,¿ cierto? —. Se le acercó y le ofreció tomar su mano, ésta dudó, pero accedió a su petición, la miró a los ojos y toda seguridad le dijo—: Lo quiero todo de ti cariño.
Esa respuesta fue demasiado sorpresiva para Charlotte, abrió la boca, pero no pudo pronunciar palabra alguna, Alastor se acercó aún más a ella y le preguntó—: ¿Tengo que repetirte lo que quiero de ti cariño? De acuerdo, lo quiero todo de ti, conocer todo lo que eres y que tú estés conmigo, que formes parte de mi vida, que me pertenezcas ¿es tan difícil entender eso dulzura? —. Recargó su frente con la de Charlotte y esta sintió más nerviosa de lo que ya estaba, sus rostros estaban demasiado cerca, ese apetito que sintió cuando vio la sangre brotar de ese hombre volvió a surgir en ella, pero ahora era diferente, no sabía si quería hacerle lo mismo a Alastor, pero quería abalanzarse sobre él.
—¿Y si yo también quero todo esto? —. Pensó y por primera vez sintió calor en sus mejillas, algo poco común en un vampiro, estaba perdiendo el control de sí misma, pero, recordó que Alastor correría mucho peligro si se quedaba con ella, fácilmente se volvería la presa de sus padres o de cualquier otro vampiro que los viera juntos, volvió a ser consciente de que esto era imposible.
—¿Pero es que acaso esto no es algo prohibido mi señor? Esto no puede ser posible, somos diferentes y hay obstáculos entre nosotros —. Charlotte lo dijo en una voz tan baja que parecía que estaba cediendo ante Alastor, colocó su mano sobre su torso intentando apartarse o eso pensó hacer, éste hizo caso omiso de su pregunta y su negación, con su mano aun sosteniendo la de ella, la acercó más a él hasta pegarla a su pecho, sus rostros quedaron a solo centímetros de distancia, con cuidado colocó su otro brazo en su cintura para no permitirle que se alejara más de él. — Pero, ¿qué estoy haciendo? ¿Qué es esta fuerza dentro de mí qué me hace tomarla de esta manera? Por más que quiero, no puedo controlarme. Por primera vez conozco una fuerza que es superior a mí y que me hace actuar como un insensato, tal vez estoy bajo un embrujo suyo, no lo sé —. Alastor se sentía como un tonto, pero aun así no podía dejar escapar a Charlotte y la apegó más fuerte contra sí mismo, no podía dejarla ver su debilidad ante ella.
—Oh dulzura, ¿es que acaso no sabes que los placeres de la vida son todavía mejores cuando son prohibidos? —. Al decirle esto seguía mirándola fijamente a los ojos y deslizó su dedo índice sobre su mejilla con delicadeza, eso le provocó escalofríos a Charlotte. Todos esos gestos que hizo Alastor hacia ella le parecían ridículos y absurdos, él es Alastor, nunca suplica ni se rinde ante nadie, sabía que estaba actuando como un completo idiota, un perro faldero, se sentía extraño y humillado, no obstante, no podía dejar de ser así con ella y se preguntaba el porqué. El hecho de ver que Charlotte no le daba una respuesta satisfactoria le hizo preguntarle lo siguiente—: ¿Es que acaso no te agrado Charlotte? —. Le preguntó de una manera tan suplicante y acercó su rostro hacia su cuello, le agradó tanto el aroma de la chica, Charlotte sintió su cuerpo temblar, ya no sabía qué hacer, estar cerca suyo ya no le provocaba ningún temor, sin embargo ahora surgían nuevas sensaciones dentro de ella, no sabía que podía ser, nunca antes lo sintió, temía que pudiera ser algo malo, sentía que perdía el control de sus impulsos, pero a pesar de todas las preguntas, le gustaba lo que sentía, pero, ¿qué era eso que ambos sentían el uno por el otro?
Continuara...
Hola a todos, este es mi primer fanfic de Charlastor y estoy muy feliz de compartirlo con ustedes, amo esta pareja muchísimo y no quería quedarme con las ganas de hacer una historia suya, espero que les guste y estén sintonizados para el siguiente capítulo, hasta la próxima.
