Alguna vez te has preguntado: ¿Qué descuido, qué pecado o qué mal habrías hecho para merecer el castigo o las consecuencias?

A tal punto de quedarse estático, desconectarse de tu entorno mientras revisas entre cada recuerdo ya sea de este día, del anterior o prácticamente de toda tu vida para finalmente volver a preguntarte con intriga: ¿Qué fue lo que exactamente hice?

Sintiéndote perdido por no hallar la respuesta.

Sintiéndote desesperado por querer la respuesta a la pregunta.

Y al final, sintiéndote impotente porque…

Por más que busques, escarbes y examines, no existe tal respuesta. Ni siquiera una que resulte lógica o concreta.

(Sólo, no hay nada).

Porque…

¿Qué respuesta mínimamente lógica o concreta se podría dar para explicar la razón por la que su madre haya sido quemada viva frente a todos como una bruja?

O más bien.

¿Cuál era el motivo de tan arraigado odio hacia él y su madre?

¿Qué habían hecho para merecer el odio, soportar los abusos de los habitantes del pueblo, burlas, rumores sin fundamento para que al final su madre haya muerto calcinada frente a sus ojos?

¿Qué hicimos nosotros para recibir este odio? ¿Por qué mamá tuvo que ser quemada y juzgada como una bruja (que no era ni fue)?

¿Por qué una persona inocente y sin malicia debe morir y ser despreciada?

(¿Por qué debo soportar el abuso de este pueblo-mundo?)

No hay respuestas claras o concisas a sus preguntas impregnadas de desesperación, pintadas de dolor y con olor a rabia.

Y al final… Es sólo Fetechou Vlad llorando amargamente frente al cuerpo carbonizado de su madre en la hoguera.

Solo, con el alma hecha jirones y las lágrimas siendo sangre de un corazón masacrado.

Porque… el mundo no es justo con los inocentes y de buen corazón. El mundo está tan desbalanceado que por ello, la diosa Temis –dama de la justicia– ha decidido vendar sus ojos.

(Para ya no ver nada.

Para no presenciar la atrocidad.

Para no ser testigo del dolor de la víctima y del regocijo del victimario).