nada, solo quería darle a choso lo que quería y permitirle chupar la verga de su hermano, terrible que lo hiciera escuchando mi canción choita más soft porque esta vaina quedó para el orto. casi funciona como secuela de mi choita anterior pero al final del día es porno, no le busquen sentido.

perdón por los errores, solo terminé y publiqué. creo que mañana lo edito.

Disclaimer: Jujutsu Kaisen pertenece a Gege Akutami.


Like water

Cuando Choso despertó, lo primero que vio fue a Yuuji.

La luz de la mañana temprana se escurría por la ventana rota, justo por encima del rostro dormido de su hermano, cayendo sobre sus pestañas. Esta habitación, no demasiado pequeña ni demasiado grande, se sentía como un espacio separado, apartado de la realidad, envuelto en la temperatura fresca y tranquila del comienzo de un día nuevo. Choso se quedó quieto en la cama, procurando no moverse demasiado, casi sin respirar, escuchando la respiración nivelada y profunda de Yuuji a su lado.

Esta no era la primera vez que dormían juntos. Algunos edificios, en los extremos más alejados de Shibuya, seguían relativamente intactos, igual que sus departamentos; si tenían suerte solían quedarse en ellos durante las noches, y, más veces que menos, tenían una sola cama, e incluso si no la tuvieran, Choso no querría dormir sin su hermano fuera de su vista, ni siquiera por una pared de distancia, no siquiera por un momento. A Yuuji realmente no le importaba. Estaban juntos, todo el día, todo el tiempo; compartir una cama no era diferente a todo lo demás, prácticamente viviendo dentro del espacio personal del otro. Además, Choso no necesitaba dormir demasiado; con un par de horas bastaba.

Esta mañana no era diferente a muchas otras. Choso mantuvo las manos a ambos lados de su cuerpo, apoyado de costado, recorriendo el rostro de su hermano menor con la mirada. Yuuji lucía tranquilo, relajado, las marcas ligeramente oscuras debajo de sus ojos un poco menos visibles que de costumbre, sin señales de estrés o agotamiento manchando sus ojos marrones alterando la curvatura de sus cejas. Choso sabía que una vez despertara todo eso simplemente desaparecería, reemplazando cada gramo de descanso en su cuerpo con esa decepción apabullante, mezclada con resignación y también furia, que emanaba de él como agua; pero ahora, en ese momento, su hermano estaba bien.

En paz.

Afuera, el cielo había comenzado a teñirse de ese color lila deslavado, dando paso lenta pero metódicamente al azul para que tomara su lugar. Choso cerró ambas manos con fuerza en un puño, clavándose las uñas en la palma hasta resultar doloroso; la cama era verdaderamente estrecha. Podía sentir los pies de su hermano, descalzos, apoyados encima de los suyos, ligeramente frío en los dedos. Cada vez que exhalaba, Choso podía sentirlo, haciéndole cosquillas en la parte alta del cuello, justo debajo de la barbilla. Yuuji se había dejado la chaqueta antes de acostarse, quedándose solamente en el suéter amarillo, salpicado de manchas rojas de sangre oscura y seca que parecían tragarse el color original de la tela, sus brazos yaciendo laxos en el diminuto espacio entre medio de ambos. Choso miró sus dedos, semi cerrados, uno encima del otro, y, con cuidado, llevó su propia mano hacia ellos.

Los dedos de su hermano no eran suaves. Estaban repletas de callos, durezas y cortes a medio sanar, algunos subiéndole hasta la altura de la muñeca. Choso trazó la línea de las venas, sintiendo la sangre correr debajo de la piel en las yemas de sus propios dedos, recorriendo todo el camino hasta el hueco del antebrazo.

—Choso.

Alzó los ojos, otra vez, encontrándose nuevamente con el rostro de su hermano, ahora despierto. Sus párpados caían pesados, todavía a medio abrir en el bosque seco y oscuro de sus ojos, iluminados por la luz del sol, todavía gentil.

—Yuuji —susurró en voz baja, entre dientes, como si tuviera miedo de que alguien pudiera escucharlo—. Lo siento, ¿te desperté?

—No —sacudió la cabeza, encogiéndose levemente de hombros—. Ya estaba despierto.

—Oh.

Yuuji volvió a cerrar los ojos, la cortina de sus pestañas aterrizando en el filo donde terminaban sus pómulos, y Choso apartó la mano de su codo, tocándole la cicatriz en la comisura de la boca con el pulgar. Su hermano suspiró, inclinándose hacia el toque, tranquilo y relajado y sin terminar realmente de absorber el hecho de que estaba despierto, el cabello rosado enmarañado cayéndole sobre la frente en el momento en que se echó hacia adelante, cortando la casi nula distancia entre ellos y besándolo.

Eso era algo que hacían ahora, con más frecuencia que antes. Besarse.

Choso cerró los ojos, exhalando lentamente. Los labios de su hermano se movieron suave, lentos contra los suyos, sin prisas, alargando y estirando el momento hasta que se volvió difuso, como una bruma ligera al borde de sus pensamientos. Yuuji se pegó a su cuerpo, amoldándose contra él y echando una de sus manos alrededor de su cuello, tirando de él hacia abajo, buscando tenerlo más cerca. Choso accedió, gustoso, sosteniéndolo tan apretadamente a su pecho como podía, abriendo la boca en el momento en que la lengua de Yuuji dio un toque ligero en sus labios y enredando sus piernas juntas, deslizándola entre medio de sus rodillas.

Yuuji soltó un pequeño jadeo, empujando suavemente la entrepierna contra su muslo, y entonces fue el turno de Choso de echarse para atrás, observando el rostro sereno y ligeramente excitado de su hermano.

—Yuuji, estás duro.

Ya —masculló, masticando la palabra entre los dientes. Choso besó la cicatriz atravesándole el rostro—. Tampoco es la gran cosa, ¿sí? Siempre despierto así.

Choso arrastró los labios por el resto de sus facciones, besándole los párpados y los pómulos y también las mejillas. Yuuji no dijo nada, tampoco lo apartó, respirando lenta y acompasadamente en la quietud de sus brazos. Choso podía sentir la dureza de su hermano, firme y pesada, oculta detrás de la barrera de telas entre ellos, apoyada casi delicadamente sobre la parte alta de su muslo. Si prestaba atención, también podía sentir la sangre caliente y rápida corriendo a través de ella, llenándola.

—Está bien. A mí también me pasa lo mismo.

—¡¿En serio?! —Yuuji metió la mano entre ambos, tocando la erección de Choso casi con rudeza, los dedos firmes y bruscos obligándolo a echarse ligeramente hacia atrás, y entonces una media sonrisa curvó sus labios—. Vaya, nunca me había dado cuenta.

Sus dedos volvieron a tocarlo, esta vez con menos fuerza, una caricia calculada, casi evaluativa. Choso suspiró en voz baja, el tacto de sus dedos duros prendiendo pequeñas chispas en el torrente de su sangre.

—Así que esto es algo que puede pasarle incluso a un Útero Maldito, ah.

Yuuji no le permitió responder, jalándole del cabello y atrayéndolo para otro beso, quitándole la oportunidad de decir «pero eso ya lo sabías, el hecho de que puedo excitarme». Aun así, Choso aceptó, gustosamente, sosteniendo a su hermano tan cerca como podía, permitiendo que le abriera la boca y chupara su lengua. Yuuji suspiró, restregándose ávidamente contra la pierna entre sus rodillas, la fricción de su pene duro despertando una repentina ola de sensaciones en su propio cuerpo. Choso le devolvió el beso, cediendo al hambre insistente en los labios de su hermano, tragándose el gemido sorprendido y sofocado derramándose en su lengua en el momento en que también empujó contra él.

—¡Joder! Choso —murmuró, mordiéndole la comisura de la boca—. Eres enorme.

Realmente, Choso no sabía qué responder ante eso. No tenía idea. Así que simplemente siguió besándolo, pasando la lengua por encima de la cicatriz en la esquina de la boca de su hermano, oyéndolo gruñir entre dientes. Comenzaba acostumbrarse a esto, la aceleración de su ritmo cardiaco, el torrente de su sangre acelerándose, corriendo igual o más rápido de lo que lo hacía cuando la manipulaba, el sudor acumulándosele en la parte trasera del cuello, en el nacimiento del cabello, poniéndole la piel de gallina. El sabor de su hermano en la lengua, su peso, perfecto en sus brazos, el calor de su cuerpo derramándose como agua y consumiéndolo a su peso. Era como ahogarse, como morirse, pero sin el compromiso.

Choso embistió hacia arriba, encontrándose a mitad de camino con Yuuji, que ahora le había clavado los dedos en los antebrazos y parecía acelerado, apartándose de su boca para poder respirar un poco, jadeando junto a sus labios, murmurando sinsentidos.

—Yuuji.

—… creo que podría correrme así.

—Yuuji.

—¿Pero y si ensucio la ropa? Se siente tan bien, tan bien, tan bien

—Yuuji.

Su hermano alzó los ojos, distraído, mirándolo ligeramente perdido. Choso quería besarlo, así que lo hizo.

—Yuuji —repitió, apartándole el cabello de la frente, dándole un beso en la sien sudorosa—, ¿quieres que te toque?

—Ya lo estás haciendo.

—Me refiero a… como la otra vez.

Su hermano dio un respingo, haciendo chillar los resortes de la cama con el movimiento, casi cayéndose con la fuerza de su realización de no haber sido por el agarre firme en sus brazos y la mano de Choso en su cintura.

—¿Quieres jalármela? —cuchicheó, repentinamente emocionado.

Choso pasó la lengua por sus labios, sopesándolo.

—Si estás de acuerdo…

—¡Claro que sí!

—… en realidad, me gustaría chupártela.

Choso lo había estado pensando, mucho, desde el momento en que la idea encontró un sitio para instalarse entre sus pensamientos. Imaginándolo, cómo sería, hacer lo mismo que Yuuji había hecho con él, acomodarse en el estrecho espacio entre sus piernas y meterse el pene de su hermano en la boca, descubrir cómo sabía. ¿Le gustaría?, ¿le haría sentir tan bien como lo hizo sentir a él? Si cerraba los ojos, Choso todavía podía recordar la sensación exacta de la lengua de Yuuji, el primer toque húmedo y caliente contra su piel sensible, los ojos marrones oscuros y ligeramente desesperados, tratando de ocultar algo detrás del deseo evidente desbordándose de ellos. ¿Yuuji se sentiría igual? Si Choso lo tocara de esa manera, ¿su hermano también se sentiría tan abrumado como él se sintió?

Yuuji no había vuelto a llamarlo hermano. Tal vez, si tenía suerte…

—Choso —dijo, sonando como si le faltara el aire, echando un vistazo a sus ojos—, ¿de verdad quieres hacerlo? No es-

Choso le sostuvo la mirada, resuelto.

—Yuuji, déjame chuparte la verga.

Yuuji hizo un ruido, como ahogándose, yendo a por sus labios y besándolo con fuerza, retorciéndose torpemente en sus brazos. Choso le devolvió el beso, una última vez, llevándose con él un suspiro entre los dientes antes de desenredarse de los brazos de su hermano, con cuidado. Yuuji resolló ruidosamente, abriendo mejor las piernas en el momento en que Choso deslizó la mano encima de su entrepierna, dos veces, sintiendo la verga palpitar ansiosamente contra su palma.

—Yuuji…

—Sí, sí estoy desesperado —farfulló—. No me importa. Apúrate. Por favor.

Los labios de Yuuji se curvaron alrededor de la palabra, deformándola, imprimiéndole un tono llorón y suplicante, y Choso no quería hacer a su hermano esperar más. Tomando una respiración profunda, oyendo el rugido de su sangre detrás de las orejas, como un torrente descontrolado, llevó ambas manos al botón de su pantalón, soltándolo con dedos temblorosos y apartándolos de su camino de un solo tirón, retirándolos completamente, junto con la ropa interior. Choso volvió a lamerse los labios, repentinamente hambriento, oyendo a su hermano suspirar contento y dejar caer una pierna por el borde del colchón, dándole todo el espacio que necesitara. Esta era realmente la primera vez que podía ver su verga directamente, no a medias bajo la luz tenue o intermitente de la noche, enamorándose de su color rosado furioso y ligeramente brillante, la cabeza hinchada y húmeda gracias a la sangre acumulada ahí y a ese líquido traslúcido goteando de la punta.

Choso la sostuvo en su mano, alentado por el gemido bajo y ansioso de su hermano, tocándola un par de veces antes de inclinarse y pasarle la lengua, desde la base hasta la punta. Yuuji chilló, retorciéndose, clavando los dedos en su cabello, distrayéndolo momentáneamente. La verga de Yuuji sabía… igual. Igual que todo él, solo que un poco más salado, más concentrado. Choso volvió a lamerlo, la piel suave y aterciopelada deslizándose fácil en su lengua, disfrutando del regusto fuerte y abrumador que dejaba en su boca, deteniéndose un momento para recoger la gota de líquido transparente que amenazaba con derramarse de la punta.

—Choso, Choso, Choso. Joder, mierda, maldición, Choso-

Abrió los ojos, lentamente, echándole un vistazo al rostro sonrojado y caliente de su hermano, abriendo la boca para finalmente tragarlo. Yuuji dio un grito ahogado, hundiendo las uñas romas en su cuero cabelludo, tirando tan fuerte como para llegar a doler.

—Choso, Choso —balbuceó—. No te muevas, quédate así.

No era una petición difícil de cumplir. Choso hizo lo que le pidió, cerrando los ojos y respirando superficialmente, el peso de la verga de su hermano en la boca firme y tranquilizador en su lengua, manteniendo los labios apretados y la boca laxa mientras Yuuji se quedaba ahí, solo ahí, sin moverse, solo llenándolo. Podía sentir la saliva acumulándose, escapando de la comisura de su boca mientras la cabeza le daba vueltas, girando entorno a Yuuji y a su propio placer. ¿Lo estaba haciendo bien?, ¿su hermano se sentía tan abrumado como él? Choso escuchó la respiración trabajosa de Yuuji, audible por encima de la suya.

¿Estaba Yuuji tan irremediablemente excitado como lo estaba él?

La respuesta vino inmediatamente, en el momento en que Yuuji empujó contra su boca, tomándolo desprevenido. Choso dejó caer ambas manos en la parte alta de sus muslos, sosteniéndose, permitiendo que llenara su garganta una y otra vez hasta sentirse mareado, hasta que Yuuji se salió de su boca y le golpeó la mejilla con su pene, una, dos veces, antes de volver llenarlo. Choso jadeó, aceptando con facilidad, abriendo la boca rápidamente y tragando la verga de su hermano con avidez.

Era perfecto. Era increíble. Yuuji tiró de su cabello, embistiendo más duramente, prácticamente arrancándole un gruñido de gusto que nació desde el fondo de su corazón cuando la gravedad del asunto lo atrapó. Yuuji estaba usándolo, persiguiendo su propio placer y satisfacción con él, a costa suya. Esto es lo que Yuuji quería, ahora, en ese momento, y Choso se lo entregaría.

Él fue hecho para esto, para tener la verga de su hermano en la boca.

—Choso, Choso —era como si Yuuji no pudiera decir otra cosa, como si hubiera olvidado todas las palabras.

Choso arrastró la mano derecha hacia arriba, metiéndola debajo del suéter de Yuuji y dejándola sobre su vientre, sintiendo los músculos firmes y piel suave estremecerse bajo su toque.

—Choso —volvió a decir, tirando de su cabello con dureza, entrando y saliendo de su boca—. Hermano…

Ahí estaba.

Choso gimió, el ruido subiendo por su garganta sofocado y profundo, quedándose atrapado detrás de sus labios llenos. Yuuji lloriqueó, empujando superficialmente dos veces antes de salirse, arrastrando la cabeza húmeda y gorda de su verga y esparciendo saliva y pre semen sobre el contorno de sus labios hasta que Choso los cerró, chupando cuidadosamente, deleitándose en el ruido descontrolado de la sangre de su hermano rugiendo en sus oídos, corriendo en la prisión de sus venas. Él mismo se encontró gimiendo, restregándose contra el borde de la cama y disfrutando de cómo la fricción poca e insignificante era suficiente para satisfacerlo incluso por encima de la ropa.

Choso fue hecho para esto. Darle a Yuuji lo que necesitaba.

—Me voy a correr —dijo Yuuji entre dientes, como una advertencia o un aviso, no lo sabía.

Choso podía sentirlo, también, la verga de su hermano hinchándose en su boca, haciéndose más pesada en su lengua, el torrente interminable de su sangre duplicándose. Podía olerlo, la excitación y desesperación de Yuuji llegando a un punto álgido, quebrándose en el momento en que Choso apretó los labios, chupando, sintiéndolo palpitar en su boca antes de eyacular, gimiendo en voz tan alta y rota que todo Shibuya podría escucharlo, si es que todavía quedara algo de Shibuya.

—¡Choso, Choso, Choso, Choso…!

Choso se quedó donde estaba, jadeando ruidosamente por la nariz, sintiendo el temblor de su hermano en los dedos y recibiendo su semen en la boca, tragando cuanto podía y lo que no dejando que se escapara por las esquinas, deslizándose todo el camino hasta su barbilla. Yuuji se retorció, empujando en su garganta una vez más y luego huyendo de su toque cuando Choso chupó de vuelta, la verga semi dura todavía sacudiéndose. Tiró de su cabello, alejándolo de su entrepierna, arrastrándose todo el camino hasta abajo para poder besarlo, acunando el rostro de Choso con ambas manos, como si fuera algo delicado, y Choso pudo sentir su corazón dar un vuelco, saltándose un par de latidos, haciéndose tan grande que apenas podía contenerlo dentro de su pecho.

—Choso —murmuró Yuuji, lamiéndole el rastro de su propia corrida de los labios y la barbilla—, Choso.

Choso le devolvió el gesto, besando su rostro, tocando con la yema de los pulgares el sonrojo rojo y ardiente sobre sus pómulos.

—Yuuji. Yuuji, te amo.

Nunca se cansaría de decirlo.

Yuuji lamió su labio superior, sin prestarle atención a sus palabras.

—Hm, Choso, ¿tú…? ¿Acabaste? —Choso restregó la mejilla contra la de Yuuji, negando con la cabeza—. Déjame…

—No es necesario —de verdad que no lo era. Él estaba bien, satisfecho de tener a su hermano así, saciado y vivo entre sus brazos—. Estoy bien así.

Yuuji chistó, metiendo la mano entre ambos y palmeando su erección. Choso exhaló entre dientes, el ramalazo de placer recorriéndole la espalda.

—Ven —dijo, arrancándose de sus brazos y cayendo otra vez de espaldas sobre la cama, levantándose el bajo del suéter hasta la mitad del pecho—, súbete.

Choso parpadeó, mirando la piel perfecta de su hermano, las tres cicatrices justo sobre su cadera derecha, el relieve de su abdomen y el pene ya flácido, todavía brillante de su saliva. Yuuji puso los ojos en blanco.

—Aquí —dio dos palmaditas a su vientre, atrayendo su atención ahí—. Súbete y déjame jalártela, ¿sí?

Choso asintió.

—Está bien.

Choso soltó el nudo de su pantalón, retirándolo con cuidado, viendo cómo su hermano se lamía los labios al acomodar ambas rodillas a cada lado de su cintura, escupiendo en su mano derecha y tocándolo inmediatamente. Frunció los labios, resistiendo las ganas de suspirar el nombre de su hermano, perdiéndose en la sensación de sus dedos duros y ásperos en la piel delicada y sensible de su pene. Yuuji sonrió, jalándolo firmemente, marcando un ritmo no demasiado rápido pero tampoco demasiado lento, el círculo de su mano apretada perfecto, hecho para acomodarlo.

—Hermano, eres tan grande —dijo en voz alta, mirándolo a los ojos, como si pudiera leer su mente—. Mírate, apenas si cabes mis dedos. ¿Crees que debería usar la otra mano?

—¡Yuuji!

Choso apretó las manos en puños, resistiendo la necesidad de empujar contra la mano de su hermano y fallando, cayendo hacia adelante en el momento en que el clímax le tomó de sorpresa. Parecido a una puñalada en las tripas, la voz de Yuuji simplemente se lo tragó todo, apenas permitiéndole escuchar «ah, eso sí que fue rápido» por encima del bucle de hermano, hermano, hermano repitiéndose en la nada perfectamente vacía de su mente. Como la otra vez, pero más intenso, más rápido, la mano de Yuuji todavía bombeándolo a pesar de que su cuerpo no para de temblar, de que se sentía abrumado con la oleada de sensaciones fuertes y todavía novedosas barriéndole el juicio.

—Realmente te gusta que te diga así, huh. Te corriste un montón —Yuuji arrastró la mano sobre el contorno de sus labios, abriéndole la boca para que pudiera chupar el su propio semen de sus dedos—. Hermano.

Choso apretó los labios alrededor de los dígitos, estirando una de sus manos tanto como podía para poder abrazarlo de cerca, tan cerca como pudiera.

—Yuuji, Yuuji —murmuró, deslizando la lengua arriba y abajo entre sus dedos, dejándolos ir para besarle la boca, el rostro, los párpados y las pestañas—. Te amo, te amo.

—Ya.

—Te amo. Te amo.

De repente, Yuuji se rio, hundiendo la cara en el hueco de su cuello y suspirando. Su cuerpo se sentía tan bien, apretado contra el suyo, firme y cálido y vivo, la tranquilidad cruda y satisfecha emanando de él como un aura, como si fuera agua. Choso quería sostenerlo así siempre, siempre, alargar el momento hasta lo indecible, quedarse allí juntos y hacer de ese segundo algo eterno, al menos solo por un momento.

Pero entonces Yuuji le dio una palmada suave en la espalda, alejándose de sus manos.

—Vamos, ya amaneció —dejándolo solo en la cama.

Sabiendo que Choso lo seguiría.


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