Nota de la traductora en octubre del 2021: Hola a todos, ¿saben? Tengo por costumbre luego de terminar de traducir un fic, esperar unas semanas para imprimirlo y revisarlo para buscar pequeños errores que pueda haber cometido, no digo que sea una superexperta, pero hago mi mayor esfuerzo. Así que he impreso este maravillo fic y lo estoy revisando para pulir la traducción lo mejor posible. Siempre que imprimo algo y lo reviso, veo mucho mejor cosas que se me pasaron por alto, supongo que la luz de la pantalla de la computadora a veces es mi enemiga ja ja. Bueno chicos y chicas, dejaré escrito abajo de cada capítulo la fecha en que terminé de revisarlo. He hecho lo mismo casi todos los fics que traduje, solo me falta una parte de El arte de sobrevivir, La frontera del dragón y La tetralogía del dragón. Bueno, comenzaré a trabajar. Les deseo lo mejor y cuídense mucho.
Nota de la traductora: Hola a todos, saben, estoy muy contenta de haber recibido la invitación de Niteryde para traducir este fic, soy una gran fan de su trabajo y me causa una gran emoción poder hacerlo. Creo que aunque he pasado varias cosas tristes esta pandemia, las historias de Niteryde alimentan mi espíritu. La redención es un tema que llevamos asimilado en nuestra cultura muchos siglos y Niteryde siempre encuentra un nuevo ángulo para tocar este tema y lo hace de un modo tan profundo y a la vez emocionante. Espero que disfruten de su trabajo tanto como yo. Cuídense mucho y les mando mis deseos de paz y salud.
Nota de Niteryde: Quería hacer algo diferente, ¡y nunca probé con un UA completamente humano! En cualquier caso, soy una gran fanática del universo Marvel. Este no es un crossover, pero está inspirado en la serie de netflix Daredevil y The Punisher. No es necesario haber visto esos programas para entender esta historia. ¡Gracias por leer!
Descargo de responsabilidad de Niteryde: No soy dueña de Dragon ball z ni de ningún personaje del mismo.
Culpable como el pecado
Autora: Niteryde
Traductora: Chicamarioneta
Prólogo
Después de un largo y duro día de trabajo, lo único que Bulma quería era un trago; cuanto más fuerte, mejor.
Suspiró mientras se sentaba frente al volante de su auto negro y prácticamente cerró la puerta de un portazo. Luego buscó al costado del asiento, sacó su celular y vio algunas llamadas perdidas de su ahora exnovio, Yamcha. El problema siempre era el mismo entre los dos: ella pasaba demasiadas horas en la oficina, así que no podían verse el tiempo suficiente para lo que él necesitaba. Eso hizo que estuvieran en una relación intermitente por años hasta que finalmente rompieron el día anterior. Bulma era, sin duda, la mejor detective de la ciudad que con su sed natural por la aventura y el peligro, y con su mente brillante para resolver los casos más difíciles, venía a ser la personificación del éxito. Desafortunadamente, ese mismo éxito en su carrera hizo que le fuera difícil darle a Yamcha el tiempo y la atención que requería, así que terminó con él. Necesitaba a su lado un hombre más fuerte, alguien que no le pidiera que sacrificara su carrera, alguien que... la entendiera.
Pese a eso, no pudo evitar sentirse molesta por la ruptura y su mal humor se agravó debido al día frustrante en la estación que involucró más papeleo que trabajo de campo. Ella miró el celular antes de tirarlo en el asiento del pasajero y encendió el auto, no le seguiría el juego a Yamcha.
Ya estaba oscuro cuando regresó a su apartamento. Por costumbre, se quitó la placa y la pistola para dejarlas en el mostrador junto con su celular y se dirigió a la refrigeradora en busca de una cerveza.
El celular volvió a sonar, a su decepción se sumó el hecho de darse cuenta de que se había quedado sin alcohol. Cerró la puerta de la refrigeradora, tomó el celular y vio aparecer un nuevo mensaje.
«Hola B, solo quería saber si podemos hablar sobre lo de anoche. Por favor, llámame».
Bulma puso los ojos en blanco, luego guardó el celular en su bolsillo, agarró su arma y dejó su placa antes de salir del apartamento. Como se le había acabado la cerveza, tendría que caminar hasta el bar del vecindario para tomar la bebida que tanto necesitaba y descansar un poco. Era una pena que Gokú y el resto de los chicos ya estuvieran ocupados. Consideró por un instante buscar a Milk, pero pensó que tal vez era demasiado tarde para que ella saliera. Después de todo, su amiga se la pasaba en la escuela, con su pequeño hijo Gohan.
Una vez que entró al bar, Bulma se ajustó la chaqueta de cuero marrón que llevaba e instintivamente inspeccionó a la concurrencia. Era su primera vez allí, ya que por lo general solo aparecía en el bar de la estación de policía, pero el lugar no parecía tan malo. No estaba lleno de gente, aunque tampoco vacío, nadie se portaba de un modo desagradable y la música no era demasiado alta. Estaría bien.
Se sentó frente a la barra y el camarero se acercó de inmediato. Una de las ventajas, supuso, de ser tan hermosa como ella, era que rara vez tenía que esperar para tomar una copa.
—Dame lo más fuerte que tengas.
—Tengo un ron que te volará la cabeza, siempre y cuando no conduzcas.
—Genial, tráemelo —dijo Bulma mientras levantaba la mano para soltarse el cabello. El camarero se alejó. Ella sacudió la cabeza un poco para que sus rizos azules se aflojaran y luego miró la televisión sobre ellos donde pasaban el último partido. Frunció el ceño al recordar a su exnovio, un jugador de béisbol.
—Hola preciosa —la interrumpió una voz masculina desde atrás—. ¿Estás bebiendo sola?
Bulma resistió el impulso de soltar un lamento y puso los ojos en blanco. ¿Una mujer no podía simplemente disfrutar de una copa en paz después de un largo día de trabajo?
—Piérdete —respondió ella sonando aburrida. El cantinero regresó con la bebida y ella la tomó entusiasmada.
—Bueno, eso no fue muy agradable —se rio el hombre mientras se acercaba para sentarse a su lado. Bulma le echó un vistazo. Probablemente tenía más o menos su edad, el cabello rubio oscuro y una sonrisa que prometía travesuras. No era mal parecido, pero desafortunadamente para él, le recordaba a Yamcha.
—No me interesa, amigo —dijo ella usando una voz autoritaria, esperaba que eso fuera el final.
El tono del hombre dejó de ser amistoso cuando se sentó a su lado.
—No deberías juzgar tan rápido, sabes, no soy una especie de idiota. Mi nombre es Tony y sé cómo tratar bien a una dama…
De pronto, una mano pesada y fuerte aterrizó en el hombro del tipo, sorprendiéndolo a él y a Bulma. Ellos miraron hacia atrás por encima de sus hombros, un hombre de cabello en punta estaba parado detrás viendo a su aspirante a pretendiente con la mirada oscura más intensa que ella vio en su vida… y había visto muchas.
—La mujer dijo que no estaba interesada —se burló el hombre. Había tanto peligro en su voz que Tony solo atinó a alejarse de él y de Bulma.
—Claro, claro, lo siento —tartamudeó el rubio mientras cogía su trago y abandonó apresuradamente el asiento.
Bulma lo vio alejarse antes de volver su atención al hombre que ahora se acercaba a la barra. Esperaba que él tomara asiento donde había estado Tony y que hiciera su jugada; después de todo, los hombres eran predecibles. Sin embargo, parpadeó, ya que ni siquiera la miró y en su lugar le dijo al camarero que quería otra ronda de la misma bebida que ya había tomado.
El camarero asintió y fue a buscarle una cerveza. Cuando lo hizo, Bulma rompió el silencio primero.
—No necesitaba que me salvaras.
—¿Acaso lo hice? —preguntó bruscamente el extraño que seguía evitando mirarla—. Ese tipo es solo un imbécil. Además, cargas un arma, ¿verdad?
Bulma no pudo ocultar su sorpresa de que supiera sobre la pistola que llevaba oculta. Ella estudió su perfil cuidadosamente, pero él había bajado la mirada para sacar algunos billetes de su bolsillo, luego los arrojó sobre la barra y tomó la cerveza del camarero. Sin otra palabra ni mirar en su dirección, salió hacia la parte de atrás donde había más mesas y asientos.
Bulma no supo a qué se debió. Tal vez fue el hecho de que él era el primer hombre en años que le hablaba en un bar sin coquetearle, tal vez fue porque supo que estaba armada, algo que nadie sin un ojo entrenado habría descubierto o tal vez fue la fuerte línea de su mandíbula y sus intensos ojos oscuros, lo que hizo que los pensamientos sobre su exnovio desaparecieran por primera vez en todo el día. Fuera lo que fuera, despertó su interés. Ella se puso de pie y también tiró algunos billetes en la barra, luego tomó su bebida, lo siguió y salió.
No había nadie más en el patio, las mesas de picnic se hallaban vacías en el césped, salvo una. El extraño estaba sentado encima de una mesa, de espaldas a ella, pero en una posición que hacía que su chaqueta de cuero subiera lo suficiente como para que Bulma viera el indicio de la pistola que había metido en la parte trasera de su jean. Tenía una pierna levantada y descansaba el brazo sobre esta mientras contemplaba las estrellas. Ella se quedó mirándolo fijamente por un momento, en lo más profundo de su interior se preguntaba si debía darse la vuelta y volver a entrar.
En lugar de eso, se subió a la mesa para sentarse a su lado. Fue solo entonces que el hombre finalmente volvió la mirada para verla y Bulma tragó saliva cuando lo hizo. Antes pudo haber dicho que el tipo tenía una mirada intensa, pero ahora que sus ojos estaban completamente sobre ella, la dejó sin aliento. Tenía una mirada dura, casi amenazadora y, sin embargo, lo encontraba atractivo de una manera muy peligrosa. Los penetrantes ojos oscuros escrutaron sus ojos azules mientras ambos se contemplaban en silencio.
Pasaron unos segundos antes de que Bulma se diera cuenta de que él tenía un cigarrillo encendido entre los dedos.
—¿Fumas? —le preguntó ella finalmente, rompiendo el tenso silencio.
Los ojos del hombre se entrecerraron por la sospecha y los músculos de su mandíbula se contrajeron mientras apartaba la mirada. Luego bajó la cerveza que tenía en una mano, se llevó el cigarrillo que tenía en la otra a los labios y buscó en el bolsillo de su chaqueta. Finalmente sacó un paquete de cigarrillos, tomó uno y se lo ofreció a Bulma. Ella lo cogió, lo puso entre sus labios y lo miró expectante. Sin romper su intenso contacto visual, él sacó un encendedor y lo acercó a su rostro para encender el cigarrillo por ella. Bulma tragó saliva de nuevo, su intriga crecía.
Ambos apartaron la mirada al mismo tiempo, ella tomó una calada y luego exhaló hacia la oscuridad.
—Es una noche preciosa —comentó distraídamente. El hombre a su lado estaba en silencio, así que se decidió—. Y dime, ¿eres policía o veterano?
Él bajó la mirada y casi se rio mientras se sacaba el cigarrillo, unos segundos después exhaló por la nariz.
—¿Por qué crees que solo puedo caer en una de esas definiciones?
—Presto atención.
—Dímelo tú.
—¿Me equivoco? —Bulma lo desafió. El hombre la estudió un instante por el rabillo del ojo antes de apartar los ojos de nuevo.
—Marino, cumplió seis años —admitió finalmente.
—Genial.
Él le dio una larga calada a su cigarrillo y miró a las estrellas.
—No exactamente —dijo con amargura en la voz.
—¿Es un tema doloroso? Lo siento —se disculpó Bulma. De nuevo el hombre se quedó en silencio frunciendo el ceño y la miró con unos ojos amenazantes. En un intento por relajar el ambiente, ella regresó a lo básico—. Mi nombre es Bulma, ¿cuál es el tuyo, extraño misterioso?
—Víctor —respondió él con brusquedad y volvió a apartar la mirada.
—Entonces, ¿qué te trae por aquí esta hermosa velada, Víctor?
—Podría preguntarte lo mismo.
—Solo quería regodearme en mi dolor por un rato —contestó ella medio en broma.
—¿La vida policial es tan dura? —preguntó el hombre, eso atrajo la atención de Bulma y sus ojos se ampliaron por la sorpresa. Él le dio una sonrisa cómplice, su interés estaba en ella ahora.
—¿Cómo lo adivinaste?
—Yo también presto atención —dijo el hombre en un tono que a Bulma le dio escalofríos y no de una manera desagradable. Sus ojos oscuros que la examinaban se detuvieron en su cabello y luego bajaron. Ante la mirada de sospecha en el rostro de Bulma, él se rio—. Conozco a alguien que es policía. Te mencionó una vez, lo sé por el color de tu cabello.
Se guardó para sí mismo que el policía que conocía había sugerido que probablemente la encontraría demasiado atractiva si alguna vez se encontraban. No hacía falta decir que el tonto tenía razón. Descubrió que los ojos de la mujer eran impresionantes. No esperaba que su noche tomara este rumbo, pero no se iba a quejar.
—¿Ah, sí? ¿A quién conoces en la fuerza? —lo presionó Bulma.
—Eres detective, me sorprende que aún no lo hayas descubierto.
—Oh, lo haré pronto, no te preocupes, amigo —respondió ella con determinación. Él apartó la mirada, pero no pudo evitar sonreír. La mujer ciertamente tenía espíritu.
—Diviértete con eso —dijo el hombre justo cuando sonó el celular de Bulma. Ella lo silenció sin siquiera mirarlo mientras murmuraba molesta. Él le dio una calada a su cigarrillo, luego frunció el ceño y exhaló.
—¿Alguien te espera en casa? —le preguntó con una voz tranquila y neutral.
—Ya no —admitió Bulma. Pasaron unos momentos de silencio en los que ambos tomaron un trago antes de que ella se aventurara— ¿Y tú? ¿Tienes a alguien esperándote?
—No estaría aquí si lo hiciera.
—Podrías estar mintiendo —lo desafió ella.
Él se encogió de hombros.
—Podría ser, pero no es así. Depende de ti si quieres creerme.
Hicieron contacto visual de nuevo y se estudiaron el uno al otro. Los ojos del hombre se posaron en sus labios, lo que la hizo tragar saliva. Bulma le creyó por alguna razón inexplicable. Pasaron un tiempo más en un tenso silencio mirándose, él no se perdió su respiración algo acelerada y ella no se perdió cómo el hombre inconscientemente se le acercaba más.
—Quizá deba irme —dijo finalmente Bulma sin aliento. El hombre soltó el suspiro que no sabía que estaba conteniendo mientras volvía el rostro hacia otro lado y asintió. Alzó la vista otra vez. Ella bajó de la mesa y lo observó por un momento—. ¿Vienes conmigo? —le preguntó haciéndolo mirarla con una abierta sorpresa. Ella resistió el impulso de sonreír, su mirada desprotegida era casi entrañable.
Él vaciló por un momento, ahora fruncía el ceño.
—No creo que necesites protección —le dijo con brusquedad mientras la miraba sospechosamente.
—Es cierto. —Bulma estuvo de acuerdo—, pero me gusta tu compañía y un paseo estaría bien, ¿no crees, Víctor?
Un tic tiró de una de las comisuras de la boca del hombre al escuchar cómo lo llamó, él bajó la mirada mientras tomaba una lenta calada de su cigarrillo y Bulma se mordió el labio inferior. En verdad, no tenía idea de lo que le pasaba, pero se sentía atraída por este misterioso extraño y no quería que la noche terminara. Lo miró expectante, sin saber si aceptaría su invitación. Era la primera vez para ella y no estaba acostumbrada a que la rechazaran.
Finalmente, él exhaló antes de apagar el cigarrillo sobre la mesa.
—Está bien —cedió.
Luego bajó también, metió las manos en los bolsillos de su chaqueta y la miró. Bulma le ofreció una sonrisa y comenzaron a caminar juntos las diez cuadras de regreso a su apartamento. Todo el tiempo se mantuvieron en silencio, aunque esta vez fue uno cómodo. Él se quedó cerca de ella, caminando por el lado más cercano a la calle mientras se trasladaban al área residencial.
Finalmente, llegaron a la entrada de un edificio de apartamentos. Bulma lo encaró y vio que el hombre estudiaba el edificio antes de que posara sus ojos oscuros en los de ella. Estaban cerca el uno del otro ahora y Bulma sintió la necesidad de acercarse más, pero él era imposible de descifrar en este momento. Ella le habría dado su salario anual por saber lo que pensaba.
—Entonces, ¿esta es la parte en la que desapareces en la noche? —Bulma se rio suavemente.
La mirada del hombre se volvió más intensa mientras permanecía en silencio por unos largos momentos, luego se le acercó más.
—Solo si quieres que lo haga.
Ella vaciló.
—Realmente no acostumbro hacer esto, ¿sabes?
—Yo tampoco.
Bulma dudó solo un momento más antes de extender la mano para jalarlo ligeramente de su chaqueta. Él aceptó la invitación de inmediato, se le acercó y subió una mano a su rostro. El corazón le latía con fuerza, ya sabía que se arrepentiría de esto más tarde, pero su cordura se había desvanecido con el pequeño tirón inocente de su chaqueta. Ella era hermosa y quería probarla mientras acercaba sus labios para besarla.
Bulma no tenía ninguna razón para confiar en este hombre, ni siquiera lo conocía realmente. Todo lo que podía pensar era en lo bien que sabía. Ella tomó tímidamente su rostro mientras él la besaba y sus preocupaciones por el hecho de que fuera un extraño desaparecieron. En todo caso, solo le sumaba emoción de todo. Gimió un poco cuando sintió que la agarraba con más fuerza; la lengua, el aliento y las manos del hombre dominaron todo su pensamiento racional mientras ambos profundizaban el beso. Podía sentir la fuerza de las manos que se posaron en su espalda baja y eso casi hizo que sus rodillas se debilitaran.
Estaba sin aliento cuando se apartó. Él también lo estaba, sus ojos oscuros parecían intrigados mientras la tomaba de las caderas.
—¿Quieres subir? —susurró Bulma, sus labios todavía seguían cerca de los de él.
El hombre dudó solo un momento antes de asentir lentamente. Ella le dio una sonrisa que lo habría hecho seguirla al infierno si hubiera querido, luego lo tomó de la mano, abrió el camino y ambos desaparecieron en el interior del edificio.
Terminado de revisar el 12 de octubre del 2021
