KinkTober 2021. Prompt 1 # Shibari.


Práctica especial


—Tooru, voy a necesitar tu ayuda para una práctica especial. ¿Podrías ponerte ropa de civil? Algo liviano, como solo tus boxers y una camiseta, ¿está bien? Sin...lo que usas para disimular tus...

...Mutsuki no podía decirle que no a Haise Sasaki, simplemente. Ella se sonrojó mucho cuando él tocó a la puerta de su cuarto, antes de abrirla. Haise le habló con suavidad, además, sonriendo y acariciándose la barbilla. Su superior cargaba consigo una gran cantidad de papeleo.

Tooru colaboraría con lo que pudiera. Hasta averiguaría por su cuenta, para hacerlo bien.

—Claro...¿Cuándo?

—Uhm...—Haise consultó el reloj en su muñeca y soltó un suspiro—. ¿Ahora es muy pronto? ¿En como diez minutos, abajo, en el gimnasio? Les pediré a los demás que nos cedan el espacio. El único que realmente lo usa es Urie, de todos modos.

—Nadie...nos verá, ¿cierto?

—¡Claro que no! Discreción absoluta sobre nuestro plan secreto.

—Bien...Me prepararé y bajaré de inmediato.

—¡Excelente! Gracias por tu excelente disposición siempre, Mutsuki.

Las palabras dulces de Haise siempre le subían a la cabeza a Tooru, como vino o morfina. Eran deliciosas. Ella...No podía controlarse.

Una práctica especial. ¿Querría examinar sus movimientos con cuchillos? ¿Se enfrentarían? El Rango Primero, Haise Sasaki, prefería entrenar con Arima Kishou. Tooru se sintió honrada.

Repasó para sí misma, maniobras aprendidas con Juuzou Suzuya. Quería impresionar a Haise.

Y...más que eso.

Llevó sus cuchillos para hacerlo.

—Oh, no es esa clase de entrenamiento, Tooru. Solo pon tus armas a un lado.

—¿En serio?

—¡En serio! Digo...Es otro tipo de práctica.

—¿No es combate?

—¡No! Bueno...no exactamente. Solo...arrodíllate sobre las colchonetas, ¿si? Pon las manos tras la espalda. Justo así.

—Uhm...está bien.

Tooru le obedeció, tratando de disimular que se sonrojaba, en tanto observaba de reojo que Haise sacaba de un pequeño maletín, una cuerda de textura extraña.

—Está afinada de quinque —le explicó Sasaki, como contestando a sus pensamientos.

Mutsuki asintió. Haise colocó parte de la cuerda alrededor de sus muñecas y la ajustó.

—Dime si no soportas el dolor. Tiene que estar apretada.

—Estoy bien...

—Debe ir en torno a los tobillos ahora.

—Si...Maestro...

Haise parecía enfrascado en sus pensamientos pero no dejaba de sonreír a Tooru con ternura. A ella no le molestaba tener los senos libres bajo la camiseta. No con él.

Haise Sasaki nunca la lastimaría.

—Ahora tiene que colocarse sobre tu entrepierna.

—Uhm...¿Puedo preguntar...?

—¡Claro! Seguramente debe confundirte. He estado estudiando sobre métodos menos invasivos y rápidos para contener a los ghouls. La fisonomía Quinx es similar a la de nuestros prisioneros habituales, así que confío en que me sirva tu apoyo para este experimento.

—Ya...veo...Maestro...—contestó Tooru, con un hilo de voz, la mitad del rostro contra la colchoneta. Haise la había volteado, durante la explicación casual, para que quedara boca arriba. Sus muslos estaban separados. La cuerda iba apretada, dos veces, en torno a su ingle y la rozaba, enterrándose en su humedad.

Mutsuki había intentado arquearse de manera que eso no sucediera...y que Haise Sasaki no notara su incomodidad. Fue imposible. De hecho...la cuerda, dolorosa y áspera, tenía un nudo que se apoyaba justo encima de sus boxers, a la altura del sexo. La tela de la prenda comenzaba a humedecerse por los roces.

Tooru se sintió apenada pero Haise Sasaki estaba muy ocupado hablando sobre circulación en los cuerpos de los ghouls, mestizos, monstruosidad artificial y...continuaba atando a Mutsuki, alrededor de los brazos, ajustando la cuerda rojiza y áspera en torno a sus senos desnudos bajo la camiseta.

—Unos minutos así y no debería serte posible usar tu bikaku. ¿Puedes? —Haise se tocó el mentón al decirlo...La cuerda aprisionaba el cuello de Tooru, Haise tiró de ella, produciéndole un momento de asfixia.

Ese dolor y esa sorpresa solo fueron superados por el hecho de que el nudo contra su entrepierna se enterró más profundo en la tela mojada de su entrada. Mutsuki jadeó y negó con la cabeza, mordiéndose el labio enrojecido para no gemir como una descarada.

Es una práctica seria, no puedes sentirte así, no, no no, no...

Pero le sucedía. Se sentía excitada. No podía moverse ni siquiera...

—Mi kagune...no sirve...En efecto —confesó, con la voz quebrada.

Haise pareció complacerse de oír eso. Tomó un bloc de notas que había dejado a un lado, con el maletín y escribió algo rápido en él.

Tooru solo quería arquearse, para que el nudo rozara más (dolorosamente) su humedad, pero aquello sería evidente. Solo se quedó boca arriba, atada, jadeando. Las cuerdas también castigaban sus pezones endurecidos, apretados bajo la camiseta.

Estaba avergonzada. Pero que Haise Sasaki le hubiera hecho eso, que además la observara...le daba escalofríos.

De una manera adictiva.

—Hasta ahora, es un experimento positivo. Digo...seguro habrá quienes se quejen o piensen que es una idea poco ortodoxa. Pero es mejor que solo hacerle daño a un ciudadano criminalizado.

—Supongo...

Por favor...Maestro, tóqueme...pensó Tooru para sí, mordiéndose el labio, incapaz de decirlo, de gritarlo, tal y como necesitaba hacerlo. En realidad.

Mutsuki creyó que alucinaba con una canción pop, hasta que se dio cuenta de que era el timbre de un celular. El de Haise.

—Oh, ¿te importa si contesto, Mutsuki? Diablos, es Arima Kishou. Ojalá ninguno de nosotros esté en problemas...

—Claro...—murmuró Tooru, tímida, casi inaudiblemente.

...En serio, no le importaba. Estaba usando toda su concentración para no pedir nada deshonroso ni seguir rozándose la entrepierna con disimulo contra el nudo de la atadura.

—Mutsuki...—Haise dobló las rodillas e hizo una mueca, guardándose el celular en el bolsillo del pantalón.

—¿Si...?

Él la miró con pena e indecisión, eso la puso bajo alerta.

—Tengo que irme. Pero me costó mucho atarte de esta manera, no he tomado suficientes notas y las fotos con mi móvil no son muy buenas...

—¿Uhm?

...Ella pensó que adivinaba su intención desde antes de que Haise la expresara.

—¿Quiere usted que me quede así? ¿A esperarlo?

El alivio cruzó el semblante de Haise, relajándolo. Solo apreciar que se sentía mejor, empujó a Mutsuki hacia la determinación de su ofrecimiento.

—¿Te importaría? No me tardo. Arima siempre es módico en sus pedidos. Es más el viaje en coche, ir y venir que el tiempo que estaré ahí...Volveré antes de una hora. Hora y media como mucho —explicó Haise, alzando la mano y mostrando el dedo índice, poniendo énfasis a sus especulaciones.

Tooru asintió incluso antes de que Haise terminara de hablar.

—Esperaré. Nadie puede entrar aquí, de todos modos, ¿no?

—¡Claro que no! Pedí que nos apartaran el gimnasio hasta las seis.

—Bien...que así sea. No me siento mal.

—¿Estás seguro?

—¡Si!

—Genial...tal vez podríamos ir por una taza de café después.

El corazón de Tooru dio un vuelco de emoción.

—Si...me encantaría, Maestro.

—Solo espérame, ¿vale?

...Y se fue.

Lo cual en sí, alivió un poco a Tooru. Momentáneamente. Se arqueó contra el nudo en su entrepierna, para rozarlo una y otra vez. Si forcejeaba, este se ajustaba, dándole más placer.

Logró el orgasmo, sonrojada y sofocada, incluso adolorida.

Pasó el tiempo. Primero media hora, quizá. Luego fue más que eso.

Comenzó a preocuparse por Haise...Pero la atadura estaba muy bien mentada, de hecho, su circulación se mantuvo cortada en donde se generaba el kagune, así que no podía liberarse sola.

Una hora. Más...

Se adormeció. Soñó que Haise abría la puerta, regresaba a su lado y...

Él la ayudaba. De muchas maneras.

Pero era un sueño, al final. Pasaron dos horas...y más.

Tooru tenía ya la urgencia de orinar cuando alguien entró en la habitación de entrenamiento. Finalmente. Ella se volteó sobre su hombro, con dificultad.

—Maestro...oh, Urie, eres tú. Haise reservó el gimnasio, deberías irte.

La cara de Kuki Urie estaba..."pasmada". Como mínimo. Le causaba tanta sorpresa encontrar a Tooru de esa manera, que se quitó el auricular en el que usualmente se la pasaba escuchando música de artistas aleatorios.

—¿Qué demonios...?

Mutsuki soltó un suspiro y puso los ojos en blanco.

—Es una práctica secreta muy importante que Haise Sasaki está investigando para llevar a cabo con ghouls. Ahora, si no te importa, Urie, él llegará en cualquier momento y no le gustará verte husmeando. Pidió que por hoy se retiraran de esta zona de la casa —dijo tajantemente.

Pero Urie no se movió. Alzó una de sus cejas aún más.

—Eso era hasta las seis de la tarde, como media hora atrás. Sasaki está con Arima en una junta que podría durar hasta mañana incluso...

Tooru se quedó con la boca abierta. Urie utilizó esa pausa para cortar con una cuchilla hecha de kagune, sus ataduras. Ella se molestó.

—¡Oye! El trabajo de Sasaki...él me pidió que lo esperara.

—No puedes dormir así. Y vamos, ¿"trabajo"? Eso era un shibari cochino.

El mentón de Tooru tembló. Estaba a punto de reclamarle a Urie por esa falta de respeto hacia el superior de ambos.

Sin embargo...

—¿Shi-shibari? ¿Qué...es eso?

Urie contuvo la risa pero dejó salir un jadeo y sacó su celular.

—Deja que te muestre...—le pidió, en tanto buscaba resultados en una aplicación. Las imágenes que puso ante Tooru solo la indignaron.

—¡Dios mío!

—Lo sé, es porno cochino, yo diría que Haise...—Tooru no lo dejó terminar, tomó el celular y lo usó para golpear a Urie en la frente.

...Y lo golpeó muy fuerte, de hecho.

Demasiado.

Algunos minutos más tarde, el resto de los Quinx hablarían un poco de eso en la cocina. Por qué Urie y Mutsuki peleaban, parecía ser un tema de menor importancia frente al...

—Urie, hay que llamar a Shiba. De verdad —rogó Tooru, limpiándose las lágrimas.

Urie puso los ojos en blanco.

—No voy a arruinar su fin de semana con esto. Solo sanará...—aseguró.

Un Shirazu que no podía controlar los temblores de su labio, a duras penas habló.

—Hombre, se ve realmente mal. ¿Tenías que hacerte la caseta del celular con quinque?

Urie se encogió de hombros.

—Como dije, solo hay que sanar...

—Pero macho bobo, no estás sanando...como que tu piel se va cerrando en torno al celular y no termina de cauterizar —observó Saiko, con la voz quebrada.

—¿Cómo fue que te encajaste tu propio celular en el cráneo, para empezar? —indagó Shirazu, como si aún no se lo creyera.

—¿No lo ves ahí? Urie andaba buscando porno cochino con cuerdas —explicó Saiko, igualmente estremecida.

—¡Que no es porno! Era un proyecto...—aclaró de repente Mutsuki, sonrojada, muy a pesar de su preocuación.

—Creánme, era porno cochino de shibari pero no mío —les juró Urie, que estaba sentado con los brazos cruzados, en una silla, rodeado de sus compañeros, que evaluaban su herida.

—Hola, chicos, ¿qué sucede?

Haise finalmente regresó.

Mutsuki no podía mirarlo y su mentón temblaba tanto que no lograba hablar. Tenía algo de sangre manchándole las manos y se había puesto la chaqueta de Urie sobre los hombros, para cubrise los pechos libres bajo la camiseta.

—Tuvimos un accidente...—comenzó a explicar Tooru.

—Si, ya veo...Urie, creo haberte dicho que no era...práctico...ni humanitario...forrar la caseta de tu celular con quinque —comentó Haise, haciendo una mueca—. ¿Llamaron a Shiba?

—Urie dice que no se está muriendo y que no es necesario —agregó Saiko, con un hilo de voz.

—Yo puedo ver su cerebro. O sea, es cerebro, ¿no? Eso que le escurre...—supuso Shirazu, limpiándose unas lágrimas con disimulo.

—Oh, vamos, creo que si estuviera perdiendo masa cerebral, lo sabría, gente —aseguró Kuki Urie, haciendo una mueca. Sonaba un tanto inseguro, de todos modos.

—Si, bueno...todo va a estar bien, chicos. Solo...quédense conmigo, mientras hago la llamada. Uhm, ¿Urie? Lo siento por traer esto a tema ahora pero...Firmaste tu testamento actualizado para la última misión, ¿no?

—Si...

—Bueno, eso servirá. Y como dije, chicos, todo estará bien...—agregó Haise, sujetando los hombros de las chicas y dirigiéndole una de sus sonrisas artificiales a Ginshi Shirazu—...Al menos para nosotros cuatro.