Frank West había hecho muchas cosas en su vida.
Él había cubierto guerras, ya sabes.
Pero más allá de eso, sobrevivió a la infección zombie en Willamette. Luchó contra artistas marciales, superhéroes del presente y del pasado... O puede que esos hayan sido sueños lúcidos.
Se convirtió en un profesor de periodismo, terminó volviendo a Willamette junto a su aprendiz donde murió, pero al final pudo sobrevivir, algo bastante normal para Frank en este punto. Gracias a esto ganó fama nuevamente.
Y ahora, aquí estaba, volviéndose el primer viajero dimensional de su mundo, ¿o era multiversal? Honestamente, Frank no quería complicarse con estás cosas. Solo quería dejar de caer por este agujero de gusano lleno de colores psicodélicos.
¿Cómo pudo pasar esto? Solo quería un poco más de detalles sobre una investigación de su aprendiz, Vick Chu. Algo relacionado a alguna antigua cueva en California, muy cercana a la frontera con México.
Según la investigación de Vick, la cueva había estado arrojando una extraña sustancia a las aguas del Rio Colorado. Por suerte, no era una sustancia tóxica pero tampoco estaba hecha con algún elemento de la tabla periódica por lo que era sospechosa.
Si, esto no suena como algo que Frank cubriría, pero aún así lo hizo.
Se adentró a las profundidades de la cueva donde recordaba haber visto 3 cosas: una pintura rupestre de un hombre dorado y uno púrpura, cristales tan coloridos como focos de navidad y una piscina llena de algo similar al alquitrán que no parecía tener reacción alguna.
El error de Frank fue tocar uno de los cristales.
Solo hizo falta tocar uno para iniciar una reacción en cadena y que todos los cristales empezaran a brillar intensamente a la par que la piscina que alquitrán empezaba a, ¿hervir?
Después de eso, hubo un ruido en sordecedor y cuando abrió los ojos estaba aquí, cayendo a quién sabe donde.
—¿Cuando va a terminar esto? Siento que llevo días cayendo.
Aburrido, Frank agarró su fiel cámara y empezó a tomar unas cuentas fotos del psicodélico lugar donde se encontraba.
—Oh... Parece que veo la luz al final del túnel, aunque en este caso es oscuridad.
Mirando hacía abajo pudo ver finalmente un punto oscuro entre todos esos colores. Dicho punto parecía crecer con cada segundo hasta que el cuerpo de Frank lo atravesó.
—¡¡¡Aaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh!!!
Con un golpe sordo, Frank West aterrizó.
—Si me pagaran por todas las veces que he caído en un callejón apuesto a que las regalías por mis libros parecerían propina.
Levantándose y sobando su cuello, se aseguró de que su mochila, cámara y bate estuvieran en su lugar.
Y si, traía un bate de béisbol. Nunca esta de más ser precavido.
—... Espero que alguien me diga que esté es solo otro sueño lucido.
A la distancia Frank podía ver una enorme estructura comparable al castillo de un rey. Brillaba como una estrella en medio de la noche.
—Esos sueños lucidos ahora parecen normales comparado con esto... Solo espero que Parker no este por aquí.
Frank estaba por dar un paso más e ir al autoservicio que pudo ver cruzando la calle, solo preguntaría por algunas indicaciones y compraría algo de comida instantánea.
Después de sobrevivir a hordas de muertos vivientes, ¿cómo no podría mantener la calma en esta situación y hacer trabajar la parte más racional de su cerebro sobre como actuar?
Es más, agradecía terminar aquí y no en, digamos, otra zona de cuarentena.
Antes de siquiera avanzar al autoservicio, algo lo detuvo de golpe.
Esta era la señal para saber que ya no estaba en California, ni el E.U., ni en la Tierra.
—Bueno... Una luna rota no se compara a ver zombies.
Con un "click", tomó una foto que mostraba a la perfección esa gran luna y sus trozos.
