Llovía y granizaba.
Él lo sentía en cada minúscula parte de su entumecido cuerpo, el agua helada recorriendo su piel y los pequeños trozos de hielo golpeando una y otra vez en las pequeñas heridas que ya se le habían hecho y de las cuales pequeños hilos de sangre corrían libres hasta caer en la mojada tierra hecha lodo bajo suyo.
Sus labios, pálidos y azules, temblaban en una triste danza junto al resto de sus extremidades las cuales ya ni siquiera sentía gracias al entumecimiento de estar horas en la misma posición, atado y encadenado cuál perro rabioso sentenciado a muerte.
Sus claros y ambarinos ojos se encontraban cerrados fuertemente en un vano esfuerzo por evitar que sus saladas lágrimas salieran y se mezclarán con el agua que caía del cielo sobre él.
Aunque en algún momento flaqueó y la primera lágrima salió, con rapidez resbaló por la mejilla hasta caer en su ropa, pero él solo la ignoró y siguió fingiendo fortaleza... Cómo siempre.
–¡Hey! ¡Mocoso!
Toda la tensión del cuerpo desapareció cuando esté cayó en la inconsciencia para ir a aquel templo plagado de cadáveres en busca del dueño de aquella voz.
Dentro de un recinto, alejado de ese lugar donde Itadori estaba encadenado y anulado totalmente, varias personas debatían aún la condena dada a su amigo y compañero así como el inhumano trato que se le estaba dando justo ahora, a horas de su ejecución.
Incluso el inmaduro adulto que era Satoru había sacado su lado más frívolo y calculador analizando hasta los segundos que cada pintoresco personaje dentro de la alcoba tardaban en responder.
Pero no estaba solo, para nada; Todo un séquito de voces y personas lo apoyaban ante la terrible injusticia que estaba a punto de cometerse apenas saliera claramente el astro de fuego.
Todos abogaban claramente por buscar alguna otra alternativa a la sentencia ya dada por el director de Kyoto y terceros entrometidos quienes como siempre justificaban sus ruines actos con seguir las normas de hechicería y por supuesto, sus intereses.
Incluso el hechicero más fuerte declaro dar su vida a cambio de la de Itadori y en realidad no fue el único en la sala que se ofreció como sacrificio, sus amigos y colegas alegaron lo mismo demostrando así la simpatía y afecto que el joven pelirrosa se había ganado en el corazón de cada uno.
Satoru volvió a negociar de hacer algún trato con Sukuna y su recipiente donde él pudiera mantener a raya a ambos, jurando el mismo dar fin a los pelirrosas apenas notará algún indicio de rebeldía de la maldición, pero ni bien lo dijo fue rechazado tajantemente por la pasilla humana que era ese director que por segundos vio su vida pasar frente a sus ojos cuando el rápido puño se acercó a su rostro, pero que gracias al infinito solo la ventisca de aire le llegó.
Un strike más en la carrera de Gojo Satoru.
Los alumnos -incluidos Todou y Miwa de Kyoto- también gritaban y discutían en contra de aquella imparcial decisión que habían tomado los altos mandos desde las sombras sin consultar primero con los más allegados e incluso no tan allegados del sentenciado quienes apenas vieron llegar esa mañana a demasiados hechiceros supieron que algo andaba muy mal.
La sala era un caos de palabras soeces, amenazas, gritos, lágrimas, murmuros y una terrible cantidad de energía maldita en el aire flotando alrededor de cada uno de los presentes en una muda advertencia del estrés que todos sentían en esos momentos.
Incluso la mayoría de hechiceros de rango 1 se encontraban ahí, ya fuera en contra o a favor.
Hasta algunos miembros de los prestigiosos clanes habían asistido a aquella improvisada reunión apenas la noticia corrió de una orilla oriente hasta alguna otra orilla occidental.
Y bueno no era para menos, no diario se ejecutaba al rey de las maldiciones y al increíble humano que tenía la fuerza para contenerlo, era realmente un espectáculo digno de ver.
El pequeño y joven Inumaki Toge parecía más estar en una marcha que en una discusión pues no impidió que su discurso maldito -o la falta de un brazo- le impidiera defender a quien ya veía como un gran aliado contra las maldiciones, equipado con un pequeño pizarrón y un plumón no dejaba demostrar su opinión y comentarios en total desacuerdo con matar a Yuji Itadori, no cuando en él había encontrado no solo a un aliado que siempre protegería tu espalda sino también un amigo que daría su vida por la tuya si se lo pidieras... O que incluso pediría que lo mates para aliviar la culpa del daño que él de manera inconsciente te haya podido causar, aún lo recuerda...
Un Itadori en el límite, arrodillado al pie de su cama, la frente completamente pegada al piso y las manos hechas puños; implorando que lo maldiga, lo mate, lo hiera de mil formas para aliviar un poco la opresión de su pecho ante la terrible culpa que le daba el ver aquel miembro cercenado e incurable en alguien tan joven y cercano a él, aquellos ojos -alguna vez tan luminosos como el alba de la mañana- ahora opacos y llenos de ojeras lo hicieron bajar el cierre de su cuello, los iris de Yuuji brillaron conteniendo las lágrimas que se sentía indigno de derramar y simplemente espero cualquier maldición que Inumaki quisiera ponerle, fuese lo que fuera estaba seguro de que lo merecía y con eso en mente cerro los ojos.
–Duerme y descansa.
Lástima que su ruego no fue escuchado ni atendido.
La acalorada y decente "reunión" se extendió por largas horas sin que nadie sospechara que el mismo de quién hablaban también estaba teniendo su propia batalla con su cruz autoimpuesta después de tragar aquella reliquia antigua hace tantos meses y que si tuviera la oportunidad de regresar en el tiempo para decidir si comerla o no elegiría sin dudar, el comerla a cambio de la paz que estaba a punto de traer el fin de su vida.
En algún lado donde el aire es tóxico para la vida, el cielo es un manto escarlata y el agua es roja cuál sangre una discusión es llevada a cabo, tan pacíficamente como los involucrados podían hacerlo.
–Te he dicho que no.
Sukuna volvió a partir a Itadori por la mitad antes de que este se volviera a materializar segundos después completamente ileso, ventajas de que solo fuera una proyección espiritual.
Ambos en un disentimiento que no parecía albergar un final pronto sobre algo que decidiría su futuro, si es que lo seguían teniendo claro está.
–¡Maldición mocoso! ¡¡DAME EL MALDITO CUERPO!!
–¡NO! Y si intentas poseerlo a la fuerza me romperé el cuello de tal forma que ni tu técnica de curación inversa podrá arreglarlo, has convivido conmigo por mucho tiempo sabes que soy capaz de hacerlo.
Yuuji fue decapitado en consecuencia de su "imprudencia", la única forma en que Sukuna sabe liberar presión es cortando algo o a alguien.
¿Adorable, no?
–Mocoso si no me das el cuerpo nos matarán apenas amanezca, aún estamos a tiempo de poder romper esos sellos y mostrarles que con nosotros no se juega.
–¿En serio? ¿Ahora hay un nosotros? –. El gesto de falsedad que hizo Itadori hizo chirriar los dientes de la maldición, pero tras contar al diez regreso a su faceta tranquila para seguir negociando con ese adolescente testarudo.
–Sabes que sí, compartimos cuerpo, tú cuerpo; a cambio yo te permito entrar en mi dominio cuál si fuera el tuyo, usar mis técnicas y hasta mi energía maldita, me parece un trato justo y correcto decir que dejamos de ser seres individuales hace mucho tiempo.
–Si como no, eso ni tú lo crees, idiota.
Y de nuevo el rey de las maldiciones perdió la paciencia cortando a su contenedor o mejor dicho, su representación en dos o más pedazos.
–¡Deja de hacer eso bastardo!
–¡Entonces dame el control de una vez o seguirás muriendo infinitas veces antes de que esos hechiceros te den la definitiva!
Miel y carmesí chocaron derramando todo el odio, ira y frustración que se tenían y exhalaban por cada poro cuáles reptiles en un enfrentamiento.
Al final las carmesíes pupilas se desviaron con un obsceno chasquido de lengua como acompañamiento.
–Él sufrirá tu pérdida, ¿Eso no te remueve la conciencia?
Itadori apretó los puños con rabia, sus uñas cuál navajas perforaron su carne haciéndola sangrar como si del cuerpo real se tratara y con las repentinas ganas de violencia en sus venas levanto la mirada con una emoción demasiado clara en ella: Odio.
–Si, lo hace –. Lo siguiente que Sukuna vio fue el interior de su lago personal al estrellarse ahí gracias al puñetazo repentino que Itadori le dio.–Pero te recuerdo que al final el único culpable de su sufrimiento serás tú.
La maldición se acomodó dentro del agua en flor de loto, su rostro fue a parar a una de sus manos que fungía como apoyo mientras observaba al mocoso girar y caminar hasta el pie de la montaña de esqueletos dónde su trono reposaba, trono en el que Itadori apareció sentado poco después.
–Yo no soy el idiota que va a hacer que nos maten por no querer cederme el control del cuerpo.
–No, pero si eres el monstruo que daña a sus amigos y a inocentes apenas tiene la oportunidad.
–Soy una maldición.
–Y luego preguntas que porque Fushiguro te aborrece.
Sí, de nuevo Yuuji fue hecho trizas para reaparecer como sin nada a los segundos.
–Dime mocoso, ¿Cuánto valen tus ideales? ¿Tu moral? ¿O tu voluntad? ¿Valen más que el amor que alguien puede darte?
En la reunión aún llevada a cabo, un hombre alto -muy alto- y de pelo color nieve bajo la venda que restringía a los océanos congelados que eran sus ojos contando minuciosamente los cinco segundos que le tomaría a Fushiguro alejarse del lugar para evitar quedar atrapado junto a todos los demás... Y así fue, para cuando él llegó al cinco Megumi ya se había internado en el bosque corriendo como desquiciado, justo como lo planearon, él sonrió y justo antes de que alguien saliera tras de él, la expansión se llevó a cabo.
–Extensión de dominio: Vacío infinito.
Fushiguro tropezaría ante lo resbaladizo del barro cayendo de lleno en algún charco que lo haría por fin reaccionar del trance en el que había estado apenas supo de la sentencia se dio cuenta de que como siempre, pero más en ese momento, el tiempo era lo que menos tenía y corriendo no lo iba a desperdiciar.
–¡NUE!
El shikigami ya sabía qué hacer.
–¡Cambia!
–¡Crees que no lo intente! Pero el "amor" no es todo poderoso como para que me haga mágicamente tan tierno e inofensivo como un insecto.
–¿Qué tiene de tierno un insecto? –. Pregunto con genuina curiosidad Itadori.
–¡El punto es!... Que no puedo cambiar –. Admitió Sukuna con la voz llena de una rabia y pena que casi conmueve al humano frente a el.
El silencio de voces cubrió rápidamente el lugar donde solo el agua del lago moviéndose se oía de fondo.
–Eso pensé –. Itadori se desparramó en el trono cuál helado derretido.
–¿Qué te hace pensar que yo podría ir en contra de mi naturaleza por algo tan banal y... Humano como el "amor"?
Itadori fue arrojado con violencia al final de la montaña de esqueletos mientras Sukuna se sentaba en su trono, imponiéndose como siempre.
–Soy un ser nacido de los peores momentos de la humanidad y lleno de todo el mal que existió y existirá, siendo destinado a traer el mayor caos y sufrimiento que pueda a la Tierra, la oscuridad nació conmigo y mi simple presencia puede corromper almas enteras y despertar los deseos más oscuros, cientos de humanos hicieron bajezas en mi nombre o bajo mi influencia por más o menos mil años... Y eso no cambiará porque me hayas contagiado de tus tontos sentimientos humanos, menos cuando sé que no me eligió a mí y prefiere suspirar por alguien más, ¿Verdad mocoso?
Aquella sonrisa triste en el rostro de la maldición fue suficiente para que Itadori desviará su mirada con pena y vergüenza.
–Nunca pensé que Fushiguro se fijaría en mí, siendo sincero nunca pensé que realmente alguien me viera con el prototipo de pareja y no de amistad.
–¿Sabes que cada palabra que dices me hace odiarte más, verdad?
–Je, a veces siento que bien pudimos ser amigos en otras circunstancias ¿Sabes?
Sukuna río sin gracia ante aquello.
–Lo dudo mocoso.
–Si yo también.
Y el silencio comenzó a reinar en el lugar.
Cuando ya solo estaba a unos metros de llegar una escena en cámara lenta cuál déjà vu le recibió haciéndole derramar todas las lágrimas que nunca en su vida se creyó capaz de hacer.
Itadori y Sukuna se habían liberado, pero solo de un brazo, brazo que sin titubear atravesó su propio cuerpo ahí donde el corazón oxigena y alimenta con vigor cada diminuta célula, arrancado en un grito ahogado y chorros de sangre fue extraído y botado como si de un cáncer se tratase.
Megumi aterrizó y corrió hasta arrodillarse frente al sangrante y lastimado cuerpo.
El carmesí líquido brotaba del pecho y boca del pelirrosa, de múltiples heridas se veía la carne herida y ardorosa, incluso Megumi juraría que Yuuji se veía demasiado frágil y delgado como... Como si no hubiera estado comiendo bien desde hace semanas y unas manchas casi negras bajo sus párpados le daban el último y deprimente toque a la escena frente a él.
–Dios Yuuji ¿Por qué no dijiste nada? No tenías que cargar tu solo con todo –. Megumi tomo ambas mejillas pegando su frente a esa otra demasiado fría ya. –Perdóname si yo hubiera llegado antes o te hubiera avisado que teníamos un plan tu no hubieras tenido que llegar a estos extremos, Yuuji por favor; dale el cuerpo a Sukuna –. Itadori así lo hizo y las marcas hicieron acto de presencia casi al instante.
–Hola, precioso –. Una tos llena de sangre interrumpió el saludo de la maldición quien apenas se repuso intento sonreír y seguir hablando. –Me halaga que quieras despedir...
–Cura a Itadori, ahora.
Sukuna chasqueo la lengua con molestia y desvío sus rubíes brillantes y tan mortales como siempre a pesar de estar agonizando.
–No.
–¡MALDITA SEA SUKUNA! Hazlo o yo...
–El mocoso me obligó a hacer un trato de "suicidio doble" por llamarlo de alguna manera, no puedo curarlo aunque lo intente, no es nada agradable tener un hueco en el pecho ¿sabes? –. Sukuna intento sonreír con cinismo como si nada pasara, pero Megumi pudo reconocer la misma mirada acabada en la maldición como en su recipiente, era el fin.
Ambos estaban demasiado hartos el uno del otro, Itadori ya no podía con la carga emocional que era preservar a Sukuna en su mente y la maldición estaba demasiado exhausta de las emociones y sentimientos humanos, sin contar que el estrés ante la muerte inminente para ambos cada vez más cercana tras cada dedo ingerido termino por hacerlos incapaces de dormir más de un par de minutos que ahora pesaban como toda una vida sin soñar.
Sukuna en un arrebato de valor estampó sus húmedos y fríos labios en los cálidos del joven hechicero quien aún en shock respondió tan torpemente como pudo, el beso duró tan solo segundos, segundos que fueron paradisíacos como si de una dulce muerte se tratara y al final el efímero toque, termino.
Las negras marcas se disiparon hasta la mitad del cuerpo y ahí con sus últimas fuerzas dos voces coordinadas y en perfecta sintonía cuál rocío y mañana sus últimas palabras fueron dichas.
"–Perdona todo el sufrimiento que tuviste y tendrás por nuestra culpa, nunca fue nuestra intención lastimarte. Te amamos y estamos felices de haberte conocido en esta vida, gracias por permitirnos entrar a tu corazón Fushiguro Megumi."
Un rayo partió el cielo con un estruendo luminoso que le permitió al pelinegro ver cómo poco a poco aquel ahora inerte cuerpo se acercaba al piso; para cuando el trueno se escuchó el cuerpo cayó por completo y la vida en él se apagó.
Dos existencias se extinguieron, dos almas condenadas y unidas cayeron en un remolino del que nunca volverían... al igual que la estabilidad psicológica de quién había contemplado tal muerte que ahora reía y lloraba sin consuelo ni descansó abrazando aquella carne que alguna vez fue un recipiente físico de ellos mientras la lluvia acompañaba su dolor mojándolo a él y a todas las demás personas que comenzaron a llegar.
Fin.
Muchas gracias por leer.
Vaya no tengo idea de que decir así que no hay notas de autor hoy y tampoco tengo cosas que deba aclarar pero bueno siempre estoy abierta a preguntas y opiniones :)
Nos leemos pronto, espero.
Bye-bye~
