El tiempo es cruel.
El teléfono no paraba de sonar, sino me movía pronto me iba a explotar la cabeza por la fastidiosa alarma que no daba tregua a mis oídos.
El levantarme y estirar mi brazo se sintió como si hubiera vuelto de una guerra.
Aunque no estaba del todo equivocada.
Había pasado por una guerra, una y otra vez.
Así era como sentía mi absurda existencia; una batalla constante por sobrevivir, como si cada respiración costara un sacrificio que debía hacer a futuro.
Mi cuerpo se sentía pesado, arrastraba mis pies por el suelo sintiendo el ambiente gélido de la pequeña habitación, esa odiosa sensación era la que me ayudaba a despertar poco a poco.
Trataba de no mirar a mi alrededor, de ignorar el aura sombría de mi pequeño departamento sin lujos, justo lo necesario para seguir con mi patética vida.
Eso me atormentaba.
Como un remolino que me amenaza con arrastrarme pero nunca lo hace.
La mejor definición que tenía de mi rutina; ya no era cuestión de vivir.
Esa palabra había perdido significado.
Me sobresalté al ver mi trozo de pan en el suelo.
No era tan desaseada como para levantarlo y comerlo; ya era parte de la mugre, lo dejé como una ofrenda dada a las hormigas que gustosas se encargarían del resto.
Miré con desagrado mi medio sándwich, pero no tenía otra opción; necesitaba energía para continuar mi desafortunada rutina.
Con eso en mente me fui a la ducha apenas terminé de "desayunar"
Una risa agria se me escapó en medio de la ducha, en el pasado amaba la primera comida del día, me sentía dichosa al ver un plato de comida recién hecha solo para mí
Pero solo era eso...pasado.
Odiaba los colores brillantes, me molestaban en la vista y me distraían con facilidad.
Pero eso no era del todo cierto; una parte muy íntima de mi ser todavía se estremecía, como si una pizca de felicidad quisiera hacerse paso en el lago oscuro que se fue expandiendo en mi interior a través del tiempo.
No podía olvidarlo; de pequeña me encantaban los colores vibrantes, amarillo, rojo, verde…me sentía tan estúpida por conservar esos recuerdos.
Me gustaría tener la opción de "Borrar" en mi cerebro, como si se eliminara la partida de algún videojuego.
Limpié la lágrima que bajó por mi mejilla antes de que el cliente se acercara; debía centrarme en mi trabajo mal pagado.
No había problema en las mañanas y horas después del almuerzo; aunque me aseguré de mantenerlo en secreto hacia mis compañeros ya que en realidad en esas horas todo se volvía un desastre.
Pero no me refería a eso; definitivamente no.
La peor hora se acercaba sin consentimiento, sentía como me marchitaba, como si la vida le gustara burlarse de mí.
El tiempo es cruel
Los primeros estudiantes pasaban por la puerta, era como una competencia por quién cargaba el mejor uniforme, chicos y chicas, en grupos grandes, pequeños o algún desdichado sin amigos ingresaba al lugar a comer algo o simplemente por una bebida caliente
Yo me desmoronaba al ver a los mayores, no cargaban uniformes pero lo podía notar por sus libros que sostenían como si fuera el ser más preciado de la tierra.
Universitarios.
Algunas chicas bien vestidas que me costaba creer que podían leer un libro.
Ser pateada por un caballo dolía menos.
Sentía como me fragmentaba como si fuera una figura de cristal.
Odiaba esta realidad; esta injusta y despiadada realidad que me daba nauseas.
—¿Qué quiere ordenar? —palabras que ya no sentía, como si mi boca no necesitara de mi aprobación consecuencia de la costumbre, pocos no eran los días que llevaba trabajando en aquel restaurante.
Me sorprendía la cantidad de comida chatarra que consumían. ¿Estudiar te deja el cerebro tan seco? Nunca lo sabría.
Ese despiadado pensamiento me arrebató la poca tranquilidad, mis manos comenzaban a temblar del dolor y la rabia que me consumían diariamente.
Le pasé el papel de pedido a mi compañero antes de romperlo, él lo había notado, pero yo me di media vuelta antes de que pudiera preguntarme algo.
El ardor en los ojos en señal de aguantar las lágrimas era una práctica difícil que no podía dominar, al menos no había nadie en la caja, tal vez, podía desahogarme un poco sin que nadie se percatara…
Muy tarde, los gritos de un chico que abría la puerta con fuerza; ni el dueño entra con tanta determinación como él.
Solté un corto suspiro mientras esperaba; eran clientes frecuentes, un grupo de tres chicos, me sorprendía que se llevaran tan bien considerando el choque de personalidades.
Pero había algo raro, estaban dudosos.
Me quedé en mi puesto, esperando que algún día se decidieran.
¡Hola! Gracias por tomarse el tiempo de leer este primer capítulo :) a medida que avance la historia se irán mostrando más detalles sobre la protagonista, por ahora quiero advertirle que en este fic se tocarán temas sensibles como la depresión, alcoholismo, autolesiones, etc. Así que si eres sensible a estos temas por favor abstenerse de leer.
Sin más, los invito a dejar su rw dándome su opinión y/o sugerencias.
Saludos!
