Anhelos
No conocía un hogar, pero estaba segura que así se debía sentir. Su piel rozaba una ajena. Era cálido, era lo que siempre había buscado pero no se había dado cuenta hasta ahora. Un jadeo sobre su oído y un estremecimiento de su parte. Sus labios capturaron otros con hambre. Su corazón latía con rapidez y sus manos sujetaban con fuerza el cuerpo ajeno. Debía aceptarlo, todos esos años negando la oportunidad de ser así de feliz. Poniendo la felicidad de todos antes que su propia felicidad. Debía aceptar ahora, que estaba equivocada, siempre estuvo equivocada.
"Ella tenía razón".
Suspiro a la vez su mirada se encontró con una bicolor. Azul y verde. Su mundo siempre había estado dividido, pero nunca imaginó que esa división podría llegar a ser tan hermosa. Una mano se dirigió a su mejilla y una vez más sus labios fueron tomados. Un ronroneó acompañando el ambiente era lo único que necesitaba.
"¿Qué es lo que tú quieres?"
Retumbó en su cabeza por un instante. Se detuvo. Miró su alrededor, estaban en su habitación, la luz de las lunas se colaban por los ventanales y las estrellas brillaban hermosas en el firmamento. Una suave brisa golpeaba contra su espalda desnuda. Bajo su pecho retumbaba una suave vibración. Una sonrisa se asomo por sus labios mientras olvidaba aquel extraño pensamiento. Entonces volvió a concentrarse en el presente. Un carraspeo le indico que tenían que volver a comenzar con aquel juego.
Se sentía tan real como la primera vez y sin embargo aquel sentimiento no la dejaba en paz. Era un vacío en la boca del estómago, como un pequeño indicador de advertencia. Un rasguño la hizo gruñir levemente mientras sus habilidosas manos se concentraron en aquellas zonas que aprendió a conocer. Un suspiro que rápidamente fue reemplazado por un gemido y su corazón dió un vuelco. Sus labios atacaron clavículas marcadas por constelaciones. Sus ojos picaban mientras se apretaba contra aquel cuerpo. Solían decirle que cuando la memoria fallaba, esta se manifestaba de manera física. No creía en esas habladurías hasta que sucedió en su primer encuentro. Después de esa vez, cada encuentro le costaba reprimir las lágrimas. No sabía porque, tampoco sabía cómo detenerlo y entonces era cuando su corazón dolía. Como ahora, mientras se sentía amada, mientras ella amaba.
"Es lo que siempre eliges."
"También mereces amor."
Sentía quedarse sin aire mientras las palabras retumbaban en su cabeza y se mezclaban contra los leves suspiros. Se pegó más contra aquel cuerpo mientras trato de silenciar las distintas voces. Fuertes rasguños surcaban su espalda ya marcada mientras los movimientos se aceleraban. Cerró sus ojos por un momento.
"¿No lo entiendes? Te amo, siempre lo e hecho"
Una leve lágrima rodó sobre su mejilla, cerró con fuerza sus ojos mientras se dejaba llevar una vez más por miedos. Miedos de no volver a sentir aquel cuerpo, de no volver a sentirse amada. Le dolia cada que que los malos pensamientos negativos la invadian. Sus habilidosas manos comenzaron a perder velocidad y en su lugar, movimientos pausados se abrieron paso. Unos suaves brazos rodearon su cuello.
_ Hey, Adora… _ Susurró con suavidad mientras acunaba su rostro con suavidad. _ ¿Qué sucede? _ Preguntó con preocupación.
Una sonrisa triste asomo en su expresión, su mano libre se posó sobre una de las manos ajenas. Las lágrimas no se detenían. _ Tengo miedo… _ Confesó finalmente. _ Miedo de que esto sea una ilusión, como esa vez _ Volvió a cerrar sus ojos se permitió sentir vulnerable.
_ Adora…_ Susurró su amante con ternura. _ No es una ilusión. Todo terminó finalmente, estoy aquí _ Le aseguro con aquella seguridad que la caracterizaba.
_ No quiero que sea una proyección de mis anhelos _ Su voz se quebró _ No quiero que sea solo otro pedazo de sueño que termine mal _ Enterró su rostro sobre el cuello ajeno, mientras en un desesperado intento se dejó embriagar por su aroma tan familiar.
_ Hey, eso no es así _ Le dijo mientras se incorporaba en la cama. _ Este no es un sueño Adora, no es una simulación más. Es real _ Hizo una pausa mientras acunaba una vez más aquel angustiado rostro _ Yo soy real _ Aseguro mientras sus labios conectaron con fervor y desesperación.
_ No quiero extrañar el cielo Catra _ Confesó mientras se dejaba besar. _ Porque estar contigo, así es el cielo para mi _ Dijo desde el corazón mientras volvía a besar aquellos labios.
_ Idiota _ Contesto Catra _ Ven, déjame demostrarte que esto es real _ Dijo mientras sus labios se encontraban con dulzura.
Un pequeño gemido escapó de sus labios mientras aquellos labios la besaban con seguridad y amor. Las lágrimas no se habían detenido, pero ahora era diferente ya no dolía igual. Su corazón latía con fuerza pero el vacío se había disipado. Catra estaba sobre ella ahora. Su espalda topaba contra la cabecera de la cama. Sus manos reposaban sobre las caderas de su acompañante, mientras las manos ajenas aun acunaban su rostro.
Se separaron por unos instantes y sus miradas conectaron nuevamente. _ Te amo Adora _ Dijo dulcemente mientras un ronroneó tranquilizador invadió la habitación. _ Siempre lo e hecho y siempre lo voy a hacerlo _ Declaró dulcemente, algo poco común en ella. Se besaron una, dos, tres veces. El calor volvía a hacerse presente.
_ No cierres los ojos Adora _ Demandó juguetonamente. Se dirigió a su cuello y repartió más besos sobre la zona. Un quejido de su parte hicieron que manos juguetonas se posaran sobre su pecho y jugarán con el mismo.
_ Catra… _ Gruño al momento en que sus manos recorrieron tonificados muslos y se dirigieron lentamente hacia los glúteos. El rostro de Catra salió de su escondite entre su cuello para dirigirse a su mentón, luego a sus labios, pasaron por su nariz hasta que finalmente un casto beso le fue dado en la frente.
_ Atrapame si puedes "Princesa" _ Ronroneó con sensualidad sobre su oído. Supo entonces que ésto era real. Estaba sucediendo, sus anhelos eran una realidad. Alivió fue lo que invadió su cuerpo mientras en aquella posición volvía a amarla como muchas veces lo había hecho y como muchas veces más lo volverían a hacer.
_ Yo también te amo Catra _ Susurró con firmeza mientras nuevos quejidos y gemidos llenaban la habitación.
No conocía un hogar, no lo había hecho por mucho tiempo o eso era lo que había creído toda su vida. Hasta que conoció Bright moon y entonces comprendió que en realidad si conocía lo que era un hogar. Estar entre sus brazos, besar aquellos labios, sentirse junto aquel cuerpo ese había sido siempre su hogar. Y ese había sido siempre su más grande anhelo.
Fin
