Hola amigos, soy Yuzu-chan
Una vez más traigo otro Madohomu donde nuevamente juego con el drama y la tristeza que embargan a nuestra querida Homura quien tiene que lidiar y vivir el solo hecho que es la única persona que sabe de la existencia de Madoka… Sin duda alguna el amor es tan hermoso y triste a la vez.
Espero que se limpien muy bien sus lágrimas porque aunque es corto no habrá un "Y vivieron felices para siempre"
Yuzu y fuera
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Homura estaba en la oscuridad de su habitación acostada sobre la cama y mirando las escasas luces de la noche que enfrentaban nimiamente con la extensa oscuridad del aposento mientras el único sonido de ambientación era una canción con guitarras de fondo y letras y tono que reflejaban su cruel realidad.
Madoka…
Esa pequeña chica era su todo, la amaba más que nadie… Dicen que la muerte era lo peor en la vida pero jamás creyó que en no tener a nadie, sobre todo a la chica que amaba era muchísimo peor que el fin mismo de la vida.
Podía sentir que sus ojos amatistas comenzaban a arder y trató de parpadear para eliminar las lágrimas que se acercaban. Hace mucho tiempo que se había prohibido llorar y autoimpuesto un voto de silencio referente a esa chica. No podía romperse, ahora no. Tenía que revivirlo de nuevo. Tenía que salvarla.
"Puedes sobrevivir a esto… Piensa positivo, Homura… Piensa positivo".
Se decía eso frecuentemente a sí misma, pero sabía que se estaba mintiendo. Ver morir a sus amigas, ver morir a Madoka... No podía ver que eso sucediera de nuevo. Finalmente se había roto. Estaba vacía. Ya no pudo contener las lágrimas y empezó a llorar y sollozar como como si fuera un niño estando solo sin que nadie ampare por él.
Quería verla una vez más, aunque sea una sola vez… La extrañaba tanto… Era tanta su soledad que apretaba sus manos contra sus piernas en una lamentable posición fetal queriendo que algo o alguien estuviera aquí para calmar su dolor.
Sintió un par de brazos rodeándola... ¿Acaso fueron escuchadas sus súplicas? ¿Era realmente ella?
Susurró su nombre mientras la esperanza se alineaba en su voz llena de lágrimas. Se dio la vuelta y sus amatistas se agrandaron cuando vio a una figura de una chica adolescente, de larga cabellera rosada con dos largas coletas, ojos dorados brillantes, brillando en medio de un cosmos blanco brillante y usando un hermoso vestido blanco.
¿De verdad Madoka estaba aquí?
Una sonrisa de alivio se extendió por su rostro y rodeó a esa pequeña deidad con sus brazos. Lloraba más fuerte ahora, el alivio y la felicidad que venía de verla nuevamente se estaba extendiendo por todo su ser.
La otra chica trataba de dar alguna palabra pero fue interrumpida por un impulsivo beso de la pelinegra pero no duró mucho tiempo ya que al final la más grande se dio cuenta de lo que estaba haciendo a lo que rápidamente se apartó.
Trató de disculparse pero Madoka negó con la cabeza y cerró la brecha entre ambas una vez más. Homura sonrío contra sus labios y le devolvió el beso. Después de un rato, ambas féminas se separaron y la pelinegra apoyo la cabeza contra el pecho de la más pequeña.
A pesar de lo hermoso de aquel reencuentro se dejaba en claro una sola cosa: Aquello ya no podría repetirse y ya no había vuelta hacia atrás. Homura soltó un suspiro y miró a Madoka, a su único aferro a la vida. Al menos estaba libre de aquella condena pero todo acto se debe considerar un muy alto precio.
Madoka lo sabía muy bien, no por algo sonrió de manera triste a su amiga y derramó lagrimas que en silencio mojaban sus luminosos parpados. Una sola vez y tan poco tiempo, ambas ya tenían misiones destinadas y no podían dejar atrás sus respectivas funciones como labores. Madoka ahora era una gran eternidad y Homura era un simple instante, eso lo aclaró la más pequeña con una voz quebrada.
Una vez más la tristeza y el día a día con el sufrimiento habitando dentro de la pelinegra volverían a su curso habitual y eso la estaba atormentando… Una vez más tendría el calvario del vivir día a día siendo la única en saber su existencia, como vivió y como terminó… Sin duda alguna el castigo cruel a sus buenas intenciones.
Las lágrimas se formaron de nuevo en sus ya destrozados amatistas, ¿Al menos volvería a verla de nuevo? Ante la muda interrogante Madoka agachó la cabeza asintiendo quedamente aunque de una evidente tristeza en su mirada, Homura aprieta sus hombros pero es inevitable, el deber de un concepto es más allá de lo existente a lo cual debe dejarla ir pero no quería hacerlo. No era tan simple olvidarla con el paso del tiempo
Ella fue, es y será la luz de su vida… No pasó mucho tiempo cuando colapsó y lloró en el regazo de la pequeña diosa, se quedó ahí por un momento, su cuerpo temblaba mientras lloraba, y cuando levantó la cabeza de nuevo, ella se habia ido.
Una vez más la vida volvió a su curso normal… Su triste normalidad…
