Los lazos, no son necesariamente de sangre.

Y a veces, no es siempre la sangre la que hace de un grupo de personas una familia. Pues incluso entre desconocidos, te puedes sentir más acogido que con tu parentela.

Lo que no va a cambiar, ni con el paso de los años, es que muchas veces habrá algo por insignificante o banal que sea, que unirá a las personas.

Un interés en común.

Una meta en común.

O una persona en común.

Fue en este caso, una persona en común y preciada para ambos, lo que los unió a ellos. La mamá de Fuusuke y la amiga de Suzuka, Ruri.

La pérdida y el dolor fue lo que los ligó todavía más, y aunque no se llevaron precisamente con amabilidad, lentamente fueron limando asperezas. Fueron comprendiéndose y entendiéndose, lento pero constante como a paso de tortuga.

Donde Suzuka cuidaba de Fuusuke –con cierta torpeza, pero con su mejor esfuerzo–, y Fuusuke fue abriéndose con Suzuka –alimentándose de su sangre de vez en cuando, comprendiendo que ella no iba a desaparecer–.

Era una relación donde había fallos y errores que eran enmendados más tarde con disculpas y silencios cómplices –donde Fuusuke le ofrecía sostener su rana de peluche a Suzuka y, Suzuka le revolvía a veces el cabello–.

(Donde Fuusuke y Suzuka fueron aprendiendo a quererse y aceptar al otro).

Y cuando el padre de Fuusuke apareció, buscando a Ruri luego de haber cumplido su sueño de ser un pastelero –sueño el cual fue apoyado por la misma Ruri, antes de fallecer en aquel accidente automovilístico– que la relación que se había formado y crecido entre el pequeño y ella, tambaleó.

Pues… De ser Fuutarou, el padre de Fuusuke, era lógico que el niño fuese criado por su padre –su único pariente de sangre, pues Ruri se había negado a que su familia contactara o conociera a su hijo–. Y no por una amiga de su madre, una desconocida.

Según en palabras de ella.

Pero, ¿Cómo ignorar el lazo que entre ellos se había forjado y que nadie tenía que ver con la sangre?

Era mentira decir que no lo quería, porque, lo quería. Se encariñó con ese pedacito que quedó de Ruri-san, con Fuusuke que era un mocoso con cara de malhumorado y sombrío pero–

Que podía sonreír y ser tan sensible como un niño cualquiera.

(Aunque Fuusuke, nunca sería un niño cualquiera para ella).

Y entonces cuando él volvió y ella miró a través de la ventana del auto, lo abrazó entre lágrimas de sabor agridulce.

Porque Fuusuke la había elegido a ella, pese a que su padre había aparecido y era un buen hombre.

A ella, Kinomoto Suzuka, una fotógrafa bebedora que tendía a despreciarse de vez en cuando.

(Y su lazo no era de sangre).

Entonces 6 años pasan y Suzuka piensa que, no está arrepentida de haber conocido a Fuusuke y mucho menos de haberlo criado.

Tal vez sigue lamentando la pérdida de su preciada amiga en su propio cumpleaños pero… Fuusuke, fue y es, una de las cosas que más quiere y atesora de su vida.

(Aunque su lazo no sea de sangre, el cariño es real).