Hola.
Sé que debería estar haciendo otras cosas, pero hace tiempo que prometí esta historia y trabaje duro en ella. Espero que se entiendan los tiempos.
Disfrutenla.
= Enamorados. =
Colgó el teléfono y se recostó en el sofá de la sala.
Mihawk bajó su libro y se quitó los lentes en un ademan solemne para mirarlo con un gesto ceremonial—. No pareces muy contento.
El joven lo miró—. No me malentiendas —respondió, y aunque no era su intención, su expresión era pesarosa.
— ¿Es solo qué…?
Zoro lo miró enarcar una ceja y suspiró antes de responder—. Esta sería la primera vez que saldríamos sin ti.
Mihawk no pudo evitar sonreír, aunque si reprimió una carcajada—. Técnicamente sería la primera vez que saldrían, en general —le recordó, haciéndolo ruborizar, pues sabía que el mayor hacía alusión a que solo se veían para coger—, lo cual me parece bueno para la relación.
«La relación.» Aquella palabra hizo eco en la cabeza del menor más de una vez.
Al principio acostarse con Law, hacer aquel trio en la cama, había sido solo una experiencia para recordar, o al menos eso creyó él que sería la primera vez que paso. No esperaba que se repitiera, ni el ojigris, ni el mayor parecían llevarse bien en un principio, por lo que supuso que no se repetiría aquella experiencia, por más que él mismo lo hubiera disfrutado. Amaba demasiado a Mihawk como para hacerlo renovar una experiencia que no había disfrutado, pero las cosas no fueron tan simples. «Nunca lo son.» Aun así, la idea de salir con el ojigris aún era complicada.
—No creo que sea buena idea —meditó Zoro en voz baja.
—Pero tengo entendido que lo han estado hablando por meses —espetó con severidad.
—Si... —suspiró—. Law quiere hacerlo "oficial".
El de los ojos de ave rapaz enarcó una ceja—. ¿La relación? —El joven asintió con la cabeza—. Y eso no es bueno, ¿por qué...?
El menor se puso colorado. «Eso lo dice porque no es a él a quien va a cuestionar todo el mundo»—. Es complicado.
Mihawk lo miró. No era tonto, entendía todas esas dudas, los miedos, el pudor... cada una de las emociones que veía en la cara de su chico las había sentido el mismo cuando externo aquella relación con su mejor amigo. Shanks, al igual que él mismo, se consideraba alguien de mente abierta, amplio criterio y capaz de aceptar cualquier cosa, no obstante ese "cualquier cosa" nunca fue tan amplio como ambos pensaban.
∞ Flashback ∞
— ¿Qué iniciaste qué...? —esa pregunta casi había sido un grito.
— ¿Podrías bajar la voz? —le reprendió—. Yo no inicie nada, solo paso.
El pelirrojo echó un vistazo a su alrededor antes de encorvarse un poco y acercarse más a su amigo—. Las cosas no "solo pasan" —. Estaban en un restaurante, desayunando juntos—. Es el chico de Doffy —obvió, pero al contrario de lo que esperaba, lo único que hizo fue enfadar a su contemporáneo.
—Él no es propiedad de nadie.
—No me refiero a eso, yo...
—Sé a lo que te refieres, y en tal caso el muchacho es libre de hacer y deshacer a voluntad.
—Mihawk, estás perdiendo la perspectiva —en esta ocasión fue un poco más suave—. Ellos tienen una relación, ¿recuerdas? —El pelinegro apretó la mandíbula y frunció el ceño—. Sé que no sé nada de este tipo de relaciones, pero creo que eso significaría que en vez de tres, van a ser cuatro.
El de los ojos ambarinos suspiró—. Aunque no lo creas, este acuerdo no lo incluye a él.
∞ Fin de flashback ∞
El de cabellos de olivo estaba demasiado dubitativo con aquella situación—. Quizá no sea buena idea...
La expresión del mayor se volvió más suave, le sonrió con ternura y se levantó para anular el espacio que los dividía y poder besar su frente—. Deberías decirle que aún no te sientes listo para esto.
Zoro volvió a suspirar. «Seguramente habló con él»—. Tampoco es que sea algo formal o… o algo obligatorio —murmuró. Lo contempló ir rumbo a la cocina mientras pensaba en aquella posibilidad.
Hacía ya ocho meses que él, Mihawk y Law estaban en aquel trio, y aunque en un principio el ojigris y el ojidorado no se llevaban del todo bien, sus personalidades sobrias y formales acabaron empatándolos y terminaron armonizando de manera natural, al grado que aquello había sido un motivo de alegato por un breve momento.
Zoro, quien no estaba acostumbrado a este tipo de relaciones, no tardo en notar lo bien que se llevaban los dos, como hablaban por largo rato de temas como política, arte o incluso avances científicos, básicamente, de todas las cosas que a él no le interesaban en absoluto, y aunque cuando estaban los tres juntos aquellos temas no se mencionaban, fue en más de una ocasión en la que los encontró charlando de aquello, y tras mirarlo y sonreírle cambiaban de tema casi de inmediato a algo mucho más neutral.
Aquello llego al punto de molestarle tanto que hizo que las cosas casi se desmoronaran...
Vamos a comenzar esto siendo sinceros. Cuando uno es joven no se imagina que con el paso del tiempo las cosas van a tomar, ciertos rumbos. Uno espera acabar su carrera universitaria, tener un buen trabajo, vivir con comodidad... y por qué no, encontrar a una persona con la que pasar el resto de nuestras vidas sea algo factible y agradable.
En general eso es lo que esperan de la vida las personas. La mayoría no somos ambiciosos, al menos no más allá de ser el mejor en lo que sea que hagamos y tener el éxito suficiente para tener una buena vida. Así que, ese día, mientras el más joven de nuestros protagonistas estaba lavándose el rostro en el cuarto de baño de aquella enorme y elegante mansión cerca de la playa, finalmente una molesta voz en su cabeza empezó a cuestionarle cómo había acabado ahí, en aquella extraña situación. No era que no le gustara, todo lo contrario, le fascinaba y lo disfrutaba mucho, sin embargo había una molesta sensación en su pecho que le dejaba un cierto grado de incomodidad. Quizá, y no estaba dispuesto a aceptarlo todavía, él no estaba hecho para aquel exótico estilo de vida.
¿Para qué estaba hecho entonces, para una vida ordinaria y simple...?
Claro, no es que tuviera una vida ordinaria antes de aquella situación, técnicamente no sé podía quejar, él y sus amigos había conseguido empezar una revista, y luego de que un par de multimillonarios decidieran iniciar su campaña publicitaria con ellos, las cosas iban de maravilla. Era de los mejores en su trabajo, seguramente pronto se convertiría en el mejor, tenía como pareja a una persona que lo amaba por sobre cualquier cosa... tan sobre cualquier cosa que no le molestaba en absoluto compartirlo con alguien más, y esa situación era justamente la que había despertado a aquella molesta voz en su cabeza.
Su novio, era un hombre algo mayor, más sofisticado, más elegante y más experimentado. Se habían conocido casi por casualidad y era casi una tontería como había empezado todo entre ellos. Se habían enamorado de una forma tan natural que decírselos el uno al otro había sido una consecuencia inevitable de su convivencia. Simplemente el amor había nacido entre ellos como algo inevitable.
Vivían juntos desde hacía casi tres años, pero a principio del tercer año de convivencia el mayor había acabado confesándole el estilo de vida poco convencional que había llevado antes de conocerlo. No es que a él le significara algún problema, las cosas del pasado, por lo general es mejor dejarlas justo allá, no obstante habían pasado una serie de situaciones que habían hecho que acabará deseando conocer aquel estilo de vida.
Mihawk había sido swinger la mayor parte de su juventud, y cuando Zoro lo supo había tenido que buscar el significado de aquella palabra en internet. Básicamente, el mayor había tenido una vida basada en relaciones con poca o nula responsabilidad afectiva. Todo se trataba, a grandes rasgos, de personas conviviendo de manera civilizada en relaciones donde se hacían favores sexuales unos a otros, sin esperar, ni buscar nada emocional más allá de los vínculos que ya tuvieran antes de aquellos encuentros, casi casuales.
Le pareció interesante porque consideraba que su novio tenía una gran madurez emocional, y pese a ello le costaba trabajo imaginarlo desapegado y desinteresado en una relación, aunque fuera solo de índole sexual, así que quiso ir a conocer un poco el ambiente...
Aun le costaba trabajo entender cómo había acabado en aquella situación.
Sus visitas en las fiestas swingers de los amigos de Mihawk eran muy frecuentes, casi habituales. Iban, bebían un poco, convivían con algunas personas, y un poco entrada la noche él aparecía...
No lo veían siempre, a veces se iban de las fiestas sin que nada pasara, pero cuando aquel doctor de ojos grises aparecía, que los tres compartieran un lecho parecía una consecuencia inevitable. La dinámica solía ser la misma, él en medio de los dos, siempre en medio de los dos. Eso no le molestaba en absoluto, le encantaba como aquellos hombres le daban placer, le encantaba que lo tomaran, le encantaba tomarlos... pero una mañana, como otras tantas antes de esa, los había escuchado hablar mientras pensaban que él aun dormía, hablar de hacerlo entre ellos, coqueteándose, insinuándose. Nunca le había dado importancia a aquellas conversaciones, hasta ese día. Normalmente el ojigris ofrecía favores sexuales, y el mayor los rechazaba, pero por primera vez había insinuado que no era porque no quisiera, sino porque lo tenía a él.
Cuando las cosas habían comenzado ni su novio, ni aquel doctor se habían llevado bien, pero a él le encantaban ambos, y el sexo era increíble... «Al parecer solo lo era para mí.» Se miró al espejo preguntándose el por qué nunca se había detenido a pensar si a ellos les gustaba lo que estaba pasando, si esperaban más de aquella situación, si les bastaba solo con él. Ahora sentía que él sobraba, y eso dolía.
— ¡Oye, sigues vivo!
El sonido de unos nudillos golpeando la puerta, acompañado de la voz del ojigris lo volvió un poco a la realidad—. Sí, sí. Ya voy —respondió, sin ganas, tomando una toalla y secándose el rostro antes de salir.
—Algunos queremos ducharnos —expreso el doctor pasando junto a él cuando salió.
Una punzada le molestaba en el pecho—. Todo tuyo —respondió antes que la puerta se cerrara. Se quedó mirando la puerta unos momentos, mientras se preguntaba si sus preocupaciones podrían ser infundadas.
La voz de Mihawk lo regreso a la realidad—. ¿Te encuentras bien?
Le sonrió lo mejor que pudo—. Solo estoy un poco cansado.
Mihawk podía estar seguro de una cosa mientras conducía aquel auto, las cosas estaban todo... menos bien.
Miró a Zoro de reojo. Estaba callado, absortó en sus pensamientos con los ojos fijos en la ventana. Hacía poco más de un par de semanas que estaba así, como si algo lo molestara, como si quisiera decir algo y no encontrara aun la manera de externarlo, como si aquello, fuera lo que fuese, lo estuviera devorando por dentro. Sin embargo, preguntar al respecto solo parecía hacer que se cerrara más y más.
Y él... él no quería sacar conjeturas, pero una idea ponzoñosa insistía en comenzar a echar raíces en su cabeza. Era algo que no quería pensar, y apenas se sentía en riesgo de pensarlo lo descartaba de inmediato, pero estaba seguro que aquella idea pronto lo empezaría a molestar.
Siguió conduciendo hasta su pequeña casa en la ciudad. Vivian en una calle con casas estilo londinense, así que estacionó su compacto en la pequeña cochera y abrió la puerta del mismo con total naturalidad, hasta que una pregunta lo paró completamente en seco—. ¿Alguna vez te enamoraste de alguien más?
Nunca habían hablado de eso, suponía que era algo implícito pensar que alguien de su edad se habría enamorado antes, y no era que quisiera ocultarle nada, simplemente era un tema que hasta aquel momento había parecido irrelevante.
Mihawk volvió a meter el pie que había sacado del auto y cerró la puerta antes de mirarlo—. ¿Qué? —eso fue lo único que pudo articular.
Zoro se rascó la cabeza, pero no lo miraba—. Cuando eras joven y tenías relaciones con parejas —explicó—, ¿te enamoraste de alguien?
El de los ojos dorados sintió algo estrujándole el pecho. No solía pensar en eso, había sido una etapa que había preferido enterrar. Tragó saliva antes de responder—. Si —Zoro finalmente lo miró—. Él estaba casado y a su esposa parecía no gustarle nuestro estilo de vida...
La expresión del menor era indescifrable— ¿Le dijiste lo que sentías?
Una vieja herida le dolió, ahora era él quien no miraba a su novio—. Me dijo que nunca la dejaría —arrastró un poco las palabras mientras lo recordaba—, en especial por un hombre.
—Aún te duele...
—Más que el rechazo, me duele lo que eso me hizo. Yo no crecí en una sociedad tan abierta como la tuya —sintió que debía continuar—, puede que a veces me liara con mujeres, pero siempre preferí a los hombres —tenía las manos apretando el volante, y la vista en la casa—. Esas palabras fueron un recordatorio, en mi cabeza, de que algo en mi estaba mal —el menor no dijo nada, y no se atrevía a girarse a mirarlo—. Me volví menos expresivo, más estoico... y procure que... —se humedeció los labios para evitar exhalar—, que siempre hubiera una mujer de por medio —concluyó en un suspiro.
—Ahora no hay ninguna mujer.
El mayor sonrió y lo miró—. No necesito una mujer —sujeto su mano con cautela—, y cuando estoy conmigo, no tengo nada que ocultar.
El joven apartó la mano—. ¿Crees que él debía dejarla?
Aquella extraña pregunta lo puso a pensar en algo que hacía mucho tiempo no pensaba—. No, era su esposa y la amaba... aun lo hace así que no lo creo.
— ¿Y si no hubieran estado casados?
Mihawk sintió su pecho contraerse, por un segundo, igual que cuando aquello paso. Aquella idea ponzoñosa estaba empezando a enraizarse—. Él... —casi sintió que su garganta se cerraba—... debió buscar su felicidad.
Zoro apartó la mirada y apretó los labios, quería decir algo más, pero sea que fuera no logro fonetizarlo. Bajó del auto.
A Mihawk le tomó algunos segundos reaccionar y bajar también, siguiéndolo en un silencio incomodo que no hacía más que presionarle el pecho. Abrió la puerta, pero su chico no entró, tomó una llamada en el pórtico y luego se despidió diciendo que sus amigos lo estaban esperando, que había olvidado aquella cita y que era importante, así que se fue, paró un taxi frente a la casa y se marchó. Él cerró la puerta y se preguntó si aquella era la manera inconsciente de Zoro para avisarle que estaba planeando dejarlo.
Llegó, saludó a todos sus amigos, tomó un pedazo de carne de la parrilla y un paquete de cervezas de la nevera y se sentó a beber justo en medio de todos—. ¿Y ahora qué mosca te pico? —inquirió Usopp inmediatamente después de que se instalara en su silla.
Chopper estaba comiendo una hamburguesa enfrente de él—. Qué bueno que pudiste llegar —le dijo, con su habitual timidez.
Luffy, en cambio, estaba golpeando su espalda con entusiasmo mientras le contaba los planes que tenía en mente cuando se mudaran de edificio—. Deja de golpearme —bramó, haciendo a su amigo a un lado.
—Últimamente estas tan metido en tu mundo que ya sabíamos que lo ibas a olvidar.
Nami dijo aquello como si no fuera nada—. No pueden culparme por eso —abrió la cerveza y la bebió completa de una sola vez—. Estarían igual si supieran que los van a botar.
Un silencio general se apodero del lugar por unos segundos, todos lo miraron y el interrogatorio comenzó tan rápido que deseo no haberles dicho nada, en especial porque no lo podía explicar, cómo les decía a sus amigos que Mihawk lo iba a dejar por el tipo con el que él se acostaba—. ¿Él te dijo eso? —inquirió Robin.
Todos lo miraron, expectantes—. No me lo dijo, pero lo sé —tomó otra cerveza del paquete.
—No deberías sacar ese tipo de conjeturas de la nada —le reprendió la pelinaranja.
—No lo he sacado de la nada —gruñó—. Mihawk va a dejarme —respondió con simpleza, acabándose de un tragó la cerveza que había tomado.
— ¿Cómo estas tan seguro? —Nami no soltaba una pregunta una vez que la hacía, no hasta que obtenía una respuesta.
No podía responder aquello sin explicarles lo que estaba pasando en su relación. Exhaló con desespero y dio otro sorbo a su bebida, como quien toma valor—. Los he visto mirarse.
Luffy se sentó junto a él y recargo su cabeza en su hombro—. Yo lo he visto mirarte a ti, te ve como si fueras la comida más deliciosa que hay en la mesa.
El peliverde sonrió—. Al parecer le sirvieron algo mejor...
Luffy lo abrazó, y luego Usopp, Franky, Chopper y Nami lo siguieron. Sanji prendió un cigarro e inhaló el humo mientras le daba una mirada condescendiente. Jimbei y Robin trataron de buscarle algo de lógica a aquello mientras le invitaban a dialogar con su novio antes de sacar conclusiones. Al final no fue capaz de explicarles la situación, y dadas las circunstancias no convino en hacer nada todavía. Quizás aún estaba en negación, quizá una parte de él aún se negaba a creer que todo estaba llegando a su fin y que las cosas volverían a ser como antes de todo aquello, pero incluso pensar en que todo aquello terminara le provocaba una punzada en el pecho que no entendía de donde podía venir.
Al final del día sus amigos eran un consuelo que sabía que nunca iba a perder.
Ese mismo día, entrada la noche, en un restaurante en el último piso de un hotel de lujo—. ¿Y sigues follando con Dracule y su novio?
Doffy no era alguien que se caracterizara por ser discreto, así que poco le importo haber dicho aquello en un tono demasiado alto o que alguien más los escuchara. Rossy casi se ahogaba con su coctel—. Ocasionalmente, si —respondió con calma mientras cortaba su carne.
El mayor de los Donquixote rio a carcajadas—. Siempre supe que no era bisexual —Law apretó los cubiertos y rayo el plato con el cuchillo—. A Croco no le gustara perder la apuesta.
Rocinante siseó, alterado—. ¿Podrías dejar de gritar?
—Vamos, hermano, tú también lo sospechabas.
El aludido suspiro—. Es su vida privada, Doffy. Basta.
Se levantó, ignorando a su hermano menor por completo—. Iré a llamar a Croco.
Rossy volvió a suspirar, pero la voz de Law lo intrigó—. ¿Cuál es su problema? —miró a su protegido, desconcertado—. Qué más le da con quien se acuesten las demás personas o cual sea su orientación sexual —sonaba enfadado y lo vio colocar los cubiertos en la mesa y dejar de comer.
Law siempre había sido un chico reservado, estoico e indiferente, y solía restarle importancia a los comentarios de Doffy o tomarlos con un humor sarcástico muy peculiar, escucharlo enfadado no era algo que sucediera con frecuencia—. Cuando éramos jóvenes se rumoreaba que Mihawk estaba enamorado de Shanks —le comenzó a contar. Rossy no era alguien que acostumbrara hablar de los asuntos de los demás, pero le intrigaba como el ojigris había reaccionado a toda aquella situación—. Tanto que a Doffy se le ocurrió decírselo al pelirrojo. No sé qué habrá pasado, pero pocas semanas después de eso dejaron de involucrarse entre ellos.
El joven doctor pareció interesado—. Se pelearon.
Rossy se alzó de hombros—. Nunca dejaron de ser amigos —miró la expresión seria del muchacho—. ¿Lo que tienes con ellos es especial?
—No —respondió de inmediato—. Es solo un asunto sexual.
El menor de los Donquixote comenzó a comer—. Trata de no darle detalles a Doffy, le encanta meterse en la vida de los demás.
Podía haber dicho algo más, pero se limitó a observar al hombre que era como su padre tratar de mantener una calma que no sentía—. ¿Cómo era Dracule de joven? —se aventuró a preguntar—. Antes de su pleito con Akagami.
El rubio y descuidado sujeto lo miró extrañado—. Bueno... —balbuceó un poco mientras meditaba—. No era muy diferente a como es ahora —Law frunció el ceño, incrédulo—, quizá un poco menos cerrado —admitió—, más abierto a conversar y expresar sus emociones.
Law supo que sea lo que fuera que había pasado, no había sido fácil, él lo sabía. Miro a Cora comer por unos segundos, recordando cuando, al ser adolecente, le había dicho que estaba enamorado de él, que no quería que fuera su padre, sino algo más...
Evidentemente había sido rechazado. «—Eres un crio. No sabes lo que dices. Te hace falta madurar.» Las palabras de Cora aun resonaban en su cabeza, ahora que era mayor entendía porque lo habían rechazado, pero en aquel entonces no fue capaz de asimilarlo. Cambio. Se deshizo de sus historietas, sus videojuegos y figuras de colección. Se centró en sus estudios. Quiso mostrar madurez y... al cumplir veinte años sedujo a Doffy.
Pensó que era muy maduro de su parte involucrarse con alguien mayor, pensó que Cora se pondría celoso y lo buscaría, pensó que tenía todo el control de las circunstancias...
Cora se desmorono, se sintió culpable, y pensó que debió haberlo cuidado más. Se lo dijo aquello noche en la fiesta donde invitaron a Zoro, mientras lo arrastraba a su habitación luego de uno de sus habituales accidentes.
«—Perdóname, Law —había comenzado a llorar.
—Por rechazarme cuando tuviste la oportunidad de tenerme —le respondió él, haciendo su jugada, pensando que ese era el momento que tanto había anhelado.
—Por no haberte podido proteger de esto —respondió—, por dejar que Doffy te usara y que dejara que lo hicieran sus amigos. Por no haber sido un mejor padre para ti.
—No pasó nada que yo no quisiera.»
Pero el hombre había comenzado a llorar. Se rompió y lo rompió, porque una parte de él no disfrutaba esa extraña relación con Doffy, donde tenía que estar con otras personas y dejarse hacer para poder complacerlo.
Esa noche miró a Zoro con su novio, y fue con ellos porque quería demostrarse a sí mismo que aquella vida había sido su elección...
Todo fue tan diferente a como esperaba que fuera. Ellos eran diferentes, incluso su interacción con él era diferente, no le desagradaba en lo más mínimo, más bien le intrigaba, en especial cuando, pese a que todo aquello había empezado porque el menor de los tres le gustaba, empezó a querer hacerlo con el mayor, y los constantes rechazos lo desconcertaban aún más.
«—No es lo que acordamos él y yo.»
No entendía como, pese a que sabía que lo calentaba, no quería hacerlo con él. De algo estaba seguro, la relación de esos dos no se parecía a ninguna que hubiera visto antes.
Una semana más tarde…
Aquel día Zoro salió del trabajo un poco más tarde de lo normal. Estaba cansado, un poco fastidiado y aún tenía un montón de cosas por hacer. Mihawk le había llamado un par de veces las últimas dos horas, preguntándole si quería que pasara por él, pero prefirió pedir un taxi, al menos eso le dijo a su novio que haría, al menos esa era su intención al dejar el edificio aquella noche, así que encontrarse con el ojigris afuera no estaba realmente en sus planes—. Hola —lo saludo. Estaba recargado en su auto deportivo con una elegante chaqueta de color negro, las mangas recogidas y las manos en los bolsillos—. ¿Quieres que te lleve?
El joven disminuyo la velocidad y bajó lentamente las escaleras—. ¿Estas acosándome?
Law sonrió—. Podría decirte que no e inventarme una excusa —y se alzó de hombros—, pero la verdad tenía ganas de verte y llevo estacionado aquí poco más de dos horas.
Enarcó una ceja y suspiró cuando estuvo a su altura—. Eso es preocupante.
—Imagina que acabo de llegar por casualidad si te hace sentir mejor.
—Prefiero imaginar que no te he visto hoy y que no eres un jodido loco.
El ojigris se rio y lo vio alejarse—.Si fuera tu novio seguro estarías encantado.
Zoro se detuvo y lo miró confundido—. Él nunca viene sin avisar —estaba un poco desconcertado—, respeta mi espacio personal.
—Es una pena, me habría gustado verlo también.
El menor reprimió una mueca, sentir que Law estaba ahí porque quería ver a su novio y no a él le provoco una punzada en el pecho—. Sabes, tal vez si debas llevarme.
Mientras tanto…
Ese día había salido temprano de la oficina para pasar la tarde con su chico, por lo que saber que trabajaría hasta tarde no le había sentado muy bien, aun así en lugar de buscarle tres pies al gato, había optado por preparar una deliciosa cena con camarones.
Miró el reloj en cuanto terminó de cocinar. Sonrió y subió a darse una ducha, en cualquier momento Zoro llegaría y él, cual colegiada, esperaba que todo estuviera perfecto. A veces, cuando meditaba su comportamiento, se sentía un poco ridículo por las cosas que hacía, pero la mayor parte del tiempo no pensaba en ello.
Al mismo tiempo, afuera...
Law se estaciono frente a la cochera—. ¿Vives aquí?
— ¿Decepcionado?
El ojigris medito su respuesta—. Bueno, dado los círculos en los que Mihawk se mueve, supuse que tendría una mansión o algo así.
Zoro analizó aquella respuesta mientras bajaba del auto. Observó su casa y el auto compacto que compartían. Cuando conoció a Mihawk, este vivía en un departamento en el centro de la ciudad, y cuando se mudaron juntos y compraron aquella casa él era quien había escogido el vecindario y la vivienda—. Es un lugar muy confortable.
Law también había bajado del auto y estaba recargado en el sunroof de su vehículo—. Eso parece —asintió.
Aunque el tono del ojigris había sido neutro, Zoro se tomó aquello como algo personal—. ¿Quieres pasar a verlo?
Así que ahí estaban, en la sala de la casa sin decirse ni una palabra el uno al otro, contemplando el derredor por algunos minutos—. Mihawk debe estar arriba —murmuro mientras olía el fabuloso aroma de la cena.
Law observó la casa, era amplia, abierta y hogareña. La chimenea eléctrica le daba un toque aún más confortable. Inhaló el delicioso aroma a comida casera y contempló a Zoro mientras guardaba sus cosas en el armario bajo la escalera. Aquel no era su hogar, la cena no lo esperaba a él y Zoro no era su novio, pero aun así se sintió en casa. Caminó hasta el menor, abrazándolo por la cintura, desde la espalda, recostando la cabeza en su hombro e inhalando el aroma de su cuello. Olía delicioso—. ¿Quieres que subamos a buscarlo? —murmuró con voz sensual, dejando escapar su cálido aliento en la nuca del menor, haciéndolo estremecer.
Zoro cerró los ojos, disfrutando aquello por un segundo. Subir... la posibilidad no le parecía tan descabellada.
Una conocida y firme voz los sobresalto, al punto que se separaron cual adolecentes—. No hace falta que suban —Law miró escaleras arriba. Lo había visto en traje, lo había visto desnudo, pero nunca pensó que lo vería con unos pantalones deportivos y una sudadera. Había supuesto que gran parte de su atractivo se debía a su estilo, pero viéndolo ahí, en su casa, completamente cómodo, con el pelo húmedo y despeinado y vestido de aquel modo tan informal se daba cuenta que el estilo, el porte y la elegancia venían de él, no de la ropa. Lo saludo con un ademan y los observó darse un suave beso en las labios—. No me dijiste que traerías visitas —murmuró el mayor, a su novio, con suavidad. Tenía una ceja enarcada y una sonrisa cálida. Era raro.
Zoro suspiró y se alzó de hombros—. No lo planee —explicó—, y si te soy franco no estoy muy seguro de como sucedió.
El mayor amplió su sonrisa, y luego lo miró a él, sin cambiar de expresión, con la misma calidez—. ¿Te quedas a cenar, Trafalgar?
No pudo negarse, y siendo honesto consigo mismo, no quería hacerlo. Disfrutó cada bocado y halagó al chef. Rió con la anécdota de como cocinaba cuando recién se habían mudado juntos y compartió la velada como si su presencia ahí fuera natural. Hasta que Mihawk les sirvió el postre. Miró aquel suflé consiente que la velada estaba por terminar y concluyendo que su estancia ahí era mero capricho suyo, que seguramente aquel hombre solo lo había invitado por cortesía, esperando que dijera que no y se fuera. Pensó en decir que no e irse, pero la manera en que el mayor le había sonreído lo había desarmado por completo. Ahora estaba ahí, comiéndose un suflé que no había sido preparado para él mientras que los hombres frente a él compartían el otro.
Habían hablado de trabajo, de medicina, de nuevas vacunas, de clientes pesados... todas cosas triviales, todas conversaciones insignificantes... pero, por alguna razón sentía que había compartido con ellos más en esa velada de lo que habían compartido en la cama los últimos meses.
Se despidieron con alegre cordialidad, y se fue, preguntándose por qué se sentía tan ridículamente satisfecho aquella noche.
Había pasado un mes sin que fueran a ninguna de aquellas fiestas, aunque las invitaciones se habían duplicado y las llamadas a Mihawk pidiéndole que fuera eran muchas más, sin embargo, la situación entre los dos estaba cada día más extraña, en especial luego de la inesperada visita de Law a su domicilio.
Aquella noche, luego que el doctor se marchara, se habían liado con un frenesí loco, casi animal... no quería indagar la razón, porque una parte de él no estaba preparada para aquello, y el temor de perder a su amado lo paralizaba.
Ese día estaban en el supermercado haciendo las compras, no solían hacerlas juntos, pero por algún motivo llevaban todo el mes haciendo aquello, lo más seguro era que fuera él evitando el final, extendiendo el tiempo que tenían para estar juntos un poco más. Tenía miedo, pero externarlo solo lo hacía más real, y no estaba listo para eso.
Sintió un pequeño golpe en el hombro y giró la mirada—. ¿No estas escuchándome, verdad? —Miró a Zoro y se disculpó de inmediato. El joven suspiró—. Te estaba diciendo que ya llevó todo lo de mi lista, ¿vas a llevar alguna cosa más?
El mayor miró el carrito del súper casi vacío, y por un segundo se sintió estúpido por haber insistido en acompañarlo cuando solo necesitaba un par de cosas—. No —admitió—. No me hace falta nada más.
Zoro volvió a suspirar—. No sé porque insististe en venir, habría sido más rápido si venía solo —murmuró. No lo había dicho con malas intenciones, solo creía que habían perdido demasiado tiempo dando vueltas por el súper sin comprar nada más que las bebidas energéticas y las navajas de afeitar.
Mihawk sintió una punzada en el pecho, y lo aguantó lo mejor que pudo—. ¿Quieres ir a comer algo?
—No tengo ganas de ir a ninguno de esos restaurantes caros que te gustan —respondió un poco fastidiado—, pero si me apetece comer.
Acabaron comprando comida rápida en un pequeño puesto en el centro comercial.
Se subieron al auto y se ajustaron el cinturón de seguridad, Zoro colocó algunas cosas en la guantera y se topó con una invitación—. No me habías dicho de esto.
Mihawk apretó el volante—. Creo que he estado algo ocupado, supongo que lo olvide.
Zoro leyó la invitación en silencio— ¿Quieres ir?
—Solo si tú quieres.
Aquella noche habían llegado al penthouse de Crocodaile casi por inercia, habían saludado a todos y habían decidido ignorar las extrañas insinuaciones y comentarios inapropiados que algunas mujeres del lugar le habían soltado a Mihawk. El ambiente estaba raro, pero estaban tan absortos en sí mismos que acabaron ignorando todo al punto que a los presentes dejo de interesarles el asunto, sea cual fuera.
La última pareja junto a ellos era la de Iva e Ina, quienes estaban bebiendo un poco de ron a su lado—. Me alegra que no le estés dando importancia a los comentarios de los demás —le dijo Iva, a Mihawk, mientras se terminaba su bebida. El aludido la miró, levantando una ceja—, ya sabes, sobre tus preferencias y eso...
El de los ojos dorados sonrió con obviedad mientras negaba con la cabeza, como quien recién entiende todo—. Me sorprende que tú le estés dando importancia, Ivankov.
Ella rio—. Cuando quieres ser perverso nada te detiene, pero no reniego de mi antiguo yo —se alzó de hombros—. Siempre fui quien soy ahora, aunque me viera diferente.
Ina le sujeto el hombro y le invitó a retirarse, así que se despidieron entre un ambiente un poco peculiar—. ¿Qué quiso decir? —inquirió Zoro, en cuanto las mujeres se fueron.
—Ella solía ser él —respondió el mayor, alzándose de hombros con indiferencia.
Antes de que la sorpresa y la torpeza de Zoro le permitieran decir algo al respecto, Law apareció detrás de ellos—. Los echaba de menos —la piel del menor se erizo por completo cuando el tacto del ojigris le tocó la cintura—. Normalmente no dejan pasar tanto tiempo entre un evento y otro —meditó en voz alta, sobre el hombro de Zoro, mientras miraba a Mihawk—. ¿Está todo bien?
El mayor lo miró, y miró que su novio estaba nervioso y enrojecido, y no pudo evitar sonreír mientras asentía—. Tan bien como puede estar.
— ¿Qué tal si pedimos una botella a la habitación y nos ahorramos el preámbulo?
Law estaba acariciando a Zoro, oliendo su aroma y hablando con sensualidad contra su piel, sintiendo como se erizaban los vellos de su cuerpo, pero su mirada sensual y sugerente se la estaba dedicando al de los ojos dorados.
Mihawk miró de forma inquisitiva a su pareja. El peliverde tragó saliva y asintió, tratando de mantener la calma y que se notara lo menos posible como se había agitado su respiración.
Ni siquiera habían tocado aquella botella.
Law había besado a Zoro, Zoro había besado a Mihawk y habían acabado quitándose la ropa como desesperados antes de tumbarse en aquella cama.
Zoro estaba en medio, besando a uno y a otro, quienes, a su diestra y su siniestra, besaban su boca por turnos, su cuello, sus oídos, su pecho, su espalda... al tiempo que esos dos juegos de manos lo estaban enloqueciendo, tocando hasta el último rincón de su piel. La cabeza le estaba dando vueltas y el placer lo desbordaba.
Balbuceaba entre jadeos palabras entre cortadas y sin sentido—. Joder... — gimiendo desenfrenado.
Mihawk sentía que el corazón estaba por salírsele del pecho y que no podría aguantar más—. Voy a tomarte —murmuró contra su oído, entre jadeos, antes de apartarlo de Law y colocarlo sobre su cuerpo hundiendo su virilidad en él.
Zoro arqueó la espalda y gimoteó ante la estocada y la inusual posición. Él estaba sobre Mihawk, quien se encontraba recostado en la cama, pero era su espalda la que descansaba en el pecho del mayor.
El de los ojos dorados lo abrazaba y acariciaba sus pectorales y su abdomen mientras besaba, lamia y mordisqueaba su cuello entre frenéticas embestidas y jadeante respiración.
Zoro estaba tratando de acostumbrarse a la invasión para disfrutarla un poco más, todo había sido demasiado repentino. Tenía los ojos cerrados, pero los abrió cuando sintió un líquido frio resbalar por sus testículos hasta su entrada, donde el miembro de Mihawk comenzó a hundirse con más facilidad. Abrió los ojos para mirar como Law vaciaba una botella de lubricante, pero no podía hablar, de su boca solo salían palabras entre cortadas y jadeos. El ojigris se colocó sobre él y lo besó—. Yo también quiero entrar —jadeó contra sus labios.
Zoro estaba tan excitado que jadeó "si" más de una vez.
Mihawk subió un poco más sin salir de él, y echó el cuerpo del menor un poco hacia izquierda. Se miraron, se besaron y ambos abrieron las piernas para que se acomodara el doctor.
Law se lamió los labios y beso al de cabellos de olivo una vez más antes de comenzar aquella penetración. Zoro jadeó fuerte y maldijo entre gemidos mientras él entraba. El miembro de Mihawk no se movía mientras el otro se abría paso junta él en el interior de aquellas carnes. Zoro arqueaba la espalda, gemía y se retorcía repitiendo "joder" una y otra vez.
Law entró por completo y se quedó quieto un momento, Mihawk besó el hombre del menor—. ¿Quieres parar? —inquirió, pero él rehusó entre jadeos, enredando sus piernas en la cintura del doctor.
Ambos lo besaron en el cuello y se sonrieron antes de comenzar.
Zoro gemía al compás de sus estocadas, aferrándose con las piernas a uno y buscando con los brazos al otro. Su cuerpo estaba al límite, sus sentidos se desbordaban y el vaivén enloquecido aumentaba, y aumentaba... No podía... no paraban... ya no lo soportaba... cerró los ojos, soltó su cuerpo y explotó arqueando la espalda, mientras gritaba de placer y ambos hombres lo llenaban.
Se separaron, quedando los tres en la cama, con la cara al techo y la respiración agitada.
Law observó a Zoro, y sonrió—. Se quedó dormido —murmuró mientras acariciaba su cara—, como siempre —y luego le revolvía el cabello. El mayor ni siquiera se levantó de la cama, se sirvió una copa de aquel vino olvidado y se sentó en un sofá, echó la cabeza atrás mientras suspiraba—. No me digas que estás cansado, Mihawk —no era una pregunta, lo decía en tono burlón.
—Aunque no lo parezca, ya no soy un jovencito —admitió despreocupadamente, sin mirarlo.
—Algunas cosas son mejores con la edad.
Se miraron. La sonrisa sugerente del médico contrastaba con la expresión cálida del mayor—. No queremos tener esta conversación, Law.
El ojigris se sentó en la cama, frente a él, abrió las piernas, se echó un poco atrás y apoyo las manos en la cama sin terminar de acostarse—.Yo si quiero —dijo, enfatizando el "yo" —, y aunque no lo admitas, sé que tú también.
El ojimiel cerró los ojos y negó con la cabeza—. Las cosas están bien como están.
— Mírame —le pidió con suavidad—, y dime que no disfrutaste de sentir también mi piel —Mihawk lo miró de arriba abajo con expresión neutra pero no dijo nada. Law sonrió una vez más—. Somos tres en esta relación, y él debe entender eso —esta vez se refería a Zoro.
Antes de que el mayor pudiera responder nada, el aludido se retorció en la cama, despertando y bostezando con un león—. ¿Qué hora es? —murmuró tallándose los ojos. Los dos hombres desnudos junto a él tardaron algunos segundos en reaccionar —. ¿Pasa algo?
—No —le sonrió el mayor de todos—, son las once menos quince.
Los tres se vistieron en silencio. Aquello había sido nuevo y excitante, y a la vez aterrador.
Antes de salir de la habitación Law se estiró con parsimonia—. Bueno, supongo que es todo por hoy.
Mihawk se inclinó un poco, de forma educada, sin decir nada, a modo de despedida.
Zoro los miró por un momento. Ya no quería fingir que no escuchaba—. ¿Ustedes se gustan? —ambos lo miraron, sorprendidos, luego se vieron el uno al otro de pies a cabeza. Sin duda estaban pensando en qué responder. Si no le pareciera ridículo habría jurado que se estaban poniendo de acuerdo sobre qué decir, solo con mirarse.
Su novio fue el primero en hablar—. ¿A qué viene esa pregunta?
—Sé que se llevan bien —explicó—. Los he visto charlar y sonreírse... como si tuvieran un mundo juntos... —esto último lo dijo con un aire de desánimo en el rostro.
Los dos de cabello negro volvieron a mirarse—. ¿Por qué eso sería un problema? —habló Law esta vez—. Ambos somos atractivos y no estamos ciegos, además —miró al de los ojos dorados de manera seductora—, tenemos más cosas en común de las que pensábamos en un principio.
Zoro abrió la boca, iba a decir algo, pero la volvió a cerrar sin dejar escapar ni un sonido. Asintió con la cabeza, abrió la puerta de la habitación y se fue.
—Espero que te estés divirtiendo —gruñó el de los ojos de halcón antes de salir tras su chico.
Law reprimió una carcajada, pero no la sonrisa que se dibujó en su rostro cuando la puerta se cerró.
...
— ¡Hey, Mihi!
Nunca había maldecido tanto a Shanks como aquel día—. No tengo tiempo para esto —murmuró entre dientes.
El pelirrojo lo miró cuidadosamente antes de hacerse a un lado—. Mañana te llamó.
El de los ojos dorados se alejó a paso rápido.
— ¿Se lo dijiste? —la mujer de larga melena negra estaba parada detrás de él con los brazos en jarra.
—No —respondió sin mirarla.
Ella suspiró con fastidio—. ¡Trafalgar! —el ojigris estaba caminando del otro lado del salón. Se detuvo para mirar a la imponente mujer—. Si ya son exclusivos deberían comenzar a pensar en verse en un lugar diferente —el aludido se rascó la nuca mientras la miraba—. ¿O acaso planean invitar a alguien más?
El ojigris sabía que aquella era una pregunta retórica, pero sonrió con malicia y le mostro el dedo medio antes de añadir—. Si invitamos a alguien más, seguro que no serás tú.
...
Cuando el ascensor se abrió no esperaba verlo ahí —. ¿Cómo llegaste primero?
El pecho del hombre subía y bajaba por la agitación. Suspiro antes de responder—. Por las escaleras —su jadeante respiración lo confirmaba
Una risa nerviosa se escapó de los labios del menor—. ¿Bajaste veintidós pisos corriendo?
Mihawk volvió a suspirar, en un intento desesperado por recuperar el aliento—. Tenemos que hablar —dijo, aun con voz agitada.
Se veía desaliñado, su camisa estaba mal fajada, su cabello estaba alborotado y su rostro estaba rojo por el inesperado ejercicio—. Mihawk... —le acarició la cara. Sin duda cuando había subido aquel elevador estaba irritado, pero en ese instante no podía más que sentir ternura—. Vivimos juntos —le recordó—, pudiste haber hablado conmigo al llegar a casa.
El color carmesí en el rostro del hombre de ojos dorados se intensifico. Zoro tenía razón, en retrospectiva aquella carrera había sido una tontería, pero... —. No podía dejar que te fueras sin que habláramos primero —ya podía hablar con más fluidez.
La expresión del menor se volvió ambigua—. No tienes que explicarme nada.
Quiso acercarse a él—. Zoro...
El aludido echo un paso atrás para evitar que el mayor sujetara su hombro—. Sé que tienes más cosas en común con él que conmigo —un extraño pinchazo en el pecho lo atravesó—. Lo he visto.
—Compartimos algunos intereses —admitió —, tú eres uno de ellos —esta vez no intentó acercarse, el anterior rechazo del menor se había sentido como si algo en su interior comenzara a quebrarse—. Pero eso no significa...
—He escuchado como se te insinúa —lo interrumpió—. Sé que yo inicie esto —tuvo que parar para meditar lo que iba a decir, temía oírse estúpido. No era un crio y ya había terminado relaciones antes. Se irguió con suficiencia—. Al principio era divertido escucharte rechazarlo, pero poco a poco dejaste de decir que no y comenzaste a llevarte mejor con él, así que...
—Vas a ser un abnegado y te harás a un lado para que seamos felices —la irónica voz de Law los hizo mirarlo. Acababa de bajar del segundo elevador y estaba recargado en un pilar detrás de ellos. Había pensado que aquello iba a ser divertido, pero la actitud de Zoro le estaba resultando irritante, y la expresión devastada en los ojos del mayor lo hizo enfadar. Zoro abrió la boca, pero la volvió a cerrar sin decir nada—. ¿Entonces eso es todo? —inquirió. No había que ser un genio para saber que estaba molesto —. Al diablo el amor y todo al carajo.
El más joven volvió a erguirse y levantó el mentón con suficiencia—. Hay que saber cuándo sales sobrando —declaró—, y retirarte con dignidad.
Law negó con la cabeza, incrédulo—. De verdad eres un idiota —Miró a Mihawk, quien parecía que iba a desmoronarse de un momento a otro—. Cuando me dijiste que tenía que hacer las cosas a su ritmo no lo decías de broma —hizo que el ojidorado lo mirara. Le sonrió, aunque su mirada era triste, lo había hecho sonreír. Asintió.
El de cabello de olivo se dio la vuelta—. No voy a quedarme a oír como me insultan —murmuró, pero Law le sujeto de la muñeca y lo paró.
—Él está enamorado de ti —señaló al mayor con los ojos— y eres un idiota si no te das cuenta.
Zoro se zafó—. A él le gustas tú.
— ¡Y a ti también! —obvió—. ¿Qué de malo hay que a mí me gusten ambos —los ojos de Zoro se abrieron de asombro—, o que yo les guste a los dos?
Zoro vio la mirada desanimada del mayor, junto con su sonrisa de confirmación—. Es cierto que tú empezaste esto —habló con calma, despacio, esperando a ver como el joven iba reaccionando con cada palabra—, y es por eso que mi relación con Law ha estado en el límite de la cordialidad —esta vez miró al ojigris de reojo—. No debí corresponder sus coqueteos sin hablarlo primero contigo —«¿Es eso culpa?» Zoro lo miró sin decir nada—.Si quieres irte por eso, lo entiendo, pero debes saber... que te amo...
«¿Acaso su voz se quebró?»
Law lo soltó—. Ambos me gustan —anunció con simpleza—, y sé que les gusto a ambos —añadió con arrogancia—, pero no voy a ser el motivo del fin de su relación —miró a Mihawk y espero que comprendiera su disculpa. No iba a decirlo en voz alta—. El único que sobra aquí, idiota —miró a Zoro—, soy yo —suspiró y echó las manos en los bolsillos.
Law sintió como jalaban de su brazo cuando estaba a punto de irse—. Soy nuevo en esto —le miró con clara superioridad—, pero no soy idiota. Sé que lo que sientes por Mihawk no es simplemente atracción —Law parpadeó, confundido—. Vi cómo me miraste al llegar. Si Mihawk solo te gustara no te hubieras enfadado tanto.
El ojigris sonrió—. Él te ama a ti, idiota —repitió. No tenía pensado negar nada. Hasta ese día no se había dado cuenta que el hombre de los ojos ambarinos le importaba tanto.
—Tú serías una mejor pareja para él de lo que soy yo...
—Te digo que él te ama a ti, idiota.
El aludido comenzó a reírse sin poderlo evitar. ¿En qué momento él se había convertido en el problema? Estaba alagado de que aquellos atractivos jóvenes estuvieran peleando por quien era más digno de su amor, pero esa situación rayaba en lo ridículo.
—Bueno —refunfuñó el ojigris—, al menos te hemos hecho reír.
Zoro cruzó los brazos y apartó la mirada. Mihawk anuló la distancia que los dividía, sujetó el rostro del peliverde entre sus manos y lo giró hacia él con una cálida y reconfortante suavidad, para poder besarlo con ternura—. Te amo — le susurró mientras lo hacía descruzar los brazos gradualmente para tomar su mano—. Quiero estar siempre contigo —Law se dio la vuelta, pero antes de irse volvió a sentir como lo detenían—. No es un secreto que Law no me agradaba cuando se conocieron —ambos lo miraron—, no porque no me gustara —miró al ojigris—, sino porque temí —y luego miró al peliverde— que lo amaras más que a mí, y que eventualmente me dejaras por no poder adaptarte a este estilo de vida —Zoro no podía creer lo que estaba escuchando, pero antes de que pudiera cerrar la boca, que había abierto por el asombro, para comenzar a coordinar lo que iba a decir en objeción, el de los ojos de ave rapaz continuó—. Si, te enamoraste de él, y creo que aún no te das cuenta —los jóvenes se miraron, ambos tenían las mejillas coloradas—. Lo sé desde que trabajaron juntos —les sonrió con ternura—. Lo sé por cómo te ponías —le explicó—, y no hablo de que llegaras caliente cuando te veías con él. Hablo del día previo, cuando escogías cuidadosamente que camisa usar, cuando te levantabas dos horas antes para no llegar tarde por haberte desviado —le sonrió una vez más, quizá con más ternura que antes—, cuando planeabas que le dirías en la presentación, cuando nunca en la vida habías hecho algo así —el más joven podía sentir las orejas tan calientes por la vergüenza que casi podía jurar que le estaba saliendo vapor—. Zoro, te enamoraste de Law —aquella afirmación fue como una epifanía—, por eso deseabas estar con él, porque siendo como tú eres, jamás te habrías acostado con él si no lo amaras.
Law los observó. Escuchó aquello mientras sentía como su corazón se hinchaba y sus mejillas se ponían rojas, sabía lo que era gustarle a alguien al punto de vender su alma al diablo por acostarse con él, pero nunca hasta ese instante había sentido lo que era saberse amado... saberse... correspondido...
Miró a Mihawk y este simplemente asintió, sabía que a él no tenía que decírselo, acababa de darse cuenta pero—. También te amo desde entonces — murmuró en voz baja, sujetando la mano libre del menor y apretándola con fuerza—. Sabía que lo que sentía por ti era diferente desde el momento que me importo más como te sentías que mi propio placer, pero nunca había querido darle nombre a ese sentimiento porque ustedes... —apretó las manos de ambos. No sabía cómo decir aquello, no sabía cómo decirle que nunca había visto a nadie amarse como ellos y que lo que sentía por Zoro le impedía destruirlo, aunque eso significara su propia desdicha—. Lo que ustedes tienen es algo con lo que no podía ni soñar.
Así que si, siendo francos, la gente no va por la vida esperando enamorarse de dos personas, menos aún ser correspondido por ambos y acabar en una relación de Poliamor. Uno no planea esas cosas, y no espera que pasen cuando pasan.
Sin embargo, el amor es algo que hay que saber disfrutar con libertad.
Zoro y Law salieron del aeropuerto luego de despedir a Mihawk, tenía un viaje de negocios de dos días, así que, tal y como venían planeándolo desde hacía algún tiempo iban a salir solos por primera vez.
Law miró el ceño fruncido del peliverde y su inusual estado de meditación—. Si no te sientes cómodo podemos ir a casa y dejar la salida para otro día.
Zoro suspiró—. Ya les dije a los chicos que iríamos —la expresión de sorpresa de Law lo invitó a continuar—. Les explique un poco la situación. Están confundidos e intrigados y puede que sean algo pesados con el tema —volvió a suspirar—. Solo tenles paciencia, ¿vale?
Law parpadeó, estaba sorprendido, pero sonreía—. Creí que te preocupaba como lo tomarían.
El menor se alzó de hombros antes de subir al auto—. Al principio —admitió—, pero son mis amigos y siempre me van a apoyar, aunque a veces no entiendan un carajo.
Quizá en la vida a veces se complicaban un poco, puede que ellos terminaran siendo tres, pero en verdad estaban muy enamorados.
= Fin. =
