DISCLAIMER: Esta historia pertenece a la autora JENNIFER ASHLEY de la saga highlands pleasures III
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto ( esta es una adaptación a la pareja Sasusaku)Mi intención no es ofender a nadie, sólo quiero compartir y que la disfruten adaptada a esta pareja de personajes.
Escocia, Septiembre 1882
Vi a la Sra. Sarutobi deslizar esa carta en el bolsillo de Lord Sasuke. Lo hizo casi bajo mi nariz. Maldita mujer.
Sakura Haruno se puso de rodillas con su vestido de baile y metió los brazos
profundamente en el armario de Lord Sasuke Uchiha.
¿Por qué tenía que ser Sasuke Uchiha, de entre todos los demás? ¿Lo sabría la Sra. Sarutobi? El corazón de Sakura retumbó antes de que consiguiera
tranquilizarse. No, Kurenai Sarutobi no podía saberlo. Nadie podía. Sasuke no
debía habérselo dicho a nadie, porque el cuento habría vuelto hasta Sakura de nuevo, con una velocidad impresionante, era lo que tenían los chismes de sociedad. Por lo tanto, cabía pensar que Sasuke había mantenido la historia para sí mismo.
Sakura sólo se sintió ligeramente mejor al constatar que la carta de la Reina no estaba en los bolsillos de ninguno de los abrigos del vestidor.
En el armario, Sakura encontró camisas pulcramente dobladas, pañuelos para el cuello apilados en cajas, corbatas cuidadosamente separadas y envueltas con papel de seda. Rica batista y seda y el más suave lino, todas ellas costosas telas que delataban el gusto de un hombre rico. Ella palpó, dándose prisa, entre las prendas, pero en ninguna de ellas
encontró la carta metida descuidadamente en un bolsillo o caída entre las camisas en la estantería.
El ayuda de cámara probablemente habría inspeccionado los bolsillos de su señor y recogido cualquier papel extraño para devolvérselo a Lord Sasuke o para guardarlo en algún lugar. O puede que Sasuke ya la hubiera encontrado, y pensando que eran tonterías femeninas la hubiera quemado.
Sakura rezó rápido y con fervor pidiendo que simplemente la hubiera quemado. No es que tal cosa resolviera completamente el dilema de Sakura.
Kurenai, maldita mujer, tenía más cartas de la Reina, escondidas en algún lugar. La misión de Sakura era recuperarlas a toda costa.
El coste inmediato era el vestido de baile, de color gris paloma, de Sakura, el primer vestido nuevo que había tenido en años, que no era de negro luto. Sin mencionar el coste para sus rodillas, su espalda y su cordura.
Su cordura fue aún más perturbada por el sonido de la puerta abriéndose
detrás de ella. Sakura se impulsó rápidamente fuera del armario y se dio la vuelta, esperando encontrar a la ayuda de cámara, gitana y bastante aterradora, de Sasuke mirándola. En su lugar, la puerta estaba bloqueada por quien quiera que la había
empujado para abrirla, dándole a Sakura unos pocos segundos más para que le entrara el pánico.
Tenía que esconderse. ¿Pero dónde? La puerta del vestidor estaba al otro lado de la habitación, el armario detrás de ella estaba demasiado lleno para una mujer joven con un vestido de baile. ¿Bajo la cama? No, ella nunca conseguiría atravesar corriendo la alfombra y escabullirse debajo a tiempo. La ventana con su asiento estaba a dos pasos más allá.
Sakura se lanzó en picado hacia allí, recogiendo sus faldas debajo de ella y corriendo las cortinas para cerrarlas.
Justo a tiempo.
A través de una rendija en las cortinas, vio a Lord Sasuke entrando en la habitación con Kurenai, ex dama de honor de la Reina, colgando alrededor de su cuello.
La repentina quemazón en el corazón de Sakura la tomó por sorpresa. Ella
había sabido durante semanas que Kurenai había clavado sus garras en Sasuke Uchiha. ¿Por qué debería importarle a Sakura?
Kurenai era la clase de mujer que el señor Sasuke prefería: encantadora, experimentada, y no muy controlada por su marido. Asimismo Sasuke era del tipo que a Kurenai le gustaba: rico, guapo, y sin buscar una relación profunda.
Ellos se adaptaban bien mutuamente. ¿Qué tenía esto que ver con Sakura?
Aún así, un nudo se formó en su garganta cuando Lord Sasuke cerró la
puerta con una mano y la otra se deslizó por la pequeña espalda de Kurenai. Ella enrolló sus brazos alrededor de él, mientras que Sasuke se inclinaba hacia abajo y depositaba lentos besos por su cuello. Había deseo en ese abrazo, desvergonzado, inconfundible deseo.
Una vez, hace mucho tiempo, Sakura había sentido deseo por Sasuke Uchiha. Recordó una oleada calor suavizando su cuerpo, el punto ardiente donde la había besado. Habían pasado años, pero ella todavía recordada la impronta de su boca en sus labios, en su piel, sus manos tan hábiles.
Kurenai se fundió con Sasuke con un sonido hambriento, y Sakura puso sus
ojos en blanco. Ella sabía muy bien que el Sr. Sarutobi estaba todavía en los jardines, siguiendo la fiesta de la casa, en los jardines con los paseos iluminados por farolillos de papel bajo el cielo de la medianoche. Sakura sabía esto porque ella se había escapado de la fiesta mientras se trasladaban desde el Salón de baile a los jardines, para así poder buscar la habitación de Lord Sasuke.
Ellos no podían haberla dejado buscar en paz, ¿verdad? No, la pesada de
Kurenai no podía mantenerse lejos de su macho Uchiha y le había arrastrado
hasta aquí para tener un affaire. Vaca egoísta.
La chaqueta de Sasuke se deslizó hasta el suelo. El chaleco y la camisa
debajo de él marcaban los músculos endurecidos por años de montar y entrenar caballos. Lord Sasuke se movía con facilidad para ser un hombre tan grande, cómodo con su altura y su fuerza. Corría con la misma gracia, los caballos bajo él respondían a su toque más leve. Las damas respondían al mismo toque, ella tenía
razones para saberlo.
La profunda cicatriz en su mejilla hacía que algunos dijeran que su belleza estaba arruinada, pero Sakura discrepaba. La cicatriz nunca la había puesto nerviosa, pero su altura había dejado sin aliento a Sakura cuando Ino se le presentó, hace seis años, mientras su mano enguantada se tragaba la suya más pequeña.
Sasuke no parecía muy interesado en una vieja amiga de la vieja escuela de su cuñada, pero más tarde... Oh, aquel más tarde.
En este momento, la mirada de Sasuke estaba reservada para la belleza delgada y de pelo oscuro de Kurenai Sarutobi.
Sakura había llegado a saber que
Kurenai mantenía su pelo negro con la ayuda de un poco de tinte, pero Sakura
nunca lo diría. Ella no sería tan mezquina.
Otra cosa era si Ino y ella se echaban unas buenas risas sobre el tema, ¿qué daño había en eso?
El chaleco de Sasuke desapareció y, a continuación, su pañuelo, dando a
Sakura una vista excelente de su desnuda y húmeda garganta.
Ella miró hacia otro lado, con un dolor en su pecho. Preguntándose cuánto
tiempo tendría que esperar antes de intentar escapar seguramente una vez que la pareja estuviera en la cama estarían demasiado absortos el uno en el otro para notar que alguien se arrastraba hasta la puerta. Sakura soltó un largo suspiro, volviéndose más infeliz por momentos.
Cuando controló los nervios para volver a inspeccionar a través de las cortinas, el corpiño de Kurenai estaba abierto, revelando un bonito corsé sobre unas curvas generosas. Lord Sasuke se inclinó para besar el seno que rebosaba sobre el borde del corsé, y Kurenai gimió de placer.
A Sakura le llegó la visión de Lord Sasuke presionando sus labios en su seno. Recordó su aliento quemando su piel, sus manos en su espalda. Y su beso. Un profundo, caliente beso que había despertado cada uno de los deseos que Sakura alguna vez había tenido. Recordó la presión exacta del beso, la forma y el sabor de su boca, la rudeza de sus dedos en su piel. También recordó el latir desacompasado de su corazón cuando la miraba... y cuando miró a través de ella al día siguiente. Por su propia culpa.
Sakura había sido joven y se permitió a sí misma ser ingenua, y además había agravado el problema insultándole.
La mano de Kurenai estaba ahora bajo el kilt de Sasuke. Él se retiró un poco
para dejarla jugar, y el plaid fue moviéndose poco a poco hacia arriba. Los muslos fuertes de Sasuke quedaron a la vista y Sakura vio con sorpresa cómo las cicatrices le marcaban desde la parte posterior de sus rodillas a la curva de sus nalgas.
Eran profundas, como cuchilladas anudadas, producidas por viejas heridas que habían cerrado hacía mucho tiempo. Siguió las líneas de las cicatrices hacia arriba... y más arriba...
¡Cielos benditos!, Sakura no había visto eso... tan... No pudo detener el grito ahogado que se escapó de sus labios.
Kurenai levantó su cabeza.
—Querido, ¿has oído algo?
—No. Sasuke tenía una voz profunda, la palabra dicha ásperamente.
—Estoy segura de que escuché un ruido. ¿Serías un encanto y comprobarías esa ventana por mí?
Sakura se congeló.
—Maldita sea la ventana. Eso probablemente ha sido uno de los perros.
—Querido, por favoooor. Su tono mientras hacía pucheros fue realizado a la perfección.
Sasuke gruñó algo, y, a continuación, Sakura escuchó sus fuertes pisada.
Su corazón martilleaba. Había dos ventanas en la alcoba, una a cada lado de la cama. Las probabilidades eran dos a uno a que Lord Sasuke iría hacia la otra ventana.
Apuesta, como Gaara, el hermano menor de Sakura, diría. Si Sasuke
descorría la cortina y descubría a Sakura sentada allí, o si no lo haría.
A Gaara no le gustaban las apuestas. No tenían suficientes variables para ser interesantes, insistía. Eso era porque no era Gaara el que estaba apiñado en el asiento de una ventana a la espera de ser descubierto por Lord Sasuke y la mujer que estaba chantajeando a la Reina de Inglaterra.
Las grandes manos bronceadas de Lord Sasuke agarraron los bordes de las cortinas frente a Sakura y las separaron unos pocos centímetros.
Sakura elevó la vista hasta Sasuke, encontrando su mirada carbon por
primera vez en seis años. Él la contempló a ella plenamente, como un león en una cacería ojeando a una gacela, y la gacela en ella quería correr, correr, correr.
El desafiante marimacho de la Selecta Academia de la Señorita Pringle, sin
embargo ahora se había convertido en una dama noble a la espera de su
sentencia. El silencio se extendía. El gran cuerpo de Sasuke la ocultaba de la habitación detrás de él, pero podría fácilmente girar y descubrirla. Sasuke no le debía nada. Debía de conocer de sobra que ella se escondía en su alcoba a causa de otra intriga. Podía traicionar a Sakura, entregándosela a Kurenai, pensando que esto la serviría de escarmiento.
Detrás de Sasuke, Kurenai dijo,
— ¿Qué pasa, querido? Te sobresaltaste.
—Nada, dijo Sasuke. —Un ratón.
—No puedo soportar a los ratones. Mátalo, Sasuke.
Sasuke dejó su mirada enlazada con la de Sakura mientras ella luchaba para
respirar dentro de los cordones demasiado apretados de su corsé.
—Voy a dejarlo vivir, dijo. —Por ahora.
Sasuke corrió las cortinas cerrándolas, encerrando a Sakura de nuevo en su espacio de cristal y terciopelo.
—Deberíamos ir abajo.
— ¿Por qué? Acabamos de llegar.
—Vi a mucha gente volviendo a la casa, incluyendo a tu marido. Iremos abajo por separado. No quiero avergonzar ni a Hinata ni a Ino.
—Oh, muy bien.
Kurenai no parecía demasiado disgustada, entonces eso significaba que probablemente asumía que podría escaparse con su lord Uchiha en cualquier momento en el que quisiera disfrutar de sus caricias.
Por un momento, Sakura experimentó una profunda y desgarradora envidia.
Los dos permanecieron en silencio, sin duda colocándose la ropa, y luego
Kurenai dijo: —Hablaré contigo más tarde, querido.
Sakura escuchó la puerta abrirse, más conversaciones apagadas, y a continuación cerrarse, y todo quedó en silencio. Ella esperó unos minutos más con su corazón golpeando para asegurarse de que se hubieran ido, antes de abrir las cortinas y de levantarse del asiento de la ventana.
Atravesó la habitación y alcanzó el pomo de la puerta cuando escuchó aclarase una garganta detrás de ella.
Lentamente, Sakura se giró. Lord Sasuke Uchiha permanecía de pie en el medio de la habitación en mangas de camisa y kilt, su mirada oscura una vez más dejándola clavada en el lugar. Él sostenía una llave con sus grandes dedos.
—Así que dígame, Sra. Haruno, dijo, su voz grave fluyendo sobre ella. — ¿Qué
diablos está haciendo en mi alcoba... esta vez?
Esta historia pertenece a la autora Jennifer Ashley
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
DISCLAIMER: Esta historia pertenece a la autora JENNIFER ASHLEY de la saga highlands pleasures III
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto ( esta es una adaptación a la pareja Sasusaku)Mi intención no es ofender a nadie, sólo quiero compartir y que la disfruten adaptada a esta pareja de personajes.
Escocia, Septiembre 1882
Vi a la Sra. Sarutobi deslizar esa carta en el bolsillo de Lord Sasuke. Lo hizo casi bajo mi nariz. Maldita mujer.
Sakura Haruno se puso de rodillas con su vestido de baile y metió los brazos
profundamente en el armario de Lord Sasuke Uchiha.
¿Por qué tenía que ser Sasuke Uchiha, de entre todos los demás? ¿Lo sabría la Sra. Sarutobi? El corazón de Sakura retumbó antes de que consiguiera
tranquilizarse. No, Kurenai Sarutobi no podía saberlo. Nadie podía. Sasuke no
debía habérselo dicho a nadie, porque el cuento habría vuelto hasta Sakura de nuevo, con una velocidad impresionante, era lo que tenían los chismes de sociedad. Por lo tanto, cabía pensar que Sasuke había mantenido la historia para sí mismo.
Sakura sólo se sintió ligeramente mejor al constatar que la carta de la Reina no estaba en los bolsillos de ninguno de los abrigos del vestidor.
En el armario, Sakura encontró camisas pulcramente dobladas, pañuelos para el cuello apilados en cajas, corbatas cuidadosamente separadas y envueltas con papel de seda. Rica batista y seda y el más suave lino, todas ellas costosas telas que delataban el gusto de un hombre rico. Ella palpó, dándose prisa, entre las prendas, pero en ninguna de ellas
encontró la carta metida descuidadamente en un bolsillo o caída entre las camisas en la estantería.
El ayuda de cámara probablemente habría inspeccionado los bolsillos de su señor y recogido cualquier papel extraño para devolvérselo a Lord Sasuke o para guardarlo en algún lugar. O puede que Sasuke ya la hubiera encontrado, y pensando que eran tonterías femeninas la hubiera quemado.
Sakura rezó rápido y con fervor pidiendo que simplemente la hubiera quemado. No es que tal cosa resolviera completamente el dilema de Sakura.
Kurenai, maldita mujer, tenía más cartas de la Reina, escondidas en algún lugar. La misión de Sakura era recuperarlas a toda costa.
El coste inmediato era el vestido de baile, de color gris paloma, de Sakura, el primer vestido nuevo que había tenido en años, que no era de negro luto. Sin mencionar el coste para sus rodillas, su espalda y su cordura.
Su cordura fue aún más perturbada por el sonido de la puerta abriéndose
detrás de ella. Sakura se impulsó rápidamente fuera del armario y se dio la vuelta, esperando encontrar a la ayuda de cámara, gitana y bastante aterradora, de Sasuke mirándola. En su lugar, la puerta estaba bloqueada por quien quiera que la había
empujado para abrirla, dándole a Sakura unos pocos segundos más para que le entrara el pánico.
Tenía que esconderse. ¿Pero dónde? La puerta del vestidor estaba al otro lado de la habitación, el armario detrás de ella estaba demasiado lleno para una mujer joven con un vestido de baile. ¿Bajo la cama? No, ella nunca conseguiría atravesar corriendo la alfombra y escabullirse debajo a tiempo. La ventana con su asiento estaba a dos pasos más allá.
Sakura se lanzó en picado hacia allí, recogiendo sus faldas debajo de ella y corriendo las cortinas para cerrarlas.
Justo a tiempo.
A través de una rendija en las cortinas, vio a Lord Sasuke entrando en la habitación con Kurenai, ex dama de honor de la Reina, colgando alrededor de su cuello.
La repentina quemazón en el corazón de Sakura la tomó por sorpresa. Ella
había sabido durante semanas que Kurenai había clavado sus garras en Sasuke Uchiha. ¿Por qué debería importarle a Sakura?
Kurenai era la clase de mujer que el señor Sasuke prefería: encantadora, experimentada, y no muy controlada por su marido. Asimismo Sasuke era del tipo que a Kurenai le gustaba: rico, guapo, y sin buscar una relación profunda.
Ellos se adaptaban bien mutuamente. ¿Qué tenía esto que ver con Sakura?
Aún así, un nudo se formó en su garganta cuando Lord Sasuke cerró la
puerta con una mano y la otra se deslizó por la pequeña espalda de Kurenai. Ella enrolló sus brazos alrededor de él, mientras que Sasuke se inclinaba hacia abajo y depositaba lentos besos por su cuello. Había deseo en ese abrazo, desvergonzado, inconfundible deseo.
Una vez, hace mucho tiempo, Sakura había sentido deseo por Sasuke Uchiha. Recordó una oleada calor suavizando su cuerpo, el punto ardiente donde la había besado. Habían pasado años, pero ella todavía recordada la impronta de su boca en sus labios, en su piel, sus manos tan hábiles.
Kurenai se fundió con Sasuke con un sonido hambriento, y Sakura puso sus
ojos en blanco. Ella sabía muy bien que el Sr. Sarutobi estaba todavía en los jardines, siguiendo la fiesta de la casa, en los jardines con los paseos iluminados por farolillos de papel bajo el cielo de la medianoche. Sakura sabía esto porque ella se había escapado de la fiesta mientras se trasladaban desde el Salón de baile a los jardines, para así poder buscar la habitación de Lord Sasuke.
Ellos no podían haberla dejado buscar en paz, ¿verdad? No, la pesada de
Kurenai no podía mantenerse lejos de su macho Uchiha y le había arrastrado
hasta aquí para tener un affaire. Vaca egoísta.
La chaqueta de Sasuke se deslizó hasta el suelo. El chaleco y la camisa
debajo de él marcaban los músculos endurecidos por años de montar y entrenar caballos. Lord Sasuke se movía con facilidad para ser un hombre tan grande, cómodo con su altura y su fuerza. Corría con la misma gracia, los caballos bajo él respondían a su toque más leve. Las damas respondían al mismo toque, ella tenía
razones para saberlo.
La profunda cicatriz en su mejilla hacía que algunos dijeran que su belleza estaba arruinada, pero Sakura discrepaba. La cicatriz nunca la había puesto nerviosa, pero su altura había dejado sin aliento a Sakura cuando Ino se le presentó, hace seis años, mientras su mano enguantada se tragaba la suya más pequeña.
Sasuke no parecía muy interesado en una vieja amiga de la vieja escuela de su cuñada, pero más tarde... Oh, aquel más tarde.
En este momento, la mirada de Sasuke estaba reservada para la belleza delgada y de pelo oscuro de Kurenai Sarutobi.
Sakura había llegado a saber que
Kurenai mantenía su pelo negro con la ayuda de un poco de tinte, pero Sakura
nunca lo diría. Ella no sería tan mezquina.
Otra cosa era si Ino y ella se echaban unas buenas risas sobre el tema, ¿qué daño había en eso?
El chaleco de Sasuke desapareció y, a continuación, su pañuelo, dando a
Sakura una vista excelente de su desnuda y húmeda garganta.
Ella miró hacia otro lado, con un dolor en su pecho. Preguntándose cuánto
tiempo tendría que esperar antes de intentar escapar seguramente una vez que la pareja estuviera en la cama estarían demasiado absortos el uno en el otro para notar que alguien se arrastraba hasta la puerta. Sakura soltó un largo suspiro, volviéndose más infeliz por momentos.
Cuando controló los nervios para volver a inspeccionar a través de las cortinas, el corpiño de Kurenai estaba abierto, revelando un bonito corsé sobre unas curvas generosas. Lord Sasuke se inclinó para besar el seno que rebosaba sobre el borde del corsé, y Kurenai gimió de placer.
A Sakura le llegó la visión de Lord Sasuke presionando sus labios en su seno. Recordó su aliento quemando su piel, sus manos en su espalda. Y su beso. Un profundo, caliente beso que había despertado cada uno de los deseos que Sakura alguna vez había tenido. Recordó la presión exacta del beso, la forma y el sabor de su boca, la rudeza de sus dedos en su piel. También recordó el latir desacompasado de su corazón cuando la miraba... y cuando miró a través de ella al día siguiente. Por su propia culpa.
Sakura había sido joven y se permitió a sí misma ser ingenua, y además había agravado el problema insultándole.
La mano de Kurenai estaba ahora bajo el kilt de Sasuke. Él se retiró un poco
para dejarla jugar, y el plaid fue moviéndose poco a poco hacia arriba. Los muslos fuertes de Sasuke quedaron a la vista y Sakura vio con sorpresa cómo las cicatrices le marcaban desde la parte posterior de sus rodillas a la curva de sus nalgas.
Eran profundas, como cuchilladas anudadas, producidas por viejas heridas que habían cerrado hacía mucho tiempo. Siguió las líneas de las cicatrices hacia arriba... y más arriba...
¡Cielos benditos!, Sakura no había visto eso... tan... No pudo detener el grito ahogado que se escapó de sus labios.
Kurenai levantó su cabeza.
—Querido, ¿has oído algo?
—No. Sasuke tenía una voz profunda, la palabra dicha ásperamente.
—Estoy segura de que escuché un ruido. ¿Serías un encanto y comprobarías esa ventana por mí?
Sakura se congeló.
—Maldita sea la ventana. Eso probablemente ha sido uno de los perros.
—Querido, por favoooor. Su tono mientras hacía pucheros fue realizado a la perfección.
Sasuke gruñó algo, y, a continuación, Sakura escuchó sus fuertes pisada.
Su corazón martilleaba. Había dos ventanas en la alcoba, una a cada lado de la cama. Las probabilidades eran dos a uno a que Lord Sasuke iría hacia la otra ventana.
Apuesta, como Gaara, el hermano menor de Sakura, diría. Si Sasuke
descorría la cortina y descubría a Sakura sentada allí, o si no lo haría.
A Gaara no le gustaban las apuestas. No tenían suficientes variables para ser interesantes, insistía. Eso era porque no era Gaara el que estaba apiñado en el asiento de una ventana a la espera de ser descubierto por Lord Sasuke y la mujer que estaba chantajeando a la Reina de Inglaterra.
Las grandes manos bronceadas de Lord Sasuke agarraron los bordes de las cortinas frente a Sakura y las separaron unos pocos centímetros.
Sakura elevó la vista hasta Sasuke, encontrando su mirada carbon por
primera vez en seis años. Él la contempló a ella plenamente, como un león en una cacería ojeando a una gacela, y la gacela en ella quería correr, correr, correr.
El desafiante marimacho de la Selecta Academia de la Señorita Pringle, sin
embargo ahora se había convertido en una dama noble a la espera de su
sentencia. El silencio se extendía. El gran cuerpo de Sasuke la ocultaba de la habitación detrás de él, pero podría fácilmente girar y descubrirla. Sasuke no le debía nada. Debía de conocer de sobra que ella se escondía en su alcoba a causa de otra intriga. Podía traicionar a Sakura, entregándosela a Kurenai, pensando que esto la serviría de escarmiento.
Detrás de Sasuke, Kurenai dijo,
— ¿Qué pasa, querido? Te sobresaltaste.
—Nada, dijo Sasuke. —Un ratón.
—No puedo soportar a los ratones. Mátalo, Sasuke.
Sasuke dejó su mirada enlazada con la de Sakura mientras ella luchaba para
respirar dentro de los cordones demasiado apretados de su corsé.
—Voy a dejarlo vivir, dijo. —Por ahora.
Sasuke corrió las cortinas cerrándolas, encerrando a Sakura de nuevo en su espacio de cristal y terciopelo.
—Deberíamos ir abajo.
— ¿Por qué? Acabamos de llegar.
—Vi a mucha gente volviendo a la casa, incluyendo a tu marido. Iremos abajo por separado. No quiero avergonzar ni a Hinata ni a Ino.
—Oh, muy bien.
Kurenai no parecía demasiado disgustada, entonces eso significaba que probablemente asumía que podría escaparse con su lord Uchiha en cualquier momento en el que quisiera disfrutar de sus caricias.
Por un momento, Sakura experimentó una profunda y desgarradora envidia.
Los dos permanecieron en silencio, sin duda colocándose la ropa, y luego
Kurenai dijo: —Hablaré contigo más tarde, querido.
Sakura escuchó la puerta abrirse, más conversaciones apagadas, y a continuación cerrarse, y todo quedó en silencio. Ella esperó unos minutos más con su corazón golpeando para asegurarse de que se hubieran ido, antes de abrir las cortinas y de levantarse del asiento de la ventana.
Atravesó la habitación y alcanzó el pomo de la puerta cuando escuchó aclarase una garganta detrás de ella.
Lentamente, Sakura se giró. Lord Sasuke Uchiha permanecía de pie en el medio de la habitación en mangas de camisa y kilt, su mirada oscura una vez más dejándola clavada en el lugar. Él sostenía una llave con sus grandes dedos.
—Así que dígame, Sra. Haruno, dijo, su voz grave fluyendo sobre ella. — ¿Qué
diablos está haciendo en mi alcoba... esta vez?
Esta historia pertenece a la autora Jennifer Ashley
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
