Como esta es una historia de cambio de género les presentaré los nombres cambiados de los personajes para que no haya confusiones:

-Drina (Dib).

-Zin (Zim).

-Gregory (Gretchen).

Con eso claro, empecemos.

Invader Zim pertenece a Jhonen Vásquez. La historia es mía.


Zin tenía la sensación de que cometió un terrible error, aunque jamás lo fuera a admitir.

Esto tenía una explicación muy simple, todo era culpa de Drina.

Zin se explica.

Hace tres años, tres años de rivalidad y odio, tres años de enloquecida diversión. Se fueron al caño cuando su némesis, de todo el periodo escolar, renunció a lo paranormal. Otra vez. La muy cobarde se había rendido con ella, sólo para unírsele a su madre en Los Laboratorios Membrana.

Justo como cuando eran niñas.

Sólo que esta vez… era en serio.

Drina no volvió, no importa que tanto la tentó, fastidio o humilló. Esta vez, la fea terrícola no dio vuelta atrás en su dirección, no rogo su regreso o invadió su base. Finalmente años de este juego interminable habían llegado a su fin.

Y Zin se deprimió.

Se revolcó en la inmundicia y la autocompasión durante días, casi perdiendo su ágil figura, de no ser por la llamada de atención que recibió de Giri. Sobre algo de comprar comida. Ella aún seguiría sentada frente al televisor echándose a perder.

No tenía mucho sentido conquistar la Tierra si no había nadie a quien restregárselo.

Sin nadie a quien decirle: "¡Ja! ¡En tu cara apestoso terrícola! ¡Zin ha ganado! ¡Arrodíllate ante tu nueva Ama y Señora por toda la Eternidad!"

Zin ya no podía reunir el entusiasmo suficiente para dominar este patético planeta, había perdido su motivación.

Hasta que noto al chico de mirada miedosa y dientes grandes en el supermercado. Le dio su lugar en la fila, obviamente la había reconocido, aunque Zin todavía no lo ubicaba a él y solo tomo el lugar. Era una fila muy larga y Zin estaba impaciente por regresar a la base, pero le dio otra mirada desganada mientras este se alejaba, solo por simple aburrimiento.

Su PAK finalmente registro en donde había conocido a este insignificante individuo.

Él se llamaba Gregory, actualmente con 18 años, había sido su compañero de clases en Skool y había estado enamorado de la andrajosa cabezota de Drina durante toda la secundaria. Aunque Zin le importaba tres bledos la morbosamente vida amorosa de los seres humanos, sabía que este chico jamás se presentó ante ella como el cerdo amoroso de su némesis.

Y eso era muy simple de explicar, fue rechazado.

O al menos lo hubiera sido si la apestosa Drina le hubiera dado la oportunidad de confesarse, pero Zin le era más importante en ese momento. Lo cual en cierto modo era lo mismo. La breve diversión de ver el corazón desconsolado de este insignificante ser le dio los ánimos para acercársele y razonablemente gritarle un saludo.

Ahora Zin tenía un plan.

Un magnífico plan.

Puede que Zin jamás recuperara la legendaria rivalidad que tuvo con esa apestosa gusana, pero al menos ahora tendría la oportunidad de generar un odio y desesperación tal que la impulsaría a continuar con la dominación mundial de este apestoso planeta.

¡Sí! ¡Zin era una genio!

Zin sabía que el amor entre los sucios terrícolas era tanto asqueroso como doloroso, podía dar testimonio de eso, y nada era más insuperable y desgarrador que ser traicionado por su ser más querido. Sería la maldad más grande que Zin se le hubiera ocurrido hacer.

Y sería mucho mejor al estar utilizando a este humano dentón, incluso Drina podría volver. Era el plan perfecto.

Zin sólo tendría que encantarlo, enamorarlo suciamente, hasta que besase el suelo bajo sus pies. Fácil. Y luego romperle el corazón al volverse contra él y toda la humanidad.

La desesperación futura estaba emocionado a Zin, sería su plan maestro.

Y así empezó la ansiosa carrera de cortejar a ese chico, una carrera que al parecer era muy tediosa, más porque ese apestoso dentudo rehuía de los increíbles avances de Zin. Estaba indignada.

¡Debería sentirse afortunado de que una raza superior le de tanta atención! ¡Ni siquiera aceptó sus costosos dulces o extravagantes regalos! ¡Zin lo odiaba!

Pero aunque Zin estaba cerca de lanzarle basura a su horrible cara se aguantó, insufriblemente, la indignación. Al menos hasta que encontrará a otro posible apestoso humano para cumplir con sus planes. Zin solo se detendría con el dentudo si sus avances no mostrarán el resultado esperado.

Estaba cerca de rendirse.

¡Pero Zin nunca se rendiría contra un apestoso humano!

Y eso fue lo que Zin pensó, sólo cuando noto que el bobo dentudo le empezaba a devolver los gestos. Zin sonrío victoriosa.

¡Victoria para Zin!

La manera en la que los humanos demostraban sus sentimientos era menos evidente de que lo que Zin esperaba. No le lanzaban filetes de carne podrida en la cara o le lanzaban globos de agua en su dirección en nombre del apestoso amor.

Gregory, su ahora puerco amoroso, era tímido. Casi delicado.

Zin no registro que sus salidas, sus autoproclamadas "citas", iban desde la parte pública a la parte desolada. No se dio cuenta de que le avergonzada a su humano hasta que la escondió tras su chaqueta cuando se encontraron con algunos de sus amigos, por casualidad.

Zin estaba fúrica.

¡Se supone que los apestosos monos sin pelo presumían de sus increíbles parejas! ¡Y Zin era la más increíble de todas!

Le hizo una escena en público, frente a toda esa gente ignorante, gritando reclamos y amenazando con cortarlo si seguía con sus ridículas excusas de que sólo quería verla sin nadie conocido. Estaba furiosa porque su plan estaba arruinado. ¡Había sido humillada!

Había gastado su tiempo en esa escoria humana...

Entonces Gregory se arrodilló y se disculpó sinceramente frente a ella. Frente a todos.

-¡Lo siento, Zin! ¡lo siento! ¡No tengo excusas!

Zin no dejó de gritarle, pero al menos el tema de la vergüenza de su cobarde cerdo amoroso se resolvió, su relación se volvió más formal a los ojos de los demás. Y Gregory se volvió más sumiso a sus exigencias.

Zin sonrío orgullosa por este cambio.

El amor era algo poderoso.

Mientras fuera algo que ella quisiera, Gregory lo haría, incluso lo hizo ayudarla con recoger materiales para su malvado plan. Se rio para sí misma por horas.

El hacerlo trabajar para la destrucción de si propio planeta, por amor, iba a generar la desesperación que Zin anhelaba ver. Todo estaba saliendo tan bien.

Sólo tenía que soportar sus apestosos sentimientos un poco más.

Y la Tierra caería ante su increíble poder.

Drina se arrepentiría de haberla dejado sola.

¡¿Quién ríe ahora, Drina?! ¡Zin gana!

Pensó Zin con una sonrisa engreída, mientras Gregory la tomaba de la mano, mientras daban un paseo por el parque. Habría un hermoso espectáculo de luces esa noche.

Él la miraba con ternura, Zin pensó que admiraba su superioridad. Eso sólo la hizo sonreír más.

Así que no noto cuando tímidamente desvío la mirada de ella con un fuerte sonrojo sobre sus mejillas, ni sintió como su mano era apretaba suavemente entre sus dedos. Estaba demasiado ensimismada en sí misma como para notar que el corazón de su humano empezaba a latir fuertemente.

Y que tal vez ese sentimiento que había generado en él, estaba creciendo mucho más allá de lo que había planeado.

Gregory había mantenido una distancia corporal que Zin no se molestó en corregir. No le importaba que eso fuera un mensaje indirecto de que te aceptaban y esperaban estar más cerca. Mientras se quedará a su lado sujetando sólo sus pinzas, sobre el guante, podía darse por satisfecha.

Ya tenía su corazón entre sus garras y Zin no aspiro a nada más. Quizá porque no sabía que más se podía conseguir, además de su ciega lealtad.

Pero al parecer el dentudo estaba mostrando, sutilmente, sus deseos de acercarse más a Zin. Otra cosa que ella tampoco noto o le importó.

Apoyarse en su brazo mientras veía una apestosa película o sentarse sobre su regazo, como si fuera un trono, mientras platicaba sobre su más grandioso plan. No la habían alarmado.

Sobre todo porque este no tomaba en serio lo de su plan de conquistar el mundo. Incluso le dijo que le parecía lindo que aún mantuviera esas ideas.

Que iluso. Pensó Zin con burla.

Lo que si le llamo la atención, era lo descarado que su cerdo amoroso se estaba volviendo, empezó a inquietarse ante sus intentos de reclamarle un beso. Y finalmente empezó a sentir que las cosas se estaban saliendo de su control.

Solo había una cosa en este apestoso planeta que era letal para ella. El agua.

Y los humanos estaban hechos de ella.

Así que los besos estaban fuera de discusión para Zin. No importaban que fueran castos, siempre algo de su sucia saliva estaría allí, le irritaría la piel y la haría gritar. Y chillar del dolor.

Aunque su humano interpretó sus reacciones de manera muy distinta.

-Jamás pensé que esto pudiera ponerte tan tímida -la tenía abrazada sobre su regazo otra vez, lo sintió sonreír sobre su hombro- esto es tan lindo.

Zin lo arañaba y lo alejaba. La mayoría de los casos Gregory lo tomaría con buen humor y retrocedía mientras se disculpaba. Quedaba alerta un día o dos antes de relajarse y volver a la rutina de pretender ser la mejor novia del mundo.

Y luego volvía atacarla con besos, en la menor oportunidad.

Era una pesadilla.

Y era peor cuando estaban solos, al menos en la base de Zin, tenía a Giri para mantenerlo tranquilo, pero cuando iban a su casa la situación cambiaba. Según Zin, era cuando el posesivo deseo de conquista del dentudo se activaba.

Los besos venían en el mismo orden, desde las puntas de sus pinzas o la cima de su cabeza, encima de la peluca, mientras le hablaba ociosamente de su día. Dándole algún tipo de distracción mientras la atacaba con toneladas de peligroso amor salival.

Zin ya no podía bajar la guardia con él. Al menos aún la obedecía cuando su lengua salía y el insoportable dolor atacaba sus sentidos. Dio gracias a Irk por eso.

Aunque eso estaba entristeciendo a su humano y provocaba una pequeña discordia en su perfecto plan.

Parecía ser que las relaciones humanas no sobrevivían sin el contacto humano, esto incluía los besos, de repente su plan maestro estaba en peligro de arruinarse. Zin maldijo al corazón humano. Maldijo los apestosos deseos de esa raza inferior.

Pero aún tenía que continuar, su plan estaba en marcha, estaba tan cerca de lograr la conquista mundial. Sólo tenía que resistir un poco más.

Así que Zin apretó los dientes y soportó el dolor.

Los besos se convirtieron en su nuevo peor enemigo.

Gregory estaba encantado con el permiso de Zin para continuar, beso sus mejillas y sus párpados con cariño. La expresión de la pequeña chica verde era de puro nerviosismo, quería relajarla, no iba a ir tan lejos.

Al menos no hoy.

Es que ella era tan linda.

Cuando se volvieron a encontrar en ese supermercado, nunca pensó que terminarían así, en una relación de pareja. Compartiendo su tiempo juntos entre citas y charlas sin sentido.

Se enamoró de la manera en la que intentaba ganarlo, aunque al inicio se encontró incómodo y con pánico cuando se dio cuenta de sus intenciones. Pero con el tiempo sintió que los sentimientos de Zin hacia a él eran sinceros e increíblemente directos.

Eso lo ganó.

El tiempo con ella hizo lo suyo y la imagen que tenía de Zin desde la escuela cambio a otra cosa. Algo más real y bonito.

Se fue enamorando suavemente.

Zin era fuerte, segura y nunca se iba por las ramas. Siempre decía lo que pensaba, aunque fuera tonto. Amaba la manera en la que lo presumía frente a extraños y se enorgullecía de él. Siempre mantenía un constante reconocimiento sobre su existencia. Como si fuera lo más importante para ella.

Se sintió bien ser correspondido por primera vez.

Su primer amor termino patéticamente sin haberse declarado jamás. No es que ahora lo lamentara.

Le gustaba Zin. Por Dios.

Le gustaba mucho.

Le gustaba tenerla entre sus brazos, era tan pequeña, aunque cuidaba mucho no decirlo en voz alta. Eso la enojada. Pero incluso ese rasgo le parecía lindo.

Era linda y verde. Como una manzana.

Tan dulce.

Quería besarla todo el día.

Aunque era una pena que eso la pusiera nerviosa, la ponía rígida y a veces temblorosa. Eso no estaba bien, aunque en lo profundo de su mente le parecía atractivo cuando chillaba y temblaba. Le daba un estímulo para molestarla más, quizá con la esperanza de que chillara su nombre.

Pero tenía la suficiente caballerosidad para detenerse cuando se lo pedía, cuando se lo gritaba, la dejaba calmarse hasta que encontrar otra oportunidad. Quería tanto que lo aceptará, que lo buscara, que lo abrazara y que le besara con el mismo entusiasmo.

Ese era su sueño.

Y estaba tan frustrado cuando ella lo alejaba. Sólo podía suspirar y detenerse.

Pero fue paciente.

Y su paciencia fue recompensada por Zin.

Eso fue lo que pensó cuando beso sus labios y ella abrazo sus hombros y le rasguño la nuca. Sonrío en su corazón.

Finalmente estaba sucediendo.

Zin se estaba muriendo.

Ese desgraciado puerco humano le metió la lengua.

Toda su boca estaba ardiendo, estaba tirando su camisa, tratando de hacerle daño. Pero parecía que eso sólo lo animaba aferrarse más a Zin. Se lamentaba el haberle permitido besarla.

Esto era ácido para su cuerpo y Gregory no dejaba de dárselo.

Le dolía la lengua, la cara, el cuello y sentía como sus manos estaban tocando sus piernas sobre su pantalón. Y algo de eso finalmente se registró en su PAK. Porque lo siguiente que quiso hacer fue patear a ese apestoso humano y alejar esas sucias manos.

Y luego Gregory se separó de Zin, la miro con esos ojos nublados, cargados de fuertes emociones. Su squeedlyspooch salto.

La miro con tanta adoración que casi la hizo tragarse la lengua junto con todas las maldiciones.

-Zin –le sonrío tímidamente, lo que le dio una apariencia tan… domable- yo… –susurro sin aliento, debido a los besos- me gustas mucho.

Zin sonrío por costumbre.

-Zin ya lo sabe, apestoso puerco amoroso.

Gregory se río suavemente y beso su cuello. Provocando algo por primera vez en Zin. Sus mejillas enrojecieron.

-Me gustas, me gustas -susurro dulcemente Gregory. En cada beso.– me gustas mucho.

Le sintió pasar sus labios contra su mejilla y eso casi le hizo olvidarse de dónde estaban yendo sus manos. El dolor se arrastró contra ella acompañada de otra sensación más extraña.

-Zin.

Zin lo miro en increíble silencio, su PAK registrando lo que hizo, lo que hacía. Intentando comprender toda esta situación. Gregory beso sus labios y le sonrío.

-Me gustas mucho, Zin -susurro solo para ella, abrazando sus caderas y apoyando su frente contra la suya- me estoy enamorando de ti.

Bueno, esto era un resultado exitoso. No es que significará nada.

¿Amas a Zin? ¡Zin también se ama!

Esto era parte del plan. Su gran plan.

Zin miro esos ojos brillantes, sonrisa suave y mejillas sonrojadas. La amaba.

La amaba de la manera en la que todos deberían alabarla y temerle y obedecerle. Y amarle.

Gregory era un ser humano muy estúpido.

Este era su grandioso plan.

Así que cuando Zin se lanzó para adelante y apretó sus caras en otro asqueroso beso. Lo volvió a confirmar.

Todo esto era parte del plan.

Gregory sentía que Zin era una chica fuera de este mundo.

Pero el cómo lo comprendió esa noche fue en partes iguales tanto sorprenderte como aterrador. Todo lo que había escuchado sobre ella era cierto. ¡Drina había tenido razón!

Aunque, si lo pensaba un poco más, eso no cambiaba nada.

Seguía siendo Zin.

Y aun le gustaba, saber esto no hizo una diferencia, aunque tal vez sí. Era una enorme diferencia.

Pero Gregory estaba extrañamente tranquilo, no llego a ninguna conclusión y tampoco le exigió respuestas. Además se notaba que Zin no había tenido la intención de revelárselo cuando se le tiro en brazos anoche. Había sido un pequeño accidente.

Y no era como si fuera a decirle a alguien.

Fue lo que pensó mientras acariciaba sus antenas distraídamente, provocando suaves ronroneos contra su pecho y cosquillas en su corazón. Sonrió para sí.

Ella aún era Zin.

Alien o no.

Aún era la persona de la que, irremediablemente, se había enamorado.


Bueno regrese con otra historia corta, regreso con los genderbend, la debilidad de Zim con el agua me hizo pensar en cómo nosotros tenemos agua en el cuerpo. Creo que hay una cantidad específica, pero ahorita no recuerdo.

Espero les haya gustado.

¡Dejen reviews!