Gifu, Japón.
Festival de fútbol de la región de Tokai...
El público estaba realmente emocionado... ¡el campeón Nankatsu disputaría un partido contra el único equipo formidable de todo Gifu! Incluso los jugadores se encontraban con una expectativa de lo más alta con este encuentro.
El equipo del Nakahara había logrado consagrarse como el mejor equipo de secundaria de todo Gifu, siendo su jugador destacado un pequeño chico (pequeño de estatura aunque con la misma edad que el resto de sus compañeros) llamado Shingo Aoi. Un chico con talento, regate y un tiro formidable. Definitivamente las esperanzas del Nakahara contra el campeón se depositaban en esos pequeños hombros.
-¿Por qué nosotras no tenemos mánager, entrenador?- Preguntó Yun, el defensa indiscutido del equipo, al ver al trío de chicas atender a los futbolistas del equipo rival, minutos antes de dar inicio al partido.
-Porque ninguna persona se ha ofrecido, y no estamos en condiciones de pagar por servicios como ese.- Respondió, un tanto molesto por la distracción que mostraba la mayoría de su equipo. -¡Atención! ¡La táctica a usar será la misma que mencionamos ayer!
-Pero... ¡entrenador! Ya se lo he dicho, no estoy seguro de que esa táctica funcione contra el Nankatsu.- Dijo Aoi, ansioso.
-Es la misma táctica que hemos usado hasta ahora, Shingo. No la cambiaremos. Además, recuerda que es solo un partido amistoso.
-¡El cual quiero ganar a como de lugar!
-Tranquilo, Shingo. No hay nada en juego.
-No es necesario jugar dándolo todo. ¡Solo diviértete!
-Además, no tenemos posibilidad alguna contra ellos.
Casi todos los jugadores se rieron ante el último comentario, todos excepto él, a quien no le cayó en gracia. ¿Qué sentido tiene salir a disputar un partido con esos pensamientos?
Mientras tanto, del otro lado del campo, el equipo visitante hacía sus calentamientos y observaba las charlas de sus rivales.
-Creo que se ha armado una disputa entre ellos.- Comentó Taki, un tanto divertido, pues el puchero disgustado que el número doce estaba mostrando daba más gracia que miedo.
-Creo que tenemos a un pequeño Ryo por allá.- Se rió Yukari, mirando al defensa. -Me recuerda a ti cuando no le hacen caso a tus tácticas.
-Algún día entenderán que puedo ser un gran volante acompañamiento de Tsubasa.
-El futuro Misaki.- Dijo Kisugi, con sarcasmo, haciendo reír a todos.
-Si está tan convencido, quizás deberían hacerle caso.- Comentó Kumi, atenta a aquello.
-Kumi, ¿de qué lado estás?- Reprochó Sanae, mientras le entregaba la banda de capitán a Tsubasa.
-Kumi tiene razón.- Concordó el capitán del Nankatsu. -Por más que sea un partido amistoso, un partido es un partido y siempre hay que jugar para ganar.
-Yo creo que a Kumi le gustó ese pequeño.- Se mofó Ryo, recibiendo un mohín avergonzado de la chica.
-Dices "pequeño" como si fuera un infante. Ese chico debe de tener solo uno o dos años menos que nosotros.- Comentó Mamoru.
-Bien, espero que nos den buena pelea. Ese chico tiene una mirada muy determinada, seguramente el Nakahara nos dará una grata sorpresa.- Sonrió Tsubasa, acabando con sus calentamientos, recibiendo la llamada para dar inicio al partido.
La primera mitad finalmente había acabado. El Nakahara, con una actuación desastrosa, iba abajo por cinco goles a cero.
Lejano a la vergüenza que sentía el número doce por tan paliza, el resto del equipo se veía aún animado e incluso divertido con el resultado, soltando comentarios como "son más buenos de lo que pensaba", "estoy tan contento de poder enfrentarlos" y "espero que no lleguen a un número de dos cifras... ¡eso sí sería humillante!".
-¡Se deben comprometer más! ¡Necesito que me envíen balones! ¡Con esos pensamientos y actitudes no podremos hacer nada!
-¿Qué quieres que hagamos? Es un partido contra el campeón nacional.- Respondió Keitaro, fastidiado con su insistencia. Aoi miró al grupo, sorprendido e indignado en partes iguales.
-No te enojes, Shingo.- El capitán Jiro le tomó el hombro y le sonrió de forma reconfortante. -Vamos a intentar algo en el segundo tiempo.
-Sí.
Sin embargo, el asunto continuó igual durante el segundo tiempo. Gol tras gol, el Nankatsu aplastaba al Nakahara y con eso, a su orgullo como jugador.
-"¿Cómo puedo obtener el balón frente al Nankatsu?"
Entonces, Aoi hizo un movimiento arriesgado. Salió corriendo de su posición y retrocedió hasta donde se encontraban los delanteros rivales.
-¡EH, SHINGO! ¡DEBES RESPETAR LAS CONSIGNAS DEL ENTRENADOR!- Le gritaron sus defensas.
-¡NO ME HAN PASADO UN BALÓN EN TODO EL PARTIDO!- Fué el reclamo de Shingo.
El número doce captó el momento justo en el que un pase llegaba a Mamoru Izawa.
-¿Qué es lo que planean ahora?- Preguntó Ryo, con cierta mofa.
-¡Cuidado, Izawa!- Advirtió Hajime, aunque un poco tarde.
Shingo Aoi ya estaba sobre él y, con un gran movimiento, logró apoderarse del balón. Sin importar el regaño del entrenador, comenzó su solitaria carrera hacia la portería del Nankatsu.
Pasó con suma facilidad a Teppei Kisugi y Hajime Taki, quienes se sorprendieron ante tales movimientos escondidos con los que contaba el débil Nakahara.
-¡No está mal, pequeño! ¡Pero no podrás pasar el núcleo de la defensa del Nankatsu!- Exclamó Ryo.
Aoi utilizó su aguda velocidad para regatearlos, dejando atrás a Shingo Takasugi y a Ryo Ishizaki.
-¡Mierda! ¡Estábamos todos en el ataque! ¡No queda nadie más que el portero!
En ese momento, un último pilar defensivo del Nankatsu apareció. Tsubasa Ozora había percibido el ágil regate de su rival y se había dirigido a la defensa, a su espera. Shingo lo miró, esperando al fin llegar para concretar su uno a uno contra el mejor jugador de su generación.
-"¡No me importa cuán bueno seas! ¡Te voy a vencer!"
Sin embargo, lo que Aoi ya sabía pero se negaba a aceptar, ocurrió. Tsubasa Ozora era mucho más fuerte y talentoso que él, y no le ha costado nada quitarle el balón y dejarlo tendido en el suelo, con una rodilla herida y sangrante por el pasto.
-¡Vamos, muchachos! ¡Es un partido amistoso pero debemos jugar concentrada y seriamente!- Les dijo Tsubasa a su equipo, continuando con el partido.
Shingo se levantó, sintiendo la punzada de dolor proveniente de su rodilla.
-¡Qué cretino! ¡Ni siquiera tiene conciencia de su nivel!- Exclamó uno de sus compañeros, enojado.
-¿Cómo va a poder convertirle un gol a Nankatsu por su propia cuenta? ¡Es imposible!
En la banca del Nakahara, el entrenador y su ayudante observaban la situación. La rodilla de Shingo sangraba debido a su acto imprudente.
El árbitro avisó un cambio en el equipo local. El número doce sería reemplazado.
-¿Eh?- Aoi se sorprendió y se dirigió a la banca a reclamar. -¡No quiero salir! ¡Mi rodilla está bien! ¡Solo es un rasguño!
-No te saco por tu rodilla. Te saco por desobedecer mis órdenes.- Fué la respuesta del hombre. Él no tuvo más opción que callarse y obedecer.
El partido continuó transcurriendo, el Nankatsu apaleaba al Nakahara. Aoi observaba con suma impotencia sentado en el suelo, presionando sus puños. Siempre le había tenido fe al equipo del Nakahara, pero en ese momento todo se había ído al caño.
El encuentro finalizó con una humillante derrota para el Nakahara.
Nakahara 0 - 11 Nankatsu
Shingo miraba con rabia a todo su equipo, mientras sus ojos se humedecían de la pura impotencia. Todos saludaban a sus rivales, los alagaban, casi que les besaban los pies. Incluso el entrenador parecía un fangirl del entrenador del Nankatsu campeón. Parece ser que el único afectado por el resultado era él, y no era para menos. No había tenido una derrota tan dura y humillante en toda su vida.
-"Se acabó. Renunciaré a este equipo. Dejaré el fútbol."
Sintió una mano en su hombro y volteó. Era Tsubasa Ozora y, casi como si le hubiera leído los pensamientos, le dedicó unas cuántas palabras de consuelo y quizás de agradecimiento, pues el único fútbol de su equipo lo había demostrado él en esos pocos segundos en los que se había liberado de las ataduras de su entrenador.
-Buenos movimientos, número doce. Si amas el fútbol, no renuncies jamás.
Una sonrisa y se alejó. Shingo lo miró hacerlo. Esas palabras habían calado hondo en él. Observó como el talentoso capitán del Nankatsu llegaba con sus compañeros y sus mánagers, recibía felicitaciones, sonrisas, atenciones que él nunca había recibido. Sintió una especie de sentimiento, el cual enfocó hacia su lado sano. No era envidia, o quizás sí. Él, en ese momento, había decidido ser como él a como de lugar, cueste lo que cueste. Lucharía para llegar a ese lugar. Algún día sería un jugador talentoso y reconocido, y compartiría equipo con él, con Tsubasa Ozora.
Minutos más tarde, ya más calmo, su ánimo regresó. Se disculpó con su entrenador por su frustración, más no por su acción. Sus amigos aún continuaban con sus bromitas sobre el resultado. En otro momento, Aoi les hubiera encajado un pelotazo en la cara a cada uno, pero entonces solo pudo reír.
-Deberías curar eso antes de que se infecte.- Le dijeron a sus espaldas. Sus amigos miraron a la chica que habló, algunos sorprendidos, algunos con un sonrojo apenado. Era una chica realmente linda. Shingo volteó y la reconoció de inmediato.
-¿Tú no eres la mánager del Nankatsu?- Le encarcó una ceja, como quien dice "¿qué haces tú aquí?".
-Sí, pero eso no significa que no pueda darle una mano a los rivales.- Sonrió, mostrando un pequeño maletín. -A fin de cuentas, el partido terminó. Soy Kumi Sugimoto.
-Shingo Aoi.- Suspiró. -Ni me lo recuerdes. Mi orgullo me duele mucho más que esta herida.
-Solo es un partido. No puedes ganar todo. Incluso el Nankatsu ha perdido algún que otro partido alguna vez.- Le dijo, mientras se sentaba para atenderlo. Él hizo lo mismo.
-¿Pueden...- El chico volteó, encontrándose con que todos sus compañeros se habían alejado, dándole un poco de privacidad con tan linda chica. De no haber sido por sus gestos de burla a lo lejos, no hubiese captado sus intenciones. Aoi enrojeció. -¡Idiotas!
-Debiste haberla lavado en el momento en que te sacaron. Se ha secado completamente.
-¿Nankatsu ha perdido antes de ese partido contra el Meiwa? Porque dudo que quieras levantarme la moral diciéndome que tu equipo perdió una sola vez y hace años.- Dijo Shingo, viéndola hacer su labor, con desconfianza. Ella soltó una risita encantadora.
-Sanae me lo ha contado. Dos partidos antes de que Tsubasa llegue, ambos contra el colegio Shutetsu. Uno lo perdieron 30 a 0 y el otro 10 a 0. Como verás, Tsubasa es literal el pilar fundamental del equipo.- Se rió al final, logrando una leve sonrisa en él. -Hemos sido muy afortunados de que haya caído en nuestra escuela.
-Es curioso. Ese chico pareciera muy seguro de sus habilidades.- Respondió él, viendo sin ningún disimulo a Ishizaki, quien a su vez mantenía una mirada acusadora en ellos dos, al igual que Kisugi e Izawa. Aoi volvió a sonrojarse. -Creo que te están esperando. Deberías irte.
-Sí, ya terminé con esto.- Dijo, sonriendo triunfal. -¡Me sorprendiste! No te has quejado nada.
-Esto no es nada.- Sonrió apenado, levantándose. Entonces le estrechó la mano. -Muchas gracias por tu ayuda, Sugimoto. Has sido una de las pocas cosas rescatables de este día.
-Gracias a ti, Aoi.- Respondió ella, y él torció la cabeza, confuso. Kumi se sonrojó. -Este... ¡bueno! Me voy.- Soltó una risita nerviosa, para luego voltear hacia sus amigos.
-¡Al fin!- Ryo levantó sus manos hacia el cielo, dramático, mientras que los demás reían por ello, al igual que él.
Antes de irse, ella volteó y saludó una última vez. Él regresó el saludo, sonriente.
-De haberlo sabido, me hubiece echado de cara al pasto.- Dijo Keitaro, viendo con recelo a su compañero de equipo.
-Es simpática.- Aoi sonrió alegre, regresando con los demás.
