Distancia

Resumen.

La distancia es temporal, pero nuestro amor es permanente

Frase de Ben Harper.

Capitulo Único.

El primer año juntos fue hasta cierto punto maravilloso. Después de la derrota de Adam las cosas en Crazy Rock y durante las S fueron mucho más tranquilas.

Llegadas las vacaciones de verano, por primera vez Langa tenía un lugar a donde ir, personas con las quien estar. Fue el mejor verano de toda su vida, las risas, los buenos momentos se acumularon y el tiempo pasó tan rápido que para cuando las vacaciones terminaron se encontró deseando que se extendiera infinitamente. Que el tiempo se estancara en ese verano glorioso en que todo él parecía haber encontrado el lugar al que pertenecía, una idea extraña tomando en cuenta que siempre consideró que su hogar estaba al lado de sus padres, de su padre.

Inevitablemente el nuevo siclo escolar comenzó y con él muchas aventuras nuevas, cambios drásticos que Langa estaba dispuesto a vivir porque tenía a Reki, su mejor amigo.

Miya para sorpresa de todos como por arte de magia creció diez buenos centímetros, que lo hicieron casi de la estatura de Reki, un evento que hizo por varios días refunfuñar al pelirrojo. Hiromi encontró novia y como era de esperarse pronto comenzó a pasar menos tiempo con ellos, y todos lo entendieron deseándole felicidad porque se la merecía después de haber sufrido un desamor. Joe hizo crecer su restaurante hasta convertirlo en uno categoría diamante. Kaoru por su parte fue enviado al extranjero seis meses por trabajo, de alguna manera se estaba volviendo algún tipo de celebridad. Lo despidieron en el aeropuerto con la firme promesa de que apenas volviera tendrían una carrera. Langa, Langa fue invitado a participar dentro del equipo nacional para los siguientes torneos debido a un video enviado anónimamente. Si le preguntaban a Reki diría que fue cosa de Adam, pero contrario a lo que cualquiera pensaría fue inmensamente feliz cuando aunaron la promesa de tomar en cuenta a Langa para las siguientes Olimpiadas. Por supuesto esto último no sorprendió a nadie, Cherry y Joe ya lo habían anticipado, su capacidad para él deporte era superior.

El flujo natural de las cosas estaba tomando su curso y nadie supo ver a donde iba y lo que perderían al final. Pero la vida es así un constante golpe de emociones y situaciones que nos obligan a tomar posturas y decisiones que definen nuestras existencias y quien tenemos al lado.

Era la tarde-noche de principios de tercer mes de comenzadas las clases, cuando Reki dejo que la tabla se deslizara suavemente sobre el pavimento, las ruedas traqueteando eran un sonido hipnotizante que le daban cierta paz mientras se dirigía a casa después de haber pasado casi toda la tarde en el skatepark. En su mano el teléfono vibraba por la llamada entrante. Con una sonrisa de satisfacción pico el icono verde de aceptar. Apenas llevárselo al oído la voz de Langa le llegó inconfundible.

Reki dio un giro y detuvo su avance concentrando toda su atención en lo que su mejor amigo le contaba. El centro de entrenamiento estaba un poco lejos de donde vivían, así que a Langa le tomaba cerca de una hora llegar ahí en la motoneta, luego las practicas se extendían por tres horas y otra hora más de regreso, lo que les dejaba cero tiempo para convivir entre ellos fuera de la escuela. Pero estaba bien, Reki entendía la situación y apoyaba a Langa al cien por cien. Además, Langa llamaba cada descanso y Reki procuraba enviar mensajes, y aunque estaban limitados a verse en la escuela no se quejaba, porque esto era para el futuro de Langa y Reki deseaba solo lo mejor para él.

Con el pasar de los días Reki comenzó a notar el desgaste en Langa, por lo que cuando le miraba decaído intentaba animarlo lo mejor que podía. Debía ser muy difícil mantenerse a un nivel profesional, pensó Reki al principio, luego vino a enterarse que no eran los entrenamientos los que lo tenían tan agotado y sobre todo estresado, sino el hecho de que ahora que se acercaba un torneo las marcas deportivas habían puesto su vista en él y deseaban se convirtiera en el rostro que los promocionara.

Reki jadeo al saberlo, Langa iba a convertirse en modelo, una idea bastante inteligente, pues su amigo era por demás atractivo, seguramente en poco tiempo podría aspirar a ser parte del mundo de la farándula.

La vida era buena, muy buena.

Sin embargo, Reki sentía que nuevamente comenzaba a quedarse atrás, Miya pronto tendría la edad suficiente para convertirse, igual que Langa, en parte del equipo nacional y eso lo dejaría completamente solo porque Joe a últimas fechas estaba considerando pedirle a Cherry que se jubilaran por llamarlo de alguna forma. Quería hacerlo así, juntos, de la misma forma en que comenzaron a S.

Reki intentaba mantenerse arriba, verse decaído en la escuela le daría a Langa una preocupación más y Miya estaba demasiado estresado entre exámenes y su prueba para el equipo nacional como para cargar con su amargura. Por las noches iba a Crazy Rock y patinaba haciendo uso de toda la libertad que podía darle para olvidar por un segundo que era el único que parecía no estar esforzándose lo suficiente. Además y para que mentir, era agradable ahora ser llamado por su nombre y no solo con apodos despectivos como cuando Langa comenzó a destacar. Nunca seria Snow, el novato que derroto a la leyenda, pero igual había gente que lo recordaba, novatos que se le acercaban para preguntarle sobre tecnicismos o algún consejo, y los asiduos a S comenzaron a conocerlo por su habilidad para construir y reparar tablas.

Así que en realidad la vida era buena.

Era buena, pero fue aun mejor cuando él llego.

Harosuke Yamada llego a su vida un viernes, la carrera de esa noche fue floja y algo decepcionante, sin Miya ni Joe a la vista, Reki decidió que era mejor retirarse temprano. Montó su tabla y se dirigió a la salida. A mitad de la cuesta su teléfono comenzó a vibrar y una enorme sonrisa se dibujo en el rostro de Reki anticipando de quien se trataba.

—Langa —dijo apenas abrir la comunicación.

La voz de Langa le hizo saltar el corazón, porque su mejor amigo con el tono más feliz del mundo le estaba comunicando que iban a darle un par de días de descanso el mes próximo y apenas enterarse llamaba para hacer planes con Reki, quería pasar ese poco tiempo disponible con él.

Reki quería brincar de felicidad pues sus peores temores parecían estar desapareciendo, Langa no había encontrado a nadie que pudiera tomar el lugar de Reki, entre tantos chicos super talentosos ninguno había logrado hacer que Langa deseara pasar tiempo lejos de él. Y ese solo pensamiento lo hizo tan jodidamente feliz que prácticamente chillo de emoción cuando invitó a Langa a ir a la playa, contándole como pasarían las noches mirando películas y sobre todo jurándole que sería perfecto.

Estaba tan metido imaginando las cosas que harían juntos y absorbiendo con hambre la voz igualmente entusiasmada de Langa que para cuando vino a darse cuenta que iba demasiado rápido, y que estaba nada de chocar contra un chico fue demasiado tarde para frenar.

El impacto hizo volar a los dos jóvenes contra el piso de tierra, el teléfono de Reki aterrizo entre los matorrales completamente olvidado, porque en ese momento su dueño intentaba ponerse de pie y luego fue asaltado por la preocupación de asegurarse de no haber matado al pobre sujeto que tuvo la mala fortuna de atravesarse en su camino.

—Oye ¿estas bien? —cuestionó Reki levantando medio cuerpo del chico que parecía seriamente desorientado. —¿Cuántos dedos ves? —preguntó con insistencia. —¿Puedes levantarte? —y nuevamente no tuvo respuesta, así que completamente asustado hizo su mayor esfuerzo por cargarlo, debía llevarlo hasta la parada y tomar un taxi hasta el hospital mas cercano.

—Dos, dos —dijo el muchacho mientras entrecerraba los ojos, como si buscara enfocar mejor la vista.

Reki levanto las cejas, y ahora de que estaba hablando. —Estas delirando —afirmó pues era la única explicación posible.

El chico negó. —Veo dos dedos —aclaró mientras tomaba la mano de Reki para que detuviera su esfuerzo por ponerlo sobre su hombro. Rayos con lo delgado que estaba nunca hubiera logrado tal hazaña.

—Estoy bien —afirmó contemplando a Reki que aterrado parecía no creerle.

El cabello rojo brillaba como fuego, sus rasgos demasiado felinos lo hacían lucir tremendamente sexy y sus pestañas, rayos, los chicos no deberían tener pestañas tan largas. Sus ojos que no se habían despegado de él en ningún momento eran aun más brillantes y preciosos que el ámbar.

Reki asintió con la cabeza no del todo seguro pues el joven entre sus brazos parecía haberse quedado en shock, pero al menos más tranquilo al ver que el chico estaba despierto y al parecer sin lesiones graves además del pequeño corte en su cabeza que sangraba.

—Lo lamento —se disculpó sentidamente Reki, —no estaba poniendo atención y…

—Eres Reki, eres… ¡Dios! eres Mechanic-Star —jadeó al reconocerlo. ¿Cómo es que no lo hizo antes, si había pasado las ultimas dos semanas intentando hablar con él?

Reki parpadeo un par de veces debido al apodo por el que lo había llamado.

—Tú haces las tablas más increíbles. Todos dicen que tener una tabla hecha por ti hará que vueles como un ave, que fuiste tu quien hizo a Snow viajar como el viento.

Reki tan poco acostumbrado a los halagos comenzó a sonrojarse, nunca había escuchado nada de eso, pero a juzgar por la cara de este chico lo estaba diciendo en serio. No sabía si sentirse bien por haber logrado resaltar de esa manera, o preocuparse porque eso solo significaba que ahora tenían grandes expectativas y lo que más temía Reki era desilusionar a la gente que creía en él.

—Mi nombre es Yamada Harosuke, pero por favor llámame Harry, no se si me recuerdes, competí y perdí en el torneo pasado contra Shadow en las preliminares. Es un verdadero placer conocerte. La verdad es que he estado viniendo a Crazy Rock porque buscaba la oportunidad para hablar contigo. Vamos a la misma escuela, no en el mismo salón porque soy de tercer año, pero supongo que no me recuerdas y…

Harosuke había soltado todo eso en una sola respiración, como si temiera que Reki se esfumaría en cualquier momento.

Reki extendió la mano y se la estrecho a Yamada… a Harry con firmeza, tanto para ser cortés como para hacerle saber que podía disminuir la velocidad, que no iría a ninguna parte. El mensaje no debió ser claro, pues Harry sujetó su mano con fuerza mientras le sonreía a Reki.

Harry era un chico promedio, cabello castaño, piel levemente bronceada, ojos color miel sobre los que llevaba lentes y aunque al parecer superaba la estatura de Reki no era por mucho. Simplemente un tipo normal que pasarías sin ver, no como Langa que apenas apersonarse atraía las miradas con su cabello y ojos tan azules como el cielo y esa aura principesca que te obliga a contemplarlo como si fuera una maldita obra de arte, no como Joe o Cherry quienes eran como imanes para mujeres y hombres por igual pues su sexapil era arrollador, no como Miya que parecía derramar carisma a pesar de su carácter algo especial.

Era como Reki, y Reki sabía muy bien lo que era mirar hacia arriba y pensar que no era lo suficientemente bueno para destacar, por eso la siguiente frase que soltó la dijo con total sinceridad y las mejores intenciones.

—Quieres pasar el almuerzo de mañana conmigo —ofreció y Harry pareció estallar en felicidad.

—¡Si, claro! —exclamó con demasiado entusiasmo sin permitirse soltar la mano de Reki. —A… a donde te veo —preguntó esforzándose por empujar su tartamudeo hasta el fondo, lo que menos quería era hacer el ridículo frente a Reki.

—En la azotea —respondió recuperando su mano con el pretexto de buscar en donde había ido a parar su tabla. Ya un segundo después recordaría que su teléfono también salió volando.

—Estabas por irte —cuestiono Harry con las mejillas levemente sonrojadas, estaba siendo demasiado atrevido, pero temía que si no se arriesgaba esta oportunidad se le escaparía. —Yo también, si quieres podemos compartir un taxi y…

—¡Ah! Aquí estas —exclamó Reki apenas hallar su celular, lo malo es que ya no funcionaba, tendría que mandarlo a reparar o comprarse otro, y no tenía dinero para ninguna de las dos cosas.

—Kyan-san —llamo Harry al ver que nada de lo que dijo llego a Reki.

—Perdón, no estaba poniendo atención —se disculpó.

—No importa, ¿está todo bien?

Reki le mostró su teléfono y le hizo saber lo que pensaba, una conversación que duro mientras bajaban la cuesta a pie hasta la parada más cercana, y luego abordaban un taxi de regreso al centro. Harry como una forma de ganar puntos frente a Reki se ofreció a llevar el aparato con un amigo, porque era muy bueno para la tecnología y le debía un par de favores.

—Es enserio, hombre te estaría en deuda si logras que esta cosa vuelva a encender.

Harry asintió con la cabeza, si se hubiera mojado seria otra historia, pero un golpe simplemente podría significar que alguna pieza se desprendió o rompió y se solucionaría fácilmente remplazándola.

Sin nada que perder Reki le entrego el teléfono a Harry.

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Al día siguiente Reki patinó a la escuela aceleradamente, en su cabeza había una sola cosa, su celular. Aunque no lo pareciera Reki estaba muy apegado a él, sus videos favoritos, su música, los teléfonos de todos sus amigos, las fotos que más le gustaban, además de un sinfín de anotaciones que apuntaba como mensajes de texto y se envía a si mismo cuando no tenía papel y lápiz a la mano, algunos mensajes de voz que Langa en momentos muy raros tendía a enviarle, todo estaba ahí. Y aunque era ilógico que Harry hubiera tenido tiempo de hablar con su amigo entre la noche de ayer y la mañana de hoy, Reki bullía de ansiedad.

Apenas llegar se dio cuenta de un pequeño problema, Harry menciono que iban a la misma escuela y el grado que cursaba, pero no en que grupo. Así que a Reki no le quedo de otra que esperar parado frente al portón de entrada. Se sentía ridículo, pero así era él, todo impulso y nada de cerebro. Esta descripción hizo a Reki volverá considerar nuevamente su vida. Joe, Cherry, Miya, Langa, ellos estaban avanzando y convirtiéndose en personas de éxito, algún día más pronto que tarde, solo podría ver a Langa en posters de tiendas deportivas, en las entrevistas por televisión u otros medios como revistas y blocks de fans. Con Miya seguramente pasaría lo mismo y él… él si tenía suerte se independizaría, conseguiría un trabajo que le diera lo suficiente para vivir, y si Dios se apiadaba de él entonces quizás conocería a alguien que no tuviera grandes expectativas y se conformara con pasar su vida al lado del simple y nada especial Reki.

Si llegaba a tener hijos les contaría como un cuento para dormir como en su juventud conoció y fue amigo del famosísimo Hasegawa Langa. Sería solo eso, una historia que nadie creería.

Una mano pasando frente a su rostro le hizo regresar de esa espiral de auto destrucción, una mano que no pertenecía a Langa y que de algún modo lo hizo respirar tranquilo, porque después de estar cayendo en ese agujero negro no estaba seguro de poder disimular su miedo y dolor frente a su amigo.

—Reki —nombró Harry, su rostro lucio levemente preocupado. —¿Esperas a alguien?

—Ehmmm —titubeo recriminándose por no controlarse más. No podía solo decirle, a ti, ¿pudiste componer mi teléfono? Se escucharía demasiado demandante y mal, se escuchaba mal.

—No, en realidad no. Yo solo me levanté temprano y pensé en patinar un rato antes de clases —respondió esperando que la vergüenza no se asomara en su mentira muy mal pensada.

—¡Oh! Y yo que pensé que tal vez estabas esperando esto —dijo mostrando el teléfono de Reki reparado.

Los ojos de Reki destellaron con mil estrellas en ellos, sus labios se separaron con emoción y antes incluso de razonarlo se lanzó en un abrazo apretado mientras agradecía. Los brazos de Reki se enroscaron con facilidad alrededor del cuello de Harry y sus piernas no tardaron en hacer lo propio en sus caderas, Reki siempre fue así, solo que muy pocas personas le permitían tales confianzas. Incluso Langa al principio no recibió de forma cómoda sus demostraciones de afecto, ya luego Reki suponía que se acostumbró.

Por su lado Harry estaba que no cabía de felicidad, había valido la pena despertar y suplicarle a su hermano para que reparar esa misma noche el teléfono de Reki, que había quedado endeudado hasta el final del año e iba a ser su sirviente por los próximos tres meses no parecían un precio demasiado grande a pagar ahora que podía tener a Reki entre sus brazos.

—Gracias, GRACIAS —gritaba Reki con tanta felicidad que no le entraba en el pecho. —Eres maravilloso. Te debo una grande hermano —decía sin soltar a Harry. —Oye, pide lo que quieras, es tuyo.

—Puedes, quieres…. personalizar mi tabla —pidió Harry, aunque en realidad lo que rondaba en su cabeza era otra cosa.

—Por su puesto —respondió soltándolo al fin mientras chocaban las manos y luego estrellaban los puños. —Déjalo en mis manos. Y ahora vamos a clase o llegaremos tarde.

Reki hablaba hasta por los codos mientras caminaban por los pasillos de la escuela y le explicaba que para hacer lo que le pidió debían pasar tiempo juntos, que debía conocerlo más.

—Podemos practicar por las tardes, sí estás disponible —comento Harry mientras inclinaba la cabeza con el fin de ocultar el rubor de su rostro.

—Buena idea —aceptó Reki despidiéndose de Harry porque era hora de que entraran a sus respectivos salones. —Te veo para el almuerzo.

Langa esperó casi al último minuto para entrar porque primero debía calmarse, algo dentro de él estaba rugiendo, era como un estallido que le quemaba por dentro y le oprimía el corazón por haber visto a Reki siendo amigable con alguien más. Había llegado temprano pensando en hablar con Reki antes de clases, porque ayer cuando la llamada se cortó y después no pudiera contactar con él se quedó preocupado, estuvo a nada de correr a su casa para asegurarse de que se encontraba sano y salvo, solo frenándose con la idea de que si algo realmente malo pasaba seguramente Reki acudiría a él. Nunca espero llegar a la escuela y encontrar a Reki colgado como Koala de otro chico.

Era obvio que el tiempo en la escuela no era suficiente, que la distancie entre ellos abriría brechas para que otras personas comenzaran a intervenir en sus vidas, sin ir muy lejos, el entrenador había mencionado un traslado a una escuela más cercana para evitarle el largo viaje de ida y vuelta, una oferta que Langa rechazo sin siquiera mencionársela a su madre. Sus compañeros de entrenamiento le pedían acompañarlos durante sus salidas y no siempre podía negarse, como el jueves de la semana pasada cuando muy recatadamente Reki le comento que su madre estaba organizando una comida y que esperaba, a pesar de saber que Langa llegaba tarde de los entrenamientos pudiera asistir, aunque solo fuera un rato. Langa al principio había dicho que si, incluso pidió permiso al entrenador para salir antes, con lo que no conto fue que sus compañeros de la selección decidieran acorralarlo entre todos para arrastrarlo a comer ramen. Al final nunca llegó a casa de Reki. Lo primero que hizo el viernes al encontrarse con Reki fue disculparse por su falta, Reki simplemente le restó importancia, y como Langa insistió en compensarlo, Reki tuvo que confesarle que la comida fue debido al cumpleaños de las gemelas, y que ellas le pidieron más en broma que en serio, invitarlo. Así que en realidad no había nada que compensar.

Ya había experimentado brevemente lo que era la vida sin Reki, y no estaba interesado en revivir esos días fríos y sin brillo, pero su escasa experiencia social estaba siendo un enorme impedimento para hacerse entender y marcar limites en el centro de entrenamiento.

Por otro lado, Langa sabía que Reki era un sol brillante que tarde o temprano iba a atraer la mirada de muchas personas y entonces ¿Qué? ¿Qué debía hacer Langa? No podía encerrarlo en un lugar oscuro para que nadie se fijara en él.

Para cuando llego la hora del almuerzo y Reki caminó directo a la azotea, Langa pensó que quizás solo estaba exagerando, no es como si de la noche a la mañana Reki encontrara a alguien con quien remplazarlo.

Se acomodaron en su lugar de siempre, ambos abrieron y colocaron sus almuerzos al centro, para que Langa tomara del de Reki y Reki del de Langa. Todo estaba bien, ellos eran los mismos de siempre, se dijo Langa mientras observaba las salchichas convertidas en pequeños pulpos que gritaban por ser comidas.

—Me das de esos —pidió Langa, Reki asintió con la cabeza, con sus palillos tomo el pulpo para de manera natural acercarlo a sus labios.

—Reki —nombraron desde la puerta que daba a las escaleras, causando que el pulpo jamás llegara a la boca de Langa y que este gruñera como perro a punto de atacar debido a la interrupción.

Reki levanto la mano sonriente para hacerse notar, como si lo necesitara, pensó Langa y luego repaso con la mirada al chico que se acercaba sonriente reconociéndolo de inmediato.

—Harry, aquí —invitó Reki palmeando el lugar a su costado. —Deja te presento a Langa.

—El príncipe Hasegawa —comentó Harry sin malicia y más con verdadera sorpresa, como si en lugar de dos compañeros estuviera en presencia de celebridades. —¡Oh! Lo lamento, es solo que todas las chicas de mi salón lo llaman así y… pensé… pensé que lo sabías. ¡Dios que vergüenza! De verdad lo siento… —dijo con las mejillas encendidas debido a lo que considero una metedura de pata.

Reki estallo en carcajadas.

—Te lo dije, eres un príncipe —afirmó pasando un brazo por los hombros de su amigo para acercarlo más a él. —Príncipe Langa, protéjame —teatralizo Reki abrazando a Langa hasta casi subirse a horcadas sobre él.

Langa acostumbrado a ese tipo de reacciones rió ante tal payasada, colocando por inercia las manos en las caderas de su amigo.

—No temas, yo te protegeré mi Cindereki.

—Oye, eso es privado —reclamo Reki zarandeando a Langa, porque fue un desliz el haber mencionado y luego contado ese sueño todo pirado a Langa.

Harry parpadeo varias veces contemplando el tipo de interacción que tenían entre ellos. Era extraño contemplar tantas emociones en el rostro casi siempre pétreo de Hasegawa, su sonrisa era encantadora y de hecho debía admitir que el azul glacial de Langa era perfecto contraste para el cabello ardiente de Reki, era como si ellos hubieran sido hechos para encajar de una forma tan perfecta que era imposible imaginar a alguien más en lugar de alguno de ellos. Incluso estando sentado a su lado se sentía como un intruso, como si esa hermosa burbuja de felicidad fuera exclusiva y él estuviera de más.

—Por la tarde voy a ir al skatepark con Harry —escuchó decir feliz mente a Reki.

Ahora los ojos ámbar del pelirrojo estaba fijos en él y Langa parecía haber recobrado su natural frialdad.

—Sera grandioso —continuo diciendo Reki completamente ajeno. —Apuesto a que no sabes que él también va a Crazy Rock.

Langa apretó las manos en puños, al comprender que Harry estaba comenzando a invadir un espacio que le pertenecía a él, pero que por ahora se encontraba imposibilitado para defender.

—… y por eso voy a personalizarle su tabla.

Langa casi jadeo, se había perdido casi todo lo que conto Reki, hasta esta última parte, porque estaba seguro de haber escuchado mal.

—¿Cómo?

—¿Crees que debería hacer algo más como pago? —cuestiono Reki mirándolo consternado.

¡¿pago?! Se escandalizo Langa, se había perdido una parte importante.

—Mira, esta es RLS2 y puedo decir que es una de mis mejores creaciones —se vanaglorio Reki tomando sin permiso la tabla de Langa para mostrársela a Harry.

Y no hubiera representado mayor problema, porque Reki estaba autorizado a tomar todo lo de Langa, sin embargo el hecho de que Harry extendió las manos para tomarla fue como haber prendido fuego a la pólvora.

Langa prácticamente le arrebato la tabla, se puso de pie y se marchó. El pecho le quemaba y la opresión en él amenazaba con asfixiarlo. Lo único que deseaba es tomar a Reki y encerrarlo en su cuarto para tenerlo solo para él.

—¿Estamos bien? —preguntó Reki apenas acomodarse en su asiento. Langa que ya había tenido tiempo de calmarse solo asintió.

Los días posteriores no fueron mejores, ya no eran solo Langa y Reki, ahora eran Harry, Reki y Langa, y cuando tenía mala suerte y los maestros le pedían ceder su tiempo de almuerzo para hablar sobre tareas pendientes o trabajos sin entregar, eran solo Reki y Harry.

Los entrenamientos de Langa se estaban volviendo cada vez más exigentes con forme se acercaba el torneo y el periodo de exámenes también estaba a la vuelta de la esquina, así que a veces no veía su celular en todo el día y cuando al fin se iba a la cama, la culpa se apoderaba de él al notar que su bandeja estaba llena de mensajes de Reki, casi siempre culminando con su típico.

Dulces sueños Langa, nos vemos mañana.

En esos días se sentía la peor escoria del planeta, pero a pesar de jurarse que no volvería a pasar, pasaba, porque su itinerario estaba muy apretado.

Cuando llegó el fin de semana de descanso prometido. Langa se paró muy temprano y preparo dos almuerzos que empaco de manera cuidadosa junto a una caja de regalo en la mochila que apenas puso sobre su hombro le permitió salir disparado.

Estaba tan contento. De hecho, su madre ni siquiera había barajado la posibilidad de que se quedara en casa, ella sabía muy bien con quien estaba deseando pasar tiempo y comprensivamente le hizo saber que estaba de acuerdo horneando galletas como complemento al almuerzo que Langa llevaba.

La casa de Reki estaba exactamente igual a como la recordaba, los preciosos hibiscos que florecían en la entrada le recordaban la cabellera de su amigo, así como su sencilla belleza. Langa camino hasta la puerta y llamó deseando no ser inoportuno al presentarse tan temprano.

La madre de Reki abrió la puerta, en su rostro tenía esa amable sonrisa que le hacía sentir siempre bienvenido a Langa.

—Reki aún está durmiendo —informó ella. —Puedes ir a levantarlo si quieres —ofreció Masae con total naturalidad. Como si permitirle a un extraño deambular por la casa y entrar al cuarto de su hijo fuera normal. Ok no era un extraño, pero tampoco formaba parte de su familia y…

—¡Ah! Lamento no haber podido asistir a la fiesta de cumpleaños de las gemelas, tuve un contratiempo y….—explicó Langa mientras sacaba la caja de regalo que traía en la mochila. —Pensé que

Masae Kyan se quedó en blanco mientras recibía la caja envuelta en papel decorado con unicornios azules y rosas, ella abrió la boca y luego volvió a cerrarla, como si meditara si debía o no decir lo que estaba pensando. Al final suspiró y dijo.

—Langa, fue el cumpleaños de Reki, no de las gemelas.

Langa quería patearse, fue el cumpleaños de Reki y él no había estado ahí para festejarlo, había perdido su tiempo con los jóvenes del centro de entrenamiento solo porque no pudo ser más firme en su negativa. Si lo hubiera sabido abría dejado todo, incluso se abría saltado el entrenamiento para pasar el día con Reki.

—Langa, por favor no le digas nada, si él no lo menciono es porque esta consiente del gran esfuerzo que estas haciendo, y lo que menos deseaba era que te vieras presionado a venir. Todos los días habla de lo ilusionado que esta de verte ganar el torneo individual y luego ser seleccionado para ir a las Olimpiadas. Eres una inspiración para él.

Langa asintió con la cabeza aceptando la petición, además solo ganaría incomodidad dejando al descubierto la mentira. Así que sin más demora se dirigió a despertar a su amigo intentando olvidar su desazón por no estar en una fecha tan importante.

La puerta estaba cerrada, así que Langa tomó la perilla y empujó lo más suavemente posible para no hacer ruido y despertar de un susto a Reki. Las cortinas estaban corridas y por la hora temprana la habitación se encontraba aun sumergida en la oscuridad, y sin embargo Langa podía distinguir el inconfundible y rebelde cabello de Reki, su cuerpo relajado que respiraba de manera acompasada, su rostro relajado que le hacía lucir aún más joven y lindo.

Se acerco esquivando los diferentes objetos en el piso que iban desde destornilladores hasta patitos de goma que seguramente las gemelas dejaron ahí después de jugar con su hermano. Nunca se lo dijo, pero admiraba la paciencia y amor que Reki dedicaba a sus hermanas, su firme determinación para protegerlas y cuidarlas en cada aspecto dentro de sus posibilidades. Reki era admirable.

Y entonces sus ojos se clavaron en el único objeto que Langa no reconocía como propio de Reki. Una tabla con el dibujo de tres delfines surcando el universo. Esa tabla nunca la había visto y el diseño era por mucho muy diferente a lo que Reki estaba acostumbrado a dibujar.

—Amm… ¿Langa? —cuestiono Reki aun medio dormido, tal vez considerando que la presencia de Langa en su habitación era parte de un sueño.

—Reki —nombro terminando de llegar a la cama. —Reki vamos a…

Y antes de que terminara de hablar los brazos de Reki se enroscaron con familiar facilidad alrededor del cuello de Langa para atraerlo a la cama y acurrucarse contra él.

—Langa —murmuró Reki antes de volver a quedarse profundamente dormido.

Langa estaba tan ruborizado que sus orejas tenían el mismo color del cabello de Reki. Sus brazos no encontraban en donde posarse y de hecho quizás si era demasiado temprano para salir, así que resignadamente dejo de luchar y se rindió al calor de las mantas y la comodidad y delicioso aroma de Reki Kyan.

Para cuando volvió a abrir los ojos era media mañana y solo despertó debido a la entrada escandalosa de Koyomi anunciando el almuerzo. Langa se puso de pie de un salto ante la mirada asombrada de la chica que no supo como interpretar la escena que tenía delante.

—Yo… lo siento, no sabía que… —intentó disculparse la niña mientras cerraba la puerta toda avergonzada.

—No, Koyomi, no es lo que… —intentó explicar Langa sin llegar a detenerla porque los brazos de Reki aun seguían aferrados a su cintura impidiéndole mayor movilidad.

Langa entro en pánico, lo que menos quería era ver entrar a toda la familia de Reki a interrogarlo, por lo que sin pensarlo un solo segundo tomó un par de ropas del suelo y las metió en una mochila antes de prácticamente lanzar dicha mochila, la patineta y a Reki por la ventana. Estaba escapando, raptando a Reki, pero poco le importo cuando escucho varios pasos acercándose a la habitación.

Fue un fin de semana maravilloso, una vez que Reki al fin despertó pudieron cumplir con casi todo el itinerario que ambos habían planeado, pasaron casi todo el día en la playa, donde Langa descubrió con enorme asombro que Reki no solo nadaba cual pez, sino que además era un buen surfista. No podía decir que fuera excelente, pero sin duda montaba las olas de manera elegante y segura. Por la noche el departamento de Langa se convirtió en su hotel de cinco estrellas. Después de una ducha rápida ambos se instalaron en la sala para el maratón de películas. El segundo día fue aún mejor, pues volvió a despertar con Reki abrazado a él, solo que esta vez sin el peligro de hermanitas ruidosas deseosas de avergonzarlo. Amaba todo de Reki, incluyendo a su familia, pero sin duda en momentos como el de ayer agradecía ser hijo único.

Desayunaron tranquilamente mientras hablaban como siempre de Skate, y fue precisamente ahí donde Langa recordó la tabla.

—No sabía que tenías otra tabla —dijo deseando sonar casual.

Reki pareció pensarlo, —ahmmm… no es mía, es de Harry. Recuerda que prometí personalizarla —respondió como si nada. —Como hemos estado patinando juntos ahora puedo decir que las ruedas que usa son demasiado suaves, así que tendré que cambiarlas por unas duras, además de que me gustaría convencerlo de intentar trucos con una tabla más pequeña, es decir sé que las nueve son geniales por su estabilidad, pero si quiere avanzar quizás…

Langa ya no estaba escuchando, sus manos apretaban los palillos con tanta fuerza que de haber sido de madera los hubiera trozado por la mitad.

—… y el diseño que hice para él va ha hacerlo flipar de gusto —concluyó Reki con una enorme sonrisa.

—¿Que vas a dibujarle? —preguntó contra su buen juicio, Langa estaba seguro que iba a arrepentirse.

—Al principio pensé en poner un Akita japonés, no sé, cuando lo miro siento que tiene cierta similitud con él —comentó Reki mostrando un adorable sonrojo en sus mejillas. —Pero Harry insistió en que a cualquier estampado que pusiera le agregara el gato-diablito rojo con aureola que tiene mi tabla.

—¡¿Qué?! —su tono debió ser algo entre el desconcierto y la molestia porque Reki se apresuró a aclarar.

—Dice que sería bueno comenzar a firmar mi trabajo, y una mascota o logo vendría siendo una marca que señalara que tabla fue fabricada o reparada por mí. No sé hermano, la idea me pareció genial al principio, ya sabes, no resalto mucho en cuanto a carreras, así que ser reconocido en otro ambiente suena bien…

Langa quería recordarle a Reki, mezquinamente, que él deseaba patinar y no solo ser apoyo. Pero contuvo su lengua a tiempo y simplemente intentó mostrar su aprobación por medio de una sonrisa, y debió funcionar porque Reki simplemente dejó el tema por la paz.

Pasearon en patineta compitiendo, y llegados al skatepark de siempre Langa pudo mostrarle los avances que había tenido, así como intentar que Reki copiara uno que otro truco. Para cuando vinieron a darse cuenta el día había terminado y era hora de volver a sus rutinas. A la distancia que de a poco se iba haciendo normal entre ellos.

Langa insistió en acompañar a Reki a casa, deseaba con desesperación pasar todo el tiempo que pudiera con él, volver a ser feliz a divertirse como lo que era, un joven de dieciocho años. Porque a pesar de ser una gran oportunidad en su vida, el hacer skate en el centro de entrenamiento no era tan divertido.

—Cuando termine el torneo voy a pedir vacaciones —comentó Langa mirando el cielo mientras ambos subían la cuesta que iba a la casa de los Kyan. —Quiero volver a Canadá por una semana o dos porque extraño a mis abuelos y el snowboard.

Reki asintió con la cabeza, porque no tenía nada que decir y ese viaje solo significaba que Langa se iría. Lo bueno es que ya estaban frente a su casa y no tendría que mantener su mascará de felicidad por mucho tiempo.

—¿Quieres venir conmigo? —preguntó Langa al final con la vista suplicante por que aceptara la invitación.

Reki casi jadeo apenas acallando un grito de felicidad al cubrir su boca con ambas manos porque nunca espero dicha propuesta.

—Se que es muy repentino y que el torneo aun está a tres meses de distancia, y el costo del pasaje es algo a tomar en cuenta, pero nos quedaríamos con mis abuelos y… —comenzó a balbucear al no recibir respuesta.

Los brazos de Reki lo envolvieron con fuerza mientras su boca repetía una y otra vez —sí, sí, sí…

Después de aquella felicidad momentánea el destino al parecer celoso de las cosas buenas les hizo una mala jugada, el centro de entrenamiento anunció un curso intensivo, por lo que Langa no acudiría a la escuela hasta el terminó del torneo.

Tres meses lejos era demasiado tiempo.

Pero a pesar de no estar al cien por cien de su desbordante energía, Reki estaba bastante tranquilo, la promesa de un viaje con Langa le hacía latir el corazón cada que lo recordaba y ahora tenía un nuevo amigo apasionado con el Skate.

—Reki —llamó Harry apenas llegar a la azotea para el almuerzo. Reki que llevaba su tabla al fin terminada, se la entregó con esperanza de que le gustara.

Harry extendió las manos, en sus ojos se podía leer la anticipada alegría de por fin tener algo hecho por Mechanic-Star. Y cuando al fin sus ojos se posaron sobre el diseño del Akita disfrazado al puro estilo ninja rodeado de Shurikens dorados, toda la felicidad habida en el mundo pareció estallarle en el pecho.

—Es maravillosa —exclamó con tanta emoción que Reki pensó estaba sosteniendo una de las siete maravillas del mundo y no una simple tabla de skate. —Quiero lucirla hoy en S. ¿Qué dices? —invitó Harry.

Reki no estaba del todo de humor, pero pasarse por el Crazy Rock era una apuesta segura para levantarle el ánimo así que terminó aceptando, eso sí, se aseguró de enviarle un mensaje a Miya y a Joe por si deseaban unírsele.

Miya inmediatamente confirmó, alegando que le caería muy bien patear un par de traseros para desestresarse, y quería saber de primera mano cómo le estaba yendo a Langa en la selección. Joe por el contrario se disculpó, tenía una reserva para esa noche de un grupo muy selecto a quienes debía dar la mejor impresión.

Miya llegó temprano igual a Reki, ambos estaban felices de verse después de tanto tiempo separados.

—Déjame ver que tanto has mejorado —retó Miya con la mirada afilada en desafió.

Pero cuando patino con Reki, como era de esperarse, todo se convirtió en solo diversión. Miya amaba pasar tiempo con él porque se olvida de todo, la brillante sonrisa de Reki eclipsaba cada preocupación solo dejando una cálida sensación de alegría.

A mitad de la noche se presentó Harry, quien de manera tímida se acerco a la pareja.

—Reki —nombró para hacerse notar.

Reki no dudo en presentarlo con Miya, apenas notando el leve gesto de disgusto en su agraciado rostro. Una mueca que no pensaba dejar pasar tan fácilmente. Así que apenas pudo quedarse a solas lo trajo a colación.

—No te agrada Harry —dijo Reki cruzándose de brazos mientras miraba de frente a Miya, y aunque su postura era defensiva, su rostro llevaba una sonrisa relajada, casi burlona.

Miya cerró sus ojos verdes mientras suspiraba, bien podría negarlo, pero no tenía sentido. —No, no me agrada —respondió sin el menor remordimiento. El rostro de Reki se endureció por una milésima de segundo, por eso Miya se apresuró a agregar. —No está a nuestro nivel.

—Dirás que no esta a tu nivel —escupió Reki en tono forzado mientras desviaba la mirada. —Porque yo soy el único SLIME en nuestro grupo.

Miya se sorprendió ante este cambio de tema. Es decir, Langa llegó a mencionarles algunas cosas sobre el problema real tras su única pelea y repentino distanciamiento, pero creyó que eso estaba en el pasado.

—Reki, yo… —Miya estaba decidido a aclarar el apodo.

—No. Miya. Yo losiento. No se porque dije eso. Es decir, esta bien que no todos mis amigos te agraden, es normal —y Reki dejo salir una risa a todas luces fingida. —Solo por favor olvida lo que dije —concluyó bajando la mirada y pasando a su lado.

—Reki, espera… —intentó sujetarlo del brazo sin embargo a lo que sus dedos se aferraron fue a un chaleco verde de un tipo que comenzaba a fastidiarle.

—Creo que es mejor que lo dejes solo por ahora —opinó Harry interponiéndose para que Miya no siguiera a Reki.

Miya chisto con los labios y patino en dirección contraria, ya le enviaría a Reki un mensaje para que pudieran verse sin intervenciones. Poco imaginaba que esa sería prácticamente la última vez que lo vería o sabría de él en un largo tiempo.

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Langa estaba a punto de reventar, su tranquilo temperamento había llegado al límite, sus manos se aferraron a la sudadera de uno de sus compañeros para estrellar su cuerpo contra la rampa de entrenamiento. Sus ojos eran cuchillas de hielo afiladas que estaban a nada de atravesar al otro muchacho. Todo su cuerpo estaba temblando de contenerse para no golpear hasta la muerte a quien tenía en frente. Atrapado entre sus dientes su labio sangraba, era tanto el control que estaba poniendo sobre él que Langa no estaba seguro de cuanto más podría soportar.

El otro chico susurro una disculpa, completamente aterrorizado por la postura y cara de furia que tenía Hasegawa, mientras se preguntaba a donde había ido a parar ese chico tranquilo y casi apático que conocía.

—Pero que está pasando aquí —grito el entrenador corriendo a separar a los dos jóvenes un segundo antes de que el puño de Langa se estrellara contra el rostro de su compañero. —Hasegawa —nombró el entrenador con la esperanza de hacerlo reaccionar, porque Langa era un torbellino de manos y piernas que buscaba liberarse de su agarre con la única intención de golpear al otro muchacho. —Basta, cálmate de una vez —exigió con toda la autoridad que logro hacer fluir a través de su voz.

—Esa tabla era mi mundo —gritó Langa con tal desesperación y con la mirada cristalizada por las lágrimas, que todos los presentes sintieron su pérdida.

Fue hasta ese momento que el entrenador se percató de la tabla azul con el Yeti gruñendo, partida a la mitad y tirada a un par de metros de ellos.

—Se que fue mi culpa y voy a comprarte otra no importa el precio —acepto su compañero.

Era la primera vez que veían tal descontrol en Hasegawa, y se sentía demasiado culpable por haber tomado su tabla sin permiso cuando Langa fue a tomar una llamada de su madre. En su defensa alegaría que apenas pararse sobre ella las ruedas parecieron moverse en direcciones opuestas, la mejor descripción sería que se volvieron locas, lo que provocó que se volcara, su experiencia como patinador y reacio a caer lo hicieron aferrarse a la tabla un movimiento mal calculado que terminó lanzándolo hacia el borde externo, es decir el filo de la rampa, con tan mala suerte que fue la tabla y no las ruedas las que recibieron el impacto partiéndola a la mitad, el crujido casi estremecedor le llegó a los oídos justo a tiempo para que diera un salto hacia adentro del medio túnel evitando caer los tres metros en mala postura, lo que le garantizaría una lesión. Apenas tuvo tiempo para sentirse aliviado cuando Langa regresó y vio a su amada tabla caer en dos pedazos al suelo.

Y fue ahí que la furia se apodero de él, la sangre dentro de las venas de Langa hervía y todo su cuerpo estaba fijo en un solo objetivo, moler a golpes al responsable. Una parte de su cabeza le susurraba que sí hacia eso lo iban a sacar de la selección y todo el trabajo duro y el tiempo desperdiciado no valdrían para nada. Pero hubo un leve momento en que su corazón destrozado igual a su tabla clamando venganza le ganó a su razón. Porque ¿Qué le iba a decir a Reki? ¿Con que cara se iba a presentar para pedirle que la reparara? Esta era la segunda vez que rompía a la adorada Reki-L2S (Reki-Langa Special Rolling Slider) de Reki.

—Es solo una patineta —comentó uno de tantos de los que se encontraban apiñados ahí, logrando que el poco control que Langa recuperó se fuera al caño.

Langa estaba ciego de ira intentando golpear al estúpido que rompió su tabla y de paso al otro idiota que se atrevió a decir esa tontería, obligando a que el entrenador con todas sus fuerzas apenas lograra volver a sujetarlo para arrastrarlo rumbo a su oficina.

Langa estaba temblando al contener tantas emociones dentro de él. El entrenador suspiró intentando encontrar una solución al problema. A base de observación había notado que la tabla de Hasegawa no era como las demás, tenía modificaciones que nunca había visto, pero lo más sorprendente era el balance y la proporción de dicha patineta. Era como si hubiera sido exclusivamente diseñada para ajustarse al peso, altura y amplitud de Hasegawa Langa, lo que explicaría porque Sasaki, a pesar de su enorme talento fue incapaz de montarla.

—Mira soy muy consciente de la particularidad de tu patineta —comentó el entrenador con tono medido, no quería que Hasegawa se le fuera encima. —Así que te propongo un trato. El centro pagara para que puedas mandar a hacer una igual y mientras tanto podemos facilitarte una para que continúes con el entrenamiento.

Langa levanto la cabeza, sus ojos aun mostraban la rabia que sentía, y aunque la propuesta era buena, lo que temía en sí era decirle a Reki como se rompió en primer lugar. Otro punto era que se había acostumbrado tanto a Reki-L2S, que con cualquier otra estaba seguro que caería en la primera curva al suelo. Ninguna iba a girar igual de rápido y con tal precisión que la suya.

Langa suspiro derrotado y negando firmemente con la cabeza, ya nada podía hacer por su tabla, pero al menos evitaría lesionarse.

—No puedo patinar si no es con esa tabla —afirmó mirando de frente al entrenador. —Pediré que me hagan otra, pero hasta entonces no participaré en los entrenamientos.

Una petición como esa hubiera sido denegada de inmediato, pero en este caso había varios atenuantes, como el hecho de que la tabla fue rota por los mismos alumnos del centro de entrenamiento, lo cual podría tomarse como bullying, y era causa inapelable de expulsión, así que si el entrenador se negaba y obligaba a Langa a continuar los entrenamientos y este se lastimaba, las repercusiones serian colosales, en otro escenario Langa podría contar el motivo de su expulsión y entonces todo el centro se vería comprometido por su poca disciplina e injusto trato. No, era mejor solo darle ese tiempo que estaba pidiendo.

—Bien, pero dile a tu proveedor que se apresure.

Langa asintió tristemente para salir de ahí a recoger los trozos de sus alas. El Skate lo hacía libre, lo remontaba por los cielos, sin su tabla solo era un pájaro desplumado que mira hacia arriba sin poder volar.

Ya estando en su cuarto Langa miraba el celular en su mano, lo encendía y volvía a apagar porque no estaba preparado para enfrentar a Reki. Había pensado que decirle, como decirle, empezaría preguntándole como está, si le estaba yendo bien en los exámenes, cuanto había progresado Koyomi en Skate y luego… se lo diría.

Langa se despeinó el cabello en un gesto impropio de él, se dejó caer en su cama, se levanta y vuelve a repetir el ritual. Pero a eso de las diez, al fin se arma de valor y llama, Reki no contesta, ni esa ni las siguientes veinte llamadas que hace, tampoco obtiene respuesta de los treinta mensajes de texto, por lo que un tanto preocupado termina llamando a Miya y a Joe al día siguiente.

Miya es por mucho más accesible, responde a la segunda llamada, Langa supone que se debe a que marcó en horas de clase. Después de los saludos de rigor y preguntarle sobre su propio progreso y si se siente listo para la prueba del equipo nacional, al fin la conversación deriva a Reki. Miya le cuenta muy resumidamente su encuentro de hace semanas con Reki en S, y que desde entonces no lo ha visto ni contestado sus mensajes. Información con la que Langa termina aún más preocupado después de despedirse. Cuando Joe lo contacta tres días después preguntándole si se encuentra bien, o si puede ayudarlo en algo, Langa toma la oportunidad para desahogarse un poco y pedir consejo.

—¿Crees que Reki me perdone y quiera hacerme otra tabla? —pregunta con tristeza una vez que termina de contarle lo sucedido. Su tabla rota reposa en su cama y él la mira y toca con toda la adoración que siente por la persona que la creó.

Joe al otro lado de la línea suspira. Lo cual no es una buena señal y eso enciende todas las alarmas. Esta asustado de solo pensar que quizás Reki se ha dejado abatir como la última vez y…

—¡Ey! Tranquilo chico. Reki está bien…

Langa no parece creerlo, por lo que Joe renuentemente le cuenta que Reki está pasando por un problema familiar bastante delicado, y que por ahora no cree que pueda dedicarle tiempo a nada más. Y aunque Langa insiste en que Joe le especifique más, el chef se niega porque Reki acudió a él apostando todo a su confianza y discreción.

—Tendrás que preguntárselo tú mismo, Reki desea que esto se quede en privado, ni siquiera se lo ha dicho a Miya —concluye Joe sintiéndose mal cuando Langa se despide y puede escuchar en su voz tristeza, añoranza y recelo.

Langa se siente culpable porque no está cerca para brindarle su apoyo a Reki en un momento como ese, además de preguntarse ¿cuál sería ese problema tan delicado que no puede compartir con nadie además de Joe? ¿Por qué no acudió a él?

Cuando terminó de hablar con Joe eran las once y tantos de la noche, por lo que no sería prudente importunar a nadie más por ese día, pero se juró que mañana a una hora decente hará lo que nunca pensó hacer, llamar directamente a la casa de los Kyan. Si Reki no contesta el celular, habrá alguien en su casa que levante el teléfono.

Al día siguiente parece neurótico mirando fijamente el teléfono, está esperando a que den al menos las diez de la mañana para marcar. Tiene el número de la casa de Reki, así como Reki tiene el número de su casa y el de su mamá, solo por si acaso.

El reloj da las nueve y media y Langa ya no puede aguantar más, selecciona el contacto y espera, da dos tonos antes de que la línea se abra.

—Carpintería Kyan, su satisfacción está garantizada —dicen antes de que Langa puede incluso decir una palabra.

Langa parpadea, no entiende lo que está pasando, lo único seguro es que la voz que sale del auricular es de…

—Harry —gruñe el nombre con desprecio. Como si pronunciarlo fuera una ofensa.

—Hasegawa —susurra Harry al reconocer quien llama.

—Quiero hablar con Reki —solicita con los dientes casi rechinando. Miles de escenarios están pasando por su cabeza y ninguno es grato, cuanto menos porque Harosuke Yamada alias Harry está atendiendo el teléfono de la casa de los Kyan.

—No está disponible —responde Harry con tono neutro.

—Dile que estoy al teléfono —exige Langa sintiendo como la bilis comienza a subirle por el esófago.

Hay un minuto de silencio y luego un suspiro.

—Escucha Langa, no es mi lugar decirte esto, pero lo haré para que dejes tranquilo a Reki.

Langa traga aire ruidosamente, quiere gritarle a Harry, porque él no puede decidir lo que es mejor para Reki, ni cortar sus contactos, pero antes de que comience a despotricar las seis palabras que escucha lo dejan aterido.

—Las gemelas están en el hospital.

Langa no sabe que ha sucedido. Joe dijo que Reki estaba bien. Joe no le mentiría. Aunque también dijo que tenía problemas familiares.

—¿Cómo están? —pregunta en apenas un hilo de voz.

—Milagrosamente fuera de peligro. Pero las cuentas del hospital que están pendientes son demasiadas, Reki ha pedido un aplazamiento para los exámenes y se ha dedicado a reparar, diseñar y construir muebles de madera, consiguió otro trabajo de medio tiempo además del que ya tenía en Dope Sketch para solventar algunos gastos. Por ahora le ha ido bien, pero… —y Harry pareció dejar salir su alma junto al aire de sus pulmones. —Lo siento, ya no puedo decirte más, porque eres la persona que menos quería se enterara de esto. Reki siempre dice que nosotros no somos como tú, que estas destinado a la grandeza, te tiene en un pedestal y…

Langa aguza el oído, porque la voz lejana y apenas audible que interrumpió a Harry preguntando quien es, si es otro pedido pertenece a Reki. El corazón de Langa se agita y sus ojos se llenan de lágrimas, extraña tanto a Reki, sus hermosas sonrisas, su enternecedor tacto, su amable y vivaz mirada. Quiere volver. Quiere correr a los brazos de Reki.

—Es solo número equivocado —dice Harry y Langa casi puede ver a Reki encogerse de hombros y continuar caminando rumbo al taller. —No vuelvas a marcar por favor, no le ayudaras si te rindes ahora. Termina con lo que empezaste y vuelve con esa medalla con la que tanto sueña Reki.

La comunicación se cortó y Langa se quedó ahí mirando el teléfono y la tabla rota. Tiene que mandar a hacer otra, pero no sabe a quién recurrir, no puede pedírselo a Reki ahora. Pero patinar con otra que no sea Reki-L2S se siente como una traición.

No le queda más remedio que acudir al entrenador en busca de que le recomiende a alguien que pueda repararla.

El entrenador mira la patineta, es prácticamente insalvable.

—¿Se puede pegar? —pregunta esperanzado Langa.

El entrenador niega, porque sería muy arriesgado hacer acrobacias en una tabla parchada y él no piensa arriesgar la seguridad del mejor miembro del equipo, de lo que todos patrocinadores y coach del centro piensan es su as del triunfo.

Langa esta devastado, está en un callejón sin salida. Si no puede cumplir la promesa que le hizo a Reki de ganar el torneo entonces para que esta ahí. Sus ojos azules vagan por el jardín del centro de entrenamiento, desde donde esta puede ver a varios miembros practicando con entusiasmo.

—Conozco a alguien que puede reparar tu tabla.

Langa casi da un brinco cuando esa frase es dicha a su espalda, pero luego racionaliza la oferta y sus ojos por primera vez en mucho tiempo se iluminan.

—¿De verdad?

—Si, es el mejor te lo aseguro. Quedará como nueva —afirma el muchacho haciendo florituras en el aire con la mano.

—Y bien ¿Quién es? No importa el precio. —Langa estaba desesperado por reparar su tabla.

—¿Harías cualquier cosa por reparar tu tabla? —preguntó señalando las dos mitades que descansaban en su regazo.

—Si —respondió rotundamente Langa sin pensarlo. Si no hubiera estado tan concentrado en su necesidad habría recordado que no todos son Reki Kyan que ayuda a las personas solo por amabilidad, y sí hubiera notado la mueca casi maligna que se dibujó en el rostro del otro.

—Algunos chicos y yo tenemos una carrera este viernes por la noche, si nos ayudas a ganar tendrás tu tabla de vuelta, si pierdes…

—No perderé —aseguro Langa con firmeza.

—Así se habla amigo —felicito el otro. —Entonces te veo en la puerta principal el viernes a las nueve. — El chico comenzó a caminar en dirección a los dormitorios. —¡Ah! Y no dejes que te vean saliendo.

Langa estaba decidido, iba a ganar la carrera y entonces tendría de regreso a Reki-L2S.

—Hasegawa-san —llamó Sasaki Kayano, el responsable de que su tabla se encontrara en tan lamentables condiciones. —No deberías hablar con personas como Shori, él es…

—No mejor que tu —escupió Langa con desprecio, no podía evitar odiarlo.

Sasaki bajo la mirada sintiéndose mal, porque a pesar de que nunca fue su intención dañar la patineta de Langa, fue él quien aceptó el reto de sus demás compañeros. Esa tarde cuando vieron a Langa dejar su patineta recargada contra el muro, sus cinco compañeros comenzaron a desafiarlo para que la tomara.

Sasaki era bueno y sin embargo le tenía envidia a Langa. Sus casi mágicos dones para volar por los aires, su increíble talento para las piruetas o cualquier tipo de acrobacia le hacían desear saber sus secretos, y pensó que si montaba la tabla de Langa quizás podría conocerlos, descifrar la razón por la cual era tan bueno. Se equivoco.

—Lamento lo que pasó con tu tabla, y aun esta en pie mi oferta de comprarte otra —recalcó logrando solo que Langa lo mirara con mayor frialdad. —Yo… no tengo excusa por tomar algo tuyo sin tu permiso, pero Shori no va a ayudarte, es un…

—Mira, él dice que puede reparar mi tabla, y no puedo competir con otra, así que, en realidad gracias a ti, no tengo muchas opciones.

Sasaki se mordió los labios. Hasegawa realmente debía estar molesto para echarle en cara la culpa, se lo merecía, y por eso sabía que debido a su error no podía permitir que se metiera en más problemas.

—El piensa llevarte a S. Son carreras ilegales en…

—Una mina abandonada —concreto Langa tensando su postura. —¿Y…?

Esa sola letra le sonó a Sasaki como si estuviera diciendo, dime algo que no sepa, o que te importa a donde vaya. Sin tener nada más que agregar Sasaki negó con la cabeza. Langa se fue dejándolo ahí plantado como arbusto al sol.

El viernes por la noche Langa se escabullo de los dormitorios sin problemas, y se presentó en la entrada principal del centro de entrenamiento en donde Shori y dos chicos más, Akame y Natsu lo esperaban.

—Ya estamos completos, vamos —ordeno Shori mientras alzaba la mano para llamar a un auto que se encontraba discretamente aparcado a un par de metros, y que según deducía Langa sería su transporte.

El recorrido fue horrible, los cuatro chicos no paraban de hablar estupideces, pasaron desde temas incomodos como presumir quien hizo la broma más pesada a los novatos, hasta los desagradables, cuando comenzaron a hablar de chicas y cada parte de su anatomía.

Langa bajaba la cabeza mientras una vez más se daba cuenta de la maravillosa persona que era Reki, pues al tener tres hermanas y una madre a las que amaba con fervor jamás dijo o hizo nada que incomodara o hiciera sentir mal a una chica. Mostraba respeto y admiración por las mujeres. Sus temas de conversación siempre eran entretenidos y curiosos. Sus gestos, ademanes y manías eran entrañables, como el hecho de que si no podía patinar con los pies entonces lo hacia con los dedos.

Un golpe nada considerado lo hizo regresar al presente, en donde tres pares de ojos lo miraban esperando una respuesta para una pregunta que él no había escuchado.

—¿A cuantas tipas te has tirado? —repitió la pregunta Akame.

Langa se ruborizo, no podía estar preguntando eso enserio. No se suponía que para los japoneses era algún tipo de tabú.

—Yo no… —quiso decir Langa.

—Con esa cara y siendo extranjero seguramente se te lanzan a los brazos —se burlo Natsu.

Por suerte para Langa y su avergonzada virginidad llegaron a Crazy Rock, donde los preparativos para la S de esa noche ya estaban en movimiento.

Langa respiró profundo, extrañaba tanto la S y la libertad que le brindaba, pero hoy estaba ahí no para divertirse, sino para ganar.

La enorme pantalla estaba encendida, lista para transmitir la primera carrera de esa noche. A Langa le cosquilleaba las manos en anticipación. La emoción estaba regresando de a poco.

—Es una carrera de cuatro contra cuatro —informó Shori mirando a sus compañeros. —Gana el equipo cuyos miembros atraviesen primero la meta.

Langa asintió, en teoría sería bastante fácil, nada de bajadas suicidas, ni pasos de la muerte, ni genios locos dispuestos a encerrarlos en una dimensión solo para dos. Una carrera y tendría de regreso su skate.

Los cuatro se pararon en la salida luciendo muy confiados y como no estarlo, eran parte de la selección japonesa, profesionales mientras que los retadores.

—Dense prisa perdedores, no tenemos toda la noche —espetó Shori al público en general al no ver aparecer al otro equipo. —Entre más rápido acabemos con los don nadie, más pronto reclamaremos nuestro premio —pronunció Shori con tal deleite que parecía estar saboreando un dulce manjar. —Mechanic Star ya eres mío —afirmó Shori relamiéndose los labios.

Ese sobrenombre hizo estremecer a Langa, lo había escuchado antes pero no recordaba en donde, así que cuando vio a quien se estaba refiriendo sintió que el mundo se le iba encima. Caminando directamente hacia él pudo ver a la persona que más anhelaba y no ver esa noche, a Kyan Reki.

Reki se paró orgullosamente frente a Shori, sus ojos desprendían como siempre determinación y fuerza, un aura que se evaporó en cuanto sus ambarinos ojos al fin miraron más allá del brabucón con el que iba a enfrentarse. Y aun con la ropa tan holgada como suele usar, Langa pudo apreciar la notable pérdida de peso y las bolsas negras bajo los ojos del pelirrojo.

—¿Langa? —pronunció su nombre con la duda palpable. —¿Estas con ellos? —espetó con incredulidad y dolor en la voz. —Y ¿Dónde está Reki-L2S?

—¿Se conocen? —preguntó Akame sinceramente divertido justo antes de que la S al completo comenzara a gritar su apodo.

—SNOW

—SNOW

Pero Langa no prestaba atención, todo su ser estaba concentrado en mirar a Shori cuando pregunto cuál era la apuesta.

—Si ganamos Mechanic Star será mío por una semana. Si perdemos estamos fuera de Crazy Rock y S.

A Langa se le fue el aliento. Eso no podía estar pasando. ¿Cómo había terminado metido en semejante situación? Al menos Langa estaba seguro que Joe y Miya no dejarían solo a Reki y eso ya era una esperanza para emparejar las cosas.

—Para empezar, voy a hacer que repare tu tabla —se mofó Shori.

Reki por su parte bajo la mirada, sus manos se aferraron a su tabla con fuerza al comprender que este desafío prácticamente lo tenía perdido, competir contra Langa era inútil, su nivel era por mucho muy superior y aun así, no pensaba hacerse para atrás.

—Que comience la carrera —incentivo Reki poniéndose al frente de su equipo, un equipo que no incluía a nadie que Langa conociera.

—Taka, Sakura —gritó Miya abriéndose paso entre la multitud, sus brazos apartaban a todos sin importarle nada. —¿Pero que rayos creen que están haciendo? Aún no están listos para competir —exclamó asustado de ver a su recientemente recuperado amigo de la infancia y a su compañera de escuela a punto de correr.

Había tardado mucho para recuperar su amistad con Takashi, tanto que Miya en un impulso de demostrarle que no lo consideraba inferior como tantos años atrás le increpo, le ofreció llevarlo a S, aunque nunca se imaginó que Sakura también se les uniera, la chica estaba tan enamorada de Takashi que no dudo en seguirlo, y ahora…

—Puedo hacerlo —afirmó Taka mientras con la mirada le retaba a menospreciarlo. Miya suspiro derrotado, no pensaba cometer el mismo error que con Reki, aunque Sakura era otro cantar. —Al menos deja que tome el lugar de Sakura, ella aún no sabe tomar bien las curvas.

Takashi miró a la chica, ella estaba decidida a participar aun cuando saliera lesionada, sin embargo lo que estaba en juego era la integridad de Reki, así que aceptó.

Los ojos de Miya recayeron en el otro integrante del equipo, Harry, estaba por mucho en desventaja. Y luego sus ojos notaron a —Reki —gimió Miya al verlo. Su inteligente cabeza intentando descifrar como es que Taka y Sakura conocían a Reki, y como terminaron metidos en semejante lio, pero dejo sus dudas para después. —Ten cuidado —advirtió Miya a Taka cuando el semáforo encendió la primera de sus luces.

Una nueva revelación casi aturdió a Miya cuando en el equipo contrario distinguió a…

—Langa.


Varias semanas atrás.

Reki entró corriendo al hospital, estaba aterrado de lo que encontraría. Oka-san le había permitido salir cuando supo que las hermanas pequeñas de Reki estaban graves. Pero Reki no tenía a nadie a quien culpar. Lo ocurrido fue solo mala suerte. Las gemelas habían estado jugando a las escondidas esa mañana en la guardería con sus demás compañeros, fue un día normal donde se escuchaban sus risas por todo el patio, sus pies corriendo y los gritos que soltaban cada que encontraban a uno. Hasta el último turno cuando a pesar de buscar por todas partes no pudieron hallar a las gemelas Kyan. De inmediato los niños corrieron a avisar a las maestras, que al principio tomaron con gracia el pánico de los niños. las puertas de la estancia infantil estaban cerradas por lo que no pudieron haber salido de las instalaciones. Pero por más que buscaron tampoco pudieron dar con ellas. Llamaron a su madre y pronto se armo un grupo de búsqueda que barrió la escuela al completo.

Koyomi fue la primera en llegar a casa a eso de las cuatro de la tarde, sintiendo de inmediato que algo no estaba bien debido al silencio apabullante de la casa. El timbre del teléfono la hizo brincar en su lugar del susto, y solo levantó el auricular para enterarse de lo sucedido mientras su madre le pedía que se uniera a ellos en la búsqueda. Koyomi tomó una chaqueta para su madre y salio de la casa a toda prisa solo recordando llamar a Reki hasta cuando ya veía la entrada de la guardería. Las manos le temblaban tanto que el celular casi se le cayo un par de veces, sus ojos estaban negados en lágrimas y necesitaba a su hermano mayor ahí con ella.

—Reki —gimió apenas la línea se abrió, su garganta seca le impedía decir todo lo que deseaba y quizás fue mejor, porque mientras buscaba las palabras adecuadas para darle a Reki la mala noticia, el grito avisando que las encontraron y las llevarían al hospital mantuvo a Koyomi y a Reki en control de si mismos.

Las niñas se habían escondido en la parte más alejada de la guardería, sus pequeños cuerpos pasaron con facilidad entre las cisternas de agua mohosas y sucias. El agua escurría y sus vestidos se empaparon, pero en sus pequeñas cabezas pensaron que era un gran escondite, así que se fueron metiendo cada vez más empujadas por la infantil idea de ganar el juego. La parte trasera estaba húmeda y sucia sin embargo, ellas solo intentaron no tocarla. El tiempo pasó y nadie venía a buscarlas, fue Chihiro quien sujetando la mano de Nanaka decidió que era suficiente, que tal vez sus amigos ya se habían cansado y rendido proclamándolas como ganadoras, así que intentó deslizarse de nuevo hacia afuera, encontrando para su horror que no podían salir. Comenzaron a gritar por ayuda. Pero nadie las escuchó e hicieron lo único que puede hacer un niño en esa situación; llorar. Después de un rato se cansaron tanto que se quedaron dormidas contra el muro, tenían mucho frio pues la humedad estaba calando rápidamente en su pequeño cuerpo. Las niñas se abrasaron con la esperanza de que pronto alguien diera con ellas, el calor del sol se estaba desvaneciendo con forme avanzaba el día y el frio aumentaba.

El diagnostico fue hipotermia, aunque pronto empeoraron cuando desarrollaron síntomas de neumonía, y quizás infección o intoxicación.

Masae Kyan intentó con todo lo que tenía mantenerse fuerte, pero después de un par de días las niñas no parecían mejorar y la casa estaba hecha un asco porque ella debía permanecer en el hospital todo el tiempo.

Koyomi tomó sobre ella la obligación de llevar y traer los cambios de ropa de su madre, así como los alimentos. Lavaba la ropa y procuraba mantener la casa limpia, iba a la escuela y de regreso compraba los víveres. Reki se responsabilizo de preparar los alimentos y lavar los trastes, así como conseguir la mayor cantidad de dinero posible. Tenía unos cuantos ahorros, los cuales apenas cubrieron los primeros estudios de las gemelas, los medicamentos y la estadía en el hospital eran facturas que con el sueldo de su padre se cubrían casi en un ochenta por ciento. El veinte restante y los alimentos diarios de la familia Reki los absorbió.

Fue así como termino entrando a Sia La Luce para pedirle a Joe un préstamo. Al principio Joe desconfió del por qué necesitaba tanto dinero, por lo que Reki tuvo que contarle la situación real de su familia mientras prometía devolverle el dinero en la menor cantidad de tiempo posible.

Joe le extendió un cheque asegurándole que no tenía que presionarse. Pero Reki siendo Reki pidió permiso en la escuela y busco otro trabajo de medio tiempo. Lo cual no genero el suficiente dinero. En realidad fue la idea de Harry la que lo sacó del atolladero, le consiguió un par de clientes y le llevó varios muebles de madera a su taller para que los reparara. Su talento para la carpintería fue su salvación, aunque eso le costó dejar el Skat por un tiempo, así como muchas de sus horas de sueño porque debía trabajar por la noche. Estaba llegando al límite de sus fuerzas, porque prefería adelantar trabajo en vez de perder el tiempo comiendo, y las pocas veces que dormía las pesadillas lo despertaban tan asustado y nervioso que prefería volver a trabajar.

Su familia era primero y él pensaba darlo todo para ayudar.

Los días pasaron rápido y pronto Reki para su completa satisfacción y alivio no solo reunió el dinero que le debía a Joe, y un poco más para cubrir otro tanto de las facturas del hospital, sino que las gemelas al fin mostraban grandes mejorías y fueron dadas de alta, así que estaba casi desahogado. Los infernales días estaban quedando atrás.

Sus padres habían llorado entre sus brazos mientras agradecían todo el apoyo recibido por parte de él y Koyomi. Un halago que Reki no tomó con interés porque eran familia y eso era lo normal. Se cuidaban unos a otros desinteresadamente.

El jueves por la noche un día después de que las gemelas fueron instaladas en su cuarto nuevamente, Masae se presentó en la habitación de su hijo con su tabla entre las manos. Era hora de que Reki volviera a lo que le apasionaba. Ella amaba a su hijo y le dolía saber que, aunque por un corto periodo de tiempo, abandonó su vida para tomar responsabilidades que no eran suyas. Reki siempre fue así, tan entregado a los que amaba, se esforzaba al máximo y daba el mínimo de molestias.

—Tienes a donde ir, entonces ve —dijo Masae colocando la patineta en el regazo de Reki.

Reki la abrazo con fuerza y luego salió por la ventana.

Llegar a Crazy Rock no le tomo mucho tiempo, estaba feliz de poder volver a ese mundo que era una parte importante de él.

—¡Ey, Reki! —nombro Harry apenas verlo, con la mano en alto se acerco corriendo a su encuentro.

Reki le sonrió de vuelta mientras su mirada mostraba lo extasiado que se sentía en medio de todas esas luces neón y el sonido de las ruedas.

—Pensé que ibas a presentarte hasta el viernes, como mencionaste que estabas cansado, yo…

—Iba —afirmó Reki mirando con anhelo el medio tubo, esperando que tras ese periodo de ausencia sus habilidades no se hubieran oxidado. —Pero mi madre... supongo que quiere que me divierta… ella parece no saber como agradecerme la ayuda, digo no fue la gran cosa, cualquiera haría lo mismo por su familia ¿no?

—Tu eres extraordinario Reki —comentó Harry mirándolo de frente, sus ojos miel tenían una mirada seria que aseguraban no aceptarían contras.

—Solo soy un tipo normal —respondió Reki mientras abría la lata de refresco que traía en la mochila y le ofrecía otra a su amigo, en su cabeza repasaba mentalmente sus apuntes pues ahora debía presentar los exámenes que dejo pendientes.

—Debes estar bromeando Mechanic star.

Reki se giró a mirarlo avergonzado por el apodo.

—No me llames así —pidió rojo hasta las orejas, recordando esa vez que la patineta de Miya se deshizo bajo sus pies cuando fallo un truco, la misma que Reki prácticamente reparo de inmediato y con poco esfuerzo. Se la había entregado con orgullo y una enorme sonrisa mientras pedía que le llamaran Mechanic star Reki. Por supuesto Miya nunca lo hizo, sin embargo, los demás en S se tomaron muy enserio su petición.

—Pero eso eres… —exclamó Harry con las manos elevadas al cielo. —¡Rayos! eres parte del grupo de los mejores patinadores de S.

—Yo no… —intentó negar Reki.

—¿Hasta cuando vas a darte cuenta Reki? —reprochó Harry encorvando el cuerpo ocultando su mirada detrás de sus lentes. —Joe y Cherry son veteranos, te llevan décadas de práctica, Miya está en una escuela privada en donde los entrenadores se la pasan corrigiendo sus movimientos y miden su progreso, tiene horarios y rutinas para una mejora eficiente de sus puntos débiles. Diablos, puede que incluso haya empezado a patinar desde los cinco años. Shadow usa trucos sucios para ganar la mayoría de las veces. Y Hasegawa, Langa fue entrenado por un profesional desde los dos años, es decir lleva toda la vida arriba de una tabla. Pero tú, Reki empezaste a los trece, nadie te enseñó, todo lo que has aprendido es por merito propio, nunca te has rendido y has tenido las agallas de enfrentarte a cualquiera.

Reki sintió su corazón detenerse, nunca había considerado todos esos factores cuando se comparaba con Shadow, Joe, Cherrry, Miya y Langa, él solo podía pensar en la enorme diferencia de habilidades, en el poco talento que tenía, en lo que le hacía falta para alcanzarlos, se sentía tan pequeño, tan poca cosa en comparación y aunque ya no se dejaba arrastrar por la negatividad aun así dolía ver volar a Langa, contemplar las hermosas acrobacias de Miya, contemplar la elegancia y presión de Cherry, la fuerza y dureza de Joe, hasta ver correr a Shadow a velocidades increíbles. En cambio, Ryosuke, no, Harry lo miraba como si fuera la estrella más brillante del cielo.

—Eres maravilloso Kyan Reki —aseguró Harry mirándolo de frente. —Tu sonrisa destella como el sol, tu amabilidad es una bendición para quienes te conocemos y compartimos la vida contigo, eres fuerte, decidido, talentoso, divertido, fiel y… simplemente asombroso.

Reki tenía las mejillas levemente sonrojadas y los ojos brillantes abiertos de asombro de solo escuchar todas esas alabanzas. Ciertamente Langa le dijo y agradeció las tantas cosas que hizo por él, pero Harry no estaba hablando de las cosas que le dio, sino de la persona que era Kyan Reki, él en su completo, no el patinador, no el mecánico, sino como ser humano.

—Te he visto luchar, brillar ante el mundo sin importar nada —continúo hablando Harry mientas sus manos se deshacían de la lata de refresco para acunar las de Reki. —Y me siento feliz y honrado de saber que eres mi amigo.

Todas esas palabras eran demasiado para Reki, por eso se puso de pie y se alejó, necesitaba tiempo para despejar el calor que sentía en el cuerpo.

—Reki —llamó Harry asustado de haber dicho cosas indebidas.

Reki elevó las manos y negó con la cabeza.

—Solo necesito un par de minutos, vuelvo enseguida —aseguró y luego del asentamiento de cabeza de su amigo se marcho para rumiar sus pensamientos con tranquilidad.

Antes de Langa nunca tuvo aun amigo al que le gustara el Skate, ni lo considerara especial, su amistad con el canadiense era especial, admiraba a Langa y estaba dispuesto a apoyarlo en todo, pero ahora, tras conocer a Harry y avanzar juntos, con las mismas habilidades, con los mismos tropiezos y problemas para lograr un truco, Reki se sentía más cómodo. No había esa presión de arriesgarse con tal de lograr un truco porque a sus amigos les sale tan natural como respirar. Con Harry podía equivocarse y saber que caerían casi la misma cantidad de veces antes de lograrlo.

No tenía que correr para alcanzar a nadie, sintiéndose insuficiente si no lo lograba, Harry iba justo a su lado, eran iguales.

—Somos iguales —susurró Reki, y esa sola frase lo hizo feliz.

Tal vez nunca formaría parte de la selección nacional, no tendría triunfos coronados con medallas, tampoco saldría en revistas o su rostro sería el representante de una marca deportiva, pero disfrutaría patinar con quien no tuviera que mirarlo hacia abajo, alguien que no lo dejaría atrás, alguien a quien no tuviera que apoyar, sino compartir caídas y sonrisas porque caminaban hombro con hombro. Siempre lo supo. Langa estaba destinado a otras cosas en las que Reki ya no figuraría, y aunque se mostraba tranquilo la verdad era que le lastimaba ver alejarse a quien el consideraba una de las personas más importantes de su vida. Cuanto hubiera dado por poder seguirlo, mantenerse cerca como Cherry y Joe, pero sabía que no sería así y con el tiempo su amistad solo terminaría siendo un bonito recuerdo. Por el contrario, Harry, con Harry quizás si podrían llegar a formar esa increíble cercanía.

—Porque somos iguales —dijo con mayor convicción sintiendo como el alivio se instalaba en su pecho, no importaba si Langa y Miya se iban, ahora Reki sabía que podría despedirlos con una sonrisa sincera y sus mejores deseos, porque su miedo más grande acababa de esfumarse. No estaría solo, Harry ahora le haría compañía porque él veía a Reki como nadie más lo había hecho, ambos podrían ser dos estrellas más en el firmamento mirando pasar a los maravillosos cometas que eran Hasegawa Langa y Chinen Miya.

Reki regresó sobre sus pasos con alegría, el corazón lo sentía ligero y el espíritu en paz. En su cabeza el deseo de ver a Langa alcanzando sus sueños y su máximo potencial explotó en miles de diamantes, quería verlo en televisión dando entrevistas, viajando por el mundo mostrando su talento y consiguiendo que miles de chicos amaran el Skate. Deseaba que Miya subiera tan alto como lo deseara, consiguiera récords que él ni soñando pensaría en batir, teniendo un club de fans que gritarían su nombre en cada competencia, quería verlos triunfar y ser felices.

—Harry —dijo Reki con las mejillas del color de las manzanas.

Su alegría se apago al ver como Harry intentaba proteger a un niño y una niña de la edad de Miya. El muchacho estaba en el suelo sujetándose el brazo, mientras la chica se mostraba indecisa entre ayudarlo a ponerse de pie o mantenerlo en el suelo para que no empeorara una posible lesión, por lo que Reki se apresuró a socorrerlos.

—¿Te has hecho mucho daño? ¿En donde sientes el dolor? —preguntó Reki tomando con cuidado la mano del chico para comprobar que no tuviera nada roto o fracturado.

—Solo fue el golpe, caí mal de la patineta cuando me empujaron.

—Eso de verdad fue peligroso. ¿Qué hubieras hecho si en lugar del brazo hubiera sido su cabeza? —cuestiono enérgicamente Harry, sus fuertes brazos que se mostraban gracias a las mangas arremangadas de su playera y su chaleco verde, podrían haber intimidado si no fueran tres los fanfarrones y estos no tuvieran su misma musculatura.

—Los perdedores sin talento deben apartarse si no quieren salir lastimados —respondió Akame afilando la mirada.

Reki se puso al frente, estaba arto de los tipos que por ser mejores creían que tenían derecho a denigrar a los demás.

—Retráctate ahora mismo —exigió Reki.

—¿Y si no lo hago? —dijo mientras picaba con un dedo el pecho del pelirrojo con tanta fuerza que lo obligó a retroceder un paso.

—Voy a enseñarte quien es el perdedor sin talento —sonrió Kyan altanero.

—No valen la pena, Mechanic Star —afirmó Natsu deseando parar la disputa, porque él sabía quién era Reki y admiraba sus habilidades. Además de haber escuchado que era parte del grupo de los principales en S, meterse con él podría terminar muy mal para ellos.

—¿Este es Mechanic Star? —preguntó Shori al fin tomando interés por la disputa. —Quien diría que es tan lindo. Yo me imaginaba un tipo grande y con miles de herramientas colgando de su cuello y caderas. No a una delicada jovencita.

—No soy una jovencita, ni tampoco delicado. Puedo ganarte donde y cuando quieras —espetó Reki verdaderamente ofendido.

—Hagamos esto, compitamos —exclamó Shori lo más fuerte que pudo para atraer la atención y que todos escucharan. —Si ganamos tu serás mío por una semana —los murmullos no se hicieron esperar.

—Pero si ganamos nosotros, no volverán a poner un pie en Crazy Rock, ni en S —exigió Reki con la mirada fiera.

Shori sonrió completamente seguro de su victoria.

—Acepto, nos vemos el viernes lindura.

Y ahora regresando al presente, mientras se acercaba a la línea de salida para la carrera Reki no podía dejar de ver la tabla que Langa estaba utilizando, un puñal atravesó su corazón, Langa había cambiado lo único que le recordaba a Reki. Era normal que en el centro de entrenamiento le proporcionaran una patineta mejor, pero dolía como el infierno saber que incluso su Reki-L2S no fue suficiente y había sido desechada.

Iban a perder eso era seguro, pero al menos lo harían con dignidad. Y luego un milagro sucedió, Miya se presentó para tomar el lugar de Sakura, Reki jamás hubiera imaginado que esos dos chicos eran sus amigos, pero internamente agradeció su presencia.

—Después de la carrera hablaremos tu y yo —ordenó Miya tomando la muñeca de Reki con fuerza, sintiendo de inmediato su delgadez. —No te atrevas a huir slime.

Reki le sonrió con ternura asintiendo con la cabeza.

—Lo siento Miya, nunca volveré a correr de ti —prometió.

Miya entrecerró los ojos, había algo diferente en Reki aunque no sabría decir bien que, pero obtuvo un abuena idea cuando Harry se coloco a un costado de Reki y él le sonrió. Ambos parecían estar en la misma sintonía.

El semáforo se encendió, los ocho patinadores se prepararon y la señal de salida se hizo o ir.

La bajada a la mina abandonada era exactamente igual a como Langa la recordaba, las pendientes y curvas. Lo que no era igual era estar corriendo en contra de Reki.

Shori, Natsu y Akame llevaban la delantera, justo detrás de ellos Miya y Harry intentaban no quedarse muy rezagados. Reki iba más al pendiente del único nuevo, Taka. Lo cual preocupaba a Langa porque la apuesta era Reki. Aunque él no cruzara la meta perderían cuando sus tres compañeros llegaran en primer lugar.

Pero a Reki parecía no importarle, él solo se mantenía cerca de Taka dándole consejos para que no terminara comiendo tierra.

Langa estaba molestándose.

—¿Quieres terminar siendo la mascota de Shori? —preguntó con rudeza Langa acercándose a los dos chicos.

Reki lo miro con frialdad.

—No.

—Entonces… ¿por qué…? —y antes de que terminara de preguntar, Taka dio un brinco a la tabla de Reki dejando que la suya se estrellara contra la de Langa derribándolo con la suficiente fuerza para empujar la tabla que utilizaba el canadiense por el barranco, igual a las bolas de billar, una entra en el agujero y la otra rueda sobre la mesa, lista para el siguiente tiro.

Taka no tardo en recoger la suya y volver a la carrera chocando las manos con Reki, estaba feliz de haber logrado el truco a la perfección.

—Uno menos quedan tres —dijo Reki acelerando esta vez para darle alcance a Harry, porque con Langa fuera Takashi podía ir a su ritmo sin peligro

Su plan en teoría debería funcionar, sacar a dos miembros del equipo sería suficiente, no importa que llegaran primero los restantes, si el equipo entero de Reki terminaba la carrera serian declarados ganadores. Por supuesto esto se pensó debido a que tanto Takashi como Sakura eran primerizos en S, y Reki no quería exponerlos a que terminaran lesionados.

La primera parte del plan había sido demasiado simple, porque Langa no estaba compitiendo en serio. Tal vez ahora daba a sus oponentes ventaja como hizo en su tiempo Adam y eso de alguna manera enfurecía a Reki, nunca fue rival para Langa, verse menospreciado lo lastimo aún más.

Reki meneo la cabeza para espantar esos pensamientos, tenía que concentrarse. Ahora solo quedaba sacar a cualquiera de los otros tres.

Reki inclinó el cuerpo ganando velocidad, dejando a Taka atrás, ya lo vería en la meta. No tardó mucho en alcanzar a Harry el cual iba al parejo con los miembros de la selección nacional, Miya por el contrario iba por varios metros por delante del contingente, una satisfacción extra para él sería vencer a esos cretinos, no solo en nombre de Taka, sino por mero orgullo.

Pero llegados a este punto, Shori pudo descifrar muy bien las intenciones de sus rivales, porque incluso antes de que Reki pudiera darle algún tipo de señal a Harry, Natsu y Akame se deslizaron a los costados de Miya y golpearon el frente y atrás de la tabla del chico haciéndolo girar.

Reki jadeó al ver a Miya salir dando vueltas como trompo —Miya —gritó Reki asustado.

Por suerte Miya era increíblemente hábil y logró recuperar el control con facilidad. Ahora estaba molesto, y hacer enojar a un gato arisco como Chinen era una sentencia de muerte segura.

Miya pelo los dientes y afiló los ojos, no estaba enojado por el golpe, sino porque de haber estado Taka en su lugar lo abrían mandado al hospital. Así que lo que estaba a punto de hacer no era por venganza, sino para salvaguardar la seguridad de todos los slimes que frecuentaban S con la esperanza y anhelo de ser mejores y divertirse.

Con una facilidad alucinante Miya utilizó el medio túnel de la curva para dar una vuelta casi completa en el aire y caer al frente del grupo, Natsu tuvo escasos dos segundos para reaccionar antes de que Miya desacelerara, bajara la parte trasera de su patineta para engancharla en la parte del frente de la de Natsu, Miya estaba corriendo a una velocidad inverosímil en dos ruedas y luego con una sonrisa casi diabólica golpeó la parte del frente de su patineta para volcar sin remordimiento a su oponente. Natsu cayó sobre los arbustos de costado, su cadera recibiendo la mayor parte del golpe le hizo pensar por escasos segundos en que quizás esta era la última vez que patinaría, y luego solo el dolor se extendió desde ahí a todo su cuerpo con un grito que hizo a Harry retroceder de miedo.

—Son monstruos —dijo Harry mientras intentaba mantener el temblor de su cuerpo a raya.

Reki contemplo la espalda de Miya, ya había escuchado esa descripción por parte de Joe a Langa en su carrera durante el White Eden. Monstruos… en eso los convertían sus casi imposibles habilidades en el skate a los ojos de seres humanos comunes y corrientes.

Reki sabía de primera mano el terror de enfrentar a uno de esos monstruos, así que no podía culpar a Harry por retroceder, sin embargo ahora que Shori y Akame estaban al tanto de las habilidades de Miya decidieron ir con todo contra él, y Reki no pensaba dejarlo solo.

Shiori y Akame tenían una coordinación alucinante, estaban zigzagueando teniendo como centro a Miya a quien alcanzaban con toda la intención de asestarle golpes. Puñetazos, patadas o cualquier otro que lo hiciera tambalearse en su tabla.

Harry por su parte intentaba llegar a Miya aunque solo fuera para estorbar a sus oponentes, y la clave de dicha frase era intentar, porque esos tres estaban corriendo a una velocidad que sobrepasaba por mucho las habilidades de Harry.

Reki por el contrario estaba dándoles alcance, su mente fija en una sola cosa le impedía ver algo más que no fuera a Miya y el hecho de que esos dos tenían toda la intención de herirlo de gravedad.

—¡Oh, no lo harás! —dijo Reki embistiendo a Shori sin pensarlo cuando este de entre sus ropas saco un tolete. Si golpeaba con eso a Miya sería el fin. Iba a arruinarle la vida y eso era algo que Reki impediría a como diera lugar.

—Reki —gritó Harry con todas sus fuerzas viendo con horror como el cuerpo de Shori y Reki caían por una de tantas laderas.

Langa los había seguido lo mejor que podía y luego la sangre se le helo al escuchar el grito desesperado de Harry. Apresuro el paso aún más, sus pulmones casi reventaban por el esfuerzo de correr y sin embargo era su corazón el que sufría una arritmia ante la perspectiva de lo que pudo haber sucedido.

Miya y Akame detuvieron sus tablas, regresando inmediatamente para socorrer a sus amigos. Reki fue el primero en asomar la cabeza, muy magullado, pero sosteniéndose de una rama que le impidió rodar hasta el fondo.

—Terminen la carrera —exigió Reki. Miya no dudo en montar de nuevo su skate y salir disparado, Harry con mucho pesar hizo lo mismo igual que Takashi que los siguió a regañadientes.

—Reki —nombró Langa acercándose al pelirrojo para ayudarlo a subir, solo para sentir como el corazón se le hinchaba de orgullo y amor al ver que Reki a pesar de todo, había sujetado a Shori para que no cayera y terminara herido de gravedad.

Apenas estar de nuevo arriba Reki se fue sin dirigirle siquiera una mirada a Langa.

Akame a un costado estaba realmente contento y aliviado de ver que su amigo estaba entero. Obviamente perdieron la carrera y con ella el derecho a correr en S y acudir a Crazy Rock pero poco le importo. Ya todo había acabado para ellos. Bueno para casi todos, Langa aún tenía que hablar con Reki.

Apenas se reunieron en la meta Reki y Miya condujeron a todos a Sia la Luce, en donde Joe los recibió con una sonrisa ligera en los labios mientras les acercaba el botiquín de primeros auxilios, para el chef era obvio de donde venían y la razón de sus heridas.

Reki se quejó cuando Miya limpió con demasiada fuerza los cortes de su brazo con el desinfectante. Las mejillas del chico estaban rojas como manzanas y se negaba a dejar que nadie más atendiera al pelirrojo.

—Miya, gracias por ayudarnos —dijo Reki mirándolo fijamente. —Si no fuera por ti, no habríamos ganado.

Miya con los ojos escondidos bajo su flequillo negro asintió tímidamente, al hablar con sus amigos durante el trayecto al restaurante de Joe y saber las razones detrás de la carrera, Miya solo podía pensar en una cosa.

—Gracias a ti por ayudar a Taka y Sakura, ellos son… —y encogió los hombros sin saber que palabras utilizar para agradecer que Reki Kyan estuviera presente cuando los agredieron.

—Son amigos importantes para ti —concluyó Reki con una suave sonrisa.

—Si —aceptó Miya y luego la timidez fue sustituida por el coraje. —No vuelvas a arriesgarte de ese modo, cuando escuché a ese tonto gritar tu nombre, pensé, pensé…

Reki abrazo a Miya cuando sus hombros empezaron a temblar, a pesar de ser ya de la misma altura, Miya seguía siendo un niño y se había asustado al pensar que Reki saliera herido por su culpa.

—Estoy bien Miya —aseguró Reki apretándolo contra su pecho. —Y aunque me pidas eso no puedo prometerte nada. Eres increíble, vas a volar muy alto, a convertirte en toda una celebridad del Skate, no podía simplemente mirar mientras ese idiota atentaba contra eso. Quiero ver hasta donde puedes llegar, celebrar tus logros y ser feliz cuando triunfes.

Miya lo miró de frente, sus ojos verdes brillaban ante el inminente llanto, porque por la forma en que hablaba… ¿Acaso Reki se estaba despidiendo de él?

—Pro…prometiste no desaparecer —gimió Miya. —Prometiste quedarte.

—Y lo haré, estaré aquí siempre, pero tu… tu tienes un mundo esperando por ti, igual que Langa. Una amistad no se pierde, pero tampoco debe atarte.

Miya pareció comprender, aun así era triste saber que su vida no podría seguir igual que hasta ahora, no más S, no más Crazy Rock, no más tardes escuchando pelear a Cherry y Joe, no más Shadow quejándose de ser niñera, no más tardes en el parque con Reki.

Los sacrificios se hacen para alcanzar los sueños, aunque Miya hasta ahora nunca los sintió tan reales.

—Voy a llamarte todos los días, y más vale que contestes slime —amenazó.

Reki asintió con la cabeza, aunque sabía por experiencia que eso solo duraría las primeras semanas, tal vez meses y luego… lo olvidaría, igual que Langa. Pero que más daba, no cambiaría por nada la suerte que le brindo la oportunidad de convivir con personas tan extraordinarias.

Una vez se despidieron Takashi, Sakura y Miya se fueron en un taxi, mientras Reki y Harry con la tabla bajo el brazo tomaron rumbo a la casa de los Kyan. Reki un poco más en paz de lo que había estado en mucho tiempo al haber hablado con Miya y sentir la presencia de Harry a su lado caminaba a paso ligero como una pluma.

—Harry —llamó Reki deteniéndose bajo la farola en la esquina de su casa. —Gracias.

Harry parpadeo un par de veces, no sabía a qué venía el agradecimiento, pero la suave sonrisa en sus labios y la mirada cálida que le dirigía fue suficiente para que decidiera acercarse y envolver el cuerpo ahora más delgado de Reki en un abrazo apretado.

—No puedo prometerte un por siempre —murmuró Harry contra el cabello de Reki. —Pero sí qué no importa hacia donde tiren de mi la vida y el destino, voy a sujetar tu mano para que avancemos juntos.

Reki jadeó al recordar el infinito que Langa hace tiempo puso a su alcance. Langa ya no estaba, tenía nuevos amigos a su nivel, ya no patinaba con Reki-L2S porque ya no lo necesitaba y estaba bien. Cuando Langa llegó a Okinawa parecía ser solo un hermoso maniquí, sin emociones ni vida en el cuerpo, el skate le había devuelto la alegría y las ganas de vivir y Reki se sentía orgulloso de haber formado parte de eso. Llegó a sus manos como un gorrión herido, ahora con las alas curadas, Reki debe abrirle la ventana y permitirle volar, regresar a su lugar en el cielo, porque encerrarlo solo iba a enfermarlo y matarlo de tristeza.

—Gracias por estar conmigo —susurró sonriéndole a Harry.

—Reki — nombró Langa, había estado esperando frente a la casa de los Kyan desde que se separaron después de la carrera, pero el hecho de ver la cercanía entre Harry y Reki lo obligo a anunciar su presencia.

Reki fue el primero en mostrarle la felicidad después de que su padre falleció, y a partir de ahí fue el primero que le hizo sentir una gama infinita de sentimientos y emociones, pero esto que le oprimía el pecho y le impulsaba a separar a Reki de Harry era nuevo y tan abrazador que estaba costando todo de su autocontrol para mantenerse a raya. Era esa misma furia del día en que su tabla se rompió.

—Langa —reconoció Reki, pero no hizo nada por alejarse de Harry.

—Podemos hablar —solicitó el canadiense entrecerrando los ojos hacia la tercera rueda, como una vez llamo Adam a Reki.

—Es tarde, supongo que te veré mañana —se despidió Harry dando un suave apretón a la mano de Reki. —Recuerda que la entrega pendiente aún está en tu taller sin terminar.

Reki formo una adorable "O" con los labios mientras su cabeza parecía hacer cálculos rápidos para saber si podría terminar lo que sea que tenía pendiente.

—Creo que podrías venir a recogerla después de la escuela —respondió Reki mientras le sonreía a Harry que aun no soltaba la mano del pelirrojo.

Langa se mordió los labios sintiendo que sobraba en esta escena.

—Eso suena genial, pero promete que dormirás al menos seis horas. —La solicitud fue acompañada por una mano que peinó los cabellos rojos detrás de la oreja de su dueño. — Aun podemos darle una excusa a la señora Sumiya y entregarla dentro de dos días —ofreció Harry con los ojos clavados en Reki.

—Nada de eso, como va la frase con la que contestas el teléfono… a sí: su satisfacción está garantizada —dijo Reki intentando imitar el tono de voz de Harry, pero fallando tan horrible que termino riéndose de su propia interpretación.

—Cruel, te estas burlando de mi —se quejo Harry sujetando por los hombros a Reki.

—Nunca —afirmo Reki, aunque la risa aun resonando en su voz parecían decir lo contrario.

—Reki —volvió a llamar Langa con los puños apretados y el cuerpo todo rígido.

—Hasta pronto —esta vez sí se despidió Harry, y para sorpresa de Reki y horror de Langa a sus palabras le siguió un beso que apenas rozo la mejilla de Reki antes de salir corriendo de ahí dejando detrás un ambiente extraño.

Reki se llevó una mano a la mejilla, era la primera vez que recibía un beso de parte de alguien fuera de su familia y se había sentido realmente bien.

—Reki…

—¡Oh! Langa —gimió como si el canadiense acabara de reventar su burbuja.

Mirándose de frente ninguno sabía que decir, Reki no entendía la razón por la cual Langa estaba ahí, y Langa se atragantaba con sus palabras y se tropezaba con sus ideas al no saber cómo empezar.

—Veo que cambiaste de skate —mencionó Reki señalando la que ahora cargaba Langa.

—No fue porque quisiera —fue lo primero que se le ocurrió y era verdad.

Reki dejo salir una risita forzada, casi burlona antes de agregar.

—Supongo que una tabla profesional es mejor para el futuro campeón nacional. Y hablando de eso, ya no me dijiste para que marca deportiva vas a ser modelo. Estamos a mitad del año escolar, pero supongo que no van a permitirte regresar a la escuela si piensan que tienes oportunidad en las Olimpiadas. Rayos, no sabes la envidia que me da. ¿En donde se supone que toca realizarlas? Creo que en París. Espero que me envíes muchas postales.

Esta era una horrible costumbre de Reki, cuando se sentía incomodo se soltaba hablando un sin sentido a gran velocidad, una perorata de la que no recordaría absolutamente nada con tal de llenar el silencio. Lo extraño era que nunca se sintió de esa manera con Langa, cuando hablaba con él sentía que cada palabra estaba siendo captada y casi diseccionada con tal de ser comprendida y aprendida. Como si lo que Reki dijera fuera una verdad absoluta. Como si Reki dijera cosas importantes y no insignificancias sobre un deporte que hasta hace poco no era reconocido como tal.

—Los desfaces de horario serán terribles y no sé qué clase de clima predomine en París, si es que se llevan a cabo ahí, pero supongo que si pudiste pasar de nevado a playa, podrás manejar cualquier otro. Y la comida será maravillosa. Tendrás que probar en varios restaurantes, pero con lo que te gusta comer no será un problema. Solo procura no gastar demasiado, supongo que tienen destinado algo así como un presupuesto, no vaya a ser que después tengas que pagarlo tu y el euro mi amigo esta por los cielos…

A este punto Reki estaba tan nervioso que incluso se estaba rascando la cabeza y mirando en cualquier dirección menos al rostro de Langa.

—Y bueno como ya escuchaste tengo trabajo pendiente y… fue grandioso verte —intentó terminar su monologo, las piernas en cualquier momento iban a doblársele ante la mirada fija que Langa mantenía sobre él.

—Rompí a Reki-L2S —confesó al fin Langa manteniendo su rostro neutro.

—¡Oh! es una pena. Quieres que la parche como recuerdo de tus inicios.

Langa no supo como continuar después de esa oferta.

—Yo… en realidad ¿quería saber si podías hacer otra?

Reki lo mira sin llegar a entender el ¿Por qué? Es decir, seguramente puede tener una tabla profesional, así que no encuentra la razón de esa petición. Aun así…

—Seguro, puedo hacerla, pero como escuchaste en este mismo instante tengo las manos un poco llenas.

Y esa mención hace que Langa recuerde la razón por la cual no vino directamente a él para tener otra tabla.

—¿Cómo están las gemelas? —pregunta antes de recordar que todos le han dicho que Reki no quería que se enterara.

Reki aprieta las manos en puños, baja la cabeza y responde.

—Están mucho mejor, gracias. Fue algo muy leve, no tienes porque pensar en ello.

Langa quiere gritarle que ser internado en el hospital es grave, que todo su esfuerzo debe ser reconocido y reclamarle el hecho de que parece estar volviendo a ignorar al propósito todas sus necesidades a favor de ser útil.

Pero regresa al hecho de que se supone que él no sabe nada, y demostrar lo contrario podría meter en problemas a Joe y a Harry, aunque este último podría desaparecer del planeta y no lo extrañaría.

—Es bueno saberlo.

—Sí —suspira la palabra más para decir algo que por cualquier otro motivo. —En todo caso, una tabla profesional siempre será mejor...

—Ninguna se compara a la que tu hiciste —aseguró Langa.

—Claro, lo que tu digas —aceptó sin querer discutir. —Si me apresuro quizás pueda tenerla lista antes de que empiece el torneo, que según recuerdo, es dentro de cuatro días.

—Pero ¿no estas muy ocupado? Es decir, no es necesario… —Langa ahora se siente culpable al ver como Reki esta dispuesto a cumplir su petición.

—Ey, tranquilo, ya escuchaste, es el último trabajo y lo entrego mañana. Tal vez no la tenga lista hasta el último minuto, pero la tendrás. Quiero verte ganar —asegura cerrándole un ojo.

—¿Estás seguro?

—Si hombre, confía en mí. Pero ahora tengo que entrar y ponerme a trabajar. Y supongo que tu debes regresar al Centro de Entrenamiento, dudo que alguien de ahí sepa de S.

Langa asiente.

—Que descanses —le desea al verlo caminar a la casa.

—Entrena duro y no te preocupes por tu tabla, estará lista lo prometo —dice en forma de despedida Reki antes de perderse por un costado rumbo a su pequeño taller.

Langa se queda ahí por al menos media hora más, algo dentro de él le dice que la conversación que acaban de tener no es lo que aparenta, que algo esta mal. Pero por más que la repasa en su cabeza una y otra vez no puede encontrar nada. Reki le ha sonreído y le ha prometido remplazar a Reki-L2S, y aun así…

Langa esta motivado y se nota.

De los últimos cuatro días, los tres primeros antes del torneo pasan como agua a pesar de ser agotadores, pero los entrenamientos parecen quedar atrás cuando el entrenador les regala el cuarto para que puedan ir a casa a relajarse, con la única condición de que volvieran por la noche para que todos salieran juntos a la sede del torneo.

Langa toma sus cosas y sale disparado por la puerta. Quiere ver a Reki, hablar con él, saber de él, dejar de lado todas las dudas e inseguridades que la distancia ha plantado y hecho germinar.

Llega a casa justo a tiempo para el almuerzo, su madre se alegra de tenerlo de vuelta y le prepara varios de sus platos favoritos. Y aunque Langa quiere ir a buscar a Reki, no puede solo botar a su madre cuando ella demuestra tan abiertamente lo mucho que le ha hecho falta. Langa recuerda que ha estado mucho tiempo sola, que ese departamento vacío y silencioso seguramente era casi aterrador.

—Te compre un par de camisas —dice ella mientras tira de su mano para llevarlo hasta su habitación —He procurado mantener limpio este lugar, las sábanas las cambié ayer, así que si te quedas a dormir…

—Tengo que volver antes de las nueve —informa, y esa sola frase parece poner varios kilos de peso sobre los hombros de su madre.

—Oh —es todo lo que dice.

Langa envuelve entre sus brazos a su madre, ella es una mujer fuerte, pero perder a su pareja y ahora ver partir a su hijo debe estar acabando con ella. Nanako se aferra a Langa, y llora silenciosamente, por que lo extraña a muerte, pero se ha prometido que su debilidad no será el impedimento para que su hijo viva su vida. Langa y ella siempre serán familia no importa a donde vaya o cuanto tarde en volver.

Una vez que se calma pone distancia de por medio, esta algo apenada de que su hijo notara su necesidad por lo que busca desesperadamente una forma de salir de esa situación, mira por la ventana y ve el crepúsculo pintando el cielo. Un hermoso rojo que le recuerda a cierto chico hiperactivo.

—Ya te he quitado mucho tiempo, supongo que vas a ir a ver a Reki.

El nombre casi hizo eco en su cabeza, por un momento lo había olvidado. Langa supone que debería, pero se esta haciendo tarde y tiene que volver en una hora más o menos al Centro y de todos modos mañana Reki iba a ir al torneo a entregarle su tabla.

—Está bien, hoy me quedaré contigo mamá —responde y su corazón se siente feliz de ver la enorme sonrisa en los labios de ella.

El torneo inicia temprano. Un autobús los recoge a eso de las nueve de la mañana. A las diez y media están realizando los registros y a las once al fin muestran las listas de participación según las categorías.

Langa esta nervioso, esta a una hora de su turno en la rampa y no ve a Reki por ningún lado. Una vez que pase al área de espera nadie podrá alcanzarlo, por lo que forzosamente tendría que usar la tabla que hasta hora a estado utilizando y a la cual no le tiene gran confianza.

Langa comienza a entrar en pánico, sus ojos azules buscan con desesperación encontrar una mancha roja abriéndose paso, y cuando el entrenador comienza a conducirlos a la sección de preparación Langa esta listo para asumir que no va a clasificar. Porque es bueno, pero nunca, jamás mostrará todo su potencial con esa tabla.

—Langa —escucha que gritan su nombre y estira el cuello lo más que puede. —Langa —vuelve a oír y esta vez logra ver a la distancia al Yeti que se a convertido en algo así como su otra cara.

Langa no duda en correr a su encuentro enfureciéndose cuando los de seguridad empujan a Reki para que se mantenga lejos de los competidores.

—Reki —nombra escurriéndose entre las enormes moles que son los cuerpos de los hombres de seguridad. —Reki, ¿Te hicieron daño?

—Solo no me permitían pasar.

Langa le sonríe, da las gracias mientras sujeta su tabla y corre de regreso, por suerte el entrenador se había percatado de la situación y esta cerca para que no impidan el paso de Langa, ni tengan represalias contra el pelirrojo que según entiende es el prodigioso diseñador de la tabla de Hasegawa.

Bajo la atenta mirada de Reki, Langa es conducido a la parte trasera de la pista. En unos cuantos minutos más su amigo va a asombrar a todos con sus espectaculares maniobras e inaudito talento.

Reki es feliz, ha logrado llegar a tiempo a pesar de todos los contratiempos y… y todo se desvanece. Esta demasiado cansado como para que le importe la voz que lo llama desesperadamente, o los brazos que lo zarandean en busca de que abra los ojos. Reki lo único que quiere es caer en la inconciencia y así lo hace.

La próxima vez que vuelve a abrir los ojos esta sobre una cama dura y hay dos personas discutiendo junto a él. Al primero lo conoce, es Shori el chico que perdió la carrera el viernes pasado, pero no al otro sujeto, un hombre ya entrado en años y de aspecto demasiado rudo, su cuerpo fácilmente competiría contra el de Joe.

—Esta despierto —advierte Shori acercándose demasiado para el gusto de Reki. —Me diste un buen susto cuando te desmayaste. ¿Quieres que le avise a alguien para que vengan por ti?

Ante esa pregunta Reki se levanta de un salto y niega. No quiere preocupar a su madre, ya ha tenido suficiente. Y Harry no sabe que esta ahí, ¡Demonios! Ni siquiera sabe que ha estado trabajando en la tabla de Langa.

—Langa —gime Reki. Espera que su casi paro cerebral por falta de descanso no haya afectado algún punto clave de la tabla de su amigo.

El entrenador palmea el hombro de Reki con suavidad, luego señala a la televisión de lo que ahora cree debe ser la enfermería del estadio.

—Míralo tu mismo, esta volando —dice el hombre y Reki puede distinguir el tinte de admiración y orgullo en su voz.

—Debo irme. —Reki se sienta en la cama y un mareo le hace ver luces.

—Estas seguro, no te vez muy bien —comenta Shori.

—Tengo que volver a casa antes de que alguien note mi ausencia —se excusa más como una forma de que lo dejen marchar sin hacer muchas preguntas.

Shori no parece muy convencido, pero no se interpone. El entrenador parece apunto de negarse, pero luego niega con la cabeza para alivio de Reki y simplemente le tiende una tarjeta.

—Es el nombre y número de un amigo, por si estas interesado en dedicarte al diseño de skates. Tienes mucho talento muchacho, esa tabla que le hiciste a Hasegawa, es la mejor que he visto en todos mis años aquí. Tiene un balance y ajuste perfectos.

—¡Oh! pues gracias.

Reki sale a toda prisa de ahí antes de que cualquiera de esos dos cambie de opinión.

La gente se amontona, fanáticos del skate que buscan mirar las increíbles habilidades de los participantes. Reki se empuja tiene que salir de ahí, caminar un par de cuadras y tomar dos autobuses para regresar a casa.

El sol del día hoy parece más deslumbrante, tanto que Reki tiene que usar su mano para cubrirse los ojos, y el calor que emite esta comenzando a agotarlo, el sudor le perla la frente y sus piernas y manos comienzan a pesarle toneladas. Cuando se deja caer en la primera banca que se le atraviesa está jadeando.

Usando su determinación más que fuerza, saca su teléfono y llama a…

—Harry —nombra. —Ven por mí, ya no puedo dar un paso más.

Pasa penas un parpadeo para que abra los ojos y vea el rostro preocupado de Harry.

—Vamos, tenemos que llevarte a un hospital.

—No —se niega Reki, si van a un hospital al ser menor de edad van a llamar a su madre y no piensa hacerla pasar por más angustia.

Harry no sabe que hacer, la tarde va a caer con ellos aun ahí y están demasiado lejos de casa.

Un coche se detiene frente a ellos, Harry tensa el cuerpo al imaginar el peor de los escenarios.

—Sube —ordena el conductor que no es otro que Shori. —Los llevaré a donde necesiten.

Entre la niebla de la seminconsciencia Reki logra identificarlo y se mueve lentamente con toda la intención de subir al vehículo.

—Joe, llévame con Joe —pide en un tono que a oídos de Harry y Shori suena casi como una súplica.

Los cuarenta minutos que tardan en llegar a Sia La Luce se les hace eterna. Harry intentando mantener dentro de lo posible despierto a Reki y Shori conduciendo con la mayor precaución mientras excede el limite de velocidad.

El restaurante aún está abierto, y seguramente Joe no apreciará que entren por la puerta principal arrastrando un chico semi inconsciente. Así que Harry baja del auto y corre por el callejón adjunto para tocar la puerta trasera. Una mujer con el ceño fruncido le abre y Harry se congela en su lugar, porque es tan estúpido que olvidó que él no sabe el nombre real de Joe.

—Nanjo Kojiro —dice Reki con el mayor volumen de voz que logra hacer brotar de su garganta.

Harry se apresura para ayudarle a Shori con el peso muerto que es el cuerpo de Reki colgando de él, colocando el brazo izquierdo de Reki sobre sus propios hombros. Ahora bien podrían pasar por tres adolescentes ebrios.

La mujer los mira desconfiadamente antes de responderles que el dueño esta muy ocupado y no puede atenderlos. La puerta se cierra antes de que puedan alegar nada.

Harry se lanza contra la puerta, la golpea con los puños mientras grita una y otra vez el nombre de Joe.

Diez minutos después la puerta se vuelve a abrir y el gesto severo de Kojiro asoma muy dispuesto a moler a golpes al alborotador. Un gesto que desaparece cuando ve a Reki.

Joe toma el pelirrojo entre sus poderosos brazos como si no pesara más que una pluma.

—Deseo que mejore —dice Shori en forma de despedida y no espera respuesta, regresa sobre sus pasos con dirección a su auto.

Joe mira a Harry un segundo antes de comprender que piensa seguirlo, asiente y le permite entrar. Con el cuerpo de Reki atraviesa la cocina por un corredor trasero, sube las escaleras y llegan a la puerta de su departamento.

Abre la puerta con facilidad y entonces Harry ve a la otra estrella de S.

Cherry Blossom, que apenas ver a Reki se pone de pie y ayuda a Joe a llevarlo a la cama.

—¿Qué ha sucedido? —pregunta Cherry a Harry.

—No estoy muy seguro, me llamó desde un parque cercano al estadio en donde se está llevando a cabo el torneo de Skate.

Cherry es demasiado listo y no tarda en unir los puntos, Joe ya le había comentado lo acontecido con la familia Kyan.

—Reki —intenta que reaccione Kaoru. —Reki ¿Cuándo fue la ultima vez que recuerdas haber comido y dormido?

Reki parpadea porque de repente la realidad parece tan borrosa.

—No me acuerdo —responde en apenas un susurró.

—Este niño está desnutrido —rápidamente busca un papel en donde anotar y luego de garabatear un par de cosas se lo entrega a Harry. —Ve a la farmacia y trae esto lo más rápido que puedas.

Harry no hace preguntas solo lo hace.

Cuando regresa Joe esta en la cocina preparando lo que supone es sopa. Cherry apenas verlo entrar le arrebata las cosas. Manipula el suero con una facilidad asombrosa y mescla todas las soluciones que mandó comprar.

Su rostro debe ser de desconfianza porque los ojos dorados del hombre se fijan en él y aclara.

—Solo voy a hidratarlo y proporcionarle a su cuerpo vitaminas. —Harry asiente con la cabeza mientras ve a Cherry colocar la intravenosa sin que las manos le tiemblen. —Necesita descansar, pero en cuanto duerma un par de horas vamos a despertarlo para que coma algo ligero. Luego puede volver a dormir.

Harry vuelve a subir y bajar la cabeza diciendo sí, como cuando era niño y su mamá le explicaba las cosas. De hecho, Cherry de alguna manera tiene ese mismo aire maternal que tranquiliza a Harry y lo hace respirar aliviado, porque estando ahí ya nada puede lastimar a Reki.

Kaoru tira de él para que salgan de la habitación y encontrarse con Joe que igualmente va saliendo de la cocina.

—Hay que llamar a su madre para avisarle que pasara la noche aquí. La pobre mujer ya ha tenido suficientes angustias —razona Joe.

Harry que tiene el teléfono de Reki se lo tiende a Joe. El chef le sonríe, prende el teléfono y lo desbloquea para buscar el contacto y espera a que contesten del otro lado.

—Hola, buenas noches Masae —saluda con la voz más alegre y despreocupada que puede lograr. —Llamaba para avisar que Reki va a pasar la noche aquí. Hicimos una pequeña reunión por el regreso de Kaoru y… así, no se preocupe. Si, gracias.

Termina la llamada y le regresa el teléfono a Harry. Los tres se desploman en la sala y Harry mira impresionado como Joe puede cambiar su semblante, hace nada estaba sonriendo mientras hablaba con la madre de Reki y ahora parece un padre extremadamente furioso y preocupado.

—En cuanto despierte ese niño me va a oír —gruñe Joe apretando las manos. —Como es posible que haya llegado a este extremo. Le advertí que…

—Sí Langa le pidió que le hiciera una… —defiende Cherry, porque el sabe que Reki haría cualquier cosa que Langa le pidiera sin rechistar.

—Eso no viene al caso —gruñe Joe con voz gruesa y el entrecejo fruncido. —Le dije que estaba trabajando de más. Le dije que se cuidara. Langa puede necesitar su tabla para ganar el maldito torneo, pero no creo que una medalla valga la salud de Reki.

—Kojiro —nombro Kaoru colocando las manos sobre los hombros del chef. —Cálmate. Ambos sabemos como es Reki. Nunca hubiera podido negarse. Langa también lo conoce, nunca debió pedirle…

—Langa no sabia cuan mal estaban las cosas, no tenía forma de saber… —excuso Joe al canadiense.

—Yo se lo dije —interrumpió Harry. —Yo le dije a Hasewaga todo, y le pedí que se alejara de Reki. A Langa no le importa Reki —concluyó Harry retorciéndose las manos de coraje.

La medalla colgando de su cuello hace que Langa mire al cielo y piense si su padre estará orgulloso de él. Su madre que grita entre los espectadores con una enorme pancarta con su nombre y un corazón parece ser que sí. Busca a Reki, pensó que se quedaría a verlo, pero al parecer no es así.

Trata de no desanimarse, sus dedos acarician la medalla de primer lugar y decide que regalársela a Reki será una muy buena forma de mostrar su gratitud.

Ese día y el día siguiente se ve obligado a permanecer en el Centro de Entrenamiento para recibir indicaciones sobre los lineamientos a seguir para su participación en las Olimpiadas. Langa revota su pie ansiosamente y apenas escucha lo que se les esta comentando acerca de dietas y diferentes terrenos de entrenamiento. Lo que quiere es salir de ahí.

Es de noche cuando termina de recoger todas sus cosas y su mamá lo recoge en la puerta principal. Hablan sobre lo que Langa cree pudo mejorar si su tabla no se hubiera roto y perdido tanto tiempo.

—¿Entonces es nueva? —preguntó Nanako asombrada de que sea idéntica a la anterior.

—Sí, Reki tuvo que hacerme otra porque con una tabla normal no podría patinar tan libremente —confirmó abrazando con cariño su skate.

—Es increíble. Siempre me pregunté como lograbas realizar los mismos giros del snowboard en la patineta. Es decir, según la física es imposible —comentó pensando detenidamente Nanako.

—Oh, eso se debe a que mis ruedas giran en la misma dirección que… —y Langa giro la tabla para mostrarle los detalles y contarle todo sobre las modificaciones y mejoras de Reki-L2S con tanto entusiasmo que Nanako sonrió enternecida.

No había escuchado hablar a Langa de una manera tan apasionada desde que Oliver le compró su primera tabla y le permitió acompañarlo en uno de sus viajes. Langa había regresado eufórico, hablando hasta por los codos de todo lo que había visto y cuanto aprendió, los viajes que harían y las pistas que visitarían antes de que la nieve se derritiera. En su mente y corazón Nanako agradeció infinitamente a Reki Kyan por haber entrado a la vida de su hijo.

Arribaron al departamento ya entrada la noche porque su madre insistió en comer de camino a casa. Así que aunque desea más que nada en el mundo ver a Reki, decide esperar hasta el día siguiente.

Despierta cerca de las once de la mañana, la familiaridad y confort de su cama lo ha hecho descansar mejor que en los últimos meses. Se levanta y perezosamente se mueve por el departamento, de su cuarto al baño y de regreso, luego a la cocina para desayunar y entonces esta listo para salir.

Da una vuelta en espera a que el reloj marque las tres de la tarde, hora en la que esta seguro encontrara a Reki en el skatepark. El peso de la medalla en su bolsillo se siente extraño. Pero esta tan desesperado por ver a su amigo que sin pensarlo llega hasta la escuela justo para la hora de la salida.

Sus compañeros de clase no tardan en aparecer, muchos de ellos saben de su triunfo y lo felicitan. Pero por más que espera no aparece la persona que tanto añora.

—¿Y Reki? —pregunta Langa antes de perder la oportunidad pues el flujo de alumnos disminuido hasta casi desaparecer.

—No ha venido a la escuela desde hace varias semanas —le informa una chica que Langa apenas recuerda porque se sienta dos bancas frente a Reki.

—Ha de estar por ahí —demerita otro. —Ya sabes, solo perdiendo el tiempo arriba de su patineta.

Langa siente coraje al oírlos hablar de esa manera, ellos no conocen para nada a Reki o sabrían que a pesar de lo que muestra al mundo, se esfuerza mucho por mantener buenas calificaciones, mientras ayuda a su familia con todo lo que tiene a la mano y aún tiene tiempo para dedicarse a su pasión.

Pero para cuando piensa en cómo defender a su amigo, los dos chicos lo felicitan una vez más y se despiden de Langa sin detenerse a escuchar lo que sea que tenga que decirles. El canadiense ahora toma rumbo a la residencia Kyan, en donde Masae lo recibe con una débil sonrisa mientras le informa que Reki está con Joe desde ayer.

Langa agradece y sale disparado sintiendo la euforia ir creciendo. Vera de nuevo a todos, o al menos espera que este ahí Miya, Joe y tal vez hasta Shadow. Avanza lo más rápido que puede y no tarda en ver Sia la Luce. Lo que encuentra no es para nada lo que imaginó.

Desde la ventana puede ver a Cherry, ¡Dios, Cherry volvió! Un gusto que le dura poco cuando ve los gestos serios de él y de Joe. Ambos parecen estar riñéndole a Reki, que con la cabeza baja solo acepta cualquier cosa que le estén increpando.

Y tal vez podría haber dado media vuelta y regresar un par de horas después, para cuando el regaño terminara, porque confía en que Joe y Cherry deben tener un buen motivo para una llamada de atención tan dura. De verdad se hubiera ido, de no ser porque hay un cuarto en la escena, uno que toma por los hombros a Reki para zarandearlo con fuerza medida, que no llega a lastimarlo, pero lo hace llorar.

Ver las lágrimas de Reki enciende un instinto protector en Langa, como una madre que ha visto a su hijo en peligro, entra al restaurante sin tocar, con paso rápido y de un solo tirón separa a Harry de Reki.

—No vuelvas a tocarlo de esa manera —gruñe Langa como animal a punto de atacar, es una clara advertencia de que la próxima vez en lugar de un empujón, va a recibir otra cosa.

Joe suspira, niega con la cabeza y mira a Cherry, de los dos, Kaoru siempre ha sido el que lleva la voz razonable y se da a entender.

Cherry chasquea los labios antes de ponerse de pie y tomar la mano de Langa para tirar de él a la trastienda.

—Pero que haces —reclama Langa intentando zafarse del agarre de hierro del calígrafo.

Una vez que están solos Cherry lo suelta y cruza los brazos mientras lo mira seriamente y bloquea la puerta con su cuerpo para impedirle a Langa regresar.

—Harry no ha hecho nada malo.

—¿Cómo que no ha hecho nada malo? —pregunta Langa incrédulo. —Acaso no viste que hizo llorar a Reki.

Cherry cierra los ojos y respira lentamente para hacer acopio de toda su paciencia.

—Ese chico lo único que ha hecho es preocuparse y ser buen amigo de Reki. De no haber sido por Harry quien sabe en donde estaría Reki ahora, es normal que se moleste por la poca consideración que se tiene a él mismo. Joe y yo sentimos lo mismo, es alarmante que Reki no sea capaz de verse y cuidarse.

—¿Qué fue lo que pasó? —la voz de Langa apenas pudo formular la pregunta.

—Supongo que es normal que no te hayas enterado, después de todo el torneo debió robarte casi todo tu tiempo y tenerte muy estresado.

—¿Qué tiene que ver el torneo con todo lo que dijiste sobre Reki?

Cherry frunció el ceño antes de informar. —Reki se desmayó afuera del estadio en donde se realizó el torneo. Joe cree que fue ahí a entregarte una tabla nueva.

Langa jadeó y casi podría jurar que su corazón dejo de bombear sangre.

—Harry esta molesto porque Reki ya tenía mucho trabajo encima, así que sumarle la fabricación de un skate derivaría en varias noches sin dormir. Y bueno, todos conocemos a Reki, y sabes que cuando esta metido en un proyecto se olvida de la hora y hasta de comer.

Cherry pudo apreciar casi cuadro por cuadro cuando sus palabras hicieron encajar los eventos en la mente de Langa, quien obviamente desconocía el precio real de esa tabla que le dio el primer lugar a nivel nacional.

—Mirá no tienes por que culparte, Reki es quien debió hablar contigo y decirte sinceramente que no podía hacer tu patineta. Tu no sabias nada de su situación y…

—Yo sabía —murmuró Langa bajando la cabeza para ocultar su rostro entre mechones de cabello celeste. —Sabía que estaba cansado y noté cuando corrimos en S todo el peso que había perdido.

—Entonces ¿por qué le pediste que hiciera una tabla en tan corto tiempo? —Cherry no estaba levantando la voz, pero su gesto era severo y su mirada eran dos cuchillas afiladas. —Langa, Reki pudo, si no haber muerto, quedar con severos daños orgánicos. Peor aún, pudo haberle pasado de todo en la calle si Harry no hubiera ido a buscarlo. Aún damos gracias a que nadie lo atacó mientras estaba inconsciente y desvalido en el parque.

—Yo no pensé que estuviera tan mal, se veía exhausto, pero estaba bien. Él dijo que confiara en él —espetó a la defensiva. Aunque en realidad lo que estaba pensando era que deseaba volver a ser parte de la vida de Reki, odiaba a Harry por estar ahora tan cerca, por compartir sus días, por ser quien estuviera ahí para Reki. Si Reki le hacia una tabla pensaría en él, sonreiría recordando los momentos que pasaron juntos y cuando dibujara el Yeti y la palabra FUN entonces quizás todo volvería a ser como antes. El torneo abría terminado y Langa y Reki se irían a Canadá lejos de todo aquello que se interponía entre ellos. La intención de Langa jamás fue llevar a Reki al extremo de sus fuerzas, u obligarlo a trabajar sin descanso. Nunca creyó que Reki sacrificaría tanto para cumplir su promesa.

Cherry suspiró.

—Supongo que aun sigue intentando llenar expectativas —comentó con dolor.

Langa parpadeo asombrado de que Kaoru supiera algo de eso, porque nunca lo comentaron más allá de decir que habían tenido que lidiar con las diferencias entre ellos.

—Langa. Reki aun sigue viéndote hacia arriba. Y ahora que has ganado el torneo y estas a nada de las Olimpiadas esa brecha entre ustedes va a crecer.

—Eso no es cierto, Reki y yo somos iguales, él es asombroso y un gran patinador… —exclamó Langa con desesperación. Un golpe de abanico certero en su cabeza le hizo callar.

—Eso nadie lo duda, pero para serte sincero, ninguno de nosotros esta a tu nivel, tal vez Adam, y cuando crezca y tome más experiencia Miya. Estas demasiado alto Langa, y quizas es hora de que dejes de presionar a Reki para que te siga el paso. Harry ha sabido ser confiable, entregado y completamente leal a Reki. Harry es como Joe, Adam es como tú. Adam se marchó porque se aburrió de nosotros.

—Yo no voy a cansarme de Reki —espetó Langa, estaba enojado de ser comparado con Adam, quien fue capaz de herir a un amigo.

Cherry quería hacer entender a Langa, pero el chico estaba completamente cegado, igual a un niño que se niega a dejar que tiren su peluche de apego (1) porque ya ha crecido y no lo necesita más para dormir.

—Langa, Reki es y siempre será tu amigo. Pero es hora de que despegues, de que hagas tuya toda esa energía y felicidad que te mostró para destacar en la vida y hacer realidad tus sueños. Cada uno tomara su camino y si es verdadera amistad algún día puede que se vuelvan a encontrar.

—Si la razón de nuestra ruptura son todos esos torneos, entonces simplemente los dejaré. No volveré a competir en ninguno. Solo patinaré por diversión junto a Reki.

—Supongamos que abandonas todo eso. ¿Sabes los planes que tiene Reki para el futuro?

Langa pensó bien en la pregunta antes de negar con la cabeza.

—Tu entrenador quedó tan impresionado con tu patineta que le dio a Reki el contacto de uno de los mejores y más rentables diseñadores de skates además de su recomendación, porque cree que con su talento en poco tiempo Reki no solo podría refinar su estilo y aprender todos los secretos de la construcción de patinetas, sino que quizás podría incluso crear una marca propia.

Langa estaba impresionado, todo lo que Cherry le estaba diciendo era nuevo. Habían pasado tantas cosas mientras estuvo fuera.

—Reki rompió la tarjeta —concluyó Cherry.

—¿Qué? ¿por qué hizo eso? —de verdad estaba aturdido. Era una gran oportunidad.

—Porque Reki no quiere dedicarse a fabricar skates —respondió llanamente Cherry. —Reki le conto a Joe que desea una doble vida como la nuestra. Creo que la frase que uso fue: Lo mejor de dos mundos. Reki ama patinar, pero quiere más. Así que, a lo que voy. Si tu dejas tu ascenso en el mundo del deporte y Reki postula para una carrera y no solo se vuelve bueno, sino que su trabajo al igual que él mío le obliga a viajar. ¿Qué vas a hacer tu? —Cherry suaviza su mirada y su mano blanca se coloca delicadamente sobre el hombro de Langa antes de continuar. —Las personas llegan a tu vida por una razón, una vez que cumplen con su función debes dejarlas ir, porque forzarlos o forzarte a permanecer cerca de alguien puede llevarte a hacerle o hacerte daño. Todo cambia conforme crecemos, algunas personas se quedan para siempre, otras…

—¿Por qué no puedo quedarme con Reki?

—Porque son diferentes, desean diferentes cosas y sus caminos ya han comenzado a separarse. Así que ya solo te queda despedirte deseándole buena suerte mientras mantienes viva la esperanza de que vuelvan a encontrarse más adelante, o te aferras a ser un lastre en su vida o convertirlo en el tuyo sabiendo que eso solo va a herirlos a ambos.

—¿Como es que tu y Joe siguen juntos? —Langa lo mira con una suplica tan desesperada en la mirada que Kaoru siente las lágrimas ir formándose.

—Estamos juntos porque ninguno de los dos se rindió.

Langa parpadea, un leve aleteo en su pecho le dice que hay esperanza.

—Estaba desgarrado cuando me informó que se iba a Italia por tres años, pero me tragué mis ganas de seguirlo y continué mis estudios. Unos meses antes de que regresara me llamaron para ser parte de un grupo muy selecto que tomaría clase con tres de los mejores profesores de caligrafía en el mundo, pero sería en China. Luego de año y medio en el extranjero volví apenas un par de meses antes de ser enviado a Tokio y a partir de ahí he estado viajando constantemente. Mientras tanto Joe ha vivido su propia vida y creado algo maravilloso. Y si lo pienso detenidamente fueron cerca de siete u ocho años los que pasamos sin vernos, nos enviábamos postales, y actualizaciones como números de teléfono o direcciones, pero estábamos tan ocupados que casi nunca hacíamos uso de ellos. Lo importante era saber que Joe estaba ahí para mí, y yo estaba ahí para él. Que ambos estábamos avanzando a nuestra manera. Cuando al fin obtuve la estabilidad que deseaba lo primero que hice fue venir aquí. Para entonces Sia la Luce era apenas un poco más que una cafetería, pero era de Joe, había trabajado duro para comprar el terreno y levantar la estructura como él la diseñó en sus sueños. Cuando me vio, corrió hacia mí y me estrecho tan fuerte que casi me rompe las costillas —y Kaoru rió ante el recuerdo. —Estaba tan orgulloso de él. Y a su manera y aunque no me lo dijo, él de mí. Habíamos hecho lo que teníamos que hacer y después de tanto tiempo lejos, nos habíamos ganado el derecho de volver a estar juntos en nuestros términos y con todas nuestras metas realizadas.

—Se prometieron… tu sabes… —Langa tenía un adorable rubor en las mejillas cuando preguntó y Cherry lo considero entrañable, porque el amor que sentía Langa por Reki era tan puro como solo puede ser tu primer amor.

—No. Las promesas son cadenas que tiran de ti, que te mantienen sujeto. Solo podíamos confiar y esperar.

—¿Crees que Reki y yo… lo logremos?

—Nada es seguro, pero si lo que sientes por él es real, si no llegan a ser… compañeros de vida, al menos seguirán siendo amigos, eso sin duda.

Langa asintió con la cabeza, y luego salió de ahí de la trastienda para caminar hasta el área principal en donde Reki curiosamente quizás tuvo casi la misma conversación con Joe que él con Cherry.

—Reki —nombró sacando de su bolsillo la medalla del primer lugar nacional. —Esto es para ti —y tomando su mano se la dio.

Reki la observó un par de segundos antes de reconocer lo que sostenía, sus ojos se abrieron de la sorpresa antes de examinarla detalladamente.

—Es… es… Woow felicidades amigo —dijo e intentó regresarla.

—No, la gane para ti. Es tuya.

Reki dio un respingo sobre el taburete sobre el que se encontraba sentado, luego sus dedos acariciaron el metal y al final sujetando las manos de Langa se la regresó.

—Esta medalla es el principio de una vida mejor para ti —afirmó Reki mirándolo con adoración.

Langa quería hacerle ver que por eso mismo deseaba que la conservara, y corregirlo, el principio de esa mejor vida se dio el día en que se topó con un pelirrojo herido que correteaba una patineta.

—Por eso debes mostrársela y dársela a la persona que lo hizo posible, al hombre que con su amor te convirtió en la persona que eres hoy, el ser que más te amó, y aunque no esta aquí para celebrar tu triunfo, estoy seguro se siente muy orgulloso de ti.

Y Langa sintió que el aire se le escapaba de los pulmones, Reki, Reki estaba hablando de su padre, estaba pensando en su padre.

Langa no pudo contener sus lágrimas por las emociones que las dulces palabras de Reki le hicieron sentir. Sin pensarlo se lanzó a abrazar con fuerza a Rekí, en parte porque no deseaba que nadie lo viera llorar y en otra porque tenía razón, iba a ir a Canadá y mostrarle y darle esa primera medalla a su padre, así como también hacerle ver que a pesar de todo se encuentra bien y ha encontrado de nuevo la felicidad.

La medalla de oro de las Olimpiadas sería un mejor presente para Kyan Reki.

Cherry tenía razón, había toda una vida por delante y era justo que dejara a Reki vivirla a su manera, mientras él encontraba su propio sendero, porque Langa estaba seguro que tarde o temprano igual a Joe y Cherry volverían a encontrarse porque se pertenecían, de eso no le cabía la menor duda.

FIN.

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N. A.

1,. Los peluches de apego sirven para que los niños se acostumbren a dormir lejos de sus padres, por lo regular solo se usan hasta los tres años.

Curiosidades.

Me pareció correcto mantener esta historia en un solo capítulo a pesar de su extensión porque siento que los hechos se narran de manera rápida y sin muchos detalles, igual a como se nos va la vida. Hoy eres un niño de diez años y mañana despiertas siendo un adulto.

Espero poder agregar un epílogo.

Saludos.