- ¡Bienvenidos!
En un pequeño restaurante de ramen, en la ciudad de Tokio, una joven rubia saludaba a dos clientes que solían ir a comer allí por las noches. El mayor era un atractivo y amable hombre de unos cuarenta años, siempre sonriente y divertido, mientras que el menor era su hijo, un adolescente mucho más serio y tranquilo, que tenía poco más de dieciséis años
- ¡Gracias, Kohaku-chan! Ya debes aburrirte de vernos la cara tan seguido.
- Para nada, señor Byakuya, lo que más me gusta es atender a caras conocidas. Hace este lugar aún más familiar de lo que es.
- Bien dicho. Y después de un día extenuante de trabajo, no hay nada mejor que disfrutar nuestro plato favorito, y atendidos por una de las señoritas más simpáticas de la ciudad, ¿no es así, Senku?
El joven respondió con una mueca de hastío, y apenas murmuró un asentimiento de cortesía, sin siquiera mirar a la chica. Ella estaba acostumbrada a que fuera tosco, así que, como siempre, le dedicó su sonrisa y su charla a su mucho más llevadero padre.
- ¿Les traigo lo de siempre?
- Sí, por favor, Kohaku-chan. ¿Cómo estuvo tu día?
- Muy bien, aunque los estudios me están matando, no hay nada peor que se avecinen dos exámenes de las asignaturas que más me cuestan, con una semana de diferencia. Pero bueno, no tengo mucha opción.
- ¿Y cuáles son esas asignaturas?
- Física y química. No me llevo bien con las fórmulas y los números.
- Bueno…. –miró a su hijo de reojo– tienes la misma edad que Senku, y él es un cerebrito justo para eso. Hasta es presidente del club de química. Tal vez algún día pueda ayudarte.
- Oh… ¿de verd… ? –sus ojos empezaron a brillar, ilusionada.
- Ni hablar, viejo. Estoy ocupado con un proyecto científico, no tengo tiempo que desperdiciar en enseñar conceptos tan básicos. Tú eres profesor universitario de física, te gusta enseñar, hazlo tú.
- Senku, siempre estás con un proyecto científico atrás de otro. Y Kohaku-chan se sentiría mejor con alguien más cercano a su edad, y hasta pueden tener intereses en común y hacerse amigos.
- No, diez billones por ciento seguro que no me interesa.
- N-no se preocupe, señor Byakuya –trató de ocultar su cara de decepción, aunque por dentro también estaba un poco enojada de lo bruto que era ese chico para expresarse, podría ser más considerado aunque la rechazara. – Ya encontraré la forma. Gracias por intentar ayudarme igual, USTED es muy gentil. Ya les traigo su cena.
Kohaku se retiró a pasarle a los cocineros el pedido y seguir atendiendo, y Byakuya suspiró y apoyó la mano en su cabeza, mirando a su hijo con resignación.
- Vamos Senku, podrías ser más agradable con ella, se esfuerza mucho entre el trabajo y el estudio. La ciencia es algo que te fascina, tampoco es que te dije que la ayudaras en literatura o historia. Y además…– le sonrió de costado– Kohaku-chan es una chica muy linda de verdad, quién sabe si…
- Cállate viejo. Ya sé a lo que vas, y no me interesa ni un milímetro el romance, deja esas tonterías para las novelas.
- De acuerdo, de acuerdo, no volveré a mencionar el tema. Pero hablando de tus proyectos, ¿cómo vas con eso?
- Bien, aunque es un fastidio que nadie puede seguirme el hilo con la física cuántica, salvo tú.
- No es un tema común para jóvenes de secundaria, en realidad…tienes que ser más paciente, de hecho, eres el único chico de tu edad que está estudiándolo tan a fondo en tu escuela.
- Lo que sea, no voy a quedarme atrás o hacer proyectos fáciles por eso. Voy en serio.
- Y estoy muy orgulloso de ti por eso –le dio unas palmadas amistosas en el hombro– pero me gustaría verte salir y divertirte más seguido también, con otras cosas…
Pero su charla fue interrumpida por Kohaku, que les puso en frente sus bowls de ramen, y se dedicaron a comer en silencio, disfrutando ambos con idéntica sonrisa su plato favorito.
Dos noches después, quién entró al restaurante a cenar fue solamente el peliverde, lo que llamó la atención de Kohaku.
- Bienvenido, Senku. ¿Tu papá se encuentra bien? Es raro que vengas sin él.
- Perfectamente, está de viaje, tiene que dar unos seminarios en varias ciudades. Volverá en dos semanas.
- Oh, ya veo, qué interesante –el joven la miró en silencio con sus ojos carmín, y de pronto se sintió incómoda– eeeeh... ¿vas a querer lo de siempre?
- Sí... agrégale más picante esta vez, por favor.
- Claro, ya te lo encargo.
Kohaku se apresuró a irse, no sabía por qué se sentía un poco incómoda cerca de él. Lo cierto es que nunca estuvo a solas con él, siempre tenía esas pequeñas charlas con su padre que era mucho más extrovertido, pero esta vez le prestó más atención a él, y aprovechó que lo vio ponerse a leer para mirarlo detenidamente. Cuando la miró a los ojos, notó por primera vez el impresionante color rojo que tenían, y sus larguísimas pestañas, y se sintió atraída. Era bastante flaco, y esos pelos puntiagudos y con las puntas verdes eran muy extravagantes, pero le pareció que iban bien con él. Si tan sólo fuera un poco más simpático, sería mucho más agradable, pero parecía un hueso duro de roer. Cuando le dejó el bowl de ramen frente a él, lo escuchó agradecerle con voz suave, pero ni siquiera levantó la vista para mirarla, lo que le pareció un poco maleducado. Pero al mismo tiempo parecía bastante enfrascado en lo que estaba leyendo, y pensó que quizás no lo había hecho a propósito, al menos se había percatado de su presencia porque le agradeció. Sin embargo, no tuvo la oportunidad de sacarle más charla, porque en cuanto terminó de comer, pagó y se fue, murmurando un saludo.
Senku fue a cenar las cuatro noches siguientes también, y Kohaku supuso que no sabía cocinar, y que por eso prefería pagar e ir a cenar allá, ya que estaba solo en su casa. Siempre iba con un libro en la mano, y algunas veces llevaba unas hojas y escribía fórmulas complicadas a una velocidad increíble, todo mientras comía al mismo tiempo. Parecía verdaderamente un apasionado de la ciencia, y poco a poco la admiración que Kohaku sentía por él superó las molestias que le ocasionaban su personalidad un poco huraña. Pero la cuarta noche, pareció que lo estaba mirando demasiado fijo, porque de pronto él levantó la vista de su libro y la miró a los ojos, con una ceja levantada.
- ¿Qué sucede? Puedo sentir que me estás perforando con la mirada. ¿Tienes algo que decirme?
- ¿Ah? N-no, lo siento… sólo me estaba preguntando qué sería lo que estás estudiando, siempre se te ve tan enfrascado leyendo.
- Física cuántica. Un estudio sobre entrelazamiento cuántico, y su relación con la biología cuántica en un estudio de aves migratorias.
- Ajá…. –dijo con la cara en blanco, avergonzada de no entender ni una palabra.
- No tienes idea de lo que estoy hablando, ¿verdad? –en lugar de burlarse, le dirigió una sonrisa de costado y cerró el libro, dispuesto a explicarle– En resumen, el entrelazamiento cuántico es cuando dos objetos cuánticos mantienen una fuerte relación directa entre sí e interactúan entre ellos, aunque estén a gran distancia, la información viaja a una velocidad infinita y ambos se conectan en la distancia. Y se relaciona con las aves porque estas cruzan países y continentes en sus rutas migratorias, y se sugiere que se guían a través de los colores de la luz.
- Eeeh…gracias por la explicación, aunque necesitaría un poco más de tiempo para entenderlo –rió un poco sonrojada, sintiéndose un poco tonta– Y ahora me siento peor de no poder entender cosas mucho más simples, realmente admiro tu nivel, tu padre tenía razón…y... –pero su voz se perdió mientras su mirada se entristecía un poco.
- ¿Y…? Te cambió la cara, ¿hay algún problema con eso, además de reprobar?
- Bueno… la verdad es que estoy preocupada. Trabajo aquí para costearme el entrenamiento de artes marciales, pero mi padre dice que si me va mal en la escuela, tendría que dejar el trabajo para ponerme a estudiar, porque no me deja mucho tiempo libre. Y eso significaría que no podría seguir con el entrenamiento, sí en el club de la escuela, pero no de forma particular, y eso me pone triste, ya que es lo que más me apasiona en mi vida.
- Oh…ya veo –Senku la miró en silencio, su sonrisa se borró.
- Perdona, no quiero aburrirte con mis problemas personales –le quiso sonreír, pero terminó siendo una sonrisa triste solamente.
Kohaku se dio vuelta y se alejó rápidamente, sin poder creer cómo le había dicho todas esas cosas al joven, cuando apenas se conocían personalmente. Senku la siguió con la mirada, y después volvió a su lectura, pero sus ojos ya no se movían en la hoja. Cuando terminó de comer, le pagó lo que debía, pero no se levantó inmediatamente como siempre hacía. Eso le llamó la atención a la rubia, y lo miró extrañada.
- Oye…
- ¿Sí? –parecía que el chico estaba debatiendo algo internamente.
- Si quieres… puedo ayudarte un poco para tu examen. Puedo hacerme un poco de tiempo a la tarde, antes de que empiece tu jornada aquí.
- ¿De-de verdad? Pero si habías dicho…
- Ya sé lo que dije. Pero puedo cambiar de opinión, ¿no?
- Sí, sólo que…no sé si puedo aceptar. Te agradezco el ofrecimiento, pero no tengo dinero con el que pagar tus clases, discúlpame.
- No lo hago por el dinero, no te estoy pidiendo que me pagues. Pero si quieres compensarme de alguna forma, puedes invitarme la cena aquí todas las noches, si deja tu consciencia tranquila. No le vendría mal a mi presupuesto semanal, y resuelvo la cena de la próxima semana.
Senku le sonrió de forma más abierta y hasta divertida, y el corazón de Kohaku se saltó unos latidos, entre la repentina generosidad del joven, y una faceta mucho más empática y amable que nunca le había visto. Saliendo de su estupor, sus mejillas se colorearon de un intenso rojo, y se inclinó mucho frente a él.
- ¡Muchas gracias, Senku! Eres muy considerado. Daré lo mejor de mí, te lo prometo.
- Oh, por favor no, no me hagas una reverencia. ¿A qué hora entras a trabajar?
- A las siete de la tarde, y salgo a las once de la noche.
- Ya veo… –tomó una servilleta y sacó una lapicera de su bolso, para anotar algo– Ve mañana a esa dirección a las cinco y media, es mi casa. Estoy a diez minutos de aquí en bicicleta. Podemos hacer una hora, y tienes tiempo de sobra para llegar a tiempo aquí, ¿está bien?
- ¡Sí! Muchas gracias, de verdad… pero… ¿puedo preguntarte, si no te molesta, qué te hizo cambiar de opinión?
- Ah...sería una lástima que tuvieras que verte obligada a dejar algo que es tan importante para tí, y no me molesta darte una mano para evitar que te suceda, sólo es eso.
- Oh, ya veo...realmente es muy considerado de tu parte, Senku. No tienes idea cuán importante es para mí esto, te agradezco mucho. Hasta mañana, entonces.
Al día siguiente, Kohaku se presentó en la dirección anotada. Era un edificio con varios departamentos, así que buscó el número catorce y tocó el timbre. Un minuto después Senku abrió la puerta, recibiéndola con una fina sonrisa y haciéndola pasar con un gesto. Kohaku quedó un poco sorprendida, él tenía una camisa blanca arremangada con el cuello relajadamente abierto, y unos pantalones grises parecidos a los de los uniformes escolares, dándole un aire entre formal y relajado muy...interesante. Cuando salió de la sorpresa, entró en la casa, dejando sus zapatos en la entrada. Ella ya estaba vestida para ir al trabajo, con su camisa manga corta blanca y su pollera roja por encima de las rodillas, pero él no pareció fijarse en ella de la misma forma. Aunque quizás fue mucho más educado con ella, seguramente se hubiera sentido incómoda si la miraba de arriba a abajo, siendo que estaban solos en su casa, y al fin y al cabo, era solamente ropa. Quizás lo que más la había sorprendido era verlo no como cliente del restaurante, sino como un estudiante común y corriente…aunque mucho más inteligente que lo promedio.
Senku le señaló una mesa en el centro de la sala, y Kohaku descargó en el piso su mochila con los libros y cuadernillos de estudio. Ella le mostró lo que estaba aprendiendo, los ejercicios que hacía, y en especial aquellos que no entendía. Era obvio que eran conceptos demasiado fáciles y obvios para él, pero en ningún momento le hizo notar su superioridad, sino que procedió a explicarle en detalle y con afabilidad los temas, poniéndole muchos ejemplos para ayudarla más. Incluso recordó que ella era estudiante de artes marciales, y relacionó esos conceptos de física con movimientos y reacciones que ella entendía perfectamente, haciéndolo mucho más claro.
- Wow, ojalá mi profesor explicara así de bien, pero él nos lo pone realmente difícil, y lo hace aburrido. Pero de la forma que me estás explicando hasta me parece interesante.
- Diez billones por ciento seguro que es lo más interesante que hay. Si te parece, vamos a probar con unos ejercicios para que lo puedas poner en práctica.
- ¡Claro! No puedo creer que hasta me sienta entusiasmada por hacerlo. Eres increíble…quizás sí heredaste de tu padre la faceta docente, lo llevas en la sangre.
- Eso sería ilógico, ya que no compartimos ni un mililitro de sangre –dijo rascándose la oreja con un dedo.
- ¿A qué te refieres? Es tu padre
- Sí, pero no es mi padre biológico. Él me crió desde que tengo memoria, así que de todas formas es mi único padre.
- Oh…no lo sabía.
- No tenías que saberlo, y de todas formas no me importa para nada. Me alegro que sea mi padre, hasta es científico y todo, con lo cual es lo más genial que hay, nos entendemos perfectamente, y siempre me apoyó en mi interés por la ciencia, desde que era un niño –sonrió con afecto– Ese viejo sí que me malcrió, y me regaló todo el equipo científico que tengo.
- Byakuya es un gran hombre, me lo parecía, pero ahora lo confirmo. Me sorprende lo mucho que se parecen, al menos parte de la cara, en especial el pelo y los ojos, jamás hubiera imaginado que no eran familiares biológicos.
- Ah, sí, me lo han dicho, pero es pura casualidad. Bueno, volvamos a esto, o sino no llegaremos a que lo pongas en práctica para ver si realmente te quedó claro.
Siguieron estudiando un rato más, y para cuando Kohaku miró el reloj, ahogó un grito de sorpresa, porque hace unos minutos ya habían pasado las seis y media, tenía que irse volando.
- Discúlpame Senku por terminar así, pero me preocupa llegar tarde.
- No hay problema Kohaku, a mí también se me pasó la hora. –el científico la ayudó a guardar los libros, y se apresuraron a la puerta.
–Nos vemos en un rato, no te olvides que voy a cenar a tu restaurante hoy.
- Te estaré esperando –su sonrisa enorme rivalizaba con sus ojos brillantes, y vio a Senku parpadear un par de veces como si una brillante fuente de luz hubiera afectado sus ojos, pero luego le sonrió y la despidió.
Kohaku salió tan contenta que el entusiasmo la hizo pedalear a toda velocidad. Estaba muy esperanzada con los avances de sólo ese día, y todavía no podía creer lo secretamente gentil y afable que era Senku, aunque no le gustara demostrarlo. Quizás lo había prejuzgado demasiado, aunque era verdad que él se había abierto un poco con ella desde que supo lo de su compleja situación con su mayor pasión. Y a quién iba a engañar, tenía que reconocer que lo vio hasta atractivo por primera vez, algo en lo cual jamás se había fijado porque le caía un poco mal. Sus pensamientos comenzaron a irse en una dirección peligrosa, así que se abofeteó mentalmente y se concentró en el camino.
A eso de las nueve de la noche Senku entró por la puerta, vestido con la misma ropa, sólo que con un chaleco beige encima, que mantenía ese aire formal pero relajado que le sentaba tan bien. La desilusionó un poco que trajera su libro para leer, pero en el fondo no quería ser egoísta, bastante que se estaba haciendo un tiempo para ayudarla, siendo que estaba ocupado con sus propios proyectos. Justo cuando le dio el bowl de ramen y comenzaba a alejarse, un joven alto de cabello largo y oscuro chocó contra ella detrás del mostrador. Se disculparon mutuamente por la torpeza, pero la cinta que sostenía el pelo de Kohaku en una coleta se enganchó en el reloj del otro, y se le salió, provocando que su pelo se soltara. Como lo tenía atado por tantas horas, le quedó un poco parado y con un volumen exagerado. Rápidamente trató de atarlo de vuelta, avergonzada, pero eso no evitó que el peliverde soltara una carcajada al verla. Ella lo miró sorprendida.
- Kukuku, quién lo diría, con esa apariencia de hace unos segundos, tenías toda la imagen de una leona.
- ¿Una…leona? –no sabía si ofenderse o tomarlo como un chiste, aunque estaba más cerca de lo primero.
- Sí, te queda bien, entre lo supuestamente fuerte que debes ser por el entrenamiento, y ese pelo alborotado. Creo que te llamaré así a partir de ahora.
- ¡Ni lo sueñes! No es divertido…
- Sí que lo es, diez billones por ciento seguro.
Kohaku quiso retrucarle, pero vio la mano de un cliente pidiendo su atención, así que lo dejó estar y se fue. Un rato después, Senku le entregó el bowl y le agradeció por la comida gratis. Y antes de irse, le dijo que los próximos días podía ir a su casa a la misma hora para seguir estudiando. Ella dejó pasar su malhumor con ese ofrecimiento, pero casi rugió por dentro cuando lo escuchó despedirse con un "hasta mañana, leona". Le parecía un poco ofensiva la comparación, como si ella fuese salvaje y hasta peligrosa, pero después pensó que era la primera vez que lo escuchaba reír tan abiertamente, y lo perdonó sólo porque se sentía un poco bien al fin poderle sacar una reacción sincera y positiva.
Las dos tardes siguientes, como habían quedado, Kohaku siguió estudiando con él, y ya se sentía muy orgullosa de sus avances, al fin comenzaba a entender de verdad, y tenía esperanzas de aprobar ese difícil examen que tendría en menos de una semana. Senku no se lo ponía fácil, aunque era un excelente tutor, le exigía cada vez más, pero eso la motivaba bastante más de lo esperado, porque significaba que si aumentaba la complejidad era porque estaba lista. Pero la noche de la segunda tarde, cuando Senku fue a cenar al restaurante, ella le dio sus malas noticias.
- Lo lamento Senku, pero mañana tengo un evento del club de artes marciales, y no me lo puedo perder. Un senpai vendrá especialmente para darnos una clase, y elegirá a los que considere con mayor potencial para la próxima competencia nacional. No podré ir a tu casa a estudiar… realmente lo necesito, faltan pocos días para el examen, pero…
- No te preocupes, leona –aunque a ella no le gustara mucho, se había ganado ya el apodo– aunque si quieres no tengo problema en que vengas después de trabajar. Pasado mañana es sábado, y no tenemos escuela, así que no hay problema si quieres estudiar un rato.
- ¿Pero no se te hará muy tarde? Podría pedirle salir dos horas antes a mi jefe, su hijo podría cubrirme, lo ha hecho en casos excepcionales.
- No, de todas formas siempre me quedo investigando hasta tarde, no necesito tantas horas de sueño para recuperarme. No tendría mucho sentido que venga aquí entonces, así que te esperaré en mi casa, ven directo cuando termines aquí, no es necesario que me avises.
- ¡Eres genial, muchas gracias Senku! Hasta mañana entonces, que descanses.
Senku la saludó con la mano mientras le dedicaba una pequeña sonrisa. Tenía que admitir que le divertía más de lo que esperaba ayudar a esa chica, ya se habían hecho amigos, y aunque tenían intereses bastante distintos, encontraba el punto común en la pasión que tenían por sus intereses y objetivos, y él la respetaba por eso. Además, había resultado que era inteligente, tampoco brillante, pero aprendía rápido y le ponía mucho empeño y eso le incentivaba más a dedicar una de sus preciadas horas del día a ayudarla a ella, en vez de dedicarse solamente el proyecto. Vinieron a su mente las palabras de su padre, que le deseaba que se relajara y se divirtiera un poco más. Seguramente no es lo que tenía en mente, pero en cierta forma sí era divertido.
La noche siguiente, se hicieron las nueve cuando el timbre sonó en el departamento de Senku. Cuando abrió la puerta, se encontró con una muy sonriente Kohaku, que cargaba dos bolsas en sus manos.
- Hola Senku, mira lo que traje… ¡comida para dos!
- Ah, diez billones de puntos para ti, leona. No había preparado nada, así que nos salvaste la noche.
- ¿A que soy genial? Mi jefe no tuvo problema con que me fuera, y su hijo me regaló estas dos porciones, junto a sus deseos de que estudie mucho y apruebe ese maldito examen. Así que aquí estoy, lista para seguir mejorando.
- Es absurdo lo entusiasmada que estás con eso a esta hora, pero me gusta tu actitud. ¿Cómo te fue hoy en esa clase especial?
- Oh, gracias por preguntar. Muy bien, de hecho… ¡fui seleccionada! No hay una fecha precisa, pero en uno o dos meses será esa competencia, ¡me siento muy feliz!
- Otros diez billones de puntos para ti, estás de racha, felicitaciones. Bueno, si te parece comamos primero, así después nos podemos dedicar al estudio y no te vuelves tan tarde a tu casa.
- Gracias, sería genial.
Cenaron tranquilamente, Senku había preparado el kotatsu porque ese día había resultado bastante frío, y así sería más cómodo y confortable. Luego de comer, desplegaron las hojas y libros en la mesa, y se dedicaron a ello. O por lo menos Senku, ya que la pobre Kohaku se sentía un poco cansada entre el esfuerzo físico, la breve jornada de trabajo y ahora el estudio intensivo. Y para colmo se sumaba que esa noche el peliverde otra vez tenía puesta esa camisa arremangada que le quedaba tan bien, y cuando apoyaba su cabeza sobre su mano para mirarla de costado, con esos ojos carmín ligeramente entrecerrados, eran una imagen que la desconcentraba más de lo que quería admitir. Así y todo, se las arregló para dar lo mejor, y resolvió bien la mayoría de los ejercicios, aunque quizás por el cansancio cometió varios errores tontos. En un momento, Senku se levantó para lavar los platos, y luego ir al baño a refrescarse, mientras ella seguía con un ejercicio particularmente difícil que le había dejado, pero cuando volvió, unos diez minutos después, se encontró con que Kohaku estaba con la cabeza apoyada sobre sus brazos, recostada sobre la mesa, y profundamente dormida.
- Oye, leona…¿Kohaku? –no quería zarandearla y despertarla, pero no estaba seguro de que sea una buena idea que se quede dormida ahí, además de que era una posición sumamente incómoda y su espalda le pasaría factura más tarde. Suspiró derrotado cuando ella ni se inmutó cuando él le tocó el hombro, y soltó una suave risa– De verdad estás agotada, game over para ti por hoy. Tan descuidada…pero te esfuerzas mucho, hay que reconocerlo, buen trabajo.
Ella nunca se enteró de sus amables palabras, siguió durmiendo ahí con la boca ligeramente entreabierta, evidenciando que estaba extenuada. Senku fue a buscar una manta, y se la colocó por encima. Se sentó a su lado, y agarró uno de sus libros, para estudiar un poco por su cuenta hasta que ella despertara. Pero se encontró con que no podía concentrarse fácilmente, aunque no estaba seguro de porqué. Cada tanto miraba de reojo a la rubia, para ver si notaba algún movimiento o señal de que despertara, pero cada minuto que pasaba eso parecía más improbable. Se rindió con su propia lectura, se dio cuenta de que también estaba un poco cansado, o quizás era la calidez del kotatsu y verla a Kohaku durmiendo tan relajadamente, que le contagiaron un poco el sueño. Apoyó su cabeza en su palma abierta, apoyándose en el codo, y giró su cabeza para mirarla un rato.
Se veía tan tranquila y vulnerable, para nada como la bola de energía que era cuando estaba despierta. Se mostraba siempre como la chica fuerte, decidida, y responsable, pero ahora que la conocía un poco más podía ver que era también bastante sensible, aunque no quisiera demostrarlo. No le había contado nada de su familia, salvo que tenía un padre aparentemente estricto, y no quería desilusionarlo, así como tampoco quería rendirse con su sueño, que parecía que no era lo que su padre quería para su futuro, y esa posible falta de apoyo lo entristeció ligeramente. Él no se podía quejarse, tenía en Byakuya a un padre genial, comprensivo, divertido y compañero; que había hecho lo imposible por apoyarlo siempre. Se perdió en esos pensamientos, sin darse cuenta que sus ojos se estaban comenzando a cerrar cada vez más.
Un buen rato después, Kohaku abrió los ojos lentamente. Tuvo que fruncir el ceño ante la intensidad de la luz, y se sintió confusa por un momento, hasta que despertó por completo. Se sobresaltó al darse cuenta que se había quedado dormida, pero aún más cuando vio la manta que la cubría. Seguramente Senku se la había colocado encima cuando se quedó dormida, y la enterneció mucho con esa delicadeza. Pensó en volverse a su casa, pero cuando vio la hora se dio cuenta que era tarde ya para volverse sola, y cuando vio a su amigo dormir despreocupadamente recostado sobre la mesa como ella había estado, supo que no quería molestarlo y despertarlo. Se avergonzó mucho de haberse quedado tan dormida, en especial porque el científico había sido muy considerado en ofrecerle una sesión de estudio nocturno, pero la verdad es que se sentía demasiado exhausta y no podía disimularlo.
Viendo que Senku no estaba tapado con nada, se acercó bastante a él y extendió la manta para cubrirlos a los dos, asi por lo menos no se resfriaría si corría viento. Se volvió a recostar sobre la mesa, usando sus brazos como una almohada, y cerró los ojos para dormir un poco más, al menos hasta que Senku despierte por su cuenta. Pero unas horas después, fue el joven el que se despertó, mientras ella dormía. Demasiado cerca. En el sobresalto que tuvo se echó para atrás, y sintió cómo el calor subía por sus mejillas cuando se dio cuenta que se habían dormido casi rozándose, aunque lo que no entendía era cómo había pasado eso. Pero parte del misterio se resolvió cuando notó que él también tenía puesta la misma manta que ella encima, y que quizás por eso ella se había acercado tanto a él. Estaba dormida, otra vez, no era consciente de lo mucho que se había acercado a él probablemente, más preocupada en cuidarlo de que se mantuviera cálido y cómodo. A decir verdad, era la primera vez que Senku estaba tan cerca de una chica, ni que hablar que se quedara dormido tan cerca de una, aunque fuera completamente accidental. Eso lo puso un poco nervioso, aunque quería desechar ese tipo de pensamientos ridículos de su cabeza.
La miró nuevamente, aunque con precaución como si estuviera haciendo algo malo y no quisiera ser descubierto, y en eso notó que ella tenía un mechón de pelo frente a su cara, que estaba por meterse en su boca. No era la imagen más fina de una joven durmiendo, más bien era divertida y vergonzosa, pero por alguna razón lo hizo sonreír. Lentamente y con mucho cuidado, estiró una mano para acomodarle el mechón rebelde de pelo detrás de su oreja, rozando su suave mejilla al hacerlo. Una sonrisa involuntaria se le escapó, así como no se percató que hasta sus orejas se habían coloreado de un tono rosado producto de su sonrojo. Sacudió su cabeza, maldiciendo interiormente, y se quedó pensando qué debería hacer, si dejarla así, despertarla, o intentar arrastrarla a algún lado más cómodo. De pronto escuchó un suave suspiro, y la miró nuevamente.
- …ku…
- ¿"ku"?
No tenía idea de lo que significaba eso, aunque…ku… ¿Sen…ku? Su nombre. Oh… ¿acaso estaba soñando con él? Imposible, no tenía ningún sentido, y aun así, los sueños nunca tenían sentido, eran completamente inconscientes. Ahora, la pregunta era por qué ella estaba inconscientemente pensando en él. O quizás fue simplemente una sílaba que salió de su boca en sueños, había muchísimas palabras que terminaban así. Sí, seguramente era eso, sería lo más lógico... ¿No?
Buenaaas! Qué tal? Les traigo un nuevo fic, un AU escolar, que va a tener varios capítulos. Lo lindo de esta historia es que la escribí en conjunto con una amiga, Cherry (quién dibujó la hermosa portada también!) Dos cabezas piensan mejor que una, y juntamos muuuuuchas ideas locas y lindas para entretenerlos por un tiempo. Es mi primer AU, y escolar, de esta pareja, así que espero que les guste mucho. Es diferente de lo que suelo escribir, pero estamos entusiasmadas con esta historia y lo que se viene! Me encantaría saber lo que piensan, sus comentarios, apoyo y críticas constructivas son muy importantes para mí, y las agradezco de corazón si se toman ese minutito de dejar su opinión (en este y los demás fics). En fin, eso es todo por ahora, hasta el próximo capítulo! :D
