Disclaimer: Los personajes de Supernatural no me pertenecen sino a Eric Kripke.

Género: Wincest AU

¡Disfrútenlo!

._._._._.

Ser el hijo de uno de los grandes jefes de la mafia a veces resultaba quisquilloso. Y más aún si tenía que cumplir con ciertas funciones principescas de la mafia, como por ejemplo, hacerse de una relación sentimental con la hija de otro jefe de la mafia para que así ambas familias consolidasen fuerzas y por supuesto capital.

¿Qué tan malditamente cliché podía ser eso?

Ser el novio de la hija de un jefe de mafia resultaba difícil. Al principio Dean creyó amar a Tamara, pero resultó ser solamente lujuria, que después de unos meses se convirtió en aburrimiento y apariencias por mantener. El "amor" había muerto después de verse obligado por el bien de la consolidación de sus familias a cumplir cada capricho que la oxigenada cabeza de la princesita de la mafia quisiera.

Se suponía que pasaría el día con su novia en casa, haciendo cosas tan monótonas y comunes como lavar la ropa y tener sexo de pantalla, pero no, a Tamara se le había metido entre ceja y ceja que ese día atracarían el banco de Lawrence, como si él fuese un ratero cualquiera. Y mejor ni cuestionárselo o sino la chica armaría un berrinche cósmico terminado en un intenso y irritante llanto.

No era la primera vez que Dean hacia algo estúpido y arriesgado, pero si era la primera vez que lo hacía por capricho ajeno y eso le ponía nervioso, ya que, cuando la tensión está el en el aire y no se sabe mantener la calma es muy fácil tirar de un gatillo. Dean jamás había quitado la vida de un inocente y no quería empezar ese día.

Habían acordado que Dean entraría primero, analizaría la situación y cuando fuese hora le daría el mensaje a Tamara para que entrase con el resto de los chicos y pudiesen ser felices al realizar su estúpido acto.

Dean entró por las puertas del edificio y suspiró de felicidad al sentir el aire acondicionado sobre su calurosa piel. A unos cuantos pasos estaba la carrucha de las fichas, teniendo la buena suerte de ser el E54. Apenas iban por el B25, tenía tiempo de sobra para decidir cuál sería el momento ideal.

La letra B se terminó y dio paso a la C. Dean creyó tener al gato en la bolsa y cuando estaba por presionar el botón de su celular y dar el aviso, las puertas del banco se abrieron y entró un chico castaño, alto, algo musculoso y muy pero muy guapo.

—Lo lamento —Sam se disculpó cuando tuvo que invadir un poco el espacio del tipo rubio para tomar el único asiento libre a su lado.

Los segundos siguieron su curso y Dean salió de su ensoñación con el sonido del siguiente número a pasar a la caja vacía, también se dio cuenta que hace unos cinco minutos que debió de haber dado la señal, pero en cambio llevaba cinco minutos mirando de reojo al castaño sentado al lado suyo.

Dean jamás había creído en el amor a primera vista, ya que lo suyo con Tamara había sido casi arreglado, pero en ese momento sentía que si ese chico castaño le sonriese él se convertiría en una masa gelatinosa en el suelo.

Para Sam no pasó desapercibida la mirada que le lanzaba su vecino de asiento, y más allá de incomodarle, le agradaba.

Ese mañana pensó que se pasaría todo el día en el banco, esperando con gran aburrimiento ser atendido. En cambio estaba más que entretenido con la atención que recibía.

Ni siquiera en sus días de novato del crimen Dean había estado tan nervioso y preocupado como en ese momento. Preocupado porque algo saliese mal y el castaño saliese herido por el simple capricho de su histérica y descerebrada novia.

A pesar de su preocupación, Dean no pudo evitar mirar de vez en cuando al castaño y dedicarle una sonrisa, que rápidamente era devuelta por su vecino de silla.

—Soy Dean —se presentó, viendo que sus sospechas de miradas coquetas y sonrisas cómplices eran más que acertadas.

—Soy Sam —sonrió genuinamente—. Así que, ¿llevas mucho esperando?

—Lo suficiente como para saber que eres la mejor vista de este lugar —murmuró para no arruinar la quietud del banco en la cual se podría escuchar claramente un alfiler caer al piso.

—¡Woo! ¿Y eso realmente te ayuda a ligar? —Sam compartió una sonrisa descarada que decía "vamos dame más" "puedo con más" "quiero más".

—¿Está funcionando? —preguntó Dean con las misma complicidad.

—¿Estas ligando conmigo? —Sam miró fijamente a Dean y levantó una ceja a modo a de interrogación.

—Claro —Dean afirmó, mostrando sus dientes blancos en una sonrisa lobuna.

—Entonces si está funcionando. Por suerte somos los últimos en ser atendidos, así tendremos más tiempo de conocernos.

Dean sintió como un escalofrió recorrió su espina dorsal al recordar que tiempo era lo que casi no tenia, ya que, conociendo a su caprichosa novia sabía que ante su tardanza en dar la señal no dudaría en entrar por su propia cuanta y hacer el despelote de la vida. La chica era linda, pero vivía atrapada en su burbuja de chica intocable por su linaje, pensando que la vida del crimen era como en las películas de Hollywood.

Tamara no temía matar a quien se le pusiera en el camino, le daba igual que fuese alguien inocente porque para ella todo era diversión, todos y todo eran recursos reemplazables para su jueguito de chica mala; y por nada del mundo Dean permitiría que Sam muriese por el capricho de Tamara.

Dean nunca había sentido algo igual a lo que siente con Sam a su lado. Hace apenas unos minutos que se enteró de la existencia del chico y hasta hace unos minutos se dio cuenta que en toda su vida no había sentido algo igual por alguna otra persona. Con Sam a su lado Dean sentía deseos de tirar todo por la borda y seguirlo como un perrito a todos lados, sentía deseos de ser simplemente Dean, un tipo como cualquier otro y no el hijo de un mafioso.

De repente llegó su cabeza la claridad. Esa era la oportunidad que tanto había estado buscando sin saber a ciencia cierta qué era lo que necesitaba en su vida. Y allí estaba a su lado la pieza faltante, Sam era todo lo que complementaba su felicidad y era más que obvio que ese sentimiento era reciproco. Así que, ¿por qué no dejarse caer en el amor?

—¿Qué tal si salimos de aquí y vamos por un café, Sammy? —Dean se inclinó más de lo debido para susurrar en el oído del castaño, logrando satisfactoriamente al ver que el bello del brazo se le había erizado a Sam.

—Vaya, creo que lo llevas muy rápido, vaquero —comentó haciéndose un poco el difícil, aunque en el fondo estaba más que complacido de aceptar la invitación.

—Tienes razón voy muy rápido, debería de llamarte Sammy hasta después de nuestra segunda cita —Dean le guiño un ojo mientras que colocaba casualmente una mano sobre la kilometrada pierna de Sam.

—Así que el café es más que una simple invitación —Sam lanzó a modo de acusación, fingiendo sentirse ofendido.

—Eso depende de si quieres tener una cita conmigo —Dean miró a Sam a los ojos antes de hacer la pregunta—. ¿Quieres tener una cita conmigo, Sam?

—Claro —dijo Sam, dejando a entrever que aún no había terminado—. Aunque no te conozco del todo, ¿quién me asegura que no eres un asesino en serie o un pervertido?

—Tendrás que averiguarlo por ti mismo. Salgamos de aquí y te dejo hacerme todas las pruebas que tú quieras —Dean ronroneó en la concha de la oreja del castaño.

—Por mucho que quiera salir de aquí, tengo que hacer un retiro —Sam suspiró con pesar mientras le echaba una mirada de su ficha a la pantalla de llamada.

—Usa el cajero —ofreció Dean sin que se notase las ansias que tenia de abandonar ese lugar, si no actuaba bien podría levantar sospechas y mandar todo al carajo.

—Lo intente pero se tragó mi tarjeta y bueno, no me fue tan mal como creí. Así que quiera o no debo de esperar —Sam se disculpó con una tenue sonrisa.

Dean tuvo ganas de gimotear al ver como las cosas se le complicaban, tenía los segundos contados para sacar a Sam de allí.

—¿Recuerdas que te estoy invitando a un café? Déjame pagar en la primera cita, ya tendrás tiempo de pagármelo en la segunda —Dean le guiñó un ojo, rezando para convencerlo—. Además, parece que los números no avanzan y ya casi es hora del almuerzo y cerrarán la mayoría de las cajas.

—Si no te controlas diría que estas desesperado por sacarme de aquí, Dean —sonrió con cierta altives, después de todo tener a un apuesto hombre insistiendo por ti no era algo que le sucediese a Sam todos los días.

—Lo admito, eres tan irresistible que no quiero esperar por ese café —una sonrisa un tanto apenada salió de Dean.

—Bueno, yo también tengo algo que confesar.

—¿Y qué seria eso, querido Sam?

—Que más que el café espero el postre con ansias —y allí en medio de ese banco concurrido Sam se lamió los labios con descaro, disfrutando el pequeño gemido ahogado proveniente del rubio.

—No digas más, Sammy, que me haces la boca agua. Sal tu primero, pasare primero por el baño.

—No tardes mucho que quizás encuentre otro banco y otro chico rubio que me haga hacer locuras como salir con un extraño mientras que el cajero se comió mi tarjeta —Sam comentó en voz baja, pero con una ardiente mirada a quien le viese.

—No me arriesgaría a perder la oportunidad de que dejásemos de ser extraños, Sammy.

Sam sonrió complacido.

Dean pudo suspirar con tranquilidad hasta que vio que Sam cruzaba las puertas del banco y salía sin saber que ese había sido su día de suerte. Ahora que su verdadero amor recién descubierto estaba a salvo era hora de efectuar su plan.

Con toda la normalidad de la vida Dean miró el número de la ficha actual y se quejó con un suspiró fastidiado mientras volvía a ver su ficha, fingiendo cansancio de estar esperando se dirigió al baño, donde segundos después le dio la señal a Tamara.

Segundos después Dean llamó al capitán de policía y le informó del atraco, especificándole que no le dispararan a Tamara, pero sí que la apresaran y que también se hiciera de las cintas de seguridad. Era bueno tener al mejor policía en la nómina de su padre.

Su segunda llamada fue a la prensa, dando por aviso de lo acontecido en el banco en ese momento exacto. Ese lugar pronto se convertiría en un caos completo.

Justo cuando Dean finalizó su llamada se escucharon gritos de advertencia de no moverse u hacer ruido, y justo en ese momento Dean aprovechó para escapar por la ventanilla que quedaba justo sobre el váter.

Dean sonrió para mismo al imaginarse la cara de indignación de Tamara cuando llegase la prensa y su bello rostro fuese a parar en cada encabezado. Ojalá y pudiese quedarse a ver el espectáculo, pero tenía un espectáculo mejor entre manos y no pensaba perdérselo por nada ni por nadie.

Su sonría se acrecentó al doblar la esquina de la acera de la parte trasera del banco y ver a Sam con cara de susto.

Sam apenas y vio a Dean se echó a correr en su dirección.

—Gracias al cielo, Dean —se abalanzó sobre el rubio y lo apretó en un abrazo—. Estaba tan preocupado, fueron apenas unos segundos y aparecieron de una camioneta esos tipos y una chica vestida de forma ridícula con armas en mano.

—Estoy bien, Sam —Dean disfrutó del abrazo con todo su ser—. Por suerte fui al baño en el momento exacto y así pude escapar por la ventanilla del baño.

—¿En serio estas bien? ¿Necesitas ir a un hospital? ¿Necesitas algo?

Fue en ese momento que Dean se dio cuenta que había acertado al enamorarse de ese apuesto chico.

—Lo único que necesito es que vayamos por ese café, Sammy —Dean sonrió tan grande que temió dejar marcas de arrugas permanentes, aunque serian bien ganadas.

La única respuesta que Dean recibió por parte de Sam fue un suave y dulce beso, el primero de muchos que seguramente recibiría.

Dean estaba cansado de ser una marioneta de ese mundillo del crimen, era hora de seguir su propio camino, forjar sus propios logros.

Desde ese día Dean Smith el hijo de un jefe de la mafia había muerto, y Dean Winchester había nacido para estar al lado de Sam Wetson el hombre que le había enseñado a realmente amar y valorar la vida.

._._._._.

Gracias por leer.