¡Hola a todos! Me paso una vez más por este precioso fandom tras unos cuantos meses desde la última historia.

Estoy obsesionada con Miraculous y sobretodo, el Marichat. Imaginarán mi felicidad cuando se anunció Glaciador 2. ¡Qué episodio, por Dios! Originalmente, tenía planeado publicar este fic antes del estreno pero se me complicó bastante, cosa que hoy agradezco ya que me dio buen material para agregar. De hecho, es un relato que tenía en mente desde mediados de año y se fue postergando, una vez más, para fortuna mía porque pude maquinar cómo ubicarlo dentro de la cronología de esta temporada.

Notarán que en el texto hay varias referencias a lo que viene sucediendo en los capítulos nuevos; sin embargo, la serie transcurre en un periodo corto, mientras acá hice que existiera un lapso considerable entre cada evento. Además, la narrativa entremezcla recuerdos con tiempo presente, para que tomen en cuenta. Traté de distinguir los flashbacks de lo que va ocurriendo con versos del tema "Ladrones", interpretado por Lasso y Danna Paola; siento que es una canción que va perfecta con este ship.

Por último, el fic podría considerarse una continuación de mi publicación anterior "Descubriendo", pues le hago mención también. Si todavía no lo han leído, los invito a hacerlo.

Disclaimer: Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir es propiedad de Thomas Astruc y Jeremy Zag.


Ladrones

"¿Por qué lo prohibido es tan divertido?, ¿Si tú no eres mío por qué quiero contigo?"

Chat… Noir –pronunció su nombre entre suspiros, acalorada. Todavía no comprendía cómo llegaron a eso, o tal vez sí, pues desde hace un par de meses su relación con el superhéroe había dado un giro bastante drástico. No sucedía nada comprometedor (hasta ahora), pero sí era muy obvio que se coqueteaban mutuamente.

El chico con traje de gato negro comenzó a frecuentarla durante sus patrullajes por la ciudad, cosa que ella le recriminó en diversas ocasiones de manera disimulada… ¡Que no se diera cuenta de que la propia Ladybug lo estaba regañando! Sin embargo, Chat Noir era muy astuto y sabía bien cómo cumplir con su labor sin descuidarse por estar cerca de su querida "amiga". Aunque (en su papel de guardiana) debió ser más rigurosa, eso le brindó seguridad para permitir que siguiera visitándola.

Sí, era arriesgado que se juntaran pero, para su gran sorpresa, Marinette descubrió en el rubio mucho más que un compañero de batallas: él era un confidente, un cómplice y el único chico al que podía mantener cerca sin miedo a que su doble vida lo pusiera en riesgo. Poco a poco, sus sentimientos empezaron a transformarse inevitablemente.

Ella no admitiría que ni Adrien ni Luka le robaban el sueño actualmente, sino Chat Noir. Desde que se dio cuenta de ello, a diario se repetía que no era más que una absurda ilusión creada por su mente debido al vínculo que ambos crearon. Apegarse a esa idea tanto como pudiera parecía funcionarle… pero no contaba con que el joven un día la sorprendería arrinconándola contra la pared y besándola.

"Te tomé prestada en la madrugada. Nadie sabe nada si no dices nada".

Por su parte, el portador del Miraculous de la destrucción no era nada indiferente a los sentimientos de la chica, y para él tampoco fue fácil aceptar que su lady ya no lo ponía de cabeza, sino la dulce Marinette. Siendo Adrien, la muchacha de raíces asiáticas había acaparado su interés desde hacía un tiempo, pero siempre que intentaba entablar algún tipo de conversación con ella, se comportaba como si su presencia la perturbara.

Por más que quería reforzar su nexo, nada lograba dar resultado. No obstante, siendo Chat Noir las cosas eran diferentes, puesto que la chica actuaba con naturalidad cuando se encontraban. Quizás no era correcto que se aprovechara de su doble identidad para concretar sus objetivos amorosos (y más a escondidas de su lady), pero igual debía intentarlo.

Lo que no tenía previsto (o por lo menos no tan precipitadamente), era llegar a aquella situación tan subida de tono, donde sus más perversos deseos estaban a punto de convertirse en realidad. No lo iba a negar, temía que de repente la colegiala reaccionara y lo mandara al mismísimo infierno por atreverse a tocarla así, porque sí, había sido él el causante.

¡Ah! –gimió ella suavemente, mientras el muchacho delineaba la forma de su cuello con la boca. Besarla en los labios fue, sin duda, una sensación maravillosa que anhelaba degustar en secreto, pero ya entrados en calor, necesitaba mucho más que el dulce sabor de su cavidad bucal.

"Y otra vez… te robo la mirada pa' que me vuelvas a ver".

A su vez, sus manos enguantadas se movían ávidamente desde las caderas de Marinette, hasta la parte baja de sus pechos; una zona que moría por explorar, aunque no se atrevía del todo. En sus más candentes fantasías, ya había recorrido ese cuerpo femenino de principio a fin y no solamente con los dedos, pero esto no era producto de su imaginación, por ello se obligaba a ir con calma pese a las verdaderas intenciones de su organismo.

No recordaba en qué momento empezó a desear a su compañera de clases con tanta intensidad. Tras comprender que la franco-china compartía más afinidad con él siendo Chat Noir, tomó la decisión de acercársele para… ¿para qué, exactamente? Era difícil de explicar. A sus ojos, Marinette era la propia encarnación de un ángel y adoraba pasar tiempo a su lado siendo civil; así no sentía que debía fingir ser el perfecto hijo de Gabriel Agreste. Sin embargo, no estaba seguro de que ella estuviese igual de cómoda porque la mayoría de las veces (por no decir siempre), la notaba dispersa.

No creía que pudiera odiarlo o algo por el estilo, pero quizás todavía no se le borrada del todo la nefasta impresión que tuvo cuando se conocieron. ¡Por Dios que no podía permitir que eso continuara! Mucho menos luego de lo que pasó en la última akumatización del Señor Pichón. No descifraba el porqué, pero esos breves minutos bajo la lluvia sacudieron su corazón por completo, algo que después se repitió cuando fue al cine con ella como Chat Noir.

Ese podía considerarse el punto de partida. Fue ahí cuando la aspirante a diseñadora de modas acaparó con más insistencia sus pensamientos e, inconscientemente, comenzó a estar más al pendiente de ella. Hubo un tiempo en el que se preocupó porque la notaba decaída, muy diferente a la Marinette sonriente que él adoraba. Sin esforzarse se enteró de que había terminado con Luka y seguramente esa era la razón de su actitud.

La comprendía (más o menos), ya que él también acabó su relación con Kagami casi al mismo tiempo. No quería parecer un patán, pero dicho evento no logró entristecerlo tanto; es decir, la japonesa le atraía y encajaba a la perfección con su prototipo de mujer ideal, mas esta demostró tener una idea errada sobre quién era él en realidad y, siendo sincero, tampoco le generaba esa pasión desenfrenada que sí logró Ladybug…

¡Mmm! –jadeó sonoramente la estudiante cuando, por fin, el héroe adentró con delicadeza las garras bajo su fina camiseta y le rozó los pechos.

Y ahora únicamente, Marinette.

"Y otra vez… me apuntas a la puerta, pero ya yo sé volver".

Así, el portador del Miraculous de la destrucción buscó acercarse a la menor de los Dupain-Cheng hasta que dio resultado. Después de la introducción de Vesperia al equipo, Adrien AKA. Chat Noir se valía de los patrullajes para visitar a su princesa (como solía llamarle), y cuidarla ante cualquier acontecimiento que pudiese volver a dañar su corazón. Lo que inició siendo mera curiosidad por la chica, pronto dio paso a algo mucho más grande que se extendía hasta las necesidades carnales del rubio.

En principio, la de ojos azules dudaba de si era prudente dejar que el enmascarado apareciera tantas veces su casa, y más con el terrible recuerdo de Chat Blanc a cuestas. A pesar de ello, por más que intentara convencerse de lo contrario, un agradable cosquilleo le nacía en el estómago ante su presencia ya fuera como Ladybug o Marinette… y eso le daba pavor. Igual ya no podía hacer mucho más: él se ganó su amor y la rescató de la soledad que la estaba embargado durante su inadvertido rol como guardiana. Lo único que se le ocurría era tratar de mantener a raya sus sentimientos para evitar un desastre.

Princesa –farfulló el adolescente con voz ronca, mordiendo delicadamente su lóbulo derecho –Me vuelves loco.

Chat… Noir –respondió con un hilo en la garganta mientras apoyaba las manos en sus varoniles hombros.

¿Pero cómo iba a hacerlo si era cada vez más evidente la tensión entre ambos? Bueno, ya en este punto quedó bastante evidenciada, pero se suponía que lo suyo no pasaría de simples coqueteos que tomaron cabida tras el regreso de Glaciador. En ese entonces, las visitas del mitad felino se mantenían al margen, pero bastó con que le pidiera ayuda para declararse al chico que le gustaba, para que él detonara un comportamiento más galante.

No tenía mucho sentido, a decir verdad, pero por como lo veía el también modelo, tratarla seductoramente (pero con sutiliza) gracias al nivel de confianza que habían desarrollado, le serviría para ganar terreno sobre este individuo misterioso del que no tenía mayor información... Además, le daba la impresión de que ella le seguía el juego de vez en cuando. ¡Oh sí, ese chico anónimo tenía que estar mal del cerebro para no corresponderle a Marinette! Sí tan solo pudiera ser él, se lamentaba.

¿Me permites? –cuestionó sonando más como una orden que esperaba la muchacha cumpliera. Mirándola fijamente a los ojos, el superhéroe sujetó los bordes de la prenda blanca y la subió lo suficiente para que su vientre quedara al descubierto. Quería removerla por completo, así como hizo hace unos segundos con su blazer gris.

La pelinegra tragó saliva con pesadez y tímidamente alzó los brazos, facilitándole al muchacho su tarea con la blusa. Apenas estuvo libre de lo que él consideraba un estorbo, la besó nuevamente y dejó que sus manos viajaran sobre el abdomen, espalda y brazos recién descubiertos.

Si sigues así, no habrá marcha atrás, princesa –amenazó el enmascarado mordiéndole el labio inferior. Después de recorrer toda la textura que conformaba el pequeño tronco de la colegiala, detuvo las garras justo sobre el broche de su sostén; lo único que necesitaba era otra afirmación para proseguir con su cometido sin volver a frenarse.

La también panadera respiraba agitadamente y tenía la cara teñida de rojo. Sabía muy bien lo que pasaría si no se negaba a Chat Noir. El sentido común le dictaminaba parar por varias razones que no parecían tan importantes justo ahora, mientras sus más bajos instintos pedían a gritos que se dejara hacer por ese gato pervertido que la tenía a su merced.

¡Al diablo! Pensar correctamente no era algo le saliera bien con la lengua del chico paseando por su clavícula –Hazme tuya, chaton.

Solo bastaron esas tres palabras para que el pedazo mínimo de cordura que quedaba en él, desapareciera. Sin recato, rasgó la fina tela del brasier y una vez que los redondos pechos de la muchacha estuvieron al aire, su boca y manos se encargaron de recorrerlos –Son tan suaves.

¡Chat Noir! –no podía contener el gemir su nombre. El mencionado succionaba un pezón de manera pausada pero tortuosa, dejando ver un delgado hilo de saliva al separarlo de sus labios; el otro, mientras tanto, era atendido por una de sus manos, ya que con la otra le estaba acariciando las nalgas.

Quería que sus cuerdas vocales se desgastaran por gritar de tanto placer… placer que solo podría brindarle él. Adrien AKA. Chat Noir no sabía que podía ser tan posesivo cuando se trataba de Marinette (de hecho, por algún "extraño motivo" no se había inmutado ante sus sentimientos por otro chico, más allá de empezar con los coqueteos), pero esa tarde se dio el desencadenante para que aceptara que la quería en todas las formas posibles, y fue precisamente eso lo que le empujó a lo que estaban haciendo.

"Quiero quemar tus besos, como en una fogata".

Hace solo un par de horas, el héroe con temática de gato negro se apersonó más temprano de lo usual en casa de la estudiante, pues al ser domingo, suponía que ella pasaría todo el día encerrada dándole vida a algún diseño de su cuaderno de bocetos. Sosteniendo una elegante rosa en la misma mano que llevaba su anillo, tocó un par de veces la trampilla del balcón sin recibir respuesta.

Qué extraño –murmuró, frunciendo el ceño.

Por más inusual que fuese el que la pelinegra no estuviera en su habitación, debía ser racional. Quizás se encontraba en la parte baja de la residencia brindándole una mano a sus padres con la panadería; eso tenía que ser. De un ágil salto apoyado en su bastón, llegó hasta el portón del local, topándose ahí con un enorme cartel de "cerrado". Los nervios se le pusieron de punta, ¿dónde estaba Marinette entonces?

El material traslucido de la vitrina le permitió divisar al matrimonio Dupain-Cheng organizando diferentes postres en cajas de varios tamaños; aunque no abrieran su comercio al público ese día, seguían trabajando como de costumbre. Sería bastante maleducado de su parte interrumpirles puesto que se veían ocupados, pero necesitaba averiguar cuanto antes sobre el paradero de la chica.

Sabine abrió los ojos incrédula y caminó rápidamente hasta él cuando lo reconoció dando un firme golpeteo en la entrada –¡Chat Noir, pero qué sorpresa! –saludó, abriéndole la puerta.

Buenas tardes, señores Dupain-Cheng –se dirigió a ambos con una enorme (pero fingida) sonrisa –Espero no molestarlos.

Chat Noir, bienvenido –Tom se paró junto a su esposa para recibirlo también –Hoy la panadería está cerrada, pero dinos, ¿qué necesitas?

Oh, sí. No les quitaré mucho tiempo –se frotó la nuca un poco avergonzado –Es que estaba buscando a Marinette pero no la encuentro.

El progenitor de la recién nombrada alzó una ceja –¿A mi hija?, ¿Para qué?

Emm –un escalofrío le recorrió la espina dorsal al sentirse intimidado por el padre de su princesa. Este todavía lo trataba con cierto recelo desde la confusión cuando fue akumatizado en Papá Lobo –Ella, pues… me ayudará a rediseñar mi traje.

¿Tu traje? –Sabine lo miró de arriba abajo, confundida.

Sí. Ustedes saben –se rascó la mejilla, siguiendo con la mentira –Como Ladybug actualizó su look de heroína, yo no puedo quedarme atrás –se rió –Por eso le pedí a Marinette que se encargara. Ella tiene mucho talento para estas cosas.

Obviamente, el jovencito tenía ciertos conocimientos sobre las funciones del Miraculous y el diseño de los súper trajes venía incluido en ese paquete. Los padres de la estudiante, por el contrario, no deberían estar ni enterados y eso le daba cierto beneficio para que su excusa pasara desapercibida… o al menos rezaba porque así fuera.

¿Escuchaste eso, Tom? –la mujer de baja estatura rompió el micro silencio que se formó por algunos segundos –¡Nuestra niña confeccionará para los héroes de Paris!

¡Cielos, no podría estar más orgulloso! –el panadero se tapó los ojos con ambas manos, reteniendo las espesas gotas que brotan de ellos.

El rubio los observaba intentando contener el tic que se le formó en el rostro. De verdad le daba pena engañarlos así, mas no había de otra –Y bueno, acordamos encontrarnos hoy.

Sabine dejó de sonreír para dedicarle un gesto de intriga –¿Pero estás seguro, Chat Noir? Marinette salió hace un buen rato ya y no mencionó nada al respecto.

Oh –apretó los dientes, evitando turbarse por la información recibida –¿Y a dónde fue? No creo que haya olvidado nuestro compromiso.

Descuida, muchacho –Tom no salía de su ensoñación –Mi Marinette es muy responsable con sus deberes y te aseguro que cumplirá. Probablemente está resolviendo algo de último minuto con sus amigos y ya vendrá a verse contigo.

La respiración del chico se hizo entrecortada. Los padres de ella no podían despejarle la preocupación puesto que se marchó de casa sin decir a dónde iba; bastante raro. Algo no le cuadraba y estaba decidido a juntar las piezas del rompecabezas costara lo que costara.

Chat Noir –Sabine lo sacó de sus pensamientos, palmoteándole el brazo –Nosotros tenemos que irnos a un banquete con el alcalde Bourgeois, pero con gusto puedes esperar aquí a Marinette.

Quedaron un par de galletas recién hechas en la cocina –dijo el hombre, señalando la estancia con el pulgar –Sírvete si quieres.

Qué amables –halagó, dando un paso hacia atrás –Pero será mejor que vaya a dar una vuelta por Paris y regrese más tarde. No sabemos qué podría suceder si me descuido así sea un segundo.

Pero… –el panadero trató de convencerlo, aunque éste ya había salido como flecha veloz del local.

¡Gracias por todo! –exclamó antes de perderse de vista, extendiendo su bastón sobre los techos de la ciudad. Una voz en su interior le indicaba desesperada dar con la ubicación de su princesa pronto, o dejaba de llamarse Adrien Agreste.

"Quiero ser policía para ser quien te atrapa".

¡Ouch, Chat Noir! –la de ojos azules se quejó al sentir los dientes del mitad felino clavándose en la división sus senos –Ten cuidado, minou.

Este le sonrió con malicia, mientras posicionaba las manos en sus caderas –Lo siento, princesa. No puedo contenerme –con la lengua repasó la mordida y subió dando piquitos hasta su barbilla. No tenía intención de dañarla, pero luego de que lo vio esa tarde, le brotaba el fiero impulso de estampar su marca por toda ella –Ven –de un hábil movimiento la cargó por la cintura y ella, por inercia, enredó las piernas al nivel de su pelvis.

Sincronizadamente, se fundieron en un nuevo beso. La pelinegra revolvía los dorados cabellos de su caballero enmascarado, a la par de que era recostada sobre su sillón con mucha delicadeza. Cuando lo tuvo encima no quiso soltarlo, por lo que deslizó los dedos hasta su nuca para profundizar la batalla que libraban ambas lenguas dentro de sus bocas.

La imagen de Marinette junto a Luka se repetía fresca en la memoria del adolescente. Para Adrien AKA. Chat Noir, no había nada de malo con que ambos mantuvieran una cercana amistad pese a su noviazgo fallido, incluso él también se llevaba muy bien con el músico y apreciaba que siempre estuviera dispuesto a velar por el bienestar de la chica que querían. Sin embargo, encontrarlos juntos de manera tan comprometedora le disparó las alarmas: ¿acaso existía la posibilidad de que se reconciliaran?

La joven aspirante a diseñadora de modas era hermosa por donde se le mirase, no solo en el físico, también con su encantadora forma de ser, tenía la facilidad de conquistar a cualquiera. De acuerdo, por mucho tiempo no pudo considerarla más que como amiga debido a la lealtad incondicional que guardaba a Ladybug, pero al final, terminó cayendo rendido a sus pies. Así como él y Luka, debían existir otros tantos chicos que también babearan por ella; si mal no recordaba, su mejor amigo Nino, y otro alumno de la clase llamado Nathaniel, mostraron interés en algún momento. El único idiota que parecía no determinar al maravilloso partido que tenía enfrente, era ese amor platónico por el que Marinette suspiraba.

Después de abandonar la panadería de los Dupain-Cheng, el muchacho se valió de sus poderes extrasensoriales para localizarla. Tal vez estaba exagerando un poco al sentir aquella ansiedad por su ausencia, pero una fuerza en su interior lo arrastraba a verificar que no había nada por lo cual preocuparse. Durante varios minutos, rondó sin éxito las locaciones a las que ella solía acudir cuando no estaba en casa o en la escuela, hasta que finalmente un rastro del aroma dulzón que la caracteriza inundó sus fosas nasales.

Ahí estás –farfulló brincando con su bastón hasta el punto que su nariz le indicaba. En menos de un parpadear, aterrizó cerca del muelle donde vivían los Couffaine y divisó la motoneta de la estudiante, estacionada justo enfrente de la embarcación Libertad. Lo primero qué pasó por la mente del héroe era que estaba visitando a Juleka, pero rápidamente su teoría dio un giro al verla charlando con Luka sobre la cubierta –¿Eh?

Su visión gatuna se agudizó, aunque de oído no tenía la capacidad suficiente como para escuchar lo que decían. La expresión de la franco-china lo inquietó: esta tenía los ojos cristalizados, los músculos tensos y las manos temblorosas; al lado de Luka parecía muy pequeña pues se encogía de hombros. Él, por su parte, portaba un gesto demasiado serio a comparación de su acompañante. Algo estaba sucediendo.

El portador del Miraculous de la destrucción no perdía detalle de sus movimientos, pese a no comprender qué pasaba entre ellos. Su princesa lucía afligida y eso no le gustaba en lo más mínimo. Nada deseaba más que poder acercarse y averiguar el significado de tan funesta escena. La gota que desbordó el vaso ocurrió cuando ella rompió en llanto y se lanzó a los brazos del guitarrista, buscando ser apaciguada.

¡¿Qué demonios?! –apretó los puños intentando contenerse. Ahora sí, sabía que su inquietud estaba justificada y, por si fuera poco, se multiplicó en potencia. Sí, tenía ganas de brincar hasta ellos y separarlos exigiendo una explicación, más debía actuar con prudencia; a Marinette no le agradaría su intromisión y tampoco quería crear un conflicto con Luka, quien sobaba cariñosamente el cabello de la joven para calmarla.

Así estuvieron por un largo rato que, ante los ojos del rubio, parecía no acabar jamás. Su cabeza trataba de maquinar una muy buena y justificada razón para que la menor de los Dupain-Cheng estuviese tan agobiada, ¿y por qué no recurrió a él en todo caso?, ¿por qué Luka? Era la primera vez que el hijo de Jagged Stone le inspiraba tanta inseguridad. Transcurridos un par de minutos más, ya no podía soportarlo e iba a interferir, cuando se fijó que la chica había roto el abrazo de golpe para secarse las lágrimas.

Nuevamente, no se enteró de lo que decían porque estaba a una distancia considerable, mas sí pudo notarla a ella un poco más serena y eso lo tranquilizó. Los anteriormente novios intercambiaron otra breve plática, hasta que la panadera le regaló un último abrazo antes de retirarse bajo la atenta mirada de su secuaz gatuno. Luka alzó la mano para despedirse y esta respondió a la seña mientras encendía el vehículo que le regaló su familia; fue ahí cuando el protector de París se preparó para seguirla, aunque daba por sentado que retornaría a casa.

"Como ladrones, nos robamos besos que no nos pertenecen".

¿Estás bien, Marinette? –cuestionó la kwami de la creación una vez que ambas estaban de regreso en su hogar. Como es costumbre, la mística criatura presenció lo ocurrido escondida en el bolso que la muchacha llevaba a todas partes.

Los ojos azules se le tornaron acuosos –Tikki, esto no está bien. Luka sabe que soy Ladybug y también conoce la identidad de Chat Noir. Yo… ni siquiera sé qué pensar.

Lo sé –farfulló, pegándose a su mejilla –Es grave, pero ni tú ni Chat Noir son responsables. Ese es el asunto con el Miraculous de la serpiente: quien lo use tiene a su cargo un enorme poder que sobrepasa los límites del tiempo.

Debería hablar con Bunnix –meditó, frotándose la sien –Luka podría estar en peligro. Nadie debe saber nuestras identidades, ¿y si Shadow Moth se entera?

¿No crees que la Alix del futuro ya habría venido a resolverlo? –argumentó la kwami, intentando darle paz –Marinette, comprendo que como la actual guardiana quieras mantener el legado del Maestro Fu, pero Shadow Moth es cada vez más poderoso y será necesario que Ladybug y Chat Noir tengan otros aliados.

La costurera ensanchó los ojos, reflexionando. Tikki era sumamente estricta con el tema de las identidades y estaba admitiendo que, debido a las últimas jugadas del villano, habría que romper las reglas para poder derrotarlo. En efecto, su enemigo logró fortalecerse gracias a la fusión del Miraculous de la mariposa y el pavorreal, descifrando en el camino la manera de deshacer el efecto de sus amuletos anti-Akumas.

Piénsalo con calma, ¿sí? –pidió la criatura de color rojo –Si Luka decidió contártelo es porque quiere ayudarte.

Tienes razón, Tikki –suspiró –Yo… creo que necesito recostarme un rato. Estoy muy confundida.

Adelante, descansa –dijo sonriente. En eso, el olor de las famosas galletas de chocolate que los padres de la pelinegra vendían en la panadería llegó hasta su nariz, y guiada por su increíble vista de halcón, pudo divisar una bandeja completa en la cocina –¿Puedo? –preguntó a su portadora antes de saltar a devorarlas; había aprendido cómo controlar su desesperación por comer gracias al bochorno de la galette. La chica afirmó con un ademán de manos y la dejó para subir a su alcoba. Tom y Sabine no estaban, así que la kwami podía volar por ahí sin riesgos.

Al ingresar a su cuarto, la colegiala largó un suspiró que amenazaba con ser acompañado por el llanto. Cuando Luka la convocó para reunirse a hablar de algo urgente, lo que menos imaginaba es que revelaría tener conocimiento acerca de su preciado secreto; y no solo ella estaba expuesta, sino también el chico del que ahora estaba enamorada. La cabeza empezó a dolerle ante el cúmulo emociones que experimentaba. Por el momento no quería pensar más, aunque sí debía tener claro que el músico era una persona confiable.

"Como ladrones, le hacemos daño a quien no merece".

Decidió que una ducha caliente serviría para despejarse y se retiró los pantalones sin ser consciente de que la observaban. Oculto en la parte alta del aposento, los brillantes ojos verdes de Adrien AKA. Chat Noir recorrían la cremosa y tentadora piel que conformaba las piernas de Marinette; nunca antes las había visto. Esa porción de su anatomía, que hasta hace nada era desconocida para él, estaba incitándolo a pecar.

Hola, princesa –se anunció con voz gutural, arrancándole un grito de impresión a la joven que solo atinó a cubrirse con los brazos.

¡Chat Noir! –los colores se le subieron a la cara al notar que el mitad felino tenía sus pupilas clavadas en ella –¿Qué… qué haces aquí? ¡Vete!

¿Por qué? –se cruzó de brazos, sonriéndole de lado –¿No te da gusto verme?

¡Estoy semi desnuda! –le gritó con las mejillas aún más rojas que su traje de heroína –¡Lárgate ya!

Pero princesa, creí que entre nosotros no había nada que esconder –musitó, acercándosele como un león a su presa –No te avergüences.

La portadora del Miraculous de la creación dio un paso atrás, asustada. No podía creer que su secuaz se expresara tan lascivamente y, asimismo, no respetara que andaba en ropa interior –¿Qué te pasa, Chat Noir? Tú no eres así.

No –murmuró. Entendía que no era correcto confrontarla en esas condiciones que tampoco resultaban favorables para sus hormonas, pero los instintos más primitivos que albergaba su ser lo dominaban ahora que se hallaba frente a la muchacha –Pero solo quiero asegurarme de que estés bien. Vine a buscarte hace rato y no estabas.

Tragó en seco con dureza, empezando a temer que él pudiera sospechar de algo –Yo… tuve que salir.

Ajá –sin despegarle los ojos de encima, el enmascarado la acorraló contra la pared, poniendo ambos brazos a sus costados –Me di cuenta.

La chica respingó al sentir el calor masculino entremezclándose consigo. Desesperada, movió las manos con frenesí tratando de tapar sus piernas desnudas que chocaban contra las del muchacho debido a lo cercanía. Aquello la ponía nerviosa, era verdad, pero también el electrizante roce entre sus rodillas, la intensidad de sus luceros esmeralda y lo hipnotizante de su esencia, la excitaban ligeramente –No sigas, por favor.

Estabas con tu ex –dijo entre dientes, desviándole la mirada con un mohín –No digas que no.

¿Eh? –sus ojos azules casi salen de orbita por el señalamiento del joven, recordando que conocía a Luka porque ella misma le contó. Distante al escenario que en realidad se reproducía en la cabeza del rubio, Marinette asimiló que este estaba enterado de todo lo que le confesó el involucrado referente a sus identidades y fue a reclamarle. Entonces… ¿sabía que ella es Ladybug? –Chat Noir, quiero explicarte…

Dime la verdad –soltó, ignorándola. Antes de preguntar, lanzó un profundo bufido que congeló a la fémina –¿Estás enamorada de él todavía?

Se quedó muda. Solo atinó a pestañar repetidamente, jurando no haber escuchado bien su cuestionamiento –¿Qué?

Oh, vamos –separó los brazos de la pared y los cruzó sobre su pecho, emitiendo un puchero –Yo los vi. Llorabas abrazada a él; como si fuera el único que puede consolarte.

La franco-china no lograba procesar ese argumento –¿Tú… escuchaste algo de lo que hablamos?

No –desvió la vista al techo a manera de berrinche –Y menos mal, porque aparentemente es a él a quien acudes cuando tienes un problema. Yo no soy tan importante.

¡Estaba celoso! Como si de una epifanía se tratase, había descifrado el porqué de ese comportamiento. Por fortuna, Chat Noir no tenía idea de que Luka los descubrió al enfrentarse contra Wishmaker; ese era un alivio muy grande ya que, por ahora, sentía que solo ella debía encargarse de ese altercado. Su gatito rebelde simplemente malinterpretó las cosas de una manera que le enternecía –Chaton, bien sabes que no es así.

Pues eso no fue lo que vi –puso los brazos en jarras –Quizás no soy tan buen héroe y por eso prefieres a otros.

Una adorable risita se coló entre su sonrisa, menguando el malhumor del felino que amaba escucharla reír –Eres un gato bobito. No es lo que piensas, Chat Noir. Luka es un buen amigo, pero no significa que siga sintiendo algo por él.

¿Y por qué llorabas? –otra vez la acorraló contra la pared –¿Por qué no me pediste a mí que te hiciera sentir mejor?

Po… porque… –la ola de nerviosismo volvió a salpicarla y no tuvo más opción que mentir –Es algo entre Luka y yo, minou. A veces es necesario limar asperezas para poder seguir adelante.

El superhéroe suspiró, rememorando su propia situación. Él en el fondo deseaba poder llevarse con Kagami de la misma manera en la que lo hacían Luka y Marinette, dejando de lado los sentimientos románticos. A pesar de que parecía algo distante, no perdía la esperanza de que algún día ellos igual podrían enmendarse –Tienes razón.

Chat Noir –la muchacha acunó la faz de su acompañante con ambas manos para que la mirase –Ten por seguro que siempre serás mi caballero de brillante armadura. Bueno, caballero negro en este caso, pero igual de deslumbrante –bromeó.

El corazón del superhéroe se aceleró desbocado dentro de su cavidad torácica. Estaba enloquecido por ella y necesitaba confirmar que le correspondía; ya no podía seguir esperando ni dándole oportunidad a alguien más de conquistarla. Teniéndola tan cerca, sus finos y rosados labios de cereza lo tentaba a besarlos, y sus piernas tan blancas como la nieve le imploraban ser atendidas por su toque –Y tú, mi princesa –bisbiseó acortando la separación de sus rostros.

La estudiante no era indiferente a lo que él atravesaba; también sentía que estaba a punto de sufrir un infarto. El adolescente se encontraba a solo centímetros de besarla y ella (aunque debería hacerlo) no estaba dispuesta a frenarlo, ¡hasta se le había olvidado que no tenía puesto el pantalón! Varios de sus sueños húmedos se desarrollaban de forma similar, aunque mucho más pasionales: él la tomaba como todo un animal en celo, mientras ella alcanzaba el Edén en múltiples orgasmos. Sí, definitivamente iba a ceder a lo que su cuerpo y alma pedían.

Primero, el chico se permitió darle un casto beso que trasmitía la sinceridad de sus sentimientos, porque más que deseara hacerle el amor, se había enamorado de su "amiga" Marinette. Con movimientos pausados, fue acoplando sus labios a los femeninos y descubriendo su sabor: dulce, como solo la joven de raíces asiáticas podía ser. Sus manos no se quedaron quietas y sin perder el ritmo, tomó las de ella para mimarlas con el pulgar. Afuera el mundo mantenía su curso, pero para ellos el tiempo parecía haberse detenido a medida que el ósculo avanzaba.

La necesidad de ambos por tener más brotó y el enmascarado le introdujo tímidamente la lengua para explorar los rincones de su boca. La también panadera exhaló exaltada y se puso de puntillas para abrazarlo por el cuello, causando que el contacto se intensificara. Él la aferró por la cintura durante un rato prolongado, llegando a separarse debido a la falta de aire; ambos resoplaban a bocanadas, sofocados por el hervor que emanaban y Chat Noir sabía que no sería suficiente con un beso, por lo que se atrevió a ir hacia otros lugares de la muchacha.

"Ladrón que roba a ladrón, tiene mil años de perdón".

Así, entre besos, caricias y gemidos, los dos dieron rienda suelta a lo que venían conteniendo por el otro. Estaban extasiados, perdidos en un mar de sensaciones que los revolcaba hasta el paraíso mismo. Evidentemente, no se comparaba con las sesiones de auto-placer que solían darse en privado. Ninguno era experto en la materia, lo que hacía más especial y emocionante el vivir su despertar sexual con la persona que amaban.

El rubio se apoyó con ambas manos en la superficie del sofá para apreciar por unos instantes a la chica que lo hizo olvidar su amor por Ladybug. Marinette estaba casi por completo desnuda de no ser por la pequeña braga que ya se encargaría de quitar. Las pupilas se le dilataron al contemplar cómo sus pechos subían y bajaban, producto de la respiración acelerada, y su rostro de facciones tan finas pasó a poseer una tonalidad escarlata que compaginaba con los chupetones que le dejó en el cuello. No había terminado de hacerle todo lo que quería y ya sabía que esa sería su adicción favorita de ahora en adelante.

Con lengüetazos trazó un camino húmedo desde la garganta hasta su vientre, encontrándose al fin con la esquina más íntima y apetecible de la jovencita. Sus garras sostuvieron los bordes de aquella prenda rosa y la removieron de un solo tirón, provocando que ella dejara salir un sensual suspiro en el proceso. –Estás muy mojada, princesa –musitó este con una sonrisa ladina.

¡Chat Noir! –el comentario la hizo avergonzarse y, en respuesta, trató de apretar las piernas, pero él no se lo permitió.

El salvador de París le agarró los muslos, relamiéndose los labios por la visión tan apetitosa que tenía en frente. Los pliegues de su vagina relucían de lo tan húmedos que estaban y las ganas de degustarlos lo mataban. Dando movimientos circulares, la sinhueso del mitad felino se restregó contra el hinchado clítoris de la chica, arrancándole un par de sonoros gemidos. Ahora podía decir con toda propiedad que Marinette era tan dulce como el chocolate.

Deliciosa –gruñó contra ese rosado bulto que acariciaba con su boca, lo que derivó en una agradable vibración que la hizo retorcerse mucho más. Aquel juguetón órgano también pasó a delinear los labios vaginales y penetrar la estrecha entrada del recoveco en un armónico vaivén; deseaba realizar dicha acción con los dedos, pero temía que sus garras la lastimaran.

Con cuidado, presionó el pulgar contra la diminuta terminación nerviosa para acompañar sus estocadas con más estimulación. La estudiante se sentía en la novena nube y los sonidos que producían sus cuerdas vocales eran prueba de ello. –¡Ah, Chat Noir! ¡Voy a…! ¡Ah! –pronto un placentero hormigueo comenzó a acumularse en su parte baja, y cuando él afincó la atención en su centro de placer, el cosquilleo se expandió a otras partes de su cuerpo, aturdiéndola.

Sonrió complacido por haberla hecho acabar –¿Qué pasa, princesa? ¿El gato te comió la lengua? –bromeó coqueto, gateando encima de ella para estar a su altura. Esta no contestó nada y él aprovechó de juntar sus frentes para luego besarla con ímpetu. La hija de los Dupain-Cheng lo abrazó, deslizando las manos sobre el material poroso que cubría su ancha espalda y dándose cuenta de un detalle crucial que habían ignorado hasta el momento.

Gatito, no es justo –rompió el beso para hablarle mientras fruncía el ceño. –No estamos iguales; todavía tienes el traje puesto.

Esa declaración le cayó como un balde de agua fría en pleno fogueo. Se concentró tanto en disfrutar de su amada y hacerla gozar, que olvidó lo limitado que estaba por su traje de combate –Oh, oh.

No me digas –la también heroína se recostó sobre sus codos y lo miró torciendo el gesto –No te lo puedes quitar –claro está, conocía la respuesta. Ella sabía que la vestimenta de los Miraculous estaba ligada a la magia del mismo y cumplía la función no solo de protegerlos en batalla, sino también de ocultar sus identidades –Supongo que no podremos…

¡NO! –el muchacho la interrumpió, adivinando lo que estaba a punto de decirle. No podía permitir que se echara para atrás estando tan cerca de hacerla suya –Tiene que haber una forma.

El sol empezaba a ocultarse y sus rayos huían del cuarto para darle paso a la oscuridad. Chat Noir fijó su atención en los puntos luminosos del recinto, maquinando una rápida pero arriesgada solución al impedimento de su vestuario. Lanzado como flecha, se levantó del mueble y bloqueó los accesos de la luz natural que cada vez era más tenue; estando a punto de anochecer, su plan sería más efectivo.

¿Qué haces, chaton? –cuestionó la adolescente sin entender.

Marinette, necesito que confíes en mí –dijo firme, posicionándose a los pies del sillón –Voy a deshacer la transformación.

¿Qué? –ella se incorporó en su lugar, alterada por la declaración –No puedes hacer eso, Chat Noir.

Es la única solución –afirmó, intentando convencerla –Si no me ves, no sabrás quién soy y todo estará bien.

No es una buena idea.

Princesa, por favor –la voz amenazaba con quebrársele, pero estaba dispuesto a suplicar si era necesario –Muero de ganas por estar contigo y sé que siendo Chat Noir, no podré hacerlo. Sin embargo, enfrentaría cualquier adversidad con tal de lograrlo. Quisiera mostrarte al que está detrás de la máscara, pero no es el momento para ello; aun así, si me lo permites, quiero acercarte a él de alguna forma para que nos aceptes a los dos por igual.

Chat… Chat Noir –la pelinegra estaba enternecida por la declaración del héroe. Entendía perfectamente lo que decía porque su alter ego también la limitaba en muchas cosas, entre ellas, el amor. Siendo Marinette empatizaba con él y compartía el mismo sentimiento, pero como Ladybug y actual guardiana de los Miraculous, debía mantener las cosas tal como estaban para salvaguardarlos. No era solo por Shadow Moth, sino también por el fantasma de Chat Blanc.

Marinette –el mitad felino se sentó a su lado en el mueble, valiéndose de su visión nocturna para enmarcar el rostro femenino con sus manos –Te amo.

La chica ensanchó los ojos, jadeando impresionada al oír su confesión. Los latidos de su corazón se intensificaron y un hormigueo igual de grato al de su orgasmo de hace rato, la sacudió de pies a cabeza. Su gatito la amaba de la misma manera en la que ella lo hacía. A diferencia de Adrien y Luka, la relación con Chat Noir nació casual e inesperadamente, permitiendo que los sentimientos entre ambos brotaran por sí mismos; nada fue forzado. Su compañero se convirtió en quien la cuidaba durante sus dos facetas y no necesitaba conocer su verdadero nombre para quererlo. ¿Por qué tenía que ser tan complicado entonces?

Pensó en su identidad civil… la cual ya era sabida por Luka.

El silencio de la franco-china empezó a desesperarlo, así que decidió probar un último recurso. Lento acercó sus rostros y la besó con ternura, transmitiéndole amor y seguridad durante esa acción. Paulatinamente, ella fue respondiendo mientras permitía que sus tormentosos pensamientos se apagaran. Por una sola vez, quería dejarse llevar por lo que sentía sin sobre analizar las cosas.

La colegiala enroscó sus brazos en los hombros de su compañero y este la sujetó por la cintura, recostándola nuevamente sobre el sofá. Por varios minutos se dedicaron a besarse sin ir más allá, estando el superhéroe posicionado en medio de las piernas de su amada, con ambas intimidades rozándose entre sí.

La penumbra de la habitación no permitía que Marinette distinguiera al enmascarado con claridad, así que tuvo que hacer uso de su tacto para percibir algo; Chat Noir, al contrario, observaba fácilmente los gestos de ella, y por la expresión embobada que cargaba, concluía que había disipado sus dudas y podían retomar lo que intentaban consumar –Garras fuera.

"Pero el que roba a un ladrón, siempre termina sin corazón".

Aquel resplandor de color verde neón cegó sus pupilas por un instante y su reacción inicial fue apretar los ojos para no ver al que estaba frente a ella. Le asustaba identificar a la persona que portaba el antifaz de gato negro, lo que quizás podía parecer bastante irónico (y cínico), pues estaba a punto de perder la virginidad con él.

¡Te volviste loco! –regañó la vocecita chillona de Plagga al liberarse del anillo.

¡Shh! –silenció Adrien, poniendo un dedo sobre sus labios –Tú y yo hablaremos después –sentenció, ofreciéndole un trozo de camembert para que se fuera.

La adolescente contuvo una pequeña risa al escuchar la queja del kwami de la destrucción. La criaturilla tenía la razón en lo que decía porque ambos estaban siendo irresponsables, sobretodo ella que era la guardiana de los Miraculous. El ápice de racionalidad que todavía quedaba en su cabeza le indicaba detener todo y limitar su trato con Chat Noir únicamente a salvar París… pero su deseo por él, predominaba.

Oye –le murmuró cerca de su oído, dándole un suave mordisco en el lóbulo –Ahora sí estamos iguales.

Las mejillas le ardieron al oírlo; este había aprovechado de desnudarse mientras ella divagaba. Dispuesta a confirmarlo, la joven llevó sus manos hasta la figura masculina y se dedicó a repasar los contornos que hallaba a su paso, palpado por primera vez la tersa dermis del héroe y arrancándole algunos suspiros en el proceso. Aún con algo de inseguridad, fue abriendo los ojos pausadamente, y en efecto, la silueta de su compañero apenas se distinguía entre la negrura.

¿Chat Noir? –lo llamó, albergando cierta desconfianza en su tono. Con mucho esfuerzo logró enfocar la mirada esmeralda del muchacho, adentrándose en lo que podía describir como un portal hacía la gloría.

Aquí estoy, princesa –bisbiseó, depositando un beso en su frente.

Marinette sonrió, sintiendo dichosa. Su corazón estaba desbordante de alegría y su cuerpo clamaba voraz por ser uno con la persona que la hizo comprender lo que realmente era querer a alguien sin temor, sin vergüenza –Te amo, chaton.

El mitad felino, ahora siendo Adrien Agreste, tomó sus labios hambriento y complacido de saber que era correspondido. Las lenguas se encontraron por vez consecutiva y las manos de ambos acariciaban al otro con desesperación. No necesitaban la vista para poder concretar lo que tanto anhelaban, puesto que se estaban dejando guiar por las sensaciones.

La aspirante a diseñadora de modas se percató de lo bien formado que estaba su gatito aun sin llevar el traje. Pudo notar que varios músculos resaltaban en la parte alta y, de la cintura para abajo, también poseía un destacable atributo; al menos hablando de sus glúteos, los cuales estrujó gustosa provocando que gimiera. Eso encendió su curiosidad y la hizo preguntarse cómo sería la virilidad del chico.

¡Marinette! –se exaltó ante los tímidos toqueteos que recibía su miembro. La muchacha coló los dedos entre el espacio libre que dejaban sus pelvis, atreviéndose a rozar el punto más sensible del rubio, que estaba muy endurecido de por sí.

¿Te gusta, minou? –preguntó con falsa inocencia, rodeando el falo con toda su palma para masturbarlo. No era como que hubiese alguien más en su historial para comparar, pero le parecía que él estaba muy bien dotado.

¡Ah! –el modelo ni siquiera podía darle una respuesta clara; los movimientos que hacía su amada lo estaba llevando al paraíso. Involuntariamente, sus caderas se acompasaron al ritmo que ella llevaba, aumentando sus ganas de replicar dicho meneo en su interior –Tengo que…

No hizo falta decir más porque esta lo entendió –Adelante, Chat Noir –dijo, flexionando las rodillas.

Adrien se acomodó en el centro de sus piernas, carcomido por la ansiedad. Con ayuda de sus dígitos, palpó la intimidad de la chica comprobando que estaba lista y lubricada, antes de posicionar la punta de su pene en la entrada. Los dos jadearon por causa de la fricción. Él intentó ser lo más cuidadoso posible a medida que lo iba introduciendo, acompañando el desplazamiento con besos sobre el rostro de ella.

Mmm –la pelinegra se removió cuando el dolor comenzó a hacerse presente –¡Ay!

El joven se mordió el labio, contrariado. Tenía cierto conocimiento sobre lo molesta que podía ser la primera vez para una mujer. Lo que menos quería era hacerla sufrir y pararía de ser necesario pero, a fin de cuentas, debían pasar por ello tarde o temprano si lo que deseaban era pertenecerse –Tranquila, mi princesa.

Con muchísima paciencia y amor se adentró en la cavidad de Marinette, sintiendo el momento exacto en el que arrancó la barrera que determinaba su pureza. Ella lloriqueó levemente y gruñó incómoda, recibiendo múltiples mimos de su caballero con la intención de apaciguarla. Cuando por fin se sintió recompuesta, respondió a los besos de Chat Noir y lo abrazó con fuerza, indicándole que continuara.

El muchacho inició un vaivén pausado, resguardándose de sacarle más lágrimas. Sin embargo, la reacción de ella le demostró que lo disfrutaba, pues su boca solo emitía gemidos placenteros que lo incitaban a penetrar con mucha más fuerza en ese cálido lugar. Respiró profundo para recobrar el autocontrol y se dedicó a disfrutar un rato más de las percepciones iniciales del sexo. La menor de los Dupain-Cheng era estrecha y blanda, y estaba seguro de que no tenía nada que ver con ser virgen.

Sujetándola de la cintura, se inclinó para atender sus pechos con la lengua, mientras las estocadas se iban haciendo cada vez más rápidas. Ella reaccionaba a sus estímulos con gemidos que, a su vez, se iban convirtiendo en gritos de pura satisfacción; tratándose de Chat Noir, no era embarazoso emitir aquellos sonidos, más bien añoraba que él se enterara de lo que lograba.

Te amo –volvió a decirle, acunando sus mejillas para besarla con desenfreno. Su miembro salía y entraba con una velocidad que ya no podía contener, lo que derivaba en que ella le enterrara las uñas en la espalda.

¡Ah, Chat Noir! –vociferó al sentir cómo el climax comenzaba a hacerse paso, obligándola a morderle el hombro a su secuaz y mover la pelvis con la misma rapidez que él lo hacía. El eco de un excitante sonido acuoso llenó la alcoba, siendo la prueba irrefutable de que la franco-china había alcanzado un segundo orgasmo cortesía del héroe de París.

Te corriste –susurró este, dejándole un húmedo beso en el cuello –Así me gusta –sin darle tregua, aceleró el ir y venir de su cadera, pues él también estaba cerca de expulsar sus propios líquidos. Con las manos abiertas, toqueteó una vez más la figura de su princesa, repasando los senos, abdomen y piernas que se encontraban ligeramente alzadas. Segundos antes de derramarse, el rubio retiró su pene para volcar los fluidos encima del vientre de la pelinegra. Su respirar irregular en busca de oxígeno casi le quema la garganta, los brazos le flaquearon y se sentía tan débil y relajado, que pensaba que no podría volver a ponerse de pie.

¿Estás bien? –cuestionó la estudiante, oyéndolo jadear. Si bien no podía observarlo debido a la falta de luz, lo imaginaba completamente fuera de sí.

Lo estoy –contestó, recuperando el aliento –Perdón, princesa –dijo pasando los dedos por el lugar donde había esparcido su semen –Pero creí que era mejor tomar previsiones. No usamos preservativo.

Era una suerte que él no pudiera distinguir su rostro en la penumbra, porque eso sí la hizo sentir vergüenza y ahora estaba más roja que antes. ¡¿Cómo pudo ser tan calenturienta para olvidar protegerse?! Aun cuando no fuera algo que tuviesen planificado, ya era bastante con incumplir las normas de los portadores –No… no te preocupes. Me… mejor voy a limpiarme –balbuceó, perturbada.

¡Espera! –la detuvo. Buscó una de sus manos en la oscuridad y la entrelazó con la suya –¿Podríamos quedarnos abrazados un rato?

¿Eso quieres? –Marinette seguía en estado de trance debido a todo lo que involucraba lo que acababan de hacer.

Sí, claro –afirmó, acercándose para quedar sentado a su costado en el sillón.

La muchacha sonrió conmovida y se acurrucó sobre su pecho, percibiendo perfectamente el palpitar descontrolado de su corazón. Adrien la rodeó con sus brazos y dejó su mandíbula reposada sobre la coronilla de ella. ¡Cuán enamorado estaba! Declararse y hacer el amor con Marinette no estaba dentro de sus planes más próximos, pero el que haya pasado como pasó le motivo a cambiar el rumbo que su vida para ahora incluirla a ella.

Lamentablemente, por ahora no podía revelarle quién era cuando no salvaba la ciudad, pero estaba decidido a acercársele como civil para ganarse su cariño y así, cuando llegara el día, le mostraría que siempre estuvo a su lado. No iba a permitir que sus limitaciones le hicieran perder a la persona que amaba y, esta vez, le correspondía.

Y… –la voz de la pelinegra lo sacó de sus pensamientos –¿Qué pasó con Ladybug?

Él largó un suspiro, acomodándose en su posición –Tú sabes, mi lady es importante y siempre voy a respetarla, pero no podía seguir aferrado a un amor que no es para mí.

¿Pero, y si ella empezara a corresponderte? –cuestionó tratando de sonar casual.

Este rió entre dientes –Le diré que es muy tarde –aseguró, depositando un beso en su cabello.

La colegiaba se mordió el labio, inquieta. Al ser Ladybug, obviamente, también estaba enamorada de Chat Noir y eso podía ser una complicación. Por mucho tiempo, ella lo rechazó y fue indiferente a sus muestras de afecto, llegando incluso a herirlo en varias ocasiones. No sabía cómo podía reaccionar él al enterarse de la verdad y le daba pavor pensar que le odiase cuando eso ocurriera. Algo tenía claro, debía empezar a valorarlo más cuando luchaban juntos.

Y… –el rubio quiso imitarla al preguntar –¿Qué hay de "botón dorado"?

Soltó una carcajada al recordar el apodo que usaba para referirse a Adrien –Tú mismo lo acabas de decir, gatito: no puedo aferrarme a un amor que no es para mí –dijo, abrazándolo más fuerte.

Muy bien, princesa –le alzó la barbilla con algo de torpeza debido a la oscuridad para dejar un piquito en sus labios –Porque ahora eres mía.

Ambos volvieron a reír antes de entregarse a sus instintos por segunda vez ese día. De ahora en adelante, la relación que tendrían sería más compleja porque también involucraría a sus alter egos, aunque el otro no lo supiera. Los dos tenían que enfrentar situaciones paralelas relacionadas a sus dobles vidas y eso les quitaba cierta tranquilidad, haciéndolos sentir más como criminales que como héroes. El panorama no se vislumbraba sencillo, pero bien valía la pena por ese sincero amor. Un amor que iba más allá del antifaz, de la cobardía y las fachadas; un amor con el que podían ser ellos mismos, pese a que debieran vivirlo a espaldas del mundo entero.

"Y así nos pasó".

Fin


¡Ufff, no saben cuánto me costó escribir todo esto! En mis años dentro de la página (en los que más bien me he colgado bastante), es la primera vez que pongo tanto empeño y estoy muy feliz con el resultado. Aquí destroné por mucho a "Descubriendo", como el fic más largo de mi repertorio. ¿Qué les pareció?

Cómo ya había mencionado, se tocaron varios puntos de la temporada en vigencia. Por ejemplo: la motoneta que le dieron a Marinette en Dearest Family (esto se ubicaría poco después), las dos nuevas escenas con el paraguas bajo la lluvia, la destrucción del amuleto anti-Akumas y por supuestísimo, Luka descubriendo las identidades de ambos. Todavía queda aguardar qué sucederá en los episodios restantes, pero espero nos sorprendan con más escenas Marichat o por lo menos algún avance del cuadro amoroso.

Oh, también se habló del trato que mantienen Adrien y Kagami. Como ya se supo, esta última superó su decepción y está buscando juntarlo con la María Inés, pero siendo él un ciego a la máxima potencia, sigue pensando que no quiere verlo ni en pintura.

Por otro lado, no sé ustedes pero a mí me parece que Marinette no sería tan sumisa (como suelen pintarla en los lemmons) estando con Chat Noir; tal vez con Adrien sí porque, a fin de cuentas, con él no puede decir ni pío, pero con el gatito la creo un poco más desinhibida y hasta dominante. La mejor prueba de ello es Glaciador 2, donde vemos cómo actúan el uno con el otro (Y ESO ES HERMOSO). Hablando dé, si bien estoy siguiendo el tiempo con el que va el programa, hagamos de cuenta que tienen, al menos, 16/17 años (porque ya se confirmó que siguen teniendo 14 y… cringe).

Finalizó comentándoles que se me ocurrió una graciosa escena "post-créditos" que no involucra precisamente a los protagonistas, pero igual no querría dejar de incluirla. Coméntenme si les gustaría leer más.

Me despido enviándoles un enorme abrazo a todos lo que leyeron hasta acá. ¡Miles de gracias!