Bienvenidos a esta historia que me gustaría decir que es mía, pero lamentablemente no es así, es solo una adaptación de un fic que leí hace varios años en otro fandom.
A los que quieran saber de cual se trata, solo tienen que pedírmelo y con gusto se los paso.
También es la primera vez que hago algo como esto, y tratare de subirlo regularmente, ahora sin más, los dejo con esta bonita historia.
Es ella y yo.
Ha pasado un mes desde que Elsa Winter y Anna Summers trabajaban juntas, sin embargo el trato ha sido solamente en el término profesional.
Para Anna, era todo un misterio la frialdad y la seriedad de Elsa; no podía decir que la hubiese tratado mal o que la tratara con indeferencia, sencillamente evitaba tener cualquier tipo de conversación que no tuviese relación con el trabajo, y por más esfuerzos que Anna pusiera para romper el hielo, Elsa siempre encontraba la manera de enfriar las cosas entre ellas.
Anna siempre se había caracterizado por ser extrovertida, no es que le gustara ser el centro de atención en las reuniones, simplemente le gustaba compartir con las personas a su alrededor y ser alegre y dinámica, por lo que buscaba que sus compañeros de trabajo fueron un poco más que eso, más que simplemente un grupo de gente que sencillamente compartían una oficina y dedicaban estrictamente a lo laboral.
Esa característica era lo que hacía que le fuera más difícil pasar por alto el no poder romper el hielo con Elsa, siendo la persona con la que compartía la oficina todos los días hasta las 5:00 PM, le parecía absurdo que no pudieran entablar una conversación que no vaya mas allá del trabajo.
Desde que entro por primera vez por recomendación a la oficina, se dio cuenta de lo muy buena profesional que era Elsa, ella había demostrado ser muy creativa y detallista en su trabajo al igual que Anna, en ese sentido no había ningún problema, se complementaban muy bien, pero en cuanto a su relación personal, pues…. Se podía decir que no había relación alguna.
En un principio pensó que si Elsa no quería relacionarse con nadie en la oficina, incluyéndola a ella, debía tener sus razones y dejar las cosas donde estaban, pero cada día que pasaba la invadían las dudas de si aquel comportamiento se debía a algo que había dicho o hecho, por lo que ese día Ana decidió que era el momento de preguntar.
- Elsa…?
- Umm? – Le respondió sin levantar la vista de su PC-
Sus escritorios estaban uno al lado de otro, por lo que Anna podía ver lo concentrada que Elsa estaba en su trabajo.
- ¿Puedo preguntarte algo?
- Claro… - Respondió quedadamente-
Por un momento Anna dudó si era el momento propicio para preguntarlo, pero decidió que era mejor hacerlo de una vez.
- ¿He hecho algo que te haya molestado?
- ¿Qué? – En ese momento Elsa levanto su cabeza con el ceño fruncido, como si no hubiese entendido la pregunta
- Que si he dicho o hecho algo que te haya molestado.
- No… negó con la cabeza ¿Por qué lo preguntas?
- Bu-bueno es que ya llevamos un mes trabajando juntas y por más que he intentado acercarme a ti, pues… siempre lo evitas, así que pensé que… no sé…, ¿t-tal vez es por mí?-Dijo dubitativamente
Elsa la miró unos instantes antes de contestar. No se había dado cuenta que en su afán de pasar desapercibida en la oficina, le había generado una idea errónea a su compañera.
- No, Anna…no se trata de eso, es que solo simplemente no soy muy buena en eso de ser sociable, es todo. Lamento mucho si te hice sentir incomoda.
Elsa tenía sus razones para no querer involucrarse con nadie en el trabajo, una mala experiencia pasada en su trabajo anterior le había enseñado que los compañeros de trabajo eran solo eso, pretender algo más era darle espacio para meterse en su vida privada, opinar o hasta juzgar sobre ello, así que prefería aparentar que no era buena relacionándose con los demás. Siempre había sido algo introvertida, pero tampoco era que le impedía relacionarse, pero esa actitud fría y distante con los demás, era más bien una elección.
Por otro lado, debía reconocer que Anna le parecía diferente a los demás, y en más de una ocasión tuvo la intención de darle, y de darse una oportunidad de conocerla, sin embargo siempre que eso pasaba, su reciente mala experiencia le hacía deshacer esa idea de conocerla. Pero ahora, al escuchar la inquietud de Anna, sintió que debía bajar un poco la guardia, después de todo, el hablar o ser agradable con ella, no significaba abrirle en par las hojas de su vida.
- Esta bien- Le sonrió ligeramente Anna- Es solo que quería estar segura que no era por mi el motivo de tu distanciamiento.-
- No lo eres, de hecho… me agrada trabajar contigo. – Le confesó adoptando una posición más relajada en su silla-
Anna no pudo evitar sorprenderse. Si bien era cierto que hasta el momento habían coincidido en opiniones, puntos de vista, y decisiones tomadas, siempre pensó que para Elsa, trabajar con ella era más bien una obligación que algo placentero.
- ¿En serio? ¿No lo dices por compromiso?- Preguntó con una expresión que hizo que Elsa soltara una pequeña risa
- En serio Anna, se me hace sencillo trabajar contigo, además…- Desvió un poco la mirada como pensando que era lo que iba a decir.
- ¿Si?- Dijo al ver que la rubia no continuaba con su frase.
- Eres muy ingeniosa y ocurrente- Dijo haciendo énfasis en esa última palabra al recordar la última travesura de Anna al colocar sal en el pote de azúcar en la sala común de la oficina.
-Si bueno….- Dijo sonrojándose y riéndose al mismo tiempo- Siempre he sido así, pero he mejorado con el tiempo, creeme.-
Elsa abrió sus azules ojos un poco más, al tratar de imaginar como era Anna antes, pero al hacerlo, no pudo evitar igual reírse un poco más.
- Pero tranquila, que no te haré bromas a ti, lo juro- Dijo levantando su mando derecha en juramento-
- Eso espero- Le respondió levantando una ceja pero con expresión divertida-
- No quiero abusar de mi suerte… _ Dijo la pequeña pelirroja luego de una pausa- ¿Pero será posible que almorcemos juntas hoy?
- ¿Aquí?- Preguntó refiriéndose a la cafetería de la empresa
- Si, b-bueno… si no te importa claro está- Al ver la expresión no muy convencida de Elsa, Anna se apresuró a hablar- También podemos salir a algún otro lugar si lo prefieres-
Elsa no estaba segura de aceptar la invitación o no, sabía muy bien que de pasar esa línea, era muy difícil volver atrás, pero en el fondo quería sentirse más a gusto en la oficina, y si seguía con su plan de mantenerse distante no lo lograría, por lo que terminó aceptando.
Fueron a un restaurant de comida italiana que quedaba a dos cuadras de la oficina, aunque tuvieron que esperar un poco antes que las atendieran, pues estaba repleto, pero una vez que se sentaron y pidieron, fue Anna quién tomó la iniciativa.
- Y dime… ¿Conoces la ciudad?
- Si. Viví en Europa casi toda mi vida, solo me aleje por un par de años nada más-
- Ahh, yo pensé que eras nueva por aquí- La agencia de publicidad de donde vienes es muy buena.
- Si, así es- Contestó vagamente la rubia.
- Cuando supe que venías de allá, no lo podía creer- Dijo luego de que el mesero dejara las bebidas de ambas en la mesa- Y cuando me enteré que habías renunciado, mucho menos-
Los ojos de Elsa en ese momento se oscurecieron al instante y su expresión se volvió tensa, al punto que trató de evitarlo tomando de su bebida, aunque Anna llegó a notar el cambio.
- Lo siento, ¿dije algo malo?
- No, nada- Trató de sonreír, pero fue más una mueca que una sonrisa- La agencia es excelente, no tengo quejas al respecto-
-¿Entonces por qué…?- Dejó la pregunta abierta esperando que Elsa la respondiera
- Digamos que tuve que decidir entre mi estabilidad laboral, y mi salud mental - Sabía que estaba dando más información que la que debía , pero era preferible contestar unas preguntas antes que abrir más interrogantes-
- Vaya… visto así supongo que no tenías más opciones ¿no?
- Así es… me costó mucho irme, pero en definitiva trabajo podía encontrar en cualquier parte, por eso decidí regresar a mi ciudad-
- Claro, te entiendo-
Anna sabía que había tocado un punto sensible en la vida de Elsa, por lo que decidió no tocar más el tema. No quería que Elsa sintiera que se entrometía en su vida.
- ¿Y tu eres de aquí? – Preguntó la rubia
- ¿Yo?... La verdad es que no puedo decir que soy de algún lugar en particular. He viajado tanto desde niña, que perdí la noción de lo que es pertenecer a algún lugar-
- ¿Cómo es eso? - Preguntó un poco extrañada por la respuesta-
- Mi padre es militar, así que dependíamos a donde lo trasladaran cada 2 años aproximadamente. Eso duró hasta la etapa universitaria, pues me fui a estudiar a Madrid. Creo que ese fue el período mas estable que tuve – Dijo poniendo los ojos en blanco – Allí conocí a mi esposo, pero para eso tengo una excusa, pues has de pensar que me casé muy joven; me casé con el para que mi padre subiera de rango, y fueses menos los cambios de países y ciudades, aparte que para mi madre eres una molestia, y para mi también. El es piloto de aviones profesional, al principio trabajó para una empresa comercial, pero luego lo contrataron en una agencia privada. Hace un año, uno de los socios de la empresa le propuso trabajar solo para el, pero con la condición de cambiar de ciudad cada vez que necesitara hacerlo, así que no duró mucho mi estadía en Madrid, claro que siempre le garantizó una casa a cada nuevo destino, y así fue que terminamos aquí-
- Vaya, ¿si que ha sido movido, no?
- Si, al principio pensé que sería divertido esto de viajar constantemente, pero con el tiempo se me ha hecho cada vez más difícil. Supongo que estoy extrañando tener un solo hogar – Dijo con tono melancólico- Estoy cansada de tener que adaptarme a una nueva ciudad, nuevos compañeros de trabajo, a no tener alguien con quien hablar… Sacudió ligeramente su cabeza al darse cuenta que estaba agobiando a Elsa con sus problemas – Lo siento, creo que estoy hablando de más.
Elsa se quedó en silencio unos minutos. En ese momento se dio cuenta que la manera de ser de Anna, tan extrovertida, no era más que una mascara que disimulaba la necesidad que sentía de pertenecer a algún lugar, por lo que pensó que no era justo hacerla pagar por sus experiencias pasadas.
- No te preocupes, todas necesitamos hablar de vez en cuando - Le sonrió para tranquilizarla
- Si bueno, el punto es que cuando empiezo no puedo parar-
Ambas rieron, desde ese momento su charla se tornó más agradable. Poco a poco se fueron dando cuenta de lo mucho que tenían en común, el gusto por el cine, la afición por los bolos, la necesidad de ir de compras cuando se sentían deprimidas, detalles que hicieron que Elsa se sintiera a gusto de su decisión de conocer a la pelirroja.
Mérida, amiga de Elsa de hace años y compañera de piso, se había dado cuenta del cambio de ánimo y semblante en su rubia amiga. No era mucho lo que podían verse, pues por cuestiones de trabajo, cuando Mérida llegaba, Elsa estaba dormida o a punto de acostarse, por lo que no era tanto lo que podían interactuar. Sin embargo, para ella era notable el cambio, y le intrigaba que o quien lo había provocado.
Un viernes cualquiera, cuando Elsa entraba a su apartamento, se llevó la grata sorpresa de encontrarse a Mérida en este, sentada en el sofá viendo televisión, y comiendo una porción de pizza
- Hey! - La saludó al entrar -
- Hey – Respondió la pelirroja entre dientes con un bocado de pizza en su boca.
Elsa colocó su chaqueta en el closet que estaba detrás de la puerta principal, y se dirigió a la cocina por un vaso de agua.
- Aquí hay pizza, si no has comido.
- Si gracias, me muero de hambre.
Elsa tomó un plato de la cocina, y se dirigió de nuevo al sofá para tomar su porción de pizza.
- ¿Y esta novedad de tenerte en casa temprano hoy? – Preguntó Elsa.
- Nada en particular, solo no tenía ganas de salir hoy.
- ¿Te sientes bien? – Dijo incrédula.
- Si, me siento bien… es solo que no tengo ganas de salir, es todo.
- Ok. – Se encogió de hombros –
Estuvieron así un rato en silencio, comiendo y mirando una serie, hasta que llegaron los comerciales
- ¿Y tú?
- ¿Yo qué?
- ¿Qué te pasó? Últimamente no legas antes de las 8 de la noche.
Elsa se tensó ante ese comentario. Era verdad que desde que compartía el tiempo con Anna, era raro que llegara a las 5:30 como normalmente hacía, pero lo raro era que Mérida supiera sus movimientos, teniendo en cuenta que ella nunca llegaba antes de las 9 de la noche, así que no sabía como estaba enterada de su cambio de horario de llegada.
- ¿Y tú como sabes eso?
- Tengo mis contactos
- ¿Y acaso esos contactos son la señora Gerda?
- Ayyyy, ¿pero como crees? – Dijo de forma exagerada
Elsa no pudo evitar reírse. La señora Gerda era una mujer de mediana edad que trabajaba como portera del edificio desde hace años. Conocía a todos los que estaba allí, a que hora entraban o salían y quienes podían ser algún acompañante frecuente.
- No sabía que la señora Gerda estuviera tan pendiente de mí.
- Para ser justa con ella, yo le dije que estuviera pendiente de ti en realidad. No me dio la información por chismosa, sino porque se lo pedí.
- Mérida, ¿no era mejor preguntármelo directamente?
- No quería ser muy cansadora… ¿Ahora me dirás a que se debe el cambio? ¿O a quién?
- Jajajajaja, ¿no puede ser que simplemente quise cambiar?
- No lo creo, y con eso de por medio mucho menos. Vamos amiga, ¿por que mejor no me dices que pasó?
Elsa lo pensó durante varios segundos, si contarle a su amiga o no, finalmente le contó la conversación que tuvo con Anna, y lo mal que se había sentido al darse cuenta que de algún modo la estaba castigando por algo que no tenía nada que ver con ella, razón por la cual había dejado la actitud fría con ella. Por otro lado, le contó también que debido a la ausencia de su esposo, Anna siempre inventaba algo que hacer para no llegar a su casa vacía, sin embargo ese día Kristoff, su esposo había regresado, por lo que era "noche de casa" como la habían bautizado.
- Vaya, ya aparecen las amigas más intimas, ¿no?
- Jajajaja, tampoco exageres Mérida.
- ¿Exagerar?! Desde que volviste aquí hace 3 meses ya, he tratado de que salgas, que te distraigas, y lo único que he conseguido son negativas. Pero llega una extraña de ojos turquesas, cabellos rojizos, te llora un poco, te dice que está sola y sin un hogar estable, y de repente puf! sales de de tu encierro- Tomó aire para continuar- Me alegro por ti Elsa, de verdad que si, solo lamento que haya sido una extraña la que haya logrado ese cambio.
Elsa la observó por unos instantes. Mérida no era del tipo "amiga celosa", pero sabía que de algún modo el no haber aceptado su ayuda en esos días, la había lastimado. Desde que se conocieron, habían sido muy unidas y no había dudas que siempre estarían allí cuando se necesitaran, pero en ese momento en particular, Elsa necesitaba un cambio de aire, otro ambiente, salir con Mérida no la ayudaba. No se lo había dicho, pero era hora de hacerlo.
- Mérida… se que has intentado ayudarme y en verdad te lo agradezco, no sabes cuanto. Pero en este momento Anna representa un paréntesis en mi vida, una pausa entre la decepción, la angustia y la… humillación que viví. Es por eso que salgo con ella, escuchar sus problemas, sus preocupaciones, sus angustias, sus bromas… son como un bálsamo de olvido. Me impide pensar y recordar, aunque sea por unas horas, todo lo que pasó… me hace olvidar.
- Nosotras también podemos hacerlo Elsa.
Mérida y sus amigas, Bella, Ariel y Giselle, habían hablado en varias ocasiones, las mil y una formas para hacer que Elsa supere los eventos que le habían ocurrido en los últimos meses.
- Lo sé. El problema es que por ahora, quiero olvidarme incluso de quien soy, y con ustedes no logro hacer eso.
- ¿Olvidarte de quien eres? Pregunto con el ceño fruncido, no entendiendo muy bien que quería decir.
- Si Mérida, olvidarme de quien soy
- No tienes que hacer eso Elsa. No tienes nada de que avergonzarte, y lo sabes, ¿no?
El silencio de Elsa le respondió.
- Elsa, escúchame bien lo que te voy a decir. Lo que paso fue algo horrible, si, pero de ninguna manera tienes que sentirte avergonzada por ello. Tú no tienes la culpa de que tus padres hayan querido tapar tu homosexualidad, acusándote de loca sexual. No tienes la culpa de que hayan sido tan cobardes, tan egoístas, como preferir destruir tu reputación y tu imagen solo para que nadie descubriera la verdad. Tu no tienes la culpa de que todos en la empresa se hayan dejado enmarañar por sus mentiras, así que no Elsa, NO TIENES NADA DE QUE AVERGONZARTE, NADA!
Las últimas palabras las dijo con tal vehemencia e inflexión que Elsa no pudo evitar que los ojos empezaran a cristalizarse para que incontables lagrimas empezaran a bajar por sus mejillas. ¿Cuánto tiempo se había repetido eso sin tener éxito en creérselo?
Elsa no tuvo más respuesta que abrazarse a Mérida. Nunca le había gustado mostrar esa debilidad ante nadie, pero en ese momento las emociones la sobrepasaban y no pudo evitar buscar apoyo en ella. Durante incontables noches desde que regresó allí, había llorado en silencio en su cuarto tratando de liberarse de la frustración que sentía por lo que había pasado, pero parecía que no había sido suficiente. Nada más hablar de ello, hacía que su cuerpo y su mente revivieran íntimamente cada infernal instante de lo ocurrido.
Luego de llorar por algunos minutos, los sollozos fueron amainando hasta detenerse.
Mérida le ofreció una servilleta para que se limpiara la cara. Se quedaron en silencio unos instantes antes de que Elsa rompiera el silencio.
- Fui tan estúpida, Mérida…eso es lo que más rabia me da. Mi madre me hizo caer en el discurso de "yo la haré cambiar", "El amor de madre a hija será suficiente para que me acepte tal cual" es… es algo que no me perdono- Al decir esto último la miro a los ojos.
- No tenías forma de saber que todo terminaría tan mal amiga…
- Ustedes me lo advirtieron.
- Si, pero jamás pensamos que sería capaz de algo así. Así que tú, que tenías tantas esperanzas de que tu madre Iduna cambiara, mucho menor te lo podías imaginar.
- ¿Sabes que es lo peor? – Le preguntó sin poder mirarla a la cara por la vergüenza que le provocaba lo que le iba a confesar.
- ¿Qué?-
Al ver que la rubia no respondía, tomo su mano para que se armara de valor y se lo confesara.
- Que aún después de todo, al recibir una llamada o un mensaje, no puedo evitar pensar que se trata de mi madre arrepintiéndose de todo.
Mérida tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no tomar a Elsa por los hombros y sacudirla para que reaccionara; a pesar de ello entendió que ya era suficientemente duro el tener que vivir con ese sentir como para además tener que escuchar reproches de los demás, así que solo paso su brazo por los hombros de Elsa y la atrajo hacia ella.
- Tranquila amiga, todo va a estar bien…
Pasaron días antes que Mérida se decidiera a meter un poco su mano en la tarea de hacer que Elsa recuperara su vida. Estaba claro que era lo que motivaba a Elsa para salir con Anna, pero tal y como estaban las cosas, era probable que el apego entre ellas creciera, y que cuando fuese inevitable que Anna se enterara de sus preferencias, todo se complicara y resultara todo un desastre, así que pensó que era el momento de actuar.
Anna y Elsa se encontraban en su oficina muy concentradas cuando Mérida llego de improviso, tanto que ninguna de las dos se dio cuenta que estaba parada en el marco de la puerta, hasta que tocó ligeramente para llamar su atención.
- Buenas, ¿Se puede?
- ¡Mérida!- Elsa se sorprendió al ver s u pelirroja amiga en la oficina.
- Hola Elsa. – Sonrió mientras entraba, rodeo el escritorio y le dio un beso en la mejilla. Espero que no te moleste mucho el que esté aquí.
- No, para nada, solo me sorprende. Dijo sin salir aún de su asombro.
- Si bueno… estaba por aquí cerca y decidí pasar a saludarte. Sin dejar de sonreír mirohacia Anna- Tu debes ser la famosa Anna, ¿no es así?
- ¿Famosa? – La chica abrió los ojos como plato
- Sip… es que Elsa ha hablado mucho de ti. Bueno, eres la única de lo que me ha hablado en realidad…- Se apresuro a decir al sentir como Elsase movía en susilla.- Claro que conociéndola como lo hago, es muy probable que hable contigo nada más… es un poco fría y antisocial.- Le dijo haciendo un gesto como de secreto y luego seecharon a reír. – Mucho gusto, soy Mérida, compañera de casa de Elsa. Dijo estrechándole la mano.
- Mucho gusto- Le sonrió ampliamente.
- Bueno, ya conociste a Anna, y ya me saludaste, ahora…- dejó la oración abierta esperando que Mérida la continuara, sin embargo esta la miró con una media sonrisa burlona.
- ¿Ni siquiera vas a ofrecerme sentarme? – Preguntó fingiendo estar ofendida.
- Estamos trabajando Mérida, no es mucho lo que podamos hacer.
- Yo se… pero un café no se le niega a nadie, aunque sea un vaso de agua- Dijo mientras tomaba asiento frente al escritorio de Anna.
Elsa supo inmediatamente que sería imposible deshacerse de Mérida en ese momento, así que respiró profundamente y se levantó sonriéndole.
- Claro, ya te busco una taza, de café- Puntualizó cada palabra
Anna por otro lado, disfrutaba la dinámica entre Elsa y Mérida. Era obvio que Mérida disfrutaba intimidar a Elsa, pero de manera divertida.
- Y cuéntame… ¿cómo te ha ido trabajando con Elsa?
- Muy bien, es… excelente su trabajo.
- ¿Segura que no me lo dices porque soy su amiga?
- N-no! Claro que no, de verdad es muy buena en ello.
- No me malinterpretes…yo sé que es una excelente profesional, pero es que en casa puede ser un poco insufrible así que…
- ¿Quién es insufrible?- Preguntó entrando Elsa nuevamente a la oficina, con los cafés que rápidamente había preparado.
- Pues tú, ¿Quién más?- Respondió Mérida despreocupada- No conozco a Anna lo suficiente para hablar así de ella, y sabemos que es muy sencillo vivir conmigo.
- Ja! Eso dices tú- Le dijo entregándole la taza de café- ¿No será al revés?
- Claro que no, lo que pasa es que tú no me comprendes que es distinto jajajaja. Pero bueno, mejor dejemos el tema allí, y vamos a lo que me trajo a aquí.
- Yo sabía que había algo detrás de esta visita.
- No te estreses, que no es nada malo, solo quería invitarte al bowling esta noche, mejor dicho, invitarlas.
Anna abrió los ojos como plato, y levantó las cejas en señal de estar emocionada con la idea, mientras que Elsa solo se quedó viendo a Mérida unos segundos antes de voltear hacia Anna. Sabía que al mencionar la palabra bowling era difícil que Anna no se emocionara, pues era su deporte favorito, así que supo que Mérida tenía todo planeado de antemano.
- ¿Qué me dicen?- Urgió Mérida hacia Anna y Elsa- ¿Se animan?
- Por mí no hay problema- Contestó rápidamente la pelirroja.
Elsa se lo pensó por un momento antes de contestar. No tenía forma de negarse, Anna sabía que no tenía otros planes para esa tarde así que sería raro si se negara.
- Ok, iremos entonces.
- YEEEESSSSS! Dijo Mérida con un gran gesto de satisfacción. Entonces nos vemos en el lugar de siempre a las 6, ¿está bien?
- Perfecto!- Respondió Anna.
- ¿Y no prefieres ir a tu casa y cambiarte?- Preguntó Elsa tratando de disuadirla
- La verdad es que no me importa ir así.
- Y en cualquier caso, pueden ir hasta el apartamento, y le prestas algo mío ¿no te importa no? Somos como de la misma talla. Ofreció Mérida.
- Gracias, pero no hace falta. Estoy cómoda así.
- Bien, entonces no hay nada más que hablar.- Colocó la taza en el escritorio- Las espero sin falta.
Mérida se despidió con un beso en la mejilla de ambas, y se fue tan rápido como llegó.
Elsa estuvo preocupada el resto de la tarde. No era que Mérida fuera evidente en su apariencia, pero nunca había tenido reparo en esconder sus preferencias sexuales.
Al llegar la hora del encuentro, Elsa vió que no solo Mérida se encontraba en el bowling, sino que también estaban Bella, Ariel y Giselle. Elsa intentó ocultar su nerviosismo, pero Anna enseguida notó el cambio en su amiga. Por un momento dudó que Elsa quisiera su presencia en se lugar, pero cuando se disponía a evadir el compromiso e irse, Mérida se les unió muy entusiasmadamente y sin darle tiempo a hablar o pensar las tomó a ambas de las manos y las llevó adentro.
En el momento que pudo, Elsa alejó a Anna del grupo para poder hablar.
- ¿Me puedes decir que pretendes?
- ¿Con qué? Dijo levantando levemente las cejas.
- Tú sabes bien con qué. Primero te apareces en la oficina sin avisar, haces una invitación que sabes que Anna no negaría y ahora incluyes a Bella, Ariel y Giselle en esto.
- ¿Qué tiene de malo? No veo el conflicto, solo quería que pasemos un momento agradable, nada más.
- ¿Y no podías simplemente decírmelo?
- ¿Habrías venido? Porque hasta ahora te has negado a cuanta invitación te hemos hecho.
Elsa no pudo rebatir ese argumento, por lo que solo tomó un poco de agua.
- Elsa, esto no lo hice con la intención de hacerte mal, pero no me dejaste opción. Tienes que recuperar tu vida poco a poco.
- Si, pero no hay que involucrar a Anna en esto.
- Si realmente quieres conservarla como amiga… tienes que hacerlo – Hizo una pausa antes de continuar- No te digo que tengas que decirle todo, pero al menos trata de que te conozca como realmente eres, y no solo lo que quieres que ella vea.
Elsa se quedó pensando en silencio. Mientras que Mérida palmeó su hombro para tranquilizarla.
- Tranquila, no haremos nada que te perjudique.
Anna, aunque estaba pendiente del juego, se dio cuenta de la breve conversación entre ellas. No sabía de que se trataba, pero suponía que su presencia allí tenía algo que ver.
Espero un rato a ver que sucedía, sin embargo al ver que el rostro de Elsa se relajaba e involucraba más en el juego junto a las demás, decidió dejar pasar lo sucedido, e indagar en un momento más propicio que era lo que había pasado, después de todo, las chicas la trataban de lo mejor, como si llevaran toda una vida de conocerse.
Por su parte, Elsa decidió tranquilizarse y dejar sus temores a un lado. Sabía que ninguna de ellas haría algo que pudiera exponerlas sin necesidad, por lo que empezó a disfrutar el momento, el lugar y la compañía. Hasta ese momento no se había dado cuenta que tanto le hacía falta compartir con Mérida y las demás; el que Anna estuviera incluida lo hacía mucho mejor, pues se habían compenetrado tanto en el último mes, que en verdad disfrutaba compartir con ella, ¿Podría confiar en ella? ¿Podría contarle sobre sus preferencias sin recibir rechazo de su parte? Eran preguntas que le rondaban la cabeza. No era que fuera necesario hacerlo, nada se lo exigía, pero para cultivar una verdadera amistad con Anna, sería mucho mejor que se enterara de su boca y no por situaciones externas. No sabía cómo, ni cuándo decírselo, solo sabía que debía hacerlo.
Cuando llego la hora de irse, Giselle propuso ir al cine 2 días después, a lo que todas estuvieron de acuerdo. Kristoff, el esposo de Anna, seguía fuera de la ciudad, por lo que para ella era una idea estupenda. Se había acostumbrado a compartir las tardes con Elsa, en vez de llegar a su solitaria casa, y ahora que el grupo se había ampliado, eso la emocionaba mucho más.
Llegado el día de la salida al cine, Anna pensó que era mejor asegurarse que todo estaba bien con Elsa y evitar que pudiera sentirse incomoda nuevamente por su presencia. A solo una hora de salir del trabajo, como tocando cualquier tema, lo sacó a relucir.
- La pasamos bien en el bowling ¿Verdad?- Dijo tratando de sonar casual.
- Si, así es – Respondió Elsa sonriendo- Aunque barriste con todas nosotras
- Bueno, jugar desde temprana edad tiene sus frutos- Contestó encogiéndose de hombros y con cara de culpable.
- Si, bueno… pero no te acostumbres, es solo falta de práctica lo de nosotras, solo deja que nos pongamos a tono.
Ambas rieron. Luego de una pequeña pausa, Anna continuó.
- ¿No te molestó que yo fuera?
- ¿Hmm?
- ¿Qué si no te molestó mi presencia?
- ¿Por qué lo dices?
- Es que tuve la impresión que al principio no querías que estuviera allí- Dijo algo entristecida.
- No es así…
- ¿Estas segura? Elsa… no quiero incomodarte, en serio. Si te molesta que comparta con tus amigas, esta bien, hay personas que no les gusta compartir a sus amigos y yo lo entiendo...
- No es eso, Anna, créeme, ese no es el problema.
- Pero si hay un problema entonces…
- No… ah…- Elsa no sabía como explicarle sin decirle la verdadera razón- Es un poco más complicado que eso, pero no tienes de que preocuparte. Eso ya quedó atrás, de echo, me alegra que se lleven bien. Ellas son como mis hermanas, y tú… bueno, tú te has ganado un lugar dentro de las personas que más me importan así que mejor no pienses en eso…
Anna la miró fijamente, por más que Elsa le dijera que ya todo había pasado, ella sabía que fuese lo que fuese, era importante. Cuando pretendía continuar la conversación, la secretaria del director de la empresa entró.
-Anna, Elsa, reunión en la oficina del director.
- En unos minutos vamos- Respondió Anna sonriéndole
- No creo, es AHORA, dijo haciendo hincapié en la última palabra y retirándose de la oficina.
Anna respiró profundamente mientras se levantaba de su silla dirigiéndose a la oficina del director, Elsa por su parte, sabía que las cosas no iban a terminar así, en el poco tiempo que llevaba conociendo a Anna, sabía que no le gustaba dejar los problemas por la mitad, ni dejar pasar mucho tiempo para resolverlos.
Al llegar a la oficina del Sr. Olaf ambas tomaron asiento frente al escritorio.
- Bien chicas, las mande a llamar para decirles lo contento que estoy con su trabajo en conjunto hasta ahora. Anna sabes que este último año ha sido excelente, los clientes están muy satisfechos con el trabajo que has realizado, sin embargo debo decir que su trabajo en conjunto ha sido sin igual.
- Muchas gracias!- Respondieron ambas chicas al mismo tiempo-
- Vaya, eso es lo que llamo trabajo en equipo- Dijo el Sr. Olaf y los tres rieron.
- No les quito más el tiempo, solo quería felicitarlas por su trabajo, ahora voy saliendo por unos días a un viaje de negocios, pero no quería marcharme sin antes felicitarles por su trabajo.
- Le agradecemos el gesto Sr. Olaf, y le aseguro que continuaremos del mismo modo- Respondió Elsa extendiéndole la mano.
- Estoy seguro de eso- Le extendió la mano a Elsa y luego a Anna- Bueno, nos vemos la semana que viene.
Ambas asintieron y se retiraron. Anna en lugar de volver a la oficina desvió su camino hacia el baño, Elsa tuvo la intención de seguirla, pero prefirió esperarla en la oficina.
En el baño, Anna trataba de mantener la compostura, no sabía por qué, pero el pensar que Elsa no había querido que compartiera tiempo con sus amigas le había dolido. Era evidente que apenas si se estaban conociendo, dos meses era muy poco tiempo como para considerarse las amigas más intimas, pero en ese tiempo, Anna había sentido que la confianza entre ellas iba creciendo y esta situación la sentía como un retroceso. Pensó en salir a confrontarla, y pedirle que le dijera que era lo que pasaba, pero rápidamente sintió que no tenía derecho a exigirle o pedirle nada, por ahora lo dejaría así.
Al entrar en la oficina, actuó como si nada hubiese pasado, se sentó y continuó trabajando. Sentía como Elsa la miraba en repetidas ocasiones como intentando hablar, pero al final no decía ninguna palabra.
Elsa se debatía internamente si debía seguir como hasta ahora, o terminar de decirle la raíz de su reacción de días atrás. Tenía tanto miedo que la historia se repitiera y que Anna la considerara una enferma o una "rarita" por ser homosexual, pero algo dentro de ella le gritaba que Anna no era así, que tal vez todo sería diferente, al menos eso es lo que necesitaba.
El rechazo recibido en su anterior trabajo al descubrirse su orientación sexual fue algo que la dejó insegura y con la autoestima por el piso. Las miradas de aso, los comentarios denigrantes, y las burlas constantes la habían marcado profundamente, de ahí que necesitaba que Anna fuera diferente, necesitaba poder contarle, y que ella la aceptara como era, sin prejuicios, pero el miedo la agobiaba.
Luego de un buen rato de silencio, Anna la miró. Al hacerlo se dio cuenta de la expresión tensa y de… ¿temor? que Elsa tenía, por lo que no pudo seguir ignorándola.
- ¿Elsa? ¿Estás bien?- Pero Elsa no respondió, solo la observó en silencio con la mirada perdida- Por primera vez Anna la veía vulnerable, frágil, y eso la asustó- ¿Elsa, qué te pasa?- Se acercó a ella y se sentó a su lado-
Cuando pensó que Elsa no hablaría, lo hizo.
- Soy homosexual – Dijo casi en un susurro y con un hilo de voz.
- ¿Qué?- Aunque la había escuchado no pudo evitar preguntar.
- Que soy lesbiana- La miró a los ojos- Esa es la razón por la que temía que salieras con nosotras.
Ambas se miraron en silencio y reteniendo la respiración. Elsa porque esperaba la reacción de la pelirroja, y Anna tratando de asimilar la noticia.
- Bien… ah… entiendo- Dijo finalmente Anna- ¿Hay algo más?
Elsa la miró confundida, esperaba cualquier otro tipo de reacción menos esa.
- No, es solo eso.
- OK. Anna se levantó y fue hasta su escritorio a tomar un poco de agua que allí tenía.
- Solo dilo- Incitó la rubia-
- ¿Decir qué?
- Lo que piensas, solo dilo sin reparo- Elsa se preparaba para la arremetida, sabía que Anna se estaba conteniendo en su reacción y lo único que quería era saber de una vez a que se enfrentaría.
- No me lo esperaba, no te voy a mentir… Pero para mí, eso no cambia lo maravillosa persona que eres- Le dijo mirándola directamente a los ojos y sin vacilación-
- ¿Estas segura? – Preguntó luego de unos instantes de silencio-
- Estoy segura.
- ¿Y no temes que te contagie? ¿O que te acose?
- Hasta donde se… ser homosexual no es una enfermedad, así que no podrías contagiarme. Con respecto a lo segundo… ¿lo harás?
- No- Negó con un leve movimiento de cabeza-
- Entonces no hay nada que discutir al respecto.
Elsa trató des descubrir un atisbo de duda en los ojos turquesa, pero esa mirada era tan firme como cuando tomaba una decisión en el trabajo. En ese momento, un alivio la inundó de tal manera que no pudo impedir que los ojos se le empañaran. Intentó parpadear varias veces para alejar esas lágrimas que comenzaban a caer, pero las emociones eran demasiadas. Fue como un renacer en ese instante.
Anna se apresuró a ir con ella y la abrazó con fuerza. Allí se dio cuenta que Elsa seguramente esperaba lo peor, y que algo muy malo le debió haber sucedido antes.
- No se que es lo que esperabas, Elsa, pero nada de esto va a cambiar mi percepción de ti.
Elsa dejo escapar el aliento antes de abrazarse a la cintura de Anna. No le gustaba verse así de frágil, pero por primera vez en meses, no la hacían verse como una enferma. Anna la consoló acariciándole el cabello, estuvieron así varios minutos hasta que Elsa recuperó la compostura.
- ¿Mejor?- Preguntó Anna al separarse.
- Si, gracias…
- Entonces… ¿Eso quiere decir que puedo seguir saliendo con ustedes?
Elsa solo sintió sonriendo mientras con el dorso de su mano terminaba de sacar las lágrimas de su rostro.
- Que bueno, porque tenía tiempo que no me divertía tanto- Dijo guiñándole un ojo y sonriéndole-
- Anna…
- No le diré a nadie, tranquila- Entendió su angustia-
Con una mirada intensa le dijo lo mucho que le agradecía que la aceptara. Por su parte Anna era feliz de que Elsa le confesara algo tan importante.
Continuara…
Bueno chicos, hasta acá los dejo con el primer capítulo de esta adaptación. Espero que les guste, y cualquier duda, review,sugerencias, con mucho gusto se las contestaré.
Espero poder seguir activa, que el trabajo no me quite mucho tiempo, y poder traerles el siguiente capitulo muy pronto.
Saludos!
