El verano ya estaba pasando, aunque algún que otro día el sol volvía a azotar las calles de Buenos Aires.
Había arribado a finales de septiembre, mes de la primavera, como un turista más.
Me hablaron tanto de la ciudad, que decidí salir de mi Atenas natal (como buen escorpiano inquieto) apenas llegado de Barcelona. En España conocí a Shura, ahora un gran amigo, que me recomendó "La mejor noche de Latinoamérica" y maldita sea! no se equivocaba.
Había escuchado tantas veces decir a mi padre "tienes que venir a Argentina" y en cada oportunidad lo había ignorado, que ahora me arrepentía. Siempre odié que él se estableciera en ese país recóndito tan alejado de nosotros, y para llevarle la contra, nunca quise darle el gusto.
Pisé el aeropuerto y ya me sentía como en casa, a mis anchas, ya que hablo muy bien español.
Me alojé en un hotel de lujo, pero ni bien pasaron los días, cada vez me enamoraba más y más de su gente y sus ganas de vivir la vida nocturna.
Alquilé un departamento amueblado espectacular en la mejor zona, cómodo, práctico y rodeado de amigos maravillosos con ganas de seguir de fiesta.
Cierta tarde de calor, mientras bronceaba aún más mi piel, recibí un wsp de Aioria contándome que llegaba al día siguiente desde Atenas a visitarme. Se había peleado con su novio de años, Shaka, y necesitaba nuevos aires.
Lo invité a quedarse en casa, armaríamos fiesta en la piscina todos los días.
Mientras subía una history en IG, lo vi acercarse... llevaba unos shorts cortos, camisa blanca media abierta que dejaba ver unos hermosos pectorales trabajados, su cabello largo y lacio color rubí se mecía lentamente mientras se dirigía a la reposera de enfrente.
Sentí un escalofrío recorrerme la espina dorsal.
Me acomodé un poco los lentes, por suerte espejados, mientras seguía observándolo. Era la primera vez que lo veía... había caído del cielo un ángel?
Tenía que averiguarlo.
Tomé el celular y le saqué una foto, la mandé a mi grupo de amigos a ver si alguno lo conocía.
Lo único que logré fue que todos me cargosearan, y me digan "stalker"
Iba y venía, con el teléfono en la mano pegado a la oreja, creo que hablaba francés. Tomó un libro que había apoyado en la mesa, llegué a leer "Historia del Egipto antiguo" en su portada, con sus letras pintorescas doradas.
Cortó la llamada y se quedó unos segundos mirando la pantalla del celular, desabotonó lentamente el resto de su camisa y la acomodó pulcramente en el respaldo. Me quedé de piedra. Era el cuerpo de un Adonis. El ser más hermoso que había visto en mi vida, y no exagero. Me encontré casi babeando por ese hombre que tenía adelante.
- Aioria. Creo que me enamoré - le escribí al cachorro, con las manos temblando
- Milo... siempre dices lo mismo
Me lo imaginé poniéndome los ojos en blanco y sonreí
- Está vez lo digo en serio. Tengo enfrente a un Dios del Olimpo, escultural, un ángel ...
- Exagerado xd
- Que no exagero. Necesito ir a decirle algo
- No lo arruines! Bye ya estoy embarcando, en unas horas te veo xoxo
- oka te veo al rato
Volví a mirarlo, no despegaba sus ojos del libro. Que podría estar haciendo este hijo de Zeus en mi edificio, en mi piscina, en Buenos Aires leyendo tan pacíficamente un libro de Historia?
Me intrigaba.
Intenté levantarme para ir hablarle pero mi cuerpo estaba petrificado... acaso tenía miedo? YO? El Alacrán Dorado? El Rey de la Noche temía ir a hablarle a un extraño? Dudé de mi mismo y yo nunca dudo.
Me levanté despacio, dejé a un lado mis rayban y me acerqué al agua... estaba fresca. Hundí mi cabeza despacio y nadé hacía la otra orilla, me recosté haciéndome el importante. Siguió leyendo su libro imperturbable, frío como hielo.
- Hola... me llamo Milo.
- Bonjour...
- Estás de visita?
- ahh mmm si, mmm no, mi español aún no es muy bueno y ...
Su teléfono sonó
- Allô?
Maldición.
Salí de la piscina, de malhumor.
Que falta de respeto era esa?
Tomé mis cosas y bajé a mi piso.
Aún molesto, me serví un gin tonic y me fui al balcón.
Al rato tocaron el timbre... por un segundo se me cruzó por la cabeza que él... bah basta Milo! Deja de pensar en tonterías. Pero quién se cree que es?
- Quién es?
- Abre. Tengo hambre
- Dei?
- Seh
Abrí la puerta y entró, como todo Argentino despreocupado me abrazó y besó. Eso era una de las cosas más fascinantes en estas tierras: todos se abrazan y se besan, son muy cariñosos. Imaginen mi cara cuando entendí que era algo muy normal y yo creyéndome que todo el mundo quería conmigo!
- Qué pasa con esa cara, amigo?
- mmmm le hablé al francés...
- A quién? Al colorado de la pileta?
- Si
- Y?
- Y que? Y nada!
- Como "y nada"? Quién es? Que te dijo? O me vas a decir que ni te habló?
Un segundo de duda y Deidalos se estalló de risa en mi cara, que enrojeció rápidamente.
- En serio? A vos? Pero, no entiendo... te ignoró?
Otra carcajada más.
Mi amigo me estaba "bullyneando" como dicen por aquí. Lo estaba disfrutando, el maldito imbécil.
- Ya. No es para tanto.
Sorbió su gin tonic lentamente, sin querer mirarme. Sabíamos los dos que volvería a reírse de mi.
- Ya, ok? Que haremos hoy? Como sigue la noche?
- "Que planes hay" queda mejor. Milo llevas meses viviendo acá, tenes que aprender cómo hablamos nosotros
Y giró sus ojos hacia arriba. A veces era insufrible.
- Bueno... qué planes para hoy?
Sonrió
- Hoy toca Dita en Carnal, vamos con DeathMask a verlo.
Dita era Afrodita, un amigo DJ que reventaba la noche en un bar, era muy conocido por su buena música y su hermosura. Tenía muchos fans. Vivía en el piso 11 Ala A de nuestro edificio, a esta altura parecía la vecindad del Chavo del 8
Por otro lado DM, como le decimos a su novio, siempre celoso terminaba borracho y maldiciendo a todos, como buen Italiano que era. Vivía en el piso 2 Ala B.
- Ok me gusta la idea
- Traeme un sanguche
- Que no soy tu sirvienta. Sírvete tu
- "vos, servite vos"
Lo dejé hablando solo y prendí la laptop.
- Sale previa en casa? Debo ir a comprar alcohol
- Sale también una picada?
- Solo piensas en comida. Pon algo de música, ya vuelvo... ahh mañana viene mi amigo Aioria, te va a encantar.
Le guiñé el ojo y fui a cambiarme.
Esperaba el ascensor que estaba atascado en el piso 15. Fastidioso cuando abrió la puerta, mire hacia adentro a ver quién era el estúpido que demoró mi visita al súper.
Era él. Con un perfume arrollador y sus ojos color caoba ahora al descubierto, me miró de arriba hacia abajo.
- Rebonjour, Milo.
Quedé en blanco. El ascensor bajaba y estaba en blanco. Sentí mis mejillas arder en el momento que me sonrió.
- Quieres salir hoy a la noche? Vienen mis amigos a casa - le solté. Solo para no sentirme tan tonto, emanaba de él una indiferencia helada.
- Ahhmm no, tengo que estudiar. Merci
"Yo tan noche y tú tan día" pensé con tristeza. Quería conocerlo, hablarle, tocarle esa piel tan blanca, acariciarle sus cabellos con mis dedos por horas...
- Bueno si cambias de parecer, 14 Ala B
Bajé rápidamente del ascensor sin mirarlo más. Crucé la calle y me adentré a comprar. No podía dejar de pensar en él. Pero qué demonios me había hecho? Era sin dudas un hechicero, un mago del hielo.
Me levanté con dolor de cabeza. Algo mareado bajé de la cama y me dirigí a la cocina en busca de agua.
Era raro despertarse solo. Normalmente terminaba mis noches con alguien y mis tardes empezaban con las ganas de querer sacármelo de encima.
Prendí la laptop y respondí mails, tenia dos videollamadas programadas y mi hermano Kardia me había reventado el celular a mensajes.
- Ven a buscarnos a Ezeiza, holgazán!
QUE?
El cachorro lo había arrastrado, lo sabía.
El vuelo llegaba 19:20 hs, me tomé un Uber y fui tras ellos.
El dolor de cabeza no se iba, como tampoco la imagen del pelirrojo que me perseguía constantemente. Tenía ganas de abofetearme.
La alegría de Aioria era contagiosa, no así la de Kardia que bajó descompuesto del avión. Rezongando me abrazó, despeinándome mi cabellera como cuando éramos niños.
- Solo espero que mi hermanito menor sea un gran anfitrión.
- Kardia no empieces a sermonearme. Tengo resaca.
Acomodó sus lentes y me miró de reojo, taladrándome con sus zafiros despiadados.
- Anda... que te tiene preocupado?
Subimos al Uber y no contesté. Cómo demonios sabía siempre que escondía algo? Nunca pude mentirle.
- Y no me mientas - agregó como leyéndome la mente.
- Nada. Mucho trabajo, eso es todo.
- Hay alguien que lo tiene loco, Kardia. Es el colorado que te mostré en el avión
Fulminé al cachorro con la mirada, evidentemente ya se habían puesto al corriente como dos señoras aburridas.
- Donde dejaste a Dègel?
Intenté cambiar de tema pero no querían dejarlo correr
- Iremos a tocarle el timbre. Dices que es vecino, cachorro?
- Ya basta los dos. Que pasó con Shaka?
La cara de mi amigo se entristeció
- Me dejó, Milo. Ya está, no quiere saber de mi. Le rogué que no lo hiciera, esta vez va en serio. Me dijo que se iba a uno de esos retiros espirituales que tanto le gustan... pero creo que me engaña.
Tan solo lo abracé. Apoyó su cabeza en mi hombro y suspiró.
- Dègel me pidió un tiempo...
Ok. Necesitaría litros de alcohol para hacerlos olvidar.
Eran las diez de la noche y la piscina bullía de gente, música y alcohol.
Aioria estaba encantado con Deidalos, que reía con las historias del cachorro.
DM ya ebrio, intentaba enseñarle italiano a Kardia, que luchaba con una botella de champagne mientras pronunciaba horriblemente el idioma.
Afrodita había traído sus bandejas y un séquito de sus fans.
- Ya ven a bailar, anda. Cambia esa cara tan seria que tienes...
Tenia enfrente a un hermoso hombre, no podía negarlo. Su cabello era azul como el mar, largo y lacio. Hacía mucho que no lo veía, desde la secundaria allá en Grecia... y tuve la suerte de encontrarlo en una fiesta hacía unos meses en Argentina, de allí nos volvimos amigos inseparables como cuando éramos jóvenes.
Cursaba una Maestría de Historia del Arte Argentino y Latinoamericano en la Universidad de San Martín, todo un nerd. Cada tanto me instaba a volver a la Uni pero mi respuesta era simplemente no... ya había gastado muchos años estudiando.
- Ya Kanon, déjame emborracharme tranquilo.
- Vamos Milo no seas gruñón, baila un ratito
Me tendió la mano y me levanté de la reposera, el champagne estaba frío, sus burbujas me cosquilleaban la lengua.
Nos acercamos al grupito de gente, felices.
Apuré la copa y me serví más, tomándola de un sorbo nuevamente.
Bailamos un rato, Dita se lucía con un tema de Daft Punk.
- Al fin un tema que conozco! - dijo alguien a mis espaldas.
Me giré y ahí estaba el pelirrojo. Pero no me hablaba a mi. Se le acercó a Kanon pasándome por adelante y lo abrazó.
