DGM no me pertenece.

Calor y perfume

—Genial, simplemente genial Allen—decía Road Kamelot enojada.

—¡Oye! No me culpes, no es mi culpa que en invierno cambien los horarios de los trenes.

El chico estaba igual de frustrado que ella y sabía que una buena parte de la culpa había sido suya.

—¿Y ahora qué hacemos, Allen?

—No lo sé, ¿por qué no buscamos alguna posada?

—Supongo que es la mejor opción.

Allen tomó una de las manos de Road y las metió en su abrigo, esa noche había mucho frio y no quería que se resfriara, especialmente si era por su culpa que estuvieran en esa situación. Road se dejó llevar sin decir nada, solo lo miró.

Mientras caminaban, intentando localizar una posada, una ligera nevada comenzó a caer, Allen quería apresurarse antes de que se mojaran, pero por suerte, encontraron un pequeño lugar donde pasar la noche.

—Solo tengo disponible una habitación—explicó el anciano dueño del lugar—y como ya es tarde no me queda mucho para ofrecerles de comer.

—No hay problema, con una habitación basta—dijo Road rápidamente antes de que su acompañante abriera la boca.

Allen en verdad quería quejarse, pero no creía tener otra opción mejor, así que aceptó en silencio.

Subieron por las escaleras y entraron a la habitación que el dueño les brindó.

—Dormiré en el suelo, usa tú la cama—Road lo miró enojada, no le había dado tiempo de decir nada y él ya estaba sentándose en el frio suelo de la habitación. Lo conocía bien y sabía que eso iba a hacer, así que se recostó en la cama y se cubrió con las sábanas sin decirle nada.

Su relación era algo extraña. Allen conocía muy bien los sentimientos que Road tenía por él y ahora comprendía que se sentía igual, pero no se había atrevido a decírselo, aunque siempre salían juntos como ese día, las cosas llegaban hasta ahí, por ello es por lo que no se atrevía a dormir con ella en la misma cama.

Road más o menos tenía una idea de lo que Allen pensaba, su relación era mucho más amena, pero no podía decirse que ya era novios. Pero, en esa ocasión exageraba. Sabía que nunca la tocaría si ella no quisiera, pero no por eso iba a morirse de frio allí en el piso.

Allen ni siquiera podía conciliar el sueño, los dientes empezaban a castañearle y solo llevaba allí unos 15 minutos, pero la nevada que había afuera no ayudaba en nada.

Road más enojada, se bajó de la cama y se paró justo frente a él.

—Allen, ¿quieres hacerme el favor de levantarte e ir a dormir en la cama conmigo? ¡Tienes mucho frio!

Allen la miró, ella como siempre tenía razón; lo pensó unos segundos y con un largo suspiro se puso de pie. Sin decirle nada a Road ni esperarla, se acostó en un lado de la cama y se cubrió. Road con una sonrisa irónica, lo imitó. La chica podía ver solo la espalda del joven, pero claramente se veía que aún seguía temblando, por lo que se acercó a él y lo abrazó. El chico sorprendido, se dio la vuelta quedando frente a ella.

—¿Qué haces?

—Tienes frio, así que te estoy dando de mi calor corporal. ¿No te lo he dicho antes? Como humana que soy, estoy cálida y eso te quitará el frio más rápido.

Realmente tenía razón, abrazado a ella se sentía mucho más cálido, así que simplemente se quedó allí y cerró los ojos para dormir, aunque fuere un poco. Ya estaba logrando conciliar el sueño, cuando sintió un cosquilleo en su pecho, abrió los ojos para encontrarse con Road olfateándolo.

—¿Y ahora qué haces? —preguntó nervioso.

—Hueles muy bien, ¿qué clase de perfume usas?

Allen se sonrojó, nunca nadie le había dicho que olía bien.

—¿Cómo sentiste el aroma? Solo me puse un poco y en cuánto a cuál es, no lo sé, Lavi me lo regaló.

Estaba avergonzado de que Road hubiera descubierto que había usado perfume, casi nunca lo usaba, pero ese día iba a ser especial, por eso lo usó.

—Huele bien, Bookman Junior parece que tiene buenos gustos después de todo, pero con perfume o no, siempre hueles bien para mí, Allen.

El chico se sonrojó aún más.

—Road, me avergüenza que me digas eso.

—No importa, es la verdad.

Road se acurrucó más contra él con una sonrisa. Allen prefirió no decir nada más, aunque disimuladamente la olfateó un poco. Ella igual olía muy bien, aunque no parecía llevar perfume puesto.

A la mañana siguiente, Allen llevó a Road a su casa, preparado para lo que venía. Sheryl abrió enseguida la puerta al verlos llegar, fue directo contra Allen y lo tomó del cuello de su chamarra.

—¡¿Dónde habías estado con mi hija?!—exigió saber.

—Sheryl, espera—pidió Allen, soltándose de su agarre, los horarios de los trenes cambiaron en invierno y no lo sabíamos, perdimos el último, así que tuvimos que quedarnos en una posada.

—¡¿En una posada?! ¡¿Tú?! ¡¿Con mi hija?!

—Ya papá, no exageres.

—¡¿Cómo que no exagere?!

—Tranquilo Sheryl cariño, —Trisha Kamelot había salido de su hogar para calmar a su esposo.

—Mamá—Road la abrazó.

—Hola pequeña, dile a tu padre que ayer no pasó nada entre Allen y tú.

—Por supuesto que no, es Allen de quien hablamos, además, estábamos en habitaciones separadas.

Road miró a Allen a los ojos para que le siguiera la corriente con la mentira. Sheryl lo pensó.

—Está bien, pero ¡para eso sirve también el arca!

Sheryl cerró la puerta en la cara de Allen sin dejar que se despidieran.

El chico meditó sus palabras un poco. El Noah tenía razón, pudo haber usado el arca. ¡¿Cómo demonios no se le ocurrió?! ¡¿Su subconsciente lo había engañado o qué?! Seguro que Road sí tenía eso en cuenta y no le había dicho nada.

Esa noche, Allen no podía dormir, se la había pasado dando vueltas en la cama.

—¿Qué me sucede? Es como si algo me faltara…

En la mañana, Allen fue a la mansión Kamelot sin proponérselo, sus pies simplemente lo llevaron allí. Se encontraba parado frente a la puerta sin saber qué hacer.

—Oh, pero miren a quien tenemos aquí, es Allen Walker.

Allen se dio la vuelta al escuchar esa voz a sus espaldas. Era Trisha. El día anterior, había sido la primera vez que la había visto pero, por todo lo ocurrido no había podido ni presentarse con ella.

—Siento haber venido sin avisar, yo ya me iba en realidad.

—Tranquilo Allen, mi esposo no se encuentra en casa, aunque tampoco Road, pero entra y platiquemos un rato.

Allen no pudo negarse, Trisha era muy amable y educada.

Ya en la sala, y con un té en mano, Allen se sentía totalmente nervioso.

—Road, acompañó a su padre a su trabajo, volverán a la hora de la cena, pero dime, ¿por qué estás aquí realmente?

El joven se quedó en silencio unos segundos antes de responder.

—Yo tampoco lo sé…—lo mejor era ser honesto.

—¿Llegaste aquí sin darte cuenta?

—Supongo—pero decir la verdad era vergonzoso.

—Pero ¡que lindo eres!

Esa simple frase hizo que se sonrojara.

—Seguro tu subconsciente te trajo aquí porque querías ver a Road, ¿no es así?

Ya no podía más con su vergüenza, prefirió bajar la cabeza para no tener que mirarla. ¿Acaso era tan obvio?

—No te preocupes—continuó Trisha al verlo cohibido—yo no soy como mi esposo, además me alegra que alguien como tú quiera estar con mi hija, especialmente porque ella es muy solitaria y no suele encariñarse fácilmente y ser honesta con las personas. Se nota que te gusta mucho.

El chico alzó la vista para negarlo, pero solo consiguió abrir y cerrar la boca sin sentido sin decir nada, así que prefirió callarse.

Trisha era muy perspicaz, por lo que comprendió totalmente su comportamiento.

—Ya veo, aún no le has dicho nada, ¿verdad?

Allen negó ligeramente. ¿Qué más podía hacer ahora que se había expuesto?

—Bien, entonces tengo una idea.

Ahora se encontraba sentado en la cama de Road, totalmente nervioso. A Trisha se le había ocurrido la magnífica idea de que esperara ahí a Road. Antes que nada, ni siquiera sabía por qué, ¿tenía que decirle eso de lo que habían hablado?

Pasadas las 8 de la noche, la puerta se abrió. Escuchó unos pasos entrar y que prendieran lo que él prefirió dejar apagado.

—¿Allen? —preguntó la chica confundida apenas lo vio—¿qué haces aquí?

—Tu madre dijo que podía esperarte aquí.

Eso la dejó más confundida.

—¿Cómo por qué?

Road cruzó los brazos y lo miró curiosa, pero Allen no tenía las respuestas que ella quería, porque él tenía las mismas dudas.

—En serio, Allen ¿Qué pasa?

En ese momento, la puerta sonó y Trisha entró a la habitación.

—Disculpa que no hayas podido cenar con nosotros, Allen, pero ahora que mi esposo se ha ido a dormir, decidí traerte algo de comer.

—Muchas gracias, en verdad se lo agradezco.

—Mamá—intervino Road—¿qué hace Allen aquí?

—Él vino a hablar contigo, por eso lo dejé esperando aquí, así que mejor los dejo para que hablen a gusto. Y, por cierto, mañana podrás desayunar con nosotros, mi esposo saldrá temprano, así que no habrá problema.

Antes de que Allen pudiera decir algo, Trisha cerró la puerta y se fue.

—¿Mañana? ¿Desayuno? ¿De qué habla tu madre, Road?

—Quiere decir que te puedes quedar a dormir—le explicó la Noah quien había comprendido el mensaje implícito en esas palabras.

—¿Dormir? Pero yo no vine para eso—se quejaba avergonzado.

—Nada de peros, pero dime, si no viniste para eso, ¿entonces para qué?

Por más de que Road lo intentó, Allen no le respondió, así que pasaron una buena parte de la noche hablando de cosas triviales hasta quedarse dormidos.

Allen despertó por un delicioso aroma que le llegó a la nariz. Cuando abrió los ojos se encontró con un techo no tan conocido, observó un poco el lugar hasta caer en cuenta de dónde estaba.

—¿Me quedé dormido? —se dijo a sí mismo, pero al sentir algo moverse junto a él, quedó impactado al notar que Road quien dormía tranquilamente abrazada a él. No se movió ni dijo nada, pero escuchó una voz que los llamaba y prefirió hacerse el dormido.

—Road, Allen, pueden bajar a desayunar, Sheryl ya se ha ido.

—Sí, ya vamos—respondió perezosamente Road, quien se estiró como un gatito luego de una larga siesta.

Al escuchar que Trisha se fue, Allen volvió a abrir los ojos, encontrándose con los de la Noah.

—Buenos días, Allen.

—Buenos días…—respondió avergonzado.

—¿Dormiste bien?

Allen lo pensó un poco. Siendo honesto, esa había sido la mejor noche que hubiera tenido, lo hubiera sido la primera noche que pasó con ella, pero debido al frio que sentía, no lo disfrutó. Pero, no le iba a decir eso.

—Sí, bien.

—Me alegra despertar contigo de nuevo, desearía que siempre fuera así.

El chico volvió a pensar, esa misma idea surcaba su mente. Amó despertar junto a ella, por eso la había ido a visitar, porque se había vuelto adicto a su presencia, a su calor, a su olor, a toda ella. Pero, tampoco se lo iba a decir, así que no le respondió.

—Vamos a desayunar, debes tener mucha hambre.

—La tengo—sonrió de solo pensar en comer.

Ese desayuno fue nuevo e interesante para él. Trisha había hecho una enorme cantidad de comida, así que se llenó completamente. Además, se la pasó contando algunos hechos divertidos que le ocurrían a su esposo.

Y así, entre risas y risas, se la pasaron alegremente. Road llevó a Allen nuevamente a su habitación, él se lanzó a la cama satisfecho.

—Trisha cocina muy bien, Road. Dichosa de ti.

—Aunque sería más feliz con algo más—susurró Road en respuesta, pero Allen logró escucharla.

—¿Algo más? ¿Cómo qué?

Road solo negó con la cabeza, intentando restarle importancia al asunto.

Ella había estado en un modo pasivo desde la noche anterior. El hecho de que Allen fuera a verla por cuenta propia era algo muy bueno, pero no quería arruinar el ambiente diciendo algo que no debía para presionarlo.

Pero, esa mirada que le estaba dedicando la ponía nerviosa.

—Road, ¿yo te gusto? —preguntó sin previo aviso.

Sin embargo, la chica, aunque sorprendida, respondió honestamente con una linda sonrisa en el rostro.

—Más que eso, Allen. Yo realmente te amo—El chico no pudo evitar sonrojarse— Pero sé que tú no te sientes así por mi—continuó.

—Te equivocas—la interrumpió. Road lo miró sin poder creer lo que escuchó—te equivocas, porque yo siento lo mismo—Road seguía sin poder creérselo—Ahora lo entiendo todo, por eso mi subconsciente me trajo aquí, por eso fue por lo que hoy pasé la mejor noche de mi vida, por eso me gustaría despertar contigo a mi lado por el resto de mi vida, porque yo también te amo, Road.

—Allen—sus palabras la habían hecho sonrojarse.

—Ven aquí—sonriendo, Allen le extendió los brazos para que ella fuera hacia él. Ella dudó, pero poco después comenzó a caminar lentamente hacia esos brazos, aunque tal fue la emoción que terminó acortando la distancia, dando un salto y abrazándolo con fuerza.

Allen quien no se lo esperaba, cayó de espaldas en la cama, pero logró sostenerla entre sus brazos. Le acarició la espalda dulcemente y sin prisas. Sintió como Road se aferraba a él e incluso lo olfateaba.

—Ahora eres mío, ¿verdad? —le susurró al oído.

—Sí así lo deseas, entonces por supuesto que sí. Claro que siempre y cuando, tú seas mía también.

Road se levantó un poco y se sentó en su abdomen.

—Por supuesto que soy toda tuya, Allen.

—Eso me alegra tanto, Road.

Allen un tanto nervioso, la tomó de la nuca y le plantó un pequeño beso. Road cerró los ojos, disfrutando del momento.

—Te amo—susurró Allen sobre sus labios.

—Y yo a ti, Allen—para después fundirse en otro de sus muchos besos.